La memoria y la conciencia ancestral: Mitología y psicología profunda

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Si nos introducimos en el estudio de la psicología profunda, Sigmund Freud refiere que “los mitos serían una expresión simbólica de los sentimientos inconscientes de toda la humanidad, del mismo modo que los sueños lo son del individuo ”. Para Carl Jung, “los mitos serían una de las manifestaciones de los arquetipos o modelos que surgen del inconsciente colectivo de la humanidad y constituyen la base de la psique humana. Estos arquetipos serían equiparables al instinto animal, aunque en el hombre poseen un carácter intelectual y no meramente sensible: arquetipo del padre, del salvador, del héroe, del bien y del mal, de la culpa, del paraíso, etc. Sea cuál sea la explicación del origen de estos arquetipos, el mito descifraría y daría expresión simbólica a esos contenidos profundos, ocultos a la memoria y a la razón lógica” .

A partir de su condición de psicoanalistas, Freud por su parte interpreta la religión como una neurosis. Jung constata la existencia de semejanzas entre el material producido por los pacientes y los temas de la mitología e intenta captar el elemento profundamente existencial, y en última instancia religioso, de las alteraciones psíquicas. En el curso de los años se dedica al estudio del gnosticismo, de la alquimia y de la mitología de los pueblos antiguos y primitivos, considerados como proyección múltiple de los arquetipos o contenidos inconscientes comunes a toda la humanidad.

Inconsciente colectivo y arquetipos:

En el libro “La estructura de la psique” (1931), Jung distingue en la psique tres estratos:

1) La conciencia
2) El inconsciente personal
3) El inconsciente colectivo, concebido como un patrimonio hereditario de posibilidad representativa no individual, sino común a todos los hombres y quizás a todos los animales, que constituye la verdadera base de la psique individual.

En su libro “Instinto e inconsciente” (1919), describe el inconsciente colectivo como la suma de los instintos o “formas típicas del actuar” y de los arquetipos o “formas típicas de la comprensión”. Los instintos determinan las constantes del comportamiento y los conocimientos singulares son enmarcados sobre la base de formas preexistentes.

También Jung describió los tipos psicológicos; clasificó a las personas según su actitud introvertida o extravertida; si utiliza el sentimiento o el pensamiento para afirmar su actitud y si percibe mediante la intuición o la sensación (a través de los cinco sentidos). Una de las cuatro funciones: pensamiento, sentimiento, intuición o sensación, es la mas desarrollada.
Fernando Rísquez, psicoanalista junguiano venezolano (1985), explica que el complejo arquetipal se manifiesta por imágenes o constelaciones de ellas, que son capturadas y procesadas por el psiquismo de quien la percibe inconscientemente. Prosigue su explicación manifestando que cuando alguien explica algo, lo expresa para otros, cuando se comprende, se hace para si mismo. Por lo que lo mas intimo de un sujeto, es su mundo autista y lo mas superficial, su mundo altruista. El primero es un mundo de imágenes y el segundo de palabras, que pueden ser empleadas para traducir imágenes.

La consciencia del yo es una aparición tardía en la evolución del ser humano, que se ha ido perfeccionando a través de su evolución. Esta conscientización se refleja en la evolución de los arquetipos de la humanidad. Así como en el feto la ontogénesis representa a la filogénesis, en cada individuo la consciencia va pasando por una serie de zonas arquetipales que van engranando imágenes primordiales que hacen posible la evolución individual. En las fantasías, sueños, estados de inspiración y manifestaciones psicopatológicas psicóticas, se observa la formación de la consciencia en el individuo. De allí que la consciencia obscura, caótica, mágica y concreta del niño, representan los primeros mitologemas de la humanidad. O sea el fundamento, encontrado en el desarrollo de la consciencia de un individuo que coincide de manera secuencial, con los encontrados en la historia de la cultura de los pueblos. En los niños se encuentra un pensamiento mágico en el que todo lo que es arquetipal entra y sale con naturalidad. Estos elementos mágicos, que constituyen constelaciones arquetipales en forma de imágenes, son parte del mundo de la infancia y personifican al niño. Se cumple con el pensamiento alquimista de Hyeronimus Bombastus Theophrastus Paracelsus, quien decía que el hombre es un microcosmos, como una gota de mercurio que refleja al macrocosmo circundante; macrocosmo que va imprimiendo imágenes en ese microcosmo. En la medida de la evolución de la consciencia, el pensamiento mágico se va reduciendo a formas lógicas.

(continuará)

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