Erzulie y el ciclo de la Diosa.

Para el vuduismo, el principio creador está compartido por lo divino masculino y femenino, de modo que la Diosa no es la única que recibe honores por la génesis del mundo. De todos modos, representa la diferencia entre los humanos y los animales. Es la posibilidad constante de la perfección que nunca se alcanza y el sueño imposible que motivos los esfuerzos. Erzulie es célebre por lo atractiva que resulta para los hombres apuestos, incluso entre los humanos, e insiste en que se vistan y bailen a la perfección y en que estén impecablemente limpios. Los hombres elegidos por la diosa enferman de amor y ni siquiera pueden mirar a las mortales.

Al igual que sus equivalentes, Erzulie tiene debilidad por las joyas, las flores y la ropa y experimenta un gran placer con los cantos y danzas. Tras su alegría se oculta una cólera duradera, personificada en su aterradora manifestación complementaria Erzulie Ge_Rouge. El vudú haitiano incluye una ceremonia en la que la Loa – o divinidad – de Maitress ( aspecto de Erzulie, también denominado Erzulie Freda Dahomey) se apodera de la mujer elegida. El ritual se inicia con una larga y compleja ceremonia, durante la cual la posesa se purifica y, después de satisfacer las exigencias de aseo de la Diosa, con ayuda se unge lentamente con perfumes y polvos. Se viste sin prisas, bebe vino y come dulces y otras exquisiteces que le han obsequiado. Cuando por fin está lista e mezcla con el pueblo. Los hombres presentes son claramente sus preferidos y cuentan con la atención de Erzulie mucho más que las mujeres. Elige a los más guapos como compañeros de baile, aunque están automáticamente excluidos, cuando han bebido alcohol de alta graduación. Sus devotas reciben una atención muy superficial y a las demás sólo las reconoce con un movimiento del meñique.

La ceremonia alcanza un clímax sorprendente en medio del jolgorio y de los bailes en ocasiones frenéticos. Erzulie Ge – Rouge – aspecto afligido de la Diosa – se apodera de la posesa, llora desconsoladamente por todo lo que va mal en el mundo, se queja de que no es amada y lamenta sus sueños incumplidos. La transformación es sorprendente e inesperada. La figura ególatra y en éxtasis de hace segundos se convierte en un ser que cierra tanto los puños que se clava las uñas en las palmas de las manos y se hiere hasta sangrar. Gime y alcanza un paroxismo de ira que, en última instancia, la paraliza. Se trata de la Diosa arquetípica que llora salvaje y desconsoladamente la muerte de su hijo y amante. El vuduismo haitiano ha incorporado al culto de Erzulie la versión cristiana de la diosa pladileña, es decir, la Virgen Maria que se lamenta.

Hay quienes afirman que, tanto en India como en Occidente, la diosa del amor ha llegado al siglo XX a través de las artistas del cine. Estas “Diosas de la pantalla” cuentan con devotos seguidores que les envían regalos y les solicitan favores (aunque solo sean autógrafos ). Las adoran exclusivamente por su imagen y engendra miles de “sacerdotisas” seculares, deseosas de imitarlas y, por tanto, de encarnarlas.

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