Los rostros de la Divinidad: Simbolismo. El Ciervo: La naturaleza Salvaje.

El ciervo representa lo salvaje de la naturaleza. Asociado con Cernunnos el Señor de los Animales, y las Diosas de la cacería sagrada, el ciervo adquirió categoría de sagrado entre los celtas de la Edad de Hierro. La noble presencia del ciervo, su cornamenta enramada que recuerda un árbol maduro, y la potencia y agresión durante la berrea, es el epítome de los grandes bosques de la vieja Europa de los que el ciervo es el rey. El ciervo representa las pasiones nobles y salvajes que aparecen en todo lo natural.

En el valle de Camonica del norte de Italia, las paredes de las cuevas presentan relieves que pueden datarse entre los últimos pueblos neolíticos y los celtas de las Edades del Bornce y el Hierro. os celtas eran renombrados cazadores y numerosas imagenes de ciervos que se han encontrado en las paredes de las cuevas indican la reverencia que sentían por este animal y su ansia por la zada sagrada. Imgánenes de los siglos VII a IV a.C retratan cazadores disfrazados de ciervo o con cornamentas, sugiriendo una metamorfosis o, como mínimo, una íntima relación con la presa. Dominante sobre las tres cuartas partes de la imaginería religiosa, las representaciones del ciervo suelen mezclarse con otra poderosa imagen celta: el Sol. En ocasiones, los rayos del sol aparecen como una cornamenta, simbolizando una soberanía común. Para atestiguar el estatus noble, sino divino, del ciervo, un relieve muestra un círculo de figuras que bailan o rezan alrededor de un ciervo de gran cornamenta.

Una síntesis de la evidencia arqueológica señala al ciervo como símbolo de la naturaleza salvaje, el Rey del Bosque. La antigua Galia estaba densamente arbolada, al igual que Inglaterra e Irlanda. Los cuernos del ciervo, que se ramifican como árbol hacia el cielo, junto con su velocidad, dignidad y porte, implica una característica de nobleza entre los animales del bosque.

Normalmente, el ciervo se asocia en la mitología celta con Cernnunnos, el Señor de los animales. El caldero de Gundestrup representa un Cernunnos astado con su familiar compañero, el ciervo verdadero. Quizá como un destello de antiguas tradiciones, las diosas están íntimamente ligadas al ciervo, especialmente cuando se invocan la energía y la fertilidad. La Diosa Irlandesa Flidhais, que cuida de rebaños de ciervos como si fueran animales domésticos, parece personificar la naturaleza fértil y salvaje del bosque circundante. Una diosa que presidía la caza sagrada del ciervo, fue encontrada enterrada con un guerrero celta en un yacimiento de la Edad del Hierro en Strettweg, Austria.

Finalmente, en la Irlanda de la era cristiana, los ciervos se asociaban con San Patricio, el Rey que había enviado hombres para que tendieran emboscadas a Patricio en todos los caminos que conducían a su corta de Tara. Patricio sorteó a los soldados con su compañía de ocho jóvenes clérigos, seguido de Benen, que llevaba a la espalda las tablas de escribir del Santo. Los hombres pasaron sin ser vistos, apareciendo como ciervos seguidos de un cervatillo con un pájaro blanco sobre la espalda.

La soberanía del ciervo sobre lo salvaje de la naturaleza es tranquila, cautelosa y reservada; un amplio equilibrio entre la virilidad y la energía interior.

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