Archive for conceptos estereotipicos de la brujería.

El equilibrio cambiante.

Los mitos de Europa, Asia, Oceanía, Africa y America, ya relatados anteriormente en este blog, narran constamente la apropiación masculina de poderes que originalmente correspondieron a las mujeres. Por ejemplo, objetos sagrados que en la actualidad utilizan exclusivamente los Dioses – como las flautas de los Xinguanos amazónicos o los bramadores como toros ( palos que reproducen las voces de los antepasados y los demonios ) de los aborígenes australianos – aparecen antaño bajo la custodia de las mujeres, hasta que les fueron arrebatados por la fuerza o un timo. Podemos interpretar estos mitos desde diversas perspectivas. Quizá se trata de expresiones arquetipicas de la Lucha innata entre los sexos o de su complementariedad. Esta opinión se sustenta en el modo en que muchas sociedades dividen el mundo en elementos masculinos y femeninos emparejados, como el sol y la Luna, los dioses y las Dioses o los sectores de los hombres y de las mujeres en una casa o aldea.

Por otro lado, cabe la posibilidad que los relatos describan alegoricamente hechos históricos reales. Es difícil demostrar de manera concluyente esta hipótesis porque se basa en la interpretación de los mitos, el desciframiento de textos antiguos que son parciales o confusos y la excavación de yacimientos arqueológicos de culturas que tal vez no dejaron registros escritos. Empero las pruebas disponibles coinciden con la visión del moderno “movimiento de la Diosa”: En el pasado existió Una Edad de Oro de culto a la Diosa que fue suplantada por culturas patriarcales que impusieron sus propias divinidades masculinas.

Los mitos de una religión suelen reflejar sus conflictos políticos. Las ciudades / estado de la antigua Sumeria combatieron periódicamente entre sí y prosperaron en una llanura de aluvión muy vulnerable a las invasiones. La estructura del panteón sumerio – así como la importancia relativa de las diversas divinidades – cambió sin cesar y reflejó fielmente las luchas por el poder. En 1700 a.C., la religión fue dominada por la ciudad de Babilonia, cuya deidad tutelar era el Dios Marduck. Durante el equinoccio de primavera, recitaban el relato de la victoria de Marduck sobre la Diosa Tiamat.

El secreto en la voz del viento.

Cierro los ojos e imagino que el tiempo no es más que una evocación, un misterioso camino pespunteado por árboles enormes y el canto del viento Antiguo. Entre las sombras, creo percibir el rostro del pasado, de quienes danzan más allá de mi memoria, esas mujeres secretas que dieron forma y sentido a mi presente, una naturaleza salvaje que como un ser por derecho propio nos anima y conforma la más profunda existencia de una mujer. Una psicología que se dirige específicamente a ese ser espiritual e innato que habita en el centro del pensamiento femenino y que se ha transmitido de hija en hija, a lo largo de muchas generaciones por línea materna.

Suspiro, abro los ojos. Una profunda e intima emoción me recorre.

Desde épocas ancestrales, las mujeres han creado, participado y dirigido rituales sagrados de iniciación femenina, fertilidad comunal, sexualidad sagrada, sanación chamánica en los misterios, nacimientos y entierros. En muchos casos, las mujeres también se desempeñaban como musas instructoras trasmitiendo los mitos de la creación y relatos de origen que guiaban la vida de la comunidad a las nuevas generaciones.

Sin embargo, este caudal mítico ritual femenino está prácticamente ausente de nuestras vidas cotidianas a raíz de la visión judeocristiana de lo sagrado que se impuso sobre otras tradiciones más antiguas y donde los arquetipos masculinos prevalecen en detrimento de los femeninos.

En los templos que conocemos escasamente las mujeres pueden desempeñarse como sacerdotisas. Los ritos de iniciación femenina al igual que las danzas sagradas de éxtasis han desaparecido y el mito del Dios único, marcadamente masculino, encabeza todos los rituales. Una mitología que ha alterado nuestros cuerpos y conciencias con el pecado de Eva, la expulsión del Jardín del Edén y la eliminación de la Gran Diosa prepatriarcal ( uno de sus nombres era Eva, que significa: la madre de todos los seres vivientes) como todo mito de origen ha instaurado modos de ser y actuar que, en este caso, han resultado desvalorizantes y discriminatorios para las mujeres.

Por eso, he dedicado la mayor parte de mi blog – esta pequeña bitácora desordenada en la que he intentado plasmar la forma como mis crencias han influido en mi perspectiva sobre la realidad y el mundo – a reseñar algunos mitos y rituales con la intención de animar al resurgimiento de una dimensión sagrada femenina que acompañe y potencie los derechos y dignidad de las mujeres. Al recuperar mitos y rituales conectados a las ancestrales Diosas – y al crear otros nuevos- estamos haciendo algo más que feminizar la tradicional imagen de Dios Padre bíblico. De poco nos serviría una simplificada y subordinada Diosa Madre que siga condenando a Eva y sosteniendo una conciencia de naturaleza potencialmente caída.

Más bien se trata de un arquetipo sagrado femenino integral, conectado al cuerpo , al alma, a la sexualidad, la inteligencia, la creatividad, la justicia y la compasión de las mujeres. Una Diosa Serpiente que nos ayude a volver al Jardín del Edén de nuestra conciencia profunda para liberarnos de la vieja piel y comer sin culpas del fruto de la sabiduría que Ella nos ofrece en un rito de pasaje a una nueva percepción de la vida a fin de recrear nuestro mito personal y colectivo. Es decir, nuestro presente y futuro como iniciadoras en lo femenino postpatriarcal.

Muchas se preguntarán: ” ¿ y qué hacemos con Adán?”. El fruto iniciático también está disponible para ellos, siempre y cuando después de probarlo no vuelvan a acusar a Eva proyectando sus sombras sobre las mujeres y se hagan responsables de sus propios procesos internos de transformación, bajo los símbolos del Dios Serpiente ( del tipo de Quetzalcoatl, Shiva u Ofión) que muere y resucita con los ciclos rituales de la Gran Diosa, su ancestral hermana gemela.

A medida que recuperamos nuestro cuerpo y nuestros derechos, las mujeres necesitamos recuperar nuestras almas y con ella el poder espiritual que potencie nuestras vidas. Los mitos y rituales son medios adecuados para crear y recrear esta indispensable espiritualidad femenina.