El rostro del Triunfo.

Hoy desperté en democracia.

Fue mi primer pensamiento esta mañana, luego de un sueño inquieto, plagado de imagenes de la jornada que había vivido el día anterior. Agotada, con las sienes palpitandome de dolor, sentí una alegría que por mucho tiempo, había deseado, simplemente aspirado. Quizá una humilde sensación de paz. No puedo decirlo con exactitud. Durante tantos meses temí que podía suceder durante la noche del día dos de diciembre, que ahora, mientras escribo esto, tengo los ojos llenos de lágrimas de gratitud por celebrar en este momento la valentia de mi pueblo, el coraje de mi patria y por una vez, la inteligencia de los líderes que tomaron el rostro de esa mayoría silenciosa a la que pertenezco. Y es esa mezcla sentimientos, hermosos y confusos, lo que me impulsa a escribir este pequeño reconocimiento a quienes, en mi humilde opinión, nos permitieron fructicar en nuestra lucha:

Los estudiantes:

Hasta hace unos pocos meses, la oposición Venezolana era un reducto de viejas voces politiqueras, absolutamente carentes de representatividad. Rostros que muchos de nosotros considerabamos los causantes y responsables directos de la debacle social que padecemos con el Gobierno que encabeza el Presidente Hugo Chavez: simbolos de una época infame que engendró la ignorancia y desigualdad social que inevitablemente, engendró el odio y el prejuicio que en la actualidad sufrimos como sociedad. Un liderazgo en esas condiciones – empobrecido, carente de credibilidad – simplemente condujo a los opositores a un callejón sin salida, a los fragmentos de una propuesta política difusa que permitió el sucesivo triunfo de Chavez en las Urnas y como vocero de una propuesta excluyente, prejuiciada y autocrática.

Pero en Mayo pasado, luego del cierre del canal insigne de la Televisión Venezolana, RCTV, una nueva voz se alzó alta y clara: los estudiantes, ese gigante dormido que arrasó con el pesimismo y que paso a paso y con toda la fuerza de un espíritu transgresor e indómito, nos llevó a este triunfo, el primero de muchos, la consecuencia de este despertar, de esta retoma de nuestras prerrogativas. Gracias estudiantes, por sacudir las conciencias, por demostrar que la paz es posible, por tomar el estandarte de la identidad Venezolana para ayudarnos a todos los ciudadanos a comprender que el futuro de este país depende de cada uno de nosotros. Gracias por los revivir los ideales, la capacidad de disentir y a la vez, formar parte de una comunidad social.

A cada uno de esos jovenes, estudiantes de las diferentes casas de estudio de mi país, a los que sufrieron agresiones, los que fueron vilipendiados y ofendidos, sinceramente gracias.

La Iglesia:

Aunque no pertenezco a la religión cristiana, nunca he dejado de reconocer que la institución eclesiástica tiene una gran representatividad y arraigo en la cultura de Venezuela. A pesar de sus errores – que podríamos achacarle a cualquier forma de pensamiento estructurada – el clero venezolano siempre ha intentado fomentar la reconciliación y el entendimiento entre todos los miembros de esta sociedad, desigual y la mayoría de las veces injusta.

Y fue la iglesia, una de las primeras en emitir su opinión sobre los peligros de una constitución hecha a la medida de un hombre y no un pueblo, de un contrato político que nos condenaba irremediablemente a la autocracia, el sesgo político, la división y al exclusión. Enfrentándose a la violencia verbal gubernamental, la Iglesia expuso sus argumentos con gran firmeza y lucho, en silencio y desde las sombras, para lograr este triunfo de la paz que hoy disfrutamos.

Cardenal Urosa, desde este pequeño espacio le agradezco su ponderación, serenidad y firmeza. Para todos los sacerdotes y religiosos, incluso el polémico Padre Palmar, mi palabra de agradecimiento.

Que la Divinidad, que no tiene nombre y que a todos nos une, nos bendiga a todos.

General Raúl Isaías Baduel:

La gran incógnita, el insólito ideólogo y pilar fundamental de la Revolución emprendida por el Presidente Hugo Chavez Frías y un grupo de militares sin rostro en el seno del ejército hace más de veinte años. De hablar pausado, con una visión institucionalista a toda prueba, enigmático e íntegro, este General, en su día fue rostro del movimiento que restituyó el hilo constitucional durante el fallido golpe de estado acaecido en abril del 2002. Ahora, tomó la dificil decisión de enfrentarse a sus naturales políticos en defensa de la democracía.

A usted General, le agradezco su entereza, la calma de sus palabras, la confianza en el corazón de este pueblo que le ha dado una lección de integridad y valor a quienes propugnaban la violencia como ejercicio de la opinión social. Gracias por recordarnos que este país aun tiene hombres que le representen a cabalidad, con el poder de la palabra justa y la convicción de profundos principios morales.

María Isabel Rodriguez:

Debo admitir que siempre he tenido una actitud crítica hacia esta mujer, que una vez fue el rostro suave y tranquilizador del poder avasallante de un Chavez presidenciable. Durante mucho tiempo, dudé de sus intenciones y aun, de su forma de expresar la corriente política a la que inevitablemente se le relacionaba. Desaprobé su simple pasividad, ese silencioso correoso que adjudiqué al temor.

Pero esta mujer sencilla, fuerte, una sobreviviente, se enfrentó al miedo y aglutinó a ese pueblo que antes la vió sonreír desde el balcón del pueblo, flanqueando la figura de Hugo Chavez Frías, que la conoció como esa trabajadora incansable que con la fuerza que distingue a la mujer Venezolana, logró sobrellevar una dificil situación doméstica y después, una situación incierta que la redujo a una simple curiosidad cultural. La mujer incansable que enfrentó con dignidad la dudas y dislates de las que fue objeto, una dama a carga cabal que demostró su verdadero valor en uno de los momentos más oscuros y terribles de nuestra historia contemporánea. A esa mujer sencilla y contradictoria, gracias.

Ismael García:

Un hombre sencillo y profundamente democrático que sorprendió a muchos que le juzgábamos con cinismo, con su espléndida defensa del sistema de libertades venezolano. Demostró, ya sea con encendidos discursos desde su podio en la Asamblea nacional o enfrentándose a sus iguales políticos en medio de una lucha encarnizada donde se le llamó traidor, que confía en esta Revolución que aun apoya, pero que por sobre todas las cosas, ama este país. Comprometido con el ideal de crear un país más justo y equitativo, Ismael Garcia ignoró la violencia verbal, lucho contra el prejuicio y la confrontación a través de una sencilla pero profunda reflexión de su visión de país y unificó a gran parte de esa población, que no se siente identificada por ninguna de las partes en conflicto.

Los votantes:

El joven que acudió a votar al amanecer. El ama de casa que aguardó de pie durante horas, mientras la fila avanzaba lentamente para demostrar su opinión política. El hombre que permaneció en el centro de votación, a la espera de resultados, garantes de la voluntad ejercida mediante el voto. El anciano que pausadamente, tal vez con algo de dolor, depositó su voto. A todos ellos, a la multitud humilde y esforzada que despertó al desánimo, que se enfrentó a una supuesta derrota anunciada, que venció el temor, que no permitió que la desconfianza hiciera flaquear su decisión, a ese ciudadano responsable y pacifico que acudió a los centros de votación como prueba del pensamiento democrático del Venezolano, gracias. Y es este un agradecimiento muy significativo, porque el pueblo venezolano, en su nobleza, ha soportado todo tipo de decepciones y agresiones que me hicieron temer que pudieran llevarnos a una simple apatía, a un silencio destructor que probablemente hubiese destruido el ideal cultural de nuestro país. Pero una vez más, el Venezolano demostró la alegría, el poder de las convicciones, el buen humor, la dignidad y la fuerza de espíritu que ha sido históricamente, parte esencial de su personalidad.

Siento un orgullo enorme, poderoso, emocionado.

Mi pueblo demostró el valor de sus principios, la magnitud de la convicción moral que le permitió desconocer la violencia, la autocracia y el temor como una forma de expresión de la cultura. Gracias entonces, no sólo a los protagonistas, sino al ciudadano en sombras, ese rostro oculto en medio de la algarabía y la celebración que es el verdadero autor de este triunfo de la paz, del modo de vida del Venezolano y su profunda comprensión de la libertad.

Hoy más que nunca, soy Venezuela.

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