La esencia femenina.

Los Tantras – textos místicos indios del siglo VII – difundieron la idea de Sakti: energía femenina pura, poder primordial sin el cual los dios ( concretamente, Siva ) no podían funcionar. Un tantra sostiene que “las mujeres son la divinidad: las mujeres son el aliento vital”. Desde el establecimiento de los sistemas de culto indoeuropeos – centrados en el hombre – fue prácticamente la primera vez que se afirmó la supremacía de la deidad femenina.

Según el tantrismo, Satki emana de la fuerza central y Universal del gran poder, definida como Maha- Kali o Gran Kali. Es el receptáculo del cosmos, incluido los dioses. Un cuadro muestra a Siva sentado sobre el cráneo de Kali, a Visnú en sus pechos y a Brahma en su vulva. Además de considerar que, gracias a su fuerza prodigiosa, la diosa es la energía esencial y universal que activa y protege las divinidades masculinas, que muchos tantas la definen como Mahavidya o gran sabiduría.

Las mujeres han apelada cada vez más a la sakti como la enérgica y positiva fuerza femenina digna de imitar y poseer. Quizá las imágenes más conocidas de sakti – casi siempre personificada por Kali – corresponden a la supremacía sexual. Aparece con un pie apoyado en el pecho de Siva, su marido, mientras gira vertiginosamente en plena danza destructiva, o monta su cuerpo en medio del éxtasis sexual. El texto sagrado Kalika Purana abunda en relatos fantásticos de los combates eróticos de Kali con su esposo, lo que demuestra que disfruta con los juegos sexuales y que está decidida a hacer su voluntad en esta faceta. Hay saktas que se castran para imitar el aspecto de sakti. En algunos ritos, los saktas de la secta vamachari beben sangre menstrual para absorber la energía cósmica de sakti.

A pesar de que muchas imágenes la presentan como de carácter y aspecto sanguinarios, las actividades de Kali nunca son gratuitamente destructivas. Adopta su aspecto más temible con el propósito de exterminar las fuerzas demoníacas antes de que pongan en peligro el orden cósmico. En consecuencia, en tanto símbolo de las capacidades de las mujeres, es el modelo perfecto del equilibrio femenino: poderosa, activa y positiva en lugar de inútilmente agresiva. Devuelve a las mujeres las tres virtudes que históricamente la mayoría de las culturas les han negado: la fuerza moral y física; el intelecto y el conocimiento, y la autonomía sexual.

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