La memoria y la conciencia ancestral.

¿Es posible encontrar una definición única capaz de abarcar todos los tipos y funciones de los mitos en todas las sociedades, arcaicas y tradicionales? Es difícil encontrarla y que además fuera aceptada por todos los eruditos y que al mismo tiempo fuera accesible a los no especialistas. Mircea Eliade, se aproxima a una definición de mito como una realidad cultural extremadamente compleja, que puede abordarse e interpretarse en perspectivas múltiples y complementarias.
Los mitos son una forma de darle sentido al mundo, de crear un cosmos, es decir un orden emergente del caos. Los mitos suministran una primera interpretación del mundo, por ello se asocian con la religión y con la tragedia griega, por su vinculación con los orígenes. En su creación intervienen contenidos arquetípicos subyacentes en el interior de nuestra psiquis. (Mair; Rovira; Jung)

Los mitos son patrones narrativos que dan significado a nuestra existencia. Tanto si el sentido de la existencia es sólo aquello a lo que damos vida a través de nuestra propia fortaleza, tal y como mantendría Sartre, como si es un significado que hemos de descubrir, como afirma Kierkegaard. En fin los mitos son nuestra forma de encontrar este sentido (Rollo May). El mito es, un lenguaje de segundo orden, un tanto ambiguo, que presenta internamente un modelo lógico, que plantea los problemas y los dilemas fundamentales de una sociedad. Para Lévi-Strauss los mitos son expresión de una manera lógica de concebir el mundo, sólo que es ésta una lógica distinta de nuestra lógica científica.

Etimológicamente para los griegos, muthos significaba simplemente “relato”, o “lo que se ha dicho”, en una amplia gama de sentidos: una expresión, una historia, el argumento de una obra. La palabra “mitología” puede resultar confusa en nuestra lengua, pues puede denotar tanto el estudio de los mitos como su contenido o una serie determinada de mitos. Para Platón, el primer autor conocido que emplea el término mitología, no significaba más que contar historias.

Origen y significado de los mitos:

Mircea Elíade refiere que el mito cuenta una historia sagrada; relata un acontecimiento que ha tenido lugar en el tiempo primordial, en el tiempo fabuloso de los comienzos. El mito cuenta cómo, gracias a las hazañas de los Seres Sobrenaturales, una realidad ha formado parte de la existencia, sea ésta la realidad total, el Cosmos, o solamente un fragmento. Es el relato de una creación, se narra cómo algo ha sido producido, ha comenzado a ser. El mito no habla de lo que ha sucedido realmente, sino de lo que se ha manifestado plenamente. Los personajes de los mitos son Seres Sobrenaturales, que se les conoce sobre todo por lo que han hecho en el tiempo prestigioso de los «comienzos». Los mitos revelan, la actividad creadora y desvelan la sacralidad (o simplemente la sobrenaturalidad) de sus obras. Los mitos describen las diversas y a veces dramáticas, irrupciones de lo sagrado (o de lo sobrenatural) en el Mundo. Es esta irrupción de lo sagrado la que fundamenta realmente el Mundo y la que le hace tal como es hoy día. Este autor continúa su relato describiendo que el hombre es lo que es hoy, un ser mortal, sexuado y cultural, a consecuencia de las intervenciones de los seres sobrenaturales en los mitos.

Los mitos justifican su origen, por la necesidad que tiene el ser humano de internalizar enseñanzas morales y éticas. Se trata que tales enseñanzas queden no solo en la comprensión racional, sino que además se integren al sentimiento utilizando los arquetipos. Esta función del mito la explica brillantemente Julio Caro Baroja cuando nos dice “la fuerza del relato arquetípico y del modelo casi material en la historia escrita es de una magnitud indudable; y esta fuerza estriba en que lo tratado puede cobrar un aire de grandeza y generalidad que la materia en sí misma no tiene. Es la majestad del arquetipo la que ofusca y da al relato un aire de integridad que las acciones humanas no suelen tener por lo general. Con él se pasa de la tartamudez y la contradicción a la oratoria limpia y a la persuasión completa. A la moralidad final” (Mair).

Ante lo anteriormente expuesto, la función principal del mito es la comprensión del hombre de las sociedades arcaicas y tradicionales. A través de los mitos la realidad se establece por repetición y participación de arquetipos. Cuando se reproduce el hecho ejemplar, se actualiza la época mítica. Este fenómeno ocurre en la medida en que se es genuino, como en el momento de los rituales o de los actos importantes cotidianos como el de la generación, caza, pesca, guerra o alimentación. El resto de la vida transcurre en el tiempo profano desprovisto de significación y es el común devenir y por ende de la “historia”. Los Dioses se asocian al tiempo sagrado ligado a la inmortalidad y el hombre al tiempo profano, ligado a la muerte. En la medida en que las personas repiten genuinamente, los arquetipos ejemplares, al realizar rituales, abandonan el mundo profano de los mortales y se incorporan al mundo divino de los Dioses. Dado que la mayoría de estas actividades han tenido en el tiempo un proceso de desacralización, han llegado a ser en las sociedades modernas actividades profanas (M. Elíade).

Mediante sus mitos, las sociedades sanas facilitan a sus miembros un alivio para sus neuróticos sentimientos de culpa y su excesiva ansiedad. En la Grecia antigua, por ejemplo, donde los mitos eran algo vital y poderoso, los individuos podían enfrentarse a los problemas de la existencia sin experimentar sentimientos de culpabilidad o ansiedad. De ahí que los filósofos de la época se dedicaran a discutir sobre la belleza, la verdad, la bondad y el coraje como valores de la vida humana (Rollo May).

Al penetrar en el significado de un mito o de un símbolo , comprobaremos que este significado revela una forma de comprensión del cosmos. Como menciona Mircea Eliade “Es inútil buscar en las lenguas arcaicas los términos tan laboriosamente creados por las grandes tradiciones filosóficas: existen todas las posibilidades de que vocablos como ser, no-ser, real, irreal, devenir, ilusorio y algunos más no se encuentren en el lenguaje de los australianos o en el de los antiguos habitantes de Mesopotamia . Pero si la palabra no aparece, la cosa está ahí: sólo que se “dice”, es decir, se revela de manera coherente a través de los símbolos y los mitos” (Mair).
Mitos y rituales:

Malinowski establece la distinción entre mito, leyenda y cuento de hadas. Las leyendas, dice, se cuentan y se creen como si fueran historia, aunque el propósito del narrador suela ser fundamentar a algún grupo al que pertenezca; sin embargo, no contienen ningún elemento milagroso, ni se consideran siquiera sagradas. Los cuentos de hadas están llenos de acontecimientos milagrosos, pero no tienen relación alguna con el ritual; son un puro entretenimiento y nadie supone que sean ciertos. El mito es la afirmación de una verdad más elevada e importante, de una realidad primigenia a la que todavía se considera modelo y fundamentación de la vida primitiva (Mair).

Los mitos se asocian a los ritos. Para Leach, un mito, es simplemente la parte verbal de un ritual. Estos además de ser actos rutinarios de propiciación y sacrificio, tienden a ser rites de pasaje o a manifestar aspectos de la fertilidad. Los rites de pasaje requieren aislamiento, regresión a un estado natural, combate o pruebas; e implican el paso a un nuevo estadio del ciclo vital. los ritos de fertilidad se valen de víctimas propiciatorias, flagelaciones, purificaciones, cremaciones, relaciones sexuales y variadas manipulaciones evidentes de plantas y animales. Se sirven también del travestismo y otras inversiones del orden natural y cultural. Interpretados de manera mítica, tienden a dar origen, de modo bastante natural, a determinados tipos de narraciones que conllevan, precisamente, aislamiento, flagelaciones, matrimonios, travestismos, variados usos del fuego, manipulaciones de plantas y animales (Vernant).

Al revivir el mito, a través del ritual o repetición de actos considerados sagrados, el iniciado regresa a ése tiempo fabuloso en que fue creado y por consiguiente se hace, de alguna manera, contemporáneo a los hechos evocados, es decir, sale del tiempo profano, cronológico y se desemboca a un tiempo cualitativamente diferente, un tiempo sagrado, primordial e indefinidamente recuperable (Mair).

(Continuará)


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