Juego de Reflejos: más allá de un tiempo cenital.

En el tiempo de la luz
Llamo al rayo de la tormenta
Al Canto de la llama y el mar
a la danza de la luz y de las sombras
Al verbo infinito que se eleva rutilante más allá de la memoria
Escucha mi voz y mi ruego
Hija de la Diosa Soy
Heredera del tiempo y el enigma de la Madre Luna
Secreto del bosque infinito y de la voracidad del corazón.

Invoco al secreto de las estrellas
que duerme en mi espíritu y en mi mente
para que acudan a mí
en este círculo de fuego ancestral
Bendito sea el miedo y la fuerza
el poder y la sabiduría que brota de la sabiduría eterna
Bendice nuestro rostro
bendice el resplandor de nuestra pasión
Sea divino y humano
magnifico y secreto
el amor.

Canto a la Dama de las Estrellas y su divino Consorte.
Dedicación de la Ceremonia de Esponsales.

Siempre he estado convencida que las relaciones humanas, cualquiera de ellas, son un delicado equilibrio entre la negociación, una álgida ternura y una necesidad irrevocable de comunicación. Por supuesto, ese anhelo irrestricto y casi insoportable de expresar los elementos más íntimos de nuestro lenguaje personal, puede volverse aun más significativo a través del delicado filigrana de un sentimiento, de una vocación silenciosa y acuciante de encontrar sentido para una emoción profundamente personal. Tal vez por ese motivo, mi relación con mi caballero rojo siempre será una combinación caótica de un silencio cómplice y esa sutil danza de la memoria que llamamos, tal vez muy equivocadamente, comunicación.

Sentados, uno frente al otro. ¿La discusión? la misma de siempre. O probablemente se trate de otra por completo distinta, pero pespunteada por una idéntica capacidad para recrear con la palabra esa sutil contradicción que nos une y a la vez, nos otorga a ambos la bendición de una irrestricta individualidad. Sonrío, con una sensación de profunda fascinación, esa idea rebosante de pura incertidumbre que parece flotar sobre cada gesto y palabra que nos dedicamos el uno al otro.

– No creo que la simple idea del amor pueda ser concebida bajo un aspecto completo de la realidad – insiste de nuevo, creo que por enésima ocasión. Me dedica uno de sus habituales gestos exuberantes. La sonrisa intima. Los ojos brillantes de pura y casi inocente satisfacción – se trata simplemente de deseo, o un vinculo intelectual inexpugnable. Una cierta necesidad de comunicación carente de sentido, en realidad. Intentar conjugar ambas cosas tiene un sentido tanto palmario ¿no lo crees así?

Ríe en voz alta, alborozado por su propia capacidad para destruir la evidencia a través de un cinismo secular. Y por supuesto, no puedo evitar reír junto a él, por la mera sensación que me produce intentar comprenderlo, sin lograrlo, por esa curiosidad ecléctica que llena cada instante, una pequeña lucha de valores, matizada por la simple contradicción. La dualidad, una simple paradoja carente de sentido. El temor y el valor, la necesidad y la indiferencia. Un juego de espejos, que transcurre lentamente, donde me veo reflejada por un instante. No obstante, en ocasiones solo veo tu rostro, tu mirada, esa criptica sensación de mirarme a través de ti, de comprenderme en medio de este silencio secular del mero egoísmo cenital. La mujer a quién conoces y esa otra criatura, vivida y salvaje que habita en mi memoria. ¿Y quién eres tu, más allá de tu voz ronca y pausada, de tus socarrona visión de la vida, de tu fortaleza y tu brillante capacidad para crear? ¿Quienes somos, sino dos extraños, perdidos en la penumbra, intentando tocarnos a la distancia, luchando por otorgarle un sentido a este silencio, por crear y olvidar? Ah, sí, esta doble naturaleza, esta confusión enorme y voraz, que nos destruye y nos envuelve, que nos ha brindado un sentido, en medio del caos frenético y exuberante de la mera necesidad – esta lujuria de la mente, esta necesidad crasa y expúrea – tu y yo, en soledad. En medio de un tiempo aciago, perdidos, en medio de los derroteros de este deseo, de estas formas incólumes de la pura pasión. El poder del nombre, de la definición. ¿Quién eres, quién somos? ¿Quienes deseamos ser? No lo sé, nunca lo he sabido. Suspiro, cierro los ojos, apoyo mi cabeza contra la tuya, me dejo llevar por la alegría y la tristeza, por la simple esperanza. Que calidez la de este silencio, que exquisita quietud en medio de la incertidumbre.

– No me estas escuchando – murmura de pronto. Lo miro, sobresaltada. Él me observa con la cabeza un poco ladeada, sorprendido y divertido ante mi silencio como siempre. Me inclino para besarle, aturdida por la simple posibilidad de esta comunión entre la luz y la voracidad, el deseo y la demencia. ¿Existe un tiempo para una mera redención en la palabra, en la idea más ignea sobre un sentimiento sin nombre y cuya única cualidad perceptible parece ser la absoluta carencia de lógica? Un suspiro de pura y deliciosa emoción, un temor aciago y terrible, devorador. Una danza secreta entre en la oscuridad de la razón.

– Por supuesto que sí – murmuro. Tu boca en la mía. Solo silencio en medio de la tormenta acuciante que azota mi mente – ¿una emoción abstracta y voluptuosa? No lo sé. Tal vez solo se trate de inocencia. De pura y simple necesidad de creer.

Vuelve a reír. Tenía que hacerlo por supuesto. Y yo también lo hago. ¿Por qué no? Un sueño fragmentado, abriéndose en todas direcciones, palpitante y desgarrador, elevándose más allá de mi memoria, en un tiempo mudo, vibrante e inolvidable, irrevocable en su intimo valor.

Una mínima variación de luz.

C’la vie.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: