El arquetipo de la gran Madre.

Podemos analizar y esclarecer la importancia de la Diosa en tanto símbolo de la maternidad a través de las teorias del psicologo y psiquiatra Carl Gustav Jung ( 1875 -1961 ). Según la perspectiva jungiana la Diosa Madre en tanto origen sobrenatural del mundo es un concepto innato de la mente humana, anterior al nacimiento, en parte porque la experiencia humana primaria y universal es la de la gestación. Esta idea prenatal se refuerza después del nacimiento, a medida que la madre nutre a su hijo con alimento, afecto y calor al tiempo que el bebé depende exclusivamente de ella como fuente de consuelo y seguridad.

En esta fase el niño considera “numinosa” ( envuelta en una sensación de divinidad ), a su madre. Su acto más nimio alcanza una importancia abrumadora y el bebé no tarda en dividirla en la “buena madre”, la dadora y protectora, y la “mala madre” con la que amenaza y castiga. A medida que el niño crece, paulatinamente la madre se convierte en un todo y por consiguiente en un ser ambivalente e individual que combina cualidades benéficas y perjudiciales.

Este proceso infantil se refleja en los relatos míticos de los orígenes del mundo, que suelen representarse como la conciencia que emerge del caos. El caos primigenio también puede describirse como la totalidad de las fuerzas potenciales, ejemplificadas por el extendido símbolo de “Ouroboros”, la serpiente que se muerde la cola y que de esta forma crea un circulo ininterrumpido. El círculo contiene mucho pares evidentemente contradictorios: lo masculino y lo femenino ( implícitos en la boca – matriz circular que recibe la cola fálica ), la conciencia y el inconsciente , lo productivo y lo destructivo, caracteres que al principio son indistinguibles.

De esta totalidad caótica, surgen multiples entidades que la mente humana clasifica como buenas y malas ( y como masculinas y femeninas ). Aunque la mente que mitologiza, lo mismo que la del niño muy pequeño, imagina madres buenas – como Sofia o la sabiduría y la Virgen María – y Madres malas -como la Gorgona, con los cabellos cual serpietes y mirada que petrifica, o la sanguinarias Sejmet y Anat – también elabora otras figuras maternas aun más apremiantes y poderosas: las diosas ambivalentes que, como Hera, Afrodita, Kali e Hina, combinan aspectos positivos y negativos. Esta tendencia de la Diosa a representar opuestos complementarios como arriba y abajo, creación y destrucción, seguridad y peligro, suelen representarse tanto en el inconsciente como en la mitología, con imagenes redondeadas de la totalidad que evocan a Ouroboros.

La cara de la luna, que en el transcurso de un mes combina la oscuridad y la luz, es uno de los simbolos Universales de la Diosa. La manzana también suele asociarse con la Gran Madre, dado que por tradición, sino por autoridad bíblica, es la fruta que Eva ( cuyo nombre procede de la expresión “Madre de Todos”) arrancó del árbol del bien y del mal; también es uno de los atributos de Venus y de las Gracias.

El analista jungiano Erich Neummann llevó a cabo un estudio seminal y a fondo de los diversos simbolos maternos en su obra “The Great Mother: An Analysis of the Archetype (1963). Llegó a la conclusión de que las obras de arte religioso más arcaicas son ” figuras de la solitaria Gran Diosa, imagen paleolítica de la Madre, antes del que Padre existiera en la Tierra o en el Cielo”

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