La vida sexual de la Diosa.

En el panteón antropologicamente construido, la creación no podría existir son la vida sexual de la divinidad. Por este motivo las deidades masculinas y femeninas de la fertilidad tuvieron una activa vida sexual que garantizaba la productividad de la naturaleza. Su actividad no quedada reducida por la discriminación según la calidad o el carácter de los seres que sus numerosas uniones producían. En virtud de que debían mantener el equilibrio cósmico, no sólo tenían derecho, sino que estaban obligadas a engendrar el bien,el mal y sus incontables variaciones.

Las Diosas de la fertilidad no dudaron en apelar a la astucia o a lo ilusorio para satisfacer su ardiente apetito carnal. De todos modos, la sexualidad de la Diosa fue muy valorada y respetada: se representaba en los dramas rituales, era emulada por las sacerdotisas e imitada por sus seguidores en rituales orgiásticos. Además, la vida sexual de la Diosa sentó las bases del sistema de prostitución sagrada de las sociedades en las que la copulación formó parte de la representación sacramental del divino acto de la creación.

Tara y las Dakinis:

Tara, que significa “Estrella”, es la deidad más popular del Tibet, donde también la llaman Dolma. Para los legos es la madre suprema, la Gran Tara o Mahatara. Remonta sus orígenes a la Diosa india Kali, si bien en el siglo III fue incoporada al panteón del budismo Mahayana. En tanto creadora básica, dio vida a los budas y a los bodhisattvas. También es la Diosa del ascetismo y del camino de la sabiduría. Sus ciento ocho apelativos suelen mencionarse regularmente en los rosarios de la religión budista.

La importancia que el budismo místico tibetano atribuye al principio femenino, queda de manifiesto en que todos los Bodhisattvas tienen consortes – a menudo consideradas sus “energías” o “potencias” – denominadas Dakinis. Al igual que Tara, dichas mujeres son iniciadoras y conducen a los hombres a un estado de conocimiento esotérico, habitualmente transmitiéndoles la energía divina a través de la Unión sexual. En la literatura tibetana reciente se han convertido en figuras fantasiosas a las que llaman Ja-do-mas o visitantes del cielo.

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