La danza de la memoria rota.

La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de cambiar al mundo, la actividad poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior. La poesía revela este mundo; crea otro. Pan de los elegidos; alimento maldito. Aísla; une. Invitación al viaje; regreso ala tierra natal. Inspiración, respiración, ejercicio muscular. Plegaria al vacío, diálogo con la ausencia: el tedio,la angustia y la desesperación la alimentan. Oración, letanía, epifanía, presencia. Exorcismo, conjuro, magia.

Octavio Paz, el Arco y la Lira.

El arco y la Lira de Octavio Paz, es probablemente uno de los libros más apasionados, hermosos y sinceros que se han escrito sobre poesia. Por supuesto, no desdeño en absoluto las elaboradas y preciosistas disquiciones de Graves, Borges o cualquier otro autor que haya dedicado parte de su verbo creador a otorgar sentido a la danza de las palabras como forma de expresión de un elemento meramente subjetivo del espíritu humano. No obstante, para Octavio paz, la inclemente busqueda de ese fuego redentor que yace en las palabras se eleva como un estandarte aciago, una espléndida y monumental necesidad de recorrer los derroteros de nuestra propia sabiduría intriseca. Cada sentimiento, cada temor, cada esperanza, cada momento de incertidumbre, una extraordinaria capacidad para construir un mundo entretejido en una armonía implacable y voraz.

Pero, más allá de las meras consideraciones teóricas que Octavio Paz pueda ofrecernos para comprender la poesía como un fenómeno meramente linguistico, es evidente que el autor experimenta la pasión furiosa e irredimible que la poesia despierta, una vocación irreductible y profunda por encontrar una nueva forma al tiempo y al mundo, recrear en un instante, el deseo, la fecundidad de la memoria. En ocasiones, después de leer el libro ( el cual es uno de mis favoritos de siempre ) tengo la sensación que la palabra se construye asi misma en mi mente, en un génesis violento y visceral. Un estallido rutilante donde cada uno de los elementos de mi pensamientos parece impregnarse de un nuevo cariz, de una esencia que se alimenta de si misma, más allá de toda reflexión, de la simple comprensión de una idea razonada que pueda definir mi propia idea sobre la belleza.

La paz de la memoria, que yace en medio de una busqueda crepuscular y profundamente personal sobre el don de la palabra. Un vuelo a ciegas, inveterado, mimético, elemental, en la raíz misma de nuestra necesidad de encontrar un instante de silencio en medio del laberinto de nuestras memorias más preciadas.

Un fino hilo de fuego, en un horizonte de fuego falaz.

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