La creación de la Edad de Oro de la Mujer.

La idea del “eterno femenino” resulta muy interesante, porque podemos utilizar para realizar una nueva evaluación de la posición de las mujeres en las sociedades contemporáneas. Muchas feministas occidentales han visto con buenos ojos el planteamiento de que quizá, existió una sociedad en torno a la religión de la Diosa. Según los movimientos modernos sobre la Diosa, dicha sociedad no se ocupó de la conquista o la dominación, sino que concentró sus energías en un sistema ginocéntrico (centrado en la mujer) de organización e hizo hincapié en las interacciones pacificas y en el desarrollo artístico.

Al parecer, estas afirmaciones quedan respaldadas por el hallazgo de la civilización de Hoyuk Zatal, descrita por James Mellaart – su descubridor – como una “supernova en la galaxia bastante oscuras de la culturas campesinas coetáneas”. Hoyuk Zatal, en la actual Turquía, alcanzó su apogeo entre 7000 y 5000 a.C. Contaba con una amplia variedad de artes y oficios, como escultura, pintura, tejidos y alfarería. Los edificios y santuarios – muchos de los cuales parecen dedicados a una Diosa suprema – se erigieron a diversos niveles y siguen un complejo patrón arquitectócnico. Carece de estructuras defensivas, como fortalezas en las colinas, y los cientos cincuenta pinturas halladas en la zona no representan escenas de violencia. Las mitologías regionales supervivientes refuerzan la suposición que llevaban un pacífico estilo de vida agrícola.

Los seguidores de la Religión de la Diosa consideran el Neolítico como la Edad de Oro: formado por matriarcados que se basaban en el culto a una única diosa universal, duró miles de años hasta que, a partir del cuarto milenio a.C, fue corroído por una sucesión de grandes ivnasiones de los llamados indioeuropeos. La diosa siguió siendo objeto de culto en muchas culturas, pero de forma menos intensa y unificada. Con la llegada del cristianismo, el culto a la Diosa, manteniéndose y transmitiéndose por via matriarcal a través de creencias unificadas como la Brujería o Antigua Religión, pese a la persecución ideológica sufrida durante la caza de brujas de la Reforma. Para los modernos adoradores de la Diosa, el desorden social actual es consecuencia del desequilibrio entre los valores duales que otorgan sentido al Universo. La edad de Oro se utiliza como paradigma necesario del futuro y como intento de evitar un cataclismo mediante la recreación de un mundo sin guerras y ecológicamente consciente.

Existe la esperanza de que el ideal de la Diosa una a las mujeres y las ayude a crear una sociedad menos materialista, en la que la humanidad vida pacíficamente. En todos los lugares donde los movimientos de la Diosa cobran mayor fuerza, los mitos autóctonos sirven para ilustrar el carácter ginocéntrico por el cual la mujer es dadora de vida y del alimento: consideran la sociedad y la tierra un todo unificado y el bienestar colectivo tiene tanta importancia que la voluntad individual.

En el caso de que la Edad de Oro hubiese existido, los críticos de las ideologías que ha originado insisten en que el matriarcado mantiene el predominio de un sexo sobre otro. Si bien el equilibrio sexual se invierte, no hay garantías de que la civilización centrada en la Diosa conduzca a una paz más duradera. Incluso en países como en la India, donde las tradiciones del culto a la Diosa han perdurado a lo largo de milenios, las mujeres casi nunca alcanzan la categoría que aparentemente estaría en consonancia con la defensa del “eterno femenino”.

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