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La Voluptuosa autoridad de la Tierra: La vitalidad del mundo ancestral.

Según la Tradición de la Antigua Religión que practica mi familia, la soberanía de la tierra está personificada en las Diosas Madre que transfieren la soberanía a los reyes legítimos. La energía de la tierra se origina en su misterioso y ardiente interior que da a la superficie de ésta sus sensuales y voluptuosas cualidades de vitalidad. El empuje del interior de la tierra acaricia su superficie mediante pozos y fuentes termales, mares y lagos, montañas y colinas, y en la esencia de la energía de los lugares. La soberanía significa la fresca vitalidad del mundo natural.

La soberanía de la tierra se expresa en los prodigios del mundo natural, su belleza, sus complejidades y sus maravillas que acarician nuestros sentidos y nos llaman a casa, el momento presente. La soberanía no es para los celtas una deidad trascendente, sino terrenal y real, que nos considera parientes y nos devuelve el suelo que nos dio la vida. La tierra palpita con la energía de la creación. Las aguas termales brotan con ímpetu a su superficie procedentes de los calderos sagrados que hierven en su interior.

Como en la mayoría de culturas de antigua estirpe, los celtas reverenciaban la tierra y la personificaban como madre, la fuente de la vida. La diosa Brigit, por ejemplo, representa lo más claros atributos de sobenaría en varios países celtas. La soberanía se transfiere, aunque temporalmente, al jefe o el rey legítimo, en una especie de expresión coherente del valor del pensamiento humano y a su vez, su vinculación con la idea más amplia de la divinidad.

En Britania, se la adoraba como Brigantia, diosa territorial que también daba nombre a una tribo celta que habitaba en los Midlands ingleses. En los preparativos para la celebración de la Fiesta de la Novia, el 1 de febrero, un símbolo casero de soberanía, una “vara pequeña, recta y blanca ( a la que se le había quitado la corteza), se coloca al lado de la figura de Brigit. Generalmente, la vara de abedul, retama, zarza, Sauce blanco u otras maderas sagradas…a los reyes de Irlanda se les daba una vara similar en su coronación y también en el nombramiento de los Señores de las Islas de Escocia”

De forma parecida, Brigit está relacionada con las estaciones y la fuente de la vida. Según la tradición celta, la serpiente del Otromundo reside en el interior de la tierra y aparece en la Fiesta de la Novia, cuando la dureza del invierno ha pasado y empieza a verdear la primavera. Alergatada en invierno y despierta e inquieta en primavera, Brigit rige las estaciones con sus actividades. Ella es la soberana.

Los cielos Sagrados.

En la visión cosmológica de los Incas, el poder sagrado de los fenómenos celestiales se manifestaba en un rico mosaico de creencias que vinculaban los acontecimientos terrenales con los del cielo nocturno. Según una concepción tipicamente amerindia, se atribuía significado mítico y espíritual a los fenomenos astronomicos, actitud que se refleja, en parte, en el caracter celestial de deidades importantes como Inti (Dios del Sol), Mama Kilya (Diosa de la Luna) e Ilyap’a (Dios del trueno y del tiempo Atmosférico). Pero también revestía gran importancia la Vía Lactea y se consideraba a las estrellas deidades menores y protectoras de ciertas actividades terrenales.

A este respecto destacan las Pléyades, denominadas Collca (El Granero) y consideradas guardianas celestiales de las semillas y la agricultura, y junto a otras constelaciones servian para construir un calendario lunar sideral. También resultaban utiles para pronosticar la fertilidad agricola y la producción animal. Se pensaba que el grupo de estrellas conocido como “Orco – Cilay ( La Llama Multicolor ) protegía a los rebaños de llamas reales y se identificaba la Chasca-Coylor ( La estrella lanuda ) con Venus, estrella Matutina.

Si bien no se les puede considerar astronomos en el sentido moderno, los Incas realizaban observaciones sobre ciertos fenómenos celestes, como la salida y el ocaso del sol, y los relacionaron con las fases y los movimientos de la luna. Los sacerdotes – astronomos observaban los movimientos solares para calcular las fechas de las dos celebraciones rituales más importantes, que tenian lugar en el Cuzco: Los solsticios de diciembre y junio. En el periódo del solsticio de diciembre se celebraba la gran fiesta real de Capac Raymi, centrada en los ritos de iniciación de las muchachas de ascendencia regia, y se observaba el sol al atardecer desde el Coricancha (Templo del Sol), en Cuzco.

Mito, religión, astronomia y el sistema de Ceques se entretejian en las creencias de los Incas. Observaban por ejemplo, el crepusculo del 26 de abril desde el mismo lugar en que habían estudiado en ocaso de las Pléyades alrededor del 15 de abril, un punto de la plaza central de Cuzco llamado Ushnuo. Contemplaban el crepusculo entre dos columnas erigidas en una montaña cercana, al oeste de la ciudad, consideradas Huaca sagrada, que estaban situadas en un Ceque siguiendo el cual, al otro del horizonte, habían una fuente sagrada llamada Catachillay, otro nombre de las Pléyades.

El rasgo más destacado de la astronomia Inca consistia en el estudio de la via lactea y las constelaciones contiguas de “Nubes negras”, formadas por zonas opacas de polvo interestelar, como la Yacana (La Llama) y la Yutu-yutu (la Tinamou, ave parecida a la perdiz). Según el mito, cuando la Llama celestial desaparece a media noche, va a beber agua en la tierra y asi evita las inundaciones.

Habitualmente, las llamas se contaban entre los animales sacrificiales más valiosos y se ofrecian en las cimas de las montañas a la Luna Nueva. Y en octubre no daban de comer a las de color de negro, con el fin de hacerlas llorar y asi pedir lluvia a los Dioses.

La memoria perenne de la Divinidad: Mitos de los Inuit

Los poderes espirituales, de mayor o menor importancia, dominan la vida de los Inuit y el más conocido es el espiritu del mar de los Inuit de Canada y Groenlandia. Denominado Sedna, (así como Nuliajuk y otros nombros) el espiritu de mar ejerce su soberanía sobre todos los animales que proporcionan alimentos a los humanos. En su morada del fondo del mar, desde donde envía los animales de caza, adopta la forma de una mujer, a la que incluso los chamanes temen. Otro gran espíritu es el del Aire, conocido en muchas regiones Sila (“tiempo atmosférico”, “Inteligencia”). Reconocido prácticamente en todas las zonas Inuit, rige la lluvia, la nieve, el viento y el mar desde un reino situado muy por encima de la tierra. Aunque se lo concibe como una persona, el Espíritu del Aire no se encarna. El Espíritu de la Luna es la tercera de las grandes fuerzas espirituales. Todas ellas son inherentemente benévolas, pero los humanos las consideran peligrosas, sobre todo al Espiritu del Mar, por su aguda sensibilidad a los malos actos de los hombres, a los que responde enviándole mal tiempo y enfermedades y para protegerse, los Inuit pronuncian palabras mágicas, se ponen máscaras y amuletos ( preferentemente extremidades de animales ) y acuden a sus chamanes.

En el plantel de espíritus menores, tanto benévolos como malévolos, los más interesantes son: “Los espíritus de Ayuda” de animales, objetos o personas muertas, que los chamanes encuentran en el transcurso de su largo aprendizaje: al poseer al chamán, uno de los espíritus puede prestar una colaboración vital a sus esfuerzos.

La creencia Inuit en unos reinos situados en el cielo y bajo la superficie de la Tierra, cada uno de ellos definidos por el Gran Espíritu que habita en él, ayuda a comprender el concepto de “Alma” y de su evolución. La creencia en la existencia de un alma en los animales explica el respeto especial que dispensa este pueblo a sus presas. La esencia espiritual del ser humano, resulta más compleja. Tras la muerte física, una parte de esta esencia entra, quizá para siempre, en los infiernos o en el Reino del cielo, dependiendo de como haya muerto la persona. Otra parte, encarnada en el nombre de la persona, se reincorporará a un pariente recién nacido: imponer a un niño el nombre de alguien fallecido hace poco significa que su antepasado le transferirá ciertas cualidades personales.

En la actualidad, prácticamente todos los Inuit profesan el cristianismo, que han asimilado rapidamente a la luz de sus creencias tradicionales. La mitología de este pueblo, no reconoce una deidad creadora omnipotente, pero asocia el Dios Cristiano con las principales potencias espirituales y a los chamanes con los misioneros.

En algunas regiones del sudoeste de Alaska, los Inuits practican la fe Ortodoxa rusa y participan en una ceremonia navideña, que se denomina: Selavic, que, para ellos, incorpora significados cristianos y tradicionales y comienza y acaba con un servicio religioso. Dura hasta 10 días, con una procesión encabezada por grandes representaciones de estrellas que va a anunciando de casa en casa el nacimiento de Cristo, y en cada casa se cantan himnos y se reparten regalos.

La voz de la Tierra, el rostro primitivo de la Diosa.

El útero de piedra de Nenkovo – Bulgaria, es una asombrosa estructura natural – para ser más exactos, una cueva – relacionada con antiguos ritos de fertilidad y fecundidad así como con la renovación anual de los ciclos de la naturaleza fue descubierta y documentada en abril de 2001.

Está situada en lo alto de la montaña en una zona agreste y montañosa sobre el Borovitsa Chalet, a unas 14 millas de Kurdzhali, en Bulgaria, cerca de los grandes complejos rocosos de nichos tracios de Rhodope oriental.

Esta cueva confirma las teorías de Maria Gimbutas sobre la existencia de una Gran Diosa Madre neolítica. En aquella cultura la matriz de la Madre Tierra era una fuente de poder y renovación cíclica. Los cultos de fertilidad y las ceremonias de iniciación sexual se llevaban a cabo en estos sitios especiales donde hombres y mujeres llevaban a cabo cada primavera los ritos de renovación de la vida, protegidos y auspiciados por la Gran Diosa Madre.

La entrada de la cueva es exactamente como la entrada de una vagina que se adentra en la cueva unos 65 pies. Pero los expertos que han analizado este relieve están de acuerdo en que el relieve natural correspondía solamente a unos 48 pies, siendo el resto de la obra excavado intencionalmente. Indudablemente, unas manos humanas continuaron la obra del agua que modeló el lugar durante milenios. Al final de la cueva, un altar excavado en la roca simboliza el útero mismo.

Una sorpresa enorme tiene lugar al mediodía cuando el sol se acerca a su punto más alto en el cielo y su luz penetra dentro de la cueva por una abertura especial de la roca proyectando una perfecta y reconocible forma de falo de luz sobre el suelo. Cuando al sol se alza más y la luz se extiende por el interior de la cueva, el falo se alarga y llega al altar que simboliza el útero.

Solamente durante enero y febrero, cuando el sol está bajo en el horizonte, el rayo de luz fálico tiene la longitud suficiente para llegar al altar y fecundar simbólicamente el útero.

No cabe duda de que esta es la cueva-matriz de cuya existencia quedan recuerdos en antiguos mitos. Este fue el lugar donde los ritos órficos alcanzaron su clímax. También en la isla de Samotracia, en la costa tracia, en el Egeo, en un templo órfico, según los autores antiguos, jóvenes solteros eran iniciados en cultos sexuales con jóvenes mujeres tracias.

El significado de estas orgías es arquetípico. Según la tradición indoeuropea, el rey muere cíclicamente y renace de acuerdo con un ciclo cósmico anual. Para esta renovación, debe subir la montaña, cazar un animal y luego unirse sexualmente con una representante de la Diosa-Madre para volver a renacer. Este es el antiguo mito del Hijo-Amante, nacido de la Diosa-Madre, que retorna a su útero en el momento de la cópula.

Numerosos detalles de los extinguidos ritos órficos parecen sobrevivir en las montañas de Strandzha. Asi, Santa Marina vivía en una cueva en la que había un curso de agua. La imaginación popular suponía que era una corriente fecundante masculina que corría por la cueva-matriz. La misma Marina se creía que había sido concebida después de que su madre implorase al Sol. Una vez al año, jóvenes solteros y jóvenes doncellas se reúnen en las cuevas locales para tomar parte en el sacramento de la concepción. El paralelo con el relato de Herodoto es obvio. Este autor es el que se refería a los ritos sexuales que se llevaban a cabo en la cueva del templo de Samotracia.

El mismo ritual tenía lugar en el antiguo templo órfico de Delfos y pasajes de Las Bacantes de Eurípides así parecen señalarlo: la orgías dionisíacas tenían lugar en las oozy, cuevas con aguas en las que se suponía que había sido educado Dionysos.

El río Perpereshka tomas sus aguas de la proximidad de esta cueva sagrada y Perperikon, célebre lugar de culto de Dionysos está solo a doce millas 12 del lugar.

Fuente:
Texto de la Doctora Vázquez Hoys. Uned, Madrid.

El viaje al mundo de los muertos.

Es probable que los sistemas de creencias existentes – incluida la analogía entre el cuerpo reproductor de la mujer y el de la tierra – se ampliaran para incluir los nuevos conocimientos sobre los cultivos y las estaciones desde el momento en que los primeros humanos se establecieron en comunidades sedentarias y pasaron de un estilo de vida cazador y recolector a otro predominantemente agrícola. El ciclo anual de la siembra y la cosecha se deificó en rituales y y mitos de la diosa y su acción recíproca con el mundo de los muertos que era, simultáneamente, lugar de entierro y de la nueva vida.

El mito de Core y Démeter es la narración más conocida del viaje de una Dioas a los infiernos y hasta es posible que se originase en el Neolítico, pues existen pruebas de dos diosas ( anónimas ) unidas, probablemente manifestaciones de la misma fuente vital que recorre todos los seres vivos. Los nombres de este dúo preolímpico, Deméter (“madre del Trigo”) y Core ( “doncella”), aluden a dos facetas de la misma esencia: la madurez y la juventud.

Según el poema homérico sobre Deméter, la Diosa más joven ( a la que llama Perséfone) fue raptada por Hades, señor del mundo de los muertos. Deméter lamentó la pérdida de su hija, la buscó por todas partes y por fin llegó a Eleusis, donde ofrendó al rey Triptólemo el donde la agricultura. A medida que la búsqueda proseguía, la tierra se secó y marchitó a causa de los afligidos lamentos de Deméter, hasta que apenas quedaron alimentos para los humanos o como ofrendas a los dioses. Zeus, rey de las divinidades olímpicas, se inquietó y accedió a que Perséfone pasara las dos terceras parte del año en la tierra, si bien el otro tercio estaba obligada a permanecer en el infierno con Hades, su marido. El retorno de Perséfone al mundo de los vivos – celebrado en las festividades de Deméter – simbolizaba la llegada de la primavera y su descenso a los infiernos marcaba el comienzo del invierno.

Dondequiera que existe, los elementos principales de este mito son los mismos y el ciclo estacional comienza cuando una diosa madre – como la escandinava Freyja, la sumeria Inanna o la griega Afrodita – pierden a su vástago. Existen muchas variaciones regionales e históricas. La egipcia Isis pierde a su marido, Osiris, pero se convierte simbólicamente en su madre cuando recupera su cuerpo desmembrado y lo dota de vida. Aunque no baja a los infiernos, sus recorridos por pantanos y yermos representa el mismo carácter mítico. La mayoría de las Diosas – Freyja y Afrodita incluidas – no sólo pierden una hija, sino un hijo ( Baldur, que podría ser Balder y Adonis, respectivamente) que acaba en el mundo de los difuntos a causa de una muerte
violenta. Tiene lugar un período de duelo que se caracteriza por la devastación de la tierra, hasta que la Diosa negocia el retorno del hijo durante cierta época del año.

La Diosa Inanna no bajó al mundo de los muertos para rescatar a su hijo, sino para experimentar su propia muerte y regeneración: hasta cierto, si las consideramos como dos aspectos del mismo ser, podemos decir otro tanto de Core y Deméter. El poema conocido como El descenso de Inanna a los infiernos demuestra que fue voluntariamente e incluso con impaciencia. Al dirigirse al reino de su oscura hermana Ereskigal, Inanna tuvo que atravesar sietes portales y en cada uno se quitó una preda. Así, durante el recorrido abandonó paulatinamente sus atributos y poderes. Cuando llegó a los infiernos, Ereskigal le dirigió la mirada a la muerte y colgó su cadáver de un gancho. Inanna sólo podía abandonar el mundo de los muertos si dejaba un sustituto en su lugar, por lo que envió a Dumuzi, su hijo y marido. Al igual que Afrodita, ofreció voluntariamente su cónyuge para que se trasladara a los infiernos como parte de la tradición del hijo y el amante que garantiza la fertilidad de la tierra. El descenso de Inanna también simboliza las fases de la luna: su cadáver pende tres días del gancho de Ereskigal, período durante el cual la luna no es visible.

En estos mitos agrícolas el hijo representa la semilla enterrada, hasta que reaparece con la forma de planta que comienza a brotar. Las platas maduran hasta ser cosechadas y el ciclo entero vuelve a representarse. De esta manera, el principio agrícola básico se convierte en alegoría de la vida humana y el deseo de participar en el drama celestial de las estaciones desencadena rituales que simbolizan el proceso de fertilización. Los llamados misterios de Eleusis, consagrados a Deméter a comienzos de la primavera y el otoño, incluían rituales secretos destinados a los iniciados, durante los cuales la persona moría con relación a su vida pasada y su alma retornaba a sus orígenes antes de renacer. Era la representación simbólica del descenso y el regreso de la divinidad. El misterio propiamente dicho consistía en la revelación de que, en lugar de acabar, la vida se transforma sin cesar; la naturaleza, la humanidad y la diosa encarnan dicho proceso. El trigo era el símbolo de la vida eterna. Sófocles, dramaturgo del siglo V a. C, declaró lo siguiente: “Triplemente benditos son los mortales que han visto esos ritos y, por consiguiente, entrando en el Hares; la vida sólo existe para ellos y para los demás todo es desdicha.”

El viaje al mundo de los muertos.

Es probable que los sistemas de creencias existentes – incluida la analogía entre el cuerpo reproductor de la mujer y el de la tierra – se ampliaran para incluir los nuevos conocimientos sobre los cultivos y las estaciones desde el momento en que los primeros humanos se establecieron en comunidades sedentarias y pasaron de un estilo de vida cazador y recolector a otro predominantemente agrícola. El ciclo anual de la siembra y la cosecha se deificó en rituales y y mitos de la diosa y su acción recíproca con el mundo de los muertos que era, simultáneamente, lugar de entierro y de la nueva vida.

El mito de Core y Démeter es la narración más conocida del viaje de una Dioas a los infiernos y hasta es posible que se originase en el Neolítico, pues existen pruebas de dos diosas ( anónimas ) unidas, probablemente manifestaciones de la misma fuente vital que recorre todos los seres vivos. Los nombres de este dúo preolímpico, Deméter (“madre del Trigo”) y Core ( “doncella”), aluden a dos facetas de la misma esencia: la madurez y la juventud.

Según el poema homérico sobre Deméter, la Diosa más joven ( a la que llama Perséfone) fue raptada por Hades, señor del mundo de los muertos. Deméter lamentó la pérdida de su hija, la buscó por todas partes y por fin llegó a Eleusis, donde ofrendó al rey Triptólemo el donde la agricultura. A medida que la búsqueda proseguía, la tierra se secó y marchitó a causa de los afligidos lamentos de Deméter, hasta que apenas quedaron alimentos para los humanos o como ofrendas a los dioses. Zeus, rey de las divinidades olímpicas, se inquietó y accedió a que Perséfone pasara las dos terceras parte del año en la tierra, si bien el otro tercio estaba obligada a permanecer en el infierno con Hades, su marido. El retorno de Perséfone al mundo de los vivos – celebrado en las festividades de Deméter – simbolizaba la llegada de la primavera y su descenso a los infiernos marcaba el comienzo del invierno.

Dondequiera que existe, los elementos principales de este mito son los mismos y el ciclo estacional comienza cuando una diosa madre – como la escandinava Freyja, la sumeria Inanna o la griega Afrodita – pierden a su vástago. Existen muchas variaciones regionales e históricas. La egipcia Isis pierde a su marido, Osiris, pero se convierte simbólicamente en su madre cuando recupera su cuerpo desmembrado y lo dota de vida. Aunque no baja a los infiernos, sus recorridos por pantanos y yermos representa el mismo carácter mítico. La mayoría de las Diosas – Freyja y Afrodita incluidas – no sólo pierden una hija, sino un hijo ( Baldur, que podría ser Balder y Adonis, respectivamente) que acaba en el mundo de los difuntos a causa de una muerte
violenta. Tiene lugar un período de duelo que se caracteriza por la devastación de la tierra, hasta que la Diosa negocia el retorno del hijo durante cierta época del año.

La Diosa Inanna no bajó al mundo de los muertos para rescatar a su hijo, sino para experimentar su propia muerte y regeneración: hasta cierto, si las consideramos como dos aspectos del mismo ser, podemos decir otro tanto de Core y Deméter. El poema conocido como El descenso de Inanna a los infiernos demuestra que fue voluntariamente e incluso con impaciencia. Al dirigirse al reino de su oscura hermana Ereskigal, Inanna tuvo que atravesar sietes portales y en cada uno se quitó una preda. Así, durante el recorrido abandonó paulatinamente sus atributos y poderes. Cuando llegó a los infiernos, Ereskigal le dirigió la mirada a la muerte y colgó su cadáver de un gancho. Inanna sólo podía abandonar el mundo de los muertos si dejaba un sustituto en su lugar, por lo que envió a Dumuzi, su hijo y marido. Al igual que Afrodita, ofreció voluntariamente su cónyuge para que se trasladara a los infiernos como parte de la tradición del hijo y el amante que garantiza la fertilidad de la tierra. El descenso de Inanna también simboliza las fases de la luna: su cadáver pende tres días del gancho de Ereskigal, período durante el cual la luna no es visible.

En estos mitos agrícolas el hijo representa la semilla enterrada, hasta que reaparece con la forma de planta que comienza a brotar. Las platas maduran hasta ser cosechadas y el ciclo entero vuelve a representarse. De esta manera, el principio agrícola básico se convierte en alegoría de la vida humana y el deseo de participar en el drama celestial de las estaciones desencadena rituales que simbolizan el proceso de fertilización. Los llamados misterios de Eleusis, consagrados a Deméter a comienzos de la primavera y el otoño, incluían rituales secretos destinados a los iniciados, durante los cuales la persona moría con relación a su vida pasada y su alma retornaba a sus orígenes antes de renacer. Era la representación simbólica del descenso y el regreso de la divinidad. El misterio propiamente dicho consistía en la revelación de que, en lugar de acabar, la vida se transforma sin cesar; la naturaleza, la humanidad y la diosa encarnan dicho proceso. El trigo era el símbolo de la vida eterna. Sófocles, dramaturgo del siglo V a. C, declaró lo siguiente: “Triplemente benditos son los mortales que han visto esos ritos y, por consiguiente, entrando en el Hares; la vida sólo existe para ellos y para los demás todo es desdicha.”

La Señora del Templo eterno.

Una estela egipcia de tiempos de Ramses II se dirige a ella como “Reina de los Cielos y Amante de todos los dioses”. Textos semíticos la llaman “Hija Virgen de Palestina” o “Sabiduría Virgen Moradora de Zion”.

El templo de Jerusalén fue ocupado durante siglos por Yahvé y esta diosa, conocida como la Reina del Cielo, Anath, Asherah, Mari o Miriam.

Su santuario Beth-Anath (Casa de Anath) es mencionado en el capitulo 19 de Joshua. Algunos jefes israelitas se llamaban a sí mismos sus hijos. En Sicilia un asentamiento fenicio tomó su nombre de esta diosa, Mach Anath. Los griegos la llamaban Panora, que significa “Madre Montaña Universal”.

En los textos Ras Shamra se describen los sacrificios rituales primitivos de Anath o Anat. En ellos era fertilizada con la sangre de los hombres, no con su semen, porque su culto databa del neolítico donde la paternidad se desconocía y se consideraba la única sustancia que podía transmitir la vida era la sangre. Parece que muchos hombres eran sacrificados a Anath cuando su imagen se pintaba con henna de color rojo para la ocasión. “Ella golpea con violencia y se deleita en ello, les corta y mira… su hígado se regodea… porque ella hinca sus rodillas en la sangre de los soldados, sus entrañas en la sangre de los guerreros, hasta que su sed de matanza se satisface”.

En rituales similares en Egipto, las sacerdotisas se levantaban las faldas mientras desmembraban al dios toro Apis para que los borbotones de sangre bañaran sus vientres y las fecundara.

Al igual que la diosa mexicana “La dama de la falda de serpiente” quien daba nueva vida con la sangre genital de Quetzalcoatl; Anath colgaba los penes de sus víctimas en el delantal de cuero de cabra –aegis- que usaban las sacerdotisas libias. Cuando la diosa pasó a Grecia y fue virginizada permanentemente y transformada en Atenas, su aegis se transformó en un pectoral.

Atenas aún lleva serpientes en la cabeza cuando aparece bajo el título de Gorgona “la macabra” en su manifestación como destructora diosa de la muerte.

Anath anualmente echaba su maldición de muerte -anatema- al dios cananeo Moth “el castrado” o “Señor de la Muerte” que representaba el aspecto estéril del fértil dios Baal.

Como Set en Egipto, Moth representaba la estación estéril y asesinaba a su gemelo fértil, el dios Aleyin.

Repitiendo una historia universal, Moth-Aleyin era hijo de la virgen Anath y más tarde también era el consorte de su propia madre. Al igual que Jesús, se lo llamaba “Cordero de Dios”. El decía: “Soy Aleyin, hijo de Baal (el Señor). Preparad el sacrificio. Soy el cordero hecho de trigo puro que debe sacrificarse para la expiación”

Tras la muerte de Aleyin, Anath le resucitaba y sacrificaba a Moth en su lugar. Le decía a Moth que había sido abandonado por su padre del cielo, el mismo que luego abandonaría a Jesús en la cruz. Las palabras atribuidas a Jesús “Padre, Padre, ¿porqué me has abandonado?” -Marcos 15:34- fueron al parecer copiadas de una antigua fórmula litúrgica que pasó a formar parte del ritual de pascua en Jerusalén.

El drama sagrado incluía un momento en que Anath rompía el cetro sagrado de Moth simbolizando su castración. La ruptura del cetro simbolizaba la ruptura de la conexión entre el viejo rey y la diosa tierra tras la cosecha de su reino. Anath entonces le asesinaba y utilizaba su cuerpo y su sangre para renovar la tierra en la cosecha del año siguiente. “Atrapa a Moth, el hijo divino. Con su hoz le raja, le golpea con su mayal”. Los restos se echaban al campo, al igual que los trozos del salvador Osiris in Egipto.

Naturalmente esta diosa asesina de dioses -Anath- se convirtió en diabólica en las leyendas patriarcales. Los cristianos abisinios la llamaron Aynath “el ojo demoníaco de la tierra”. Decían que era una vieja bruja que Jesús destruyó ordenando que fuese quemada y sus cenizas esparcidas al viento.

En los evangelios cristianos la maldición de muerte de Anath –Anatema Maratha- (Corintios 16:22) ha sido traducida equívocamente como “la cometa del novio”. Lo que realmente significaba esta expresión era la muerte inminente del novio, ya que era la maldición pronunciada solemnemente sobre una víctima de sacrificio. Tenía el mismo doble significado que el latín “sacer”, que significa a la vez “santo” y “maldito”; y como todos los antiguos dioses moribundos que eran anteriormente considerados ofrendas –anathemata-.

Todos los pueblos tienen ejemplos de dioses elegidos para el matrimonio sagrado que luego serán maldecidos y sacrificados.

El origen de los héroes malditos puede encontrarse en India, donde Shiva “el condenado” fue elegido por Kali para el matrimonio sagrado en su encarnación como virgen, seguido por su muerte y viaje al inframundo. Como personificación del Abismo Primordial la diosa era a veces llamada Kala- Nath, que puede guardar relación con el nombre de Anath.

La capacidad de Anath para maldecir y matar hizo que el Padre del Cielo la temiera. Cuando El parecía reticente a seguir sus deseos ella lo amenazó con aplastar su cabeza y cubrir con sangre su pelo y su barba gris. Entonces apresuradamente El le dio todo lo que ella pedía diciendo: “Aquel que la entorpezca será aplastado”.

Ha habido un gran salto desde esta historia de Oriente Medio en que la diosa reina y decide, hasta el concepto griego patriarcal en que la temida diosa es la siempre diligente hija del Padre del Cielo.

Fuentes:
Walter G., Barbara. “Anath”, The Woman’s Dictionary of Symbols and Sacred Objects. San Francisco: Harper San Francisco.

La esencia femenina.

Los Tantras – textos místicos indios del siglo VII – difundieron la idea de Sakti: energía femenina pura, poder primordial sin el cual los dios ( concretamente, Siva ) no podían funcionar. Un tantra sostiene que “las mujeres son la divinidad: las mujeres son el aliento vital”. Desde el establecimiento de los sistemas de culto indoeuropeos – centrados en el hombre – fue prácticamente la primera vez que se afirmó la supremacía de la deidad femenina.

Según el tantrismo, Satki emana de la fuerza central y Universal del gran poder, definida como Maha- Kali o Gran Kali. Es el receptáculo del cosmos, incluido los dioses. Un cuadro muestra a Siva sentado sobre el cráneo de Kali, a Visnú en sus pechos y a Brahma en su vulva. Además de considerar que, gracias a su fuerza prodigiosa, la diosa es la energía esencial y universal que activa y protege las divinidades masculinas, que muchos tantas la definen como Mahavidya o gran sabiduría.

Las mujeres han apelada cada vez más a la sakti como la enérgica y positiva fuerza femenina digna de imitar y poseer. Quizá las imágenes más conocidas de sakti – casi siempre personificada por Kali – corresponden a la supremacía sexual. Aparece con un pie apoyado en el pecho de Siva, su marido, mientras gira vertiginosamente en plena danza destructiva, o monta su cuerpo en medio del éxtasis sexual. El texto sagrado Kalika Purana abunda en relatos fantásticos de los combates eróticos de Kali con su esposo, lo que demuestra que disfruta con los juegos sexuales y que está decidida a hacer su voluntad en esta faceta. Hay saktas que se castran para imitar el aspecto de sakti. En algunos ritos, los saktas de la secta vamachari beben sangre menstrual para absorber la energía cósmica de sakti.

A pesar de que muchas imágenes la presentan como de carácter y aspecto sanguinarios, las actividades de Kali nunca son gratuitamente destructivas. Adopta su aspecto más temible con el propósito de exterminar las fuerzas demoníacas antes de que pongan en peligro el orden cósmico. En consecuencia, en tanto símbolo de las capacidades de las mujeres, es el modelo perfecto del equilibrio femenino: poderosa, activa y positiva en lugar de inútilmente agresiva. Devuelve a las mujeres las tres virtudes que históricamente la mayoría de las culturas les han negado: la fuerza moral y física; el intelecto y el conocimiento, y la autonomía sexual.

Magna Mater. Roma y el Cristianismo.

La Diosa más arcaica de Roma es Vesta, a la que conmemoraban como llama incorpórea que seis vírgenes sagradas mantenían eternamente encendida. La consideraban el palpitante corazón místico de la ciudad y, en fecha posterior del imperio. De diversas maneras, las figuras locales de la Diosa también fueron identificadas con la estructura estadal. Al igual que la griega Afrodita, a Venus se la recuerda como diosa del amor, aunque también poseía el conjunto de las funciones complementarias relacionadas con toda gran diosa, incluidas las de madre y portadora de la muerte. En concreto, se la tenía por madre de Eneas – fundador de Roma – y como tal era patrona de la ciudad. Ceres – versión romana de la Madre tierra Demetér – también se denominaba Ceres Legífera, es decir, “la legisladora”, y afirmaban que sus sacerdotisas habían creado el sistema legal romano.

Roma fue toleran con las deidades foráneas e incluso las asimiló. Cibeles fue trasladada a Roma desde el frigio monte Ida en 204 a.C, después de que la Sibila de Cumas predijese que su presencia era la única manera de derrotar a los ejércitos comandados por Aníbal. Al principio el monarca Frigio Atalo rechazó la solicitud de que la imagen de culto abandonase su reino y sólo accedió cuando la propia Cibeles se le apareció y afirmó que deseaba ir. Aníbal fue derrotado y abandonó el territorio itálico en 203 a.C. Augusto, el primer emperador romano, consideró a Cibeles la deidad suprema del imperio y a su esposa, Livia, como encarnación terrenal de la divinidad. Denominaron a Cibeles Magna Mater ( “Gran Madre” ) y “madre de todos los Dioses”. Fue injuriada por los primeros cristianos a pesar de que en el siglo II Montano – sacerdote de la divinidad – creó una secta cristiana basada en la identificación de Jesús con Atis, el hijo de Cibeles. En el siglo IV condenaron por herejes a los montanistas.

Junto a los de Cibeles, en Roma prosperaron ostros cultos mistéricos correspondientes a diosas extranjeras como Isis, Hécate y Deméter. El imperior romano aplicó indiscriminadamente la expresión Magna Dea a todas las grandes diosas y se ha postulado que Roma estuvo a punto de desarrollar el monoteísmo femenino Universal hasta que se produjo la aparición de religiones centradas en lo masculino, como el mitraísmo y el cristianismo.

La cristiandad y el Imperio Romano:

Los cultos romanos a la Diosa supusieron una rica fuente para la naciente fe cristiana, deseosa de crear su calendario de fiestas y festividades. El cristinianismo se apoderó de algunas de algunas de las más populares celebraciones romanas y las reinterpretó en un intento, a menudo fracasado, de depurarlas de su carácter pagano. Por ejemplo, la Candelaria es la festividad de la purificación de la Virgen porque se celebra cuarenta días después de Navidad y la tradición judeocristiana predicaba que la mujer estaba impura durante los cuarenta días posteriores al parto. En sus orígenes, la Candelaria fue la festividad de Juno Februata en tanto madre virgen de Marte, durante la cual el pueblo desfilaba por Roma con Cirios encendidos. La celebración de la Navidad toma prestadas casi todas als tradiciones de las saturnales romanas y de otros ritos paganos, como la tala de un pino sagrado para el templo de Cibeles. La Cuaresma procede del período de abstención que las mujeres respetaban tradicionalmente antes de la fiesta de Ceres.

El emperador Constantino ( h. 288 -337 ) adoptó el cristianismo como religión oficial del Imperio Romano, en parte porque necesitaba una creencia convenientemente burocrática y organizada para mantener en pie el Estado que se derrumbaba. Toleró y fomentó cultos más arcaicos y la persecución del paganismo por parte de la Iglesia – que contó con la autorización imperial – no se desató hasta después de su muerte.

Erzulie y el ciclo de la Diosa.

Para el vuduismo, el principio creador está compartido por lo divino masculino y femenino, de modo que la Diosa no es la única que recibe honores por la génesis del mundo. De todos modos, representa la diferencia entre los humanos y los animales. Es la posibilidad constante de la perfección que nunca se alcanza y el sueño imposible que motivos los esfuerzos. Erzulie es célebre por lo atractiva que resulta para los hombres apuestos, incluso entre los humanos, e insiste en que se vistan y bailen a la perfección y en que estén impecablemente limpios. Los hombres elegidos por la diosa enferman de amor y ni siquiera pueden mirar a las mortales.

Al igual que sus equivalentes, Erzulie tiene debilidad por las joyas, las flores y la ropa y experimenta un gran placer con los cantos y danzas. Tras su alegría se oculta una cólera duradera, personificada en su aterradora manifestación complementaria Erzulie Ge_Rouge. El vudú haitiano incluye una ceremonia en la que la Loa – o divinidad – de Maitress ( aspecto de Erzulie, también denominado Erzulie Freda Dahomey) se apodera de la mujer elegida. El ritual se inicia con una larga y compleja ceremonia, durante la cual la posesa se purifica y, después de satisfacer las exigencias de aseo de la Diosa, con ayuda se unge lentamente con perfumes y polvos. Se viste sin prisas, bebe vino y come dulces y otras exquisiteces que le han obsequiado. Cuando por fin está lista e mezcla con el pueblo. Los hombres presentes son claramente sus preferidos y cuentan con la atención de Erzulie mucho más que las mujeres. Elige a los más guapos como compañeros de baile, aunque están automáticamente excluidos, cuando han bebido alcohol de alta graduación. Sus devotas reciben una atención muy superficial y a las demás sólo las reconoce con un movimiento del meñique.

La ceremonia alcanza un clímax sorprendente en medio del jolgorio y de los bailes en ocasiones frenéticos. Erzulie Ge – Rouge – aspecto afligido de la Diosa – se apodera de la posesa, llora desconsoladamente por todo lo que va mal en el mundo, se queja de que no es amada y lamenta sus sueños incumplidos. La transformación es sorprendente e inesperada. La figura ególatra y en éxtasis de hace segundos se convierte en un ser que cierra tanto los puños que se clava las uñas en las palmas de las manos y se hiere hasta sangrar. Gime y alcanza un paroxismo de ira que, en última instancia, la paraliza. Se trata de la Diosa arquetípica que llora salvaje y desconsoladamente la muerte de su hijo y amante. El vuduismo haitiano ha incorporado al culto de Erzulie la versión cristiana de la diosa pladileña, es decir, la Virgen Maria que se lamenta.

Hay quienes afirman que, tanto en India como en Occidente, la diosa del amor ha llegado al siglo XX a través de las artistas del cine. Estas “Diosas de la pantalla” cuentan con devotos seguidores que les envían regalos y les solicitan favores (aunque solo sean autógrafos ). Las adoran exclusivamente por su imagen y engendra miles de “sacerdotisas” seculares, deseosas de imitarlas y, por tanto, de encarnarlas.

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