Esperando a la belleza: La visión perpendicular de Vanessa Beecroft

Vanessa Beecroft “pinta” retratos individuales y de grupo en tres dimensiones con chicas y mujeres. Ocupan una determinada sala durante un determinado tiempo, la artista las viste, normalmente con poca ropa,a menudo llevan peluca y nunca tienen contacto con los espectadores. El resultado de esto es una atmósfera extrañamente fría e inquietante que hace que el espectador se sienta fuera de lugar, como las propias modelos que, inmóviles, parecen simplemente estar esperando algo. “Me interesa la interrelación entre el hecho de que las modelos sean mujeres de carne y hueso y funcionen como obras de arte o imágenes” explica la artista. El arte de Beecroft es difícil de clasificar. ¿Viene a ser como las performances o “esculturas vivas” del equipo británico integrado por Gilbert & George, o equivale quizá a una forma moderna de retrato, naturalezas muertas psicologicamente inquietantes compuestas por sujetos vivos? No conocemos la respuesta a esta pregunta.

En una de sus primeras exposiciones, en 1994, en una galería de Colonia, Beecroft presentó a 30 chicas en un salón al que no podía acceder el público. Sólo podía verse a través de un pequeño marco de ventana rectangular que producía la sensación de estar observando a través de una mirilla. Todas las chicas tenían cuerpo no muy atléticos y sólo llevaban puestos unos zapatos negros y calcetines de media hasta la rodilla, ropa interior gris y tops negros o grises. Este uniforme, que creaba una composición visual impactante en el espacio, quedaba completado con pelucas rubias, unas con trenzas y otras sin. Algunas modelos estaban sentadas haciendo mohines, otras estaban apoyadas en la pared y otras caminaban de un lugar a otro. Ninguna parecía esperar que ocurriera nada; en vez de un lapso de actividad, lo que se observaba era un momento pura y simplemente aburrido. El título de este trabajo era muy significativo: A blonde Dream ( Rubias de ensueño ). Además, como el evento tuvo lugar en Alemania, parecía evidente la alusión al cliché de “belleza aria” que se extendió durante todo el tercer Reich.

Nacida en los años sesenta, Beecroft no se inspiró para sus treinta conjugaciones provocativas de la figura femenina en su experiencia propia sino en la película de Roberto Rosellini Alemania Año Cero (1947). Más concretamente, en Edmund, el antihéroe de la película, que en las ruinas del Berlín de posguerra mata a su padre y se suicida. En el evento se hizo un circuito cerrado de varios episodios de ficción narrativa. Una narración mediática sobre la desaparición de la moralidad se tradujo en un espectáculo para un medio distinto y, como la película, se compuso de personas “reales” que prescindían de cualquier tipo de guión. Ante aquella traducción tan fría y casi absurda, se desafiaba a los espectadores a recordar imágenes similares de su memoria visual, imágenes que pueden haber venido al recuerdo tanto a partir de películas como de experiencias de la “vida real”

A Blonde Dream:

A Blinde Dream es una de las instalaciones típicas puestas en escena por un artista. Una y otras vez, Beecroft sitúa en espacios meticulosamente definidos a modelos, actrices e incluso a mujeres que se han encontrado por casualidad en la calle, haciendo mención en el proceso de una variedad de códigos culturales como el cine, la moda, la literatura o el arte. En Play ( 1995), por ejemplo, hacía una referencia explicita a la obra teatral homónima que Samuel Beckett publicó en 1963. Los personajes de Beckett fueron sustituidos por tres dobles de la artista: dos sentadas en una silla una cerca de la otra, con los pies descalzos, la misma peluca morena y un abrigo negro, y la tercera, que sólo llevaba unos zapatos oscuros, ropa interior de color vivo y una peluca pelirroja andaba en círculos a su alrededor y las observaba con una mirada desconfiada. Un cuadro simbólico con implicaciones transcendentales surgía de esta naturaleza muerta silenciosa y carente de movimiento: las alusiones variaban desde el cabello pelirrojo de la revolucionaria socialista Rosa Luxemburg hasta las piernas y pies desnudos de las innumerables representaciones de la Pieta. Era interesante ver a la artista tratando el tema de la percepción, condición previa natural del arte visual y reformulándolo en los términos de la acción circular, psicótica, autoreferencial e inútil de Play.

Diarios:

Estos trabajos se han complementado con dibujos delicados, por ejemplo de cabezas femeninas enigmáticas como Lotte ( 1994), con su larga melena pelirroja. Beecrof también ha empleado otros soportes, como los libros. En los inicios de su carrera empezó a registrar aspectos importantes de su actividad estética en una especie de diario titulado Despair (Desesperación, 1983 – 1985) En este diario, además de describir sus hábitos de alimentación, hacía confesiones íntimas sobre sus sentimientos de culpa y la relación con sus padres. Este autorretrato literario se exhibió en la primera exposición de Beecroft en una galería de Milán, durante una presentación para chicas descubiertas en las calles de la ciudad a quienes les pidió que fueran un público “comprensivo” para el diario. Todas ellas llevaban ropa de Beecroft, de modo que las lectoras y el tema del libro tendían a fusionarse. Tanto las lectoras como el libro tenían una función especifica: podía llegar a identificarse, pero guardando siempre las distancias. La directora de este cuadro, por su parte, estaba dentro como fuera de la presentación igualmente autoreferencial y extrareferencial.

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