El fuego sagrado del Dios sol: La cosmovisión Azteca y Maya.

La existencia para los Mayas y los Aztecas es profundamente religiosa, la religión se constituye como eje central de su estructura vital. El arte, la ciencia, la educación, la cultura, la economía y hasta la sexualidad, están impregnados de una fuerte esencia religiosa. La vida diaria imbuida de esta manera, desarrolló en ellos un gran sistema de relación Hombre-Dios-Universo.

Concebían a sus dioses como energías sagradas que se manifestaban en los astros, en el poder de los animales y en las fuerzas de la naturaleza; el numen capaz de determinar el devenir del universo.

Concebían a sus dioses como energías sagradas que se manifestaban en los astros, en el poder de los animales y en las fuerzas de la naturaleza; el numen capaz de determinar el devenir del universo. Aunque las deidades podían transitar por los distintos espacios cósmicos, había dioses y diosas característicos para cada uno de los tres niveles del universo.

La representación del mundo en los Mayas es como una inmensa Ceiba, cuyas hojas y ramas son el cielo, el tronco la tierra y las raíces el inframundo. Representado también como una cruz que señala los cuatro puntos cardinales. Todo ello fue creado por Hunab Ku, padre de todos los dioses; Ixkanleox, vendría a ser la madre de los dioses. Existieron dioses maléficos o benevolentes, interrelacionados entre ellos y a los que habían que satisfacer con ofrendas y sacrificios para conseguir sus favores o evitar sus castigos; Itzamná (el dragón) es una especie de Júpiter maya, jefe de todos los demás dioses, inventor de la escritura y emparentado con el resto de dioses del cielo; Kinch Ahau, dios del sol; Ixchel, diosa de la luna, deidad femenina por excelencia y que junto con el sol marca los ritmos de la vida; Kukulcán, la serpiente emplumada (Quetzalcóatl para los aztecas) dios de la guerra; Chaac, la lluvia, se consideraba igualmente sagrada y en ocasiones también es una serpiente. En el plano terrestre, surgen una multitud de deidades, además de la Gran Madre Tierra, los Señores del monte y de los animales, protectores de la naturaleza, así como el dios del maíz, Yum Kax. Finalmente, en el nivel más profundo del inframundo vive Kisin, “el hediondo”, o Ah Puch, “el descarnado”. Además, eran los mayas agricultores por excelencia y acompañaban los ciclos de la cosecha con rituales religiosos. A los sacerdotes se les designaba la importante tarea de realizarlos y ofrecerlos a las deidades de la naturaleza para que se obtuvieran cosechas abundantes. Los Jmeen’ob (sacerdotes indígenas), al celebrar los cultos tradicionales, funcionaban principalmente como propiciadores agrícolas.

Entre las principales divinidades aztecas están Quetzalcóatl, padre de los hombres; Huitzilopochtli, dios bélico y manifestación del dios solar y Tezcatlipoca. En la parte superior del universo está Mixcóatl, la serpiente de nube, es decir, la Vía Láctea; Tlahuizcalpantecuhtli, el Señor de la casa del alba; Coyolxauhqui, pintada de cascabeles, diosa lunar. El dios del Sol era Tonatiuh, “el resplandeciente, el águila que asciende”. Además de las estrellas, encontramos algunos astros que tienen un dios propio. El más conocido de todos es el planeta Venus, que tenía por deidades a los gemelos Quetzalcóatl y Xólotl, debido a la dualidad que presenta el astro (estrella vespertina y lucero de la mañana). Para los aspectos de la vida sexual se atribuyen los dioses, Xochipilli, dios de las flores, del amor, de la fertilidad y de las relaciones sexuales ilícitas; al igual que su esposa, la diosa Xochiquétzal, quien, además era protectora de la prostitución. Tlazoltéotl era la diosa del placer, la voluptuosidad, la fecundidad y la fertilidad. Ella protegía a las parturientas, a las parteras, a los hechiceros relacionados con el mundo amoroso y a los hombres de intensa actividad sexual. Además existen variedad de dioses de la tierra, del agua y de la vegetación.

Los aztecas tuvieron una fuerte influencia política y social en el México prehispánico, además de que ejercieron un importante dominio sobre los demás grupos indígenas de la región; destaca de su civilización la avanzada orga-nización social y económica englobada en una compleja religión politeísta.

¿Qué cabida encuentran los sacrificios humanos en el plano religioso? Se puede decir que los aztecas eran mayormente más sangrientos que sus contemporáneos mayas, debido quizá a que los primeros basaban su orga-nización en una teocracia militar, mientras que los mayas daban mayor importancia a la agricultura y al desarrollo de la cultura, la ciencia y las artes; pero para ambos el sacrificio humano tenía un mismo objetivo y mirada hacia los dioses. El sentido de la ofrenda de sangre humana (y en menor medida de animales) era alimentar a las deidades solares para asegurarse la continuidad de su aparición cada día y con ello la permanencia de la vida humana, animal y vegetal sobre la Tierra. Los aztecas, se sentían en deuda con sus dioses, ya que la humanidad había sido creada por éstos a base de sacrificios, si el hombre ha sido creado por este sacrificio, debe con honor corresponder ofreciendo su propia sangre; surge una correlación, puesto que los dioses necesitan que el hombre los mantenga con su propio sacrificio y les proporcione como alimento la sustancia mágica, la vida, que se encuentra en la sangre y en el corazón humanos.

Para que el dios sol alumbrase, era necesario que comiese corazones y bebiese sangre, Alfonso Caso lo relata de la siguiente manera al referirse a los Aztecas: “El pueblo del Sol, conducido por los sacerdotes del Dios, se establece en medio del lago de la luna, y de allí va a emprender su misión, que no es otra, sino colaborar por medio del sacrificio humano en la función cósmica, que representa la ayuda que debe proporcionar el hombre al sol..” (Alfonso Caso 1971). El sol viene a representar el bien, y los aztecas deben colaborar en la función cósmica por medio del sacrificio humano, de esta forma ayudan al Dios para que pueda luchar contra sus adversarios. La muerte como sacrificio era considerada un fallecimiento honorable. Para los guerreros el honor máximo consistía en caer en la batalla u ofrecerse como voluntarios para morir en las ceremonias importantes. También se realizaban las llamadas guerras floridas con el fin de hacer prisioneros para el sacrificio. Los sacrificios humanos religiosos (que incluían la extracción del corazón y el desmembramiento del cuerpo) favorecieron para los aztecas el conocimiento de la anatomía.

Sin el hombre, los dioses sucumben y sin los dioses, el universo se acaba. El hombre debe alimentarlos y así nutrir su espíritu. Para los mayas la diversidad de esta alimentación va desde ofrecimiento del humo de copal, aromas de flores, olores de frutos y alimentos cocinados. El principal rito no dejaba de ser con la energía sagrada que los dioses emplearon, su propia sangre, donde reside el espíritu o energía vital; y de esta manera estos ritos se convertían en representaciones físicas de sus mitos.

El ritual da forma a la vida humana desde lo profundo, por lo que tanto los mayas como los aztecas necesitaron de él para que sus acciones se representaran a través de lo religioso (Joseph Campbell 1988:59) y así los llevara a situarse de lado de los dioses. Las ceremonias rituales a veces se hacían por medio de sacrificios humanos, sacrificios de animales y ofrecimiento de elementos naturales. En las grandes solemnidades los sacrificios eran aún más cruentos. Los aztecas presentan también otras variantes en el ejercicio de los rituales, por himnos cantados en los templos, bailes, simulacros de caza y de guerra, juegos, representaciones teatrales y ceremonias deportivas. Estas costumbres eran importantes, ya que los introducían al mundo del ser y de esta forma el alma adquiría conocimiento.

Creían que el mundo de los vivos, el de los muertos y el de los dioses, estaban unidos por caminos en forma de serpientes fantásticas por donde transitaban las ánimas.

Para ambos pueblos, el bien y el mal son igualmente divinos y la lucha de la humanidad se ve afectada por estas dos fuerzas. El universo tiene tres partes, el cielo, la tierra y el inframundo. Las creencias religiosas estaban íntimamente ligadas a los ritos funerarios. Hablan de un inframundo, el Mitnal, infierno maya, reino de Ah Puch señor de la muerte y para los aztecas, el Mictlán, reino de los muertos, gobernado por Mictlantecuhtli y por su esposa Mictecacíhuatl. La llegada a algún mundo inferior o superior no se designaba por un acontecimiento de vida, ni tenía una consecuencia moral, sino según el tipo de muerte que se tenía. Ejercían un importante culto a la muerte, los lazos entre las tres esferas del universo eran fervorosamente mantenidos mediante ritos propiciatorios, rezos y plegarias. Conducían a los difuntos hasta el cielo correspondiente, y eran también el camino de retorno desde su lugar junto a los dioses hasta la resurrección en el vientre de las mujeres embarazadas. Los guerreros muertos en batalla, las mujeres fallecidas durante el parto, los sacerdotes, los sacrificados y los miembros de la elite social, viajaban al cielo más alto y paradisíaco. El suicidio era una forma segura de pasar a mejor vida; un cielo con muchos deleites, regido por la diosa maya del suicidio, Ixtab.

El calendario, era la médula que regía el flujo de la vida religiosa, en los meses del calendario solar azteca que están dedicados a las diosas, sacrifican mujeres en su honor, mientras que los meses dedicados a los dioses, sacrifican hombres ó guerreros en su honor, éstos desarrollaron su calendario en base al de los mayas; para éstos, los ritos de ofrenda a favor de los dioses, eran efectuados en fechas determinadas, principalmente al final de cada período calendárico.

Según la cosmogonía maya, el universo se construía y destruía, había una partida histórica del caos al cosmos y viceversa. Sus rituales remitían a la creación y al origen, en estas ceremonias hacían representaciones dramáticas de los mitos y de las historias de los antepasados ilustres que eran venerados. La idea central de los mitos mayas era la de concebir al mundo con la finalidad de servir de habitación a un ser consciente, que pudiera reconocer, venerar y alimentar a sus creadores y así los dioses infundieran vida al cosmos y al hombre.

Los aztecas eran fervientes creyentes de sus mitos, esto se demuestra en la fuerte creencia que tuvieron al hacer surgir su imperio sobre un lago, desde una base tan poco esperanzadora; fueron capaces de consolidar un reino poderoso en sólo dos siglos, se debió en parte a su creencia en el mito, según la cual fundarían una gran civilización en una zona pantanosa en la que vieran un nopal (cactus) sobre una roca y sobre él un águila devorando una serpiente. Mircea Eliade menciona la importancia del mito en la medida en que garantiza al hombre la seguridad de que lo que se dispone a hacer ha sido ya hecho, le ayuda a disipar cualquier duda “¿por qué tener miedo a instalarse en un territorio desconocido cuando se sabe lo que se debe hacer?”, hay que repetir el ritual cosmogónico y el territorio desconocido (caos) se transformará en cosmos (Mircea Eliade, 1978: 149).

Al profundizar en estos dos grupos, no hay que dejar de lado la visión que tenían sobre el hombre y la mujer En este punto puede decirse que los aztecas tenían más en consideración a la parte femenina que los mayas, aunque para ambos, la mujer tenía un papel relevante, pero aún así no compartieron una igualdad en el ejercicio de la vida, los hombres respaldados por la mirada de los dioses, tomaban siempre las decisiones primordiales. La mitología azteca tiene como creador a un principio dual, masculino y femenino, Tonacatecuhtli y Tonacacíhuatl, nuestro señor y nuestra señora de la subsistencia, quienes a su vez son los padres y creadores de las demás divinidades. Los dioses aztecas siempre se encargan de crearle al hombre una mujer como compañera buscando también generar en ellos una descendencia. Cuando los aztecas salen en busca de la tierra prometida, cuatro personas son las que guían al pueblo, Quahcóatl, Apanécatl, Tezcacoácatl y una mujer llamada Chimalma. El cuarto sol, en la creación del mundo, es una diosa, Chalchiuhtlicue, la de las faldas de jade y hermana de Tláloc, los tres soles anteriores habían sido dioses. El reino de Mictlán (reino de los muertos) estaba gobernado por el señor del inframundo, Mictlantecuhtli y por su esposa, Mictecacíhuatl. Además de estas deidades, existían otras parejas de dioses que pobablan la región del Mictlán, Ixpuzteque (el que tiene el pie roto) y su esposa Nezoxochi (la que arroja flores), Nextepeua (el que riega ceniza) y su esposa Micapetlacalli (caja de muerto), Tzontémoc (el que cayó de cabeza) y su esposa Chalmecacíhuatl (la sacrificadora). Al tiempo de establecerse en Tenochtitlán, tenían por gobernante a llancueitl, una señora principal. En 1378 se eligió como primer monarca Azteca a Acamapichtli, esposo de llancueitl. Existían numerosas clases de sacerdotes y sacerdotisas especializados en el culto de los dioses, la medicina era también practicada por hombres y mujeres, los sanadores aztecas podían ser hombre o mujer, y sólo las mujeres se encar-gaban de ayudar en los partos; si alguna mujer moría durante éste, compartían la muerte de honor de los guerreros. Los padres vigilaban la educación de los hijos, mientras que las madres, la de las hijas; aunque la educación era impartida por los sacerdotes en las escuelas. Había dos escuelas importantes dedicadas a la educación de los niños y jóvenes, donde estudiaban las artes, las ciencias y la religión, se preparaban también para la milicia ó la administración pública. Hubo escuelas para las jóvenes que aspiraban a ser sacerdotisas, además de que aprendían a tejer y hacer trabajos para las estancias sacerdotales, si bien se les enseñaban las labores domésticas, éstas eran funciones gobernadas por ellas. Se procuraba fortalecer el carácter de los niños mediante castigos severos y el fomento de los valores primordiales así como el respeto a los padres y a los ancianos, el rechazo a la mentira y al libertinaje, la misericordia con los pobres y los desvalidos. Los jóvenes aprendían música, bailes y cantos, además de religión, historia, matemáticas, interpretación de los códices, artes marciales, escritura, conocimiento del calendario, entre otras disciplinas.

El numen creador maya también es una dualidad, el Padre y la Madre quienes por medio de la palabra, hicieron emerger la tierra y los seres que la habitaban. En la cosmología mesoamericana existía un concepto dualista de lo masculino y lo femenino. Habían numerosos pares de dioses. Este concepto de unidad dual también se dio en Itzamná y su pareja Ixchabel Yaax ó Ixchel en la región maya, diosa considerada por algunos autores como la gran madre de quien procede toda la humanidad. Para otros, los primeros pobladores fueron todos masculinos, ya que la creación concluyó con los hombres de maíz, que fueron cuatro: Balam-Quitzé (Tigre sol o Tigre fuego), Balam-Acab (Tigre tierra), Mahucutah (Tigre luna) e Iqui-Balam (Tigre viento o aire). Éstos estaban dotados de inteligencia, eran buenos y hermosos. El desarrollo de los seres humanos se identifica entre los mayas con el principal cultivo y fuente de sustento, el maíz, de maíz amarillo y de maíz blanco se hizo su carne; de masa de maíz se hicieron los brazos y las piernas del hombre. Únicamente masa de maíz entró en la carne de los primeros padres, los cuatro hombres que fueron creados (Enciclopedia Yucatanense Tomo II). Pero se cree que también en los orígenes, se dio una sucesión matrilineal en la cultura Maya preclásica de Yucatán, en la que las mujeres concibieron su descendencia sin conocer varón y ocuparon cargos de cacicas, gobernadoras y reinas.

Para los Mayas, los partos estaba en manos de los J-meeno’ob y de las parteras, las Aalansajo’ob, quienes estaban también encargadas de restablecer el equilibrio entre el hombre, la salud y la naturaleza y son las intermediarias entre los hombres y los seres o dioses. Pero en la danza tanto los hombres como las mujeres tenían sus propios bailes, rara vez bailaban juntos. Las mujeres ejercían un importante papel en la economía familiar, grandes artesanas y tejedoras, criadoras de animales y expertas en la elaboración de bebidas y comidas de las fiestas religiosas.

En situaciones de herencia, las mujeres no podían heredar, si un padre sólo tenía hijas, pasaba sus pertenencias a sus hermanos varones, y si llegasen a faltar los hermanos, los sacerdotes y gente principal elegían un hombre respetable para quedarse con la herencia (Fray Diego de Landa, 1997). Lo femenino como fuerza cósmica no era una presencia que se impusiera sobre lo opuesto, más bien, para los mayas el equilibrio era importante como una fuerza sustentadora del universo y de la sociedad. Masculino y femenino no eran excluyentes. (Santana, El género en la historia en: Unicornio No 258: 11).

( continuará )

Fuentes:

CASO, ALFONSO “El Pueblo del Sol”, Fondo de Cultura Económica, México, 1953. 2ª Edición 1971
JUNG, CARL G. “Psicología y Religión” Ed. Paidós, España, 1988
JUNG, CARL G. “El Hombre y sus símbolos” Ed. Caralt, Barcelona 1976, 6ª. Edición 1997
JUNG, CARL G. “Respuesta a Job”, Fondo de Cultura Económica, México 1998

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