El fuego sagrado del Dios sol: La cosmovisión Azteca y Maya. (II)

(Viene Desde)

“¿Qué puede significar una religión sin mito, siendo así que la religión, si tiene alguna función, es precisamente la deponernos en contacto con el mito eterno?”

Carl G. Jung

Estas dos culturas nos ponen en contacto con la esencia divina a través del mito, al tener una relación con las cosas desde una visión sagrada les crea un lazo de pertenencia a Dios, los liga a él y en definitiva a ellos mismos. En nuestro tiempo, nos otorga la posibilidad de reencontrar este espacio sagrado. ¿Por qué volver la mirada a los dioses? Significativo es que las mujeres prehispánicas tenían sus propias diosas que presidían su vida familiar y modelaban sus actitudes determinando el modo en que cada una debía comportarse en todos los aspectos de su vida, entendían que llegaban a ser a partir de su relación con las deidades, con sus modelos de vida.

Un dios es una personificación de una fuerza motivadora o de un sistema de valores que funciona tanto en la vida humana como en el universo, constituye los poderes del cuerpo y de la naturaleza (Joseph Campbell “El poder del mito”: 93). Con esto, queda claro que cada diosa tiene una representatividad específica, conforma una visión arquetipal que expresa los aspectos más importantes de las funciones femeninas.

C. G. Jung es quien nos introduce al concepto de arquetipo, palabra empleada antes por Platón, Filón de Alejandría, Ireneo, Cicerón, Plinio y otros (C.G. Jung 1970: 10; 1949: 86). El inconsciente está guiado por una tendencia instintiva representada en formas de pensamiento llamadas arquetipo; éste designa una imagen originaria que debe aplicarse a las representaciones colectivas, expresa elementos psíquicos que no pertenecen a la esfera consciente, por lo que habla contenidos inconscientes. Los arquetipos aparecen como mitos en la historia de los pueblos y también en cada individuo en particular, es un patrón de vida heredado en la especie humana, cuya iniciativa y energía específica contiene formaciones de pensamiento propio al intervenir en situaciones determinadas. C.G. Jung demostró que los arquetipos pueden surgir espontáneamente en toda época y lugar sin necesidad de ser influidos por algún tipo de transmisión. Los arquetipos son contenidos del inconsciente colectivo, el cual es considerado como un estrato más profundo que no se origina ni en la experiencia ni con la adquisición personal, sino que es un atributo innato, cuyo término colectivo indica una naturaleza universal, sus contenidos son los mismos en todas partes y para todos los individuos. Todo lo que se considere como general es colectivo, lo que existe como un patrimonio global, vivencias colectivas que a través de generaciones van modificando la estructura psíquica y que se transmiten hereditariamente. Los motivos mitológicos y religiosos en los sueños indican la actividad del inconsciente colectivo (C.G. Jung 1964: 105).

Es necesario aclarar otros términos pertenecientes a la teoría analítica, y que entran en relación con el arquetipo, como son el anima y animus. El anima es un arquetipo que en su proyección tiene siempre una forma femenina con determinadas propiedades, representa también al arquetipo de la vida; en cada hombre y mujer existen estos arquetipos, pero el anima como arquetipo femenino es una figura que compensa la conciencia masculina, personifica las tendencias psicológicas femeninas en la psique de un hombre, manifestándose desde el inconsciente su lado femenino interno. El animus como arquetipo masculino viene a ser la figura que compensa la conciencia femenina, y así como el hombre hace brotar parte de su creación de su femenino interno, así también el masculino interno de la mujer crea elementos capacitados para fecundar lo femenino del hombre. Cualidades de sensibilidad, intuición y mediación; entre otras, depositará el anima en la conciencia del hombre si éste sabe reconocer en su inconsciente este arquetipo de una manera positiva; y en el caso de la mujer la dotará de cualidades masculinas como la iniciativa, la objetividad, el raciocinio; si le otorga un óptimo uso.

Una mujer poseída por su animus corre el peligro de perder su femineidad, su persona femenina adaptada, lo mismo que el hombre en igualdad de circunstancias corre el riesgo de perder su masculinidad (C. G. Jung 1964:178) El arquetipo ya sea en anima o animus es una figura femenina ó masculina en la psicología del hombre ó de la mujer. Expresan en los mitos la idea de estas energías dentro del mismo cuerpo. Es importante subrayar que “el anima y el animus no se presentan únicamente en forma negativa. A veces aparecen como fuente de iluminación, como mensajeros y mistagogos”. (C. G. Jung 1988: 56).

C. G. Jung mencionó siempre la importancia de la mitología y religión en la vida del ser humano, ya que sin éstos elementos estaría incompleto; por lo que todo mito debe necesariamente llevarnos de regreso a nuestras creencias, conectar al ser con el espíritu y con la esencia religiosa. “Los arquetipos crean mitos, religiones y filosofías que influyen y caracterizan a naciones enteras y a épocas de la historia”. (C. G. Jung 1977: 76).

Supo de la existencia de Dios, si el hombre dejaba de contar con el espíritu de Dios, indudablemente aparecería un sustituto inconsciente. Sus observaciones hablan de la existencia de una imagen arquetípica de la divinidad, un arquetipo de importante significado y de gran influencia cuya vivencia tiene en alto grado la cualidad de lo numinoso, por lo que pertenece a la categoría de experiencia religiosa (C. G. Jung 1988: 99). El ser divino sólo es auténtico cuando alguien es consciente de él, ésta es la razón por la que el creador necesite del hombre consciente para subsistir. (C. G. Jung 1998: 21).

IXCHEL y TLAZOLTÉOTL, diosas de la totalidad.

Wíinike’ ma’ tu páajtal u péeksik mix juntúul ch’ik wáa ma’ tu yáanta’al tumeen Yumbil. (El hombre no podrá mover ni una pulga si no es ayudado por Dios)
Refranes populares: traducción al maya Prof. Eleuterio Poot Yah

La palabra “Diosa” nos introduce a un Ser Divino Femenino, como tal es la madre, la dadora de vida, la que engendra. Hombres y mujeres en el principio las veneraron y sabían que estaban bajo su protección, ella era lo nutriente, era la abundancia, la fertilidad; pero también fue terrible, amada y temida como poderosa energía femenina.

Como he mencionado en gran parte de las entradas de este blog, muchas culturas alrededor del mundo continúan con la veneración hacia las diosas. En la India, existe un panteón de numerosas Diosas y Dioses. Hoy, en Japón, la Gran Diosa Solar Amaterasu es honrada como la Madre Divina del Pueblo Japonés. La Diosa de la Compasión, Kwan Yi, conserva muchí-simos devotos en China. Los esquimales rinden honor a la Madre-Oceáno Sedna. En Brasil, Yemayá, la Madre Diosa del Mar es reverenciada con multitudinarias procesiones el primero de enero de cada año. En África, los Orishás son venerados como Dioses y Diosas. En la tradición judía moderna se sostiene la presencia de la Shekhinah y millones de católicos de todo el mundo adoran a la Virgen María como la Madre de Dios.

Las diosas que veneraron las culturas Mayas y Aztecas son Ixchel y Tlazoltéotl. La primera, diosa maya, abarca tanto núcleos terrestres como celestes, se le considera como una gran diosa madre relacionada especialmente con la luna. Patrona de la fecundidad, la procreación, el nacimiento de los niños, la medicina, la adivinación y el tejido. Muchas de sus representaciones en figurillas y esculturas es la de una mujer dando a luz.

Ix es un prefijo maya que identifica al sexo femenino, con Ixchel en su carácter de la deidad de la tierra, está vinculado el nombre de “Colel”, que es “Señora”, para los mayas de Yucatán, col significa milpa (el campo), mientras que en el Chilam Balam de Chumayel, aparece el nombre de Colel, Cab, “Señora de la tierra” (En: “Memorias del segundo coloquio internacional de mayistas” 1987: 1305). Félix Báez Jorge hace referencia en “Los oficios de las diosas”, que se indica en el diccionario de Motul, Blom (1983:306) que Ix Chel ó Ah Ix Chel significaría “Dios femenino del Arco Iris” o “Diosa del Arco Iris” esto resultante de las siguientes voces, Ah = Dios, Ix = femenino y Che l= arco del cielo. En los códices presenta numerosas personalidades, lo que suele ser común para la mayoría de los dioses mayas. Al aparecer tantas veces en estos documentos como representatividad de un importante cuerpo celeste, demuestra el poder de influencia que tenía sobre los elementos.

Era la consorte de Itzamná señor del cielo. Mientras su marido se muestra algunas veces como el dios sol, ella parece haber sido la diosa lunar. Era también la patrona de la preñez y la inventora del arte de tejer: (Morley, S. 1947: 218).

Como diosa creadora surge en varios códices con los siguientes nombres: en el de Dresde es una dama blanca con el símbolo del color blanco sobre su cabeza, llamada Sak Ix; Ix u na´kab, madre tierra que carga sobre sus espaldas a la deidad de la fiebre amarilla; Ix Kan Itzam Tul, bruja del agua a chorros, cuya función es verter el agua para producir las lluvias, con esta misma figura se le conoce también como Ix Kan, señora del maíz. En el códice Trocortesiano se encuentra a Ix Kan en función de tejedora, en otro espacio del códice aparece una figura femenina cuyo rostro tiene líneas blancas que sugieren arrugas llamada Sak Ix Nuk, vieja dama blanca, que tiene la función de tejer. La misma figura aparece más adelante con su glifo enriquecido con el símbolo Chak, que al ser agregado le da el nombre de Chak Sak Ix Nuk, la gran dama vieja ó poderosa dama vieja. (Hans Hasselkus 1998:163) También se le representa como una anciana vaciando su cántaro sobre la tierra o tejiendo un telar de cintura. Al representarse en los códices como dos personajes, una mujer joven y otra anciana, le fueron asignadas las letras I y O. Thompson interpreta a la diosa I como Ixchel, deidad lunar y a la diosa O como Ixchebel Yax como diosa del tejido (Thompson 1970:206-258). Para López de Cogolludo en Historia de Yucatán, Ixchebel Yax sería hija de Ixchel, la patrona del bordado e inventora de la pintura y de entretejer figuras en las ropas, (Enciclopedia Yucatanense Tomo II: 134); sobre el tejido, Thompson afirma que fue la primera que tejió, así estaba cuando atrajo la atención del sol y por ello se le consagró como patrona del oficio. Para Báez Jorge, todas son advocaciones de la misma diosa lunar, cuyas representaciones iconográficas varían en cuanto a las fases de la luna representadas en imágenes de mujer joven o anciana, por lo que le atribuye distintas edades para nombrar las fases cronológicas o calendáricas identificadas con las etapas evolutivas de los seres humanos. (Báez-Jorge 1988: 67). Realiza esta autor un cuadro de atributos de esta diosa en base a una síntesis de los materiales que cita; señala en la dimensión celeste los atributos de esposa del sol, asociada a los puntos cardinales, al arco iris, a la lluvia; mientras que con el nombre de Ix Chebel Yaz se le conoce como la esposa de Itzamná y asociada a la lluvia; en su dimensión telúrica y agraria Ixchel ejerce la fertilidad a las plantas; como Ixchebel Yaz la que da el color a los árboles, a la tierra, a los animales, en especial al pájaro carpintero; en la dimensión acuática, como Ixchel sólo está asociada al mar y a los lagos y cenotes; en su dimensión humana Ixchel es la diosa de la vida sexual, asociada al parto, a la muerte y a la salud; como Ixchebel Yaz, a la muerte y a la salud; en sus atributos específicos Ixchel es la patrona del tejido y del bordado y asociada a la magia, mientras que como Ixchebel Yaz es la patrona del tejido, del bordado y de la pintura.

Otros historiadores piensan también que es la misma diosa que reúne varias significaciones, como diosa joven representa la medicina y el parto, y como diosa vieja, la tierra, la vegetación y el tejido. Por lo que sintetiza la luna y la tierra, que en la mayoría de las culturas antiguas se han asociado a lo femenino. (Schmidt 1970: 245).

(continuará)


Fuentes:

CASO, ALFONSO “El Pueblo del Sol”, Fondo de Cultura Económica, México, 1953. 2ª Edición 1971
JUNG, CARL G. “Psicología y Religión” Ed. Paidós, España, 1988
JUNG, CARL G. “El Hombre y sus símbolos” Ed. Caralt, Barcelona 1976, 6ª. Edición 1997
JUNG, CARL G. “Respuesta a Job”, Fondo de Cultura Económica, México 1998

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