Del nacimiento de un mito: celebración Romana de Laurentia.

Existe una tendencia ampliamente aceptada entre los historias, de considerar las Lupercales como una festividad dedicada a la memoria del episodio de los gemelos y la loba, adaptando así la festividad a los mitos fundacionales de la ciudad. Los mitos de héroes criados por animales no son exclusivamente romanos, podemos citar, por ejemplo, el Zeus griego amamantado por la cabra Amaltea. El hecho de que Rómulo y Remo fuesen criados por la loba puede ser comprensible teniendo en cuenta que el lobo era el animal asignado a Marte, según el mito, padre de los gemelos (entre otros; Justiniano, 43,2; Propercio IV, 1, 55-56).

Con todo, en las fuentes clásicas encontramos autores que identifican a la loba que amamantó a los gemelos con su madre adoptiva, Acca Larenta, Laurentia o Laurentina.

Según Tito Livio (I, 4, 7): “Otros pretenden que Larentia era una prostituta, una “loba”, como dicen los pastores, y esto habría dado lugar a esta leyenda maravillosa”. La explicación que encontramos en la obra Origine Gentis Romanae (XXI, 1-2), atribuida a Aurelio Victor, es más extensa: “Según Valerio, al contrario, los niños nacidos de Rhea Sílvia fueron confiados por el rey Amulio a Fáustulo, su esclavo, el cual tenía que matarlos. Pero Numitor suplicó que les perdonara la vida, y Fáustulo los dio, para que los cuidara, a su mujer Acca Larentia, mujer llamada la Loba porque tenía por costumbre vender y prostituir su cuerpo. Es, en efecto, sabido que se llama así a las mujeres que trafican con su cuerpo. Es por esto que los lugares donde ellas yacen reciben el nombre de lupanar”.

Lo cierto es que Acca Larentia es una figura compleja dentro de la mitología y los primeros cultos romanos. Por un lado, como nodriza de Rómulo y Remo se le atribuye el origen de la cofradía de los fratres arvales; “Esta mujer, dice él, tenia doce hijos varones, y perdió uno que murió, en su lugar, Rómulo se dio como hijo a Acca Larentia, y se llamaron, él y los otros hijos, hermanos Arvales. A partir de este momento, el colegio de los fratres arvales permaneció en número de doce, la insignia de este sacerdocio es la corona de espigas y las cintas blancas” (Aulo Gelio, Noctes Atticae, VII, 7, 8.).

Por otro lado, en tanto que prostituta, se le atribuye el origen de la festividad Larentalia, un culto a los antepasados celebrado el 23 de Diciembre. Según esta versión, Acca Larentia habría sido una cortesana que se habría unido con Hércules en su templo. Este Dios, le habría dado la oportunidad de casarse con un etrusco, del cual heredó grandes riquezas que, a su muerte, ella legó al pueblo de Roma. Cada año se celebraría, desde entonces, la fiesta de la Larentalia en su honor (Macrobio, Saturnalia, I, 10, 12-17).

Algunos autores han considerado que habría dos figuras míticas con el mismo nombre; la nodriza de Rómulo y Remo, y la cortesana. Con todo, indirectamente, Ovidio parece loarlas en una misma persona atribuyendo al entorno de la nodriza de los gemelos, especialmente en relación a la muerte de Remo, el origen de la Larentalia (Fasti III, 55-58, IV 841-864).

En estas interpretaciones dadas por los autores clásicos podemos ver cómo las festividades y cultos más antiguos se han desligado del contexto original, y se busca, tal vez, en la definición de sus orígenes una justificación para la celebración de los mismos contemporánea a estos autores. De este modo, sobre las Lupercales, algunos ponen el acento en el cariz purificador de la festividad (Varrón, De lingua latina, 6, 43), mientras que otros lo hacen sobre la aportación de la fertilidad (Ovidio, Fasti II, 425-452). En el segundo caso, López-Cuervo señala: “Este hecho concuerda perfectamente con la política de Augusto y su preocupación por la repoblación del imperio. El emperador promulgó leyes que perseguían y castigaban el celibato. En este contexto se consideraron las Lupercales como un rito para procurar la fecundidad.

Según Dumézil, primitivamente los Lupercos intervenían además en otro orden de realidades sociales, especialmente en relación a los inicios del año, época en la que “todo debía ser confirmado”. En relación con esta idea, en una época muy posterior a los inicios del culto, encontramos el episodio protagonizado por Julio César y Marco Antonio, en la celebración de la Lupercalia del año 44 a.n.e

César añadió a la cofradía de los Lupercos el tercer equipo, los luperci Iuliani (Diodoro Sículo 44, 6,2), el cabecilla de los cuales fue Marco Antonio. Al finalizar la carrera, Marco Antonio habría ofrecido diversas veces a César una diadema de laurel, al estilo de las de los antiguos reyes helenísticos, que César rechazó. (Suetonio, Vita Caesaris, 76, Plutarco, Caesar 61, 2-3). Para Dumézil, esta experiencia podría haber sido simbólica, una especie de reconstrucción de una antigua escena que tuviera significado para el pueblo romano, y permitiera sondear la opinión pública respecto al nombramiento real de César como rey romano.

Cicerón (Filipicae XII, 5) describe a Marco Antonio en la celebración como “desnudo, ungido, ebrio”. Podría ser que en esta época el culto de los Lupercos hubiera empezado a ser considerado negativamente por los propios romanos. En época de Augusto se llevan a cabo algunas reformas en relación a cultos y colegios sacerdotales, Suetonio (Vita Augusti XXI, 3-6) relata cómo se restablecen las Lupercales y cómo, al mismo tiempo, se prohíbe la asistencia a los jóvenes, si no van acompañados por un adulto. Ahora bien, esta progresiva pérdida de popularidad de las Lupercales, ¿viene dada por una degeneración en las costumbres, o por un cambio en la mentalidad romana? Tal como indica Dumézil: “En el día de las Lupercalia, la humanitas y las leges de la villa se borraban ante lo silvestre y agrestre”. La carga significativa de las Lupercales había sido importante en su contexto originario, el de los primeros estadios de la civilización, pero ¿qué valor podían tener los comportamientos “salvajes” entre los romanos de una civilización urbana? Si en un primer momento los cultos del hogar y del ciclo agricultor o ganadero pasaron del ámbito del clan al culto del Estado; en otro estadio la evolución de este Estado, de su cultura oficial, sobrepasa las antiguas costumbres. Con todo, lo más frecuente es que en la cultura popular sigan vivas, bajo diversas formas.

El año 392, el emperador Teodosio declara ilegal el paganismo; se condena a pena capital la adoración de ídolos, la realización de sacrificios y la visita de los templos. Con la desaparición del colegio sacerdotal de los Lupercos, y en este nuevo contexto, las Lupercales no podían mantener su significado religioso, por lo cual se considera el final de una celebración tan antigua como la identidad del Imperio Romano.

Fuentes:

BLÁNQUEZ, J.M. , MARTÍNEZ-PINNA, J. , MONTERO, S. (1993) : Historia de las religiones antiguas, ed. Cátedra, Madrid.

PEROWE, S. (1969) : Mitologia romana, ed. La Magrana, Barcelona, 1989.

DUMÉZIL, G. (1966): La religion romaine archaïque , ed. Payot, París.

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