Archive for julio, 2008

La memoria ancestral: los antiguos Bardos.

Como creo haber mencionado varias veces en estas desordenadas memorias, la Tradición de Brujería que practico es netamente oral: Aunque la mayoría de los rituales y tradiciones se conservan en los Libros de las Sombras de los diferentes miembros de la familia, la esencia de nuestras creencias tienen un origen netamente tribal. Las viejas costumbres se transmiten de madre a hija en forma de historias, cuentos, fabulas, metáforas, alegorías, danzas, y elaborados rituales que tienen por único objetivo transmitir el antiguo saber que heredamos como forma cultural. Una manera amena y sobre todo sentida de conservar el hilo elemental de nuestra identidad religiosa.

Tal vez por ese motivo, cuando me preguntan el posible origen de la preminencia oral en nuestras costumbres, me remito de inmediato a una figura antigua, magnifica y sobre todo, familiar para todas las tradiciones mágicas: El Bardo, el hombre misterioso que danza en el bosque de los secretos llevando consigo el saber y las creencias de un tiempo olvidado.

Una danza ancestral:
Un narrador local explica la historia del pueblo, otro rehace historias románticas en las que mezcla la realidad y la ficción otro recita poesía como si las palabras fueran olas que rompen en la orilla. Otro narrador, quizá un bardo itinerante, canta baladas heroicas, runas y encantamientos, romances o nanas para los niños. Las genealogías y los relatos épicos retienen la larga memoria de las generaciones y casi no cambian. Otras historias mezclan y cambian argumentos, viejos y nuevos, insuflando nueva vida e interpretaciones.

El Bardo más conocido de la Tradición celta es Taliesin Pen Beirddd, el bardo de las isla de Britania, que vivió en Gales durante la segundad mitad del siglo VI. Se le atribuye un enorme corpus de canciones, poemas y tradiciones. Aunque gran parte de estos trabajos provienen en realidad de tiempos medievales, se les identifica con Taliesin para aumentar el prestigio de la orden de los bardos en Britania. Sin embargo, los poemas de Taliesin que hunden sus raíces en aquella época y probablemente son anteriorees, contiene mucho de lo que sabemos de los antiguos bardos, que derramaban bendiciones sobre los amigos y, en su lado la maldición de los sátira sobre los enemigos. Taliesin nos habla así de sus orígenes:

Yo fui el instructor
De todo el completo
Universo.
Lo seré
Hasta el día del juicio
En la faz de la tierra…
No hay una maravilla
En el mundo
Que yo no pueda revelar.

A pesar de la inmodestia de Taliesin, los bardos transmitieron a lo largo de los siglos los misterios de la sabiduría y la tradición. Desde los tiempos anteriores al legado escrito, el papel más importante de los bardos itinerantes y los narradores de historias locales fue preservar un vasto corpus de Sabiduría oral que incluía historia y geneología, poemas y canciones, cuentos épicos, adivinanzas, encantamientos, conocimientos de las dispustas y asentamientos, así como las leyes.

Viajando de parroquia en parroquia a finales del siglo XIX, Alexander Carmichael visitó a muchos narradores y registró sus cuentos y cancaciones. Los narradores que buscaba Carmichael ya eran ancianos; habían aprendido sus historias y poemas cuando eran niños de otros narradores que, a su vez, los habían aprendido en su infancia. De esta manera, los cuentos y poemas que Carmichael reunió viajan hacia atrás hasta la primera mitad del siglo VII. Carmichael nos habla de una narradora itinerante de la Escocia de principios del siglo XVIII, Catherine Macaulay que “viajaba de casa en casa y de pueblo en pueblo…y se quedaba en cada lugar más o menos tiempo, según la población y la estación del año recitando noche tras noche, y semana tras semana…poemas y narraciones…largos y misteriosos…” Una narradora de las Hébridas Exteriores fue Janet Campbell, una niñera que “conocía muchanas Nanas y bellas canciones…sus historias encantaban a los niños…que escuchaban lo que el oso le dice a la abeja, el zorro al cordero, el perro de caza a la gallina, la serpiente al ruiseñor, la ballena al aranque y la nutria parda del río al joven salmón plateado del arroyo”

En la voz del Bardo, el conocimiento y la interpretación de la larga historia de la vida de la tribu ( o la de su familia, comunidad o pueblo ) tienen una importancia secular: no solo otorgan sentido a la historia cotidiana que se conserva a través de las canciones, sino que además, investiga las fronteras del futuro a través de la huella del pasado. Una costumbre que le otorga rostro y corporeidad a la vieja tradición de contar historias.

El arte de contar historias es activo, no pasivo. Aunque la historia no cambia respecto a la ocasión anterior en que fue contada, provoca recuerdos, significado e identidad. De hecho, la historia que va cambiando contiene los dictados y la guía del espíritu. Una transformación de la psiquis social y cultural a la que pertenecemos.

La Voluptuosa autoridad de la Tierra: La vitalidad del mundo ancestral.

Según la Tradición de la Antigua Religión que practica mi familia, la soberanía de la tierra está personificada en las Diosas Madre que transfieren la soberanía a los reyes legítimos. La energía de la tierra se origina en su misterioso y ardiente interior que da a la superficie de ésta sus sensuales y voluptuosas cualidades de vitalidad. El empuje del interior de la tierra acaricia su superficie mediante pozos y fuentes termales, mares y lagos, montañas y colinas, y en la esencia de la energía de los lugares. La soberanía significa la fresca vitalidad del mundo natural.

La soberanía de la tierra se expresa en los prodigios del mundo natural, su belleza, sus complejidades y sus maravillas que acarician nuestros sentidos y nos llaman a casa, el momento presente. La soberanía no es para los celtas una deidad trascendente, sino terrenal y real, que nos considera parientes y nos devuelve el suelo que nos dio la vida. La tierra palpita con la energía de la creación. Las aguas termales brotan con ímpetu a su superficie procedentes de los calderos sagrados que hierven en su interior.

Como en la mayoría de culturas de antigua estirpe, los celtas reverenciaban la tierra y la personificaban como madre, la fuente de la vida. La diosa Brigit, por ejemplo, representa lo más claros atributos de sobenaría en varios países celtas. La soberanía se transfiere, aunque temporalmente, al jefe o el rey legítimo, en una especie de expresión coherente del valor del pensamiento humano y a su vez, su vinculación con la idea más amplia de la divinidad.

En Britania, se la adoraba como Brigantia, diosa territorial que también daba nombre a una tribo celta que habitaba en los Midlands ingleses. En los preparativos para la celebración de la Fiesta de la Novia, el 1 de febrero, un símbolo casero de soberanía, una “vara pequeña, recta y blanca ( a la que se le había quitado la corteza), se coloca al lado de la figura de Brigit. Generalmente, la vara de abedul, retama, zarza, Sauce blanco u otras maderas sagradas…a los reyes de Irlanda se les daba una vara similar en su coronación y también en el nombramiento de los Señores de las Islas de Escocia”

De forma parecida, Brigit está relacionada con las estaciones y la fuente de la vida. Según la tradición celta, la serpiente del Otromundo reside en el interior de la tierra y aparece en la Fiesta de la Novia, cuando la dureza del invierno ha pasado y empieza a verdear la primavera. Alergatada en invierno y despierta e inquieta en primavera, Brigit rige las estaciones con sus actividades. Ella es la soberana.

La voz de la Antigua Dama: Simbología del ciclo Lunar.

Quizá ningún otro objeto natural ha sido tan reverenciado, desde periodos tan antiguos, como la Luna. Por regla general su símbolo ha sido la medialuna creciente, ya que el círculo que representa la luna llena podía confundirse con los símbolos solares.

Por su aparente conexión con los ciclos femeninos de la “sangre lunar” (menstruación) que daba vida a cada humano que estuviera en la matriz, la luna se convirtió en el primer símbolo universal de la Diosa Madre. El nombre griego de Europa, madre eponímica de la Europa continental, significa “luna llena” y proviene del título de Hera o Io como la blanca Luna-vaca, y también de otras versiones de la diosa como Demeter y Astarté.

Albión, el antiguo nombre de Bretaña, significaba “luna blanca” y se refería la Diosa hasta que el moje Gildas le convirtió en un ficticio santo masculino llamado San Alban.

Al-Mah, la luna, fue una deidad principal de Persia cuyo nombre se convirtíó en el nombre hebreo Almah, “mujer núbil”: nombre que los cristianos han insistido en traducir como “virgen” cuando se aplica a la madre de Jesús. Otro derivativo fue el latín alma-mater, “alma-madre” viviente del mundo.

Los romanos reverenciaban la primordial Luna Madre como Luna o Mana (Manía), madre de los espíritus ancestrales arcaicos llamados manes, anualmente propiciados en el festival Manalia. La misma Diosa Mana regía en la arcaica Escandinavia, en Arabia, y el Asia central. “Mana” viene del sánscrito manas, “mente” un atributo de Ma, la madre primordial; estaba también relacionado con el latín mens, significando ambos “mente” y “luna” y también una cualidad misteriosa de poder espiritual: nu-men.

De acuerdo con Moses Maimonides, el culto lunar era la religión de Adán; y la Biblia contiene muchos trazos de reverencia pre-yahveísticas a la luna. Los reyes del Antiguo Testamento vestían “ornamentos como la luna y también lo hacían los animales que montaban” (Jueces 8:21). Los Profetas denunciaban a las mujeres hebreas por llevar amuletos lunares (Isaías 3:18). Agla, uno de los “nombres secretos de Dios” más usados en la magia hebrea, es usualmente traducido como “luz” pero significa específicamente “luz de luna”; es uno de los antiguos nombres de la diosa Luna.

Una tradición talmúdicas decía que el mismo Yahvé tuvo que hacerle una ofrenda a la luna por haberla ofendido. La diosa de la Luna no parecía demostrar mucho respeto por Yahvé ni por los suyos; según el Apocalipsis de Baruch: Cuando Adán y Eva cayeron en el pecado, todo lo demás se hundió con ellos “el cielo, el sol y las estrellas, incluso los más cercanos al trono de Dios; los ángeles y los poderes fueron movidos por la trasgresión de Adán,” todo excepto la Luna, que se reía.

San Agustín condenó a las mujeres por su “impúdicas y coquetas” danzas en honor a la luna nueva. Aún así, el tiempo lunar era tan importante para la tradición Savior que los cristianos insistieron en remarcar que la luna llena apareció durante la crucifixión de Jesús –aún con un eclipse solar, que sólo puede suceder durante la etapa oscura de la luna.

Las tradiciones lunares continuaron siendo asociadas con las mujeres durante la Edad Media. En el folklor y las baladas puede observarse que las mujeres eran animadas a rezar por favores especiales no a Dios sino a su propia deidad, la Luna Madre, para quien cocinaban panes de avena. También los oponentes de Jeremías continuaron cocinando pasteles para ofrendar a la Reina del Cielo (la luna) sin importar las fulminaciones del profeta acerca de ella (Jeremías 44:19); de la misma forma las mujeres de la Europa cristiana cocinaban pasteles a la luna, que los franceses llamaron croissants –crecientes– por su forma lunar.

Los modernos pasteles de cumpleaños descienden de la forma griega de honrar el cumpleaños mensual de Artemisa, diosa de la Luna, realizando deliciosos pasteles de luna llena. Las brujas continuaron invocando a la Diosa “dibujando la luna”. En algunas áreas, los cultivos no podían ser recolectados ni las bodas celebradas a menos que fuera en los tiempos apropiados de la Luna. Todo lo que tenía que ver con el manejo de animales domésticos parece estar relacionado con la Luna. Y por supuesto, ninguna bruja ni adivino realizaban operaciones mágicas sin tomar en cuenta la fase lunar.

En la Arabia pre-islámica la diosa Luna era tan importante que su emblema llegó a representar el país entero, y lo sigue haciendo, como muestra la luna creciente de las banderas islámicas. Como Manat, la vieja madre luna de la Meca, alguna vez reinó en la fe de todos sus hijos, quienes también la llamaban Al-Lat, la Diosa. Este nombre fue masculinizado como “Allah”, quien prohíbe a las mujeres entrar a las mezquitas que alguna vez fueron templos de las sacerdotisas de la luna.

En Asia central, su órbita celeste fue descrita como el espejo que refleja todo en el mundo. Todavía se dice que el reflejo de la luna en el agua es el principal remedio para calmar la histeria.”

Fuente:

Walter G., Barbara. “Moon”, The Woman’s Dictionary of Symbols and Sacred Objects. San Francisco: Harper San Francisco, 344-5.

La danza de la Luna: el Camino Iniciático de la Nación Lakota.

Un mito sioux, el de la Mujer Bisonte Blanco describe las siete etapas que sigue la mujer en su camino hacia la autorrealización. El origen del mito lakota es conocido como “El camino de la belleza” y es un ritual sagrado que dura toda la vida.

1. El camino de la hija. Este período comprende desde el nacimiento hasta la aparición de la primera regla. Todavía es una niña, física y psíquicamente dependiente, mentalmente receptiva, que absorbe todo tipo de enseñanza, ejemplo o estímulo que se le presenta. Si todas estas influencias exteriores son apropiadas, estructuradas y emocionalmente equilibradas, la niña desarrollará el equilibrio, respeto, dignidad y autoconfianza que luego necesitará como recursos para llevar una vida en armonía con todo lo existente.

2. El camino de la mujer. Abarca los años en que una mujer desarrolla la autoconfianza, aprendiendo a controlar su vida independiente de los adultos. Aprende a través de la experiencia personal, desarrolla sus propias respuestas emocionales y mentales y elige sus relaciones. Empieza a explorar su sexualidad y a construir su espiritualidad. Son los años en los que empieza a conocerse y, poco a poco, llega a ser una persona responsable y madura (en nuestra sociedad actual este período va desde la adolescencia hasta los 28-32 años).

3. El camino de la madre. Desde el punto de vista espiritual, el nacimiento de un hijo es el evento más importante de la vida de una mujer; ya que entonces entra a formar parte de la comunidad espiritual femenina. Al cruzar la frontera entre la vida y la muerte con el parto es recibida en la comunidad de las matronas, donde inicia la verdadera enseñanza. En el período de la madre aprende la disciplina del sacrificio: cuerpo, tiempo, psique, conocimiento, vida social, condición económica, relaciones y valores son puestos al servicio de los niños. Este pasaje, ambivalente como ningún otro, la empuja a superar todos los límites que tenia previstos. Aprende a controlar completamente su mundo, intentando armonizar sus necesidades individuales con las demandas externas que constantemente caen sobre ella; alcanza así el poderoso equilibrio entre realidad interna y externa sobre el cual se basa este ritual sagrado. En el camino de la madre, la vida espiritual de la mujer pone sus raíces y florece: no hay que olvidar que en muchas culturas antiguas el dar a luz simbolizaba para la mujer una iniciación.

4. El camino de la recogedora y el de la ritualista. Ambos caminos son tan antiguos como la raza humana. Recoger es una disciplina que requiere respeto antes que nada; desarrolla poderes especiales de observación y discernimiento en el conocimiento de las estaciones, del clima, de la astronomía y de la curación. Armada únicamente de conocimiento, de intuición y de oraciones, la mujer recolecta gran cantidad de plantas y de sustancias minerales para la cocina, la magia, la higiene y la cosmética. La recogedora tiene que conocer perfectamente dónde y cuando encontrar lo que necesita, la forma más adecuada de conservar, almacenar, preparar las sustancias y utilizarlas en condiciones que resulten eficaces e inocuas. Una Mujer Medicina nativa nunca aplica el mismo remedio al mismo síntoma físico en distintos pacientes, ya que trata al ser en su totalidad. Para ella “hacer medicina” es conocer al paciente, a su familia, su condición espiritual, mental, física, ambiental y social, y cómo combinar todo esto en el proceso de curación.
La aspirante-chamana es también muy consciente del espíritu que hay tras la planta, roca o cristal usados en el tratamiento, a los cuales hay que dar las gracias por la ayuda que le están aportando. Esta parte del trabajo de una Mujer Medicina se caracteriza por la tensión espiritual, aunque no tan intensa como en su primer parto, sus primeras reglas o su responsabilidad de mujer joven de aprender a respetar a los demás (humanos e inhumanos) y a sí misma. Una Mujer Medicina que no consigue equilibrio, responsabilidad y ser consciente puede suponer un desastre para toda la comunidad, porque el poder de la mujer es grande, y cuanto más desarrolle la disciplina y la devoción, más aumentará su poder. Las mujeres que siguen el camino de la recogedora y de la ritualista tienen que ser interiormente seguras, estar profundamente preocupadas por la vida espiritual del planeta y ser capaces de sacrificar su trabajo y su ego por el bien de la comunidad.

La ley espiritual básica que la mujer aprende en el camino es que la aspirante a chamana da y da mucho tiempo antes de recoger, aunque sólo sea poco, y todo lo que obtiene de su duro esfuerzo y pruebas personales lo tiene que utilizar en alimentar y fomentar la vida.

6. El camino de la maestra. Aprendiendo, experimentando, alimentando y trabajando la mujer alcanza la edad en la cual se vuelve transmisora de sabiduría espiritual y social. Es compartiendo con los demás las técnicas, las teorías y las experiencias que ha vivido como llega a ser una maestra.

Entra en la menopausia tan profunda y madura como la fruta, como la flora. Si ha seguido los caminos descritos anteriormente con armonía entrará en el reino de lo sagrado como miembro de la comunidad cósmica, derecho que se ha ganado a través de su trabajo, sacrificio y devoción. En este momento puede elegir su campo de acción puesto que es una Mujer Medicina, aunque existan otras formas menos obvias de llegar a serlo. Puede elegir la política, el servicio público o cualquier otra profesión; practicará de una forma sana y espiritual todo lo que decida ser. También puede escoger quedarse aislada o ser una abuela, continuando con sus nietos, sus bisnietos o bien otros niños sin hogar ayudándoles a crecer y educándolos.

El modo en que una anciana enfoque su habilidad y su sabiduría depende de la naturaleza del trabajo espiritual hacia el cual ha sido conducida. Gran parte de su enseñanza se transmite a través del ejemplo; ella es un modelo para las mujeres más jóvenes en el camino, y su presencia y esencia revitalizan y enriquecen la vida de su comunidad entera.

7. El camino de la sabia. Alcanzada la vejez, la chamana entra en el período de la maestría, habiendo desarrollado una verdadera sabiduría. El sentido del equilibrio que caracteriza al universo es ahora parte profunda de ella, así como el sentido del humor. Está en contacto directo con hechos naturales y sobrenaturales, siendo capaz de aceptar sus directrices. La esfera de su trabajo ha trascendido su ser personal y privado, su familia; su comunidad se extiende ahora hacia las estrellas. Es un ser sagrado: es completa.

Los siete caminos proporcionan a la mujer la fuerza, la disciplina y la profunda conexión que necesita para canalizar el poder espiritual sin causar daño a sí misma ni a los demás. Le ayudan a desarrollar humildad, orden, respeto dignidad y el sentido de cuidar a toda criatura, dándole una profunda comprensión de sí misma en los aspectos interiores y exteriores.

Existen otras formas de autorrealización, pero este bellísimo ritual nos recuerda que no hay que quemar etapas sino vivir con entrega y aceptación todas las experiencias que nos llegan, sean aparentemente buenas o malas, porque es lo que nos toca vivir, y probablemente es lo mejor que nos puede pasar. A menudo las grandes enseñanzas las encontramos en la pequeñas dificultades diarias, por esto el “camino de la madre” es la etapa más difícil en la vida de una mujer; es el sacrificio del ego y el aprendizaje del amor no egoísta, requisitos esenciales para el desarrollo de una conciencia espiritual y cósmica. Estos siete caminos son los de toda mujer que quiere incrementar su poder espiritual a través de toda una vida, recordando que cada prueba o dificultad que vamos superando es un paso más que vamos dando en nuestro viaje hacia la totalidad.

Fuente:
• Camino iniciático femenino de la Nación Lakota
Extracto de Clara Castelloti del libro “Madre Tierra, Hermana Luna”. Tikal Editorial.