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La memoria ancestral: los antiguos Bardos.

Como creo haber mencionado varias veces en estas desordenadas memorias, la Tradición de Brujería que practico es netamente oral: Aunque la mayoría de los rituales y tradiciones se conservan en los Libros de las Sombras de los diferentes miembros de la familia, la esencia de nuestras creencias tienen un origen netamente tribal. Las viejas costumbres se transmiten de madre a hija en forma de historias, cuentos, fabulas, metáforas, alegorías, danzas, y elaborados rituales que tienen por único objetivo transmitir el antiguo saber que heredamos como forma cultural. Una manera amena y sobre todo sentida de conservar el hilo elemental de nuestra identidad religiosa.

Tal vez por ese motivo, cuando me preguntan el posible origen de la preminencia oral en nuestras costumbres, me remito de inmediato a una figura antigua, magnifica y sobre todo, familiar para todas las tradiciones mágicas: El Bardo, el hombre misterioso que danza en el bosque de los secretos llevando consigo el saber y las creencias de un tiempo olvidado.

Una danza ancestral:
Un narrador local explica la historia del pueblo, otro rehace historias románticas en las que mezcla la realidad y la ficción otro recita poesía como si las palabras fueran olas que rompen en la orilla. Otro narrador, quizá un bardo itinerante, canta baladas heroicas, runas y encantamientos, romances o nanas para los niños. Las genealogías y los relatos épicos retienen la larga memoria de las generaciones y casi no cambian. Otras historias mezclan y cambian argumentos, viejos y nuevos, insuflando nueva vida e interpretaciones.

El Bardo más conocido de la Tradición celta es Taliesin Pen Beirddd, el bardo de las isla de Britania, que vivió en Gales durante la segundad mitad del siglo VI. Se le atribuye un enorme corpus de canciones, poemas y tradiciones. Aunque gran parte de estos trabajos provienen en realidad de tiempos medievales, se les identifica con Taliesin para aumentar el prestigio de la orden de los bardos en Britania. Sin embargo, los poemas de Taliesin que hunden sus raíces en aquella época y probablemente son anteriorees, contiene mucho de lo que sabemos de los antiguos bardos, que derramaban bendiciones sobre los amigos y, en su lado la maldición de los sátira sobre los enemigos. Taliesin nos habla así de sus orígenes:

Yo fui el instructor
De todo el completo
Universo.
Lo seré
Hasta el día del juicio
En la faz de la tierra…
No hay una maravilla
En el mundo
Que yo no pueda revelar.

A pesar de la inmodestia de Taliesin, los bardos transmitieron a lo largo de los siglos los misterios de la sabiduría y la tradición. Desde los tiempos anteriores al legado escrito, el papel más importante de los bardos itinerantes y los narradores de historias locales fue preservar un vasto corpus de Sabiduría oral que incluía historia y geneología, poemas y canciones, cuentos épicos, adivinanzas, encantamientos, conocimientos de las dispustas y asentamientos, así como las leyes.

Viajando de parroquia en parroquia a finales del siglo XIX, Alexander Carmichael visitó a muchos narradores y registró sus cuentos y cancaciones. Los narradores que buscaba Carmichael ya eran ancianos; habían aprendido sus historias y poemas cuando eran niños de otros narradores que, a su vez, los habían aprendido en su infancia. De esta manera, los cuentos y poemas que Carmichael reunió viajan hacia atrás hasta la primera mitad del siglo VII. Carmichael nos habla de una narradora itinerante de la Escocia de principios del siglo XVIII, Catherine Macaulay que “viajaba de casa en casa y de pueblo en pueblo…y se quedaba en cada lugar más o menos tiempo, según la población y la estación del año recitando noche tras noche, y semana tras semana…poemas y narraciones…largos y misteriosos…” Una narradora de las Hébridas Exteriores fue Janet Campbell, una niñera que “conocía muchanas Nanas y bellas canciones…sus historias encantaban a los niños…que escuchaban lo que el oso le dice a la abeja, el zorro al cordero, el perro de caza a la gallina, la serpiente al ruiseñor, la ballena al aranque y la nutria parda del río al joven salmón plateado del arroyo”

En la voz del Bardo, el conocimiento y la interpretación de la larga historia de la vida de la tribu ( o la de su familia, comunidad o pueblo ) tienen una importancia secular: no solo otorgan sentido a la historia cotidiana que se conserva a través de las canciones, sino que además, investiga las fronteras del futuro a través de la huella del pasado. Una costumbre que le otorga rostro y corporeidad a la vieja tradición de contar historias.

El arte de contar historias es activo, no pasivo. Aunque la historia no cambia respecto a la ocasión anterior en que fue contada, provoca recuerdos, significado e identidad. De hecho, la historia que va cambiando contiene los dictados y la guía del espíritu. Una transformación de la psiquis social y cultural a la que pertenecemos.

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La Voluptuosa autoridad de la Tierra: La vitalidad del mundo ancestral.

Según la Tradición de la Antigua Religión que practica mi familia, la soberanía de la tierra está personificada en las Diosas Madre que transfieren la soberanía a los reyes legítimos. La energía de la tierra se origina en su misterioso y ardiente interior que da a la superficie de ésta sus sensuales y voluptuosas cualidades de vitalidad. El empuje del interior de la tierra acaricia su superficie mediante pozos y fuentes termales, mares y lagos, montañas y colinas, y en la esencia de la energía de los lugares. La soberanía significa la fresca vitalidad del mundo natural.

La soberanía de la tierra se expresa en los prodigios del mundo natural, su belleza, sus complejidades y sus maravillas que acarician nuestros sentidos y nos llaman a casa, el momento presente. La soberanía no es para los celtas una deidad trascendente, sino terrenal y real, que nos considera parientes y nos devuelve el suelo que nos dio la vida. La tierra palpita con la energía de la creación. Las aguas termales brotan con ímpetu a su superficie procedentes de los calderos sagrados que hierven en su interior.

Como en la mayoría de culturas de antigua estirpe, los celtas reverenciaban la tierra y la personificaban como madre, la fuente de la vida. La diosa Brigit, por ejemplo, representa lo más claros atributos de sobenaría en varios países celtas. La soberanía se transfiere, aunque temporalmente, al jefe o el rey legítimo, en una especie de expresión coherente del valor del pensamiento humano y a su vez, su vinculación con la idea más amplia de la divinidad.

En Britania, se la adoraba como Brigantia, diosa territorial que también daba nombre a una tribo celta que habitaba en los Midlands ingleses. En los preparativos para la celebración de la Fiesta de la Novia, el 1 de febrero, un símbolo casero de soberanía, una “vara pequeña, recta y blanca ( a la que se le había quitado la corteza), se coloca al lado de la figura de Brigit. Generalmente, la vara de abedul, retama, zarza, Sauce blanco u otras maderas sagradas…a los reyes de Irlanda se les daba una vara similar en su coronación y también en el nombramiento de los Señores de las Islas de Escocia”

De forma parecida, Brigit está relacionada con las estaciones y la fuente de la vida. Según la tradición celta, la serpiente del Otromundo reside en el interior de la tierra y aparece en la Fiesta de la Novia, cuando la dureza del invierno ha pasado y empieza a verdear la primavera. Alergatada en invierno y despierta e inquieta en primavera, Brigit rige las estaciones con sus actividades. Ella es la soberana.

La voz de la Antigua Dama: Simbología del ciclo Lunar.

Quizá ningún otro objeto natural ha sido tan reverenciado, desde periodos tan antiguos, como la Luna. Por regla general su símbolo ha sido la medialuna creciente, ya que el círculo que representa la luna llena podía confundirse con los símbolos solares.

Por su aparente conexión con los ciclos femeninos de la “sangre lunar” (menstruación) que daba vida a cada humano que estuviera en la matriz, la luna se convirtió en el primer símbolo universal de la Diosa Madre. El nombre griego de Europa, madre eponímica de la Europa continental, significa “luna llena” y proviene del título de Hera o Io como la blanca Luna-vaca, y también de otras versiones de la diosa como Demeter y Astarté.

Albión, el antiguo nombre de Bretaña, significaba “luna blanca” y se refería la Diosa hasta que el moje Gildas le convirtió en un ficticio santo masculino llamado San Alban.

Al-Mah, la luna, fue una deidad principal de Persia cuyo nombre se convirtíó en el nombre hebreo Almah, “mujer núbil”: nombre que los cristianos han insistido en traducir como “virgen” cuando se aplica a la madre de Jesús. Otro derivativo fue el latín alma-mater, “alma-madre” viviente del mundo.

Los romanos reverenciaban la primordial Luna Madre como Luna o Mana (Manía), madre de los espíritus ancestrales arcaicos llamados manes, anualmente propiciados en el festival Manalia. La misma Diosa Mana regía en la arcaica Escandinavia, en Arabia, y el Asia central. “Mana” viene del sánscrito manas, “mente” un atributo de Ma, la madre primordial; estaba también relacionado con el latín mens, significando ambos “mente” y “luna” y también una cualidad misteriosa de poder espiritual: nu-men.

De acuerdo con Moses Maimonides, el culto lunar era la religión de Adán; y la Biblia contiene muchos trazos de reverencia pre-yahveísticas a la luna. Los reyes del Antiguo Testamento vestían “ornamentos como la luna y también lo hacían los animales que montaban” (Jueces 8:21). Los Profetas denunciaban a las mujeres hebreas por llevar amuletos lunares (Isaías 3:18). Agla, uno de los “nombres secretos de Dios” más usados en la magia hebrea, es usualmente traducido como “luz” pero significa específicamente “luz de luna”; es uno de los antiguos nombres de la diosa Luna.

Una tradición talmúdicas decía que el mismo Yahvé tuvo que hacerle una ofrenda a la luna por haberla ofendido. La diosa de la Luna no parecía demostrar mucho respeto por Yahvé ni por los suyos; según el Apocalipsis de Baruch: Cuando Adán y Eva cayeron en el pecado, todo lo demás se hundió con ellos “el cielo, el sol y las estrellas, incluso los más cercanos al trono de Dios; los ángeles y los poderes fueron movidos por la trasgresión de Adán,” todo excepto la Luna, que se reía.

San Agustín condenó a las mujeres por su “impúdicas y coquetas” danzas en honor a la luna nueva. Aún así, el tiempo lunar era tan importante para la tradición Savior que los cristianos insistieron en remarcar que la luna llena apareció durante la crucifixión de Jesús –aún con un eclipse solar, que sólo puede suceder durante la etapa oscura de la luna.

Las tradiciones lunares continuaron siendo asociadas con las mujeres durante la Edad Media. En el folklor y las baladas puede observarse que las mujeres eran animadas a rezar por favores especiales no a Dios sino a su propia deidad, la Luna Madre, para quien cocinaban panes de avena. También los oponentes de Jeremías continuaron cocinando pasteles para ofrendar a la Reina del Cielo (la luna) sin importar las fulminaciones del profeta acerca de ella (Jeremías 44:19); de la misma forma las mujeres de la Europa cristiana cocinaban pasteles a la luna, que los franceses llamaron croissants –crecientes– por su forma lunar.

Los modernos pasteles de cumpleaños descienden de la forma griega de honrar el cumpleaños mensual de Artemisa, diosa de la Luna, realizando deliciosos pasteles de luna llena. Las brujas continuaron invocando a la Diosa “dibujando la luna”. En algunas áreas, los cultivos no podían ser recolectados ni las bodas celebradas a menos que fuera en los tiempos apropiados de la Luna. Todo lo que tenía que ver con el manejo de animales domésticos parece estar relacionado con la Luna. Y por supuesto, ninguna bruja ni adivino realizaban operaciones mágicas sin tomar en cuenta la fase lunar.

En la Arabia pre-islámica la diosa Luna era tan importante que su emblema llegó a representar el país entero, y lo sigue haciendo, como muestra la luna creciente de las banderas islámicas. Como Manat, la vieja madre luna de la Meca, alguna vez reinó en la fe de todos sus hijos, quienes también la llamaban Al-Lat, la Diosa. Este nombre fue masculinizado como “Allah”, quien prohíbe a las mujeres entrar a las mezquitas que alguna vez fueron templos de las sacerdotisas de la luna.

En Asia central, su órbita celeste fue descrita como el espejo que refleja todo en el mundo. Todavía se dice que el reflejo de la luna en el agua es el principal remedio para calmar la histeria.”

Fuente:

Walter G., Barbara. “Moon”, The Woman’s Dictionary of Symbols and Sacred Objects. San Francisco: Harper San Francisco, 344-5.

La danza de la Luna: el Camino Iniciático de la Nación Lakota.

Un mito sioux, el de la Mujer Bisonte Blanco describe las siete etapas que sigue la mujer en su camino hacia la autorrealización. El origen del mito lakota es conocido como “El camino de la belleza” y es un ritual sagrado que dura toda la vida.

1. El camino de la hija. Este período comprende desde el nacimiento hasta la aparición de la primera regla. Todavía es una niña, física y psíquicamente dependiente, mentalmente receptiva, que absorbe todo tipo de enseñanza, ejemplo o estímulo que se le presenta. Si todas estas influencias exteriores son apropiadas, estructuradas y emocionalmente equilibradas, la niña desarrollará el equilibrio, respeto, dignidad y autoconfianza que luego necesitará como recursos para llevar una vida en armonía con todo lo existente.

2. El camino de la mujer. Abarca los años en que una mujer desarrolla la autoconfianza, aprendiendo a controlar su vida independiente de los adultos. Aprende a través de la experiencia personal, desarrolla sus propias respuestas emocionales y mentales y elige sus relaciones. Empieza a explorar su sexualidad y a construir su espiritualidad. Son los años en los que empieza a conocerse y, poco a poco, llega a ser una persona responsable y madura (en nuestra sociedad actual este período va desde la adolescencia hasta los 28-32 años).

3. El camino de la madre. Desde el punto de vista espiritual, el nacimiento de un hijo es el evento más importante de la vida de una mujer; ya que entonces entra a formar parte de la comunidad espiritual femenina. Al cruzar la frontera entre la vida y la muerte con el parto es recibida en la comunidad de las matronas, donde inicia la verdadera enseñanza. En el período de la madre aprende la disciplina del sacrificio: cuerpo, tiempo, psique, conocimiento, vida social, condición económica, relaciones y valores son puestos al servicio de los niños. Este pasaje, ambivalente como ningún otro, la empuja a superar todos los límites que tenia previstos. Aprende a controlar completamente su mundo, intentando armonizar sus necesidades individuales con las demandas externas que constantemente caen sobre ella; alcanza así el poderoso equilibrio entre realidad interna y externa sobre el cual se basa este ritual sagrado. En el camino de la madre, la vida espiritual de la mujer pone sus raíces y florece: no hay que olvidar que en muchas culturas antiguas el dar a luz simbolizaba para la mujer una iniciación.

4. El camino de la recogedora y el de la ritualista. Ambos caminos son tan antiguos como la raza humana. Recoger es una disciplina que requiere respeto antes que nada; desarrolla poderes especiales de observación y discernimiento en el conocimiento de las estaciones, del clima, de la astronomía y de la curación. Armada únicamente de conocimiento, de intuición y de oraciones, la mujer recolecta gran cantidad de plantas y de sustancias minerales para la cocina, la magia, la higiene y la cosmética. La recogedora tiene que conocer perfectamente dónde y cuando encontrar lo que necesita, la forma más adecuada de conservar, almacenar, preparar las sustancias y utilizarlas en condiciones que resulten eficaces e inocuas. Una Mujer Medicina nativa nunca aplica el mismo remedio al mismo síntoma físico en distintos pacientes, ya que trata al ser en su totalidad. Para ella “hacer medicina” es conocer al paciente, a su familia, su condición espiritual, mental, física, ambiental y social, y cómo combinar todo esto en el proceso de curación.
La aspirante-chamana es también muy consciente del espíritu que hay tras la planta, roca o cristal usados en el tratamiento, a los cuales hay que dar las gracias por la ayuda que le están aportando. Esta parte del trabajo de una Mujer Medicina se caracteriza por la tensión espiritual, aunque no tan intensa como en su primer parto, sus primeras reglas o su responsabilidad de mujer joven de aprender a respetar a los demás (humanos e inhumanos) y a sí misma. Una Mujer Medicina que no consigue equilibrio, responsabilidad y ser consciente puede suponer un desastre para toda la comunidad, porque el poder de la mujer es grande, y cuanto más desarrolle la disciplina y la devoción, más aumentará su poder. Las mujeres que siguen el camino de la recogedora y de la ritualista tienen que ser interiormente seguras, estar profundamente preocupadas por la vida espiritual del planeta y ser capaces de sacrificar su trabajo y su ego por el bien de la comunidad.

La ley espiritual básica que la mujer aprende en el camino es que la aspirante a chamana da y da mucho tiempo antes de recoger, aunque sólo sea poco, y todo lo que obtiene de su duro esfuerzo y pruebas personales lo tiene que utilizar en alimentar y fomentar la vida.

6. El camino de la maestra. Aprendiendo, experimentando, alimentando y trabajando la mujer alcanza la edad en la cual se vuelve transmisora de sabiduría espiritual y social. Es compartiendo con los demás las técnicas, las teorías y las experiencias que ha vivido como llega a ser una maestra.

Entra en la menopausia tan profunda y madura como la fruta, como la flora. Si ha seguido los caminos descritos anteriormente con armonía entrará en el reino de lo sagrado como miembro de la comunidad cósmica, derecho que se ha ganado a través de su trabajo, sacrificio y devoción. En este momento puede elegir su campo de acción puesto que es una Mujer Medicina, aunque existan otras formas menos obvias de llegar a serlo. Puede elegir la política, el servicio público o cualquier otra profesión; practicará de una forma sana y espiritual todo lo que decida ser. También puede escoger quedarse aislada o ser una abuela, continuando con sus nietos, sus bisnietos o bien otros niños sin hogar ayudándoles a crecer y educándolos.

El modo en que una anciana enfoque su habilidad y su sabiduría depende de la naturaleza del trabajo espiritual hacia el cual ha sido conducida. Gran parte de su enseñanza se transmite a través del ejemplo; ella es un modelo para las mujeres más jóvenes en el camino, y su presencia y esencia revitalizan y enriquecen la vida de su comunidad entera.

7. El camino de la sabia. Alcanzada la vejez, la chamana entra en el período de la maestría, habiendo desarrollado una verdadera sabiduría. El sentido del equilibrio que caracteriza al universo es ahora parte profunda de ella, así como el sentido del humor. Está en contacto directo con hechos naturales y sobrenaturales, siendo capaz de aceptar sus directrices. La esfera de su trabajo ha trascendido su ser personal y privado, su familia; su comunidad se extiende ahora hacia las estrellas. Es un ser sagrado: es completa.

Los siete caminos proporcionan a la mujer la fuerza, la disciplina y la profunda conexión que necesita para canalizar el poder espiritual sin causar daño a sí misma ni a los demás. Le ayudan a desarrollar humildad, orden, respeto dignidad y el sentido de cuidar a toda criatura, dándole una profunda comprensión de sí misma en los aspectos interiores y exteriores.

Existen otras formas de autorrealización, pero este bellísimo ritual nos recuerda que no hay que quemar etapas sino vivir con entrega y aceptación todas las experiencias que nos llegan, sean aparentemente buenas o malas, porque es lo que nos toca vivir, y probablemente es lo mejor que nos puede pasar. A menudo las grandes enseñanzas las encontramos en la pequeñas dificultades diarias, por esto el “camino de la madre” es la etapa más difícil en la vida de una mujer; es el sacrificio del ego y el aprendizaje del amor no egoísta, requisitos esenciales para el desarrollo de una conciencia espiritual y cósmica. Estos siete caminos son los de toda mujer que quiere incrementar su poder espiritual a través de toda una vida, recordando que cada prueba o dificultad que vamos superando es un paso más que vamos dando en nuestro viaje hacia la totalidad.

Fuente:
• Camino iniciático femenino de la Nación Lakota
Extracto de Clara Castelloti del libro “Madre Tierra, Hermana Luna”. Tikal Editorial.

Trangresores: Violadores del Orden Natural.

Numerosos mitos griegos tratan sobre los transgresores y sus castigos y quizá contribuyeran a mantener el orden establecido, sobre todo en la familia, pues muchos de ellos hablan de la violación de las barreras del deseo sexual.

Casi todos están protagonizados por seres humanos, ya que, por lo general , dioses y diosas podían obrar el mal con impunidad, mientras que los desmanes de los mortales recibían severo castigo, paradoja de la que tenían plena conciencia los antiguos Griegos. A continuación cito algunos de los transgresores más destacados:

Atreo y Tiestes: hijos de Pélope, hijo a su vez Tántalo. Cuando Atreo impidió que su hermano s apoderase del Trono de Argos, Tiestes sedujo a Aérope, esposa de aquél. En venganza, Atreo invitó a Tiestes a una fiesta y le sirvió a sus propios hijos. Los hijos de Atreo eran de Agamenón y Menelao, quienes se casaron con Clitemnestra y Helena, quizás las adúlteras más famosas. Egisto, un hijo de Tiestes que sobrevivió, fue amante y complice de Clitemnestra en el asesinato de su primo Agamenón, esposo de esta.
Dédalo: Considerado por los griegos el mayor de los artesano y los inventores mortales, también fue un transgresor. Pertenecía a la casa real de Atenas pero tuvo que abandonar la ciudad tras dar muerte a su sobrino Perdix, artesano rival que había inventado la sierra basándose en la espina de un pez. Cuando Dédalo lo arrojó por un acantilado, el joven se transformó en una perdiz.

Dédalo huyo a Creta, donde entró al servicio del Rey Minos, quién había recibido de Poseidón un toro para ofrecérselo en sacrificio, un animal tan espléndido que decidió quedarse con él. Furioso, Poseidón hizo que Pasífae, esposa de Minos, se enamorase del toro. Dédalo construyó una novilla hueca, de tamaño natural, en la que Pasífae pudiera esconderse para consumar su antinatural pasión, que dió como fruto al Minotauro, bestia salvaje mitad hombre, mitad toro. Enfadado con el artesano, Minos le ordenó que construyese el Laberinto, la prisión del monstruoso híbrido, del que más adelante saldría Teseo tras haber matado al Minotauro con la ayuda del Ovillo que Dédalo le había dado a Ariadna.
Las Danaides: las cincuenta hija de Dánae, descendientes de Zeus e Ío. Se casaron contra su voluntad con los cincuenta hijos de su tio Egipto, y en la noche de bodas, cuarenta y nueve de ellas mataron a sus esposos (La otra, Hipermestra, amaba a su marido, Linceo y de su unión nacieron Perseo y Dánae). Las cuarenta y nueve asesinas recibieron el castigo de llenar eternamente una jarra de agua con un cedazo en los infiernos.

Tereo, Rey de Tracia: Ayudó a Pandión, Rey de Atenas, tomó a la hija de éste, Procne, como esposa y tuvo un hijo con ella, Itis. Filomela, la otra hija de Pandión, fue a ver su hermana y Tereo la violó y le cortó la lengua para que no pudiera delatarlo, pero Filomela tejió un tapiz que representaba su sufrimiento y se lo enseñó a Procne. En venganza, las dos hermanas mataron a Itis, lo cocinaron y lo sirvieron a su padre, quién al descubrir los hechos, se lanzó en su persecución. Como habían cometido un asesinato, se transformaron en aves: Procne en Golondrina y Filomela en Ruiseñor.

El depredador del Alma Femenina.

Todas las mujeres soñamos al menos una vez en la vida con el Hombre Oscuro, con el Depredador, y basta mencionar tal sueño para que lo evoquemos con inquietud. Pero ¿quién o qué es? Durante el sueño aparece como un merodeador, un asaltante o violador vestido de negro que ingresa en la casa o al cuarto de la soñante para atarcarla en la cama. Su rostro permanece en penumbras y sus rasgos están desdibujados. Es un desconocido a veces “conocido”, aunque no veamos su rostro.

Solemos pensar que se trata de una fantasía de violación pero el Hombre Oscuro rara vez ataca sexualmente. Más bien es un depredador cuyo objetivo es la garganta, el centro vital por donde fluye nuestro aliento; por donde nos alimentamos y expresamos ideas y sentimientos. De esta manera, el Hombre Oscuro impide que respiremos con libertad y profundidad, que nos expresemos y obtengamos la nutrición material y espiritual que necesitamos.

Durante el sueño intenta inmovilizar a la soñante sujetándola con fuerza mientras que ella lucha para liberarse. Pero otras veces se siente impotente para liberarse, gritar pidiendo ayuda y enfrentar al depredador. Es un ataque de amplias dimensiones al que deberíamos prestarle atención antes de descartarlo como una tontería sin sentido. Ignorar este sueño no hace más que darle más fuerza y poder a un aspecto interno de la psiquis femenina que se ha desmadrado por diversos motivos, y se ha identificado con una mirada negativa de lo femenino.

Para las psicólogas junguianas Clarissa Pinkola Estés, Marion Woodman y Ann Ulanov este tipo de sueños se produce cuando las mujeres estamos atravesando un importante cambio en nuestra vida como suele suceder con la entrada al mundo adulto siendo jóvenes, y en la mediana edad, entre los 40 a los 50 años, por ejemplo. Entonces el Hombre Oscuro intenta abrumar al ego de la mujer para que no haga el cambio y deje todo como está a costa de que la soñante termine deprimida, insatisfecha e irritable sin saber de dónde proviene su malestar.

También cuando la vida, aparentemente normal -con esposo, hijos, trabajo, profesión- ha llevado a la mujer a desconectarse de su naturaleza femenina y de su Yo más profundo. Otras veces es un claro indicio de una persona o situación depredadora externa en la vida cotidiana de la mujer.
Para la junguiana Marie-Louise Von Franz, el Hombre Oscuro es un “ánimus negativo” que en lugar de ayudara la mujer a realizar su travesía por la vida se vuelve en su contra y obstruye su desarrollo espiritual, emocional, intelectual, social. Y es posible que la mujer haya depositado en ese ánimus las proyecciones negativas acerca de lo femenino que ha recibido de su familia, la religión y de la cultura. La desvalorización y la baja autoestima alimentan a este Hombre Oscuro que aparece en el sueño a reclamar su víctima.

Este sueño ¿es un anuncio, una premonición? Encierta manera sí. Para Pinkola Estés, Marion Woodman yAnn Ulanov como también para sus antecesores, Carl Jung y Von Franz, el sueño con el Hombre Oscuro le está advirtiendo a la mujer de una situación que no puede dejar pasar y que va a tener su correlato en la vida exterior. Una persona o situación la va atacar, o ella misma se va a inflingir algún daño.

Trabajando con mujeres y sus sueños he podido observar que algunas tienen dificultad para respirar profundamente y lo hacen de una manera superficial, entrecortada y por la boca. Otras sufren persistentes alergias nasales, y rinitis, que desmejoran su calidad respiratoria y sus cuellos y hombros están muy tensos. Y si se indaga un poco más es posible advertir una actitud de indiferencia o desconexión con el cuerpo, con la propia nutrición, descanso y bienestar de algún tipo. O bien, aún teniendo todo preparado la mujer hace fracasar sus propios proyectos y actividades, o deja que otros lo hagan.

El objetivo del Hombre Oscuro es que el ego de la mujer (nuestro yo civilizado, nuestra personalidad) no haga contacto con el Sí Mismo, la Mujer Salvaje, la Diosa interior, el Yo más profundo, sabio e intuitivo, que toda mujer posee para desarrollarse, madurar y/o cambiar hacia una vida más plena e integral. Porque, como lo expresa Marie-Lousie Von Franz, los sueños registran el proceso de individuación, la travesía del ego hasta ponerse en contacto con el Sí Mismo, el centro regulador y organizador de la psiquis. Un centro interno representado en tantos mitos y tradiciones femeninas por las Diosas.

En este sentido, el Hombre Oscuro es una parte interna que está depredando el alma, libertad, creatividad y autoestima de la mujer, asustando al ego y reforzando los temores, prejuicios e ideas patriarcales que el ego ha asimilado.

Siguiendo a las junguianas vemos que el Hombre Oscuro puede llegar a frenar y detener la evolución de la mujer sumergiéndola en “una noche oscura del alma”. Y a veces lo logra. Pero en otras ocasiones sólo es un intento cuando el ego de la mujer mantiene canales abiertos con el Sí Mismo, la Mujer Salvaje o Diosa Interior que mencionamos. Es decir, con el arquetipo femenino innato, que surge de las profundidades del inconsciente proveyendo de sabiduría, vitalidad y creatividad, autoestima y sanación, intuición y realización.

Según el desarrollo de cada mujer el Hombre Oscuro aparece cuando:
1. La soñante está deseando un cambio importante en suvida o está por aventurarse a algo nuevo y diferente a lo que hecho hasta el presente.
2. La soñante vive una profunda desconexión interna con su naturaleza femenina y su cuerpo, se desvaloriza, se autocritica exageramente, y hace cosas que le hacen bajar su autoestima.
3. La soñante se apoya en un ego inmaduro y muy ingenuo. O su ego se ha vuelto muy rígido y racional, lo que demuestra inmadurez y hasta ingenuidad. También cuando su ego se orienta a agradar a los demás y a satisfacer las demandas de los otros sin atender las propias.
4. La soñante ha asimilado las proyecciones negativas de la familia, las religiones y la cultura acerca de lo femenino.
5. La soñante es una mujer que ha sido maltratada y/o violada y aún no ha terminado de elaborar esa experiencia.
6. La soñante es una joven o mujer adulta con problemas de anorexia o bulimia y somete a su cuerpo a continuas dietas, purgas y encorseta su cuerpo, su mente y su alma al “modelo” de mujer que le venden las revistas, la publicidad y las ideologías patriarcales. En el sueño el depredador le roba la comida o aparece como un personaje muy obeso.
7. Cuando la naturaleza femenina de la soñante se está secando y congelando emocionalmente y el ego no hunde sus raíces en la fuerza, energía y sabiduría del Sí Mismo.

Como sucede en los sueños la mujer debe luchar enfrentando a esta fuerza depredadora para limitar su accionar, quitarle poder y eventualmente transformarlo en otra cosa. Por eso, cuando este sueño se hace presente en nuestro mundo onírico es una excelente ocasión para comenzar un trabajo interno, una iniciación, que traerá muchos beneficios.

Para ello escribir el sueño y darle nombre a este Hombre Oscuro es uno de los primeros pasos efectivos. Luego viene un trabajo más intenso para descubrir la conexión que hay entre este sueño y la vida cotidiana de la soñante y con otros sueños que darán indicios para desactivar al Hombre Oscuro. Lo maravilloso es que el Sí Mismo, la Diosa interior, va guiando e instruyendo al ego en lo que tiene que hacer y el ego va apareciendo como más fuerte y sustancial.

Cuando se hace un trabajo consciente con el Hombre Oscuro suelen aparecer figuras femeninas que ayudan a la mujer: la Joven Diosa, la Vieja Sabia, la Sanadora, la Hermana Gemela, la Mujer Chamán. Animales hembras como así también otros símbolos femeninos (calderos, lunas, úteros, sangre menstrual, mandalas, flores, lagos, etc.) son utilizados por el Sí Mismo para darse a entender y guiarnos. También empiezan los sueños con la Pareja Sagrada y un personaje masculino ama y apoya a la mujer sin que ella se someta a él y sin que él esté sometido a la soñante, convirtiéndose en un “ánimus positivo” conectado a la Mujer Salvaje, a la Diosa interior.
En momentos de crisis socio-económica los sueños con el Hombre Oscuro se han intensificado porque los peligros de la vida externa han aumentado infiltrándose en la psiquis fomentando actitudes destructivas. Sin embargo, el Sí Mismo, la Diosa interior, también toma cartas en el asunto intensificando sus mensajes y advertencias para que el ego adopte actitudes protectoras y de cambio.

Además, cuando trabajamos mitos y cuentos encontramos al Hombre Oscuro personificado en BarbaAzul o en el dios griego Hades. Y al propio ego femenino representado por la joven e ingenua esposa de Barba Azul o en la joven diosa Core secuestrada por Hades.

En ambos relatos también aparecen otros personajes que ayudan y liberan a la protagonista (las hermanas y hermanos del cuento de Perrault y la diosa madre Deméter y la diosa bruja Hécate en el mito griego) simbolizando aspectos positivos del ego y del Sí Mismo. “La Hermana Serpiente” es una interesante leyenda quichua donde la mujer recibe instrucciones de su hermana gemela con aspecto de serpiente para que, llegado el momento, pueda liberarse del depredador al cual ha confundido con un seductor hombre que quiere casarse con ella. En la leyenda mapuche “El Diablo de barba verde” se presenta la misma situación, de la que la protagonista se liberará tomando un rol activo y protagónico, contando con la ayuda de su Sí Mismo que aparece en ambos relatos bajo la forma de un animal guía.

Fuente:
Analía Bernardo. El hombre Oscuro. Taller de la Sabiduría de los Sueños.

Esperando a la belleza: La visión perpendicular de Vanessa Beecroft

Vanessa Beecroft “pinta” retratos individuales y de grupo en tres dimensiones con chicas y mujeres. Ocupan una determinada sala durante un determinado tiempo, la artista las viste, normalmente con poca ropa,a menudo llevan peluca y nunca tienen contacto con los espectadores. El resultado de esto es una atmósfera extrañamente fría e inquietante que hace que el espectador se sienta fuera de lugar, como las propias modelos que, inmóviles, parecen simplemente estar esperando algo. “Me interesa la interrelación entre el hecho de que las modelos sean mujeres de carne y hueso y funcionen como obras de arte o imágenes” explica la artista. El arte de Beecroft es difícil de clasificar. ¿Viene a ser como las performances o “esculturas vivas” del equipo británico integrado por Gilbert & George, o equivale quizá a una forma moderna de retrato, naturalezas muertas psicologicamente inquietantes compuestas por sujetos vivos? No conocemos la respuesta a esta pregunta.

En una de sus primeras exposiciones, en 1994, en una galería de Colonia, Beecroft presentó a 30 chicas en un salón al que no podía acceder el público. Sólo podía verse a través de un pequeño marco de ventana rectangular que producía la sensación de estar observando a través de una mirilla. Todas las chicas tenían cuerpo no muy atléticos y sólo llevaban puestos unos zapatos negros y calcetines de media hasta la rodilla, ropa interior gris y tops negros o grises. Este uniforme, que creaba una composición visual impactante en el espacio, quedaba completado con pelucas rubias, unas con trenzas y otras sin. Algunas modelos estaban sentadas haciendo mohines, otras estaban apoyadas en la pared y otras caminaban de un lugar a otro. Ninguna parecía esperar que ocurriera nada; en vez de un lapso de actividad, lo que se observaba era un momento pura y simplemente aburrido. El título de este trabajo era muy significativo: A blonde Dream ( Rubias de ensueño ). Además, como el evento tuvo lugar en Alemania, parecía evidente la alusión al cliché de “belleza aria” que se extendió durante todo el tercer Reich.

Nacida en los años sesenta, Beecroft no se inspiró para sus treinta conjugaciones provocativas de la figura femenina en su experiencia propia sino en la película de Roberto Rosellini Alemania Año Cero (1947). Más concretamente, en Edmund, el antihéroe de la película, que en las ruinas del Berlín de posguerra mata a su padre y se suicida. En el evento se hizo un circuito cerrado de varios episodios de ficción narrativa. Una narración mediática sobre la desaparición de la moralidad se tradujo en un espectáculo para un medio distinto y, como la película, se compuso de personas “reales” que prescindían de cualquier tipo de guión. Ante aquella traducción tan fría y casi absurda, se desafiaba a los espectadores a recordar imágenes similares de su memoria visual, imágenes que pueden haber venido al recuerdo tanto a partir de películas como de experiencias de la “vida real”

A Blonde Dream:

A Blinde Dream es una de las instalaciones típicas puestas en escena por un artista. Una y otras vez, Beecroft sitúa en espacios meticulosamente definidos a modelos, actrices e incluso a mujeres que se han encontrado por casualidad en la calle, haciendo mención en el proceso de una variedad de códigos culturales como el cine, la moda, la literatura o el arte. En Play ( 1995), por ejemplo, hacía una referencia explicita a la obra teatral homónima que Samuel Beckett publicó en 1963. Los personajes de Beckett fueron sustituidos por tres dobles de la artista: dos sentadas en una silla una cerca de la otra, con los pies descalzos, la misma peluca morena y un abrigo negro, y la tercera, que sólo llevaba unos zapatos oscuros, ropa interior de color vivo y una peluca pelirroja andaba en círculos a su alrededor y las observaba con una mirada desconfiada. Un cuadro simbólico con implicaciones transcendentales surgía de esta naturaleza muerta silenciosa y carente de movimiento: las alusiones variaban desde el cabello pelirrojo de la revolucionaria socialista Rosa Luxemburg hasta las piernas y pies desnudos de las innumerables representaciones de la Pieta. Era interesante ver a la artista tratando el tema de la percepción, condición previa natural del arte visual y reformulándolo en los términos de la acción circular, psicótica, autoreferencial e inútil de Play.

Diarios:

Estos trabajos se han complementado con dibujos delicados, por ejemplo de cabezas femeninas enigmáticas como Lotte ( 1994), con su larga melena pelirroja. Beecrof también ha empleado otros soportes, como los libros. En los inicios de su carrera empezó a registrar aspectos importantes de su actividad estética en una especie de diario titulado Despair (Desesperación, 1983 – 1985) En este diario, además de describir sus hábitos de alimentación, hacía confesiones íntimas sobre sus sentimientos de culpa y la relación con sus padres. Este autorretrato literario se exhibió en la primera exposición de Beecroft en una galería de Milán, durante una presentación para chicas descubiertas en las calles de la ciudad a quienes les pidió que fueran un público “comprensivo” para el diario. Todas ellas llevaban ropa de Beecroft, de modo que las lectoras y el tema del libro tendían a fusionarse. Tanto las lectoras como el libro tenían una función especifica: podía llegar a identificarse, pero guardando siempre las distancias. La directora de este cuadro, por su parte, estaba dentro como fuera de la presentación igualmente autoreferencial y extrareferencial.

En busca del Tiempo Nuevo.

Mi abuela solía decir que la bondad moral es un misterio: tan conmovedor, incomprensible y ambivalente como todos los misterios. En cierto modo nos sana y nos engendra, y sin embargo, la mera idea moral que define un elemento como “bueno” y su necesaria contraparte negativa, nos somete eventualmente a una limitación intelectual que nos lleva muchos esfuerzos vencer. Indudablemente, los criterios conceptuales y primarios que nos llevan a juzgar el mundo en elementos paritarios y contrarios, ejercen una dualidad intrínseca que nos obliga a tomar partido hacia un extremo u otro: una visión primitiva y con toda probabilidad prejuiciada sobre la libertad de la opinión personal y aun más, la expresión creadora más espiritual.

Por supuesto, la idea más idealista sobre el mundo nos permite analizar cada perspectiva bajo un cariz diametral perfectamente discernible: tanto lo que nos parece “aceptable, correcto y decente” como lo que nos parece “execrable y fuera de orden” crean un equilibrio infinitesimal sobre el poder que ejercemos sobre nuestro verbo creador. En ocasiones, nos encontramos que esa enorme red de opiniones y recreaciones sobre el mundo cenital de nuestras ideas, tiene fronteras borrosas, irascibles, desdibujadas y que inevitablemente, nos reducen a un estigma moral fáctico que con frecuencia no podemos superar. Un invierno psíquico, en el sentido más profundo y lacerante, que trae el beso de la muerte espiritual a todo lo que toca. La frialdad significa el final de cualquier relación emocional, ese vinculo zigzagueante y palpitante que define y conforma nuestro Universo cenital más intimo.

Estoy convencida que nuestra capacidad para crear y elaborar un concepto de la verdad y la razón es por completo infinito: La renovación del fuego creador, un propósito claro y dioclesiano que se eleva sobre nuestras dudas, sobre cualquier temor e incertidumbre para delinear un mundo utópico que se construye a si mismo en todas direcciones a partir de nuestra convicción más profunda y unilateral. Pero esa profundo poder para componer y construir la fuente de una sabiduría profunda y concreta, proviene de una completa libertad conceptual, ese maravilloso conocimiento que subyace en nuestra mente y que nos lleva a convencernos de la ausencia de cualquier limite, de cualquier temor, de toda restricción intelectual que pueda restringir la voz de la idea, la visión de un mundo abstracto y espléndido, a la medida de nuestras aspiraciones más profundas. Una sensación de absoluto poder, de una esperanza recién nacida que palpita en algún lugar de nuestra memoria más antigua para indicarnos un lugar donde acudir para encontrar nuestro reflejo, el verdadero rostro que se esconde tras un mundo de conceptos, tras la necesidad en ocasiones insoportable de juzgar una y otra vez a través de parámetros poco menos que sin sentido. Como diría mi abuela, abrir las alas del pensamiento y echar a volar, hacia ese horizonte de fuego y ópalo que aguarda por nosotros más allá del tiempo cronológicamente exacto. Una pasión irresoluta, incontestable, una decisión cerval de construir nuestra propia ciudadela de palabras y principios. Nacer de nuevo, a través de nuestra voluntad.

La voz del tiempo y del futuro, en mí.

Asi sea.

El signo sagrado: El espino.


Según la Tradición mágica Irlandesa, el espino de los Faérie es sagrado e inviolable, debido que marca su habitat; especialmente un espino que crece solitario en medio de un campo abierto. Talar un espino de los faérie trae la calamidad y la deshonra a los habitantes de los faérie vecinos. Al honrar el espino sagrado, las gentes del Mundo Medio adquieren la habilidad de proteger y apoyar todos los aspectos de la vida y aumentan su sabiduría.

El espino, sea árbol o arbusto, nos recuerda la presencia de los faérie que viven en las cercanías. Según la Tradición mágica Irlandesa, el espino señala el hábitat de las hadas, y el suelo que lo rodea está santificado por su espina. La sabiduría proverbial nos dice que es sencillamente una locura cortar o dañar un espino, especialmente un espino solitario quec rece en medio de un espacio abierto, que marca los límites entre dos vecinos, que se desarrolla cerca de un pozo sagrado, un fuerte de hadas o el hogar. Hasta la “gente de la ciudad” deja pequeños patios en medio de los complekos urbanos para espinos solitarios, temiendo ocasiones la ira de los faerié. No es una gran sorpresa, como explica la tradición, que cortar un espino acabe en una calamidad e incluso la muerte. En la mayoría de los pueblos de la Irlanda rural se puede escuchar la historia de un lugareño que ignoró las advertencias de los vecinos, taló un espino y murió poco después.

Un incidente reciente y bien conocido ocurrió en el condado de Artrim, según lo explica Jin Grant de Beslfast. Hace unos años, durante la construcción de una inmensa fábrica, los trabajadores habúan dejado intacto un espino. Los “chicos” locales habian limpindo todo lo demás, pero ellos no:

“…Lo cortarían ni afectarían de manera alguna. Finalmente, la compañía contrató a un inglés para arrancarlo. Podó el árbol y arrancó sus raíces. El siguiente paso consistía en colocar los pilotes de los cimientos, pilotes de cemento armado de aproximadamente cuarenta centímetros de diámetro por tres maestros de largo. Colocaron los pilotes con una maquina, pero a la mañana siguiente, ¡los pilotes estaban a un metro de distancia de donde debían estar!…Así que trajeron más pilotes y los volvieron a colocar en la tierra. A la mañana siguiente estaban otra vez a un metro de distancia, ¡Pero en la dirección contraria al primer movimiento! Por lo tanto convocaron una conferencia para ver quién era el culpable…el hombre más bajo de la reunión se levantó y dijo:

– La única manera para que puedan construir su fábrica aquí es volver a plantar el espino donde estaba. – ¿Como, si lo han cortado? – le contestaron.

– Injertadlo – contestó. Al principio nadie le creyó…Así que trajeron un especialista en árboles de Holanda. Replantó las raíces del árbol y las injertó. Ahora hay un patio diminuto en el centro de la fábrica de un espino. Al hombre faérie no lo hemos vuelto a ver más, pero el espino sobrevive”

Según la tradición, el espino florce el 1 de mayo y señala la llegada del verano. Siempre deseosos de una buena fiesta, los faérie favorecen a esta especie, no solo por sus espinas fieras y protectoras; también por la alegría que trae al verano.

Mitos y Sociedad: Costumbres Públicas y Privadas.

Aunque los orígenes de las antiguas creencias religiosas griegas continúan envueltos en oscuridad, el panteón griego ya estaba claramente establecido hacia 750 a.C. Sus principales figuras desempeñan un papel destacado en los grandes poemas épicos de Homero, La Iliada y la Odísea que probablemente fueron compuestos en esta época y muestras signos de una tradición poética muy antigua.

Los griegos creúan que su vida y su destino estaban regidos por múltiples divinidades, las más importantes de las cuales eran los Olímpicos, los dioses y diosas que vivían en el Monte Olímpo. Una estatua del Dios Hermes podía señalar la entrada de una casa griega, mientras que el hogar estaba consagrado a Hestia. Se rendía culto a los héroes, por lo general hijos un dios y una mujer, en calidad de espíritus eternos que podian interceder en favor de los mortales. Se consideraban ejemplares en su valor y su nobleza, y sus batallas contra los monstruos era temas populares en el arte y la literatura. Muchos estados tenían una deidad o un héroe como fundador o protector, pretensión que se apoyaba en mitos como el de la competición entre Atenea y Poseidón. Algunas familiares nobles aseguraban descender de un héroe, un argonauta, por ejemplo.

También se rendía culto como divinidades a una serie de cualidades abstractas positivas, como la “Justicia” o la “juventud”. En un extremo más tenebroso, los griegos temían caer victimas de las fuerzas de la Oscuridad, como las Furias o la Hechicera Hécate.

Los Olimpos, eran objetos de los cultos más populares y extendidos. La mayoría de los ritos religiosos en su honor tenían lugar en santuarios consagrados al dios o a la diosa en cuestión, cuya estatua se alzaba en un templo que constituía el centro del santuario. Delante del templo, al aire libre, los sacerdotes realizaban sacrificios mientras los fieles observaban, en algunos casos en una stoa ( galería cubierta ), y después comían la carne asada del animal sacrificado. Entre las ofrendas votivas, que se colocaban alrededor del templo y en las escaleras, había estatuas de bronce, marfil y , para los menos acaudalados, de terracota. Fuera de los santuarios de los Olímpicos se presentaban ofrendas a otras figuras divinas o semidivinas, como los héroes, en numerosos altares y lugares sagrados.

Los templos era importantes centros públicos para la expresión de la cultura estatal. En sus fríos y pedimentos solían aparecer batallas mitológicas entre las fuerzas de la civilización, representadas por la ciudad -estado y los Olímpicos, y las fuerzas de la transgresión y la barbarie, representadas por gigantes y monstruos. Los atenienses del siglo V a.C, poseían dos instituciones para narrar los mitos a gran escala; el teatro y los recitales de poesía. Atenas creó el teatro como gran espectáculo público en el que unos 16.000 ciudadanos podían presenciar las tragedias, casi siempre basadas en mitos y leyendas. La poesía, sobre todo la de Homero y Hesíodo, era recitada por profesionales, los rapsodas, y se declamaban La Ilíada y la Odisea completas en las Panetenas. Se encargaban y leían en público poemas sobre mitos para conmemorar acontecimientos como la victoria de un ciudadano en los juegos, por ejemplo.

La educación y la vida intelectual contaban con el soporte de la mitología. Los mitos narrados por Homero y Hesíodo constituían el núcleo de la enseñanza y fueron temas de debate entre filósifos, cientificos e historiadores a partir del siglo V. a.C.

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