Cuarto Oscuro.

Duerme el tiempo incipiente, danza esta sensación de pura angustia. Durante mis casi treinta años de vida, siento que me depurado, lentamente, fragmentado para darme un rostro sin lograrlo. Es casi una lucha a ciegas, lanzando zarpazos a la oscuridad, deseando aferrar alguna forma concreta, y solo encontrándome con las siluetas de objetos y formas dispuestos de manera caótica.

A veces, esa es la primera imagen que tengo al despertar, luego de dormir escasas horas y despertar más agotada que en la víspera. Mirando el amanecer, o quizá esa noche gris y púrpura que precede el alba, siempre me encuentro pensando en esa habitación negra y sin forma, tranqueteante, desordenada, sin sentido donde habita mi confusión. Y no hablo de ese ligero desconcierto simple que padezco en ocasiones, fruto de mi impulsividad y ese anhelo torvo de vivir en medio de mi perturbada sed creacionista. Hablo de algo más triste, más venial: simple soledad. Que corriente ¿verdad? Esa sensación de vacío de una juventud frutal. Una sensación dura y concisa que podría tener origen en mis pensamientos, pero en realidad, tengo que decir que procede de mi espíritu. Un concepto muy abstracto, lo reconozco pero es la mejor manera de darle sentido a esa cúpula púrpura que se extiende sobre mis pensamientos, que se abre y se cierra hasta robarle sentido a toda alegría y calidez. Simple tristeza, esa soledad inconcreta, que es una linea de pensamiento que se concatenan para crear una sensación. Como la habitación a oscuras que imagino, en donde tropiezo, siento que desaparezco, me caigo de rodillas, me arrastro entre temblores, asustada y sin aliento. Palpo el suelo repleto de trozos de mis palabras y mi mente – perdidos, inconfundibles – y trato de reunirlos, crear un mosaico tal vez, que me ayude a escapar de esas sombras, de esa angustia soterrada. Comienzo a llorar, entre temblores y siento tanto miedo – aplastante, una ola – que me abruma, me golpea, me arranca la más pura intención. Aguardo, con el corazón latiendome muy rápido, apenas puedo respirar y luego, sigo con mi lento avance, entre las sombras, en la oscuridad liquida que me envuelve. ¿Donde está la puerta? Deslizo los dedos empapados en sudor por las paredes rugosas, tratando de comprenderlas, de encontrar un resquicio, solo un significado. Temblando, entre jadeos, me aferro a la cordura, intento no desplomarme de nuevo entre la polvorienta voz de mis temores – estoy aquí, escúchame, mírame, solo soy yo – y finalmente encuentro una fisura. Un hilo de aire fresco. La realidad al otro lado, golpea y se desliza. Empujo con todas mis fuerzas, grito en silencio.

Una explosión de luz.

Despierto. Me siento en la cama, las sienes cubiertas de sudor. Amanece y la luz desaparece el temor.

Un silencio entre dos ideas.

Simple dolor.

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1 comentario »

  1. Ruzak Said:

    mmm…un lindo reflejo de lo que sentís, yo todavia no encuentro las palabras justas para soltar mi alma y dejar que ella hable por si misma.
    Ultimamente estoy con una pelea interna importante, ese sentimiento de soledad que no se puede expresar ni con la misma palabra,cada vez que pienso en eso me pone mal y me hace sentir incompleto.
    hoy llegue a la conclusión de que si quiero seguir con esto voy a tener que aprender a convivir con eso.
    más bien ni pensar en que uno no es comprendido.
    tuve una charla con Tru que me ayudo mucho por suerte.

    Cordialmente, Ruzak


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