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Una nueva mirada al mito.

Más de 30 años después de su muerte, el martes saldrá a la venta un “nuevo” libro de J.R.R. Tolkien, que podría ser su último trabajo completo que se publique póstumamente.

Christopher, hijo de Tolkien y su albacea literario, que ahora tiene cerca de 80 años, construyó “The Children of Hurin” (“Los niños de Hurin”) a partir de unos manuscritos de su padre y dijo que intentó hacerlo “sin ninguna invención editorial”.

Publicado ya en fragmentos en “Silmarillion”, que apareció en 1977, el nuevo texto es más oscuro que “El Hobbit” y “El Señor de los Anillos”, que le han dado su fama.

“No es Harry Potter”, dijo David Brawn, director de publicaciones de Tolkien en HarperCollins, una filial de News Corporation, reseñó Reuters.

La historia es anterior a “El Señor de los Anillos”, transcurre en una parte de la Tierra Media que estaba sumergida antes de que apareciesen los “hobbits”, y cuenta la trágica historia de Turin y su hermana Nienor, que recibieron la maldición de Morgoth, el primer Señor Oscuro.

Brawn señaló que la tirada inicial del nuevo libro a nivel mundial, con ilustraciones del ganador del Oscar Alan Lee, será de 500.000 ejemplares.

Además, dijo a Reuters que Christopher, que no concede entrevistas, quiere volver a centrar la atención en las obras de Tolkien después de la popularidad conseguida a través del cine con la famosa trilogía de Peter Jackson basada en “El Señor de los Anillos”.

“El Hobbit” también se convertiría en película.

“Como editores hemos pasado una época excepcional con las películas (…) Ellas crearon una cadena paralela de publicación y explotación y una vez que habíamos pasado por esto, dijimos: ‘¿Cómo podemos hacer que la gente vuelva a los libros?'”, dijo Brawn.

“Cuando me convertí en el editor de Tolkien (…) uno de los primeros textos con los que me encontré fue una propuesta para ‘The Children of Hurin’, pero quedó enterrada”, añadió.

Grandes Ventas

Brawn estima que se han vendido 150 millones de copias de “El Señor de los Anillos” en todo el mundo, 50 millones desde el 2001, cuando se estrenó el primer filme de Jackson, además de otros 50 millones de ejemplares de otras obras del autor.

El editor intentó desechar la idea de que “The Children of Hurin” sea un intento de beneficiarse del legado de Tolkien, después de que el libro póstumo “Silmarillion” fuese llamado irónicamente “The Sellamillion” (“El que vende un millón”).

“Una de las cosas que frenaron la publicación de ‘The Children of Hurin’ en los últimos años es que siempre habrá un sector ligeramente insatisfecho que dirá que esto es sólo para ganar dinero”, apuntó Brawn.

“Espero que la gente no lo vea así, porque esa no ha sido nunca nuestra intención”, agregó.

Los estudios cinematográficos de Hollywood están ansiosos por comprar los derechos del nuevo libro, según Brawn.

Consultado sobre si se podía afirmar que “The Children of Hurin” sería el último “nuevo” libro de Tolkien en salir a la venta, contestó: “Creo que es una suposición razonable. En ‘Silmarillion’ hay otros cuentos que podrían publicarse por sí solos, pero ninguno tiene tal cantidad de texto relacionado ya desarrollado”.

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Septiembre en sangre.

Luego de ver la pésima recreación cinematografica de los sucesos ocurridos en las Olimpiadas de Munich llevada a cabo por Steven Spielberg, investigué un poco para darle mayor coherencia a los conocimientos dispersos que el guión dejó sin resolver. Fue así como, o que en un principio me pareció una manipulación politica a través de la imagen, se relevó para mí como una historia apasionante.

Dos días antes de empezar los Juegos Olímpicos, el gobierno aleman recibió un informe sobre posibles atentados terroristas en Europa. El primero llegó a Lufthansa, alertando sobre un plan para desviar un avión de la Sabena belga en la ruta Bruselas-Londres y llevarlo a Adén, en Yemen del Sur. Presumía que un comando árabe viajaría en tres grupos a Londres, Amsterdam y Madrid entre el 4 y el 30 de agosto, proveniente de Rumania, Austria y Alemania Federal.

El 30 de agosto un nuevo aviso emanado de la inteligencia alemana reveló la partida desde Beirut de un grupo de fedayines. Era el quinto día de competencia. Los guardias y de la RFA fueron puestos en doble alerta.

En la villa olímpica había 15.000 policías, 25 helicópteros, 12.000 soldados, un centenar de agentes de contraespionaje. Todos formaban un aparato impotente, paralizado por antiguas culpas, inhibido por los fantasmas del pasado, de aquella olimpiada de 1936 organizada por el Tercer Reich, cuya imagen se quería borrar.

Pasadas las cuatro de la mañana del martes 5 de septiembre un patrullero observa a un joven de sombrero blanco y traje de safari cerca de la villa. Poco antes, un empleado de correos ve a cinco hombres en buzo que saltan la reja. “Vaya, cinco atletas que se fueron de juerga”, piensa.

A las cinco en punto, ocho sujetos enmascarados ingresan a la villa e invaden el hospedaje de los israelitas. Nueve logran escapar, once son atrapados. El entrenador del equipo de lucha, Moshé Weinberg, de 33 años, quien llegaba de comer de un restaurante, el levantador de pesas Joseph Roamno son asesinados al resistir. Alguien llama a la policía. “Hay un tiroteo”, se avisa.
Las horas finales

Brandt hace el último intento. Trata de convencer a Egipto para que reciba a los palestinos. Cerca de las nueve habla con un consejero de Andwar Sadat: “No queremos vernos involucrados”, le responde. Brandt se toma la cabeza. “Es una catástrofe”, musita.

Pasadas las nueve el jefe de los terroristas abandona el edificio para examinar la ruta de salida. “Si no vuelvo en 3 minutos, mátenlos”, ordena a sus hombres. Regresa y ambos grupos abordan un bus rumbo a dos helicópteros. Las armas de los fedayines sobre las cabezas de los deportistas.

Despegan tres helicópteros. En dos de ellos viajan los protagonistas del trama. En el otro, como espectadores impotentes, Van Genscher, Merky Schreiber.

Helicóptero, después de la explosiónDiez minutos después las naves aterrizan en el aeropuerto. Sólo está alumbrada la torre y los edificios vecinos. De los 25 tiradores, cinco han logrado llegar al campo y se ubican tras el avión de Lufthansa.

A las 23:03 dos terroristas bajan, caminan hacia el avión y vuelven. Enseguida otros dos descienden empujando a dos rehenes que llevan sus manos atadas a la espalda. La pista es súbitamente alumbrada con bengalas y focos. Suenan disparos. Los palestinos matan a dos atletas antes de caer impactados por balas de los tiradores. Se hace el silencio.

La bandera olímpica a media asta en honor a los atletas asesinadosPasada la medianoche se les pide que se rindan. Un miembro de Septiembre Negro lanza una granada sobre un helicóptero. Cuatro israelitas y el piloto vuelan por los aires en medio de una bola de fuego. El infierno se desata.

Poco después, en medio del humo, surge en toda su magnitud la tragedia. Sólo tres de los secuestradores sobreviven.

La venganza. “Acuérdese de este día”.

Tel Aviv. Diez días después. Zvi Zamir, jefe del servicio secreto israelí -el Mossad-, llega a la casa de un veterano agente. Va en busca del hijo mayor de la familia, un capitán de reserva de los comandos -Avner-, de 25 años, héroe de la Guerra de los Seis Días. Avner es buzo táctico, combatiente de excepción entre las tropas judías de elite.

En pocos minutos ambos están frente a Golda Meir y al ídolo del ejército de Israel, el general Sharon. “Acuérdese de este día. Lo que vamos a hacer puede cambiar el curso de la historia judía”, le dice la Primera Ministra.

La misión de Avner será ejecutar a los once hombres que planificaron y organizaron la matanza de los atletas judíos. Si se le captura, Israel negará cualquier vinculación. Tampoco deberá regresar mientras no se le autorice. Eso sí, dispondrá de cuentas abiertas en Ginebra, París y Amsterdam por 250 mil dólares, que serán repuestos tras cada giro.

Avner comandará a un grupo que integrarán además otros cuatro hombres: Carlos, un viejo halcón judío alemán; Hans, un falsificador genial; Robert, hijo de un matrimonio de jugueteros de Birmingham, experto en explosivos; y Steve, proveniente de Sudáfrica, especialista en borrar huellas de atentados.

Una exigencia es perentoria: “Deben ser precisos. No dejar víctimas inocentes. Nuestros enemigos deben pensar que están indefensos y que los podemos alcanzar cuando queramos”, se les advierte.
Se inicia la cacería

Abandonan Israel con destino a RFA. Su primer contacto es un tal Andreas, miembro de la Baader Meinhoff, a quien pagan 100 mil dólares por información. Avner viaja a Canadá donde se entrevista con integrantes del Frente de Liberación de Quebec. Regresa a Europa y en París un viejo librero trotskista que vive en el Barrio Latino lo contacta con un terrorista latinoamericano que iniciaba sus operaciones junto a la banda Baader y que le proporciona valiosas pistas.

Cuarenta días después de la matanza de Munich los vengadores localizan a su primera víctima, el encargado de reclutar al comando palestino. Está en un departamento del Corso Trieste, en Roma.

El 16 de octubre, cuando llegaba con una bolsa de víveres, es abordado por dos de los judíos. “¿Es usted Wael Zwaiter?”, le preguntan. Al asentir, Avner y Robert le dispara catorce balas de Beretta 33.

En París, el 8 de diciembre, ubican a Mahmud Hamshari. Está en el 175 de la calle Alesia, protegido por cuatro fedayines. Le interfieren el teléfono y cuando solicita un técnico para repararlo acude Robert, que coloca una pequeña bomba bajo la mesa del aparato.

Una señal sonora activa luego la explosión y Hamshari es alcanzado en el bajo vientre. Tarda un mes en morir, pero antes revela la técnica empleada por sus asesinos.

El 24 de enero de 1973, Abal Al Chir, un organizador de atentados que aparenta ser profesor de lenguas orientales, se acuesta en su cama en un hotel de Nicosia. Seis cargas explosivas instaladas entre el somier y el colchón estallan y lo despedazan. Avner y sus hombres quedan satisfechos.

Basil Al Kubeisi, responsable de los armamentos del Frente Popular de Liberación de Palestina (FPLP), es baleado por Avner y Hans el 6 de abril muy cerca de la Iglesia de Madelaine, en París. Es la cuarta víctima.

Los vengadores se trasladan a Beirut. Allí están los otros tres responsables de la masacre de Munich: Kamal Nasser, Kamal Udwan y Abu Yussuf (miembro del comité central de Al Fatah), protegidos por el máximo líderl del FPLP, el doctor Georges Habache. Más de cincuenta palestinos vigilaban el lugar, un edificio de tres pisos.

Avner avisa a Israel y propone organizar una operación combinada con comandos que lleguen por mar. El 8 de abril Yussuf es acribillado desnudo a la salida de un encuentro amoroso; Nasser es baleado en su despacho y Udwan desintegrado por una granada. Cargas explosivas derriban el edificio para proteger la huida de los comandos judíos.

Esa noche, a metros de allí, se escapa uno de los hombres más buscados por Avner, Muhamad Budía, el ex jefe del Frente de Liberación Nacional argelino y responsable del FPLP para toda Europa. dos meses más tarde, el 28 de junio, lo soprenden en París. Robert pone una bomba en el automóvil de Budía y a los minutos el terrorista salta despedazado.
Ojos y dientes apretados

La cacería se hace cada vez más difícil. Waddi Haddad, jefe de la masacre de Munich se refugia en Yemen del Sur. Otros dos, Hassan Salameh (hombre clave del aparato de inteligencia de Al Fatah) y Abu Daud, no son habidos. Entonces, los judíos se transforman en perseguidos.

Carl es víctima de los encantos de una terrorista holandesa; Hans es acribillado en el Ostpark de Francfort; Robert es dinamitado en su laboratorio clandestino en Bruselas.

Ephraim ordena el regreso de Avner y Steve. Sólo el segundo obedece. Avner, obsesionado, intenta seguir la batida.

El Mossad envía a Europa un grupo de relevo. En enero de 1979, Salameh y sus guardaespaldas son desintegrados en Beirut. En julio de 1981, Abu Daud es baleado en una cafetería de Varsovia. Haddad, el único inalcanzable, el que decidió la masacre, muere de cáncer en un hospital de Berlín oriental.

Un tercer equipo también operaba desde julio de 1973, un mes después de la ejecución de Budía. El Mossad había encomendado a un mercenario francés, Edouar Laskier -Mike-, la muerte de Salameh y Daud. Mike recluta a 15 personas cuyas mayores habilidades son manejar rifles calibre 22 y las reúne en la ciudad noruega de Lille Hammer.

Un informante del Mossad había avisado que Salameh entraría en contacto con un hombre de Septiembre Negro,un tal Kamel Benamane. Mike y sus hombres ubican a su presa en una casa, junto a una piscina, conversando con quien suponen su contacto. Disparan trece balas sobre Salameh, quien en verdad era un marroquí, llegado a Suecia en 1966, casado con una sueca y, lo más importante, completamente inocente.

El 20 de enero de 1974 cinco miembros del comando de Mike son condenados a prisión en Noruega. Los otros alcanzan a huir. En tanto, comenzaba a adquirir notoriedad otro terrorista, un joven que había estudiado en la Universidad Patricio Lumumba, en la Unión Soviética, y quien sin saberlo, había estado con Avner en septiembre de 1972, conversando en la librería de un viejo trotskista. Su nombre: Ilich Ramírez, o simplemente, Carlos.