La vara Alquímica.

El serbal y sus invernales racimos de bayas rojas significan la protección del Otromundo en el Mundo Medio de los humanos. Una rama de Serbal sobre la puerta protege el hogar de los intrusos y los espíritus malignos. Una ramita de serbal escondida bajo la ropa protege a los viajeros. Comer las bayas rojas de un serbal encantado proporciona sabiduría. Pero hay que ser precavidos. Un fuego de madera de Serbal puede convocar espíritus Ultramundanos, gentiles o malignos.

El Serbal o fresno de montaña es adorado en todo el mundo celta por su papel en la magia y en los encantamientos que emanan del Otromundo. Su aspecto puede ser fiero y poderoso. En el ciclo mitológico de los cuentos irlandeses, Etaín recibe un golpe con una “Vara de Serbal con bayas púrpuras” e instantáneamente desaparece en una charca. En el ciclo de Fionn, también irlandés, el héroe Finn adquiere la sabiduría de todas las cosas al comer un salmón de manchas rojas alimentado con las bayas caídas de las ramas de un serbal que colgaban sobre el remanso de un río.

Se aprecia a los serbales porque proporcionar armonía y un protección ctónica. Según las viejas tradiciones de Brujería Italiana y Belga, los Serbales suelen ser plantados en jardines privados y lugares sagrados para procurar que la energía divina bendiga a los habitantes del lugar a través del Árbol. Una rama de serbal sobre la puerta protege la casa del fuego, los intrusos y los espíritus malignos. En una historia recogida en el siglo XIX en las tierras bajas de Escocia, el Serbal protegía a los campesinos cuando observaban la procesión de los Faérie, qie tiene lugar a principios del verano. Desde una puerta adornada con ramas de Serbal, pueden con seguridad, a palabras de la Antigua Tradición Belga “ver la cabalgata, como si sonara la música y el ruido de las bridas de los caballos y voces que se añadieran, como si hicieran su camino de pueblo en pueblo”.

Las bayas y ramas del serbal son los seguros protectores de las vacas, consagradas a las diosas del reino Subterráneo. En los establos se guardaba serbal para, según la tradición Italiana, “proteger a las vacas; lo colocaban en el agua y alrededor de las mantequeras para asegurarse de que el provecho de la leche no les sería robado”. En esta historia que recoge en los años cuarenta en el condado de Cavan, Charles Kinh nos explica que “la gente mayor atacaba bayas de Serbal a la cola de las Vacas. Formaban un anillo con las Bayas y lo ataban con una cinta roja, haciéndolo subir tanto como podían por la cola de la vaca…Eso se hacía como protección, para que durante ese año no les quitaran la mantequilla de la leche”.

La madera de Serbal también se utiliza para la adivinación. Es probable que los noruegos tallaran sus runas en madera de Serbal. Una rama de serbal se utiliza para adivinar el futuro. Un fuego de madera de Serbal lanza embrujos y anticipa el peligro al convocar espíritus ultramundanos, no todos ellos belevolentes. De esta forma, la presencia del serbal es un medio de adivinación, una forma de expresión antigua y profunda del poder de la tierra sobre el inconsciente colectivo. Como las bayas rojas del Serbal en invierno, la fuerza y mutabilidad del espíritu humano toma forma y en los ritmos de la naturaleza. Un tiempo secreto y primitivo que nuestra mente reconoce y toma como propia, incluso sin saber exactamente porque.

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