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Un acercamiento a la cosmovisión Etrusca.


Los etruscos eran una raza de origen desconocido originarios del norte de Italia, quienes eventualmente se integraron al Imperio Romano. Muchas de las deidades en la lista siguiente formaron parte, eventualmente, de la mitología romana.

Muy pocos textos etruscos han sobrevivido: sólo dos cortos e incompletos y un modesto número de inscripciones grabadas, el lenguaje etrusco como tal aún no es bien comprendido. Las obras de antiguos escritores latinos sobre religión etrusca habrían llenado los vacíos, si algunas de ellas hubiesen sobrevivido.

Posibles Orígenes:

Los orígenes de los etruscos nunca han estado claros. Si bien existen varias teorías para explicarlos, dos de ellas son las que tienen mayor peso.

1. La teoría orientalista, propuesta por Heródoto, que cree que los etruscos llegaron desde Lidia hacia el siglo XIII adC. Para demostrarlo se basan en las supuestas características orientales de su religión y costumbres, así como que se trataba de una civilización muy original y evolucionada comparada con sus vecinos.
2. La teoría de autoctonía, propuesta por Dionisio de Halicarnaso, que consideraba a los etruscos como oriundos de la Península Itálica. Para argumentarlo, esta teoría explica que no hay indicios de que se haya desarrollado la civilización etrusca en otros lugares y que el estrato lingüístico es mediterráneo y no oriental.
3. Teoría de un origen “nórdico”, defendida por muchos a finales del s. XIX y primera mitad del s. XX se basaba sólo en la similitud de su autodenominación (rasena) con la denominación que los romanos dieron a ciertos pueblos celtas que habitaban al norte de los Alpes, en lo que actualmente es el Este de Suiza y Oeste de Austria: los ræthii o réticos, tal origen supuesto sólo en parofonías está ya descartado.
4. La teoría actualmente más fundamentada en cierto modo sintetiza a las de Heródoto y Dionisio de Halicarnaso: se considera, por varios rasgos culturales (por ejemplo, los alfabetos), un fuerte influjo cultural derivado de alguna migración procedente desde el suroeste de Anatolia, más precisamente desde el territorio que los griegos llamaron Karya (Caria), tal influjo cultural se habría extendido sobre pueblos autóctonos ubicados en lo que actualmente es Toscana.

Otras teorías propugnan una mezcla de las 2 anteriores, hablando de emigrantes orientales influidos por los nativos, o nativos influidos por comerciantes del este. Quizá las respuestas se encuentren en la cultura de Villanova, representada por unas 100 tumbas encontradas en el pueblo de Villanova de Castenaso, en Bolonia, al parecer, antecedentes de la cultura etrusca.

Mitologia Etrusca:

Cualquier discusión moderna de la mitología etrusca tendrá que basarse en la publicación del Praenestine cistae: unas dos docenas de fascículos del Corpus Speculorum Etruscorum que ahora han aparecido. Específicamente, las figuras de culto y mitología etrusca aparecen en el Lexicon Iconographicum Mythologiae Classicae. Las inscripciones etruscas han recibido recientemente un tratamiento más serio de Helmut Rix, Etruskische Texte.

Figuras de la mitología etrusca:

Achle: Héroe legendario de la Guerra de Troya, del griego Aquiles.

Aita: También Eita. Dios del submundo y gobernante de la muerte, igualado con el griego Hades y el grecorromano Plutón.

Aivas : También Eivas o Evas. Equivalente etrusco de los héroes griegos Áyax el Grande y Áyax el Menor.

Alpan: También Apanu. Diosa del amor y una de las Lasas, y gobernante del inframundo. Posible equivalente a la diosa griega Perséfone. En arte, era usualmente descrita como una doncella alada desnuda o semidesnuda.

Ani: Dios del cielo que vivía en los niveles más altos de la cúpula celestial. Estaría lingüísticamente vinculado al dios romano Jano. Su contraparte femenina era Ana.

Aplu: También Apulu. Dios del rayo y el trueno, regularmente descrito en el arte con una vara y ramas de laurel. Claramente se derivó del dios griego Apolo.

Artume: También Aritimi, Artumes o Artames. Diosa de la noche, la luna y la muerte, así como de la naturaleza, los bosques y la fertilidad. Fue asociada con la diosa griega Artemisa.

Atunis: También Atuns. Es la encarnación etrusca de la popular deidad vida-muerte-renacimiento Adonis y consorte de Turan.

Cautha: También Cath o Catha. Deidad solar, hija del mismo sol. También era diosa del inicio del amanecer, y también se mostraba surgiendo del océano.

Cel: También Cilens o Celens. Deidad terrestre, equivalente a la griega Gea. Representada como Ati Cel (“Padre Tierra”) o Apa Cel (“Madre Tierra”).

Charontes: Un tipo de demonio, posiblemente vinculado lingüísticamente a Caronte.

Charun: También Karun. Demonio que torturaba el alma de los muertos en el inframundo, y era también el guardián de la entrada al inframundo. Era descrito comúnmente como un demonio azul con nariz de buitre, orejas puntiagudas, cabello rojo y alas emplumadas. Mataba a la gente con un martillo o a veces con un hacha. En alguna oportunidad fue descrito como un hombre con cabello y barba rojos. Era el equivalente etrusco del dios griego Caronte.

Culsans
: Dios de puertas y portales, correspondiente al dios romano de dos caras Jano.

Culsu: También Cul. Un demonio femenino del inframundo que estaba asociado con las puertas. Sus atributos incluían una antorcha y tijeras. Era regularmente representada cerca de Culsans.

Easun: Versión griega del legendario héroe griego Jasón.

Evan: Dios de la inmortalidad personal y uno de los Lasas. No está relacionado con los nombres célticos y hebreos más comunes de Evan.

Februus:
Dios de la muerte y la purificación. También fue adorado por los romanos en el festival Februalia, que se celebraba al mismo tiempo que la Lupercales en honor a Fauno. Como resultado, se pensaba con regularidad que Fauno y Februus eran el mismo dios para los romanos. El nombre del mes de Febrero fue dado en su honor por los romanos, y el dios romano de la malaria, Febris, habría derivado de Februus.

Feronia: Una oscura diosa rural, principalmente conocida por los varios cultos romanos que la adoraban.

Fufluns: También Puphluns. Dios de las plantas, la felicidad, la salud y el crecimiento en todas las cosas. Era el hijo de Semia y fue adorado en la Fufluna o Pupluna, que los romanos llamaron la Populonia. Fue adoptado brevemente por los romanos, pero fue reemplazado rápidamente por otros dioses itálicos de la fertilidad. Habría sido el equivalente de Baco (Dionisios) bajo el nombre de Pacha.

Hercle: También Herc o Horacle. Forma etrusca del héroe legendario conocido por los griegos como Heracles y por los romanos como Hércules, asociado con la fortaleza y el agua. La diferencia entre los nombres griegos y romanos de esta figura es el resultado de la influencia etrusca sobre los romanos.

Horta: Diosa de la agricultura.

Laran: Dios de la guerra. En el arte, usualmente era retratado como un hombre joven desnudo con un casco y una lanza. La esposa de Laran era la diosa del amor Turan, reflejando la relación de Ares, y Afrodita, la equivalente de Turan.

Lasa: (Plural Lasas). Dioses y diosas que acompañaban a Turan, diosa del amor, y servían como guardianes de las tumbas.

Lasa Vecu: Diosa de la profecía, asociada con la ninfa Vegoia.

Leinth: Diosa sin rostro que esperaba a las puertas del inframundo con Aita.
Lethans: También Letham. Diosa protectora del inframundo.

Losna: También Lusna. Deidad lunar, asociada con el océano y las mareas. Estaba relacionada probablemente con la diosa griega Leucótea.

Mania: Diosa de la muerte en la mitología etrusca y romana, no debe confundirse con la diosa griega de la locura, Mania. Gobernaba al lado de Mantus y se decía era la madre de Lares, Manes, fantasmas y otros espíritus de la noche.

Mantus: Dios del inframundo y esposo de Mania en las mitologías etrusca y romana. Estaban asociados con la ciudad de Mantua, que deriva su nombre de Mantus.

Maris: Dios de la agricultura y fertilidad y deidad salvadora. Posteriormente fue asociado con —y probablemente la fuente del nombre— del dios romano Marte. Marte a su vez fue asociado posteriormente con el dios griego Ares, incidiendo con el tiempo en que el aspecto agrícola de Marte encogiera en proporción a su aspecto de guerrero.

Menrva: También Menarva. Diosa de la sabiduría, la guerra, el arte, las escuelas y el comercio. Es la contraparte etrusca de la griega Atenas y la romana Minerva. Como Atenas, Menrva nació de la cabeza de su padre, Tinia. Menrva, Tinia y Uni eran parte de una tríada de dioses gobernantes. Menrva hallaba a los hombres desagradables.

Nethuns:
Dios de las fuentes, posteriormente se expandió a todos los tipos de aguas, incluido el mar. Supuestamente era el mismo que el dios griego Poseidón y el romano Neptuno. El nombre Nethuns estaría relacionado con el del dios celta Nechtan y el dios persa y védico que comparte el nombre Apam Napat.

Nortia: Diosa del destino y la suerte. Su atributo era un clavo colocado en una pared de su templo durante un rito de fertilidad del año nuevo etrusco.

Persipnei: Reina del inframundo, equivalente a la griega Perséfone y a la romana Proserpina. De nuevo, la diferencia entre los nombres de estas dos diosas es en parte resultado de la influencia etrusca.

Satres:
Dios del tiempo y la necesidad. Descrito como un viejo que lleva una hoz y un reloj de arena. Equivalente al dios romano Saturno.

Selvans: También Selva. Dios de los bosques relacionado con el dios romano Silvano y asociado con el griego Sileno.

Semla: Diosa de la Tierra y madre de Fufluns. Posiblemente relacionada con la diosa griega Sémele.

Sethlans:
También Velchans. Dios del fuego y y la forja, regulamente portaba un hacha. Equivalente al griego Hefesto y el romano Vulcano.

Tages: También Tarchies. Dios de la sabiduría. Comúnmente aparecía en tiempos de arado y enseñó a los etruscos la adivinación. Es el hijo o el nieto de Júpiter, o nació directamente de un lote recién arado. Era descrito con dos serpientes como piernas y algunas fuentes afirmaban que era un demonio

Taitle: Es la forma etrusca de la figura mitológica griega Dédalo.

Tarchon:
Un héreo etrusco que, con su hermano, Tyrrhenus, fundó la federación etrusca de 12 ciudades.

Tecum: Dios de los lucomenes, o clase gobernante.

Thalna: Diosa del alumbramiento y esposa de Tinia. Era descrita en arte como una mujer joven.

Thesan: Diosa del amanecer asociada con la generación de vida. Estaba identificada con la romana Aurora y la griega Eos.

Thethlumth:
Dios del destino y el inframundo.

Thufltha o Thuflthas:
Una Erinyes, que infligía el castigo en nombre de Tinia.

Tinia ( acortado a Tins) : Jefe de los dioses etruscos, gobernante de los cielos, esposo de Uni, y padre de Hercle. Asociado con el griego Zeus y el romano Júpiter.

Tiv o Tivr:
Deidad lunar, posiblemente relacionada al germánicno Tyr.

Tluscva : La pareja de deidades terrestres Tellus y Tellumo.

Tuchulcha:
Demonio femenino del inframundo. Era parte humana y parte burro y tenía le cabello de serpientes y pico de buitre.

Turan:
Diosa del amor y la vitalidad, patrona de la ciudad etrusca de Vulci. Usualmente se le describía como una joven muchacha alada en las obras de arte. Las palomas y los cisnes negros eran sus animales sagrados, y su séquito se llamaban las Lasas. También era la esposa de Maris. Se asociaba con la griega Afrodita y la romana Venus.

Turms:
Dios del comercio y la mercancía, y mensajero de los dioses. Uno de sus aspectos, el Turns Aitas, era el líder de los muertos. Comúnmente se describía con zapatos alados y sombrero heráldico, casi idéntico al de Hermes y Mercurio.

Tvath:
Diosa de la resurrección y el amor por los muertos, relacionada a la griega Deméter.
Tyrrhenus Héroe de la cultura etrusca y gemelo de Tarchon.

Uni: Diosa suprema de la mitología etrusca, esposa de Tinia, madre de Hercle y patrona de Perugia. Con Tinia y Menrva, era miembro de la tríada gobernante de las deidades etruscas. Uni era el equivalente a la romana Juno, cuyo nombre habría derivado de Uni, y la griega Hera.

Usil: Dios del sol.

Vanth:
Demonio del inframundo con alas con ojos. Era el omnisciente heraldo de la muerte, asistía a las personas agonizantes en sus lechos de muerte e inhalaba a los demonios buenos. En tiempos posteriores, representaba a la justicia. En el arte, era descrita con imágenes como serpientes, antorchas y llaves.

Veive: Dios de la venganza y asociado a Maris. En el arte, era descrito como un joven que sostenía una corona de laurel y algunas flechas, parado al lado de una cabra.

Veltha:
También Voltumna. Dios ctónico (perteneciente a la tierra) del mito etrusco, quien posteriormente se convirtió en el supremo dios etrusco. Era el patrón de la raza de la civilización etrusca. Su culto estaba centrado en Volsini. Era el equivalente a la deidad estacional romana de Vertumnus.

Vetis: Dios del inframundo de la muerte y la destrucción.

Vicare: Hijo de Taitle, derivado de la figura mitológica griega Ícaro.

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Amuletos Fenicios.

Si los fenicios tenian una religión, se sabe muy poco al respecto. Muchas de sus leyendas y mitos son parecidos a los de los babilonios, egipcios y griegos. Los nombres de los Dioses babilónicos y egipcios se han encontrado en inscripciones fenicias: Ishtar, Tammuz, Bel, Isis, Osiris y Toth, dando créditoa la creencia que su religión no era una creación propia. Ellos también dieron origen a una pequeña creación de la literatura y las artes. En cambio, dedicaron sus fuerzas y talentos a refinar y pulir las concepciones originales de otras razas con las cuales entraron en contacto. Sin embargo, su trabajo fue realizado y pulido cuidadosamente, como se puede ver en algunas copas de cobre en alto relieve encontrados en museos a través de todo el mundo.

los fenicios compartieron con los hebreos los mismos puntos de vista acerca de la supervivencia del alma, pero sus costumbres fueron más bárbaras. Por ejemplo, ellos solían sacrificar a sus primogénitos a sus dioses en tiempos de problemas y sin ningun remordimiento. Esta costumbre nos trae a la mente a la aceptación de Abraham de sacrificar a su hijo mayor, Isaac, antes de que Dios lo detuviese. Debido a que Abraham fue originario de Caldea, una región de Babilonia, es posible qie los babilonios, así como los fenicios, practicaran este tipo de sacrificios.

Los fenicios a menudo sacrificaban victimas humanasa sus dioses, siendo los más comunes los prisioneros de guerra. También fue popular la prostitución sagrada ( que los griegos llamaron más tarde Hiero Gamos). Además, las mujeres jovenes sacrificaban voluntariamente su virginidad en el altar de Astarté.

Los amuletos de los Fenicios también mostraron la influencia de otras razas. Por ejemplo, ellos adoptaron los sellos cilindricos de los babilonios y asirios, así como escarabajos egipcios. Pero aunque las figuras inscritas sobre estos amuletos son de origen asirio y egipcio, la manera como se grabaron tienen la ejecución delicada y cuidadosa típica del arte fenicio. Los fenicios creían que podian tener contacto y comunicación con los muertos haciendo caer unos pequeños rollos de metal ( hechos de hojas delgadas de plomo e inscritos con simbolos mágicos) dentro de sus tumbas. Se desconoce si los fenicios utilizaron los rollos como amuletos de protección.

La creencia en bestias místicas con poderes mágicos fue popular entre los fenicios y todos sus sellos cilindircos muestran al menos la figura de un animal como parte de alguna ceremonia mágica. Se utilizaron animales como amuletos: leones, cabras, escorpiones, gacelas y esfinges. Igualmente parece que el poder de las alas estuvo presente en la mente de los fenicios y muchas figuras de sus amuletos presentan uno dos pares de alas, aunque su significado y objetivo no está claro.

Amueltos Babilónicos y Asirios.

Los sumerios, y más tarde los babilonios, ocuparon a Mesoportamia por varios miles de años, aproximadamente desde el año 3000 a.C. Fueron pueblos muy sabios en cuanto a la magia, y la practicaron en todo tipo de formas en su vida cotidiana. Vivían con un constante miedo hacia los espiritus malignos y utilizaban imnumerables sortilegios y encantos para protegerse contra esas fuerzas. Dentro de las cosas que utilizaban estaban gran cantidad de amuletos diseñados para rechazar el mal de ojo.

Los amuletos más arcaicos datan aproximadamente de 2500 a.C. y la mayoría de ellos tenia forma animal. La rana, símbolo de fertilidad, fue un amuleto popular representado usualmente en arcilla pulida. El toro también fue simbolo de fertilidad y viritilidad, así como lo fueron el cerdo, el carnero y el caballo. Los leones fueron simbolos de fortaleza y se emplearon para vencer al enemigo. Cuando se utilizaban figuras animales como amuletos, se reforzaba el poder mediante el grabado de algunos diseños protectores.

Los sellos cilíndricos también fueron amuletos muy poppulares. Estaban hechos de piedras preciosas y semipreciosas tales como el jade, jaspe, ágata, topacio, lapiz-lázuli y amatista. Se creía que cada piedra tenía el poder de proteger a su dueño contra el mal. Por ejemplo, se pensaba que un sello fabricado con el lapiz-lazuli “poseía un dios y que el dios se regocijaría” mientras que un sello hecho de cristal de roca haría que un hombre prosperara en todos sus asuntos y le traería riqueza.

El sello cilíndrico no sólo se utilizaba como sello sino también como amuleto. Cuando se utilizaban como sello, se presionaba contra la arcilla mojada y, al secarse, quedaba inscrito el nombre del dueño y el diseño del sello sobre la tabla. Estos elementos se utilizaron en negocios y para firmar contratos. Vuando no se empleaba para firmar, el sello se cargaba como un amuleto.

Los sellos cilíndricos algunas veces se grababan con oraciones y escenas religiosas, de las cuales la más común fue la que representaba a Gilgamesh y Enkidu, “peleaban con las bestias”. Para crear este tipo de amuleto, se cortaba el bosquejo y luego se utilizaba un taladro para producir piezas dentadas. El material más utilizado en la fabricación de los sellos fue la piedra caliza.

Otras formas de amuletos que emplearon los sumerios y babilónicos fueron las figuras profilácticas de dioses, hombres, animales y rectires. Algunos de los más famosos de estos amuletos son las figuras humanas con cabeza de león y alas elaboradas en terracota.

Los asirios eran aficionados a enterrar en sus casas las figuras de perros de varios colores. La creencia que hay detrás de esta costumbre era que los espiritus de los perros prevenian la entrada de personas o espíritus malignos. Geralmente se enterraban diez figuras, cinco a cada lado de la casa.

En ur de Caldea, el lugar donde nació el patriarca Abraham, había estatuas de Dioses en la entrada de las casas. Cada estatua estaba guardada en una pequeña caja acompañada de trozos de comida tales como granos o pájaros pequeños. Las figuras se hacúan de arcilla horneada y se cubrían con una capa delgada de cal, sobre la cual se hacian grabados con tinta negra.

De todos los espíritus temidos por los babilonios, el más terrible era una mujer -demonios porque se apegaba a las mujeres embarazadas y a los niños pequeños. Su nombre era Lamashtu o labarty y era la hija del Dios Anu. Lamashtu está representada en placas de metal y de piedra. Los babilónicos emplearon piedras especiales en forma de cilindro para contrasrrestar los poderes malignos de Lamashtu. Estas piedras se ataban con cuerdas de colores a varias partes del cuerpo y algunas veces tenían que permanecer en su posición hasta por cien días.

En la época en que el imperio asirio se derrumbó después de la caída de Niniveh (612 a.C), los sellos cilindricos fueron reemplazados por cilindros cónicos cónicos, los cuales eran elaborados de calcedonia roja, canelia y ágata entre otras, y servian como sellos y amuletos. La calcedonia fue una de las piedras más populares en este tipo de sellos. Sobre su superficie se inscribian los símbolos de los Dioses Marduk, Nabu y Samash y además, bestias míticas y demonios con alas, y hombres parados junto al árbol sagrado. También fue popular la escena de la lyeneda de Gilgamesh.

En uno de estos sellos cónicos se puede ver la figura de un hombre montada a caballo, batallando con un monstruo volador. Se ha especulado que este pudo ser el origen de la leuenda de San Jorge y el dragón.

Una visión sobre el núcleo religioso celta.

Lo que sabemos de la religión de los celtas, nos induce a pensar en la existencia de una elite intelectual sistematizadora de las creencias existentes. Dicha elite, existe en los variados testimonios de los autores antiguos, se trata de los druidas. Según fuentes griegas, idealizaron las tradiciones druídicas, no así las romanas. Cicerón, muestra hacia ellos un dualismo –sabios y sanguinarios- , y los escritores posteriores destacarán sobre todo, los aspectos más crudos de la religión céltica, (así Lucano, Plinio o los escritores cristianos). En cuanto a César, la desmitificación es total, pues quiso dejar constancia de su papel como conquistador, aún así, su contribución es esencial para valorar su papel político y social y contribuye con ello de forma eficacísima a completar el conocimiento que de ellos tenemos.

La etimología más antigua del nombre la encontramos en Plinio: “Los druidas, pues así llaman a sus magos, nada tienen más sagrado que el muérdago y el árbol que lo porta. A causa de este árbol, solo eligen bosques de robles y no cumplen ningún rito sin la presencia de una rama de este árbol”. Por lo que parece posible que deriven su nombre del griego, drus, roble. En realidad carece de consistencia, pues la etimología del nombre parece muy clara: los druides (dru-uides), son los muy sabios o muy videntes. Si los –druidas muy sabios-, fuesen tambien los –hombres del árbol-, sus enseñanzas y rituales en la claridad sagrada de los bosques quedaría definitivamente explicada.

Los druidas son los detentadores de la tradición y de la ciencia sagrada, intermediarios entre los hombres y los dioses, y el término, alude a toda una clase religiosa, que, en realidad, contiene tres subdivisiones fundamentales, a cada una de las cuales corresponde una especialización. Los druidas, propiamente dichos, se relacionan con la religión, la filosofía, el derecho y las ciencias de la naturaleza. Los bardos, cantores y poetas y los vates, o adivinos, que se encargan especialmente de los sacrificios. La mas relevante y a la vez importante creencia celta, se basa en la inmortalidad de las almas, pues estas, eternas, tan solo cambian de un cuerpo a otro, e incluso viven para siempre en Tir na Ög.
El Sacrificio Humano en la cultura celta:

En los textos irlandeses los druidas aparecen como maestros de los elementos físicos, el agua, la tierra y el viento, poseedores de la energía cósmica. Como maestros del tiempo, les corresponde a los druidas administrar y fijar el calendario.

El año céltico:

Giraba en torno a cuatro fiestas fundamentales. La principal es Samain, el 1 de Noviembre (el término se corresponde con Samonios, primer mes de Coligny), que señala el comienzo del año. En este día se abría el Sidh, el mundo de los dioses y héroes, y se producía la comunicación entre los vivos y los muertos ( la fiesta ha persistido en el día de los santos cristianos y en Hallowen anglosajón). Imbolc se celebra el 1 de febrero, es decir, en el centro del invierno; se trata de una fiesta de exaltación del fuego y del agua lustral, (perdurando en la cristiana Candelaria). Beltaine tiene lugar el 1 de mayo para celebrar el comienzo del universo diurno y la sacralización de la vegetación naciente; se trata de la fiesta sacerdotal por excelencia. Por último, Lugnasad (la asamblea de lug9, el 1 de Agosto, tiene un carácter real y patriótico, com fiesta garantizadora de la paz y la abundancia en la que participa todo el pueblo honrando el aspecto real de Lug, mencionado probablemente como Lugo en el calendario de Coligny (Lunaza es todavía el nombre del mes de agosto en irlandés, y se ha convertido en la tradicional fiesta de la cosecha cristiana).

Además de celebrar los días festivos en fechas concretas, también señalábamos en un calendario otros periodos especiales, en el siglo XIX, se encontró un calendario celta incrito sobre una lámina de bronce, fechado en torno al s I a.c., es el famoso calendario de Coligny trazado por los druidas, en el se ven todos los meses y los días de cada mes con las palabras “mat” (bueno) o “anm” (malo), los druidas decidían así si un día era propicio o no para mprender acciones bélicas, algún viaje o hasta para dar a luz un hijo.

Emplazamientos y ritos religiosos celtas:

Son muchas las formas en que los celtas adoramos a nuestros dioses y diosas. Por un lado solíamos tallar representaciones de las deidades o de animales sagrados en trozos de madera, piedra o bronce. También realizábamos complicados rituales y ceremonias en santuarios y lugares sagrados, casi todas dirigidas por los druidas, en las que, a veces, tambien podían participar toda la tribu.

La palabra “nemeton” significa lugar sagrado, y aparece en topónimos de todo el mundo celta. Según los escritores clásicos, nuestros santuarios solían encontrarse en arboledas recónditas. Dependiendo de la deidad, estos lugares se encontraban en lo más profundo de un bosque, en una ciénaga, en alguna pequeña isla o en la cima de una montaña. Algunos de estos rituales tambien se celebraban en los monumentos preceltas, como Stonheinge. Utilizábamos estas piedras de diversas maneras. Sobre algunas se realizaban juramentos; en otras ritos de fertilidad. De algunas se decía que poseían propiedades mágicas, así, en una de nuestras leyendas, en la colina de Tara, condado de Meath y centro místico de Irlanda, se erigía la Piedra de Fal, que gritaba cuando era tocada por el hombre que estaba destinado a ser rey. Allí tenía lugar el Feis Temhra, conocida como Inadguración real. Evidencias diversas muestran como el jefe o rey tiene un carácter sagrado para los celtas, por lo cual, se debía llevar a cabo una buena elección para asegurar la fertilidad de las tierras, la fecundidad del ganado y el bienestar del pueblo en general.

También existe constancia de espacios sagrados artificiales, los llamados Viereckschanzen; los más destacados, son: Holzhausen en Baviera, Findon , en Wex Sussex, Libeniçe, Bohemia,Bliesbruck, en la Galia, Haydling Island e Ivy Chimneys en Inglaterra…, y, por supuesto, Emain Macha, en Armagh, punto sagrado reverencial en todo el mundo celta.

* Rituales:

Inauguración real:

Se reunía al pueblo y se hacía traer una yegua blanca. El rey electo –pues la realeza no es hereditaria- se presentaba ante la asamblea y anunciaba, sobre manos y rodillas, que era un animal, a continuación pretendía (¿) copular con la yegua, que era después sacrificada y cocida. Cuando el guisado estaba a punto, el aspirante se introducía en el caldero, bebía su caldo y comía la carne, tras lo cual era proclamado rey. Este ritual, aún se practicaba en el Ulster en el s XII.

Las tres muertes:

Este ritual consistía en aplacar la ira de tres dioses, Teutates, Esus y Taranis. Al primero se le aplacaba mediante la cremación de las v´citimas, al segundo, mediante la suspensión de las mismas de los árboles (ahorcamiento), y al tercero, a través del ahogamiento, introduciendo preferiblemente a las víctimas en un gran caldero, aunque cualquier medio acuático, servia para dicho fin.

Cabezas cortadas como trofeo:

Era nuestra costumbre cortar la cabeza de los enemigos caídos en el combate, los celtas creemos que el espíritu de un hombre reside en su cabeza, por lo cual la posesión de esta suponía la adquisición de la fuerza del guerrero vencido; se colgaban del caballo del vencedor y una vez adecuadamente momificadas, se exponían como trofeo. En algunas tribus, la iniciación de los jóvenes guerreros consistía en salir del poblado y volver con una cabeza humana.

Cosmovisión Caldea.

La mitología caldea, también llamada mitología mesopotámica, es el nombre colectivo dado a las mitologías sumeria, asiria y babilónica, aunque Caldea no comprende todo el territorio que fue habitado por estas civilizaciones.

Los sumerios practicaron una religión politeísta, con dioses antropomórficos que representaban fuerzas o presencias en el mundo, tal y como lo haría más adelante la civilización griega. En sus creencias establecen que los dioses originalmente crearon a los seres humanos para que estos les fungieran como sus sirvientes, pero los liberaron cuando estos fueron demasiados.

Muchas historias en la religión sumeria aparecen homólogas a las historias en otras religiones del Medio Oriente. Por ejemplo, el relato bíblico de la creación del hombre, así como la narrativa de la inundación universal y el arca de Noé se asemeja mucho a los historias sumerias. Los dioses sumerios tienen representaciones distintamente similares en religiones acadias, cananitas y de otras culturas. Algunas de las historias y deidades también tienen sus paralelos griegos; por ejemplo, el descenso de Inanna en el inframundo se asemeja a la historia de Perséfone.

Deidades adoradas por la cultura caldeica:

* Las cuatro deidades primarias
* Los siete que decretaban el destino
* Los Annuna y otros
* Los semidioses, monstruos y héroes mortales.

Deidades en la cultura mesopotámica :

* El dios Ea de los sumerios (en el tercer milenio antes de la era cristiana).
* Inanna, diosa de la fecundidad para los sumerios.
* Según los mitos sumerios, el rey Dummuzi (o Tamuz), quien era amante de la Diosa Madre, murió junto con la Naturaleza, para renacer a los tres días.
* Existen seres demoníacos, con forma humana, animal (toro, león), o bien híbridos.
* En la cultura sumeria llegó a venerarse a unos 3000 dioses, organizados según las mismas estructuras sociopolíticas de los sumerios.

Cosmología:

El universo apareció por primera vez cuando Nammu, un abismo sin forma, se abrió a sí mismo y en un acto de auto-procreación dio nacimiento a An (dios del cielo), y a Ki (diosa de la Tierra), referidos comúnmente como Ninhursag.

La unión de An y Ki produjo a Enlil, el señor del viento, quien eventualmente se convirtió en el líder de los dioses. Después del destierro de Enlil de Dilmun (el hogar de los dioses) debido a la violación de Ninlil tenían un niño, Sin (dios de la Luna), también conocido como Nanna.

Sin y Ningal dieron a luz a Inanna (diosa del amor y de la guerra) y a Utu o Shamash (dios del Sol). Durante el destierro de Enlil, él engendró tres deidades del inframundo junto con Ninlil, el más notable de ellos fue Nergal.

Nammu también dio a luz a Enki o Abzu, dios del abismo acuático. Enki también controló el Me, los decretos sagrados que gobernaron las cosas básicas tales como la física y las cosas complejas tales como el orden y leyes sociales. Esto considera el origen de la mayoría del mundo.

Divinidades sumerias y semitas:

Dentro de la mitología mesopotámica puede hacerse una división entre las divinidades sumerias y las semitas. Primero existieron los dioses sumerios que más tarde fueron adaptados por los acadios, babilonios, asirios, arameos y caldeos (todos ellos pueblos semitas).

La tríada sumeria la formaban An, Enlil y Enki, que eran dioses y la tríada semita estaba compuesta por los dioses Sin, Ishtar y Shamash, los equivalentes a la Luna, Venus y el Sol. Existían además otros dioses menos tradicionales que representaban la fertilidad y la diosa madre.

En el lenguaje sumerio, Nin significa ‘señora’ y En significa ‘señor’. Por otra parte, ki es ‘tierra’ y lil es ‘aire’. De ahí resulta sencillo saber quién era el señor de la tierra (o dios de la tierra Enki), el señor del aire (o dios del aire Enlil), la señora del aire (o diosa del aire Ninlil), etc.

Mitos sumerios:

Los mitos sumerios son explicaciones sencillas y de fácil comprensión destinadas a la gente sin mucho conocimiento acerca de la antigua Sumeria, y están narrados en textos acadios como el Enuma Elish y el Atrahasis. Tratan cuestiones teológicas, políticas o filosóficas y reflejan aspiraciones e ilusiones expresadas en forma de novelas y poemas.

La característica general de los mitos es la de situar el personaje, generalmente un hombre, en su entorno normal pero sometido a las fuerzas de la naturaleza, la política o la economía. Estas fuerzas pesan sobre su destino, que está marcado por los dioses. Del mito se saca una reflexión, un consejo.

Estos mitos pueden considerarse como parábolas y se dividen en varios temas:

* Acerca de los orígenes: de la tierra, de las cosas.
* Acerca de la organización: fundación de ciudades, orden en el mundo, grupos sociales.
* Acerca del contacto de los dioses con los hombres: Ejemplo, los Siete Malvados y los Siete Sabios.
* El héroe. Aparecen epopeyas, de género épico. El héroe obtiene experiencia y conocimientos a partir de sus viajes.
* El más allá. (ej. mito de Inanna o descenso a los infiernos)
* Acerca de la vida de los dioses.

Dioses, Demonios, Heroes y Personajes Mitológicos:

* Adapa: Primer Rey
* Anat: diosa de la fertilidad y la guerra
* Anshar: padre del cielo
* Anu: el dios del cielo más elevado
* Antu: diosa creadora
* Apsu: el gobernante de los dioses y de los oceános subterráneos
* Ashur: dios nacional de los asirios
* Atrahasis: Protagonista del poema épico del mismo nombre
* Damkina: diosa de la madre tierra
* Ea: dios de la sabiduría
* Emes: dios de la vegetación
* Enbilulu: dios a cargo del Eufrates y el Tigris
* Enmesarraa: dios de la leyes
* Endursaga: dios heráldico sumerio
* Enkimdu: dios de los rios y canales
* Enlil: dios del clima y las tormentas
* Enten: dios agricultor
* Enurta: dios de la guerra
* Ereshkigal: diosa del inframundo
* Erra: dios de la guerra, disturbios y revueltas
* Geshtu-E: dios menor de la inteligencia
* Gugalanna: consorte de Ereshkigal
* Gula: diosa de la sanación
* Hadad: dios del clima
* Huwawa: guardián del bosque de cedros de los corazones
* Inanna: diosa del amor y la guerra, protectora de Uruk
* Ishtar: diosa del amor
* Isimud: dios mensajero
* Iskur: dios de las tormentas y las lluvias
* Kabta: dios responsables de los picos, palas y moldes de ladrillos
* Kingu: marido de Tiamat
* Kishar: padre de la tierra
* Lahar: diosa del ganado
* Marduk: dios nacional de los babilonios
* Mummu: dios de las neblinas
* Mushdamma: dios puesto a cargo de los edificios y las casas
* Mušhuššu: animal mitológico
* Nabu: dios de las artes de escribir
* Namtar: dios sirviente en el inframundo
* Nanna: dios de la luna
* Nanse: diosa de la justicia
* Nergal: dios del inframundo
* Nidaba: diosa de la fertilidad y la escritura
* Ninazu: dios secundario del inframundo
* Ningal: diosa de las cañas
* Ningikuga: diosa de la cañas
* Ninhursag: diosa de la madre tierra
* Ninkasi: diosa de la elaboración de alcohol
* Ninkurra: diosa madre menor
* Ninlil: diosa del aire
* Ninmah: diosa creadora
* Ninsar: diosa de las plantas
* Ninsikil: diosa patrona del paraíso mítico de Dilmun
* Ninsubur: diosa o dios mensajero
* Ninsuna: diosa de las vacas
* Nintu: deidad madre
* Ninurta: dios de Nippur
* Nunbarsegunu: diosa madre
* Nusku: dios de la luz y el fuego
* Oannes: Personaje mitad hombre mitad pez
* Pasittu: demonio que arrebata bebes
* Shamash: dios del sol y de la justicia
* Sin: dios luna
* Tasmetu: diosa consorte de Nabu
* Tiamat: diosa dragón
* Tishpak: dios de Eshnunna
* Uras: diosa ctónica (véase ctónico)
* Utnapishtim: protagonista del diluvio
* Utu: dios del sol
* Uttu: diosa de los tejidos y la ropa
* Utukki: Demonios del inframundo
* Zarpanitu: diosa del nacimiento
* Ziusudra: protagonista del diluvio

Un acercamiento a la cosmovisión Griega.


La mitología griega es el cuerpo de historias pertenecientes a los antiguos griegos que tratan de sus dioses y héroes, la naturaleza del mundo y sus propios cultos y prácticas rituales. Los investigadores modernos acudieron a los mitos y los estudiaron en un intento por arrojar luz sobre las instituciones religiosas y políticas de la antigua Grecia y, en general, sobre la antigua civilización griega.

La mitología griega consiste en parte en una extensa colección de relatos que explica los orígenes del mundo y detalla las vidas y aventuras de una amplia variedad de dioses, héroes y otras criaturas mitológicas. Estos relatos fueron originalmente creados y difundidos en una tradición oral y poética, si bien actualmente los mitos griegos se conocen principalmente gracias a la literatura griega. Las fuentes literarias más antiguas conocidas, los poemas épicos La Ilíada y La Odisea, se centran en los sucesos en torno a la Guerra de Troya. Dos poemas del casi contemporáneo de Homero Hesíodo, la Teogonía y Los trabajos y los días, contienen relatos sobre la génesis del mundo, la sucesión de gobernantes divinos, la sucesión de épocas humanas, el origen de las tragedias humanas y de las prácticas de sacrificios. También se conservaron mitos en los himnos homéricos, en fragmentos de poesía épica del ciclo troyano, en poemas líricos, en las obras de los dramaturgos del siglo V adC, en escritos de los investigadores y poetas del período helenístico y en escritores de la época del Imperio Romano, por ejemplo Plutarco y Pausanias.

Los hallazgos de los yacimientos arqueológicos micénicos y minoicos ayudaron a aclarar muchas de las cuestiones sobre las épicas de Homero y proporcionaron pruebas de muchos de los detalles mitológicos sobre dioses y héroes. La mitología griega también era representada en artefactos: diseños geométricos sobre cerámico del siglo VIII adC representan escenas del ciclo troyano, así como aventuras de Heracles. En los subsiguientes periodos arcaico, clásico y helenístico aparecen escenas mitológicas homéricas y de otras varias fuentes para complementar la evidencia literaria existente.

La mitología griega ha tenido una amplia influencia sobre la cultura, el arte y la literatura de la civilización occidental, y sigue siendo parte de la cultura y lenguaje occidentales. Ha sido una parte de la estructura educativa desde la infancia, mientras los poetas y artistas desde las épocas antiguas hasta la actualidad han hallado inspiración en ella y han descubierto significado y relevancia contemporáneos en los temas mitológicos clásicos.

Etimología:

Aunque todas las culturas del mundo tienen sus propios mitos, el término mitología es de acuñación griega, y tenía un significado especializado dentro de su cultura.

El término griego mythologia está compuesto de dos palabras:

* mythos (μῦθος), que en griego clásico significa aproximadamente ‘el discurso oral’, ‘palabras sin actos’ (Esquilo: «ἔργῳ κοὐκέτι μύθῳ», ‘de la palabra al acto’)[4] y, por extensión, un ‘acto de habla ritualizado’, como el de un jefe en una asamblea, o el de un poeta o sacerdote[1] o un relato (Esquilo: «Ἀκούσει μῦθον ἐν βραχεῖ λόγῳ», ‘la historia completa que oirás en un breve lapso de tiempo’).
* logos (λόγος), que en griego clásico significa: la expresión (oral o escrita) de los pensamientos y también la habilidad de una persona para expresar sus pensamientos (logos interior).

Fuentes de la mitología griega:

La mitología griega se conoce en la actualidad primordialmente por la literatura griega. Además de las fuentes escritas, hay representaciones míticas sobre medios plásticos fechados desde el periodo geométrico (sobre 900-800 adC) en adelante.

Fuentes literarias:

El poeta romano Virgilio, representado aquí en el manuscrito del siglo V Vergilius Romanus, conservó detalles de la mitología griega en muchas de sus obras.

Los relatos míticos juegan un papel importante en casi todos los géneros de la literatura griega. A pesar de ello, el único manual general mitográfico conservado de la antigüedad griega fue la Biblioteca mitológica de Pseudo-Apolodoro, que intenta reconciliar las historias contradictorias de los poetas y proporciona un gran resumen de la mitología tradicional griega y las leyendas heroicas.

En las fuentes literarias más antiguas están los dos poemas épicos de Homero, La Ilíada y La Odisea. Otros poetas completaron el «ciclo épico», pero estos poemas menores posteriores se han perdido casi en su totalidad. Aparte de su nombre tradicional, los himnos homéricos no tienen relación con Homero. Son himnos corales de la parte más antigua de la llamada época lírica. Hesíodo, un posible contemporáneo de Homero, ofrece en su Teogonía (‘Origen de los dioses’) el relato más completo de los primeros mitos griegos, tratando de la creación del mundo, el origen de los dioses, los Titanes y los Gigantes, incluyendo elaboradas genealogías, relatos populares y mitos etiológicos. Los trabajos y los días, un poema didáctico de Hesíodo sobre la vida agrícola, también incluye los mitos de Prometeo, Pandora y las cuatro edades. El poeta da consejo sobre la mejor forma de triunfar en un mundo peligroso vuelto aún más peligroso por sus dioses.

Los poetas líricos tomaron a veces sus temas de los mitos, pero el tratamiento se fue haciendo cada vez menos narrativo y más alusivo. Los poetas líricos griegos, incluidos Píndaro, Baquílides y Simónides, y los bucólicos, como Teócrito y Bión, proporcionan sucesos mitológicos aislados. Adicionalmente, los mitos fueron cruciales para el drama ateniense clásico. Los dramaturgos trágicos Esquilo, Sófocles y Eurípides tomaron sus tramas de la edad de los héroes y la Guerra de Troya. Muchas de las grandes historias trágicas (como Agamenón y sus hijos, Edipo, Jasón, Medea, etcétera) tomaron su forma clásica en estas obras trágicas. Por su parte, el dramaturgo cómico Aristófanes también usó los mitos, como en Los pájaros o Las ranas.

Los historiadores Heródoto y Diodoro Sículo y los geógrafos Pausanias y Estrabón, que viajaron por el mundo griego y recogieron las historias que oían, proporcionan numerosos mitos locales, dando a menudo versiones alternativas poco conocidas. En particular Heródoto buscó las diversas tradiciones que se le presentaban y halló las raíces históricas o mitológicas en la confrontación entre Grecia y el Este.

La poesía de las épocas helenística y romana, aunque compuestas como ejercicios literarios más que culturales, contienen sin embargo muchos detalles importantes que de otra forma se habrían perdido. Esta categoría incluye las obras de:

* Los poetas helenísticos Apolonio de Rodas, Calímaco, Pseudo-Eratóstenes y Partenio.
* Los poetas romanos Ovidio, Estacio, Valerio Flaco, Séneca y Virgilio, con el comentario de Servio.
* Los poetas griegos de la antigüedad tardía Nono, Antonino Liberal y Quinto de Esmirna.
* Las novelas antiguas de Apuleyo, Petronio, Lolliano y Heliodoro.

Las Fabulae y De astronomica del escritor romano llamado Pseudo-Higinio son dos importantes compendios no poéticos de mitos. Otras dos fuentes útiles son las Imágenes de Filóstrato y las Descripciones de Calístrato.

Finalmente, varios escritores bizantinos proporcionan detalles importantes de mitos procedentes de obras griegas perdidas, incluyendo los léxicos de Hesiquio y Suda y los tratados de Juan Tzetzés y Eustacio.

Fuentes arqueológicas:

El descubrimiento de la civilización micénica por el arqueólogo aficionado alemán Heinrich Schliemann en el siglo XIX y el de la civilización minoica en Creta por el arqueólogo británico Sir Arthur Evans en el XX ayudaron a explicar muchas de las cuestiones sobre las épicas de Homero y proporcionaron pruebas arqueológicas de muchos de los detalles mitológicos sobre dioses y héroes. Desafortunadamente, la evidencia sobre mitos y rituales en los yacimientos micénicos y minoicos es completamente monumental, como las inscripciones en lineal B (una forma antigua de griego hallado tanto en Creta como en Grecia) que fueron usadas principalmente para registrar inventarios, si bien los nombres de dioses y griegos han sido dudosamente revelados.

Los diseños geométricos sobre cerámica del siglo VIII adC representan escenas del ciclo troyano, así como las aventuras de Heracles. Estas representaciones visuales de los mitos son importantes por dos razones: por una parte muchos mitos griegos son atestiguados en vasijas antes que en fuentes literarias (de los doce trabajos de Heracles, sólo la aventura de Cerbero aparece por vez primera en un texto literario), y por otra las fuentes visuales representan a veces mitos o escenas míticas que no están recogidas en ninguna fuente literaria conservada. En algunos casos, la primera representación conocida de un mito en el arte geométrico es anterior en varios siglos a su primera representación conocida en la poesía arcaica tardía. En los periodos arcaico (c. 750-500 adC), clásico (c. 480-323 adC) y helenístico aparecen escenas homéricas y varias otras para complementar las evidencias literarias existentes.

Visión general de la historia mítica:

La mitología de los griegos cambió con el tiempo para acomodar la evolución de su propia cultura. Los primeros habitantes de la Península Balcánica fueron un pueblo agricultor que asignaba un espíritu a cada aspecto de la naturaleza. Finalmente, estos vagos espíritus asumieron forma humana y entraron en la mitología local como dioses y diosas. Cuando las tribus del norte invadieron la península, trajeron con ellos un nuevo panteón de dioses, basado en la conquista, la fuerza, el valor en la batalla y el heroísmo violento. Otras deidades más antiguas del mundo agrícola se fusionaron con las de los más poderosos invasores o bien se atenuaron en la insignificancia.

Tras la mitad del periodo arcaico los mitos sobre relaciones entre dioses y héroes se hicieron más y más frecuentes, indicando un desarrollo paralelo de la pederastia pedagógica (παιδικός ἔρως paidikos eros), que se cree fue introducida sobre el 630 adC. Para finales del siglo V adC los poetas había asignado al menos un erómeno a todos los dioses importantes salvo Ares y a muchos personajes legendarios. Los mitos previamente existentes, como el de Aquiles y Patroclo, fueron reinterpretados bajo una luz pederasta. Los poetas alejandrinos primero y luego más generalmente los mitógrafos literarios del antiguo Imperio Romano adaptaron a menudo historias de personajes mitológicos griegos.

El logro de la poesía épica fue crear ciclos históricos, y como resultado de ello desarrollar un sentido de cronología mitológica. Así la mitología griega se despliega como una fase del desarrollo del mundo y el hombre. Aunque las contradicciones presentes en las propias historias hacen imposible una línea temporal absoluta, sí puede discernirse una cronología aproximada. La historia mitológica del mundo puede dividirse en 3 o 4 grandes periodos:

1. Los mitos de origen o edad de los dioses (teogonías, ‘nacimientos de los dioses’): mitos sobre los orígenes del mundo, los dioses y la raza humana.

2. La edad en la que hombres y dioses se mezclaban libremente: historias de las primeras interacciones entre dioses, semidioses y mortales.

3. La edad de los héroes (edad heroica), donde la actividad divina era más limitada. Las últimas y mayores leyendas heroicas son las de la Guerra de Troya y sus consecuencias (consideradas por algunos investigadores como un cuarto periodo separado).

Mientras la edad de los dioses ha sido con frecuencia más interesante para los estudiosos de la mitología contemporáneos, los autores griegos de las eras arcaica y clásica tuvieron una clara preferencia por la edad de los héroes. Por ejemplo, las heroicas Ilíada y Odisea empequeñecían a la Teogonía y los himnos homéricos tanto en extensión como en popularidad. Bajo la influencia de Homero el culto heroico llevó a una reestructuración de la vida espiritual, expresada en la separación del reino de los dioses del reino de los (héroes) muertos, es decir, los olímpicos de los ctónicos. En Los trabajos y los días Hesíodo hace uso de un esquema de cuatro edades del hombre (o razas): de oro, de plata, de bronce y de hierro. Estas razas o edades son creaciones separadas de los dioses, correspondiendo la edad dorada al reinado de Crono y siendo las siguientes razas creación de Zeus. Hesíodo intercala la edad (o raza) de los héroes justo tras la edad de bronce. La última edad fue la de hierro, durante la cual vivió el propio poeta, que la consideraba la peor y explicaba la presencia del mal mediante el mito de Pandora. En Las metamorfosis Ovidio sigue el concepto de Hesíodo de las cuatro edades.

La edad de los dioses:
Cosmogonía y cosmología:

Los «mitos de origen» o «mitos de creación» representan un intento por hacer comprensible el universo en términos humanos y explicar el origen del mundo. El relato más ampliamente aceptado del comienzo de las cosas tal como lo recoge la Teogonía de Hesíodo empieza con el Caos, un profundo vacío. De éste emergió Gea (la Tierra) y algunos otros seres divinos primordiales: Eros (Amor), el Abismo (el Tártaro) y el Érebo. Sin ayuda masculina Gea dio a luz a Urano (el Cielo), que entonces la fertilizó. De esta unión nacieron, primero, los Titanes (Océano, Ceo, Crío, Hiperión, Jápeto, Tea, Rea, Temis, Mnemósine, Febe, Tetis y Crono), luego los Cíclopes de un solo ojo y los Hecatónquiros o Centimanos. Crono («el más joven, de mente retorcida, el más terrible de los hijos [de Gea]») castró a su padre y se convirtió en el gobernante de los dioses con su hermana y esposa Rea como consorte y los otros Titanes como su corte. Este tema de conflicto padre-hijo se repitió cuando Crono se enfrentó con su hijo, Zeus, que le desafió a una guerra por el trono de los dioses. Al final, con la ayuda de los Cíclopes (a quienes liberó del Tártaro), Zeus y sus hermanos lograron la victoria, condenando a Crono y los Titanes a prisión en el Tártaro.

El pensamiento griego antiguo sobre poesía consideraba la teogonía como el género poético prototípico —el mythos prototípico— y le atribuían poderes casi mágicos. Orfeo, el poeta arquetípico, era también el arquetipo de cantante de teogonías, que usaba para calmar mares y tormentas en las Argonáuticas de Apolonio, y para conmover los pétreos corazones de los dioses del inframundo en su descenso al Hades. Cuando Hermes inventa la lira en el Himno homérico a Hermes, lo primero que hace es cantar el nacimiento de los dioses. La Teogonía de Hesíodo no es sólo el relato sobre los dioses conservado más completo, sino también el relato conservado más completo de la función arcaica de los poetas, con su larga invocación preliminar a las Musas. La teogonía fue también el tema de muchos poemas hoy perdidos, incluyendo los atribuidos a Orfeo, Museo, Epiménides, Abaris y otros legendarios profetas, que se usaban en rituales privados de purificación y en ritos mistéricos. Hay indicios de que Platón estaba familiarizado con alguna versión de la teogonía órfica. Unos pocos fragmentos de estas obras se conservan en citas de filósofos neoplatónicos y fragmentos de papiro recientemente desenterrados. Uno de estos fragmentos, el papiro de Derveni, demuestra actualmente que al menos en el siglo V adC existía un poema teogónico-cosmogónico de Orfeo. Este poema intentaba superar a la Teogonía de Hesíodo y la genealogía de los dioses se ampliaba con Nix (la Noche) como un comienzo definitivo antes de Urano, Crono y Zeus.

Los primeros cosmólogos reaccionaron contra, o a veces se basaron en, las concepciones míticas populares que habían existido en el mundo griego por algún tiempo. Algunas de estas concepciones populares pueden ser deducidas de la poesía de Homero y Hesíodo. En Homero, la Tierra era vista como un disco plano flotando en el río de Océano y dominado por un cielo semiesférico con sol, luna y estrellas. El Sol (Helios) cruzaba los cielos como auriga y navegaba alrededor de la Tierra en una copa dorada por la noche. Podían dirigirse oraciones y prestar juramento por el sol, la tierra, el cielo, los ríos y los vientos. Las fisuras naturales se consideraban popularmente entradas a la morada subterránea de Hades, hogar de los muertos.

Los dioses griegos:
Tras el derrocamiento de los Titanes emergió un nuevo panteón de dioses y diosas. Entre los principales dioses griegos estaban los olímpicos (la limitación de su número a doce parece haber sido una idea comparativamente moderna) residiendo sobre el Olimpo bajo la mirada de Zeus. Aparte de estos, los griegos adoraban a diversos dioses rupestres, al dios-cabra Pan, las ninfas —náyades que moraban en las fuentes, dríades en los árboles y nereidas en el mar—, dioses-río, sátiros y otros. Además, había poderes oscuros del inframundo, como las Erinias (o Furias), que se decía que perseguían a los culpables de crímenes contra los parientes. Para honrar al antiguo panteón griego, los poetas compusieron los himnos homéricos (un conjunto de 33 canciones). Gregory Nagy considera a «los más extensos himnos homéricos como simples preludios (comparados con la Teogonía), cada uno de los cuales invoca a un dios».

En la amplia variedad de mitos y leyendas que forman la mitología griega, las deidades que eran nativas de los pueblos griegos se describían como esencialmente humanas pero con cuerpos ideales. Según Walter Burkert la característica definitoria del antropomorfismo griego es que «los dioses griegos son personas, no abstracciones, ideas o conceptos». Con independencia de sus formas esenciales, los antiguos dioses griegos tienen muchas habilidades fantásticas, siendo la más importante ser inmunes a las enfermedades y poder resultar heridos sólo bajo circunstancias altamente inusuales. Los griegos consideraban la inmortalidad como característica distintiva de los dioses; inmortalidad que, al igual que su eterna juventud, era asegurada mediante el constante uso de néctar y ambrosía, que renovaba la sangre divina en sus venas.

Cada dios desciende de su propia genealogía, persigue intereses diferentes, tiene una cierta área de su especialidad y está guiado por una personalidad única; sin embargo, estas descripciones emanan de una multitud de variantes locales arcaicas, que no siempre coinciden entre ellas. Cuando se aludía a estos dioses en la poesía, la oración o los cultos, se hacía mediante una combinación de su nombre y epítetos, que los identificaban por estas distinciones del resto de sus propias manifestaciones (por ejemplo Apolo Musageta era ‘Apolo [como] jefe de las Musas’). Alternativamente el epíteto puede identificar un aspecto particular o local del dios, a veces se cree que arcaico ya durante la época clásica de Grecia.

La mayoría de los dioses estaba relacionados con aspectos específicos de la vida. Por ejemplo, Afrodita era la diosa del amor y la belleza, mientras Ares era el dios de la guerra, Hades el de los muertos y Atenea la diosa de la sabiduría y el valor. Algunas deidades como Apolo y Dioniso revelaban personalidades complejas y mezcolanza de funciones, mientras otros como Hestia (literalmente ‘hogar’) y Helios (literalmente ‘sol’) eran poco más que personificaciones. Los templos más impresionantes tendían a estar dedicados a un número limitado de dioses, que fueron el centro de grandes cultos panhelénicos. Era sin embargo común que muchas regiones y poblaciones dedicasen sus propios cultos a dioses menores. Muchas ciudades también honraban a los dioses más conocidos con ritos locales característicos y les asociaban extraños mitos desconocidos en los demás lugares. Durante la era heroica, el culto a los héroes (o semidioses) complementó a la de los dioses.

La edad de los dioses y los hombres:

Uniendo la edad en la que los dioses vivían solos y la edad en la que la interferencia divina en los asuntos humanos era limitada había una edad de transición en la que los dioses y los hombres se mezclaban libremente. Fueron estos los primeros días del mundo, cuando los grupos se mezclaban más libremente de lo que lo harían luego. La mayoría de estas historias fueron luego narradas por Ovidio en Las metamorfosis y se dividen a menudo en dos grupos temáticos: historias de amor e historias de castigo.

Las historias de amor solían incluir el incesto o la seducción o violación de una mujer mortal por parte de un dios, resultando en una descendencia heroica. Estas historias sugieren generalmente que las relaciones entre dioses y mortales son algo a evitar, incluso las relaciones consentidas raramente tienen finales felices. En unos pocos casos, una divinidad femenina se empareja con un hombre mortal, como en el Himno homérico a Afrodita, donde la diosa yace con Anquises concibiendo a Eneas. El matrimonio de Peleo y Tetis, del que nació Aquiles, es otro de estos mitos.

El segundo tipo de historias (las de castigo) trata de la apropiación o invención de algún artefacto cultural importante, como cuando Prometeo roba el fuego a los dioses, cuando éste o Licaón inventa los sacrificios, cuando Tántalo roba néctar y ambrosía de la mesa de Zeus y los da a sus propios súbitos, revelándoles los secretos de los dioses, cuando Deméter enseña la agricultura y los Misterios a Triptólemo, o cuando Marsias inventa el aulos y se enfrenta en un concurso musical con Apolo. Las aventuras de Prometeo marcan «un punto entre la historia de los dioses y la del hombre». Un fragmento de papiro anónimo, datado en el siglo III adC, retrata vívidamente el castigo de Dioniso al rey de Tracia, Licurgo, cuyo reconocimiento del nuevo dios llegó demasiado tarde, ocasionando horribles castigos que se extendieron hasta la otra vida. La historia de la llegada de Dioniso para establecer su culto en Tracia fue también el tema de una trilogía de Esquilo. En otra tragedia, Las bacantes de Eurípides, el rey de Tebas, Penteo, es castigado por Dioniso por haber sido irrespetuoso con él y espiado a las Ménades, sus adoradoras.

En otra historia, basada en un antiguo tema folclórico y reflejando otro tema parecido, Deméter estaba buscando a su hija Perséfone tras haber tomado la forma de una anciana llamada Doso y recibió la hospitalaria bienvenida de Celeo, el rey de Eleusis en Ática. Como regalo para Celeo por su hospitalidad, Deméter planeó hacer inmortal a su hijo Demofonte, pero no pudo completar el ritual porque su madre Metanira le sorprendió poniendo al niño en el fuego y chilló asustada, lo que enfureció a Deméter, quien lamentó que los estúpidos mortales no entendiesen el ritual.

La edad heroica:

La época en la que vivieron los héroes se conoce como edad heroica. La poesía épica y genealógica creó ciclos de historias agrupadas en torno a héroes o sucesos particulares y estableció las relaciones familiares entre los héroes de las diferentes historias, organizando así las historias en secuencia. Según Ken Dowden «hay incluso un efecto saga: podemos seguir los destinos de algunas familias en generaciones sucesivas».

Tras la aparición del culto heroico, los dioses y los héroes constituyen la esfera sacra y son invocados juntos en los juramentos, dirigiéndoseles oraciones. En contraste con la edad de los dioses, durante la heroica la relación de héroes carece de forma fija y definitiva; ya no nacen grandes dioses, pero siempre pueden surgir nuevos dioses del ejército de los muertos. Otra importante diferencia entre el culto a los héroes y a los dioses que el héroe se convierte en el centro de la identidad del grupo local.

Los sucesos monumentales de Heracles se consideran el comienzo de la edad de los héroes. También se adscriben a ella tres grandes sucesos militares: la expedición argonáutica y la Guerra de Troya, así como la guerra tebana.

Heracles y los Heráclidas:

Tras la complicada mitología de Heracles probablemente hubo un hombre real, quizás un cacique-vasallo del reino de Argos. Sin embargo, tradicionalmente Heracles era el hijo de Zeus y Alcmena, nieta de Perseo. Sus fantásticas hazañas en solitario, con sus muchos temas folclóricos, proporcionaron mucho material a las leyendas populares. Es retratado como un sacrificador, mencionado como fundador de los altares e imaginado como un comensal voraz, papel éste en el que aparece en las comedias, mientras su lamentable final proporcionó mucho material para las tragedias: Heracles es considerada por Thalia Papadopoulou «una obra de gran importancia para el examen de otros dramas euripideos». En el arte y la literatura Heracles era representado como un hombre enormemente fuerte de altura moderada, siendo su arma característica el arco pero también frecuentemente la clava. Las vasijas pintadas demuestran la popularidad inigualable de Heracles, apareciendo su lucha con el león muchos cientos de veces.

Heracles también entró en la mitología y el culto etruscos y romanos, y la exclamación mehercule se hizo tan familiar a los romanos como Herakleis lo fue para los griegos. En Italia fue adorado como un dios de los mercaderes y el comercio, si bien otros también le rezaban por sus dones característicos de buena suerte y rescate del peligro.

Heracles logró el más alto prestigio social mediante su puesto de ancestro oficial de los reyes dorios. Esto sirvió probablemente como legitimación para las migraciones dorias al Peloponeso. Hilo, el héroe epónimo de una tribu doria, se convirtió en un Heráclida, nombre que recibían los numerosos descendientes de Heracles, entre los que se contaban Macaria, Lamos, Manto, Bianor, Tlepólemo y Télefo. Estos Heráclidas conquistaron los reinos peloponesos de Micenas, Esparta y Argos, reclamando según la leyenda el derecho a gobernarlos debido a su ascendencia. Su ascenso al poder se denomina frecuentemente «invasión doria». Los reyes lidios y más tarde los macedonios, como gobernantes del mismo rango, también pasaron a ser Heráclidas.

Otros miembros de la primera generación de héroes, como Perseo, Deucalión, Teseo y Belerofonte, tienen muchos rasgos en común con Heracles. Como él, sus hazañas son en solitario, fantásticas y bordeando el cuento de hadas, pues mataron monstruos como la Quimera y la Medusa. Enviar a un héroe a una muerte segura es también un tema frecuente en esta primera tradición heroica, como en los casos de Perseo y Belerofonte.

Los argonautas:

La única épica helenística conservada, las Argonáuticas de Apolonio de Rodas (poeta épico, investigador y director de la Biblioteca de Alejandría) narra el mito del viaje de Jasón y los Argonautas para recuperar el vellocino de oro de la mítica tierra de Cólquida. En las Argonáuticas Jasón es empujado a su búsqueda por el rey Pelias, quien recibe una profecía sobre un hombre con una sandalia sería su némesis. Jasón pierde una sandalia en un río, llegando a la corte de Pelias e iniciando así la épica. Casi todos los miembros de la siguiente generación de héroes, además de Heracles, fueron con Jasón en el Argo para buscar el vellocino de oro. Esta generación también incluía a Teseo, que fue a Creta a matar al Minotauro, a la heroína Atalanta y a Meleagro, que una vez tuvo un ciclo épico propio que rivalizaba con La Ilíada y La Odisea. Píndaro, Apolonio y Apolodoro se esforzaron en dar listas completas de los Argonautas.

Aunque Apolonio escribió su poema en el siglo III adC, la composición de la historia de los Argonautas es anterior a La Odisea, que muestra familiaridad con las hazañas de Jasón (las andanzas de Odiseo pueden haber estado parcialmente basadas en ellas). En épocas antiguas la expedición se consideraba un hecho histórico, un incidente en la apertura del mar Negro al comercio y la colonización griegas. También fue extremadamente popular, constituyendo un ciclo al que se adjuntaron muchas leyendas locales. En particular, la historia de Medea cautivó la imaginación de los poetas trágicos.

La casa de Atreo y el ciclo tebano:

Entre el Argo y la Guerra de Troya hubo una generación conocida principalmente por sus horrendos crímenes. Éstos incluyen los hechos de Atreo y Tiestes en Argos. Tras el mito de la casa de Atreo (una de las dos principales dinastías heroicas junto con la casa de Lábdaco) está el problema de la devolución de poder y la forma de ascensión al trono. Los gemelos Atreo y Tiestes con sus descendientes jugaron el papel protagonista en la tragedia de la devolución de poder en Micenas.

El ciclo tebano trata de los sucesos relacionados especialmente con Cadmo, el fundador de la ciudad, y posteriormente con los hechos de Layo y Edipo en Tebas, una serie de historias que llevaron al saqueo final de la ciudad a manos de Los siete contra Tebas (no se sabe si figuraban en la épica original) y los Epígonos. En lo referente a Edipo, los relatos épicos antiguos han seguido un patrón diferente (en el que siguió gobernando en Tebas tras la revelación de que Yocasta era su madre y la subsiguiente boda con una segunda esposa que se convirtió en madre de sus hijos) del que conocemos gracias a las tragedias (por ejemplo, el Edipo Rey de Sófocles) y los relatos mitológicos posteriores.

La Guerra de Troya y sus secuelas:
En La furia de Aquiles de Giovanni Battista Tiepolo (1757, fresco, Villa Valmarana, Vicenza) Aquiles está enfurecido por la amenaza de Agamenón de quitarle a su botín de guerra, Briseida, y saca su espada para matarle. La súbita aparición de Minerva, que en el fresco sujeta a Aquiles por el pelo, evita el asesinato.

En La furia de Aquiles de Giovanni Battista Tiepolo (1757, fresco, Villa Valmarana, Vicenza) Aquiles está enfurecido por la amenaza de Agamenón de quitarle a su botín de guerra, Briseida, y saca su espada para matarle. La súbita aparición de Minerva, que en el fresco sujeta a Aquiles por el pelo, evita el asesinato.

La mitología griega culmina en la Guerra de Troya, la lucha entre los griegos y los troyanos, incluyendo sus causas y consecuencias. En las obras de Homero las principales historias ya han tomado forma y los temas individuales fueron elaborados más tarde, especialmente en los dramas griegos. La Guerra de Troya adquirió también un gran interés para la cultura romana debido a la historia del héroe troyano Eneas, que desde Troya llevó a fundación de la ciudad que un día se convertiría en Roma, recogida por Virgilio en La Eneida (cuyo Libro II contiene el relato más conocido del saqueo de Troya). Finalmente hay dos pseudo-crónicas escritas en latín que pasaron bajo los nombre de Dictis Cretense y Dares Frigio.

El ciclo de la Guerra de Troya, una colección de poemas épicos, comienza con los sucesos que desencadenaron la guerra: Eris y la manzana dorada ‘para la más bella’ (kallisti), el juicio de Paris, el rapto de Helena y el sacrificio de Ifigenia en Áulide. Para rescatar a Helena, los griegos organizaron una gran expedición bajo el mando del hermano de Menelao, Agamenón, rey de Argos o Micenas, pero los troyanos se negaron a liberarla. La Ilíada, que se desarrolla en el décimo año de la guerra, cuenta la disputa de Agamenón con Aquiles, que era el mejor guerrero griego, y las consiguientes muertes en batalla del amigo de Aquiles, Patroclo, y del hijo mayor de Príamo, Héctor. Tras la muerte de éste se unieron a los troyanos dos exóticos aliados: Pentesilea, reina de las Amazonas, y Memnón, rey de los etíopes e hijo de la diosa de la aurora Eos. Aquiles mató a ambos, pero Paris logró entonces matarle con una flecha. Antes de que pudieran tomar Troya, los griegos tuvieron que robar de la ciudadela la imagen de madera de Palas Atenea (el Paladio). Finalmente, con la ayuda de Atenea construyeron el caballo de Troya.

A pesar de las advertencias de la hija de Príamo, Casandra, los troyanos fueron convencidos por Sinón, un griego que había fingido su deserción, para llevar el caballo dentro de las murallas de Troya como ofrenda para Atenea. El sacerdote Laoconte, que intentó destruir el caballo, fue muerto por serpientes marinas. Al anochecer la flota griega regresó y los guerreros del caballo abrieron las puertas de la ciudad. En el completo saqueo que siguió, Príamo y sus restantes hijos fueron asesinados, pasando las mujeres troyanas a ser esclavas en varias ciudades de Grecia. Los aventurados viajes de regreso de los líderes griegos (incluyendo los vagabundeos de Odiseo y Eneas, y el asesinato de Agamenón) fueron narrados en dos épicas, Los regresos (Nostoi, hoy perdida) y La Odisea de Homero.[56] El ciclo troyano también incluye las aventuras de los hijos de la generación troyana (por ejemplo Orestes y Telémaco).

El ciclo troyano proporcionó una variedad de temas y se convirtió en una fuente principal de inspiración para los antiguos artistas griegos (por ejemplo, las metopas del Partenón representando el saqueo de Troya). Esta preferencia artística por los temas procedentes del ciclo troyano indica su importancia para la antigua civilización griega. El mismo ciclo mitológico también inspiró una serie de obras literarias europeas posteriores. Por ejemplos, los escritores europeos medievales troyanos, desconocedores de la obra de Homero, hallaron en la leyenda de Troya una rica fuente de historias heroicas y románticas y una marco adecuado en el que encajar sus propios ideales cortesanos y caballerescos. Autores del siglo XII, como Benoît de Sainte-Maure (Roman de Troie, 1154-50) y Josephus Iscanus (De bello troiano, 1183) describen las guerra mientras reescriben la versión estándar que encontraron en Dictis y Dares, siguiendo así el consejo de Horacio y el ejemplo de Virgilio: reescribir un poema de Troya en lugar de contar algo completamente nuevo.

Concepciones griegas y romanas de los mitos:

La mitología estaba en el corazón de la vida cotidiana en la antigua Grecia. Los griegos consideraban la mitología una parte de su historia. Usaban los mitos para explicar fenómenos naturales, diferencias culturales, enemistades y amistades tradicionales. Era una fuente de orgullo ser capaz de seguir la ascendencia de los propios dirigentes hasta un héroe mitológico o un dios. Pocos dudaban de la base real del relato de la Guerra de Troya en La Ilíada y La Odisea. Según Victor Davis Hanson y John Heath el conocimiento profundo de la épica homérica era considerado por los griegos la base de su culturización. Homero era la «educación de Grecia» (Ἑλλάδος παίδευσις) y su poesía «el Libro».

Filosofía y mitología:

Tras el auge de la filosofía, la historia, la prosa y el racionalismo a finales del siglo V adC el destino de los mitos se volvió incierto y las genealogías mitológicas dieron lugar a una concepción de la historia que intentó excluir lo supernatural (tales como la historia tucididiana). Mientras los poetas y dramaturgos estaban reelaborando los mitos, los historiadores y filósofos griegos estaban empezando a criticarlos.

Unos pocos filósofos radicales como Jenófanes estaban ya comenzando a etiquetar las historias de los poetas como mentiras blasfemas en el siglo VI adC: Jenófanes se había quejado de que Homero y Hesíodo atribuyesen a los dioses «todo lo que es vergonzoso y desgraciado entre los hombres: el robo, la comisión de adulterios y el engaño mutuo». Esta línea de pensamiento encontró su expresión más dramática en La República y las Leyes de Platón, quien creó sus propios mitos alegóricos (como el de Era en La República) atacando los relatos tradicionales de los trucos, robos y adulterios divinos como inmortales, y oponiéndose a su papel central en la literatura. La crítica de Platón (que llamaba a los mitos «parloteo de viejas viudas») fue el primer desafío serio a la tradición mitológica homérica. Por su parte Aristóteles criticó el enfoque filosófico presocrático cuasi-mitológico y subrayó que «Hesíodo y los escritores teológicos estaban preocupados sólo por que les parecía plausible y no tenían respeto por nosotros […] Pero no merece la pena tomar en serio a escritores que alardean en el estilo mitológico; respecto a aquellos que proceden a demostrar sus afirmaciones debemos reexaminarlos».

Sin embargo, incluso Platón no logró destetar a su sociedad de la influencia de los mitos: su propia caracterización de Sócrates está basada en los patrones tradicionales homéricos y trágicos, usados por el filósofo para alabar la recta vida de su maestro:

Quizá alguno de vosotros, en su interior, me esté recriminando: «¿No te avergüenza, Sócrates, verte metido en estos líos a causa de tu ocupación, que te está llevando al extremo de hacer peligrar tu propia vida?»

A éstos les respondería, y muy convencido por cierto: «Te equivocas completamente, amigo mío; un hombre con un mínimo de valentía no debe estar preocupado por esos posibles riesgos de muerte, sino que debe considerar sólo la honradez de sus acciones, si son fruto de un hombre justo o injusto. Pues, según tu razonamiento, habrían sido vidas indignas las de aquellos semidioses que murieron en Troya, sobre todo el hijo de la diosa Tetis, para quien contaba tan poco la muerte, si había que vivir vergonzosamente; éste despreciaba tanto los peligros que, en su ardiente deseo de matar a Héctor para vengar la muerte de su amigo Patroclo, no hizo caso a su madre, la diosa, cuando le dijo: “Hijo mío, si vengas la muerte de tu compañero Patroclo y matas a Héctor, tú mismo morirás, pues tu destino está unido al suyo”.»
Platón, Apología, 28b-c

Hanson y Heath estiman que el rechazo de Platón de la tradición homérica no fue recibido favorablemente por la base de la civilización griega. Los viejos mitos se mantuvieron vivos en cultos locales y siguieron influyendo en la poesía y constituyendo el tema principal de la pintura y la escultura.

Más deportivamente, el escritor de tragedias del siglo V adC, Eurípides, jugó frecuentemente con las viejas tradiciones, burlándose de ellas e infundiendo notas de duda a través de la voz de sus personajes, si bien los temas de sus obras fueron tomados, sin excepción, de los mitos. Muchas de estas obras fueron escritas en respuesta a la versión de un predecesor del mismo o parecido mito. Eurípides impugna principalmente los mitos sobre los dioses y comienza su crítica con una objeción parecida a una previamente expresada por Jenócrates: los dioses, como se representaban tradicionalmente, son demasiado insensiblemente antropomórficos.

Racionalismo helenístico y romano:

Durante el período helenístico, la mitología adquirió el prestigio de conocimiento elitista que señalaba a sus poseedores como pertenecientes a cierta clase. Al mismo tiempo, el giro escéptico de la edad clásica se hizo incluso más pronunciado. El mitógrafo griego Evémero fundó la tradición de buscar una base histórica real para los seres y sucesos mitológicos. Aunque su obra original (Escrituras sagradas) se ha perdido, se sabe mucho de ella por lo que registraron Diodoro Sículo y Lactancio.

Las hermenéuticas racionalizadoras de la mitología se hicieron aún más populares bajo el Imperio Romano, gracias a las teorías fisicalistas de la filosofía estoica y epicúrea. Los estoicos presentaban explicaciones de los dioses y los héroes como fenómenos físicos, mientras los evemeristas los racionalizaban como personajes históricos. Al mismo tiempo, los estoicos y los neoplatónicos promovían los significados morales de la tradición mitológica, basados a menudo en las etimologías griegas. Mediante su mensaje epicúreo, Lucrecio había buscado expulsar los temores supersticiosos de las mentes de sus conciudadanos. Livio también fue escéptico respecto a la tradición mitológica y afirmaba que no intentaba enjuiciar tales leyendas (fabulae). El desafío para los romanos con un fuerte sentido apologético de la tradición religiosa era defender esa tradición mientras concedían que a menudo era un caldo de cultivo para la superstición. El anticuario Varrón, que consideraba la religión una institución romana de gran importancia para la preservación del bien en la sociedad, dedicó rigurosos estudios a los orígenes de los cultos religiosos. En su Antiquitates Rerum Divinarum (que no se conserva, aunque La ciudad de Dios de Agustín señala su enfoque general) Varrón argumenta que mientras el hombre supersticioso teme a los dioses, la auténtica persona religiosa los venera como a padres. En su obra distinguía tres tipos de dioses:

* Dioses de la naturaleza: personificaciones de fenómenos tales como la lluvia y el fuego.
* Dioses de los poetas: inventados por bardos sin escrúpulos para incitar las pasiones.
* Dioses de la ciudad: inventados por sabios legisladores para tranquilizar e iluminar al pueblo.

El académico romano Cotta ridiculizó tanto la aceptación literal de los mitos como la alegórica, declarando rotundamente que no tenían lugar en la filosofía. Cicerón desdeñaba generalmente los mitos, pero como Varrón hacía énfasis en su apoyo a la religión estatal y sus instituciones. Es difícil saber cuán bajo se extendía este racionalismo en la escala social. Cicerón afirma que nadie (ni siquiera las viejas y los niños) es tan tonto como para creer en los terrores del Hades o la existencia de Escila, los centauros u otras criaturas compuestas pero, por otra parte, el orador se queja el resto del tiempo del carácter supersticioso y crédulo de la gente. De natura deorum es el resumen más exhaustivo de Cicerón de esta línea de pensamiento.

Tendencias sincréticas:

En la religión romana el culto del dios griego Apolo (copia romana antigua de un original griego del siglo IV, Museo del Louvre) fue combinado con el culto de Sol Invictus. La adoración de Sol como protector especial de los emperadores y del imperio permaneció como principal culto imperial hasta que fue reemplazado por el Cristianismo.

En la religión romana el culto del dios griego Apolo (copia romana antigua de un original griego del siglo IV, Museo del Louvre) fue combinado con el culto de Sol Invictus. La adoración de Sol como protector especial de los emperadores y del imperio permaneció como principal culto imperial hasta que fue reemplazado por el Cristianismo.

Durante la época romana aparece una tendencia popular a sincretizar los múltiples dioses griegos y extranjeros en nuevos cultos extraños y casi irreconocibles. La sincretización fue también debida al hecho de que los romanos tenían poca mitología propia y heredaron la tradición mitológica griega, por lo que los principales dioses romanos fueron sincretizados con los de los griegos. Además de esta combinación de dos tradiciones mitológicas, la relación de los romanos con religiones orientales llevó a más sincretizaciones. Por ejemplo, el culto del Sol fue introducido en Roma tras las exitosas campañas de Aureliano en Siria. Las divinidades asiáticas Mitra (es decir, el Sol) y Baal fueron combinadas con Apolo y Helios en un solo Sol Invictus, con ritos conglomerados y atributos compuestos. Apolo podía ser cada vez más identificado en la religión con Helios o incluso con Dioniso, pero los textos recapitulando sus mitos rara vez reflejaban estas evoluciones. La mitología literaria tradicional estaba cada vez más disociada de las prácticas religiosas reales.

La colección de himnos órficos y la Saturnalia de Macrobio, conservadas desde el siglo II, también están influidas por las teorías racionalistas y las tendencias sincréticas. Los himnos órficos son un conjunto de composiciones poéticas preclásicas, atribuidas a Orfeo, a su vez objeto de un renombrado mito. En realidad, estos poemas fueron probablemente compuestos por varios poetas diferentes, y contienen un rico conjunto de indicios sobre la mitología prehistórica europea. La intención declarada de la Saturnalia es transmitir la cultura helénica que había obtenido de sus lecturas, incluso aunque mucho de su tratamiento de los dioses está contaminado por la mitología y teología egipcia y norteafricana (que también afectan la interpretación de Virgilio). En la Saturnalia reaparecen los comentarios mitográficos influenciados por los evemeristas, estoicos y neoplatónicos.

Interpretaciones modernas:

La génesis de la moderna compresión de la mitología griega está considerada por algunos investigadores en una doble reacción de finales del siglo XVIII contra «la tradicional actitud de animosidad cristiana», en la que la reinterpretación cristiana de los mitos como una «mentira» o fábula se había conservado. En Alemania, sobre 1795, hubo un creciente interés por Homero y la mitología griega. En Gotinga Johann Matthias Gesner comenzó a revivir los estudios griegos, mientras su sucesor, Christian Gottlob Heyne, trabajó con Johann Joachim Winckelmann y sentó las bases para la investigación mitológica tanto en Alemania como en los demás lugares.

Enfoques comparativo y psicoanalítico:

El desarrollo de la filología comparativa en el siglo XIX, junto con los descubrimientos etnológicos del siglo XX, fundó la ciencia de la mitología. Desde el Romanticismo todo el estudio de los mitos ha sido comparativo. Wilhelm Mannhardt, Sir James Frazer y Stith Thompson emplearon el enfoque comparativo para recolectar y clasificar los temas del folclore y la mitología. En 1871 Edward Burnett Tylor publicó su Primitive Culture, en el que aplicó el método comparativo e intentó explicar el origen y evolución de la religión. El procedimiento de Tylor de agrupar el material cultural, ritual y mítico de culturas ampliamente separadas influyó tanto en Carl Jung como en Joseph Campbell. Max Müller aplicó la nueva ciencia de la mitología comparada al estudio de los mitos, en los que detectó los restos distorsionados del culto a la naturaleza ario. Bronisław Malinowski enfatizó las formas en las que los mitos cumplía funciones sociales comunes. Claude Lévi-Strauss y otros estructuralistas han comparado las relaciones formales y patrones en mitos de todo el mundo.

Sigmund Freud presentó una concepción transhistórica y biológica del hombre y una visión del mito como expresión de ideas reprimidas. La interpretación de los sueños es la base de la interpretación freudiana de los mitos y su concepto de los sueños reconoce la importancia de las relaciones contextuales para la interpretación de cualquier elemento individual de un sueño. Esta sugerencia encontraría un importante punto de acercamiento entre las visiones estructuralista y psicoanalista de los mitos en el pensamiento de Freud. Carl Jung extendió el enfoque transhistórico y psicológico con su teoría del «inconsciente colectivo» y los arquetipos (patrones «arcaicos» heredados), a menudo codificados en los mitos, que surgen de ella. Según Jung, «los elementos estructurales que forman los mitos deben ser presentados en la psique inconsciente». Comparando la metodología de Jung con la teoría de Joseph Campbell, Robert A. Segal concluye que «para interpretar un mito Campbell simplemente identifica los arquetipos en él. Una interpretación de La Odisea, por ejemplo, mostraría cómo la vida de Odiseo se ajusta a un patrón heroico. Jung, por el contrario, considera la identificación de arquetipos meramente el primer paso en la interpretación de un mito». Károly Kerényi, uno de los fundadores de los estudios modernos de la mitología griega, abandonó sus primeros puntos de vista sobre los mitos para aplicar las teorías de arquetipos de Jung a los mitos griegos.

Teorías sobre sus orígenes:

Hay varias teorías modernas sobre los orígenes de la mitología griega. Según la teoría escritural, todas las leyendas mitológicas proceden de relatos de los textos sagrados, aunque los hechos reales han sido disfrazados y alterados. Según la teoría histórica todas las personas mencionadas en la mitología fueron una vez seres humanos reales, y las leyendas sobre ellas son meras adiciones de épocas posteriores. Así, se supone que la historia de Eolo surgió del hecho de que éste era el gobernante de algunas islas del mar Tirreno. La teoría alegórica supone que todos los mitos antiguos eran alegóricos y simbólicos. Mientras, la teoría física se adhiere a la idea de que los elementos de aire, fuego y agua fueron originalmente objetos de adoración religiosa, por lo que las principales deidades eran personificaciones de estos poderes de la naturaleza. Max Müller intentó comprender una forma religiosa indoeuropea determinando su manifestación «original» aria. En 1891, afirmó que «el descubrimiento más importante que se ha hecho en el siglo XIX respecto a la historia antigua de la humanidad […] fue esta simple ecuación: Dyeus-pitar sánscrito = Zeus griego = Júpiter latino = Tyr nórdico». En otros casos, los cercanos paralelismos en el carácter y la función sugieren una herencia común, aunque la ausencia de evidencia lingüística haga difícil probarla, como en la comparación entre Urano y el Varuna sánscrito o las Moiras y las Nornas.

Por otra parte, la arqueología y la mitografía han revelado que los griegos fueron inspirados por algunas civilizaciones de Asia Menor y Oriente Próximo. Adonis parece ser el equivalente griego —más claramente en los cultos que en los mitos— de un «dios moribundo» de Oriente Próximo. Cibeles tiene sus raíces en la cultura anatolia mientras gran parte de la iconografía de Afrodita surge de las diosas semíticas. Hay también posibles paralelismos entre las generaciones divinas más antiguas (Caos y sus hijos) y Tiamat en el Enûma Elish. Según Meyer Reinhold, «los conceptos teogónicos de Oriente Próximo, incluyendo la sucesión divina mediante la violencia y los conflictos generacionales por el poder, hallaron su camino […] a la mitología griega». Además de los orígenes indoeuropeos y de Oriente Próximo, algunos investigadores han especulado sobre las deudas de la mitología griega con las sociedades prehelénicas: Creta, Micenas, Pilos, Tebas y Orcómeno. Los historiadores de la religión estaban fascinados por varias configuraciones de mitos aparentemente antiguas relacionadas con Creta (el dios como toro, Zeus y Europa, Pasífae que yace con el toro y da a luz al Minotauro, etcétera). El profesor Martin P. Nilsson concluyó que todos los grandes mitos griegos clásicos estaban atados a los centros micénicos y anclados en épocas prehistóricas. Sin embargo, de acuerdo con Burkert la iconografía del periodo del palacio cretense prácticamente no ha dado confirmación alguna a estas teorías.

Temas en el arte y la literatura occidentales:

El nacimiento de Venus de Botticelli (c. 1485-1486, óleo sobre lienzo, Galería Uffizi, Florencia), una Venus Pudica revivida para un nuevo punto de vista de la antigüedad pagana. A menudo se dice que epitoma para los espectadores modernos el espíritu del Renacimiento.

El nacimiento de Venus de Botticelli (c. 1485-1486, óleo sobre lienzo, Galería Uffizi, Florencia), una Venus Pudica revivida para un nuevo punto de vista de la antigüedad pagana. A menudo se dice que epitoma para los espectadores modernos el espíritu del Renacimiento.

La amplia adopción del Cristianismo no puso freno a la popularidad de los mitos. Con el redescubrimiento de la antigüedad clásica en el Renacimiento, la poesía de Ovidio se convirtió en una influencia importante para la imaginación de los poetas, dramaturgos, músicos y artistas. Desde los primeros años del Renacimiento, artistas como Leonardo da Vinci, Miguel Ángel y Rafael retrataron los temas paganos de la mitología griega junto a otros temas cristianos más convencionales. Mediante el latín y las obras de Ovidio, los mitos griegos influyeron a poetas medievales y renacentistas como Petrarca, Boccaccio y Dante en Italia.

En el norte de Europa la mitología griega nunca alcanzó la misma importancia en las artes visuales, pero su influencia sobre la literatura fue muy obvia. La mitología griega prendió en la imaginación inglesa de Chaucer y John Milton y siguió a través de Shakespeare hasta Robert Bridges en el siglo XX. Racine en Francia y Goethe en Alemania revivieron el drama griego, reinterpretando los antiguos mitos.Aunque durante la Ilustración extendió por toda Europa una reacción contra los mitos griegos, éstos siguieron siendo una importante fuente de material para los dramaturgos, incluyendo los autores de los libretos de muchas óperas de Händel y Mozart . Para finales del siglo XVIII el Romanticismo propició un aumento del entusiasmo por todo lo griego, incluyendo la mitología. En Gran Bretaña, nuevas traducciones de las tragedias griegas y de las obras de Homero inspiraron a poetas (como Alfred Tennyson, Keats, Byron y Shelley) y pintores contemporáneos (como Lord Leighton y Lawrence Alma-Tadema). Gluck, Richard Strauss, Offenbach y muchos otros llevaron los temas mitológicos griegos a la música. Los autores estadounidenses del siglo XIX, como Thomas Bulfinch y Nathaniel Hawthorne, sostuvieron que el estudio de los mitos clásicos era esencial para la comprensión de la literatura inglesa y estadounidense.[93] En épocas más recientes, los temas clásicos han sido reinterpretados por los dramaturgos Jean Anouilh, Jean Cocteau y Jean Giraudoux en Francia, Eugene O’Neill en Estados Unidos y T. S. Eliot en Gran Bretaña, y por novelistas como James Joyce y André Gide.

Una mirada a la cosmovisión Nórdica.

Las fuentes de la mitología nórdica son (principalmente) las Eddas, la Edda Mayor y la Edda menor.

La Edda Mayor, que es también la más antigua, es una colección de poemas anónimos. El idioma es islandés y data del año 1000 o incluso antes. Se pueden dividir los poemas en dos grupos: poemas míticos que hablan sobre la creación y el fin del mundo, y los poemas heróicos que hablan principalmente sobre Odin y Thor.

La Edda Menor es también llamada la Edda de Snorre Sturluson quien lo escribió alrededor de 1220. Es un manual de poesia para los escaldos. Consta de tres partes: 1) Gylfaginning; es una descripción de la mitología, es decir el mito de la creación del mundo, de los dioses y de sus vidas. El propósito de contar los mitos era dar a los escaldos la base de su poesia. 2) Skáldskaparmál; es una presentación sistematica del lenguaje de los escaldos, y contiene asimismo muchas citas de poemas de escaldos denominados y anónimos. 3) Hattal; significa registro de metros. Consta de una poema de 102 estrofas, cada una con su propia pecularidad métrica o linguística, mostrando así las reglas del lenguaje poético.

El Mito de la Creación:

Al principio, érase el Frío y el Calor. El frío era Nilfheim, un mundo de oscuridad, frío y niebla. El calor era Muspell, el mundo del eterno calor. Entre estos dos mundos existía un gran vacío con el nombre de Ginnungagup. En Ginnungagup surgió la vida al encontrarse el hielo de Niflheim y el fuego de Muspell. De este encuentro entre el frío y el calor nacieron primero el ogro Ymer y después la gigante vaca llamada Audumbla. Ymer vivió de la leche de Audumbla, y de su sudor nació una pareja de gigantes, y de sus pies un hijo. Ese fue el origen de los “gigantes de escarcha”, también llamados yotes. Audumbla vivió lamiendo la escarcha en las rocas salobres, de donde surgió poco a poco el primer hombre, Bure, y de él descienden los dioses llamados asas. El hijo de Bure, de nombre Bor, se casó con la hija de un yote, Bestla, y juntos tuvieron tres hijos dioses: Odin, Vile y Ve. Odin y sus hermanos mataron a Ymer, y de su cuerpo crearon la tierra, de su sangre el mar, de su cráneo el cielo, de sus huesos las montañas, de su pelo los bosques, de su cerebro las nubes y de sus cejas un muro alrededor del inhabitable exterior. En este nuevo mundo crearon el mundo de los hombres, llamado Midgård. Luego, y para que los hombres no se sintieran solos, crearon en el centro de Midgård el mundo de los asas, Asgård, en cuyo centro crecía un gran fresno llamado Yggdrasil. Yggdrasil fue el árbol de la vida, y si muriera, significaría la destrucción total del mundo. Yggdrasil sostenía el cielo y en su copa vivía un águila, y entre los ojos del águila un gavilán llamado Vederfølner. Por el tronco corría la ardilla Ratatosk pasando noticias e insultos entre el águila el dragón Nidhug que vivía al lado de una de las raíces de Yggdrasil. Cuatro ciervos corrían por sus ramas y el rocío que caía de su cornamenta formaba los ríos del mundo. Yggdrasil tenía tres raíces. Una yacía en Asgård, donde también se encontraba el pozo de Urd vigilado por tres nornas, encargadas de sacar agua del pozo para regar Yggdrasil. Estas tres nornas (diosas del hado) reinaban sobre el destino de los hombres y decidían si vivirían felices o no. La otra raíz yacía en Jotunheim, el mundo de los yotes (gigantes de escarcha), y aquí también se encontraba el pozo de Mimer. Era el pozo de la sabiduría y el que bebía del pozo sabría todo lo pasado y todo lo venidero. En el fondo del pozo se hallaba uno de los ojos de Odin, quien lo dio en prenda a cambio de sabiduría. La tercera raíz yacía en Niflheim, donde se encontraba también el dragón Nidhug. En Asgård tenía Odin su casa llamada Valhal, donde vivían los guerreros vikingos muertos (Einherjerne) y las valquirias. Las valquirias eran las vírgenes guerreras o espíritus de guerra de Odin, y las que llevaban a los guerreros muertos a Valhal. Valhal tenía 540 puertas y todas tan grandes que podían entrar 800 hombres a la vez. Su techo estaba cubierto de escudos dorados, encima de los cuales caminaba la cabra Heidrun. Heidrun comía las hojas de Yggdrasil y de su ubre caía la hidromiel que bebían los guerreros. Todos los días los guerreros de Valhal salían al campo de batalla, aunque ahora sin que les ocurriera nada. Si se les caía un brazo o una pierna, las valquirias lo arreglaban por la noche. Después de la batalla venía el gran festín con mucha comida y bebida. Valhal era una especie de paraíso para los guerreros, algo que les quitaba el miedo a morir. Así se preparaban para la última batalla el día de Ragnerok, “el crepúsculo de los dioses”, el día del fin del mundo.

Los dioses:

Odin: Era el dios supremo, padre de todos los hombres y de muchos de los dioses. Era el dios tanto de la sabiduría como de la guerra. Dio un ojo en prenda a cambio de la sabiduría del pozo de Mimer. Cuando se sentaba en su trono Lidskjavl, veía todo lo que pasaba en el mundo. También tenían dos cuervos llamados Hugin y Munin que salía todas las mañanas y regresaban antes del desayuno para dar cuenta a Odin de todo lo que habían visto y oído. Gere y Frece son sus dos lobos, que comen toda la comida de Odin, porque él se mantenía únicamente de vino. Su caballo Sleipner tenía ocho piernas y corría más que cualquier otro animal u hombre tanto por aire, como por tierra y agua. También era el dios de la muerte de los guerreros, a los que llevan a Valhal al morir. Odin tuvo tres esposas: la primera era Jord o Fjordgyn con quien tuvo a Thor; la segunda se llamaba Frigg y era su favorita y con ella tuvo el hijo Balder; la tercera era Rinda, con quien tuvo a su hijo Vali que sobrevivirá al Ragnerok.

Thor: Era el dios de la guerra y la lucha salvaje. Era el hijo de Odin, y el más fuerte de todos los dioses . Siempre llevaba su martillo Mjølner que tenía la maravillosa capacidad de siempre dar en el blanco para después regresar a su dueño. Cuando lo tiraba se veían relámpagos en el cielo y sonaban truenos cuando viajaba en su carro llevado por dos machos cabríos de nombre Tandgnojst y Tandgrisner. Los machos cabríos podría ser sacrificados al atardecer y luego resucitar la mañana siguiente, si se tenía cuidado de no romper ningún hueso y si se recogían todos los huevos y se metían en la piel del animal. También poseía un cinturón de fuerza que doblaba su ya de por si considerable fuerza y unos guantes de hierro. Thor estuvo casado con Sif y tuvo tres hijos; Magni, Modi y Trud.

Freya: Freya era la diosa del amor y de la fertilidad, la más bella de todas las diosas. También era la que enseñaba a los dioses el arte de la magia. Tenía una manta mágica de plumas con la que se transformaba en un halcón, y un collar llamado Brisingegamen. Montaba en un carro llevado por dos gatos. Lloraba con lágrimas de oro. Freya y Odin se repartían entre ellos los guerreros muertos.

Frey: Era el hermano de Freya, y como ella dios del amor y de la fertilidad. Tenía el maravilloso barco llamado Skidbladnir, que se desplegaba después de utilizarlo y siempre tenía un viento favorable al izar la vela. Tenía también una espada que blandía sólo, y un jabalí mágico, Gullinbursti, que corría muy deprisa por tierra y por mar.

Heimdall: Hijo de Odin, tenía ocho hermanas como madre. Es el guardián del puente Bifrost que va de Midgard a Asgard, por lo que los dioses le han dotado de una visión y un oído extraordinarios. Ve a una distancia de más de 100 millas y oye crecer la lana en los lomos de los corderos. Es el que anunciará el comienzo de Ragnerok haciendo sonar su cuerno Gjallarhorn que se oirá en todo el mundo.

Balder: Balder era el dios de la luz y de la verdad. Era hijo de Odin y Frigg. Vivía en el palacio Breidablik, cuyo techo era de oro y cuyas columnas de plata maciza. Nada falso podía entrar por sus puertas. Por medio de un sueño, se conoce que Balder va a morir joven. Odin pide a su esposa Frigg (diosa del matrimonio y de la naturaleza salvaje), la madre de Balder, que haga jurar a todos los vivientes, a todas las fuerzas y a todas las cosas del universo que no le harán daño a Balder. Para celebrar que Balder ya era invencible, los otros dioses se divertían con un juego, en que todos podían lanzar lo que quisieran contra él. Pero Frigg había dejado sin juramento a un pequeño brote de muérdago, y Loke, disfrazado de anciana, se enteró y fue en busca del brote. Se lo dio al hermano ciego de Balder, Hodur, quien, con su ayuda, lo lanzó contra su hermano matándole. Por petición de Odin, la reina del infierno, Hel, accedió a devolver a Balder al mundo de los vivos a condición de que absolutamente todo el universo llorara por él. Lo hace todo el universo menos una vieja bruja llamada Thokk, que, en realidad, era Loke disfrazado de nuevo.

Loke: Loke era en realidad un yote, un gigante de las escarchas. Llegó a Asgard porque se hizo hermano de sangre con Odin. Era el dios del engaño, de la mentira y del caos, un espíritu malvado, provocador de tumultos y ladrón. Tenía la capacidad de transformarse en cualquier animal. Era el principal responsable de la muerte de Balder, pero también ayudaba muchas veces a los dioses a salir de situaciones difíciles. Los dioses le dieron un castigo por la muerte de Balder. Le ataron a unas rocas grandes con las tripas de uno de sus hijos, y encima de su cabeza le colgaron una serpiente venenosa. Su mujer Sigyn recogía en una copa las gotas de veneno que continuamente caían sobre su cara. Pero cada vez que vaciaba la copa, le llegaban a caer algunas gotas, lo que le producía unos dolores tremendos. Cuando se retorcía de dolor, la tierra temblaba. Una vez iban a construir un muro alrededor de Asgard. Se ofreció un gigante para construirlo a cambio de la diosa Freya, más el sol y la luna. Los dioses aceptaron con tal que acabara el muro en 6 meses, tal como les había aconsejado Loke. El gigante aceptó a condición de que le dejasen utilizar su caballo Svadilfare. El proyecto comenzó y avanzó muy de prisa. Al estar a punto de cumplirse los 6 meses, los dioses empezaron a preocuparse. No querían perder a Freya, ni al sol y a la luna, y exigieron a Loke que buscara una solución. Loke se convirtió en una yegua que distrajo al caballo Svadilfare, sin el cual el gigante fue incapaz de cumplir el plazo. Luego Loke dio a luz a un caballo con ocho piernas y se lo regaló a Odin, quien lo llamó Sleipner. Con la giganta Angerbode tuvo tres monstruos, los más terribles del universo: Fenrisulven (el lobo Fenrir), Midgardsormen (la serpiente Midgard) y Hel, la reina del infierno.

Fenrisulven: Llegó a Asgard siendo un cachorro para que los dioses lo vigilaran, pero en seguida se hizo muy grande y sólo el dios Thor, Tyr, se atrevía a darle de comer. Se había predicho que él y su familia serían los responsables de la destrucción del mundo, por lo que al final los dioses querían atarle. Lo intentaron con dos cadenas distintas, pero Fenrisulven rompió las dos. Al final los dioses acudieron a los enanos herreros, quienes hicieron una cadena con 6 cosas: las pisadas de un gato, la barba de una virgen, las raíces de una montaña, los sueños de un oso, el aliento de un pez y el escupitajo de un pájaro. Fenrisulven ya no se fiaba de los dioses aunque Gleipner más bien parecía un hilo de seda, y dijo que sólo se dejaba poner la cadena si alguno de los dioses se atrevía a meter el brazo en su boca. El único que se atrevió fue Tyr. Fenrisulven quedó atrapado por Gleipner y Tyr perdió el brazo. Permanecerá atado hasta el día de Ragnerok.

Midgardsormen: Un serpiente que vive en el mar que rodea la tierra. Igual que su hermano Fenrisulven, Midgardsormen se crió en Asgard. Cuando se hizo demasiado grande, Thor la tiró al mar para ahogarla. No podía matarla en la tierra, porque se derramaría su veneno envenenando todo a su alrededor. Se había predicho que lucharía con Thor cuando llegara Ragnerok y que se matarían mutuamente.

Hel: Hermana de Fenrisulven y Midgardsormen. Es la reina del infierno Nielfheim y allí fue arrojada por los dioses. Vive en el palacio Eljudner (palacio de la miseria), cuya puerta principal se llamaba Falanda Forad (el principio) y cuyo vestíbulo se llamaba Bilkanda (maldición). Tenía dos servidores llamados Ganglad og Gangled (retraso y pereza). Su cama tenía el nombre de Keur (enfermedad e insomnio), su mesa Hungur (hambre), y su cuchillo Sultur (la sed).

Mito y Religión Romana

1. Los dioses

La religión sirve como mecanismo de seguridad en la vida. Los romanos tienen mucho interés por los procesos naturales de los que depende su felicidad. Todo hecho cuyas causas no son fácilmente explicables es recurrido por la intervención divina o la Fortuna, es decir, todo lo que no es explicable es atribuido a una divinidad.

“Todo está asociado a la actividad divina y espiritual, y es el resultado de ella.”

Todos los procesos y hechos de la vida están vinculados con las divinidades. Existen varios aspecto a distinguir, a saber: los hechos importantes son controlados por la divinidad; los hechos particulares por los dioses.

Los cultos primitivos se relacionan con la forma de vida de la época. Así cultos como los de Ceres o Pomona. Los dioses se van incorporando a la sociedad romana a medida que se desarrolla la sociedad y, sobre todo, a medida que surgen los problemas, ya que los dioses aparecen cuando hay algún hecho extraño, inexplicable que se quiere evitar y dejarlo así en manos de los dioses. Un ejemplo de ello es la crisis del siglo V a.C. en el que se entra en una depresión económica, una escasez del grano y una epidemia. Por ello se funda la institución del culto a Mercurio, que garantiza así las transacciones comerciales, Ceres, que activa la germinación, y Apolo, que suministra el poder de curación. Roma acogerá cultos de otras civilizaciones y pueblos cercanos para soliviantar sus necesidades.

Cada dios estaba encargado de una función vital, ya que los romanos buscaban ante todo su seguridad y bienestar confiando para ello en la actividad divina. Los fenómenos climáticos y atmosféricos se explicaban y atribuían también a los dioses, ya que la lluvia o el calor resultaban fenómenos propios de los dioses. Así, por ejemplo, Júpiter Lutecio o Júpiter Fulgur. La sociedad romana era muy práctica. Se llegaba incluso a hacer un listado amplio de dioses para actividades de todo tipo, divinidades menores. Las funciones importantes son las que están en manos de los dioses. Algunas actividades resultan muy importantes en la vida cotidiana de los romanos.

Muchos dioses también se atribuyen a espacios físicos, tales como bosques, fuentes, ríos, cuevas, que conforman parajes sobrenaturales y cargados de misterio y divinidades. Así ríos como el Tíber son considerados como divinos y representados como tales en la literatura y en el arte.

No sólo había dioses en el ámbito familiar e individual sino también a nivel de grupos y por Estados y ciudades. Cada gremio llevaba a cabo una actividad y ésta estaba sujeta al control divino, ya que se confiaba en el dios para su porvenir y prosperidad. A nivel superior encontramos los intereses comunes de la patria. Cada ciudad posee un dios patrón que simboliza sus aspiraciones y actividades, y del que se piensa que tenía allí su morada. Cada uno de ellos protegía su ciudad. Juno estaba en Veyes y tuvo que ser trasladada a Roma mediante la evocatio para que renunciara a Veyes y ésta pudiera ser vencida. El líder romano era Júpiter Óptimo Máximo, cuyo templo dominaba el corazón de la ciudad y era considerado como el dios que aseguraba los éxitos y daba fuerza a todas sus empresas. Júpiter tenía tal veneración y respeto que Cicerón lo nombra como el salvador de Roma tras el intento de conjuración por parte de Catilina. Los dioses patrios eran difíciles de abandonar cuando alguien tenía que exiliar. Un ejemplo de ello está en Ovidio, que que se despide de los dioses de la gran ciudad de Rómulo y sus templos.

La religión romana se ocupaba del éxito y no de las desgracias. La felicidad era la meta en la vida y ésta dependía del resultado favorable de todas las actividades cotidianas, en el comercio, la vida privada, los negocios. Todas estas actividades no se podían controlar científicamente, por lo que su éxito no se podía garantizar y así se atribuya a la fuerza divina. Horacio dice: “pongámonos tan cómodos como podamos. Deja lo demás al cuidado de los dioses; tan pronto como ellos han puesto calma en los vientos que combatían sobre la encrespada llanura del mar, dejan de agitarse los cipreses y los vetustos olmos”. Los dioses actúan sobre fuerzas de la naturaleza que el hombre no puede controlar, por lo que lo que puede hacer es desear lo mejor y ganarse el favor de los dioses.

Los dioses no son autores del cambio de carácter en las personas, ya que los romanos consideraban que una persona nacía con un carácter determinado así para toda la vida. Había una inclinación natural, un carácter (suus ingenium), que no se podía modificar. En cualquier caso la religión era un instrumento que podía hacer más débiles a los humanos, pero no podía transformar su carácter en una nueva forma de ser.

La religión romana no mira la moral del hombre, si es bueno o malo, sino que siendo práctica sólo le interesa el rito, la forma de llevar a cabo las oraciones y el sacrificio. Posterior a la época augustea la religión tradicional se impregna de la filosofía y las tradiciones orientales. El estoicismo fue la corriente filosófica más importante en Roma. Cicerón fue alumno de un estoico y dijo que dios penetraba la naturaleza de todas las cosas. Por tanto, toda actividad humana tenía algo de divino.

Es exagerado decir que el hombre no emprendía nada sin el favor de los dioses. En la vida cotidiana el romano no estaba especialmente interesado en la ofrenda pública, excepto en tiempos de gran preocupación o euforia nacional. Esta labor pública quedaba a cargo de los sacerdotes y magistrados. El romano de a pie no tenía por qué preocuparse, excepto en los días festivos, de significado religioso.

En Roma nunca hubo una clase sacerdotal y una gobernante, ya que estos cargos estaban ocupados por las mismas personas. Los cargos sacerdotales por los magistrados, como en el caso de César, por lo que le interés religioso no decayó. Los grandes sacerdocios eran considerados más como un cargo de distinción social que como mero cargo religioso. La religión en su aspecto público podía estar atendida sin que el público participara. Los magistrados conformaban la base religiosa del Estado. Su labor debía ser llevada a cabo no sin contar antes con el favor divino, antes de cualquier acto público

El éxito dependía en todo de la colaboración divina y el objetivo de la religión era provocar esa colaboración. La religión pública y privada se caracteriza por tres principios para regular la relación entre hombres y dioses: la oración, el sacrificio y la adivinación. Esto conforma el ius divinum. Los pontífices eran los encargados de transmitir generación tras generación todos esos datos y tradiciones que servirían para la comunidad. Así el ius divinum se utilizaba, por ejemplo, para fundar una ciudad, establecer su calendario y sus celebraciones y sacerdocios. Siguiendo estos pasos se creía que se podía mantener una relación correcta entre dioses y hombres, lo que los romanos denominaron como la pax deorum.

2. La oración:

El nombre identifica a personas o dioses y los dota de significado. Saber el nombre de los dioses da seguridad a la hora de invocarlos y referirse a ellos.

La religión romana era compleja en sí misma y en sus dioses, por lo que los pontífices recopilaron listas de indigitamenta. Era preciso hacer la invocación al dios de manera apropiada y con el nombre apropiado.

Algunos nombres no podían pronunciarse a causa de su poder o por querer ocultarlo, como en el caso de la ciudad de Roma, que en realidad era otro y por su valor no se conocía, sólo los pontífices. Según Servio, los romanos querían ocultar la identidad del dios que protegía Roma y, por eso, la disciplina sacerdotal dictaba que los dioses de Roma no debían ser invocados por sus nombres por temor a que fueran alejados.

Los dioses debían ser propiamente invocados, mejor cuantos más recursos se utilizaran, es decir, era precios delimitar bien la figura del dios para no llevar la invocación a error. Un claro ejemplo lo encontramos en le poema 34 de Catulo, que invoca a Diana con varios nombres: Latonia, Juno Lucina, Trivia, Luna. Y termina el poema diciendo: “sis quocumque tibi placet santa nomina”. Servio dice en Sobre la Eneida a Júpiter Óptimo Máximo: “sive quo alio nomine te apellari volueris”. Y Esquilo dice aen el Agamenón: “Zeus, quienquiera que seas, si así le place ser llamado, con este nombre yo le invoco”. Evandro decía que en los bosques habitaba una divinidad, pero no se sabía cuál, por lo que se tenía miedo a poder ofenderla. En Grecia San Pablo comenta una inscripción que dice “a un dios desconocido”. Pero este desconocimiento era consciente, aunque San Pablo dice que él les anunciaría el dios correcto. Los romanos fueron muy refinados porque llegaron a a concretar sexo entre los dioses. En Catón el Viejo se puede la leer la fórmula si deus si dea. Otra precaución era la de nombrar a todos los dioses en colectividad tras haber nombrado a cada uno por separado antes en la invocación.

Un mismo dios podía tener varias funciones, por lo que había que tener sumo cuidado a la hora de la invocación para que atendieran a ella correctamente.

Cada dios tenía un lugar principal de culto, como Apolo en Delfos. En el momento de invocar los romanos tenían el cuidado de ponerles la dirección a donde iba dirigida su oración.

El primer objetivo era granjearse la atención del dios. El siguiente era convencer al dios de que la petición era razonable y de que cumplirla figuraba entre sus competencias. El éxito de la oración dependería en gran medida de la aceptación de lo que el ser humano ofrecía en compensación. Había dos razones muy eficaces por las que el dios podía considerar una petición con agrado: a) Que ya antes lo hubiera concedido; b) que entraba dentro de su competencia.

La petición al dios podía tomar muchas formas según las necesidades y las circunstancias del solicitante. Podía deberse a algún motivo específico a podía tratarse de un favor más general. Las frases más repetidas y comunes son “a mí, a mi casa y a mi familia”, “dame prosperidad y salud”. Había dos tipos de oración o petición: la privada y la pública. Y las peticiones no tenían por qué ser siempre de carácter positivo, pidiendo un favor, sino que también se pide evitar el daño y mandarlo hacia otras personas o naciones o pueblos. Por tanto, se hacen oraciones para pedir favores positivos, para alejar los daños personales y para desviar el mal a otras personas.

En época augustea las oraciones eran civilizadas y no eran malévolas. Se pedía tranquilidad y paz. Augusto pide disfrutar de la ayuda de los dioses tras su vuelta de Accio. Horacio dice a Apolo que no pide nada más. La mentalidad romana tenía miedo a provocar la envidia de los dioses.

En fin, el contenido de las oraciones e invocaciones debía ser muy meticuloso, tanto a la hora de nombrar correctamente el nombres o nombres del dios como a la hora de abarcar todas las posibilidades. Las invocaciones de los textos denotan una gran similitud con el derecho y la forma de redactar del mismo. Se debía tener una estricta severidad para realizar la oración y llevarla a cabo con éxito. Cuando había que llevar a cabo una oración complicada se llamaba a un sacerdote profesional, tras el que el magistrado repetía cada frase en voz alta y clara. En los actos oficiales, la precaución final era tomar un flautista para ahogar los sonidos que pudieran distraer al dios a invocar. Los romanos se tomaban tanta molestia en el proceso de la oración porque ellos mismos creían que daba resultado y, en la medida en que creían que funcionaba, realmente funcionaba. La reclamación que hace el suplicante al dios no se basa tanto en la moral como en su pietas(sentimiento por el que se reconocían y cumplían todos los deberes para con los dioses, los padres y la patria).Catulo en 79, 26 pide a los dioses en pago a su pietas que lo liberen del amor que siente por Lesbia. En realidad no tiene nada que ver con una buena conducta moral, sino con los deberes del ciudadano romano para con la mayoría, la familia y los dioses.

La forma más común de influir en los dioses es a partir del sacrificio. Los romanos relacionaron la oración y el sacrificio de dos formas totalmente distintas. Una de las maneras consistía en una petición al dios acompañada de un sacrificio o promesa de tal, esperando a cambio el favor del dios mientras éste tiene derecho a lo mejor que le pueda otorgar el hombre. Sin embargo, la otra consistía en declarar o prometer sacrificio a los dioses si éstos antes accedían a su petición. El sacrificio deja de ser una ofrenda de buena voluntad y se convierte en un convenio. En la práctica cabe destacar la humildad y la gratitud. El sacrificio o presente para el dios era elegido en la sincera creencia de que agradaría al dios. Entre dioses y romanos hay una especie de contrato, un acuerdo, dar para recibir.

El voto privado consistía en escribir la petición y la ofrenda prometida en una tablilla de cera que se ataba a la rodilla de una estatua del dios en cuestión, por lo que se era “reo de su voto”(voti reus). Si el dios contestaba a la oración se levantaba algo en su recuerdo y se decía que se era “condenado de su voto”(voti damnatus). Los votos públicos tienden a ser más descuidados e impersonales.

La oración consiste en la súplica sincera con un espíritu humilde para con los dioses, utilizando un lenguaje preciso, casi jurídico, al menos igual en su forma, haciendo referencia a los precedentes y hechos anteriores concedidos por los dioses, pidiendo la seguridad y la paz, teniendo siempre en cuenta todas y cada una de las posibilidades para no caer en el error y no enfadar al dios en ese intercambio de favores mutuos.

3. El sacrificio.

El sacrificio es literalmente “hacer algo sagrado”. Los romanos creían que era el medio más efectivo de influir en los dioses. Este acto de sacrificar se realizaba en un lugar concreto, dedicado íntegramente a un dios. El sacrifico solía ser de animales generalmente, aunque también de cereales, flores, miel, fruta, vino, leche. También se podían hacer ofrendas a los dioses, pero la gran diferencia era que por medio del sacrificio se daba el principio de la vida. Cada dios tiene a su cargo una función concreta, por lo que su actividad requiere vitalidad, que debía ser renovada, ya que si no se debilitaría. El devoto reza para que su sacrificio revitalice al dios, capacitándolo así para aceptar las peticiones que se le hacen. Los animales son los seres más vigorosos y contienen los órganos que dan la vida y la mantienen: el corazón, los riñones, el hígado. Son las partes que se solían ofrecer a los dioses y coincide que son partes comestibles para los humanos.

El sacrificio era llevado a cabo por los magistrados y empleados del Estado. La elección de la víctima era dictada por los manuales de los pontífices y dependía del dios implicado y de las razones del sacrificio. Uno de los principios era que los animales machos eran siempre ofrecidos a los dioses y las hembras a las diosas. Los colores eran muy tenidos en cuenta: blanco para Juno y Júpiter y deidades celestiales; el negro para los dioses de ultratumba. También dependía el tipo de animal según las celebraciones del Estado.

Concedido el voto se iba al templo para fijar el día apropiado con el aedituus, decidir los profesionales para degollar el animal y contratar un flautista para acallar los ruidos. Después se iba al mercado si no se disponía de animales propios. Se compraba teniendo en cuenta que tenía que ser perfecto para el sacrificio y para honrar bien al dios. De camino al templo no debía ocurrir ningún altercado fuera de lo común. Llegados allí se entregaba a los sacerdotes y daba comienzo el sacrificio.

El sacrificio se llevaba a efecto fuera del templo. Estaba prohibido para el fiel entrar. El centro lo ocupaba una sala tabicada en la que se hallaba la estatua muy decorada con joyas del dios del templo. La sala era conocida por el nombre de cella. La luz era escasa y no había nada más ahí dentro que el propio dios. Detrás de ésta estaba otra sala/s para guardar los tesoros, lo que los griegos llamaron opistodomo. Posterior a la cella se encontraba una sala abierta al exterior con una columnata, sirviendo de refugio para la lluvia y el sol.

Al hacer un voto el romano entraba en la cella, colgaba las tablillas de cera de la estatua y luego rezaba frente a la estatua extendiendo las manos hacia ella. Pero realmente el sacrificio se realizaba delante del templo, en un altar de piedra donde había un fuego encendido. Era preciso cerciorarse de que el sacrificio no era vigilado ni hurgado por nadie que pudiera contaminarlo. Se pedía la mayor pureza en todos los aspectos para llevar todo a buen término. Por ello después del acto los sacerdotes se lavaban las manos con agua sagrada. Para comenzar se ordenaba silencio, a excepción del flautista. Los sacerdotes se cubrían la cabeza, tomaban una bandeja y la elevaban colmada de harina sagrada mezclada con sal (mola salsa) que luego se esparcía entre los cuernos del animal, mientras los ayudantes lo sujetaban. Este acto se llamaba immolare. Entonces después un ayudante pasaba el cuchillo simbólicamente por su lomo desde la cabeza hasta el rabo. Parece ser que en ese momento se pronuncia la oración, muy cuidada y ensayada para evitar cualquier error, ya que si se erraba se debía repetir todo de nuevo. Posteriormente el victimiario preguntaba “¿lo hago? (agone?) y al recibir la afirmación tomaba un martillo y golpeaba al animal en la cabeza haciéndole caer a sus pies. Seguidamente el cultrarius le cortaba el cuello, boca arriba en beneplácito de los celestiales y boca abajo para los del infierno. De repente la sangre salía a borbotones inevitablemente, más aun en el caso del buey al cortarle su vena principal, derramando nueve litros. Generalmente la sangre era limpiada tras el ritual. El animal no debía huir ni renegar, ya que habría fallado todo. Tras la muerte se miraba todo el cuerpo, por dentro y por fuera. Lo más importante eran los órganos vitales del animal, reservados a los dioses y llamados exta. Se depositaban en el altar para su consumo y más tarde eran devorados por las llamas. Luego quedaba el resto del cuerpo animal, que se consumía allí mismo o era vendido en el mercado. Allí en los templos había unas pequeñas cocinas y cenáculos.

El procedimiento por el que se lleva a cabo todo esto es detallado y exacto, perfeccionado a lo largo de los siglos de tradición. En manos de sacerdotes expertos, un sacrificio era probablemente tanto un acto de devoción como un acto conmovedor. Un muerte debía ser solemne y de por sí era emotiva. Si se cometía el mínimo error se debía repetir todo por completo (instauratio), junto con una ofrenda por el error previo (piaculum).

Los romanos fueron educados desde niños, en el círculo familiar y en la esfera más amplia de la religión pública con sus celebraciones anuales y ceremonias especiales. En la idea de que tales ofrendas eran del agrado de los dioses.

4. La adivinación.

En la religión romana van a tenerse en cuenta dos creencias: la búsqueda de cuál es la voluntad divina y que los dioses envían señales en forma de fenómenos extraordinarios. Mucho que ver en esto tiene el estoicismo, que defendía que el universo estaba compuesto de un espíritu ardiente que lo impregna todo, siendo los humanos parte de él. Este espíritu racional ordenaba y controlaba cualquier cosa que ocurriera. Estaba presente en cualquier cosa y ser vivo había un contacto permanente. Por eso los romanos llegaron a observar el cielo para recibir señales divinas y a analizar el hígado de los animales.

La astrología entró en Roma por el siglo II a.C.. Este pensamiento oriental defendía que los cuerpos celestes movían los acontecimientos humanos y naturales, y todo estaba supeditado a ellos. Por lo tanto, se creía en la existencia del destino. La vida estaba predestinada, lo que anulaba la existencia de los dioses y de la religión. Por otro lado se decía que los astros estaban controlados por los propios dioses.

El estoicismo y la astrología contribuyeron a mantener la fe en los métodos tradicionales de adivinación practicados en Roma. La adivinación nunca adquirió mala fama. Las reglas y las interpretaciones estaban muy formalizadas. Existía un grupo limitado de funcionarios reconocidos a quienes se podía consultar para interpretar las señales o para saber si se contaba con la voluntad divina. Este proceso lo llevaban a cabo para la luz pública los magistrados, aconsejados y asesorados por los augures, mediante la oración y el sacrificio. Lo privado ya dependía de cada particular.

Los dioses enviaban su voluntad , mediante dos signos: antes de emprender una acción se denomina impetrativa; y los que eran enviados de manera fortuita sin petición previa, llamado oblativa. Se aplicaban tanto a la vida pública como privada, pero es más frecuente en la pública por los testimonios que tenemos.

Siempre y antes de tomar una decisión de Estado había que averiguar la voluntad del cielo. El método más frecuente era el de los auspicios (auspicia), es decir, la observación de las aves. Esto consiste en observar el cielo bajo una franja delimitada del mismo en la que se buscaba un signo. En Roma existía un lugar denominado auguraculum, donde el magistrado pronunciaba la fórmula ritual para designar la zona del cielo escogida. El augur que le acompaña interpreta todo lo que este dice con los ojos vendados. En el proceso se tienen en cuenta las aves a observar y los movimientos de estas y los sonidos que emiten. El otro método consistía en estudiar cómo comían las aves. Había para ello unos cuidadores autorizados. Ellos guardaban unas gallinas sagradas en las expediciones militares como último remedio si no había en el cielo. Se les abría la jaula y se les arrojaba un trozo de pan. Era buen signo que trataran de engullirlo y les cayeran migas del pico. Sin embargo era mal presagio que no salieran de la jaula o que se alejaran.

Otro método de adivinación era la observación de los rayos. Como atributo de Júpiter era la señal de mayor autoridad. Donde caía un rayo este lugar era declarado sagrado inmediatamente. Al caer un rayo los asuntos públicos eran detenidos. Era rutinario que un magistrado viera un rayo mientras interpretaba los auspicios.

Los dioses podían ser consultados y también dar a conocer su voluntad enviando una señal. Si estos no estaban dispuestos a colaborar había motivo de preocupación, por lo que se intentaba una reconciliación. Esto se recoge en las crónicas históricas, la narración de presagios y prodigios. La Historia era para los romanos el relato de la intervención divina en los asuntos humanos. Livio recoge en su obra multitud de casos acerca de los signos enviados por los dioses. Los romanos estudiaban tales signos. Era difícil distinguir la frontera entre la superstición y la adivinación. También era muy importante la interpretación de las observaciones casuales. El magistrado podía consultar el cielo para que la divinidad le diera un sí o un no ante cierto asunto. Si existía duda se requería el asesoramiento de un augur.

Los signos fortuitos (oblativa) eran utilizados por los dioses cmo un lenguaje para comunicar mensajes positivos por propia iniciativa. Estos signos no eran siempre fáciles de interpretar. Los magistrados se valían de la ayuda de los augures siempre que era necesario. Cuando las medidas y remedios habituales fallaban se acudía a los Libros Sibilinos. Éstos se perdieron y fueron reemplazados por otros, a cargo del colegio de los quindecimviri. Al igual que los sacerdotes y los pontífices, estos no eran sacerdotes profesionales. Era un cargo público y una distinción social ser elegido para el colegio. No se sabe exactamente cómo funcionaba la forma de consulta de estos libros pero sí se sabe que sus consejos siempre se seguían.

En cuanto a la vida privada nos dice Cicerón que tampoco se daba ningún paso importante sin averiguar antes la voluntad del cielo. Hechos tales como el matrimonio, la llegada a la mayoría de edad.

Uno de los hechos más característicos fue la interpretación a partir de los hígados. Así nació una ciencia controlada por los harúspices. Estos procedían de Etruria. Durante el Imperio cada emperador viajaba con uno de ellos. Interpretaban el hígado, que contenía dos mitades con dieciséis zonas, divisiones que los etruscos hacían del cielo, indicando la correlación entre la vida cósmica y la terrestre. Además se solicitaba su opinión acerca de los terremotos. Estos también fueron criticados duramente por jugar con supersticiones inútiles. Pero la gente seguía consultándolos. Incluso el emperador Tiberio llegó a regularizar la profesión, que carecía de prestigio, no como los augures o pontífices. La consulta de la interpretación de los hígados fue defendida por el estoico Epicteto y continuó siendo una de las principales formas de augurio privado.

También ha tenido mucha importancia la interpretación de los sueños, considerados en muchas civilizaciones como algo extraordinario y como medio de comunicación con el más allá y con los dioses. Se piensa en la capacidad para predecir el futuro. Hay referencias antiguas que indican la previsión de los sueños, como el que avisó a Augusto de que no quedara en su tienda, que fue luego destrozada en un ataque. La tradición épica y homérica ya decía que los sueños los enviaba Zeus. Al final de la República y posterior se hizo un gran negocio con las interpretaciones de los sueños. Artemidoro escribió un libro sobre esa interpretación que nos ha llegado hoy día. Sin embargo, Lucrecio recoge en su obra una explicación racional sobre los sueños e intenta disipar el misterio de los sueños para que el hombre no piense que forma parte de la inspiración divina. En cualquier caso los sueños eran entendidos como comunicación con los dioses.

5. El año religioso.

Los romanos realizaban oraciones y sacrificios en momentos puntuales, pero también tenían un calendario religioso que les permitía regularizar el culto y las fiestas, asegurando los deberes oportunos para con los dioses. Desde tiempo atrás, los romanos habían elaborado un calendario con las fechas de todas las celebraciones fijas (feriae Latinae) y las celebraciones movibles (feriae conceptivae).

A lo largo de los siglos se había utilizado un calendario lunar ajustado a un año solar. Julio César fue quien lo reformó en el 46 a.C. ayudado de Sosígenes, y es el suyo el que conservamos casi íntegro. Cada día del año era marcado con una letra a su lado. La N (nefasti) indicaba un día en el que ciertos asuntos públicos no se podían realizar y la mayoría de ellos estaban reservados a celebraciones relativas a los muertos y a la purificación. NP indicaba las grandes fiestas del Estado. Ocho días al año estaban marcados por En (endotercisus) para celebraciones religiosas por la mañana y por la tarde. Eran fiestas civiles y normalmente había cierre general aunque Cicerón ya dice que la ley podía tratarse en esos días, como otros asuntos cotidianos. Los días marcados por una F (fasti) eran días laborables normales. Los días C (comitialis) significaba que las asambleas se podían mantener convenientemente.

El calendario estaba dividido en meses, de los que había una semana para fines civiles corrientes con un día de mercado (nundinae). Había tres momentos clave para fines religiosos: las Kalendas, primer día del mes, las Nonas, quinto o séptimo día, y los Idus, el decimotercero o decimoquinto día. Respectivamente estas fechas puntuales estaban consagradas a los dioses Juno, celebraciones movibles a cargo del rex sacrorum y Júpiter. A nivel particular cada romano también tenía su propio calendario, señalando los días que creía propicios o desafortunados. Que hubiera un calendario no aseguraba un éxito rotundo en la presencia de fieles. No ocurría igual en época de los reyes que en la Roma comercial de Augusto. Lo realmente importante es que el acontecimiento se llevara a cabo sin ningún problema y con toda corrección.

El calendario romano comenzaba en marzo, fecha que se retrasó a enero por problemas administrativos y que César conservó en su reforma. Enero era el mes de Jano, cuyo acontecimiento destacable era el sacrificio ofrecido por los cónsules el 1 de enero, de fecha tardía y marcado como día laborable, F. La otra fiesta era la llamada Compitalia, movible y fijada por el pretor. De origen agrícola, consistía en cuatro propiedades cruzadas por caminos, donde se erigía una capilla y cuatro altares a su alrededor. Esta fiesta simbolizaba el fin del año agrícola. Los agricultores depositaban los arados, un muñeco de lana y una madeja de madera en la capilla. El objetivo era revitalizar toda la finca para los meses posteriores. Al día siguiente se ofrecía un sacrificio y se tenía un día de fiesta. En la ciudad los altares se colocaban en el borde de los caminos de cada edificio. Se celebraba en medio de las cuatro calles que se cruzaban.

Febrero tiene su nombre en februum, instrumento de purificación que estaba muy vinculado a las dos grandes celebraciones de este mes: las Parentalia y las Lupercalia. Las dos se centran en el bienestar de los muertos y su descanso. Las Parentalia duraban del 13 al 24 y los templos permanecían cerrados y no se celebraban bodas. Estaban dedicadas exclusivamente al cuidado de los padres fallecidos. A los difuntos se les llamaba manes y se creía que en la tumba necesitarían de alimentación. Por eso cada año se les debía proveer para que no se consumieran o atormentaran a los vivos. Era costumbre enterrar a los difuntos padres con una comida. En época de Ovidio desfilaban en esos días grupos de dolientes con ramos de flores y jarros de leche y miel camino de los cementerios. El día 22 todos los miembros de la familia se reunían en una cada para cenar. Fiesta importante para la vida romana. Pero la más famosa de las fiestas antiguas era sin duda las Lupercalia, de las que se sabe poco. Se sabe que había una gruta en el Palatino llamada Lupercal y a la que cada día 15 dos equipos de jóvenes llamados luperci se daban allí cita para sacrificar cabras y un perro. Seguidamente el jefe de cada grupo se manchaba la frente con sangre de las víctimas y luego se limpiaba con un trozo de lana mojada en leche, a la par que profería una sonora carcajada. Después seguía una fiesta para estos luperci que se cree acababa en melopea. Seguidamente los dos grupos salían vestidos con las pieles de cabra y disputaban una carrera desnudos por el Palatino. Era el momento cumbre de la fiesta y se agrupaba la gente para verlo. Fue una fiesta con tintes de diversión, pasión y también fervor religioso. Gran acontecimiento que se prolongó hasta el siglo V.

Marzo era el mes del dios Marte, protector del crecimiento y dios de la guerra. En este mes comenzaba tradicionalmente el año con el envío de las tropas pasado el invierno y el renacer de la vegetación. Decir año nuevo es decir vida nueva, una nueva etapa, de renovación. El fñamen martialis seguía celebrando estas fiestas ocultamente. El 1 de marzo el fuego sagrado de Vesta era reencendido. El 14 había uan fiesta que consistía en una carrera de jinetes de gran atracción popular. Igual que el 23, en que las trompetas sagradas, las tubae, eran purificadas. Pero lo más importante y de cara al público era la celebración de los salii, doce jóvenes patricios elegidos por el colectivo que se dejaban ver por las calles de Roma bailando una danza de guerra vestidos con un uniforme antiquísimo. Su canto era incluso ininteligible. Estos se encaminaban el 1 de marzo hacia el santuario de Marte, de cuya regia tomaban doce escudos de bronce, semejantes a los micénicos con forma de ocho. Así bailaban y danzaban durante días guardándose cada noche en una parte y casa diferente de la ciudad para cenar y descansar. El punto clave llega el día 19, conocido como Quinquatrus, también fiesta de Marte, en que actuaban en el comitium, centro de la ciudad, en presencia de los pontífices. Daba a su fin el día 24 cuando los escudos regresaban a la regia. Fiesta de origen se halla en la Edad del Bronce, por lo que los trajes y materiales representan dicha edad. Los salii gozaban de gran prestigio, pero parece que no tanto ya en la República. Es algo habitual que en todas las civilizaciones se celebren fiestas en honor al comienzo de la vida, a su renacer y a la vuelta del calor.

El mes de abril, cuya etimología proceda de aperio, mes en que se abren la cosas, está plagado de fiestas y celebraciones. El 1 de abril las mujeres trabajadoras se bañaban en las termas de los hombres y pedían a Fortuna Virilis buena suerte para con estos. Los baños no eran mixtos. Las grandes fiestas con significado para Roma fueron: las Parilia el 21 de abril, las Floralia el 28 y las feriae Latinae. Las Parilia se celebraban en honor de Pales, deidades pastoriles de gran antigüedad y de origen incierto para los contemporáneos, no sabiendo si eran dos ni el sexo. Su fin era purificar las ovejas y los rediles, y alejar las enfermedades de los rebaños. Mantuvo su popularidad porque se identificó con aniversario del nacimiento de la ciudad. Esta fiesta se hacía como acto público oficial, dirigido por el rex sacrorum, y de forma privada. Cada curia de las treinta de Roma lo celebraría. Se organizaba una gran hoguera común y sobre ella se arrojaba sangre seca de caballo y cenizas de terneros. La mezcla la guardaban las vestales, que la distribuían en cada hoguera de las Parilia. El momento cumbre llegaba con el salto de la hoguera por tres veces por parte de los asistentes, que a la vez se habían rociado las manos con agua sagrada con rama de laurel. La fiesta concluía con un banquete al aire libre. Lo curioso de esta fiesta es que parte de un origen pastoril hasta llegar a convertirse en nacional y urbana. Las Floralia rendían culto a la diosa Flora, diosa antigua con sacerdote propio . los Libros Sibilinos recomendaron instituir unos juegos en su honor, de carácter erótico y sexual, para que el sexo floreciera. Estos juegos celebrados en el Circo Máximo tenían como detalle el arrojo de garbanzos, habas, sobre el público para que estos estimularan su fertilidad. También se soltaban liebres y cabras. No destacaba el florecimiento de árboles y plantas sino el del sexo. Las feriae Latinae fueron un acontecimiento muy serio, dedicadas al dios Júpiter Laciar. Englobaba tanto a romanos como a latinos y se celebraba en el monte Albano, fuera de Roma. Se remonta a la época en que Alba Longa era la capital del Lacio. Los pueblos vecinos enviaban sus representantes y sacrificaban una ternera blanca que después se consumía en un banquete. Lo que duraba el acto se mantenía la paz. Incluso los cónsules asistían a esta fiesta. La simbología de tal fiesta reflejaba la grandeza imperial de Roma, causada a la unión de los demás pueblos latinos y dependía de la perpetuación divina de esa cooperación. Se convirtió en un símbolo del Imperio mundial de Roma.

El mes de mayo, cuya etimología es algo incierta, quizá significa crecimiento (maior), es un mes bastante triste para los romanos y traía mala suerte. Las fiestas principales de mayo son: las Lemuria, celebradas los días 9, 11 y 13 en en honor a los espíritus, muertos del ámbito familiar, de los que se pensaba que esos días ascendían y vagaban por las casas de sus parientes. Estas fiestas eran de carácter público de larga tradición, tomadas en serio por los romanos. No se sabe qué se sacrificaba pero Ovidio nos transmite el ritual de un cabeza de familia celebrándolo en privado. Se levantaba a medianoche y se lavaba las manos. Caminaba descalzo por la casa escupiendo nueve judías negras. Cada vez que escupía una miraba hacia otra parte y decía “con éstas me rescato a mí y a los míos”. Los espíritus se arrastraban y comían las judías mientras él se lavaba las manos de nuevo y a continuación pronunciaba nueve veces “espíritus ancestrales, alejaos”, miraba a su alrededor y los espíritus se desvanecían. Entre los espíritus eran los jóvenes muertos los más poderosos al guardar tanto rencor. La concepción sobre la muerte de los romanos era la mezcla entre la griega y los pensamientos itálicos. La creencia griega no era creída, la vida tras la muerte, pero aceptaban la esperanza o el temor de que el espíritu efectivamente sobreviviera. También está la máxima estoica de gran repercusión que dice que al morir el cuerpo, el alma subsiste en el aire hasta que se disuelve dentro del gran espíritu del universo. Las Lemuria se correspondían todavía con la profunda preocupación que se sentía en la conciencia de la mayoría de los romanos. Existía una ceremonia llamada Lustratio. Era fundamental saber cómo resultaría la cosecha y más en ese mes, por lo que se tomaban una serie de medidas para salvaguardar la seguridad. El ritual consistía en llevar en procesión por tres veces un buey, una oveja y un cerdo alrededor de los campos para después sacrificarlos a Ceres, diosa del crecimiento, o a Marte, dios de la fuerza. Se creía que esto purificaba y protegía los campos de fuerzas dañinas. Es igual que la idea del círculo que protege a quien se halle dentro, como las ciudades y el pomerium, espacio libre e inmediato a las murallas de Roma, por dentro y por fuera. En Roma había dos ceremonias de este tipo. El Amburvium, cuando las víctimas iban alrededor de la ciudad para purificarla, y las Ambarvalia, la procesión en torno a los campos. Otra ceremonia conocida es la lustrum conde, ritual de purificación del pueblo de Roma que ponía fin a la elaboración del censo y a la revisión de la situación económica de los ciudadanos. El onjetivo era purificar al ejército como antes de una batalla, puesto que el censo se realizaba a los ciudadanos aptos para el servicio militar. El pueblo se agrupaba en el Campo de Marte y a su alrededor eran conducidos un buey, una oveja y un cerdo, que eran sacrificados a Marte. El censo cayó en desuso con las guerras civiles pero Augusto lo revitalizó, llevándolo a efecto junto con el lustrum por tres veces. De ahí procede nuestra actual palabra lustro, período de cinco años.

En junio se celebraban ceremonias tan espectaculares como las de las vestales. Su templo simbolizaba el centro de Roma. En él se guardaba el fuego sagrado, la alacena (penus), objetos sagrados, la Atenea rescatada de Troya, figuras de los dioses penates. El culto a Vesta era un símbolo del poder eterno de Roma. El 9 de junio se abrían las puertas a las mujeres casadas, que descalzas llegaban al templo ofreciendo alimentos. El resto del año solo podían acceder al templo las vestales y el pontifex maximus. Entonces el santuario se purificaba. Todo terminaba los Idus de junio con una noche ruidosa acompañada de flautistas, cena abundante, en el templo de Minerva en el Aventino. El 24 de juniose celebraba la fiesta de Fors Fortuna junto a las orillas del Tíber. Había dos templos de esta diosa río abajo. Esta diosa gozaba de gran fama y acogida entre los más pobres. Era la única divinidad que podía recibir culto tanto de esclavos como de ciudadanos libres. El día 24 la multitud acudía a los templos para ver los sacrificios. Era una fiesta popular pero también tenía su carácter religioso. También había otra serie de cultos ocasionales y no públicos. Pero sí cabe destacar los juegos de Apolo, celebrados entre el 6 y el 13, que ya no tenían carácter religioso al final de la República.

Agosto trae las fiestas más populares. El día 12 un pretor sacrificaba una ternera en honor de Hércules. Se le depositaba dinero y honras a cambio de ayuda e inspiración. Claro ejemplo es el del millonario Craso. Al día siguiente la fiesta de Diana en el monte Aventino. culto establecido por Servio Tulio como un medio para unir los pueblos latinos a Roma. El templo se convirtió en centro de reunión de esclavos, que no contaminaban el ritual. Y era un día de vacaciones para ellos. El día 21 se rendía culto a Consus, deidad cuyo templo se hallaba en medio de un hipódromo y relacionado con el rapto de las sabinas, ya que mientras los sabinos estaban absortos en contemplar sus juegos, los romanos pudieron robarles sus mujeres. Por esto Consus es identificado con las carreras ce caballos antes que con el almacenamiento de grano. El culto se rendía en el Circo Máximo y lo más solemne de la ceremonia era la procesión del sacerdote Quirino y las vestales camino de los sacrificios, mientras el público enmudecía.

Septiembre era un mes cuya mitad estaba dedicada a los ludi Romani. Pero el día 13 de finales del siglo VI a.C. había sido consagrado el templo de Júpiter Óptimo Máximo, el patrón de Roma. Este templo mantuvo su posición como centro religioso de Roma. Por el sacrifico de esa ternera por parte del cónsul, todos los senadores se reunían para celebrar un banquete junto a la triada capitolina, vestidos Júpiter, Juno y Minerva con elegantes ropajes compartiendo la comida con los seres humanos presentes.

En el mes de octubre se guardaban las herramientas de trabajo del campo y las armas ante la llegada del invierno. Esta purificación de armas del día 19 se emparenta con la del 19 de marzo. El día 15 de octubre se disputaban carreras de carros en el Campo de Marte. El cávalo de la pareja ganadora era sacrificado a Marte, se le cortaba la cola y era llevado a la regia para que su sangre chorreara sobre las cenizas del fuego sagrado que posteriormente se utilizaba como ingrediente en las Parilia.

En los Idus de noviembre se celebraban los juegos plebeyos, que junto al culto anterior hacían que los senadores estuvieran siempre en la ciudad, que consistían en un gran banquete y en la procesión desde el Capitolio hasta el Circo por el Foro. El día más importante de esta fiesta era el 15. Según Ovidio esta conocida pompa circensis estaba formada por gladiadores, hombres de a pie, a caballo, flautistas, bailarines, atletas aurigas, payasos. Al entrar al Circo los dioses transportados eran colocados sobre divanes especiales para ver los juegos cómodamente. Había también una fiesta de Júpiter en los Idus.

Diciembre era un mes lleno de cultos. A principios las mujeres más distinguidas de Roma, las vestales también, celebraban la fiesta de la Bona Dea, por la noche en casa de un magistrado. La víctima sacrificada era un cerdo y su fin era propiciar la fertilidad femenina, por lo que estaba prohibida la entrada a los hombres. Sobre el 17 se celebraban las Saturnalia, prolongada varios días con los años, cuya fiesta se abría con un gran sacrificio en el templo de Saturno en el Foro, seguido de un banquete para todo aquel que quisiera asistir. Toda la ciudad estaba en fiesta, todos se vestían con trajes de fiesta y se cubrían con gorros ligeros. Las calles estaban colmadas y se permitía jugar y apostar en público sin temor. Incluso los amos servían la comida a sus esclavos. Se regalaban juguetes, se visitaban familiares. Abundaba la buena voluntad por doquier y la igualdad radiaba las calles y a las personas. Se celebraba el último día del año.

6. La religión privada.

Al igual que había cultos para la colectividad, también existían clanes que tenían sus propias particularidades y ritos religiosos. Por ejemplo, dentro del ejército cada uno tenía su deidad protectora. Dentro de la familia era el cabeza de la misma quien se encargaba de dar los pasos oportunos para asegurar la protección del dios. Y cada uno seguía a un dios en particular, pero dentro del seno familiar había dos grupos de divinidades: los lares y los penates. Los lares eran los espíritus deificados de los antepasados. Cada casa poseía el lararium, pequeño santuario donde se les hacían ofrendas. Eran figurillas. Los penates velaban por la despensa y el aprovisionamiento de alimento. Los romanos ofrecían oraciones a Vesta antes de la comida principal del día. Estos dos grupos divinos vienen a simbolizar lo que para nosotros el hogar.

El nacimiento estaba vinculado a la diosa Juno Lucina, cyua ayuda y protección era necesaria. Al nacer el niño/a , los espíritus malignos eran expulsados de la casa. El nuevo ser era depositado en el suelo hasta que el padre lo levantaba como acto simbólico. Si era niña se consagraba un diván a Juno y si niño una mesa a Hércules. Esta ofrenda se mantenía hasta que madre e hijo eran purificados y se ponía un nombre al recién nacido.

Durante la infancia se llevaba un colgante llamado bulla y una toga bordada que identifica a quien la lleva como niño. Al hacerse adulto se desprendía del colgante y se ponía una toga lisa de adulto. Se le lleva al Foro y allí es presentado en público. Su nombre se inscribía en la lista de ciudadanos. Se agradecía haber llegado sano y salvo a la mafurez con sacrificios. Las Liberalia del 17 de marzo era la fiesta utilizada para este proceso.

Lo que respecta al matrimonio, este era celebrado mediante un ritual religioso, aunque no tenía por qué ser así. Pero sí había unos requisitos mínimos: ciudadanos libres, mayores de edad y legalmente independientes. El éxito dependía de la voluntad de los dioses, por lo que se desarrolló un elaborado ritual. Se averiguaba la voluntad divina por adivinación y la ayuda se pedía mediante el sacrificio. Después se celebraba la boda en sí, culminada por la procesión que hacía el novio llevando a la novia a su casa. Los romanos son quizá los más supersticiosos tal y como hoy entendemos ese término. Nos legaron la costumbre de llegar con la novia en brazos y pasar el umbral. Se hacía para evitar un tropiezo de mal augurio. Se tomaban todas las precauciones posibles para que todo saliera bien.

La muerte era otro tema relevante. Normalmente los cuerpos se incineraban. Antes se lavaba, se ungía con aceite y se vestía elegantemente. Era llevado al crematorio público (ustrinum). Se prendía una pira funeraria por parte de algún familiar. Al apagarse el fuego se recogían las cenizas en una urna y se depositaban en la tumba familiar junto con los objetos que el muerto pudiera necesitar. La casa estaba de luto y ocho días después se ofrecía un sacrificio a los lares, a quienes el difunto se había unido, realizándose una purificación ritual del edificio.

La religión privada fue perdiendo peso frente a la pública a medida que Roma se convertía en una gran ciudad. Siempre estuvo cercano a lo privado la magie y la superstición, pero con el tiempo ha predominado el interés general y la religión de la comunidad.

7. Los sacerdotes.

Para una religión y un ritual como el romano se requería una supervisión autorizada y competente. Sin embargo, no hubo una profesión exclusivamente sacerdotal. Todos los cargos religiosos estaban a cargo de emblemáticas figuras de la política, excepto el rex sacrorum y el flamen Dialis. Cicerón arguye a esto diciendo que “los ciudadanos más distinguidos salvaguardan la religión mediante la buena administración del Estado y salvaguardan el Estado mediante el sabio control de la religión”. Recuérdese que la vida romana dependía del grupo, que la religión es como un contrato, al estilo jurídico.

El sacerdocio llegó a ser un cargo de dignidad y un puesto influyente para la vida política. Todo el que aspirar a una carrera política debía tener en cuenta también la religión. Cicerón estaba orgulloso de haber sido augur a pesar de su escepticismo sobre los augurios como ciencia.

A finales de la República eran cuatro los principales colegios de sacerdotes responsables de mantener el culto a los dioses en general. Pontífices, augures, sacris faciendis y epulones. Los dos primeros grupos eran los más relevantes. Los cargos eran vitalicios. El único que era miembro de todos los colegios era el emperador.

El colegio más antiguo era el de los pontífices. En su origen se encargaban de las obligaciones sagradas inherentes a la construcción y el mantenimiento de los puentes. Su rango importante vino tras la expulsión de los reyes. Los pontífices aconsejaban qué hacer si un sacrificio iba mal o si aparecía un mal presagio. Tenían la autoridad suprema sobre el calendario religioso, establecían los días festivos. A su cabeza estaba el pontifex maximus, elegido no entre los pontífices. La residencia de este era la regia, en el centro del Foro. Los pontífices eran en número de dieciséis. Y este colegio incluía otro tres cuerpos: las vestales, los flamines y el rex sacrorum.

Las vestales eran seis y eran elegidas desde niñas entre las familias patricias para dedicarse durante treinta años al fuego sagrado de Roma. Se encargaban de preparar la mola salsa y de vigilar los objetos sagrados que había en el templo.

Dentro del colegio de los flamines había doce menores y tres mayores (Júpiter, Marte y Quirino). Cada uno de estos sacerdotes era un gran profesional al dedicarse exclusivamente a un dios. El flamen Dialis tenía multitud de tabúes y restricciones. Era el encargado de Júpiter. Uan vez quedó vacante su puesto y pasaron setenta y cinco años hasta que Augusto logró recuperar el cargo. Los flamines eran la herencia primitiva de los tiempo primeros de Roma en cuanto al sacerdocio.

El rex sacrorum apareció tras la expulsión de los reyes, teniendo él preferencia en las ceremonias religiosas. Ya al final de la República este cargo no era muy significativo, ya que fueron los pontífices quienes desempeñaron su cargo.

También estaban los quindecimviri sacris faciendis, encargados de velas por los Libros Sibilinos y de consultarlos. Pero esto era ocasional y su función se basaba en la supervisión general de todos los cultos no latinos y extranjeros.

Los epulones se ocupaban de las cenas del Senado que seguían a los sacrificios en las celebraciones de Júpiter Óptimo Máximo y de los banquetes públicos en los juegos Romanos y Plebeyos. Supervisaban la preparación para que no hubiera ningún contratiempo.

8. La religión en tiempos de Augusto.

Hay claras evidencias que a lo largo de los siglos Roma había abandonado diversos cultos, destruido templos no reparados y desaparecido cargos como el de flamen Dialis. Augusto es el artífice de la paz en Roma bajo su gobierno. Con él acaba la sangría del siglo I a.C.. Con Octavio Augusto se produce un renacer de la religión romana, entendida como sustento del Estado mediante la que se mantiene la pax deorum y no sobrevienen desastres.

El primer objetivo de Augusto fue la reconstrucción de los templos. Así se restablecieron los cargos religiosos vacantes y toda la maquinaria volvía a funcionar. Pero para motivar al pueblo religiosamente se propuso dar un nuevo interés a los dioses tradicionales. Apolo fue el dios favorito de Augusto y su protector. Además de ser el dios de la curación, Apolo era visto por Augusto como el dios de la civilización y de la paz, justo el dios que requería para su cargo y su labor. Otro dios era Marte, nombre de un mes y del Campo, dios de la guerra y protector de la agricultura. Augusto pretendía destacar a Marte como padre de Rómulo, progenitor de Roma. Y también Augusto veneraba a Marte como Ultor, el vengador, vengador de su tío Julio César. Y Augusto le prometió un templo en su honor a Marte Vengador, que una vez construido inspiraba el triunfo de los romanos sobre los errores cometidos en el pasado. Apolo y Marte, agradable paz y justa guerra. Virgilio en la Eneida expresa ideas augusteas como esta: “Tú, romano, piensa en gobernar bajo tu poder a los pueblos (éstas serán tus artes), y a la paz ponerle normasperdonar a los sometidos y abatir a los soberbios”.

Augusto se sirvió de varios instrumentos para desarrollar y llevar a cabo sus ideas políticas. La poesía fue uno de ellos, con Virgilio y Horacio. Las monedas, manejadas por el pueblo, en las que se podía leer desde el 27 a.C. las palabras “Paz” y “Victoria”. El Ara Pacis y sus imágenes. La pax deorum había crecido ante los ojos de los ciudadanos corrientes.

En el 17 a.C. se instituyeron los Juegos Seculares. Se pensaba en la idea de que todo es cíclico y que antes o después las cosas tienen que mejorar. Se apela al saeculum, periodo de cien años que da la pauta para celebrar ceremonias religiosas, el renacimiento del mundo. Así circulan varias profecías acerca de una nueva Edad de Oro. Así se organizaron estos Juegos Seculares y Augusto encargó a Horacio el principal himno de los mismos. Durante estos, Augusto se encargó de ofrecer sacrificios a Júpiter Óptimo Máximo, a Juno, a los Hados, a Apolo en el Palatino. Todo este espectáculo hizo que pareciera haber surgido una nueva Edad de Oro.

Términos clave durante el mandato de Augusto fueron: paz, seguridad, prosperidad. Parecía que había comenzado una nueva etapa y se confirmó con la divinización del propio Augusto. Quizá una idea descabellada, pero en términos de conceptos romanos es igualmente seria y respetable. Un dios era aquel que hacía que las cosas marcharan bien y diera bendiciones al pueblo. Si tenemos en cuenta la enorme crisis anterior a Augusto del siglo I a.C.y el milagro que hizo Augusto trayendo la paz, debió de ser considerado como tal, como dice Propercio, un mundi servator. Esto luego favoreció al cristianismo y a la idea de que todos los emperadores eran más que simples seres humanos.

Un claro ejemplo del intento de edificación de la persona lo encontramos en Julio César, que levantó una estatua suya en el templo de Quirino, creó estatuas de sí mismo en los templos de toda Italia, nombró un mes con su nombre, se instituyó un templo en su honor. Antonio fue otro personaje que se identificó con Dionisio, llegando a Éfeso y a Atenas para consagrarse como tal. Unido a Cleopatra, pretendía ser deificado al igual que ella y visto como un dios.

Augusto fue más prudente que ellos y no pretendió en vida glorificarse como un dios, pero sí dejar una puerta abierta tras su muerte para ser visto y adorado como tal si el pueblo lo decidía así. Para ello se denominó como Divi filius, hijo de Dios (Julio César) y como augustus, el “Venerable”. También promocionó dos cultos. Uno es el Numen Augusti, la Voluntad Divina de Augusto, culto en consonancia con la creencia común en la existencia de un espíritu divino dentro de la persona. Y el otro es el genio de Augusto, supuesto poder que permitía la perpetuación de generación en generación. Esta idea se fusionó con la del daemon protector de una persona durante toda su vida, como un ángel de la guarda

Mito y Religión Romana

1. Los dioses

La religión sirve como mecanismo de seguridad en la vida. Los romanos tienen mucho interés por los procesos naturales de los que depende su felicidad. Todo hecho cuyas causas no son fácilmente explicables es recurrido por la intervención divina o la Fortuna, es decir, todo lo que no es explicable es atribuido a una divinidad.

“Todo está asociado a la actividad divina y espiritual, y es el resultado de ella.”

Todos los procesos y hechos de la vida están vinculados con las divinidades. Existen varios aspecto a distinguir, a saber: los hechos importantes son controlados por la divinidad; los hechos particulares por los dioses.

Los cultos primitivos se relacionan con la forma de vida de la época. Así cultos como los de Ceres o Pomona. Los dioses se van incorporando a la sociedad romana a medida que se desarrolla la sociedad y, sobre todo, a medida que surgen los problemas, ya que los dioses aparecen cuando hay algún hecho extraño, inexplicable que se quiere evitar y dejarlo así en manos de los dioses. Un ejemplo de ello es la crisis del siglo V a.C. en el que se entra en una depresión económica, una escasez del grano y una epidemia. Por ello se funda la institución del culto a Mercurio, que garantiza así las transacciones comerciales, Ceres, que activa la germinación, y Apolo, que suministra el poder de curación. Roma acogerá cultos de otras civilizaciones y pueblos cercanos para soliviantar sus necesidades.

Cada dios estaba encargado de una función vital, ya que los romanos buscaban ante todo su seguridad y bienestar confiando para ello en la actividad divina. Los fenómenos climáticos y atmosféricos se explicaban y atribuían también a los dioses, ya que la lluvia o el calor resultaban fenómenos propios de los dioses. Así, por ejemplo, Júpiter Lutecio o Júpiter Fulgur. La sociedad romana era muy práctica. Se llegaba incluso a hacer un listado amplio de dioses para actividades de todo tipo, divinidades menores. Las funciones importantes son las que están en manos de los dioses. Algunas actividades resultan muy importantes en la vida cotidiana de los romanos.

Muchos dioses también se atribuyen a espacios físicos, tales como bosques, fuentes, ríos, cuevas, que conforman parajes sobrenaturales y cargados de misterio y divinidades. Así ríos como el Tíber son considerados como divinos y representados como tales en la literatura y en el arte.

No sólo había dioses en el ámbito familiar e individual sino también a nivel de grupos y por Estados y ciudades. Cada gremio llevaba a cabo una actividad y ésta estaba sujeta al control divino, ya que se confiaba en el dios para su porvenir y prosperidad. A nivel superior encontramos los intereses comunes de la patria. Cada ciudad posee un dios patrón que simboliza sus aspiraciones y actividades, y del que se piensa que tenía allí su morada. Cada uno de ellos protegía su ciudad. Juno estaba en Veyes y tuvo que ser trasladada a Roma mediante la evocatio para que renunciara a Veyes y ésta pudiera ser vencida. El líder romano era Júpiter Óptimo Máximo, cuyo templo dominaba el corazón de la ciudad y era considerado como el dios que aseguraba los éxitos y daba fuerza a todas sus empresas. Júpiter tenía tal veneración y respeto que Cicerón lo nombra como el salvador de Roma tras el intento de conjuración por parte de Catilina. Los dioses patrios eran difíciles de abandonar cuando alguien tenía que exiliar. Un ejemplo de ello está en Ovidio, que que se despide de los dioses de la gran ciudad de Rómulo y sus templos.

La religión romana se ocupaba del éxito y no de las desgracias. La felicidad era la meta en la vida y ésta dependía del resultado favorable de todas las actividades cotidianas, en el comercio, la vida privada, los negocios. Todas estas actividades no se podían controlar científicamente, por lo que su éxito no se podía garantizar y así se atribuya a la fuerza divina. Horacio dice: “pongámonos tan cómodos como podamos. Deja lo demás al cuidado de los dioses; tan pronto como ellos han puesto calma en los vientos que combatían sobre la encrespada llanura del mar, dejan de agitarse los cipreses y los vetustos olmos”. Los dioses actúan sobre fuerzas de la naturaleza que el hombre no puede controlar, por lo que lo que puede hacer es desear lo mejor y ganarse el favor de los dioses.

Los dioses no son autores del cambio de carácter en las personas, ya que los romanos consideraban que una persona nacía con un carácter determinado así para toda la vida. Había una inclinación natural, un carácter (suus ingenium), que no se podía modificar. En cualquier caso la religión era un instrumento que podía hacer más débiles a los humanos, pero no podía transformar su carácter en una nueva forma de ser.

La religión romana no mira la moral del hombre, si es bueno o malo, sino que siendo práctica sólo le interesa el rito, la forma de llevar a cabo las oraciones y el sacrificio. Posterior a la época augustea la religión tradicional se impregna de la filosofía y las tradiciones orientales. El estoicismo fue la corriente filosófica más importante en Roma. Cicerón fue alumno de un estoico y dijo que dios penetraba la naturaleza de todas las cosas. Por tanto, toda actividad humana tenía algo de divino.

Es exagerado decir que el hombre no emprendía nada sin el favor de los dioses. En la vida cotidiana el romano no estaba especialmente interesado en la ofrenda pública, excepto en tiempos de gran preocupación o euforia nacional. Esta labor pública quedaba a cargo de los sacerdotes y magistrados. El romano de a pie no tenía por qué preocuparse, excepto en los días festivos, de significado religioso.

En Roma nunca hubo una clase sacerdotal y una gobernante, ya que estos cargos estaban ocupados por las mismas personas. Los cargos sacerdotales por los magistrados, como en el caso de César, por lo que le interés religioso no decayó. Los grandes sacerdocios eran considerados más como un cargo de distinción social que como mero cargo religioso. La religión en su aspecto público podía estar atendida sin que el público participara. Los magistrados conformaban la base religiosa del Estado. Su labor debía ser llevada a cabo no sin contar antes con el favor divino, antes de cualquier acto público

El éxito dependía en todo de la colaboración divina y el objetivo de la religión era provocar esa colaboración. La religión pública y privada se caracteriza por tres principios para regular la relación entre hombres y dioses: la oración, el sacrificio y la adivinación. Esto conforma el ius divinum. Los pontífices eran los encargados de transmitir generación tras generación todos esos datos y tradiciones que servirían para la comunidad. Así el ius divinum se utilizaba, por ejemplo, para fundar una ciudad, establecer su calendario y sus celebraciones y sacerdocios. Siguiendo estos pasos se creía que se podía mantener una relación correcta entre dioses y hombres, lo que los romanos denominaron como la pax deorum.

2. La oración:

El nombre identifica a personas o dioses y los dota de significado. Saber el nombre de los dioses da seguridad a la hora de invocarlos y referirse a ellos.

La religión romana era compleja en sí misma y en sus dioses, por lo que los pontífices recopilaron listas de indigitamenta. Era preciso hacer la invocación al dios de manera apropiada y con el nombre apropiado.

Algunos nombres no podían pronunciarse a causa de su poder o por querer ocultarlo, como en el caso de la ciudad de Roma, que en realidad era otro y por su valor no se conocía, sólo los pontífices. Según Servio, los romanos querían ocultar la identidad del dios que protegía Roma y, por eso, la disciplina sacerdotal dictaba que los dioses de Roma no debían ser invocados por sus nombres por temor a que fueran alejados.

Los dioses debían ser propiamente invocados, mejor cuantos más recursos se utilizaran, es decir, era precios delimitar bien la figura del dios para no llevar la invocación a error. Un claro ejemplo lo encontramos en le poema 34 de Catulo, que invoca a Diana con varios nombres: Latonia, Juno Lucina, Trivia, Luna. Y termina el poema diciendo: “sis quocumque tibi placet santa nomina”. Servio dice en Sobre la Eneida a Júpiter Óptimo Máximo: “sive quo alio nomine te apellari volueris”. Y Esquilo dice aen el Agamenón: “Zeus, quienquiera que seas, si así le place ser llamado, con este nombre yo le invoco”. Evandro decía que en los bosques habitaba una divinidad, pero no se sabía cuál, por lo que se tenía miedo a poder ofenderla. En Grecia San Pablo comenta una inscripción que dice “a un dios desconocido”. Pero este desconocimiento era consciente, aunque San Pablo dice que él les anunciaría el dios correcto. Los romanos fueron muy refinados porque llegaron a a concretar sexo entre los dioses. En Catón el Viejo se puede la leer la fórmula si deus si dea. Otra precaución era la de nombrar a todos los dioses en colectividad tras haber nombrado a cada uno por separado antes en la invocación.

Un mismo dios podía tener varias funciones, por lo que había que tener sumo cuidado a la hora de la invocación para que atendieran a ella correctamente.

Cada dios tenía un lugar principal de culto, como Apolo en Delfos. En el momento de invocar los romanos tenían el cuidado de ponerles la dirección a donde iba dirigida su oración.

El primer objetivo era granjearse la atención del dios. El siguiente era convencer al dios de que la petición era razonable y de que cumplirla figuraba entre sus competencias. El éxito de la oración dependería en gran medida de la aceptación de lo que el ser humano ofrecía en compensación. Había dos razones muy eficaces por las que el dios podía considerar una petición con agrado: a) Que ya antes lo hubiera concedido; b) que entraba dentro de su competencia.

La petición al dios podía tomar muchas formas según las necesidades y las circunstancias del solicitante. Podía deberse a algún motivo específico a podía tratarse de un favor más general. Las frases más repetidas y comunes son “a mí, a mi casa y a mi familia”, “dame prosperidad y salud”. Había dos tipos de oración o petición: la privada y la pública. Y las peticiones no tenían por qué ser siempre de carácter positivo, pidiendo un favor, sino que también se pide evitar el daño y mandarlo hacia otras personas o naciones o pueblos. Por tanto, se hacen oraciones para pedir favores positivos, para alejar los daños personales y para desviar el mal a otras personas.

En época augustea las oraciones eran civilizadas y no eran malévolas. Se pedía tranquilidad y paz. Augusto pide disfrutar de la ayuda de los dioses tras su vuelta de Accio. Horacio dice a Apolo que no pide nada más. La mentalidad romana tenía miedo a provocar la envidia de los dioses.

En fin, el contenido de las oraciones e invocaciones debía ser muy meticuloso, tanto a la hora de nombrar correctamente el nombres o nombres del dios como a la hora de abarcar todas las posibilidades. Las invocaciones de los textos denotan una gran similitud con el derecho y la forma de redactar del mismo. Se debía tener una estricta severidad para realizar la oración y llevarla a cabo con éxito. Cuando había que llevar a cabo una oración complicada se llamaba a un sacerdote profesional, tras el que el magistrado repetía cada frase en voz alta y clara. En los actos oficiales, la precaución final era tomar un flautista para ahogar los sonidos que pudieran distraer al dios a invocar. Los romanos se tomaban tanta molestia en el proceso de la oración porque ellos mismos creían que daba resultado y, en la medida en que creían que funcionaba, realmente funcionaba. La reclamación que hace el suplicante al dios no se basa tanto en la moral como en su pietas(sentimiento por el que se reconocían y cumplían todos los deberes para con los dioses, los padres y la patria).Catulo en 79, 26 pide a los dioses en pago a su pietas que lo liberen del amor que siente por Lesbia. En realidad no tiene nada que ver con una buena conducta moral, sino con los deberes del ciudadano romano para con la mayoría, la familia y los dioses.

La forma más común de influir en los dioses es a partir del sacrificio. Los romanos relacionaron la oración y el sacrificio de dos formas totalmente distintas. Una de las maneras consistía en una petición al dios acompañada de un sacrificio o promesa de tal, esperando a cambio el favor del dios mientras éste tiene derecho a lo mejor que le pueda otorgar el hombre. Sin embargo, la otra consistía en declarar o prometer sacrificio a los dioses si éstos antes accedían a su petición. El sacrificio deja de ser una ofrenda de buena voluntad y se convierte en un convenio. En la práctica cabe destacar la humildad y la gratitud. El sacrificio o presente para el dios era elegido en la sincera creencia de que agradaría al dios. Entre dioses y romanos hay una especie de contrato, un acuerdo, dar para recibir.

El voto privado consistía en escribir la petición y la ofrenda prometida en una tablilla de cera que se ataba a la rodilla de una estatua del dios en cuestión, por lo que se era “reo de su voto”(voti reus). Si el dios contestaba a la oración se levantaba algo en su recuerdo y se decía que se era “condenado de su voto”(voti damnatus). Los votos públicos tienden a ser más descuidados e impersonales.

La oración consiste en la súplica sincera con un espíritu humilde para con los dioses, utilizando un lenguaje preciso, casi jurídico, al menos igual en su forma, haciendo referencia a los precedentes y hechos anteriores concedidos por los dioses, pidiendo la seguridad y la paz, teniendo siempre en cuenta todas y cada una de las posibilidades para no caer en el error y no enfadar al dios en ese intercambio de favores mutuos.

3. El sacrificio.

El sacrificio es literalmente “hacer algo sagrado”. Los romanos creían que era el medio más efectivo de influir en los dioses. Este acto de sacrificar se realizaba en un lugar concreto, dedicado íntegramente a un dios. El sacrifico solía ser de animales generalmente, aunque también de cereales, flores, miel, fruta, vino, leche. También se podían hacer ofrendas a los dioses, pero la gran diferencia era que por medio del sacrificio se daba el principio de la vida. Cada dios tiene a su cargo una función concreta, por lo que su actividad requiere vitalidad, que debía ser renovada, ya que si no se debilitaría. El devoto reza para que su sacrificio revitalice al dios, capacitándolo así para aceptar las peticiones que se le hacen. Los animales son los seres más vigorosos y contienen los órganos que dan la vida y la mantienen: el corazón, los riñones, el hígado. Son las partes que se solían ofrecer a los dioses y coincide que son partes comestibles para los humanos.

El sacrificio era llevado a cabo por los magistrados y empleados del Estado. La elección de la víctima era dictada por los manuales de los pontífices y dependía del dios implicado y de las razones del sacrificio. Uno de los principios era que los animales machos eran siempre ofrecidos a los dioses y las hembras a las diosas. Los colores eran muy tenidos en cuenta: blanco para Juno y Júpiter y deidades celestiales; el negro para los dioses de ultratumba. También dependía el tipo de animal según las celebraciones del Estado.

Concedido el voto se iba al templo para fijar el día apropiado con el aedituus, decidir los profesionales para degollar el animal y contratar un flautista para acallar los ruidos. Después se iba al mercado si no se disponía de animales propios. Se compraba teniendo en cuenta que tenía que ser perfecto para el sacrificio y para honrar bien al dios. De camino al templo no debía ocurrir ningún altercado fuera de lo común. Llegados allí se entregaba a los sacerdotes y daba comienzo el sacrificio.

El sacrificio se llevaba a efecto fuera del templo. Estaba prohibido para el fiel entrar. El centro lo ocupaba una sala tabicada en la que se hallaba la estatua muy decorada con joyas del dios del templo. La sala era conocida por el nombre de cella. La luz era escasa y no había nada más ahí dentro que el propio dios. Detrás de ésta estaba otra sala/s para guardar los tesoros, lo que los griegos llamaron opistodomo. Posterior a la cella se encontraba una sala abierta al exterior con una columnata, sirviendo de refugio para la lluvia y el sol.

Al hacer un voto el romano entraba en la cella, colgaba las tablillas de cera de la estatua y luego rezaba frente a la estatua extendiendo las manos hacia ella. Pero realmente el sacrificio se realizaba delante del templo, en un altar de piedra donde había un fuego encendido. Era preciso cerciorarse de que el sacrificio no era vigilado ni hurgado por nadie que pudiera contaminarlo. Se pedía la mayor pureza en todos los aspectos para llevar todo a buen término. Por ello después del acto los sacerdotes se lavaban las manos con agua sagrada. Para comenzar se ordenaba silencio, a excepción del flautista. Los sacerdotes se cubrían la cabeza, tomaban una bandeja y la elevaban colmada de harina sagrada mezclada con sal (mola salsa) que luego se esparcía entre los cuernos del animal, mientras los ayudantes lo sujetaban. Este acto se llamaba immolare. Entonces después un ayudante pasaba el cuchillo simbólicamente por su lomo desde la cabeza hasta el rabo. Parece ser que en ese momento se pronuncia la oración, muy cuidada y ensayada para evitar cualquier error, ya que si se erraba se debía repetir todo de nuevo. Posteriormente el victimiario preguntaba “¿lo hago? (agone?) y al recibir la afirmación tomaba un martillo y golpeaba al animal en la cabeza haciéndole caer a sus pies. Seguidamente el cultrarius le cortaba el cuello, boca arriba en beneplácito de los celestiales y boca abajo para los del infierno. De repente la sangre salía a borbotones inevitablemente, más aun en el caso del buey al cortarle su vena principal, derramando nueve litros. Generalmente la sangre era limpiada tras el ritual. El animal no debía huir ni renegar, ya que habría fallado todo. Tras la muerte se miraba todo el cuerpo, por dentro y por fuera. Lo más importante eran los órganos vitales del animal, reservados a los dioses y llamados exta. Se depositaban en el altar para su consumo y más tarde eran devorados por las llamas. Luego quedaba el resto del cuerpo animal, que se consumía allí mismo o era vendido en el mercado. Allí en los templos había unas pequeñas cocinas y cenáculos.

El procedimiento por el que se lleva a cabo todo esto es detallado y exacto, perfeccionado a lo largo de los siglos de tradición. En manos de sacerdotes expertos, un sacrificio era probablemente tanto un acto de devoción como un acto conmovedor. Un muerte debía ser solemne y de por sí era emotiva. Si se cometía el mínimo error se debía repetir todo por completo (instauratio), junto con una ofrenda por el error previo (piaculum).

Los romanos fueron educados desde niños, en el círculo familiar y en la esfera más amplia de la religión pública con sus celebraciones anuales y ceremonias especiales. En la idea de que tales ofrendas eran del agrado de los dioses.

4. La adivinación.

En la religión romana van a tenerse en cuenta dos creencias: la búsqueda de cuál es la voluntad divina y que los dioses envían señales en forma de fenómenos extraordinarios. Mucho que ver en esto tiene el estoicismo, que defendía que el universo estaba compuesto de un espíritu ardiente que lo impregna todo, siendo los humanos parte de él. Este espíritu racional ordenaba y controlaba cualquier cosa que ocurriera. Estaba presente en cualquier cosa y ser vivo había un contacto permanente. Por eso los romanos llegaron a observar el cielo para recibir señales divinas y a analizar el hígado de los animales.

La astrología entró en Roma por el siglo II a.C.. Este pensamiento oriental defendía que los cuerpos celestes movían los acontecimientos humanos y naturales, y todo estaba supeditado a ellos. Por lo tanto, se creía en la existencia del destino. La vida estaba predestinada, lo que anulaba la existencia de los dioses y de la religión. Por otro lado se decía que los astros estaban controlados por los propios dioses.

El estoicismo y la astrología contribuyeron a mantener la fe en los métodos tradicionales de adivinación practicados en Roma. La adivinación nunca adquirió mala fama. Las reglas y las interpretaciones estaban muy formalizadas. Existía un grupo limitado de funcionarios reconocidos a quienes se podía consultar para interpretar las señales o para saber si se contaba con la voluntad divina. Este proceso lo llevaban a cabo para la luz pública los magistrados, aconsejados y asesorados por los augures, mediante la oración y el sacrificio. Lo privado ya dependía de cada particular.

Los dioses enviaban su voluntad , mediante dos signos: antes de emprender una acción se denomina impetrativa; y los que eran enviados de manera fortuita sin petición previa, llamado oblativa. Se aplicaban tanto a la vida pública como privada, pero es más frecuente en la pública por los testimonios que tenemos.

Siempre y antes de tomar una decisión de Estado había que averiguar la voluntad del cielo. El método más frecuente era el de los auspicios (auspicia), es decir, la observación de las aves. Esto consiste en observar el cielo bajo una franja delimitada del mismo en la que se buscaba un signo. En Roma existía un lugar denominado auguraculum, donde el magistrado pronunciaba la fórmula ritual para designar la zona del cielo escogida. El augur que le acompaña interpreta todo lo que este dice con los ojos vendados. En el proceso se tienen en cuenta las aves a observar y los movimientos de estas y los sonidos que emiten. El otro método consistía en estudiar cómo comían las aves. Había para ello unos cuidadores autorizados. Ellos guardaban unas gallinas sagradas en las expediciones militares como último remedio si no había en el cielo. Se les abría la jaula y se les arrojaba un trozo de pan. Era buen signo que trataran de engullirlo y les cayeran migas del pico. Sin embargo era mal presagio que no salieran de la jaula o que se alejaran.

Otro método de adivinación era la observación de los rayos. Como atributo de Júpiter era la señal de mayor autoridad. Donde caía un rayo este lugar era declarado sagrado inmediatamente. Al caer un rayo los asuntos públicos eran detenidos. Era rutinario que un magistrado viera un rayo mientras interpretaba los auspicios.

Los dioses podían ser consultados y también dar a conocer su voluntad enviando una señal. Si estos no estaban dispuestos a colaborar había motivo de preocupación, por lo que se intentaba una reconciliación. Esto se recoge en las crónicas históricas, la narración de presagios y prodigios. La Historia era para los romanos el relato de la intervención divina en los asuntos humanos. Livio recoge en su obra multitud de casos acerca de los signos enviados por los dioses. Los romanos estudiaban tales signos. Era difícil distinguir la frontera entre la superstición y la adivinación. También era muy importante la interpretación de las observaciones casuales. El magistrado podía consultar el cielo para que la divinidad le diera un sí o un no ante cierto asunto. Si existía duda se requería el asesoramiento de un augur.

Los signos fortuitos (oblativa) eran utilizados por los dioses cmo un lenguaje para comunicar mensajes positivos por propia iniciativa. Estos signos no eran siempre fáciles de interpretar. Los magistrados se valían de la ayuda de los augures siempre que era necesario. Cuando las medidas y remedios habituales fallaban se acudía a los Libros Sibilinos. Éstos se perdieron y fueron reemplazados por otros, a cargo del colegio de los quindecimviri. Al igual que los sacerdotes y los pontífices, estos no eran sacerdotes profesionales. Era un cargo público y una distinción social ser elegido para el colegio. No se sabe exactamente cómo funcionaba la forma de consulta de estos libros pero sí se sabe que sus consejos siempre se seguían.

En cuanto a la vida privada nos dice Cicerón que tampoco se daba ningún paso importante sin averiguar antes la voluntad del cielo. Hechos tales como el matrimonio, la llegada a la mayoría de edad.

Uno de los hechos más característicos fue la interpretación a partir de los hígados. Así nació una ciencia controlada por los harúspices. Estos procedían de Etruria. Durante el Imperio cada emperador viajaba con uno de ellos. Interpretaban el hígado, que contenía dos mitades con dieciséis zonas, divisiones que los etruscos hacían del cielo, indicando la correlación entre la vida cósmica y la terrestre. Además se solicitaba su opinión acerca de los terremotos. Estos también fueron criticados duramente por jugar con supersticiones inútiles. Pero la gente seguía consultándolos. Incluso el emperador Tiberio llegó a regularizar la profesión, que carecía de prestigio, no como los augures o pontífices. La consulta de la interpretación de los hígados fue defendida por el estoico Epicteto y continuó siendo una de las principales formas de augurio privado.

También ha tenido mucha importancia la interpretación de los sueños, considerados en muchas civilizaciones como algo extraordinario y como medio de comunicación con el más allá y con los dioses. Se piensa en la capacidad para predecir el futuro. Hay referencias antiguas que indican la previsión de los sueños, como el que avisó a Augusto de que no quedara en su tienda, que fue luego destrozada en un ataque. La tradición épica y homérica ya decía que los sueños los enviaba Zeus. Al final de la República y posterior se hizo un gran negocio con las interpretaciones de los sueños. Artemidoro escribió un libro sobre esa interpretación que nos ha llegado hoy día. Sin embargo, Lucrecio recoge en su obra una explicación racional sobre los sueños e intenta disipar el misterio de los sueños para que el hombre no piense que forma parte de la inspiración divina. En cualquier caso los sueños eran entendidos como comunicación con los dioses.

5. El año religioso.

Los romanos realizaban oraciones y sacrificios en momentos puntuales, pero también tenían un calendario religioso que les permitía regularizar el culto y las fiestas, asegurando los deberes oportunos para con los dioses. Desde tiempo atrás, los romanos habían elaborado un calendario con las fechas de todas las celebraciones fijas (feriae Latinae) y las celebraciones movibles (feriae conceptivae).

A lo largo de los siglos se había utilizado un calendario lunar ajustado a un año solar. Julio César fue quien lo reformó en el 46 a.C. ayudado de Sosígenes, y es el suyo el que conservamos casi íntegro. Cada día del año era marcado con una letra a su lado. La N (nefasti) indicaba un día en el que ciertos asuntos públicos no se podían realizar y la mayoría de ellos estaban reservados a celebraciones relativas a los muertos y a la purificación. NP indicaba las grandes fiestas del Estado. Ocho días al año estaban marcados por En (endotercisus) para celebraciones religiosas por la mañana y por la tarde. Eran fiestas civiles y normalmente había cierre general aunque Cicerón ya dice que la ley podía tratarse en esos días, como otros asuntos cotidianos. Los días marcados por una F (fasti) eran días laborables normales. Los días C (comitialis) significaba que las asambleas se podían mantener convenientemente.

El calendario estaba dividido en meses, de los que había una semana para fines civiles corrientes con un día de mercado (nundinae). Había tres momentos clave para fines religiosos: las Kalendas, primer día del mes, las Nonas, quinto o séptimo día, y los Idus, el decimotercero o decimoquinto día. Respectivamente estas fechas puntuales estaban consagradas a los dioses Juno, celebraciones movibles a cargo del rex sacrorum y Júpiter. A nivel particular cada romano también tenía su propio calendario, señalando los días que creía propicios o desafortunados. Que hubiera un calendario no aseguraba un éxito rotundo en la presencia de fieles. No ocurría igual en época de los reyes que en la Roma comercial de Augusto. Lo realmente importante es que el acontecimiento se llevara a cabo sin ningún problema y con toda corrección.

El calendario romano comenzaba en marzo, fecha que se retrasó a enero por problemas administrativos y que César conservó en su reforma. Enero era el mes de Jano, cuyo acontecimiento destacable era el sacrificio ofrecido por los cónsules el 1 de enero, de fecha tardía y marcado como día laborable, F. La otra fiesta era la llamada Compitalia, movible y fijada por el pretor. De origen agrícola, consistía en cuatro propiedades cruzadas por caminos, donde se erigía una capilla y cuatro altares a su alrededor. Esta fiesta simbolizaba el fin del año agrícola. Los agricultores depositaban los arados, un muñeco de lana y una madeja de madera en la capilla. El objetivo era revitalizar toda la finca para los meses posteriores. Al día siguiente se ofrecía un sacrificio y se tenía un día de fiesta. En la ciudad los altares se colocaban en el borde de los caminos de cada edificio. Se celebraba en medio de las cuatro calles que se cruzaban.

Febrero tiene su nombre en februum, instrumento de purificación que estaba muy vinculado a las dos grandes celebraciones de este mes: las Parentalia y las Lupercalia. Las dos se centran en el bienestar de los muertos y su descanso. Las Parentalia duraban del 13 al 24 y los templos permanecían cerrados y no se celebraban bodas. Estaban dedicadas exclusivamente al cuidado de los padres fallecidos. A los difuntos se les llamaba manes y se creía que en la tumba necesitarían de alimentación. Por eso cada año se les debía proveer para que no se consumieran o atormentaran a los vivos. Era costumbre enterrar a los difuntos padres con una comida. En época de Ovidio desfilaban en esos días grupos de dolientes con ramos de flores y jarros de leche y miel camino de los cementerios. El día 22 todos los miembros de la familia se reunían en una cada para cenar. Fiesta importante para la vida romana. Pero la más famosa de las fiestas antiguas era sin duda las Lupercalia, de las que se sabe poco. Se sabe que había una gruta en el Palatino llamada Lupercal y a la que cada día 15 dos equipos de jóvenes llamados luperci se daban allí cita para sacrificar cabras y un perro. Seguidamente el jefe de cada grupo se manchaba la frente con sangre de las víctimas y luego se limpiaba con un trozo de lana mojada en leche, a la par que profería una sonora carcajada. Después seguía una fiesta para estos luperci que se cree acababa en melopea. Seguidamente los dos grupos salían vestidos con las pieles de cabra y disputaban una carrera desnudos por el Palatino. Era el momento cumbre de la fiesta y se agrupaba la gente para verlo. Fue una fiesta con tintes de diversión, pasión y también fervor religioso. Gran acontecimiento que se prolongó hasta el siglo V.

Marzo era el mes del dios Marte, protector del crecimiento y dios de la guerra. En este mes comenzaba tradicionalmente el año con el envío de las tropas pasado el invierno y el renacer de la vegetación. Decir año nuevo es decir vida nueva, una nueva etapa, de renovación. El fñamen martialis seguía celebrando estas fiestas ocultamente. El 1 de marzo el fuego sagrado de Vesta era reencendido. El 14 había uan fiesta que consistía en una carrera de jinetes de gran atracción popular. Igual que el 23, en que las trompetas sagradas, las tubae, eran purificadas. Pero lo más importante y de cara al público era la celebración de los salii, doce jóvenes patricios elegidos por el colectivo que se dejaban ver por las calles de Roma bailando una danza de guerra vestidos con un uniforme antiquísimo. Su canto era incluso ininteligible. Estos se encaminaban el 1 de marzo hacia el santuario de Marte, de cuya regia tomaban doce escudos de bronce, semejantes a los micénicos con forma de ocho. Así bailaban y danzaban durante días guardándose cada noche en una parte y casa diferente de la ciudad para cenar y descansar. El punto clave llega el día 19, conocido como Quinquatrus, también fiesta de Marte, en que actuaban en el comitium, centro de la ciudad, en presencia de los pontífices. Daba a su fin el día 24 cuando los escudos regresaban a la regia. Fiesta de origen se halla en la Edad del Bronce, por lo que los trajes y materiales representan dicha edad. Los salii gozaban de gran prestigio, pero parece que no tanto ya en la República. Es algo habitual que en todas las civilizaciones se celebren fiestas en honor al comienzo de la vida, a su renacer y a la vuelta del calor.

El mes de abril, cuya etimología proceda de aperio, mes en que se abren la cosas, está plagado de fiestas y celebraciones. El 1 de abril las mujeres trabajadoras se bañaban en las termas de los hombres y pedían a Fortuna Virilis buena suerte para con estos. Los baños no eran mixtos. Las grandes fiestas con significado para Roma fueron: las Parilia el 21 de abril, las Floralia el 28 y las feriae Latinae. Las Parilia se celebraban en honor de Pales, deidades pastoriles de gran antigüedad y de origen incierto para los contemporáneos, no sabiendo si eran dos ni el sexo. Su fin era purificar las ovejas y los rediles, y alejar las enfermedades de los rebaños. Mantuvo su popularidad porque se identificó con aniversario del nacimiento de la ciudad. Esta fiesta se hacía como acto público oficial, dirigido por el rex sacrorum, y de forma privada. Cada curia de las treinta de Roma lo celebraría. Se organizaba una gran hoguera común y sobre ella se arrojaba sangre seca de caballo y cenizas de terneros. La mezcla la guardaban las vestales, que la distribuían en cada hoguera de las Parilia. El momento cumbre llegaba con el salto de la hoguera por tres veces por parte de los asistentes, que a la vez se habían rociado las manos con agua sagrada con rama de laurel. La fiesta concluía con un banquete al aire libre. Lo curioso de esta fiesta es que parte de un origen pastoril hasta llegar a convertirse en nacional y urbana. Las Floralia rendían culto a la diosa Flora, diosa antigua con sacerdote propio . los Libros Sibilinos recomendaron instituir unos juegos en su honor, de carácter erótico y sexual, para que el sexo floreciera. Estos juegos celebrados en el Circo Máximo tenían como detalle el arrojo de garbanzos, habas, sobre el público para que estos estimularan su fertilidad. También se soltaban liebres y cabras. No destacaba el florecimiento de árboles y plantas sino el del sexo. Las feriae Latinae fueron un acontecimiento muy serio, dedicadas al dios Júpiter Laciar. Englobaba tanto a romanos como a latinos y se celebraba en el monte Albano, fuera de Roma. Se remonta a la época en que Alba Longa era la capital del Lacio. Los pueblos vecinos enviaban sus representantes y sacrificaban una ternera blanca que después se consumía en un banquete. Lo que duraba el acto se mantenía la paz. Incluso los cónsules asistían a esta fiesta. La simbología de tal fiesta reflejaba la grandeza imperial de Roma, causada a la unión de los demás pueblos latinos y dependía de la perpetuación divina de esa cooperación. Se convirtió en un símbolo del Imperio mundial de Roma.

El mes de mayo, cuya etimología es algo incierta, quizá significa crecimiento (maior), es un mes bastante triste para los romanos y traía mala suerte. Las fiestas principales de mayo son: las Lemuria, celebradas los días 9, 11 y 13 en en honor a los espíritus, muertos del ámbito familiar, de los que se pensaba que esos días ascendían y vagaban por las casas de sus parientes. Estas fiestas eran de carácter público de larga tradición, tomadas en serio por los romanos. No se sabe qué se sacrificaba pero Ovidio nos transmite el ritual de un cabeza de familia celebrándolo en privado. Se levantaba a medianoche y se lavaba las manos. Caminaba descalzo por la casa escupiendo nueve judías negras. Cada vez que escupía una miraba hacia otra parte y decía “con éstas me rescato a mí y a los míos”. Los espíritus se arrastraban y comían las judías mientras él se lavaba las manos de nuevo y a continuación pronunciaba nueve veces “espíritus ancestrales, alejaos”, miraba a su alrededor y los espíritus se desvanecían. Entre los espíritus eran los jóvenes muertos los más poderosos al guardar tanto rencor. La concepción sobre la muerte de los romanos era la mezcla entre la griega y los pensamientos itálicos. La creencia griega no era creída, la vida tras la muerte, pero aceptaban la esperanza o el temor de que el espíritu efectivamente sobreviviera. También está la máxima estoica de gran repercusión que dice que al morir el cuerpo, el alma subsiste en el aire hasta que se disuelve dentro del gran espíritu del universo. Las Lemuria se correspondían todavía con la profunda preocupación que se sentía en la conciencia de la mayoría de los romanos. Existía una ceremonia llamada Lustratio. Era fundamental saber cómo resultaría la cosecha y más en ese mes, por lo que se tomaban una serie de medidas para salvaguardar la seguridad. El ritual consistía en llevar en procesión por tres veces un buey, una oveja y un cerdo alrededor de los campos para después sacrificarlos a Ceres, diosa del crecimiento, o a Marte, dios de la fuerza. Se creía que esto purificaba y protegía los campos de fuerzas dañinas. Es igual que la idea del círculo que protege a quien se halle dentro, como las ciudades y el pomerium, espacio libre e inmediato a las murallas de Roma, por dentro y por fuera. En Roma había dos ceremonias de este tipo. El Amburvium, cuando las víctimas iban alrededor de la ciudad para purificarla, y las Ambarvalia, la procesión en torno a los campos. Otra ceremonia conocida es la lustrum conde, ritual de purificación del pueblo de Roma que ponía fin a la elaboración del censo y a la revisión de la situación económica de los ciudadanos. El onjetivo era purificar al ejército como antes de una batalla, puesto que el censo se realizaba a los ciudadanos aptos para el servicio militar. El pueblo se agrupaba en el Campo de Marte y a su alrededor eran conducidos un buey, una oveja y un cerdo, que eran sacrificados a Marte. El censo cayó en desuso con las guerras civiles pero Augusto lo revitalizó, llevándolo a efecto junto con el lustrum por tres veces. De ahí procede nuestra actual palabra lustro, período de cinco años.

En junio se celebraban ceremonias tan espectaculares como las de las vestales. Su templo simbolizaba el centro de Roma. En él se guardaba el fuego sagrado, la alacena (penus), objetos sagrados, la Atenea rescatada de Troya, figuras de los dioses penates. El culto a Vesta era un símbolo del poder eterno de Roma. El 9 de junio se abrían las puertas a las mujeres casadas, que descalzas llegaban al templo ofreciendo alimentos. El resto del año solo podían acceder al templo las vestales y el pontifex maximus. Entonces el santuario se purificaba. Todo terminaba los Idus de junio con una noche ruidosa acompañada de flautistas, cena abundante, en el templo de Minerva en el Aventino. El 24 de juniose celebraba la fiesta de Fors Fortuna junto a las orillas del Tíber. Había dos templos de esta diosa río abajo. Esta diosa gozaba de gran fama y acogida entre los más pobres. Era la única divinidad que podía recibir culto tanto de esclavos como de ciudadanos libres. El día 24 la multitud acudía a los templos para ver los sacrificios. Era una fiesta popular pero también tenía su carácter religioso. También había otra serie de cultos ocasionales y no públicos. Pero sí cabe destacar los juegos de Apolo, celebrados entre el 6 y el 13, que ya no tenían carácter religioso al final de la República.

Agosto trae las fiestas más populares. El día 12 un pretor sacrificaba una ternera en honor de Hércules. Se le depositaba dinero y honras a cambio de ayuda e inspiración. Claro ejemplo es el del millonario Craso. Al día siguiente la fiesta de Diana en el monte Aventino. culto establecido por Servio Tulio como un medio para unir los pueblos latinos a Roma. El templo se convirtió en centro de reunión de esclavos, que no contaminaban el ritual. Y era un día de vacaciones para ellos. El día 21 se rendía culto a Consus, deidad cuyo templo se hallaba en medio de un hipódromo y relacionado con el rapto de las sabinas, ya que mientras los sabinos estaban absortos en contemplar sus juegos, los romanos pudieron robarles sus mujeres. Por esto Consus es identificado con las carreras ce caballos antes que con el almacenamiento de grano. El culto se rendía en el Circo Máximo y lo más solemne de la ceremonia era la procesión del sacerdote Quirino y las vestales camino de los sacrificios, mientras el público enmudecía.

Septiembre era un mes cuya mitad estaba dedicada a los ludi Romani. Pero el día 13 de finales del siglo VI a.C. había sido consagrado el templo de Júpiter Óptimo Máximo, el patrón de Roma. Este templo mantuvo su posición como centro religioso de Roma. Por el sacrifico de esa ternera por parte del cónsul, todos los senadores se reunían para celebrar un banquete junto a la triada capitolina, vestidos Júpiter, Juno y Minerva con elegantes ropajes compartiendo la comida con los seres humanos presentes.

En el mes de octubre se guardaban las herramientas de trabajo del campo y las armas ante la llegada del invierno. Esta purificación de armas del día 19 se emparenta con la del 19 de marzo. El día 15 de octubre se disputaban carreras de carros en el Campo de Marte. El cávalo de la pareja ganadora era sacrificado a Marte, se le cortaba la cola y era llevado a la regia para que su sangre chorreara sobre las cenizas del fuego sagrado que posteriormente se utilizaba como ingrediente en las Parilia.

En los Idus de noviembre se celebraban los juegos plebeyos, que junto al culto anterior hacían que los senadores estuvieran siempre en la ciudad, que consistían en un gran banquete y en la procesión desde el Capitolio hasta el Circo por el Foro. El día más importante de esta fiesta era el 15. Según Ovidio esta conocida pompa circensis estaba formada por gladiadores, hombres de a pie, a caballo, flautistas, bailarines, atletas aurigas, payasos. Al entrar al Circo los dioses transportados eran colocados sobre divanes especiales para ver los juegos cómodamente. Había también una fiesta de Júpiter en los Idus.

Diciembre era un mes lleno de cultos. A principios las mujeres más distinguidas de Roma, las vestales también, celebraban la fiesta de la Bona Dea, por la noche en casa de un magistrado. La víctima sacrificada era un cerdo y su fin era propiciar la fertilidad femenina, por lo que estaba prohibida la entrada a los hombres. Sobre el 17 se celebraban las Saturnalia, prolongada varios días con los años, cuya fiesta se abría con un gran sacrificio en el templo de Saturno en el Foro, seguido de un banquete para todo aquel que quisiera asistir. Toda la ciudad estaba en fiesta, todos se vestían con trajes de fiesta y se cubrían con gorros ligeros. Las calles estaban colmadas y se permitía jugar y apostar en público sin temor. Incluso los amos servían la comida a sus esclavos. Se regalaban juguetes, se visitaban familiares. Abundaba la buena voluntad por doquier y la igualdad radiaba las calles y a las personas. Se celebraba el último día del año.

6. La religión privada.

Al igual que había cultos para la colectividad, también existían clanes que tenían sus propias particularidades y ritos religiosos. Por ejemplo, dentro del ejército cada uno tenía su deidad protectora. Dentro de la familia era el cabeza de la misma quien se encargaba de dar los pasos oportunos para asegurar la protección del dios. Y cada uno seguía a un dios en particular, pero dentro del seno familiar había dos grupos de divinidades: los lares y los penates. Los lares eran los espíritus deificados de los antepasados. Cada casa poseía el lararium, pequeño santuario donde se les hacían ofrendas. Eran figurillas. Los penates velaban por la despensa y el aprovisionamiento de alimento. Los romanos ofrecían oraciones a Vesta antes de la comida principal del día. Estos dos grupos divinos vienen a simbolizar lo que para nosotros el hogar.

El nacimiento estaba vinculado a la diosa Juno Lucina, cyua ayuda y protección era necesaria. Al nacer el niño/a , los espíritus malignos eran expulsados de la casa. El nuevo ser era depositado en el suelo hasta que el padre lo levantaba como acto simbólico. Si era niña se consagraba un diván a Juno y si niño una mesa a Hércules. Esta ofrenda se mantenía hasta que madre e hijo eran purificados y se ponía un nombre al recién nacido.

Durante la infancia se llevaba un colgante llamado bulla y una toga bordada que identifica a quien la lleva como niño. Al hacerse adulto se desprendía del colgante y se ponía una toga lisa de adulto. Se le lleva al Foro y allí es presentado en público. Su nombre se inscribía en la lista de ciudadanos. Se agradecía haber llegado sano y salvo a la mafurez con sacrificios. Las Liberalia del 17 de marzo era la fiesta utilizada para este proceso.

Lo que respecta al matrimonio, este era celebrado mediante un ritual religioso, aunque no tenía por qué ser así. Pero sí había unos requisitos mínimos: ciudadanos libres, mayores de edad y legalmente independientes. El éxito dependía de la voluntad de los dioses, por lo que se desarrolló un elaborado ritual. Se averiguaba la voluntad divina por adivinación y la ayuda se pedía mediante el sacrificio. Después se celebraba la boda en sí, culminada por la procesión que hacía el novio llevando a la novia a su casa. Los romanos son quizá los más supersticiosos tal y como hoy entendemos ese término. Nos legaron la costumbre de llegar con la novia en brazos y pasar el umbral. Se hacía para evitar un tropiezo de mal augurio. Se tomaban todas las precauciones posibles para que todo saliera bien.

La muerte era otro tema relevante. Normalmente los cuerpos se incineraban. Antes se lavaba, se ungía con aceite y se vestía elegantemente. Era llevado al crematorio público (ustrinum). Se prendía una pira funeraria por parte de algún familiar. Al apagarse el fuego se recogían las cenizas en una urna y se depositaban en la tumba familiar junto con los objetos que el muerto pudiera necesitar. La casa estaba de luto y ocho días después se ofrecía un sacrificio a los lares, a quienes el difunto se había unido, realizándose una purificación ritual del edificio.

La religión privada fue perdiendo peso frente a la pública a medida que Roma se convertía en una gran ciudad. Siempre estuvo cercano a lo privado la magie y la superstición, pero con el tiempo ha predominado el interés general y la religión de la comunidad.

7. Los sacerdotes.

Para una religión y un ritual como el romano se requería una supervisión autorizada y competente. Sin embargo, no hubo una profesión exclusivamente sacerdotal. Todos los cargos religiosos estaban a cargo de emblemáticas figuras de la política, excepto el rex sacrorum y el flamen Dialis. Cicerón arguye a esto diciendo que “los ciudadanos más distinguidos salvaguardan la religión mediante la buena administración del Estado y salvaguardan el Estado mediante el sabio control de la religión”. Recuérdese que la vida romana dependía del grupo, que la religión es como un contrato, al estilo jurídico.

El sacerdocio llegó a ser un cargo de dignidad y un puesto influyente para la vida política. Todo el que aspirar a una carrera política debía tener en cuenta también la religión. Cicerón estaba orgulloso de haber sido augur a pesar de su escepticismo sobre los augurios como ciencia.

A finales de la República eran cuatro los principales colegios de sacerdotes responsables de mantener el culto a los dioses en general. Pontífices, augures, sacris faciendis y epulones. Los dos primeros grupos eran los más relevantes. Los cargos eran vitalicios. El único que era miembro de todos los colegios era el emperador.

El colegio más antiguo era el de los pontífices. En su origen se encargaban de las obligaciones sagradas inherentes a la construcción y el mantenimiento de los puentes. Su rango importante vino tras la expulsión de los reyes. Los pontífices aconsejaban qué hacer si un sacrificio iba mal o si aparecía un mal presagio. Tenían la autoridad suprema sobre el calendario religioso, establecían los días festivos. A su cabeza estaba el pontifex maximus, elegido no entre los pontífices. La residencia de este era la regia, en el centro del Foro. Los pontífices eran en número de dieciséis. Y este colegio incluía otro tres cuerpos: las vestales, los flamines y el rex sacrorum.

Las vestales eran seis y eran elegidas desde niñas entre las familias patricias para dedicarse durante treinta años al fuego sagrado de Roma. Se encargaban de preparar la mola salsa y de vigilar los objetos sagrados que había en el templo.

Dentro del colegio de los flamines había doce menores y tres mayores (Júpiter, Marte y Quirino). Cada uno de estos sacerdotes era un gran profesional al dedicarse exclusivamente a un dios. El flamen Dialis tenía multitud de tabúes y restricciones. Era el encargado de Júpiter. Uan vez quedó vacante su puesto y pasaron setenta y cinco años hasta que Augusto logró recuperar el cargo. Los flamines eran la herencia primitiva de los tiempo primeros de Roma en cuanto al sacerdocio.

El rex sacrorum apareció tras la expulsión de los reyes, teniendo él preferencia en las ceremonias religiosas. Ya al final de la República este cargo no era muy significativo, ya que fueron los pontífices quienes desempeñaron su cargo.

También estaban los quindecimviri sacris faciendis, encargados de velas por los Libros Sibilinos y de consultarlos. Pero esto era ocasional y su función se basaba en la supervisión general de todos los cultos no latinos y extranjeros.

Los epulones se ocupaban de las cenas del Senado que seguían a los sacrificios en las celebraciones de Júpiter Óptimo Máximo y de los banquetes públicos en los juegos Romanos y Plebeyos. Supervisaban la preparación para que no hubiera ningún contratiempo.

8. La religión en tiempos de Augusto.

Hay claras evidencias que a lo largo de los siglos Roma había abandonado diversos cultos, destruido templos no reparados y desaparecido cargos como el de flamen Dialis. Augusto es el artífice de la paz en Roma bajo su gobierno. Con él acaba la sangría del siglo I a.C.. Con Octavio Augusto se produce un renacer de la religión romana, entendida como sustento del Estado mediante la que se mantiene la pax deorum y no sobrevienen desastres.

El primer objetivo de Augusto fue la reconstrucción de los templos. Así se restablecieron los cargos religiosos vacantes y toda la maquinaria volvía a funcionar. Pero para motivar al pueblo religiosamente se propuso dar un nuevo interés a los dioses tradicionales. Apolo fue el dios favorito de Augusto y su protector. Además de ser el dios de la curación, Apolo era visto por Augusto como el dios de la civilización y de la paz, justo el dios que requería para su cargo y su labor. Otro dios era Marte, nombre de un mes y del Campo, dios de la guerra y protector de la agricultura. Augusto pretendía destacar a Marte como padre de Rómulo, progenitor de Roma. Y también Augusto veneraba a Marte como Ultor, el vengador, vengador de su tío Julio César. Y Augusto le prometió un templo en su honor a Marte Vengador, que una vez construido inspiraba el triunfo de los romanos sobre los errores cometidos en el pasado. Apolo y Marte, agradable paz y justa guerra. Virgilio en la Eneida expresa ideas augusteas como esta: “Tú, romano, piensa en gobernar bajo tu poder a los pueblos (éstas serán tus artes), y a la paz ponerle normasperdonar a los sometidos y abatir a los soberbios”.

Augusto se sirvió de varios instrumentos para desarrollar y llevar a cabo sus ideas políticas. La poesía fue uno de ellos, con Virgilio y Horacio. Las monedas, manejadas por el pueblo, en las que se podía leer desde el 27 a.C. las palabras “Paz” y “Victoria”. El Ara Pacis y sus imágenes. La pax deorum había crecido ante los ojos de los ciudadanos corrientes.

En el 17 a.C. se instituyeron los Juegos Seculares. Se pensaba en la idea de que todo es cíclico y que antes o después las cosas tienen que mejorar. Se apela al saeculum, periodo de cien años que da la pauta para celebrar ceremonias religiosas, el renacimiento del mundo. Así circulan varias profecías acerca de una nueva Edad de Oro. Así se organizaron estos Juegos Seculares y Augusto encargó a Horacio el principal himno de los mismos. Durante estos, Augusto se encargó de ofrecer sacrificios a Júpiter Óptimo Máximo, a Juno, a los Hados, a Apolo en el Palatino. Todo este espectáculo hizo que pareciera haber surgido una nueva Edad de Oro.

Términos clave durante el mandato de Augusto fueron: paz, seguridad, prosperidad. Parecía que había comenzado una nueva etapa y se confirmó con la divinización del propio Augusto. Quizá una idea descabellada, pero en términos de conceptos romanos es igualmente seria y respetable. Un dios era aquel que hacía que las cosas marcharan bien y diera bendiciones al pueblo. Si tenemos en cuenta la enorme crisis anterior a Augusto del siglo I a.C.y el milagro que hizo Augusto trayendo la paz, debió de ser considerado como tal, como dice Propercio, un mundi servator. Esto luego favoreció al cristianismo y a la idea de que todos los emperadores eran más que simples seres humanos.

Un claro ejemplo del intento de edificación de la persona lo encontramos en Julio César, que levantó una estatua suya en el templo de Quirino, creó estatuas de sí mismo en los templos de toda Italia, nombró un mes con su nombre, se instituyó un templo en su honor. Antonio fue otro personaje que se identificó con Dionisio, llegando a Éfeso y a Atenas para consagrarse como tal. Unido a Cleopatra, pretendía ser deificado al igual que ella y visto como un dios.

Augusto fue más prudente que ellos y no pretendió en vida glorificarse como un dios, pero sí dejar una puerta abierta tras su muerte para ser visto y adorado como tal si el pueblo lo decidía así. Para ello se denominó como Divi filius, hijo de Dios (Julio César) y como augustus, el “Venerable”. También promocionó dos cultos. Uno es el Numen Augusti, la Voluntad Divina de Augusto, culto en consonancia con la creencia común en la existencia de un espíritu divino dentro de la persona. Y el otro es el genio de Augusto, supuesto poder que permitía la perpetuación de generación en generación. Esta idea se fusionó con la del daemon protector de una persona durante toda su vida, como un ángel de la guarda

Celebración a la Juventud y la Belleza.

Según la cosmovisión Griega, la niñez del dios Apolo transcurrió con cierta rapidez y apenas existe en ella dato alguno digno de encomio, aunque se adivinaba en sus gestos el talante activo y guerrero que, con posterioridad, le llevaría a resolver determinadas situaciones haciendo uso de útiles como el arco y las flechas, los cuales quedarían como significativos atributos de su personalidad y de su poder.

Para celebrar el florecimiento del poder del joven Dios, se instauraron los Juegos Pitios (1). Se realizaban en el santuario de Delfos y eran consagrados, como es obvio, al poder y juventud de Apolo; se daba como premio una corona de laurel (árbol consagrado a Apolo por la transformación de la ninfa Dafne), la gloria y el reconocimiento de los dioses.

Inicios:

En los primeros tiempos se celebraban cada 8 años. Este ciclo de 2.920 días correspondía exactamente a 99 lunas y representaba un “gran año”.

Los juegos consistían únicamente en un concurso musical, donde cada candidato cantaba un himno en honor de Apolo, acompañándose de una lira. El primer vencedor fue Crisótemis de Creta, hijo de Carmanor…Después de Crisótemis se cita como vencedor a Filamón, y después a Támiris. Así lo comenta Pausanias, que añade que Hesíodo no pudo tomar parte en la prueba porque no se sabía acompañar con la cítara. Y que Homero no participaba porque era ciego: pura ficción para confirmar la antigüedad de las competiciones.

En el tercer año de la 48 Olimpiada los anficitiones que dirigían el santuario repartieron junto a los premios para citarodia, el canto con acompañamiento de cítara, premios para la aulodia, canto con acompañamiento de oboe (aulos), y para el oboe solo.

En 562 adC, Sacadas de Argos ganó esta competición con el Nomos puthikos, aún famoso, canto en el cual se reproduce con sonidos la lucha de Apolo contra la serpiente Pitón.

Comienzo oficial:

En el 582 adC los juegos adquirieron una organización definitiva y esta fecha marca el comienzo oficial de la era de los Juegos Píticos.

Desde entonces se celebraron cada 4 años (enneaeteride). Tenían lugar en el mes de Boukatios, el segundo del calendario délfico ( mayo -junio), el tercer año después de cada Olimpíada, puesto que éstas también eran fiestas “pentéricas”, como las Píticas, que se celebraban cada 4 años.
Desde el siglo IV adC en el mes de Heraios (octubre).

Según el Marmor Parium, en 590 adC ya tuvo lugar un agon gymnikos khrematites, es decir, una competición gimnástica con premios de gran valor procedentes de botín de guerra, pero desde 582 adC fue un agon stephanites, una competición con una corona de laurel como único premio para el vencedor.

En el mes de Bizios, es decir seis meses antes del comienzo en el mes de Bukatios de los juegos los mensajeros (theoroi) recorrían el mundo griego, de Marsella a Crimea, de Éfeso a Cirene, para proclamar la tregua sagrada, que permitía que los griegos asistieran a los juegos con total inmunidad, incluso en tiempo de guerra. Existía para ello, el “periodo sagrado”, que duraba un año y preservaba a los teoros y a los participantes de toda acción bélica.
Si una ciudad cometía una infracción a esta norma, quedaba excluida de la participación en los Juegos Píticos.

Calendario de los Juegos:

Los epimeletas se encargaban de la dirección de los juegos. Los juegos duraban de 6 a 8 días, más días que en Olimpia porque se añadía el agon musical.

Los primeros 3 se dedicaban a los sacrificios, las procesiones ( el segundo día) de los teoros , sacerdotes y participantes al altar de Apolo para ofrecerle una hecatombe, y a un banquete (el tercer día). Puede que también se celebrara una representación, en forma de drama sagrado, de la lucha de Apolo contra el dragón (el primer día , el 6 de Bukatios).

El cuarto día había concursos musicales en el teatro: poemas acompañados con cítara (poema cirédico), una larga pieza de flauta que conmemoraba los 5 episodios de la lucha contra el dragón (poema pítico), un solo de flauta y de cítara, concursos de poesía, representaciones trágicas y espectáculos de danza.

El quinto día se celebraban las competiciones deportivas: carrera larga (dolikhos), 24 estadios de 178 metros), carrera doble (diaulos, de dos estadios), pancracio, pugilato, carrera armada, pentathlon (cada atleta se presentaba a las pruebas de, carrera, salto de longitud, lucha, lanzamiento de disco y de jabalina.

El sexto día , y aveces el séptimo, se desarrollaban los concursos hípicos: las carreras de caballos, de carro con cuatro caballos (cuadrigas) y con dos caballos (bigas).

El primer vencedor de estas competiciones fue Clístenes de Siracusa.

En 475 adC Polizelos, hermano de Gelón de Siracusa ganó en la carrera de cuadrigas y encargó erigir una cuadriga en bronce cuyo auriga- el famoso auriga- se ha conservado. En la 48º Pitiada, en la que se añadió la carrera de bigas, ganó Execéstides de Fócida.

En la 53º, la carrera de cuadrigas con potros, venció Orfondas de Tebas.

Las competiciones gimnásticas e hípicas necesitaban dos días cada una, por lo que los juegos duraban ocho días.

En la 23º Pitiada se organizó también la carrera portando armas, en la que venció Timéneto de Fliunte.

Según Pausanias, también instituyeron el pancracio para jóvenes, la carrera de biga con potros y la carrera montado a caballo.

También hubo la competición para trompeteros y heraldos.

Con los años se instauraron otras competiciones musicales: intérpretes de cítara (sin canto), para coros cíclicos (para ditirambos, y el coro formado en círculos), para actores de tragedia y comedia.

En alguna época se celebraron también concursos de pintores.

Durante el imperio romano se añadió la prueba de enkomion (poema de alabanza) tanto en verso como en prosa, y una prueba de pantomima.

También se introdujo una nueva categoría, los “imberbes” (ageneioi), cuya edad se sitúa entre la categoría juvenil y la adulta. Las mujeres sólo podían acudir a Delfos a las competiciones hípicas si eran propietarias de caballos. Estaban excluidas de las competiciones gimnásticas, las cuales ni podían presenciar. en las musicales sí que podían participar.

Al margen de las competiciones tenían lugar otras manifestaciones. el famoso actor Sátiro (siglo IV adC) dio una representación de Las bacantes de Eurípides. Los actores profesionales, agrupados en la Tekhnitai de Dioniso, desempeñaban un papel importante en los agonoi musicales.

Al igual que en Olimpia, se compilaron unas listas con los nombres de los pitiónicos (pythionikai), los vencedores de los Juegos Píticos. Cunado un terremoto destruyó los archivos en 373 adC, se le encargó a Aristóteles rehacer las listas. Con su discípulo Clístenes, acometió la tarea y fueron honrados en un epígrafe que aún se conserva.

Los vencedores recibían una corona de laurel, el árbol de Apolo. Los premios los asignaba el consejo de la anfictionía, que era también quien organizaba los juegos.

Todas estas competiciones han sido una importante fuente de inspiración de la poesía griega, especialmente de la época clásica. Los vencedores encargaban sus odas a los mejores poetas de su tiempo, fundamentalmente a Simónides y Píndaro. De este último se conservan 12 odas triunfales (epinicios), fragmentos de peán dedicados a Apolo y ditirambos de carácter dionisiaco.

Al igual que las competiciones olímpicas, las píticas sirvieron de modelo para las llamadas comepticiones isopíticas, que se organizaron en diferentes lugares.

Durante los primeros dos siglos del imperio romano los Juegos Píticos estuvieron en pleno auge (Plutarco entre otros era epimeleta de los Juegos Píticos). Después fue decreciendo su importancia hasta desaparecer en el transcurso del siglo IV.

En las Cuestiones griegas Plutarco afirma que:

En Delfos se celebran sucesivamente tres fiestas: Estepterio, Heroide y Carila. El Estepterio parece que es la representación de la lucha entre Pitón y el dios, de su fuga y de su exilio tras la prueba. Según algunos, Apolo, después de matar al dragón, se alejó para ser purificado; según otros, fue Pitón, que una vez herido, huyó a través de la vía Sacra y Apolo lo siguió, alcanzándole en el momento en que moría y cuando su hijo llamado Aix (la cabra) lo estaba enterrando. El Estepterio es la representación de éstos acontecimientos” (1) Hoy se comenzaba la celebración de los juegos Pitios, en honor a la juventud y belleza del Dios Apolo.

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