Archive for Castillo de la Memoria

La habitación oculta en el Castillo de mi Memoria.

Felices los normales, esos seres extraños,
los que no tuvieron una madre loca, un padre borracho, un hijo delincuente,
una casa en ninguna parte, una enfermedad desconocida,
los que no han sido calcinados por un amor devorante,
los que vivieron los diecisiete rostros de la sonrisa y un poco más,
los llenos de zapatos, los arcángeles con sombreros,
los satisfechos, los gordos, los lindos,
los rintintín y sus secuaces, los que cómo no, por aquí,
los que ganan, los que son queridos hasta la empuñadura,
los flautistas acompañados por ratones,
los vendedores y sus compradores,
los caballeros ligeramente sobrehumanos,
los hombres vestidos de truenos y las mujeres de relámpagos,
los delicados, los sensatos, los finos,
los amables, los dulces, los comestibles y los bebestibles.
Felices las aves, el estiércol, las piedras.

Pero que den paso a los que hacen los mundos y los sueños,
las ilusiones, las sinfonías, las palabras que nos desbaratan
y nos construyen, los más locos que sus madres, los más borrachos
que sus padres y más delincuentes que sus hijos
y más devorados por amores calcinantes.
Que les dejen su sitio en el infierno, y basta.

Felices los normales de Roberto Fernández Retamar.

Los ojos cerrados, una sonrisa que se dibuja a medias en mi rostro. La oscuridad de mis párpados, infinita, inabarcable. Un deseo, la sensación inquietante que palpita mi voz más allá del tiempo de mi espiritu, que se eleva en todas direcciones como una radiante imagen que apenas puedo vislumbrar. Mis sienes palpitan de pura necesidad mal satisfecha, de ese anhelo de creer y construir mi propio concepto de la verdad a través de una simple vivencia, de ese voraz deseo – sin nombre y sin rostro – que otorga sentido mi rostro en el espejo de mi mente. Y soy, la voz que danza en la tormenta de mis pensamientos, en medio del fuego y la lluvia, la desazón y el furor de las palabras que nacen y mueren entre mis dedos. Los dientes apretados, el corazón latiendome tan rápido que apenas puedo respirar. Y este deseo. Siempre este deseo, este afán, esta determinación, esta cruel y lírica voracidad de mi memoria.

La muerte y la vida en mis pensamientos.

Sacudo la cabeza, con cierto desaliento, una nítida sensación de simple temor. Durante tanto tiempo me obsesionó la idea perder mi nombre en la nada cenital de mi mente! Contemplo con esa radiante satisfacción del que ha muerto solo para levantarse de entre las cenizas, un ardiente susurro de mera y ávida obsesión. Tal vez estuve demasiado tiempo perdida en esa intensa e irrestricta pasión que me deja sin aliento, sin voz, más allá de mi personal herejia. Un fragmento de silencio. El tiempo que otorga sentido a la luz y la penumbra entre los cuales deambula la simple perspectiva del espiritu humano. En ocasiones he llegado a pensar que en lugar de ser considerados contrarios, los arquetipos de la Muerte y La Vida tienen que ser vistos como un conjunto, como la izquierda y la derecha de una sola idea. Una idea que se alza en espiral entre los temores y esperanzas para dotar de sentido a nuestra idea de la verdad. Los delicados estratos de esa comprensión aciaga del tiempo en la carne y en la intrínseca identidad de la memoria. Un corazón y un aliento. Si creemos que la fuerza de la Vida / Muerte / Vida no tiene ningún espacio más allá de la muerte, no es de extrañar que el miedo tome el lugar de la convicción. Nos aterra la simple posibilidad de soportar un final. No pueden soportar la idea de pasar de la galería a las habitaciones interiores de la mente, de ese castillo enorme y vasto donde habita la memoria y todos los rostros de nuestro más profundo afán. Cierro los ojos e imagino ese silencio en una idea: La Dama de la Muerte, golpeando el suelo con el pie, aguardando, una sombra entre las sombras de nuestra mente. El deseo, el temor.

La ausencia.

Sí, la muerte me ha obsesionado ultimamente.

Pero ahora, siento una profunda e imperecedera obsesión por la vida. Por la fuerza de la creación, por el poder devastador y primitivo de la memoria que habita en cada uno de mis deseos y voces. Mis pensamientos están impregnados de este nuevo deseo – ardiente, visceral, indómito – de mirarme a través de los fragmentos dispares de un sueño oblicuo en el cual me reconozco a medias. Ah, sí, cuanto dolor y cuanta plena satisfacción. Y este anhelo, abriendose en todas direcciones a partir del núcleo cenital de mi imaginación.

El deseo, si, siempre el deseo.

Los ojos llenos de lágrimas. Tiemblo, con la garganta agostada por la emoción que pocas veces libero de su prisión de puro silencio. ¿Y quién soy más allá de esta mujer esculpida a través de los fragmentos de mi propia insatisfacción?

No lo sé. Quizá nunca lo sabré. Y tal vez esa enigmática grieta de esa amplia construcción de mi tiempo personal – el caos, oblongo e irritado. El desasosiego de un único estallido en luz – sea la verdadera respuesta a mis incesantes cuestionamientos, a mis desesperada e insaciable necesidad de encontrar una voz en medio del caos de la mitología personal que creo cada día.

Soy la hidra sacramental que se crea a si misma en cada aspiración y decisión y a la vez no soy nadie más que mis ideas, que la Diosa Sin nombre, radiante y espléndida que habita en el bosque de mi Memoria.

Soy, la mujer que murió para nacer otra vez, redimida en fuego, en el Canto de la Luna olvidado. Soy mi propio nombre construido a partir del deseo irreprimible, angustioso, casi insoportable. Soy mi esperanza, el sentido más profundo de mi temor, el deseo más profundo de mi pensamiento, todos los argumentos que esgrimo para recrear mi mundo, soy la destrucción y la necesidad de creación que palpita en mi anhelo más intimo. Y solo soy yo, la mujer que intenta encontrar sentido a este dolor, que danza bajo la lluvia lenta de mi pura insatisfacción, un ritmo frenético que abrasa sin cesar todo elemento perpendicular de mi perspectiva de la verdad.

Paz para los locos. Un deseo irredimible, inadsequible al desaliento de pura y frágil satisfacción.

Un año ha transcurrido desde creí que diría Adiós a mi rostro en el espejo. Un año después, me elevo más allá de toda memoria devastada por el temor, inventando un mundo cenital, en la diáspora de mi deseo, olvidada la vida plana del temor, el fatal temor de una perdida de pura desazón.

Sea pues, la felicidad irritada del simple deseo, fruto de la más profunda y unidimensional zozobra. Ah, este renacer en fuego, bendito, fragil, destructor, maravilloso, indestructible, voraz.

Asi sea, en el radiante tiempo de mi memoria, en mi búsqueda de una engañosa serenidad.

A ti, simbolo de mis deseos y pensamientos.
A ti, Deseo en mi ardiente necesidad de expresión.
A ti, La bestia mitológica que vive en el laberinto carmesí de mis pensamientos.

Tiempo y fuego, deseo y conciencia. El némesis de mi deseo, el simbolo de mi necesidad de expresión.

Sea el verbo creador un tiempo nuevo que se abre ante nosotros, amor mio.

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El depredador del Alma Femenina.

Todas las mujeres soñamos al menos una vez en la vida con el Hombre Oscuro, con el Depredador, y basta mencionar tal sueño para que lo evoquemos con inquietud. Pero ¿quién o qué es? Durante el sueño aparece como un merodeador, un asaltante o violador vestido de negro que ingresa en la casa o al cuarto de la soñante para atarcarla en la cama. Su rostro permanece en penumbras y sus rasgos están desdibujados. Es un desconocido a veces “conocido”, aunque no veamos su rostro.

Solemos pensar que se trata de una fantasía de violación pero el Hombre Oscuro rara vez ataca sexualmente. Más bien es un depredador cuyo objetivo es la garganta, el centro vital por donde fluye nuestro aliento; por donde nos alimentamos y expresamos ideas y sentimientos. De esta manera, el Hombre Oscuro impide que respiremos con libertad y profundidad, que nos expresemos y obtengamos la nutrición material y espiritual que necesitamos.

Durante el sueño intenta inmovilizar a la soñante sujetándola con fuerza mientras que ella lucha para liberarse. Pero otras veces se siente impotente para liberarse, gritar pidiendo ayuda y enfrentar al depredador. Es un ataque de amplias dimensiones al que deberíamos prestarle atención antes de descartarlo como una tontería sin sentido. Ignorar este sueño no hace más que darle más fuerza y poder a un aspecto interno de la psiquis femenina que se ha desmadrado por diversos motivos, y se ha identificado con una mirada negativa de lo femenino.

Para las psicólogas junguianas Clarissa Pinkola Estés, Marion Woodman y Ann Ulanov este tipo de sueños se produce cuando las mujeres estamos atravesando un importante cambio en nuestra vida como suele suceder con la entrada al mundo adulto siendo jóvenes, y en la mediana edad, entre los 40 a los 50 años, por ejemplo. Entonces el Hombre Oscuro intenta abrumar al ego de la mujer para que no haga el cambio y deje todo como está a costa de que la soñante termine deprimida, insatisfecha e irritable sin saber de dónde proviene su malestar.

También cuando la vida, aparentemente normal -con esposo, hijos, trabajo, profesión- ha llevado a la mujer a desconectarse de su naturaleza femenina y de su Yo más profundo. Otras veces es un claro indicio de una persona o situación depredadora externa en la vida cotidiana de la mujer.
Para la junguiana Marie-Louise Von Franz, el Hombre Oscuro es un “ánimus negativo” que en lugar de ayudara la mujer a realizar su travesía por la vida se vuelve en su contra y obstruye su desarrollo espiritual, emocional, intelectual, social. Y es posible que la mujer haya depositado en ese ánimus las proyecciones negativas acerca de lo femenino que ha recibido de su familia, la religión y de la cultura. La desvalorización y la baja autoestima alimentan a este Hombre Oscuro que aparece en el sueño a reclamar su víctima.

Este sueño ¿es un anuncio, una premonición? Encierta manera sí. Para Pinkola Estés, Marion Woodman yAnn Ulanov como también para sus antecesores, Carl Jung y Von Franz, el sueño con el Hombre Oscuro le está advirtiendo a la mujer de una situación que no puede dejar pasar y que va a tener su correlato en la vida exterior. Una persona o situación la va atacar, o ella misma se va a inflingir algún daño.

Trabajando con mujeres y sus sueños he podido observar que algunas tienen dificultad para respirar profundamente y lo hacen de una manera superficial, entrecortada y por la boca. Otras sufren persistentes alergias nasales, y rinitis, que desmejoran su calidad respiratoria y sus cuellos y hombros están muy tensos. Y si se indaga un poco más es posible advertir una actitud de indiferencia o desconexión con el cuerpo, con la propia nutrición, descanso y bienestar de algún tipo. O bien, aún teniendo todo preparado la mujer hace fracasar sus propios proyectos y actividades, o deja que otros lo hagan.

El objetivo del Hombre Oscuro es que el ego de la mujer (nuestro yo civilizado, nuestra personalidad) no haga contacto con el Sí Mismo, la Mujer Salvaje, la Diosa interior, el Yo más profundo, sabio e intuitivo, que toda mujer posee para desarrollarse, madurar y/o cambiar hacia una vida más plena e integral. Porque, como lo expresa Marie-Lousie Von Franz, los sueños registran el proceso de individuación, la travesía del ego hasta ponerse en contacto con el Sí Mismo, el centro regulador y organizador de la psiquis. Un centro interno representado en tantos mitos y tradiciones femeninas por las Diosas.

En este sentido, el Hombre Oscuro es una parte interna que está depredando el alma, libertad, creatividad y autoestima de la mujer, asustando al ego y reforzando los temores, prejuicios e ideas patriarcales que el ego ha asimilado.

Siguiendo a las junguianas vemos que el Hombre Oscuro puede llegar a frenar y detener la evolución de la mujer sumergiéndola en “una noche oscura del alma”. Y a veces lo logra. Pero en otras ocasiones sólo es un intento cuando el ego de la mujer mantiene canales abiertos con el Sí Mismo, la Mujer Salvaje o Diosa Interior que mencionamos. Es decir, con el arquetipo femenino innato, que surge de las profundidades del inconsciente proveyendo de sabiduría, vitalidad y creatividad, autoestima y sanación, intuición y realización.

Según el desarrollo de cada mujer el Hombre Oscuro aparece cuando:
1. La soñante está deseando un cambio importante en suvida o está por aventurarse a algo nuevo y diferente a lo que hecho hasta el presente.
2. La soñante vive una profunda desconexión interna con su naturaleza femenina y su cuerpo, se desvaloriza, se autocritica exageramente, y hace cosas que le hacen bajar su autoestima.
3. La soñante se apoya en un ego inmaduro y muy ingenuo. O su ego se ha vuelto muy rígido y racional, lo que demuestra inmadurez y hasta ingenuidad. También cuando su ego se orienta a agradar a los demás y a satisfacer las demandas de los otros sin atender las propias.
4. La soñante ha asimilado las proyecciones negativas de la familia, las religiones y la cultura acerca de lo femenino.
5. La soñante es una mujer que ha sido maltratada y/o violada y aún no ha terminado de elaborar esa experiencia.
6. La soñante es una joven o mujer adulta con problemas de anorexia o bulimia y somete a su cuerpo a continuas dietas, purgas y encorseta su cuerpo, su mente y su alma al “modelo” de mujer que le venden las revistas, la publicidad y las ideologías patriarcales. En el sueño el depredador le roba la comida o aparece como un personaje muy obeso.
7. Cuando la naturaleza femenina de la soñante se está secando y congelando emocionalmente y el ego no hunde sus raíces en la fuerza, energía y sabiduría del Sí Mismo.

Como sucede en los sueños la mujer debe luchar enfrentando a esta fuerza depredadora para limitar su accionar, quitarle poder y eventualmente transformarlo en otra cosa. Por eso, cuando este sueño se hace presente en nuestro mundo onírico es una excelente ocasión para comenzar un trabajo interno, una iniciación, que traerá muchos beneficios.

Para ello escribir el sueño y darle nombre a este Hombre Oscuro es uno de los primeros pasos efectivos. Luego viene un trabajo más intenso para descubrir la conexión que hay entre este sueño y la vida cotidiana de la soñante y con otros sueños que darán indicios para desactivar al Hombre Oscuro. Lo maravilloso es que el Sí Mismo, la Diosa interior, va guiando e instruyendo al ego en lo que tiene que hacer y el ego va apareciendo como más fuerte y sustancial.

Cuando se hace un trabajo consciente con el Hombre Oscuro suelen aparecer figuras femeninas que ayudan a la mujer: la Joven Diosa, la Vieja Sabia, la Sanadora, la Hermana Gemela, la Mujer Chamán. Animales hembras como así también otros símbolos femeninos (calderos, lunas, úteros, sangre menstrual, mandalas, flores, lagos, etc.) son utilizados por el Sí Mismo para darse a entender y guiarnos. También empiezan los sueños con la Pareja Sagrada y un personaje masculino ama y apoya a la mujer sin que ella se someta a él y sin que él esté sometido a la soñante, convirtiéndose en un “ánimus positivo” conectado a la Mujer Salvaje, a la Diosa interior.
En momentos de crisis socio-económica los sueños con el Hombre Oscuro se han intensificado porque los peligros de la vida externa han aumentado infiltrándose en la psiquis fomentando actitudes destructivas. Sin embargo, el Sí Mismo, la Diosa interior, también toma cartas en el asunto intensificando sus mensajes y advertencias para que el ego adopte actitudes protectoras y de cambio.

Además, cuando trabajamos mitos y cuentos encontramos al Hombre Oscuro personificado en BarbaAzul o en el dios griego Hades. Y al propio ego femenino representado por la joven e ingenua esposa de Barba Azul o en la joven diosa Core secuestrada por Hades.

En ambos relatos también aparecen otros personajes que ayudan y liberan a la protagonista (las hermanas y hermanos del cuento de Perrault y la diosa madre Deméter y la diosa bruja Hécate en el mito griego) simbolizando aspectos positivos del ego y del Sí Mismo. “La Hermana Serpiente” es una interesante leyenda quichua donde la mujer recibe instrucciones de su hermana gemela con aspecto de serpiente para que, llegado el momento, pueda liberarse del depredador al cual ha confundido con un seductor hombre que quiere casarse con ella. En la leyenda mapuche “El Diablo de barba verde” se presenta la misma situación, de la que la protagonista se liberará tomando un rol activo y protagónico, contando con la ayuda de su Sí Mismo que aparece en ambos relatos bajo la forma de un animal guía.

Fuente:
Analía Bernardo. El hombre Oscuro. Taller de la Sabiduría de los Sueños.

Esperando a la belleza: La visión perpendicular de Vanessa Beecroft

Vanessa Beecroft “pinta” retratos individuales y de grupo en tres dimensiones con chicas y mujeres. Ocupan una determinada sala durante un determinado tiempo, la artista las viste, normalmente con poca ropa,a menudo llevan peluca y nunca tienen contacto con los espectadores. El resultado de esto es una atmósfera extrañamente fría e inquietante que hace que el espectador se sienta fuera de lugar, como las propias modelos que, inmóviles, parecen simplemente estar esperando algo. “Me interesa la interrelación entre el hecho de que las modelos sean mujeres de carne y hueso y funcionen como obras de arte o imágenes” explica la artista. El arte de Beecroft es difícil de clasificar. ¿Viene a ser como las performances o “esculturas vivas” del equipo británico integrado por Gilbert & George, o equivale quizá a una forma moderna de retrato, naturalezas muertas psicologicamente inquietantes compuestas por sujetos vivos? No conocemos la respuesta a esta pregunta.

En una de sus primeras exposiciones, en 1994, en una galería de Colonia, Beecroft presentó a 30 chicas en un salón al que no podía acceder el público. Sólo podía verse a través de un pequeño marco de ventana rectangular que producía la sensación de estar observando a través de una mirilla. Todas las chicas tenían cuerpo no muy atléticos y sólo llevaban puestos unos zapatos negros y calcetines de media hasta la rodilla, ropa interior gris y tops negros o grises. Este uniforme, que creaba una composición visual impactante en el espacio, quedaba completado con pelucas rubias, unas con trenzas y otras sin. Algunas modelos estaban sentadas haciendo mohines, otras estaban apoyadas en la pared y otras caminaban de un lugar a otro. Ninguna parecía esperar que ocurriera nada; en vez de un lapso de actividad, lo que se observaba era un momento pura y simplemente aburrido. El título de este trabajo era muy significativo: A blonde Dream ( Rubias de ensueño ). Además, como el evento tuvo lugar en Alemania, parecía evidente la alusión al cliché de “belleza aria” que se extendió durante todo el tercer Reich.

Nacida en los años sesenta, Beecroft no se inspiró para sus treinta conjugaciones provocativas de la figura femenina en su experiencia propia sino en la película de Roberto Rosellini Alemania Año Cero (1947). Más concretamente, en Edmund, el antihéroe de la película, que en las ruinas del Berlín de posguerra mata a su padre y se suicida. En el evento se hizo un circuito cerrado de varios episodios de ficción narrativa. Una narración mediática sobre la desaparición de la moralidad se tradujo en un espectáculo para un medio distinto y, como la película, se compuso de personas “reales” que prescindían de cualquier tipo de guión. Ante aquella traducción tan fría y casi absurda, se desafiaba a los espectadores a recordar imágenes similares de su memoria visual, imágenes que pueden haber venido al recuerdo tanto a partir de películas como de experiencias de la “vida real”

A Blonde Dream:

A Blinde Dream es una de las instalaciones típicas puestas en escena por un artista. Una y otras vez, Beecroft sitúa en espacios meticulosamente definidos a modelos, actrices e incluso a mujeres que se han encontrado por casualidad en la calle, haciendo mención en el proceso de una variedad de códigos culturales como el cine, la moda, la literatura o el arte. En Play ( 1995), por ejemplo, hacía una referencia explicita a la obra teatral homónima que Samuel Beckett publicó en 1963. Los personajes de Beckett fueron sustituidos por tres dobles de la artista: dos sentadas en una silla una cerca de la otra, con los pies descalzos, la misma peluca morena y un abrigo negro, y la tercera, que sólo llevaba unos zapatos oscuros, ropa interior de color vivo y una peluca pelirroja andaba en círculos a su alrededor y las observaba con una mirada desconfiada. Un cuadro simbólico con implicaciones transcendentales surgía de esta naturaleza muerta silenciosa y carente de movimiento: las alusiones variaban desde el cabello pelirrojo de la revolucionaria socialista Rosa Luxemburg hasta las piernas y pies desnudos de las innumerables representaciones de la Pieta. Era interesante ver a la artista tratando el tema de la percepción, condición previa natural del arte visual y reformulándolo en los términos de la acción circular, psicótica, autoreferencial e inútil de Play.

Diarios:

Estos trabajos se han complementado con dibujos delicados, por ejemplo de cabezas femeninas enigmáticas como Lotte ( 1994), con su larga melena pelirroja. Beecrof también ha empleado otros soportes, como los libros. En los inicios de su carrera empezó a registrar aspectos importantes de su actividad estética en una especie de diario titulado Despair (Desesperación, 1983 – 1985) En este diario, además de describir sus hábitos de alimentación, hacía confesiones íntimas sobre sus sentimientos de culpa y la relación con sus padres. Este autorretrato literario se exhibió en la primera exposición de Beecroft en una galería de Milán, durante una presentación para chicas descubiertas en las calles de la ciudad a quienes les pidió que fueran un público “comprensivo” para el diario. Todas ellas llevaban ropa de Beecroft, de modo que las lectoras y el tema del libro tendían a fusionarse. Tanto las lectoras como el libro tenían una función especifica: podía llegar a identificarse, pero guardando siempre las distancias. La directora de este cuadro, por su parte, estaba dentro como fuera de la presentación igualmente autoreferencial y extrareferencial.

En busca del Tiempo Nuevo.

Mi abuela solía decir que la bondad moral es un misterio: tan conmovedor, incomprensible y ambivalente como todos los misterios. En cierto modo nos sana y nos engendra, y sin embargo, la mera idea moral que define un elemento como “bueno” y su necesaria contraparte negativa, nos somete eventualmente a una limitación intelectual que nos lleva muchos esfuerzos vencer. Indudablemente, los criterios conceptuales y primarios que nos llevan a juzgar el mundo en elementos paritarios y contrarios, ejercen una dualidad intrínseca que nos obliga a tomar partido hacia un extremo u otro: una visión primitiva y con toda probabilidad prejuiciada sobre la libertad de la opinión personal y aun más, la expresión creadora más espiritual.

Por supuesto, la idea más idealista sobre el mundo nos permite analizar cada perspectiva bajo un cariz diametral perfectamente discernible: tanto lo que nos parece “aceptable, correcto y decente” como lo que nos parece “execrable y fuera de orden” crean un equilibrio infinitesimal sobre el poder que ejercemos sobre nuestro verbo creador. En ocasiones, nos encontramos que esa enorme red de opiniones y recreaciones sobre el mundo cenital de nuestras ideas, tiene fronteras borrosas, irascibles, desdibujadas y que inevitablemente, nos reducen a un estigma moral fáctico que con frecuencia no podemos superar. Un invierno psíquico, en el sentido más profundo y lacerante, que trae el beso de la muerte espiritual a todo lo que toca. La frialdad significa el final de cualquier relación emocional, ese vinculo zigzagueante y palpitante que define y conforma nuestro Universo cenital más intimo.

Estoy convencida que nuestra capacidad para crear y elaborar un concepto de la verdad y la razón es por completo infinito: La renovación del fuego creador, un propósito claro y dioclesiano que se eleva sobre nuestras dudas, sobre cualquier temor e incertidumbre para delinear un mundo utópico que se construye a si mismo en todas direcciones a partir de nuestra convicción más profunda y unilateral. Pero esa profundo poder para componer y construir la fuente de una sabiduría profunda y concreta, proviene de una completa libertad conceptual, ese maravilloso conocimiento que subyace en nuestra mente y que nos lleva a convencernos de la ausencia de cualquier limite, de cualquier temor, de toda restricción intelectual que pueda restringir la voz de la idea, la visión de un mundo abstracto y espléndido, a la medida de nuestras aspiraciones más profundas. Una sensación de absoluto poder, de una esperanza recién nacida que palpita en algún lugar de nuestra memoria más antigua para indicarnos un lugar donde acudir para encontrar nuestro reflejo, el verdadero rostro que se esconde tras un mundo de conceptos, tras la necesidad en ocasiones insoportable de juzgar una y otra vez a través de parámetros poco menos que sin sentido. Como diría mi abuela, abrir las alas del pensamiento y echar a volar, hacia ese horizonte de fuego y ópalo que aguarda por nosotros más allá del tiempo cronológicamente exacto. Una pasión irresoluta, incontestable, una decisión cerval de construir nuestra propia ciudadela de palabras y principios. Nacer de nuevo, a través de nuestra voluntad.

La voz del tiempo y del futuro, en mí.

Asi sea.

Premios Dardo: Un reconocimiento que me honra.

Mi querídisima Violeta, – Bruja Urbana, genio fotográfico, gemela cósmica – me ha escogido entre sus blogs preferidos, otorgándome el premio Dardo, un reconocimiento que por supuesto, le agradezco enormemente. Como creo haberlo mencionado en alguna que otra entrada de esta desordenada bitácora, mi única intención al escribir estas memorias sin sentido, es mostrar los fragmentos que forman la estructura de mi vida cotídiana, asi como mis creencias y principios morales. Por tanto, para mi resulta de inestimable valor que alguno de mis articulos o recopilaciones puedan haber ayudado de alguna manera, a cualquiera de mis amables lectores.

Los Premios Dardo son una iniciativa desarrollada en forma de Meme ( preguntas en hilo que suelen ser respondidas en cadenas consecutivas de blog a blog ) y cuyo principal objetivo consiste en votar a aquellos bloggers que mantienen un espacio en la blogsfera en modo activo y con información que consideramos importante o que reviste algún valor. Por tal motivo, desearía nominar a:

* Sator, por su extraordinario trabajo en Magickaddiction. Aunque últimamente las entradas se han espaciado más de lo deseable para sus devotos lectores – entre los que me cuento, obviamente – la información al completo es una recopilación magnifica de conocimientos vivenciales sobre Ocultismo y esoterismo. Un espacio a tener en cuenta si hablamos sobre un brevario mágico de inestimable valor.

* Victor Solano, por ¿Comunicación? , una pieza maravillosa sobre el nuevo arte del periodismo en tiempos virtuales. Creador del Manifiesto del Blogger y sobre todo, lider de la campaña Soy libre, soy Blogger a la cual me honra haberme Unido. Aunque la información con frecuencia hace referecia a problemas especificos sobre aspectos periódisticos o circunstancias concretas de su natal Colombia, el trabajo de Victor Solano se distingue por su Universalidad y su preocupación por el valor intrinseco y muchas vulnerado de la Libertad de expresión.

* Kassandra por Tríptico. Originalidad y creatividad son las palabras que definen esta región palpitante de ideas y fuerza en la cual habita Kassandra desde hace más de dos años consecutivos. Reinventandose constantemente, Triptico ha logrado abarcar no solo una forma de expresión unica, sino una personalidad virtual profundamente rica.

Mis disculpas de antemano por no poder incluir a todos los blogs que visito habitualmente. Prometo redactar una entrada incluyendo a todos los espléndidos fragmentos de conocimiento que me han inspirado.

A.

El poder de la voz secreta.

Mi Tia Gertie es una fiel defensora de los principios de la desobediencia, la rebeldía y la transgresión. No hablo por supuesto de la arrogancia o la bravuconería, sino ese derecho inalienable que tenemos todas las mujeres de rechazar la imposición social por una decisión voluntaria. Una lucha de valores intelectuales sobre esa presunción cultural que resume al sexo femenino a un rincón en sombras de la memoria colectiva. Un temor aciago que restringe, disminuye y arrebata el poder la convicción y la voz más ecléctica de nuestra imaginación.

Indudablemente la idea de la sumisión de la mujer al modelo masculino subyace en el núcleo mismo de la concepción social de género. A palabras de mi tia Gertie, quién posee un carácter desenfadado y profundamente diametral, la voz de la mujer, durante la mayor parte de la historia ha sido reducida a una simplificación soterrada de su propia capacidad de expresión. Un complejo de amabilidad y servilismo desmesurada. Esa necesidad caótica de a pesar de sus sentimientos e incluso siendo vulnerada por la imposición social que debía soportar, la mujer reaccionaba con una dulzura rayana en la adulación. Una insatisfacción carente de valor o cualquier norte real y que es consecuencia de un inverosímil temor: ser privadas de sus derechos o ser consideradas “innecesarias”.

No obstante, para la Tradición de Brujería que practica mi familia, el valor de la mujer no reside en esa supuesto e infundado anhelo femenino de complacer el esquema de valores que se le adjudica como miembro de una sociedad patriarcal, sino en el salvaje poder de creación que habita en nuestro espíritu, esa vocación subterránea y poderosa que aflora en la forma de la más pura libertad del pensamiento. Una sabiduría ancestral e innata que otorga sentido a cada una de nuestras creaciones personales, a la opinión y a nuestra necesidad de brindar sentido al mundo a través del verbo creador. Un poder personal, que se nutre de ese silencio palpitante y magnifico de la intuición, del tiempo más intimo, del poder incalculable de nuestra imaginación.

Sí, la desobediencia a cualquier idea moral impuesta, a cualquier valoración conceptual que carezca de valor para nuestra propia interpretación de la razón y la realidad. La furiosa transgresión a cualquier norma que pueda limitar o restringir la fuerza de nuestras convicciones. Una rebeldía inflamada de conocimiento y valor. El poder femenino que se eleva, brillante y aciago, por encima de cualquier convención social. Una danza de la memoria inquieta y violenta. El dolor profundo y enigmático del nacimiento de una idea. Una fértil comprensión de nuestro valor como idearios de un mundo privado, de una mitología propia, de una idea fecunda sobre nuestro propio valor como ciudadanos del mundo de la razón.

Un momento elemental de nuestra visión más creadora: el enigmático poder de la Madre de la Vida /muerte /vida. Ser fuerte no significa tener músculos, esa poder orgánico simple que la sociedad bendice como forma de expresión de fortaleza conceptual. La verdadera fortaleza radica en la propia numinosidad, esa comprensión profunda de nuestra propia naturaleza, esa agresiva y salvaje necesidad de elevarnos por encima de cualquier frontera y limite de la razón. Ser fuerte, por tanto, significa poder aprender, poder resistir lo que sabemos. Significa comprender nuestra propia capacidad para crear y vivir en consecuencia.

El poder intrínseco de la Diosa secreta que habita en nuestro espíritu.

El poder indómito y magnifico de nuestra más profunda intuición.

Sonrío, mientras una voz muy semejante a la de mi tia Gertie danza en mis pensamientos, recordándome la importancia de siempre construir un camino propio, de elevar un estandarte de pura osadía, por encima de cualquier temor e incertidumbre. La fuerza infinitesimal del espiritu más personal.

Así sea.

El aleteo de la mariposa: Papillon, de Franklin J. Schaffner.

La novela autobiográfica de Henri Cherriére, Papillon, de año 1968, se convirtió en un éxito de ventas a escala mundial. Describe las experiencias de un hombre que consigue escapar de una colonia penitenciaria de la Guayana francesa tras varios años de presidio. A causa de su gran número de contradicciones e incoherencias, ya los críticos pusieron en duda la autenticidad del relatos. Testigos de la época confirmaron que el libro describía fielmente los crueles métodos utilizados en el campo de prisioneros, que por aquel entonces ya no existía, aunque criticaron que Charriére hiciera suya las experiencias ajenas. A pesar de ello, el éxito de ventas en forma de libro justificaba por su gran cantidad de emocionantes descripciones de intentos de huida y la enorme precisión de los detalles, entre otras cosas, el éxito de taquilla en el cine. Era ésta una película sobre cárceles en un escenario exótico u dos grandes estrellas cinematográficas en los papeles principales.

El ladrón de cajas de caudales fránces Papillon (Steve McQueen), cuyo apodo procede de una mariposa que lleva tatuada en el pecho, es condenado a cadena perpetua en 1931, a pesar de ser inocente. Deberá pasar el resto de sus días en las islas Penitenciarias. El delgado contable y falsificador de documentos Dega ( Dustin Hoffman ), también se encuentra entre los condenados. Durante la travesía en barco, Dega teme por su vida, debido a que el dinero escondido en sus propios intestinos corre el peligro de cambiar rapidamente de propietario si alguien le raja la barriga. El astuto Papillon cierra un trato con Dega: le promete protección a cambio de que Dega financie su huida. Cuando llegan a la colonia , ambos prisioneros son destinados a trabajar en los pantanos. Dega se siente profundamente en deuda con Papillon tras evitar que un guardia lo golpee hasta la muerte. Papillon, que más tarde intenta huir precipitadamente, no llega muy lejos. Es castigado a dos años en régimen de incomunicación. No obstante, incluso durante su aislamiento no interrumpe el contacto con Dega. Éste, mientras tanto, ha conseguido con soborbos un trabajo más agradable en la administración de la cárcel y hace llegar cocos en secreto a Papillon. Se trata de un complemento esencial a la alimentación de prisión que apenas basta para sobrevivir. Pero, aunque todo se descubre y Papillon es castigado a permanecer varios años a oscuras y con media ración de comida, mantiene la boca cerrada. No traiciona a Dega. Más tarde, Dega y Papillon vuelven a encontrarse en el campamento penitenciario y emprenden otro intento de huida, esta vez conjuntamente.

Papillon narra la historia de la extraordinaria amistad entre dos hombres, caracterizada por la diligencia y la comprensión. “Mis pensamientos están contigo”. Dega se dirige varias veces a Papillon con estas palabras, que expresan la más profunda simpatia y la especial relación que los une.

La puesta en escena del director Franklin J. Schaffner, que ya había tenido grandes éxitos con películas éxitos con películas como El planeta de los Simios (1968), o la oscarizada Patton (1969), juega con un audaz equilibrio entre la representación realista de las crueles condiciones de los prisioneros y algunos momentos humorísticos. Cuando Dega y Papillon deben atrapar en un pantano un cocodrilo supuestamente muerto pero que en realidad todavía puede morder, esta acción adpta un carácter de payasada. Incluso la huida saltando un elevado del muro se convierte en un “respiro cómico”. Mientras la orquesta de la cárcel interpreta durante un concierto música de marcha para los colonos, Dega y Papillon intentan superar el obstáculo y parecen tan torpes como los policias de peliculas cómica de los últimos diez años. El resultado es un humor negro cómico y amargo a la vez.

Papillon no solo se limita a los tópicos de las peliculas de cárcelescomo los guardias sácidos o la huida de los prisioneros a través de un pantano. Como en muchas de sus películas, también aquí Schaffner vincula aspectos de la historia del cine con el contexto histórico y político de su narración. Así, en la adaptación cinematográfica del destino del último zar, en Nicolás y Alejandra (1971), en las escenas de masas y de revueltas recuría por ejemplo a técnicas de montaje como las que utilizó Sergej M. Eisenstein en La Huelga(1924) o en Octubre (1927). En Papillon consigue una simbiosis comparable entre la historia del cine y la historia contemporánea en la construcción y el dibujo del personaje principal. Por ello no es que casual que Papillon, después de pasar catorce años en la cárcel, se parezca a otro encarcelado de la historia del cine: en Un condenado a Muerte se ha escapado (1956), el director Robert Bresson narra, basándose también en testimonios reales, la reclusión de un combatiente de la Resistencia durante la ocupación alemana en Francia (1940-1944). De la misma forma que Papillón, ese personaje también está obsesionado con la huida . Ambos están poseidos por la mims ansia de libertad, que se expresa en su resistencia. No ahorran esfuerzos y arriesgan su vida para escapar a la opresión. El compositor cinematográfico Jerry Goldsmith corroboró esta relación al inspirarse en música francesa de la época. El principal tema “francés” de Papillon suena, finalmente, tras su éxito en la huida y domina el fondo sonoro. Lejos de lo que sucede en Europa, la música establece una vinculación entre el protagonista y su patria. El prisionero de la Isla maldita obtiene su identidad que procede de los combatientes de la Resistencia de su País. Libre en su modelo literario, Schaffner consigue así, de manera original, transmitir la historia al cine sin limitarse a la simple cita.

El ansia de la conciencia.

Pienso que en ocasiones, necesitamos desahogar nuestra furia de una manera estruendosa: Un grito silencioso y anárquico que parece brotar un núcleo casi desconocido de nuestra mente. Algo asi como arrojar una cerilla encendida a un charco de gasolina. Una gran explosión purpurea, poderosa, que por un momento abarca al mundo al completo, se extiende en todas las regiones de nuestro pensamiento, un destello infinitesimal de pura y espléndida locura. Una rutilante necesidad de comprendernos a través de la perdida de habitual y comedido dominio que la idea social insiste que debemos conservar en toda circunstancia. La absoluta transgresión, en suma.

Me hace reír esa idea. Me fascina y me abruma a partes iguales. Sí, liberar la cólera, dejar escapar toda esa energía rudimentaria y falaz que se acumula lentamente en algún lugar de nuestra memoria, abriendo espacios ambiguos en nuestra imaginación. La curandera que vive en mi espíritu, esa vieja misteriosa y sombra que se pasea en las penumbra de mi esencial necesidad de expresar el verno creador, dice que sí, que la cólera puede cambiar, pero hace falta algo perteneciente a otro mundo, algo que pertenezca unicamente al mundo instinto, esa realidad secreta y silenciosa en la que los animales todavía hablan y la danza del tiempo intimo vive, algo que pertenece unicamente a la capacidad de creación de la mente humana.

En el budimos se practica una acción de búsqueda llamada Nyuby, que significa ir a las montañas para comprendernos a nosotros mismos, olvidar nuestro nombre y nuestra identidad en un rapto de absoluta conciencia radiante: la cólera, más allá de todo sentido, palpitando, en nuesta mente, los ojos cerrados, la sensación ampulosa que todo lo que nos pertenece desaparece por un instante en un ígneo estallido de luz. La pasión, la pura reverberación de la conciencia, repitiendose una y otra vez para crear un ciclo en si misma. Soy quien soy, la que camina en la montaña de mis pensamientos, en el tiempo divino y personal que habita en mi mente.

Una cronología bendita, aciaga, desconocida, perpendicular, a solas en medio de esa razón quebradiza que intentamos crear a partir de un sentimiento de pura incertidumbre, el caos en medio de las sombras del espiritu, ese deseo amplio y secular con la forma de una idea que otorga forma al mundo, a la realidad, a nuestro rostro en el espejo. Si, tal vez solo se trata de esa intensa necesidad de libertad – abrir los brazos hacia un amanecer imaginario, lecho de fuego, un horizonte fébril – donde habita nuestra identidad más remota y personal.

C’la vie.

Gracias Principe Rojo, por la fotografía.

El rostro de la memoria más Antigua: de la mujer y su voz en el tiempo.

Con frecuencia, me preocupa el estereotipo femenino que aun lastima nuestra identidad cultural dentro del hecho concreto de la memoria social. La idea de la fragilidad de la mujer, de su vulnerabilidad hacia el valor más evidente de nuestra moralidad y el sentido único de nuestra concepción intelectual, deforma la imagen y la esencia de la feminidad, en beneficio de una expresión limitada y prejuiciada sobre nuestra identidad como género. Las mujeres vivimos hoy en día una búsqueda en nuestra cultura: el abrazo a nuestra naturaleza femenina, el aprender a valorarnos como mujeres y a curar la herida de lo femenino.

Como conglomerado social, las mujeres hemos sido frecuentemente caracterizadas como seres descentrados, volubles y demasiado emotivos para ser eficaces, características percibidas como debilidad, inferioridad y dependencia, no sólo por la cultura masculina dominante sino también por nosotras, las propias mujeres.

Las mujeres que han buscado éxito en el mundo laboral masculino lo han hecho a menudo para refutar este mito: Querer demostrar que saben pensar y sacar algo adelante, que son independientes, tanto emocional como económicamente. Eligen modelos y mentores masculinos, o mujeres de identificación masculina que validen su intelecto, su sentido de propósito en la vida y su ambición y generan una sensación de seguridad, dirección y éxito.

La heroína se lanza a la batalla, con su armadura, su espada y su corcel más veloz. Logra su trofeo (un título superior, un ascenso, autoridad, un espacio público, solvencia económica), Compagina trabajo e hijos, aparece el siguiente obstáculo, otro ascenso, otra reunión social, cada momento libre se va llenando con cosas que hacer. La mujer no sabe parar, no sabe decir que no, se siente culpable de pensar en defraudar a alguien que la necesite.

Hasta que un buen día se pregunta:
¿Para qué sirve todo esto? ¿Dónde estoy yo? ¿Qué he perdido?

La mujer ha aprendido a hacer las cosas con lógica y eficazmente pero ha sacrificado su cuerpo y su alma: su salud, sus sueños y su intuición, Porque olvidó cómo criar, cómo criarse a sí misma. Porque decidió seguir un modelo que niega lo que en realidad es.

Aprendieron a tener éxito según un modelo masculino que no las satisface. El error inicial pudo ser la decisión de jugar con reglas ajenas en el juego de la autoestima y el éxito. Cuando una mujer decide dejar de jugar según las reglas patriarcales, no tiene indicadores que le digan cómo actuar y sentir.

El cambio asusta, pero donde hay miedo hay poder. En este momento, La mujer comienza su descenso: Se destronan reyes, se vaga sin rumbo, se buscan los pedazos perdidos de sí misma, se
encuentra con la sombra femenina,El descenso no puede ser apresurado porque es un viaje sagrado, no sólo para reivindicar las partes perdidas de una misma, sino también para redescubrir el alma perdida de la cultura – reclamar a la Diosa-.

Tras el descenso, la heroína empieza a curar poco a poco la ruptura madre-hija, la herida que resultó del rechazo inicial de lo femenino. La curación se da dentro de la mujer misma, a medida que empieza a nutrir su cuerpo y su alma y a reclamar sus sentimientos, su intuición, su sexualidad, su creatividad y su sentido del humor.

Constantemente, yo he vivido una experiencia semejante, en cada aspecto de mi vida, en cada etapa y circunstancia anecdótica a la que me he enfrentado a lo largo de mi vida:

El viaje externo hacia el reconocimiento fue perdiendo importancia a medida que exploraba mi territorio interno, mi voz femenina se hizo más potente e hice acopio de valor para abandonar mi dependencia de una mentalidad lineal. Entonces pude escuchar mis sueños, imágenes y aliados internos. Estos se hicieron mis guías. Un derrotero magnifico, profundamente significativo, en donde pude encontrar consuelo no solo a mi necesidad de convalidar mi imagen femenina – como ciudadana del mundo y como dueña de una huella cultural evidente – sino además, encontrar el sentido exacto de mi búsqueda personal, el sentido más cercano a propia idea de la verdad.

Porque, sin lugar a dudas, la feminidad es una forma de expresión utópica, maravillosamente abstracta, espléndida en su enorme valor intrínseco, inconmensurable en su origen esencial y primitivo. Una danza en la memoria, una voz que canta en un lenguaje tan antiguo como el de la Madre Tierra, la Diosa secreta que habita en nuestro espíritu. Una idea espléndida y cenital que se manifiesta en nuestro espíritu y nuestro capacidad para crear.

Escribí este articulo basándome en el maravilloso libro Ser mujer, un viaje Heroíco de Maureen Murdock.

La rosa que danza en el silencio de un desierto olvidado: El Misterio de Georgia O’Keeffe.

El castillo de mi memoria, Georgia O´Keeffe ocupa un lugar privilegiado. Una idea fecunda y visceral que crea en si misma un significado enigmático, punzante, divinizado en un concepto trascendental. Sus manos, esas manos por todas partes. Desplegadas por encima de un racimo de uvas negras, jugando con un reluciente volante de coche cromado, acariciando un cráneo de buey o sencillamente moviéndose en el vacío, como en un gesto de destacar un punto importante en un discurso mudo. Durante mucho tiempo, el famoso retratos y los desnudos fotográficos realizados por su compañero, Alfred Stieglitz – cerca de 300 desde 1917 hasta 1937 – eran muchos más conocidos que las obras de Georgia O’Keeffe. En las fotografías de Stieglitz, las manos de O’Keeffe parecen dirigirse siempre hacia sus pinturas si se tratase de objetos exquisitos; mientras trabajaba en ellas, por ejemplo en su taller, Stieglitz nunca le hacía retratos.

Un sueño de la razón fragmentada: Pétalos y pequeñas recreaciones vegetales transformándose en una idea más enigmática, palpitante y por momentos, simplemente voluptuoso. Una necesidad utópica, antigua, primitiva, que parece crear un lenguaje complejo y persona a través de las estilizadas lineas, los delicados matices de colores que parecen confundirse entre sí para dotar de una singular sensación de vida a cada imagen. Una idea perpendicular e insuperable de pura belleza.

O’Keeffe tuvo una relación con Stieglitz a la vez simbiótica y turbulenta desde 1918 hasta 1946, año en que él murió ( se habían casado en 1924 ). Stieglitz admiraba profundamente su obra y, al ver por primera vez sus dibujos al carbón y sus acuarelas en 1916, en la Gallery 291 de Nueva York que él mismo dirigía, exclamó: “por fin: una mujer sobre papel”. En sus fotografías, Stiegliz establecía una relación dual entre el cuerpo de la artista y su obra: en primer lugar, representando sus manos entre los lienzos, lo que sugería una mujer con criterio, rodeada de cosas bellas, receptiva al placer estético; y en segundo lugar, naturalizado su cuerpo, su torso, a menudo identificándolo con las flores abiertas de sus pinturas, como si el arte fuera el primer fruto de la existencia física de la mujer, antes que el resultado consciente y autónomo de una subjetividad artística.

Precisamente, el gran logro de O’Keeffe fue explorar nuevos territorios de la imaginación, que hasta entonces el arte femenino solo había rozado como concepto creativo: el erotismo como una expresión ecléctica y profundamente sentida de un lenguaje visual único, la necesidad de recrear el enigma femenino como una yuxtaposición de mensajes simbólicos de ambiguo significado. La flor se eleva como una nota de ternura, en medio del derrotero exiguo y evidente del trazo firme, del uso de una paleta de colores solida y amplia y no obstante, a la vez se trata de un exquisita representación de la sexualidad femenina, fértil y poderosa, brotando de la naturaleza, del brillo exquisito de un tiempo yermo y primitivo. La flor, con sus pétalos entreabiertos, sus pistilos bien visibles, enarbolando una metáfora cualitativa sobre la expresión del erotismo en la mujer. Tal vez por ese motivo, O’Keeffe trabajó como profesora de arte; una forma creacionista tan antigua como el hecho verbal: recrear el conocimiento a través de una estructura de valores profundamente personales. En 1915 había estudiado en la Columbia University con Arthur Wesley Dow, un defensor de la teoría sinestética del arte. Durante ese período, se sentía entusiasmada con la música ragtime y por la pintura de Picasso, y en una ocasión llega a definir su propia obra pictórica como “música” y afirmó que “como no sé cantar, pinto” ( si bien tocaba el violín) O’Keeffe experimentó con el dibujo al carbón, con un amplios trazos en línea recta, ondas, diagonales y vórtices rítmicos por todo el papel. Stieglitz montó una exposición de sus dibujos sin consultárselo antes y luego la “remunero” con fotografias de las obras exhibidas. Este acto marcó el inicio de los profundos lazos artísticos y existenciales entre el fotógrafo y la pintora. En 1916, O’Keeffe volvió a la pintura y a la acuarela, el medio que, según Kandinsky, representaba el punto de partida de la reflexión espiritual en arte. En su obra Blue Lines X ( Lineas azules X, 1916 ), las líneas proyectadas como inscripciones en el espacio vacío pictórico recuerdan esta fuente.

…Al desierto.

En mayo de 1929, O’Keeffe realizó un viaje con un amigo a Taos, en el desierto de Nuevo México. Los inabarcables paisajes con su atmósfera clara y su luz intensa se convirtieron en la principal fuente de inspiración de la artista durante las siguientes décadas. El espacio ilimitado de la zona norte de Nuevo México la llevó a llamar a este punto de fuga de su búsqueda artística “The Faraway” ( la lejanía). Recogió huesos de animales esparcidos por el desierto y también las cruces de madera instalados por los penitentes, una secta católica, aparecieron en sus composiciones. Durante los años venideros, hasta la muerte de Stieglitz en 1946, O’Keeffe alternó estancias en Manhattan y en el desierto. Más adelante, se instaló permanentemente en el sudoeste de Estados Unidos, en una hacienda en Abiquiu, cerca de Ghost Ranch, donde trabajó durante las tres décadas siguientes. Y no dejó de pintar hasta 1972, cuando ya había disminuido su vista y probablemente danzara en los entrecijos de su memoria de la mano de su propia necesidad de crear.

C’la vie

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