El Valle secreto del espíritu.

Como he mencionado en varias entradas anteriores, para la Cosmovisión Romana, la Diosa Diana(1) era la divinidad virgen asociada a la caza y considerada la protectora de la naturaleza. Originalmente, era la regente de las tierras salvajes y más tarde pasó a ser una diosa de la luna, suplantando a Luna y siendo también un emblema de la castidad, debido a su condición de doncella por decisión propia y como símbolo de su férrea voluntad. Los robledos le estaban especialmente consagrados. Era loada en la poesía por su fuerza, gracia atlética, belleza y habilidades en la caza.Su equivalente griega – al menos en un ámbito literario – es Artemisa, si bien en cuanto a culto era de origen itálico.

En la práctica formaba una trinidad con otras dos deidades romanas: Egeria, la ninfa acuática, su sirviente y ayudante comadrona, y Virbio, el dios de los bosques. La etimología de su nombre es simplemente ‘la Diosa’, siendo pues su paralelo griego en este sentido (aunque no en el culto) Dione en Dódona.

Para la tradición de Brujería que practica mi familia, Diana es la Diosa cuya energía se vincula a la tierras fértiles, la fuerza de carácter, la inteligencia y la audacia. Según una antigua creencia Italiana, también era considerada la deidad regente de las brujas más jóvenes, que aun no habían manifestado las primeras huellas de la pubertad y también de aquellas que consagraban su virginidad como una forma de manifestación creativa y vinculada directamente a la Diosa Madre.

En su nombre se llevan a cabo rituales que acentúan y celebran la fuerza de voluntad y la inteligencia. Uno de ellos es el siguiente:

Necesitarás:

7 velas verdes.
Una piedra ( de cualquier tamaño y mineral )
Un cuenco para quemar.
Mirra en granos.

Disposición:

Toma las 7 velas y forma un círculo en medio del cual te sentarás. Coloca frente a ti el cuenco para quemar, con la mirra en su interior y la piedra. Cierra los ojos y toma siete largas bocanadas de aire. Llena de aire tus pulmones y siente como todo tu cuerpo se relaja lentamente, al ritmo de tu respiración. Imagina que un hilo de luz verde forma un circulo a tu alrededor. Visualiza con todo detalle su brillo, los destellos que cada vez se hacen más potentes, iluminando la habitación donde llevas a cabo el ritual. Percibe la manera como la energía a tu alrededor se hace más cálida, acariciante, rodeándote como un fino velo apenas perceptible. Cuando sientas que tu concentración alcanzó un punto óptimo, abre los y comienza a encender las velas ( comenzando por la que se encuentra frente a ti y siguiendo el sentido de las agujas del reloj ) mientras invocas:

“Fresco y frutal
El valle del conocimiento se extiende a mi alrededor
Sueño y deseo en la fe de mi convicción
Creo en la sabiduría del Antiguo espíritu
Creo en el lenguaje de la Tierra
que recuerda el tiempo donde la Luna y el Sol
Danzaban en la oscuridad Universal
Soy la piedra y la montaña
Soy el fruto y la hoja
El nacimiento y el tiempo
Un pequeño Milagro en la Creación
Un momento de Inspiración divina
Llamo a la Diosa Diana
Para que sea mi guía
en el camino hacia la razón y la verdad
Así sea”

A continuación, toma la piedra y sostenla entre tus manos. Imagina que te encuentras en la cima de una montaña, y a tus pies se extiende el mar, bañado por los rayos de un sol alto y brillante. El agua de las olas lanza sutiles destellos de luz. Levanta la piedra, una ofrenda de la tierra y deja que ese resplandor ígneo del sol de tu mente, llenándola del poder del tiempo que vive en tu espíritu, tu instinto más poderoso y personal. Siente que todo tu cuerpo se impregna de una energía palpitante, ajena a cualquier sofisticación. Imagina que a tu alrededor, el brillo del sol se hace cada vez más enorme, una gran explosión de luz que absorbe todo cuanto te rodea. Percibe como ese poder, que proviene de tu pensamiento, se hace inabarcable, un ardor sin llamas que te llena de paz y fuerza. El beso de la Diosa en tu corazón.

Vuelve a tu núcleo de conciencia habitual. Enciende los granos de mirra y deja que su exquisito olor llene el aire y caldeé el ambiente del lugar donde te encuentras. Permite a tu mente divagar, llena aun de la profunda inspiración que la presencia de la Diosa en ti te ha brindado. Para culminar el pase mágico que has llevado a cabo apaga las velas ( comenzando por la que encendiste primero y en el sentido contrario de las agujas del reloj ) mientras invocas de la siguiente manera:

“Soy el verbo y la creación
La fe y el tiempo en mi corazón
Diana, Diosa del tiempo y la Tierra
Crea poder en mí
Crea fuerza en mí
Así sea”

Come y bebe algo para equilibrar la energía que has obtenido mediante la realización del ritual.

Fuentes:
Aspecto Mitológico de la Diosa Diana:
Alejandra Gáfaro Reyes. Mitos Clásicos. Editorial Intermedio. España. 2002.
Ritual:
Libro de las Sombras de Paula, 12 de abril de 1934 y adaptado para el uso general por mí.

(1) Según la Tradición de la Antigua Religión que practica mi familia, hoy se celebran los Rituales de Diana, como Señora de las Brujas doncellas en preparación para su iniciación.

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