La voz del Rio primigenio.

Según las creencias de la Tradición de brujería en la que me eduqué, la naturaleza de la Vida / Muerte / Vida hace que la relación entre el amor, la creatividad y todo lo demás que forma nuestro universo mental, se muevan de acuerdo con unas pautas simbólicas, amplias y salvajes, las cuales se suceden en una correlación de ideas complementarias entre sí, metafóricas en algunos casos: Creación, desarrollo, poder, disolución, muerte, incubación, creación y así sucesivamente. Es decir, la creación – como forma de expresión espiritual – es el origen y raíz de todas nuestras inquietudes emocionales, de cualquier anhelo, deseo, incertidumbre, busqueda y cuestionamiento. Un camino remoto y primitivo, que se pierde más allá de nuestra memoria, que desciende hacia las sombras del nuestro pensamiento más etereo y abstracto: allí donde el tiempo carece de significado y las ideas se alzan como Dioses y Diosas, voluptuosos y poderosos, nuestro Altar particular y secreto, el devocionario de nuestra identidad más expúrea e intima.

Mi abuela solía decir que para crear se tiene que saber reaccionar. La creatividad es por tanto, según ese concepto, la capacidad de reaccionar a todo lo que nos rodea, de elegir entre cientos de posibilidades de pensamiento, sentimiento, acción y reacción que surgen en nuestro interior y reunirlo todo en una singular respuesta, expresión o mensaje que posea impulso, pasión y significado. Abrir los brazos y dejarnos caer a ciegas en la luz absoluta y cegadora de nuestra necesidad de reconstruir el mundo a nuestra medida, según nuestros deseos y concreciones. Atrevernos a olvidar ese axioma pesado y desconcertante que nos insiste en que debemos aceptar, comprender y callar nuestras ideas. Esa limitación del mundo interior a través del exterior, despojados y obligados a reprimir o censurar los sentimientos y los pensamientos. No obstante, ese finisecular deseo de luz, de irradiar fuerza y pensamiento, niega todo horizonte, toda regla y razón. Es salvaje, iracundo, destructor, perseverante, el rutilante comienzo de una senda que te llevará al mayor triunfo: encontrar el rostro oculto en medio de las sombras del temor.

Que sea la vida y la necesidad de vivir cada segundo y cada idea a su plena expresión. En mi tiempo, en medio de mis deseos, la déspota y cruel de mi vanidad.

Así sea.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: