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La memoria ancestral: los antiguos Bardos.

Como creo haber mencionado varias veces en estas desordenadas memorias, la Tradición de Brujería que practico es netamente oral: Aunque la mayoría de los rituales y tradiciones se conservan en los Libros de las Sombras de los diferentes miembros de la familia, la esencia de nuestras creencias tienen un origen netamente tribal. Las viejas costumbres se transmiten de madre a hija en forma de historias, cuentos, fabulas, metáforas, alegorías, danzas, y elaborados rituales que tienen por único objetivo transmitir el antiguo saber que heredamos como forma cultural. Una manera amena y sobre todo sentida de conservar el hilo elemental de nuestra identidad religiosa.

Tal vez por ese motivo, cuando me preguntan el posible origen de la preminencia oral en nuestras costumbres, me remito de inmediato a una figura antigua, magnifica y sobre todo, familiar para todas las tradiciones mágicas: El Bardo, el hombre misterioso que danza en el bosque de los secretos llevando consigo el saber y las creencias de un tiempo olvidado.

Una danza ancestral:
Un narrador local explica la historia del pueblo, otro rehace historias románticas en las que mezcla la realidad y la ficción otro recita poesía como si las palabras fueran olas que rompen en la orilla. Otro narrador, quizá un bardo itinerante, canta baladas heroicas, runas y encantamientos, romances o nanas para los niños. Las genealogías y los relatos épicos retienen la larga memoria de las generaciones y casi no cambian. Otras historias mezclan y cambian argumentos, viejos y nuevos, insuflando nueva vida e interpretaciones.

El Bardo más conocido de la Tradición celta es Taliesin Pen Beirddd, el bardo de las isla de Britania, que vivió en Gales durante la segundad mitad del siglo VI. Se le atribuye un enorme corpus de canciones, poemas y tradiciones. Aunque gran parte de estos trabajos provienen en realidad de tiempos medievales, se les identifica con Taliesin para aumentar el prestigio de la orden de los bardos en Britania. Sin embargo, los poemas de Taliesin que hunden sus raíces en aquella época y probablemente son anteriorees, contiene mucho de lo que sabemos de los antiguos bardos, que derramaban bendiciones sobre los amigos y, en su lado la maldición de los sátira sobre los enemigos. Taliesin nos habla así de sus orígenes:

Yo fui el instructor
De todo el completo
Universo.
Lo seré
Hasta el día del juicio
En la faz de la tierra…
No hay una maravilla
En el mundo
Que yo no pueda revelar.

A pesar de la inmodestia de Taliesin, los bardos transmitieron a lo largo de los siglos los misterios de la sabiduría y la tradición. Desde los tiempos anteriores al legado escrito, el papel más importante de los bardos itinerantes y los narradores de historias locales fue preservar un vasto corpus de Sabiduría oral que incluía historia y geneología, poemas y canciones, cuentos épicos, adivinanzas, encantamientos, conocimientos de las dispustas y asentamientos, así como las leyes.

Viajando de parroquia en parroquia a finales del siglo XIX, Alexander Carmichael visitó a muchos narradores y registró sus cuentos y cancaciones. Los narradores que buscaba Carmichael ya eran ancianos; habían aprendido sus historias y poemas cuando eran niños de otros narradores que, a su vez, los habían aprendido en su infancia. De esta manera, los cuentos y poemas que Carmichael reunió viajan hacia atrás hasta la primera mitad del siglo VII. Carmichael nos habla de una narradora itinerante de la Escocia de principios del siglo XVIII, Catherine Macaulay que “viajaba de casa en casa y de pueblo en pueblo…y se quedaba en cada lugar más o menos tiempo, según la población y la estación del año recitando noche tras noche, y semana tras semana…poemas y narraciones…largos y misteriosos…” Una narradora de las Hébridas Exteriores fue Janet Campbell, una niñera que “conocía muchanas Nanas y bellas canciones…sus historias encantaban a los niños…que escuchaban lo que el oso le dice a la abeja, el zorro al cordero, el perro de caza a la gallina, la serpiente al ruiseñor, la ballena al aranque y la nutria parda del río al joven salmón plateado del arroyo”

En la voz del Bardo, el conocimiento y la interpretación de la larga historia de la vida de la tribu ( o la de su familia, comunidad o pueblo ) tienen una importancia secular: no solo otorgan sentido a la historia cotidiana que se conserva a través de las canciones, sino que además, investiga las fronteras del futuro a través de la huella del pasado. Una costumbre que le otorga rostro y corporeidad a la vieja tradición de contar historias.

El arte de contar historias es activo, no pasivo. Aunque la historia no cambia respecto a la ocasión anterior en que fue contada, provoca recuerdos, significado e identidad. De hecho, la historia que va cambiando contiene los dictados y la guía del espíritu. Una transformación de la psiquis social y cultural a la que pertenecemos.