La Diosa y el Cosmos.

Casi todas las cosmologías imaginan los comienzos como el caos o como el espacio oscuro, ilimitado y amorfo en que en ocasiones describen como aguas primigenias. De aquí surge la primera conciencia deseosa de crear el orden a partir del vacío: la diosa. Con su voluntad y su esencia forma el cosmos y lo puebla con dioses y humanos. En todo el mundo los mitos de los orígenes indican que la Diosa se manifiesta a través de una gran variedad de elementos que van de los cuerpos celestes a plantas concretas. Por consiguiente, aparece simultáneamente como la multiplicidad que sólo existe para cumplir un propósito y como la única que es inmutable. La tierra es su cuerpo, organismo vivo en el que participa toda la materia, sea orgánica o inorgánica.

Aunque el cosmos propiamente dicho es imperecedero, las formas de vida que contiene representan un ciclo constante de nacimiento y muerto y se acompañan mutuamente a fin de garantizar la continuidad del todo. La creadora contiene la vida, el muerte y otros pares indivisibles de opuestos, como el caos y el orden, la oscuridad y la luz, la sequía y la humedad.

El Dragón:

Las Diosas de una religión pueden ser incorporadas a otras teologías como demonios, monstruos, dragones y serpientes, de las que generalmente se dice que moran en las oscuras profundidades de las aguas primigenias. ES probable que la primera Diosa antigua que corrió esta suerte sea la Sumeria Tiamat. En el segundo milenio a.C. cuando el acadio superó al sumerio como principal lengua hablada de Sumeria, la diosa Tiamat había dejado de ser una madre devota y se había convertido en la malvada procreadora de dragones. Esta descripción contribuyó a justificar la alianza entre la humanidad y Marduk que, en cuanto enemigo de la diosa, se convirtió en defensor de la justicia. De manera parecida, cada noche el diosa solar Ra luchaba con Apofis, dragón del caos que la diosa Nuanet amparaba en su abismo acuático.

Los indoeuropeos convirtieron la matanza de los dragones en una virtud y enfrentaron a los dioses de la luz y el cielo con estros monstruos. En el Rigveda – texto sagrado Indio de hace tres milenios -, Indra mutiló al poderoso dragón Vritra al tiempo que atacaban a su madre. Danu, con un arma letal por la cual su “energía vital…escapó lentamente”. Según la mitología griega, Apolo mató a Pitón en el oráculo de Delfos. La lucha entre la deidad Masculina – coherente, luminosa y representante del bien y la divinidad femenina – voluble y oscura – se perpetuó en las religiones monoteístas.

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