Archive for libro de las sombras

La memoria ancestral: los antiguos Bardos.

Como creo haber mencionado varias veces en estas desordenadas memorias, la Tradición de Brujería que practico es netamente oral: Aunque la mayoría de los rituales y tradiciones se conservan en los Libros de las Sombras de los diferentes miembros de la familia, la esencia de nuestras creencias tienen un origen netamente tribal. Las viejas costumbres se transmiten de madre a hija en forma de historias, cuentos, fabulas, metáforas, alegorías, danzas, y elaborados rituales que tienen por único objetivo transmitir el antiguo saber que heredamos como forma cultural. Una manera amena y sobre todo sentida de conservar el hilo elemental de nuestra identidad religiosa.

Tal vez por ese motivo, cuando me preguntan el posible origen de la preminencia oral en nuestras costumbres, me remito de inmediato a una figura antigua, magnifica y sobre todo, familiar para todas las tradiciones mágicas: El Bardo, el hombre misterioso que danza en el bosque de los secretos llevando consigo el saber y las creencias de un tiempo olvidado.

Una danza ancestral:
Un narrador local explica la historia del pueblo, otro rehace historias románticas en las que mezcla la realidad y la ficción otro recita poesía como si las palabras fueran olas que rompen en la orilla. Otro narrador, quizá un bardo itinerante, canta baladas heroicas, runas y encantamientos, romances o nanas para los niños. Las genealogías y los relatos épicos retienen la larga memoria de las generaciones y casi no cambian. Otras historias mezclan y cambian argumentos, viejos y nuevos, insuflando nueva vida e interpretaciones.

El Bardo más conocido de la Tradición celta es Taliesin Pen Beirddd, el bardo de las isla de Britania, que vivió en Gales durante la segundad mitad del siglo VI. Se le atribuye un enorme corpus de canciones, poemas y tradiciones. Aunque gran parte de estos trabajos provienen en realidad de tiempos medievales, se les identifica con Taliesin para aumentar el prestigio de la orden de los bardos en Britania. Sin embargo, los poemas de Taliesin que hunden sus raíces en aquella época y probablemente son anteriorees, contiene mucho de lo que sabemos de los antiguos bardos, que derramaban bendiciones sobre los amigos y, en su lado la maldición de los sátira sobre los enemigos. Taliesin nos habla así de sus orígenes:

Yo fui el instructor
De todo el completo
Universo.
Lo seré
Hasta el día del juicio
En la faz de la tierra…
No hay una maravilla
En el mundo
Que yo no pueda revelar.

A pesar de la inmodestia de Taliesin, los bardos transmitieron a lo largo de los siglos los misterios de la sabiduría y la tradición. Desde los tiempos anteriores al legado escrito, el papel más importante de los bardos itinerantes y los narradores de historias locales fue preservar un vasto corpus de Sabiduría oral que incluía historia y geneología, poemas y canciones, cuentos épicos, adivinanzas, encantamientos, conocimientos de las dispustas y asentamientos, así como las leyes.

Viajando de parroquia en parroquia a finales del siglo XIX, Alexander Carmichael visitó a muchos narradores y registró sus cuentos y cancaciones. Los narradores que buscaba Carmichael ya eran ancianos; habían aprendido sus historias y poemas cuando eran niños de otros narradores que, a su vez, los habían aprendido en su infancia. De esta manera, los cuentos y poemas que Carmichael reunió viajan hacia atrás hasta la primera mitad del siglo VII. Carmichael nos habla de una narradora itinerante de la Escocia de principios del siglo XVIII, Catherine Macaulay que “viajaba de casa en casa y de pueblo en pueblo…y se quedaba en cada lugar más o menos tiempo, según la población y la estación del año recitando noche tras noche, y semana tras semana…poemas y narraciones…largos y misteriosos…” Una narradora de las Hébridas Exteriores fue Janet Campbell, una niñera que “conocía muchanas Nanas y bellas canciones…sus historias encantaban a los niños…que escuchaban lo que el oso le dice a la abeja, el zorro al cordero, el perro de caza a la gallina, la serpiente al ruiseñor, la ballena al aranque y la nutria parda del río al joven salmón plateado del arroyo”

En la voz del Bardo, el conocimiento y la interpretación de la larga historia de la vida de la tribu ( o la de su familia, comunidad o pueblo ) tienen una importancia secular: no solo otorgan sentido a la historia cotidiana que se conserva a través de las canciones, sino que además, investiga las fronteras del futuro a través de la huella del pasado. Una costumbre que le otorga rostro y corporeidad a la vieja tradición de contar historias.

El arte de contar historias es activo, no pasivo. Aunque la historia no cambia respecto a la ocasión anterior en que fue contada, provoca recuerdos, significado e identidad. De hecho, la historia que va cambiando contiene los dictados y la guía del espíritu. Una transformación de la psiquis social y cultural a la que pertenecemos.

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La Voluptuosa autoridad de la Tierra: La vitalidad del mundo ancestral.

Según la Tradición de la Antigua Religión que practica mi familia, la soberanía de la tierra está personificada en las Diosas Madre que transfieren la soberanía a los reyes legítimos. La energía de la tierra se origina en su misterioso y ardiente interior que da a la superficie de ésta sus sensuales y voluptuosas cualidades de vitalidad. El empuje del interior de la tierra acaricia su superficie mediante pozos y fuentes termales, mares y lagos, montañas y colinas, y en la esencia de la energía de los lugares. La soberanía significa la fresca vitalidad del mundo natural.

La soberanía de la tierra se expresa en los prodigios del mundo natural, su belleza, sus complejidades y sus maravillas que acarician nuestros sentidos y nos llaman a casa, el momento presente. La soberanía no es para los celtas una deidad trascendente, sino terrenal y real, que nos considera parientes y nos devuelve el suelo que nos dio la vida. La tierra palpita con la energía de la creación. Las aguas termales brotan con ímpetu a su superficie procedentes de los calderos sagrados que hierven en su interior.

Como en la mayoría de culturas de antigua estirpe, los celtas reverenciaban la tierra y la personificaban como madre, la fuente de la vida. La diosa Brigit, por ejemplo, representa lo más claros atributos de sobenaría en varios países celtas. La soberanía se transfiere, aunque temporalmente, al jefe o el rey legítimo, en una especie de expresión coherente del valor del pensamiento humano y a su vez, su vinculación con la idea más amplia de la divinidad.

En Britania, se la adoraba como Brigantia, diosa territorial que también daba nombre a una tribo celta que habitaba en los Midlands ingleses. En los preparativos para la celebración de la Fiesta de la Novia, el 1 de febrero, un símbolo casero de soberanía, una “vara pequeña, recta y blanca ( a la que se le había quitado la corteza), se coloca al lado de la figura de Brigit. Generalmente, la vara de abedul, retama, zarza, Sauce blanco u otras maderas sagradas…a los reyes de Irlanda se les daba una vara similar en su coronación y también en el nombramiento de los Señores de las Islas de Escocia”

De forma parecida, Brigit está relacionada con las estaciones y la fuente de la vida. Según la tradición celta, la serpiente del Otromundo reside en el interior de la tierra y aparece en la Fiesta de la Novia, cuando la dureza del invierno ha pasado y empieza a verdear la primavera. Alergatada en invierno y despierta e inquieta en primavera, Brigit rige las estaciones con sus actividades. Ella es la soberana.

La voz de la Antigua Dama: Simbología del ciclo Lunar.

Quizá ningún otro objeto natural ha sido tan reverenciado, desde periodos tan antiguos, como la Luna. Por regla general su símbolo ha sido la medialuna creciente, ya que el círculo que representa la luna llena podía confundirse con los símbolos solares.

Por su aparente conexión con los ciclos femeninos de la “sangre lunar” (menstruación) que daba vida a cada humano que estuviera en la matriz, la luna se convirtió en el primer símbolo universal de la Diosa Madre. El nombre griego de Europa, madre eponímica de la Europa continental, significa “luna llena” y proviene del título de Hera o Io como la blanca Luna-vaca, y también de otras versiones de la diosa como Demeter y Astarté.

Albión, el antiguo nombre de Bretaña, significaba “luna blanca” y se refería la Diosa hasta que el moje Gildas le convirtió en un ficticio santo masculino llamado San Alban.

Al-Mah, la luna, fue una deidad principal de Persia cuyo nombre se convirtíó en el nombre hebreo Almah, “mujer núbil”: nombre que los cristianos han insistido en traducir como “virgen” cuando se aplica a la madre de Jesús. Otro derivativo fue el latín alma-mater, “alma-madre” viviente del mundo.

Los romanos reverenciaban la primordial Luna Madre como Luna o Mana (Manía), madre de los espíritus ancestrales arcaicos llamados manes, anualmente propiciados en el festival Manalia. La misma Diosa Mana regía en la arcaica Escandinavia, en Arabia, y el Asia central. “Mana” viene del sánscrito manas, “mente” un atributo de Ma, la madre primordial; estaba también relacionado con el latín mens, significando ambos “mente” y “luna” y también una cualidad misteriosa de poder espiritual: nu-men.

De acuerdo con Moses Maimonides, el culto lunar era la religión de Adán; y la Biblia contiene muchos trazos de reverencia pre-yahveísticas a la luna. Los reyes del Antiguo Testamento vestían “ornamentos como la luna y también lo hacían los animales que montaban” (Jueces 8:21). Los Profetas denunciaban a las mujeres hebreas por llevar amuletos lunares (Isaías 3:18). Agla, uno de los “nombres secretos de Dios” más usados en la magia hebrea, es usualmente traducido como “luz” pero significa específicamente “luz de luna”; es uno de los antiguos nombres de la diosa Luna.

Una tradición talmúdicas decía que el mismo Yahvé tuvo que hacerle una ofrenda a la luna por haberla ofendido. La diosa de la Luna no parecía demostrar mucho respeto por Yahvé ni por los suyos; según el Apocalipsis de Baruch: Cuando Adán y Eva cayeron en el pecado, todo lo demás se hundió con ellos “el cielo, el sol y las estrellas, incluso los más cercanos al trono de Dios; los ángeles y los poderes fueron movidos por la trasgresión de Adán,” todo excepto la Luna, que se reía.

San Agustín condenó a las mujeres por su “impúdicas y coquetas” danzas en honor a la luna nueva. Aún así, el tiempo lunar era tan importante para la tradición Savior que los cristianos insistieron en remarcar que la luna llena apareció durante la crucifixión de Jesús –aún con un eclipse solar, que sólo puede suceder durante la etapa oscura de la luna.

Las tradiciones lunares continuaron siendo asociadas con las mujeres durante la Edad Media. En el folklor y las baladas puede observarse que las mujeres eran animadas a rezar por favores especiales no a Dios sino a su propia deidad, la Luna Madre, para quien cocinaban panes de avena. También los oponentes de Jeremías continuaron cocinando pasteles para ofrendar a la Reina del Cielo (la luna) sin importar las fulminaciones del profeta acerca de ella (Jeremías 44:19); de la misma forma las mujeres de la Europa cristiana cocinaban pasteles a la luna, que los franceses llamaron croissants –crecientes– por su forma lunar.

Los modernos pasteles de cumpleaños descienden de la forma griega de honrar el cumpleaños mensual de Artemisa, diosa de la Luna, realizando deliciosos pasteles de luna llena. Las brujas continuaron invocando a la Diosa “dibujando la luna”. En algunas áreas, los cultivos no podían ser recolectados ni las bodas celebradas a menos que fuera en los tiempos apropiados de la Luna. Todo lo que tenía que ver con el manejo de animales domésticos parece estar relacionado con la Luna. Y por supuesto, ninguna bruja ni adivino realizaban operaciones mágicas sin tomar en cuenta la fase lunar.

En la Arabia pre-islámica la diosa Luna era tan importante que su emblema llegó a representar el país entero, y lo sigue haciendo, como muestra la luna creciente de las banderas islámicas. Como Manat, la vieja madre luna de la Meca, alguna vez reinó en la fe de todos sus hijos, quienes también la llamaban Al-Lat, la Diosa. Este nombre fue masculinizado como “Allah”, quien prohíbe a las mujeres entrar a las mezquitas que alguna vez fueron templos de las sacerdotisas de la luna.

En Asia central, su órbita celeste fue descrita como el espejo que refleja todo en el mundo. Todavía se dice que el reflejo de la luna en el agua es el principal remedio para calmar la histeria.”

Fuente:

Walter G., Barbara. “Moon”, The Woman’s Dictionary of Symbols and Sacred Objects. San Francisco: Harper San Francisco, 344-5.

La danza de la Luna: el Camino Iniciático de la Nación Lakota.

Un mito sioux, el de la Mujer Bisonte Blanco describe las siete etapas que sigue la mujer en su camino hacia la autorrealización. El origen del mito lakota es conocido como “El camino de la belleza” y es un ritual sagrado que dura toda la vida.

1. El camino de la hija. Este período comprende desde el nacimiento hasta la aparición de la primera regla. Todavía es una niña, física y psíquicamente dependiente, mentalmente receptiva, que absorbe todo tipo de enseñanza, ejemplo o estímulo que se le presenta. Si todas estas influencias exteriores son apropiadas, estructuradas y emocionalmente equilibradas, la niña desarrollará el equilibrio, respeto, dignidad y autoconfianza que luego necesitará como recursos para llevar una vida en armonía con todo lo existente.

2. El camino de la mujer. Abarca los años en que una mujer desarrolla la autoconfianza, aprendiendo a controlar su vida independiente de los adultos. Aprende a través de la experiencia personal, desarrolla sus propias respuestas emocionales y mentales y elige sus relaciones. Empieza a explorar su sexualidad y a construir su espiritualidad. Son los años en los que empieza a conocerse y, poco a poco, llega a ser una persona responsable y madura (en nuestra sociedad actual este período va desde la adolescencia hasta los 28-32 años).

3. El camino de la madre. Desde el punto de vista espiritual, el nacimiento de un hijo es el evento más importante de la vida de una mujer; ya que entonces entra a formar parte de la comunidad espiritual femenina. Al cruzar la frontera entre la vida y la muerte con el parto es recibida en la comunidad de las matronas, donde inicia la verdadera enseñanza. En el período de la madre aprende la disciplina del sacrificio: cuerpo, tiempo, psique, conocimiento, vida social, condición económica, relaciones y valores son puestos al servicio de los niños. Este pasaje, ambivalente como ningún otro, la empuja a superar todos los límites que tenia previstos. Aprende a controlar completamente su mundo, intentando armonizar sus necesidades individuales con las demandas externas que constantemente caen sobre ella; alcanza así el poderoso equilibrio entre realidad interna y externa sobre el cual se basa este ritual sagrado. En el camino de la madre, la vida espiritual de la mujer pone sus raíces y florece: no hay que olvidar que en muchas culturas antiguas el dar a luz simbolizaba para la mujer una iniciación.

4. El camino de la recogedora y el de la ritualista. Ambos caminos son tan antiguos como la raza humana. Recoger es una disciplina que requiere respeto antes que nada; desarrolla poderes especiales de observación y discernimiento en el conocimiento de las estaciones, del clima, de la astronomía y de la curación. Armada únicamente de conocimiento, de intuición y de oraciones, la mujer recolecta gran cantidad de plantas y de sustancias minerales para la cocina, la magia, la higiene y la cosmética. La recogedora tiene que conocer perfectamente dónde y cuando encontrar lo que necesita, la forma más adecuada de conservar, almacenar, preparar las sustancias y utilizarlas en condiciones que resulten eficaces e inocuas. Una Mujer Medicina nativa nunca aplica el mismo remedio al mismo síntoma físico en distintos pacientes, ya que trata al ser en su totalidad. Para ella “hacer medicina” es conocer al paciente, a su familia, su condición espiritual, mental, física, ambiental y social, y cómo combinar todo esto en el proceso de curación.
La aspirante-chamana es también muy consciente del espíritu que hay tras la planta, roca o cristal usados en el tratamiento, a los cuales hay que dar las gracias por la ayuda que le están aportando. Esta parte del trabajo de una Mujer Medicina se caracteriza por la tensión espiritual, aunque no tan intensa como en su primer parto, sus primeras reglas o su responsabilidad de mujer joven de aprender a respetar a los demás (humanos e inhumanos) y a sí misma. Una Mujer Medicina que no consigue equilibrio, responsabilidad y ser consciente puede suponer un desastre para toda la comunidad, porque el poder de la mujer es grande, y cuanto más desarrolle la disciplina y la devoción, más aumentará su poder. Las mujeres que siguen el camino de la recogedora y de la ritualista tienen que ser interiormente seguras, estar profundamente preocupadas por la vida espiritual del planeta y ser capaces de sacrificar su trabajo y su ego por el bien de la comunidad.

La ley espiritual básica que la mujer aprende en el camino es que la aspirante a chamana da y da mucho tiempo antes de recoger, aunque sólo sea poco, y todo lo que obtiene de su duro esfuerzo y pruebas personales lo tiene que utilizar en alimentar y fomentar la vida.

6. El camino de la maestra. Aprendiendo, experimentando, alimentando y trabajando la mujer alcanza la edad en la cual se vuelve transmisora de sabiduría espiritual y social. Es compartiendo con los demás las técnicas, las teorías y las experiencias que ha vivido como llega a ser una maestra.

Entra en la menopausia tan profunda y madura como la fruta, como la flora. Si ha seguido los caminos descritos anteriormente con armonía entrará en el reino de lo sagrado como miembro de la comunidad cósmica, derecho que se ha ganado a través de su trabajo, sacrificio y devoción. En este momento puede elegir su campo de acción puesto que es una Mujer Medicina, aunque existan otras formas menos obvias de llegar a serlo. Puede elegir la política, el servicio público o cualquier otra profesión; practicará de una forma sana y espiritual todo lo que decida ser. También puede escoger quedarse aislada o ser una abuela, continuando con sus nietos, sus bisnietos o bien otros niños sin hogar ayudándoles a crecer y educándolos.

El modo en que una anciana enfoque su habilidad y su sabiduría depende de la naturaleza del trabajo espiritual hacia el cual ha sido conducida. Gran parte de su enseñanza se transmite a través del ejemplo; ella es un modelo para las mujeres más jóvenes en el camino, y su presencia y esencia revitalizan y enriquecen la vida de su comunidad entera.

7. El camino de la sabia. Alcanzada la vejez, la chamana entra en el período de la maestría, habiendo desarrollado una verdadera sabiduría. El sentido del equilibrio que caracteriza al universo es ahora parte profunda de ella, así como el sentido del humor. Está en contacto directo con hechos naturales y sobrenaturales, siendo capaz de aceptar sus directrices. La esfera de su trabajo ha trascendido su ser personal y privado, su familia; su comunidad se extiende ahora hacia las estrellas. Es un ser sagrado: es completa.

Los siete caminos proporcionan a la mujer la fuerza, la disciplina y la profunda conexión que necesita para canalizar el poder espiritual sin causar daño a sí misma ni a los demás. Le ayudan a desarrollar humildad, orden, respeto dignidad y el sentido de cuidar a toda criatura, dándole una profunda comprensión de sí misma en los aspectos interiores y exteriores.

Existen otras formas de autorrealización, pero este bellísimo ritual nos recuerda que no hay que quemar etapas sino vivir con entrega y aceptación todas las experiencias que nos llegan, sean aparentemente buenas o malas, porque es lo que nos toca vivir, y probablemente es lo mejor que nos puede pasar. A menudo las grandes enseñanzas las encontramos en la pequeñas dificultades diarias, por esto el “camino de la madre” es la etapa más difícil en la vida de una mujer; es el sacrificio del ego y el aprendizaje del amor no egoísta, requisitos esenciales para el desarrollo de una conciencia espiritual y cósmica. Estos siete caminos son los de toda mujer que quiere incrementar su poder espiritual a través de toda una vida, recordando que cada prueba o dificultad que vamos superando es un paso más que vamos dando en nuestro viaje hacia la totalidad.

Fuente:
• Camino iniciático femenino de la Nación Lakota
Extracto de Clara Castelloti del libro “Madre Tierra, Hermana Luna”. Tikal Editorial.

Trangresores: Violadores del Orden Natural.

Numerosos mitos griegos tratan sobre los transgresores y sus castigos y quizá contribuyeran a mantener el orden establecido, sobre todo en la familia, pues muchos de ellos hablan de la violación de las barreras del deseo sexual.

Casi todos están protagonizados por seres humanos, ya que, por lo general , dioses y diosas podían obrar el mal con impunidad, mientras que los desmanes de los mortales recibían severo castigo, paradoja de la que tenían plena conciencia los antiguos Griegos. A continuación cito algunos de los transgresores más destacados:

Atreo y Tiestes: hijos de Pélope, hijo a su vez Tántalo. Cuando Atreo impidió que su hermano s apoderase del Trono de Argos, Tiestes sedujo a Aérope, esposa de aquél. En venganza, Atreo invitó a Tiestes a una fiesta y le sirvió a sus propios hijos. Los hijos de Atreo eran de Agamenón y Menelao, quienes se casaron con Clitemnestra y Helena, quizás las adúlteras más famosas. Egisto, un hijo de Tiestes que sobrevivió, fue amante y complice de Clitemnestra en el asesinato de su primo Agamenón, esposo de esta.
Dédalo: Considerado por los griegos el mayor de los artesano y los inventores mortales, también fue un transgresor. Pertenecía a la casa real de Atenas pero tuvo que abandonar la ciudad tras dar muerte a su sobrino Perdix, artesano rival que había inventado la sierra basándose en la espina de un pez. Cuando Dédalo lo arrojó por un acantilado, el joven se transformó en una perdiz.

Dédalo huyo a Creta, donde entró al servicio del Rey Minos, quién había recibido de Poseidón un toro para ofrecérselo en sacrificio, un animal tan espléndido que decidió quedarse con él. Furioso, Poseidón hizo que Pasífae, esposa de Minos, se enamorase del toro. Dédalo construyó una novilla hueca, de tamaño natural, en la que Pasífae pudiera esconderse para consumar su antinatural pasión, que dió como fruto al Minotauro, bestia salvaje mitad hombre, mitad toro. Enfadado con el artesano, Minos le ordenó que construyese el Laberinto, la prisión del monstruoso híbrido, del que más adelante saldría Teseo tras haber matado al Minotauro con la ayuda del Ovillo que Dédalo le había dado a Ariadna.
Las Danaides: las cincuenta hija de Dánae, descendientes de Zeus e Ío. Se casaron contra su voluntad con los cincuenta hijos de su tio Egipto, y en la noche de bodas, cuarenta y nueve de ellas mataron a sus esposos (La otra, Hipermestra, amaba a su marido, Linceo y de su unión nacieron Perseo y Dánae). Las cuarenta y nueve asesinas recibieron el castigo de llenar eternamente una jarra de agua con un cedazo en los infiernos.

Tereo, Rey de Tracia: Ayudó a Pandión, Rey de Atenas, tomó a la hija de éste, Procne, como esposa y tuvo un hijo con ella, Itis. Filomela, la otra hija de Pandión, fue a ver su hermana y Tereo la violó y le cortó la lengua para que no pudiera delatarlo, pero Filomela tejió un tapiz que representaba su sufrimiento y se lo enseñó a Procne. En venganza, las dos hermanas mataron a Itis, lo cocinaron y lo sirvieron a su padre, quién al descubrir los hechos, se lanzó en su persecución. Como habían cometido un asesinato, se transformaron en aves: Procne en Golondrina y Filomela en Ruiseñor.

El signo sagrado: El espino.


Según la Tradición mágica Irlandesa, el espino de los Faérie es sagrado e inviolable, debido que marca su habitat; especialmente un espino que crece solitario en medio de un campo abierto. Talar un espino de los faérie trae la calamidad y la deshonra a los habitantes de los faérie vecinos. Al honrar el espino sagrado, las gentes del Mundo Medio adquieren la habilidad de proteger y apoyar todos los aspectos de la vida y aumentan su sabiduría.

El espino, sea árbol o arbusto, nos recuerda la presencia de los faérie que viven en las cercanías. Según la Tradición mágica Irlandesa, el espino señala el hábitat de las hadas, y el suelo que lo rodea está santificado por su espina. La sabiduría proverbial nos dice que es sencillamente una locura cortar o dañar un espino, especialmente un espino solitario quec rece en medio de un espacio abierto, que marca los límites entre dos vecinos, que se desarrolla cerca de un pozo sagrado, un fuerte de hadas o el hogar. Hasta la “gente de la ciudad” deja pequeños patios en medio de los complekos urbanos para espinos solitarios, temiendo ocasiones la ira de los faerié. No es una gran sorpresa, como explica la tradición, que cortar un espino acabe en una calamidad e incluso la muerte. En la mayoría de los pueblos de la Irlanda rural se puede escuchar la historia de un lugareño que ignoró las advertencias de los vecinos, taló un espino y murió poco después.

Un incidente reciente y bien conocido ocurrió en el condado de Artrim, según lo explica Jin Grant de Beslfast. Hace unos años, durante la construcción de una inmensa fábrica, los trabajadores habúan dejado intacto un espino. Los “chicos” locales habian limpindo todo lo demás, pero ellos no:

“…Lo cortarían ni afectarían de manera alguna. Finalmente, la compañía contrató a un inglés para arrancarlo. Podó el árbol y arrancó sus raíces. El siguiente paso consistía en colocar los pilotes de los cimientos, pilotes de cemento armado de aproximadamente cuarenta centímetros de diámetro por tres maestros de largo. Colocaron los pilotes con una maquina, pero a la mañana siguiente, ¡los pilotes estaban a un metro de distancia de donde debían estar!…Así que trajeron más pilotes y los volvieron a colocar en la tierra. A la mañana siguiente estaban otra vez a un metro de distancia, ¡Pero en la dirección contraria al primer movimiento! Por lo tanto convocaron una conferencia para ver quién era el culpable…el hombre más bajo de la reunión se levantó y dijo:

– La única manera para que puedan construir su fábrica aquí es volver a plantar el espino donde estaba. – ¿Como, si lo han cortado? – le contestaron.

– Injertadlo – contestó. Al principio nadie le creyó…Así que trajeron un especialista en árboles de Holanda. Replantó las raíces del árbol y las injertó. Ahora hay un patio diminuto en el centro de la fábrica de un espino. Al hombre faérie no lo hemos vuelto a ver más, pero el espino sobrevive”

Según la tradición, el espino florce el 1 de mayo y señala la llegada del verano. Siempre deseosos de una buena fiesta, los faérie favorecen a esta especie, no solo por sus espinas fieras y protectoras; también por la alegría que trae al verano.

Mitos y Sociedad: Costumbres Públicas y Privadas.

Aunque los orígenes de las antiguas creencias religiosas griegas continúan envueltos en oscuridad, el panteón griego ya estaba claramente establecido hacia 750 a.C. Sus principales figuras desempeñan un papel destacado en los grandes poemas épicos de Homero, La Iliada y la Odísea que probablemente fueron compuestos en esta época y muestras signos de una tradición poética muy antigua.

Los griegos creúan que su vida y su destino estaban regidos por múltiples divinidades, las más importantes de las cuales eran los Olímpicos, los dioses y diosas que vivían en el Monte Olímpo. Una estatua del Dios Hermes podía señalar la entrada de una casa griega, mientras que el hogar estaba consagrado a Hestia. Se rendía culto a los héroes, por lo general hijos un dios y una mujer, en calidad de espíritus eternos que podian interceder en favor de los mortales. Se consideraban ejemplares en su valor y su nobleza, y sus batallas contra los monstruos era temas populares en el arte y la literatura. Muchos estados tenían una deidad o un héroe como fundador o protector, pretensión que se apoyaba en mitos como el de la competición entre Atenea y Poseidón. Algunas familiares nobles aseguraban descender de un héroe, un argonauta, por ejemplo.

También se rendía culto como divinidades a una serie de cualidades abstractas positivas, como la “Justicia” o la “juventud”. En un extremo más tenebroso, los griegos temían caer victimas de las fuerzas de la Oscuridad, como las Furias o la Hechicera Hécate.

Los Olimpos, eran objetos de los cultos más populares y extendidos. La mayoría de los ritos religiosos en su honor tenían lugar en santuarios consagrados al dios o a la diosa en cuestión, cuya estatua se alzaba en un templo que constituía el centro del santuario. Delante del templo, al aire libre, los sacerdotes realizaban sacrificios mientras los fieles observaban, en algunos casos en una stoa ( galería cubierta ), y después comían la carne asada del animal sacrificado. Entre las ofrendas votivas, que se colocaban alrededor del templo y en las escaleras, había estatuas de bronce, marfil y , para los menos acaudalados, de terracota. Fuera de los santuarios de los Olímpicos se presentaban ofrendas a otras figuras divinas o semidivinas, como los héroes, en numerosos altares y lugares sagrados.

Los templos era importantes centros públicos para la expresión de la cultura estatal. En sus fríos y pedimentos solían aparecer batallas mitológicas entre las fuerzas de la civilización, representadas por la ciudad -estado y los Olímpicos, y las fuerzas de la transgresión y la barbarie, representadas por gigantes y monstruos. Los atenienses del siglo V a.C, poseían dos instituciones para narrar los mitos a gran escala; el teatro y los recitales de poesía. Atenas creó el teatro como gran espectáculo público en el que unos 16.000 ciudadanos podían presenciar las tragedias, casi siempre basadas en mitos y leyendas. La poesía, sobre todo la de Homero y Hesíodo, era recitada por profesionales, los rapsodas, y se declamaban La Ilíada y la Odisea completas en las Panetenas. Se encargaban y leían en público poemas sobre mitos para conmemorar acontecimientos como la victoria de un ciudadano en los juegos, por ejemplo.

La educación y la vida intelectual contaban con el soporte de la mitología. Los mitos narrados por Homero y Hesíodo constituían el núcleo de la enseñanza y fueron temas de debate entre filósifos, cientificos e historiadores a partir del siglo V. a.C.

En nombre de la Diosa, baile de estrellas.

Antiguamente, la figura de la Diosa representaba todo deseo, todo forma de expresión, todo sentimiento. Pequeño o grande, cualquier aspecto de la memoria humana estaba contenido en la voz del tiempo Divino representada por la dualidad femenina. Con el transcurrir de las Eras, la historia de la Diosa quedó sepultada bajo el prejuicio y la densa expresión patriarcal. No obstante, siempre floreció una y otra vez, el corazón de sus Hijas, en las Damas de la Luna que danzan bajo las cúpula de un cielo ciego y espléndido, para elevar su voz a los dedos de la Madre secreta, la Señora del Tiempo, El rostro del tiempo secular.

Que sea en nuestros, la voz de la Diosa, de ese misterio ancestral que aun sobrevive en cada uno de nosotros:


Que Héstia te ayude a volver hacia tu centro, hacia el sagrado hogar, mandala interna de tu verdad y de tu ser. Lugar silencioso y solitario, acogedor y amoroso. Que Héstia te conceda el don de ser tu propio hogar, tu refugio y tu consuelo. Solamente así podrás amparar a tus hermanas. Solamente así podrás tener una vida que sea digna.


Que Deméter te permita extender el fuego sagrado para la comunidad que te rodea, que ella te enseñe la simplicidad del amor gratuito, leve y alegre. Que Deméter te guíe en la maternidad, te muestre los caminos de la confianza en ti misma, de la paciencia y de la perseverancia para con los pequeños. Que Deméter te conceda la bendición de la sabiduría materna. Que Atenea entonces te traiga la visión más amplia, que te bendiga con la sabiduría de las artes y de las ciencias.

Que Atenea te dé el don de la objetividad, de la firmeza y de la cualificación. Que te enseñe a ser intrépida cuando sea necesario y prudente cuando sea la hora. Que Atenea te oriente en las asociaciones y en las profesiones ayudándote a prosperar en medio de un mundo masculino.

Que Perséfone venga entonces para enseñarte que no todo lo que existe está expuesto bajo el sol y que la racionalidad tiene alcance limitado. Que recibas el don de la intuición y de la profundidad. Que puedas ser aprendiz de hechicera al ir rumbo a los misterios que habitan en ti misma.
Que Perséfone te muestre la belleza y el sentido de los sueños, de los antojos y de las visiones, dándote el poder para brotar.

Que Ártemisa, nuestra hermana más antigua, la siempre joven y reluciente Ártemisa, sea entonces rescatada del fondo del alma femenina. Que ella te muestre las corrientes que te aprisionan y te dé la fuerza y el coraje para quebrarlas, para romper los tabúes y desafiar los límites.

Que Ártemisa te conceda la bendición de respirar los aires frescos del verde nuevo de la naturaleza, que te haga sentir escalofríos de placer al correr libre, sintiéndote suelta y completamente bien contigo misma.

Que Hera llegue finalmente con su manto estrellado de reina, pudiendo, ahora sí, donarte el poder que ella guarda. Que con Hera descubras el respeto para contigo misma y lo sepas imponer a los demás. Que Hera te conceda la autoridad y la dignidad de un liderazgo capaz de traer equilibrio y justicia a nuestro mundo y a tu vida en él.

Que, finalmente, madura y libre, sabia e intrépida, profunda y objetiva puedas encontrar a Afrodita, la diosa del amor y de la gracia. Que la belleza de Afrodita irradie armonía y equilibrio en tu vida. Que el amor de Afrodita guíe tu propio amor, en primer lugar para contigo misma. Que la dignidad de Afrodita te muestre que amor no combina con mutilación y que la gracia es un soplo divino que abraza el alma de aquella que descubrió que ser es un arte y la danza su expresión.

Fuente:

Adriana Tanese Nogueira. Filósofa, analista junguiana, máster en Ciencias de la Religión formada por el Curso Preparación para Gestación, Parto, Puerperio y Lactancia, Curso de Extensión, Teleduc, FCM-135, Unicamp. Coautora del libro “Mujeres cuentan el Parto” y coordinadora de la ONG “Amigas del Parto”.

La vara adivinatoria: El Avellano.

El avellano simboliza la purea y la virtud, y por inferencia, la guía. La avellana, verde y comestible, produce una sustancia lechosa que es objeto de una antigua asociación con las diosas madre de la fertilidad, la curación y las fuentes del conocimiento. Sus ramas y su elegante follaje le confieren un aspecto de calma. Las ramas del avellano, que tienen por naturaleza a formar horquillas, son las elegidas para encontrar fuentes de agua subterránea. Práctico en la naturaleza, el Avellano es, según la tradición de Brujería, una guía para los asuntos prácticos del día.

El Avellano es por naturaleza, relajante y reconfortante. Mientras que los aspectos ultramundanos del Serbal se asocian con las diosas fieramente ctónicas, el avellano se asocia con los aspectos más alimenticios y amables de las diosas Madre. Su presencia atrae una sensación de acomodo y seguridad. El avellano señala una preocupación por los aspectos más prácticos y domésticos de la vida que incluyen nuestra salud, bienestar, sustento y relación con la familia y amigos.

Los aspectos maternales del avellano se amplían con la leche que se extrae de la Avellana Verde. La avellana pasa, por lo tanto, a simbolizar la pureza, y, a través de su virtud, el guiar a los demás.

Entre los Fianna de Irlanda de que nos habla el ciclo de Fionn, sólo los más nobles, rápidos y honorables de los hombres eran elegidos como compañeros de armas. Probados, primero en su honor, y después, en la habilidad para la poesía, los guerreros pasaban la prueba final de su fuerza en la furia de la batalla. Con la única protección de un escudo y una rama de rama de avellano, y en un prado, el guerrero se enfrenta a las lanzas que arrojan nueve compañeros. Se trata de un combate ridículamente injusto si el guerrero no cree en él mismo y en las virtudes del Avellano.

El uso de ramas de avellanos por zahoríes es su cualidad más reconocida. Durante siglos, las ramas del Avellano, con su natural forma de horquilla, han sido utilizas por éstos para bucar fuentes subterráneas de agua. El Zahorí sostiene con cuidado los dos extremos de la rama horquillada a un brazo de distancia y explora el suelo con ella; la punta de la vara se inclina de repente hacia el suelo y señala el lugar donde se encuentra la fuente de agua subterránea. Su señal es clara y evidente. Cuanto más fuerte es el impulso, más cerca de la superficie se encuentra el agua. A través de los siglos, las propiedades adivinatorias del avellano han sido relacionadas con la adivinación y la guia espíritual.

El Avellano puede usarse también en ritos de adivinación empleando la cáscara de una avellana como orácylo. Las fuentes de este ritual son escasas e inciertas, pero el avellano es reconocido como fuente de guía y conocimiento de los aspectos más comunes y prágmaticos de la vida.

Un Avellano, y especialmente la avellana, simbolizan la búsqueda de una guía en el mundo interior para los asuntos cotidíanos. Sus señales se encuentran a menudo en la naturaleza. Como un ermitaño celta, debería buscar su guía en las acciones de los animales y las criaturas que le rodean.

La Luna Menguante: El misterio de la muerte y el renacimiento.

La mengua de la Luna, cuando llega a su momento de máximo desarrollo, produce un primer acercamiento a la intuición profunda de la muerte. Eso se proyecta a nuestras vidas. Tanto la mitología como el folklore han explicado la muerte como la consecuencia de un error trivial en la transmisión de un mensaje, lo cual lo convierte en erróneo. Otras veces se debe a una trampa, a una traición, a la malicia. Otras, se atribuyen a algún mal, el cual arruina todo. Pero casi nunca, la muerte es asumida en los mitos como parte de la vida o de la naturaleza de las cosas, salvo en culturas agrarias en que las representaciones de las diosas incluyen ambos aspectos. La desaparición y reaparición de la Luna, vistas como muerte y renacimiento, permitió al hombre reflexionar sobre estos procesos. Las imágenes naturales han servido a lo largo de la historia de la humanidad para ayudar a interiorizar aspectos vitales. Aquellos mismos, que desde una mente racional y fría correrían el riesgo de ser rechazados, a través de la imagen mítica permiten un acercamiento y al mismo tiempo un trabajo, tal vez inconsciente, en lo profundo de la psique, labrando el campo y preparando al hombre para la aceptación de esa parte del proceso vital.

Era tal la asimilación que las sociedades arcaicas y paganas hacían con respecto a la mengua y desaparición de la Luna y la decadencia y muerte del ser humano, que se llegó a llorar por la muerte del astro, en que la tragedia se convertía en el destino del hombre así como en el de la Luna misma. Cuando finalmente la Luna desaparecía esos tres días, generando oscuridad, ésta sólo era abatida por la luz de las estrellas, y el hombre comenzó a ver un delgado hilo de luz curvado que comenzaba a emerger nuevamente. Este renacimiento, automáticamente lo llevó a la idea del propio renacimiento. Nunca sabremos cuándo esto fue experimentado por primera vez, ni qué sintió exactamente ese ser humano, pero tiene que haber sido mucho antes de que las fases y los ciclos de la Luna se comenzaran a grabar en hueso, marfil y piedra, o sea, hace mucho más de 30.000 años. Entre los indios de California, todavía se cantaba en el siglo XIX mientras se danzaba en un círculo bajo la Luna Negra, el siguiente verso:

Como la Luna muere, y vuelve a la vida otra vez, así nosotros también, teniendo que morir, naceremos nuevamente.

Aquí tenemos algunos ejemplos del lazo entre la muerte y la luna:

Entre las tribus de Nueva Gales del Sur, la Luna le pidió a algunos hombres que llevaran sus serpientes por él (vean que acá la Luna tiene sexo masculino y serpientes), pero ellos temieron y la Luna dijo: Como ustedes no hicieron lo que yo pedí, han perdido para siempre la oportunidad de surgir nuevamente después de que mueran. Otro mito, entre los Arunta de Australia dice que la Luna vivía entre los hombres, pero murió y fue enterrada, y luego de tres días surgió nuevamente como un hombre joven. El pueblo escapó, y la Luna dijo: no escapen o morirán todos; yo moriré también pero surgiré nuevamente en el cielo. En muchos relatos es la Luna misma la que trata de dar la inmortalidad a los seres humanos –preservando el vínculo- pero ese acto fue impedido por algún mensajero tonto que transmitió mal el mensaje o por los receptores que no lo interpretaron.

La Luna ha sido intuida como un astro ambivalente, porque en su recorrido no sólo está la vida sino también la mengua, que se traduce luego en su desaparición de tres días. A esto, podemos también agregar ciertas relaciones que muchos pueblos han hecho asociando a ambas, o además el color de la Luna asimilado a un derramamiento de sangre ocurrido o por ocurrir.

Les diría que en la mayoría de los casos, se trata de un hecho que todavía no ocurrió. Y esto nos lleva también a la asociación del astro con la profecía y la intuición. Algunas pocas veces y por algunos instantes, la Luna puede ser vista como si tuviera un velo rojizo delante de ella, es un fenómeno atmosférico, que no pasó desapercibido a nuestros ancestros. Cuando veían esto, decían que si ella aparecía roja en el cielo, es porque habría derramamiento de sangre. Del mismo modo, y esto es muy común entre los germanos, se asocia el amanecer con el sol rojo a las mismas causas, es un anuncio de que hubo, esta vez en el pasado, derramamiento de sangre.

Si alguna vez se ha creído que la Luna creciente traía vida y la menguante, muerte, entonces los rituales apotropaicos que rodean al menguante se vuelven inteligibles, dado que intentaban proteger a la comunidad de las fuerzas del mal. Los judíos de los primeros tiempos decían que las fuerzas del mal se incrementaban en la Luna menguante y, de acuerdo a algunos místicos judíos, mirar la Luna estaba totalmente prohibido, aunque se podía mirar casualmente cuando se recitaba la bendición de la Luna Nueva o Negra (levanah significa “Luna” en hebreo). Todavía en el siglo XIX, en algunos lugares alrededor del mundo, se posponían bodas y viajes durante la Luna menguante, los bebés se ocultaban y se suspendía la siembra (con excepción de los vegetales de raíz cuya energía baja en la oscuridad). El miedo ha quedado, aunque en la mayoría de los casos se olvidaron los motivos que lo engendraron.

Abundan los mitos en los que la Luna concede la inmortalidad voluntariamente y luego la quita o los hombres la pierden, u otros en que se le pide concretamente que la conceda. Existen relatos a lo largo del mundo de una Luna que secuestra, ofendida con los hombres (como en NO de América), de una Luna cazadora en Grecia, Roma y el Cercano Oriente, todo esto puede ser visto como el astro originando la muerte. Si retrocedemos en el tiempo hasta una época en que el hombre arcaico sentía temor hacia ella y, que a causa de ese temor, no pudiera diferenciar los aspectos de la misma, entonces existiría una percepción de la Luna que brinda la vida y la muerte al mismo tiempo, según ella misma deseara. Y así era aceptado sin cuestionamientos, lo mismo ocurría con las manifestaciones de deidades femeninas, Diosas Madres ambivalentes. Pero a medida que el tiempo fue pasando y el hombre comenzó a diferenciar, vio que la vida corría según pares de opuestos: vida y muerte, luz y oscuridad, bien y mal. Entonces comenzó a percibir la “esencia” de la Luna dividida en dos. Esta dualidad de los dones de esta luminaria hacia los hombres se concentró en dos formas: la Luna creciente y la Luna menguante. La creciente, o cuando la Luna está de buen talante (según Plutarco), y la menguante cuando está en su opuesto. Incluso él dice: en la luna menguante la Luna trae enfermedad y muerte. (citado por Esther Harding en Woman’s mysteries).

Veamos ahora un aspecto interesante. Todos sabemos que muchas veces el lenguaje nos da las pistas que necesitamos para alcanzar un conocimiento de ciertos aspectos gracias a los contenidos semánticos que encierran las palabras. Actúa como un preservador que revela antiguos y originales significados. Las palabras en inglés “waxing” para “creciente” y “waning” para “menguante” tienen alcances que corresponde ver: Ambos términos provienen del Inglés Antiguo. El verbo “to wax” viene del inglés antiguo weaxan y del antiguo alto alemán wahsan, en ambos casos significa “crecer, incrementar” y se relaciona con el Latín auxi: “hago crecer”. El verbo “to wane” viene del inglés antiguo wanian y del antiguo alto alemán wan, el antiguo nórdico vanr, que significa “disminuir, aminorar, decrecer”, cuando la declinación en luz y tamaño implica también declinación en poder, alcanzando así el significado de “disminuido”, “carente” y “deficiente”.

También es interesante notar que “wane” utilizado en forma abreviada “wan” se usó y todavía persiste en algunas palabras, como un prefijo negativo, que indica algo erróneo, carente, malo, al igual que el moderno “dis” en inglés, como en disadvantage: desventajoso. La palabra wanhope significa dispair: desesperanza. Vemos que “wane”, como menguante, tenía un significado peyorativo que permitía que fuera utilizado como un prefijo negativo. En latín da “uanus” significando “vacío”, “sin substancia”, de allí surge la palabra “vano” y todos sus equivalentes indo-europeos. “Uanus” lleva a “vanish” en inglés que significa “desaparecer” y se relaciona con el latín “uacere” que es “vacante” y “uastus” que da “devastado”, y en inglés “waste” por “yermo”, “baldío”. También da “vanidad” como algo que no tiene substancia. Pueden ver aquí la importancia que tuvo este término, “menguante” referido a la luna y sus alcances.

Pero como todo lo simbólico, esto tiene también otra vertiente, y es positiva porque ese menguante de la Luna puesto en relación con el resto del cosmos, incluido el hombre, podía “curar”, podía llevarse la enfermedad junto con la luz que menguaba. Ciertas concepciones de tipo mágico entre los eslavos y los italianos sostenían que las personas que sufrían de varices, afecciones dermatológicas, verrugas, es decir, enfermedades que sean visibles, podían tocar la parte afectada en el momento en que la Luna estaba cambiando y podía llevarse la afección. Algunas posturas sostienen que esta antiquísima creencia es la que estaría en la base de la tradición tardía de un Salvador que carga sobre sí todos los pecados del mundo para redimirlo. Esto no apunta solamente al Cristianismo sino también a figuras como la del Bodhisattva en Budismo Mahayana, o del Gran Vehículo. Serían elaboraciones de creencias mitológicas arcaicas. Obviamente ni el Cristianismo ni el Budismo estarían de acuerdo con esto, pero es necesario comentar que sí existen esas posturas.

Hay un breve relato japonés que dice que un pescador encontró en la playa una túnica hecha de plumas blancas. Una muchacha resplandeciente salió del mar y le rogó que le diera la túnica porque sin su plumaje ella no podría volver a su hogar en el cielo. Cuando él le entregó su túnica alada, ella desplegó sus plumas blancas y voló hasta alcanzar la Luna llena. En Gran Bretaña hay también un antiguo relato que dice que la Luna, en su fase oscura, fue atrapada en el fondo de un pantano por las algas y que tuvo que permanecer allí hasta ser liberada por la gente de la aldea. La desaparición de este astro se atribuye muchas veces a que queda atrapada en la Tierra, o bajo las aguas de un lago o del mar, vean aquí la relación con las aguas. O también el caso que mencionamos del Japón, ella pierde sus ropas brillantes en la Tierra y tiene que reclamarlas para volver al Cielo.

La noción de pérdida y reencuentro, que aquí está manifestada en forma muy ingenua, da lugar a mitos más complejos, asociados a las religiones mistéricas, Perséfone se “pierde” en el Mundo Subterráneo, por decirlo de alguna manera, y es encontrada por Demeter. Del mismo modo que Seth mantiene a Osiris atrapado en un ataúd, Hades mantiene a Perséfone atrapada en el Hades, permitiéndole retornar con Hermes sólo luego de que Zeus, en respuesta a las amenazas de Demeter, interviene. Por su parte, Seth desmembra el cuerpo de Osiris en catorce partes, una por cada día de la Luna Menguante. Aquí Seth, juega el rol de la Luna Oscura desmembrando la Luna Llena o Brillante, pedazo a pedazo, noche a noche.
La mengua como desmembramiento y muerte

La metáfora más utilizada para la pérdida de luz de la Luna es la del desmembramiento. La interpretación más común es aquella que sostiene que es asesinada por el Sol porque no pueden coexistir ambos. Si se los ve en el cielo en sus respectivos ámbitos temporales, ambos son igualmente grandes y brillantes, en su propia naturaleza. Está la idea de que la Luna comienza a menguar inmediatamente después de que encara al Sol directamente cuando está en la fase plena o llena y que eso se debe a una herida que el Sol le inflige, llevándola a la muerte. Los Bushmen, cazadores ellos mismos, vieron siempre a la Luna menguante como cortada por un cuchillo de rayos del más grande de los cazadores, el Sol mismo. El Sol corta y sigue cortando a la Luna hasta que ésta desaparece casi completamente. Ellos dicen que es un hombre el que rescata lo que queda de la Luna y, le implora al Sol que deje esa pequeña parte para los niños, que les deje la columna de la Luna. Así, el Sol consiente, y la Luna desaparece para volver a crecer de sí misma gracias a ese resto de hueso que mantiene.

Entre los latvianos hay otro patrón de desmembramiento. Aquí, la Luna, Meness, es cortada en pedazos por su esposa Saule, el Sol, por haber sido infiel. Alternativamente la misma Luna es cortada en pedazos por Perkons, el dios del trueno y la tormenta (lituano Perkunas) que es uno de los tres esposos de Saule, el Sol, y la causa, fue haber seducido a una de sus hijas.

Uno de los ejemplos más conocidos de desmembramiento se asocia a una historia muy vieja, es la de Artemis y Acteón. Ella dispara sus flechas sobre él y sus perros le muerden el vientre y el cuello. No es una coincidencia que sus sacerdotisas utilicen una máscara de perros cazadores mientras que los hombres que asisten a su festival, utilizan cornamentas de ciervo sobre sus cabezas. Artemis usa una capa hecha con la piel de un ciervo, el animal en que usualmente se convierte, mientras que Acteón es transformado por ella en un ciervo, una versión masculina de ella misma, personificando al dios astado. Acteón asume el rol del dios amante y se convierte en consorte de la Luna Llena, siendo sacrificado como la Luna menguante, despedazado por los perros de la oscuridad. Así la diosa-Luna puede retornar renovada luego de su inmersión en las aguas eternas. Es la madre de Acteón la que busca los pedazos del cuerpo de su hijo, del mismo modo que Isis busca los de Osiris. Parecería que hay aquí un antiguo y esotérico ritual de matrimonio sagrado, escuchado muchas veces pero poco comprendido. Cerberos, visto como un perro de Hécate tenía primero 50 cabezas, la misma cantidad de perros que desmembraron a Acteón, aunque luego Cerberos se transforma en un perro de tres cabezas, al igual que su Señora, Hécate que no es otra cosa que el aspecto menguante de Artemis. Jane Harrison en Themis, dice que Hécate …fue una vez ella misma un perro de tres cabezas, llamada la “loba”. Robert Graves sugiere que Acteón fue en tiempos pre-helénicos un rey sagrado de un culto al ciervo, despedazado al cumplirse los 50 meses de su reinado.

Para Robert Pogue Harrison, Artemis es una de las más antiguas y enigmáticas deidades y su culto tenía su base en Éfeso. Se sabe hoy que sus sacerdotisas, durante las festividades castraban cantidad de toros y luego colgaban los testículos alrededor del cuello de la estatua de la diosa. Era un culto a la fertilidad. Luego procedían hacia su altar en un estado extático. Ella presidía los ritos de iniciación de las doncellas que eran vestidas con pieles de oso. Los cultos tradicionales y mitos indican que Artemis era también una diosa de los sacrificios. Cuando Agamenón mata un ciervo en uno de sus bosques sagrados, ella demanda el sacrificio de su hija Ifigenia. Este es un lado oscuro de Artemis, pero el lado que usualmente se muestra y que nos es de especial interés es el de Virgen Cazadora que vaga en los bosques, es una diosa de los lugares salvajes, Señora de los animales salvajes. Su virginidad hace referencia, entre otras cosas, a la virginidad de los bosques que estaban más allá de la polis y los campos cultivados, esto marcaría su estatus especial y separado de los dioses olímpicos.

Su contraparte romana, Diana Nemorensis, Diana de los bosques, no es la misma diosa a pesar de las asimilaciones que se han hecho, al menos no en su origen. Se suele asumir que los romanos adoptaron a Artemis y le dieron el nombre de Diana, pero esta última es en realidad una deidad aborigen, posiblemente escítica, cuyo culto parece remontarse a tiempos más arcaicos. Volviendo a Artemis, es necesario tener en cuenta que la explotación de los bosques era ya una tarea de los hombres del Neolítico, pero Artemis no tiene que ver con eso, ella pertenece a las regiones oscuras e inaccesibles donde vagan los animales salvajes disfrutando de su santuario, lejos de las intromisiones de los seres humanos, con excepción de aquellos cazadores intrépidos que se animaban a internarse en ellos. Artemis es tan remota como sus propios dominios. Se negaba a ser vista por hombres o mujeres, hasta sus propias sacerdotisas no debían posar sus ojos en ella. Su virginidad no alude a la asexualidad sino a la castidad primordial de sus retiros boscosos.

Jean-Pierre Vernant, en La Muerte en los Ojos, dice que Artemis está en el panteón griego por lo menos desde el siglo XII antes de nuestra era, y que su “foraneidad” no se refiere tanto a su origen que podría ser no griego, como a su distancia de los demás dioses, a la alteridad que representa. Es una diosa de los lugares liminares, de las fronteras entre lo civilizado y lo salvaje, el lugar en donde se hace contacto con lo Otro. También Endimión y Selene están inscritos en esta tradición. Ambos tuvieron 50 hijos y él muere luego de su encuentro con la Luna. Selene aparece con su brazo levantado para golpear, parece estar cazando ella misma a Endimión.
Los Misterios asociados a la Luna y al Desmembramiento

Abundan los mitos que dramatizan la muerte de la Luna utilizando metáforas de decapitación y desmembramiento. Y desde que la vida de la Luna era asimilada a los ciclos de la vida humana, del mismo modo, su muerte representaba la de los hombres, y en el mismo contexto, la muerte violenta, el asesinato, el desmembramiento. Pero el hecho de que la luz de la Luna volviera desde lo profundo de la oscuridad permitía al hombre intuir que aunque esa muerte se asimilara a un asesinato, también podía traer consigo una nueva vida. No es casual que la idea de que la Luna es una copa que contiene el elixir de la inmortalidad esté presente en muchas partes del mundo. Es la vida viviendo de sí misma, lo que muere vuelve a vivir, no es la muerte algo definitivo sino un proceso de transformación que permite el surgimiento de la vida renovada. Por eso los rituales iniciáticos simulan una muerte previa a un renacimiento con estatus ontológico diferente, más alto.

La vida y la muerte van juntas, la vida viene de la muerte y la muerte de la vida porque no debemos olvidar que la muerte trae vida en la forma de alimento, y que la vida puede ofrecerse a sí misma en la muerte, como vida para los demás. La vida se sacrifica a sí misma por la Vida. Es la idea del sacrificio voluntario lo que subyace también a esto, luego en las religiones mistéricas occidentales. Tenemos también el sacrificio voluntario de los dioses cuyas partes del cuerpo darán lugar a la creación de lo Viviente. Aquí el proceso se hace consciente, es una entrega consciente y no una vida arrancada. Recordemos la importancia de Bios y Zoe, en que Bios es la vida individual sujeta al tiempo y Zoe la vida que trasciende el tiempo, supra-individual, asociada a la especie y no al individuo. Zoe engloba todos los Bios, y aunque el desmembramiento sea considerado desde el punto de vista de Bios como una muerte, desde el otro lado, el de Zoe, es una transformación. En los misterios, los participantes debían tener esto muy claro, tomar conciencia de ello y pasar de una visión de Bios a una visión de Zoe, para poder experimentar la vida como un Todo completo, sin partes.

Aunque los mitos comienzan mostrando un estado que está fuera del tiempo y el espacio, y en el cual encontramos la imagen del Jardín del Edén, el Tiempo del Sueño de los australianos, la Edad de Oro de los griegos, ese illo tempore del que tanto hablaba Mircea Eliade, siempre era seguido por un estadio dramático en que la condición humana sufría un cambio, se introducía la muerte en la creación o en la manifestación, el hombre se volvía hijo del tiempo y sujeto a él, sería devorado por la muerte. Desde las diversas historias que los mitos narran, aunque parezcan formas ingenuas de abordar un tema tan profundo, puede verse manifestado el proceso del devenir y dan la oportunidad de alcanzar una intuición del misterio de la muerte. Ese Otro misterioso que nos espera y que la humanidad ha disfrazado a lo largo de toda su existencia por miedo a mirarlo a la cara. El mito nos permite desde esa supuesta ingenuidad, la toma de conciencia e incluso la aceptación. No todos los mitos son iguales, tienen diferentes niveles, pero nos permiten conocer aspectos de nosotros mismos. Por eso se expresan en símbolos, multifacéticos, por eso aparecen dioses y diosas, monstruos, gigantes, animales de todo tipo, plantas, en síntesis todo formó parte de un espectro inmenso en el que el hombre se proyectaba como parte de un drama vital.

El desmembramiento es una metáfora que ha recorrido muchas tradiciones místicas, desde aquellas que celebraban los Misterios de un dios o diosa que moría y resucitaba. Casi siempre estos dioses descendían al mundo de la muerte por tres días, muriendo como lo hace la Luna, y surgiendo nuevamente en el tercer día como la Luna Nueva surge dando lugar al Creciente.

No hay ninguna duda de que el misterio aquí está focalizado en el renacimiento y la resurrección después de la muerte, pero se destaca que aquellos que participaban en el ritual, volvían transformados y libres de temor. El retorno del dios, o en el caso de los chamanes, la reconstrucción del cuerpo o re-membramiento metafórico permite al hombre la posibilidad de conectarse profundamente con la Fuente de la Vida. Se trata de tradiciones solares y principalmente lunares, por eso la Luna es su símbolo, porque se produce la equiparación de las fases y el ciclo completo con la noción de la vida en el tiempo o Bios y la vida atemporal o Zoe. Esto se da a pesar de que el ciclo completo sea invisible, lo vemos a través de las fases, pero sabemos que éstas forman parte de un todo mayor que las comprende. Así, el ciclo se puede equiparar metafóricamente a la Fuente de la Vida, que es eterna en su manifestación más plena, en tanto que las fases corresponden a las distintas etapas de la vida humana en el tiempo. Nos está diciendo que la vida trasciende el tiempo.

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