Archive for Consideraciones sobre la feminidad

La perdurabilidad de la esencia femenina.

Tradicionalmente, La figura de la mujer – dentro de la visión del concepto cultural históricamente aceptado – posee características propias que determinan la sintonía con unos arquetipos también diferenciados, siendo precisamente éste un campo – el campo de los arquetipos femeninos – donde, a mi entender, puede y debe progresar la identidad femenina en su lucha por los valores auténticos. Muchas autoras lo ha entendido así, y una de ellas es Maureen Murdock. Esta psicoterapeuta y profesora de la Universidad de Los Angeles ha escrito “El viaje heroico de la mujer”, en el que se describe la trayectoria de una serie de patrones arquetípicos que se suceden en la vida de la mujer. También la mujer empieza por el arquetipo del héroe. “La heroína empieza a desarrollar habilidades masculinas”, intenta abrirse camino en el competitivo mundo de la productividad y de la búsqueda del éxito. “Se va enfrentando a las Pruebas de Camino en la medida que va teniendo que aceptar el desafío de superar los mitos de la inferioridad, la dependencia y amor romántico de la mujer”. Y “una vez que encuentra ese Tesoro del Éxito dentro de un mundo de varones, o tras haber empleado hasta la propia sangre en el intento, la heroína experimenta un profundo sentimiento de Aridez Espiritual.” Y aquí, en lo que se corresponde con una cierta madurez propia ya de la mediana edad, y con total similitud a lo que sucede en el varón, empieza lo que podemos llamar el viaje post-heroico, el que vimos que nos llevaba más allá del héroe. Sigamos, pues, a Maureen Murdock.

La heroína intenta entonces recuperar los valores propios y más genuinos de la mujer. Busca a la Diosa, a la feminidad perdida. “Un período aparentemente de vagar sin rumbo, de dolor y de rabia, que no parece tener final”. “La heroína anhela volver a reunirse con su naturaleza femenina y a curar la Ruptura Madre/Hija, la herida que resultó del rechazo inicial de lo femenino.” Posteriormente, en este viaje evolutivo, intenta la “sanación de lo masculino herido”, intenta recuperar la naturaleza masculina, y hasta es posible ver que “la heroína se convierte en una guerrera espiritual”. Y el final de este viaje, tal como lo señala Maureen Murdock, es conseguir integrar sin reservas la parte masculina y la femenina, lo que significa la culminación de las energías y el no renunciar a nada de lo aprendido. La heroína “puede navegar por las aguas de la vida cotidiana y escuchar las enseñanzas de lo profundo.”

Ann G. Thomas es escritora y ejerce de psicoterapeuta en California, y en la misma línea de los dos autores comentados, ha escrito “Esa mujer en que nos convertimos”. A través de su experiencia y apoyándose en cuentos, mitos y leyendas, observa las fases y patrones que se suceden a partir de la mediana edad, cuando podríamos decir que comienza el camino hacia la vejez.

Una primera tarea es descubrir el “oscuro femenino”. Es importante hacerlo porque esto les convierte en “mujeres sabias”, en contraste con lo contrario, no encontrar esta sabiduría, que lleva al “tono incisivo e iracundo de la bruja y de la hechicera malévola”. De igual modo la mujer tiene que saber encontrar el arquetipo de la “buena madre”, con todo el caudal de energía benéfica que ello significa para ella misma y para los demás. Una etapa culminante la ve también Ann Thomas en la integración del ánimus, un complemento de madurez necesario que aleja a la mujer de la agresividad, de la amargura o de la dependencia. Y, aún más al final, señala al sentido personal que es indispensable dar a la vida: “encontrar la historia de la propia vida, y desde ahí, extraer sentido y sabiduría.”

También investigando las distintas pautas de conducta, la analista junguiana y psiquiatra Jean Shinoda Bolen ha escrito “Las diosas de cada mujer”. Entiende, al igual que los autores antes referidos, el transcurso de la vida de la mujer como el viaje de la heroína a través de responsabilidades, obstáculos y peligros, y en pos de unos logros y un sentido. Pero lo que fundamentalmente llama la atención a Jean Shinoda es la diversidad de tipos psicológicos de mujer, la forma distinta como cada mujer afronta sus problemas y enfoca su vida, o sea los diferentes patrones de comportamiento que, como buena seguidora de Jung, interpreta como arquetipos. Y teniendo bien clara esta diversidad, ha sabido encontrar una analogía entre estos patrones de comportamiento y los de las diosas del Olimpo. Una idea interesante y lúcida porque estas diosas míticas en realidad son la expresión de unos arquetipos universales. Muchas mujeres, dice, cuando se les explica la historia de alguna de estas diosas, asienten con un “¡ajá¡” al sentirse identificadas con aquella problemática y forma de comportarse. Y la autora selecciona a siete diosas griegas, las seis del Olimpo a las que añade Perséfone, y a través de sus historias reconstruye unas pautas arquetípicas de comportamiento bien actuales en las que puede fundamentar su psicoterapia. Son las pautas de comportamiento respecto a la familia, al matrimonio, a la autonomía o a los sentimientos, de Artemisa,de Atenea, de Deméter… Con unos rasgos de universalidad que les hace de todos los tiempos y lugares.

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La danza Oculta de la Diosa.

El mito de Eurínome ( la creación a partir de forma Universal a partir de una elaboración metódica del concepto divino )difiere mucho de la historia bíblica del Génesis, un dios que desde la nada crea a través del verbo, del Logos, esta es una creación imperfecta y separada de su creador. Eva, la mujer,es creada a partir de una costilla de Adán, el motivo de la perdida de la condición humana y del doloren el mundo. La serpiente es vista como símbolo de la perversión y el mal, compartiendo el mismo destino de la mujer.

En las antiguas culturas neolíticas, la serpiente fue símbolo de vida asociada a la poderosa energía de la tierra, sexualidad y conocimiento profundo de lo cíclico. Para el yoga tántrico, la energía kundalini, la serpiente, está enroscada y dormida en el chakra raíz, al despertar esta energía todos los demás centros de energía o chakras se iluminan y vivifican, siendo este el camino para encontrar la iluminación.

Un antiguo mito gnóstico nos habla de la serpiente como “El sabio instructor”, y también como el adversario que se opone al dios creador que intenta mantener el conocimiento apartado de Adán y Eva. El conocimiento que este dios intenta apartar del ser humano no es el intelectual, sino el del corazón y la vida. Siguiendo este mito, cuando la serpiente dice a Eva “come y seréis como dioses”, la instruye en la sabiduría de la relación, porque después de haber comido y de “haber dado a comer del fruto” a Adán se conocieron de forma distinta a como se conocían antes y eso les dio la capacidad de procrear. Obtienen el poder de la generación; Eva es en realidad la iniciadora de Adán, y su “atrevimiento” les permite salir de la inconsciencia, creciendo en sabiduría.

En la Grecia pre-olímpica las mujeres se reunían en el mes de la siembra para el ritual de las Tesmoforias. En este ritual celebran y potencian la fertilidad de la tierra y sus lazos con ella y entre sí mismas. El poder de la tierra es encarnado por las serpientes.

Lilith:

Un arquetipo vinculado a la sexualidad femenina, es la figura de Lillith. Aparece en algunos textos como la primera mujer de Adán, que abandona a este porque se niega a hacer siempre el amor debajo del hombre.

En textos hebreos aparece posteriormente como una demonia, que hace impotentes a los hombres o les roba el semen durante el sueño. Lillith es la primera mujer rebelde, caracterizada por una poderosa energía no sometida al dominio patriarcal.

Todas las historias referidas a Lillith resaltan su libertad de movimiento, en una época en que las
mujeres tenían cada vez más restringida su autonomía mientras el patriarcado se establecía, con másfuerza. Marija Gimbutas, la arqueóloga experta en las culturas pre-patriarcales de la Vieja Europa, afirma que Lillith desciende de la Antigua Diosa pájaro neolítica, más tarde demonizada por los nuevos pobladores.

De hecho, terracotas babilonias la presentan bella, con los pies alados, un tocado con dos cuernos
y un cetro en la mano, rodeada de bestias salvajes. Es representada con los atributos de la Señora de las Bestias, que gobierna la noche, pero asumida como una divinidad, y no como demonia.

En el Talmud aparece como la primera esposa de Adán, aunque se dice que no eran felices, puesto que ella no quería permanecer debajo de él en el coito siendo los dos iguales; Adán insiste en ello, y Lillith le abandona, escapando al Mar Rojo, lugar de demonios, donde se dice que ella se dedicó a la promiscuidaddesatada. Aunque procrea demonios, también se la presenta como estéril y se dice que “sus pechos no dan leche”.

Lillith representa la unidad con las fuerzas de la naturaleza, la independencia y la negativa a someterse a la autoridad masculina. Fuertemente vinculada a la energía femenina primordial que prevalece en las culturas neolíticas y que fue suprimida de las mujeres y de la cultura por el patriarcado.

Lilith… ¿y Eva?

Eva y Lillith, en principio, representan el mismo arquetipo, sin embargo, esta fi gura ha sido separada, condenando a Lillith a vivir en la sombra. Mientras Eva representa la esposa y madre protectora que se adapta al hombre y a vivir bajo su dominio, Lillith muestra nuestro anulado instinto, la búsqueda de la satisfacción sexual propia y cuya finalidad no es la maternidad.

Eva está ligada a la primera parte del ciclo lunar, creación y procreación; Lillith a la luna menguante y la menstruación, que de forma simbólica representa la muerte del niño potencial, del óvulo no fertilizado.

Quizás, ha llegado el momento de integrar ambas energías y hacer un lugar de honor a Lillith en
nuestras vidas. Algunas autoras identificados tipos de energías, Eva la energía del útero que nutre y acoge y Lillith la del útero que expulsa; en el embarazo estaría presente la primera y en el parto es necesaria la “presencia de Lillith”. En nuestra vida necesitamos de las dos, pero tenemos muchas dificultades en encarnar la de Lillith, es importante aprender a nutrirnos a nosotras mismas.

Diosas del amor y sexualidad

Una figura arquetípica central para la sexualidad femenina es la de la Diosa del Amor y la Sexualidad, llamada de diferentes formas: Inanna, Isthar, Afrodita, Astarté (la del útero). El deseo es considerado sagrado y es inspirado por estas diosas tanto entre humanos como entre animales. Estas diosas manifiestan su deseo de manera activa.

Un antiguo himno Isthar recita:
“Yo devuelvo el macho a la hembra,
yo soy la que embellece el macho
para la hembra, yo soy la que embellece
la hembra para el macho”.

Una característica de estas diosas es su virginidad, entendida como integridad, ya que a la vez tienen amantes, pero sin ser definidas por su relación con el varón. No aparecen como esposas de un dios, sino que ellas son las diosas por derecho propio ligadas a un hijo-amante que es sacrificado para volver a resucitar de nuevo cada primavera, simbolizando los ciclos de la vida vegetal y su paralelismo con la vida-muerte de los seres humanos. Toda la mitología que rodea a estas diosas y sus amantes es muy interesante a nivel simbólico y está ligada a la transformación y los procesos de muerte-renacimiento.

Jean Sinoda Bolen considera a Afrodita como una diosa alquímica de gran valor en los procesos de maduración psicológica a partir de nuestra capacidad de relacionarnos de manera profunda con otro ser humano y también a través de la creatividad .

Ligado a los cultos en los templos a las diosas del amor aparecen las llamadas “Prostitutas sagradas”, aunque el nombre no es muy afortunado, debido a que no tiene que ver con la prostitución tal y como hoy la conocemos. Las mujeres se ofrecían como parte de un acto en honor a la diosa en el contexto de rituales, danzas extáticas, haciendo el amor con extranjeros que llegaban a la ciudad. En ese momento, de alguna forma, las mujeres personificaban a la diosa. Los rituales seguramente tendrían similitud con los rituales tántricos.

Al parecer, estos rituales se remontaban al neolítico, donde se celebraba el matrimonio sagrado,
que reconocía la sexualidad como el poder de regeneración necesario para propiciar la fertilidad y
el bienestar de la comunidad. En determinadas épocas del año, los humanos hacían el amor sobre los campos, para apoyar el crecimiento de las plantas. Lo humano y la naturaleza están estrechamente comunicados, y el estado del mundo tiene que ver con el estado de las relaciones.

Estas sociedades eran bastante igualitarias y parece ser que bastante pacíficas. La opresión de las mujeres, la represión de la sexualidad femenina y la explotación de la naturaleza son procesos que se dan simultáneamente durante la paulatina instauración del patriarcado. La materia es considerada impura, el cuerpo se va separando del espíritu.

Ha llegado el momento de dar un salto evolutivo. El matrimonio sagrado simboliza “la unión de los opuestos, es el llegar juntos y con un status igual, de los principios femeninos y masculino, la conjunción del consciente y el inconsciente, del espíritu y la materia”, Jung describe este proceso como “la terrenalidad del espíritu y la espiritualidad de la materia, la unión de los opuestos y la reconciliación de lo dividido”.