Los tres mundos.

La separación más corriente que del Universo hacen las mitologías y religiones de todo el mundo lo dividen entre el cielo, la tierra ( el Mundo de los mortales ) y el infierno ( el reino de los muertos, que en alguno casos se extiende bajo el mar ). Los pueblos de la antigüedad estaban familiarizados con este mundo y observaban el cielo, los planetas y los fenómenos atmosféricos, si bien les estaba vedado el conocimiento del mundo de los muertos. El miedo a lo desconocido los llevó a crear imágenes de un reino extraño, plagado de oscuridad y miedo y a concebir la muerte basicamente en función del sufrimiento, la perdida y el castigo.

Los mitos más arcaicos que perduran, los de Sumeria y Egipto, incluyen numerosos relatos de Diosas – como Ereskigal y Neit – que crearon o gobernaron los tres mundos hasta que los actos de una divinidad masculina las desterró a los infierno o limito sus poderes, razón por la cual se les vinculo con la vida furutea.

Existen muchas descripciones de Diosas que visitan los infiernos, por lo general en su juventud. Casi siempre se presenta como un viaje de autodescubrimiento. Por ejemplo, la Diosa Hawaina Hi’iaka, se trasladó al averno para liberar a su amante Lohiau cuando fue asesinado por su propia hermana Pele, la Diosa de los volcanes. Cuando llegó al mundo de los muertos Hi’iakavió las aguas del caos retenidas por una compuerta, Si la abría acabaría para siempre con los fuegos volcánicos de Pele. Empero, la Diosa comprendió la importancia de mantener el equilibrio y la continuidad y refrenó su sed de venganza.

Por su parte, con frecuencia, los Dioses y los héroes de la mitología mundial son humillados por los procesos de la muerte y el renacimiento. El Dios Japonés Izanagi y el bardo griego Orfeo negociaron el retorno de sus difuntas esposas, pero, al no cumplir las condiciones fijadas por los infiernos, retornaron solos.

La epopeya de Gilgamesh, de la antigua Sumeria, describe el descenso del Monarca – Héroe a los infiernos de una forma equiparable al de la Diosa Inanna. La diferencia radica en que la Diosa lo hizo por voluntad propia y Gilgamesh necesitó las indicaciones de Siduri, la enigmática Diosa del vino. Además, Inanna, abrazó la muerte y la convirtió en parte de su ser, mientras que Gilgamesh buscó la vida eterna y no la conquistó debido a su arrogancia.

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