De la creación al Verbo: El reinado de la Diosa.

“Siempre he pensado en un mito como algo que nunca existió pero que siempre está sucediendo.”
Jean Huston en The Possible Human.

Carl Junq introdujo el concepto de arquetipos en la psicología. Él consideraba los arquetipos como pautas de comportamiento instintivo comprendidos en un inconsciente colectivo. El inconsciente colectivo es la parte del inconsciente que no es individual sino universal, con contenidos y modos de comportamiento que son más o menos los mismos en todas partes y en todas las personas. Los dioses del Olimpo tenían atributos muy humanos: su conducta, reacciones emocionales, apariencia y mitología nos proporciona patrones que se asemejan a la conducta y actitudes humanas. También nos son familiares porque son arquetípicos; es decir, representan modelos de ser y de actuar que reconocemos a partir del inconsciente colectivo que todos compartimos.

Las diosas son patrones o representaciones de cómo son las mujeres, con más poder y diversidad de comportamientos de lo que se ha permitido ejercer históricamente a las mujeres. Son bellas y fuertes. Cada una tiene sus rasgos positivos y potencialmente negativos. Sus mitos muestran lo que es importante para ellas y expresan con metáforas lo que una mujer que se les parezca puede hacer. El primer grupo es el de las diosas vírgenes: Artemisa –diosa de la caza y de la luna-, Atenea –diosa de la sabiduría y la artesanía- y Hestia –diosa del hogar-. Las diosas vírgenes representan la cualidad de independencia y autosuficiencia en las mujeres. Por el contrario de las demás diosas del Olimpo, estas tres no podían enamorarse. Los apegos emocionales no les desviaban de lo que consideraban importante. No eran victimizadas y no sufrían. Como arquetipos, expresan la necesidad de autonomía en las mujeres y la capacidad que éstas tienen de centrar su conciencia en lo que tiene sentido personalmente para ellas. Artemisa y Atenea representan la actitud de ir directamente a los objetivos y el pensamiento lógico, que hacen de ellas los arquetipos orientados hacia el logro. Hestia es el arquetipo cuya atención está enfocada hacia dentro, hacia el centro espiritual de la personalidad de una mujer. Estas tres diosas son arquetipos femeninos que persiguen sus metas de manera activa. Amplían nuestro concepto de los atributos femeninos para incluir la competencia y la autosuficiencia.

Las diosas vulnerables conforman el segundo grupo: Hera –diosa del matrimonio y esposa de Zeus-, Deméter –diosa de las cosechas-, Perséfone –la hermana de Deméter-. Las tres diosas vulnerables representan los papeles tradicionales de la esposa, la madre y la hija. Son los arquetipos orientados hacia las relaciones, cuyas identidades y bienestar dependen de tener una relación significativa. Expresan las necesidades de las mujeres de afiliación y vinculación. Están armonizadas con otras personas y son vulnerables. Cada una sufrió a su manera al romperse o deshonrarse una relación afectiva. Cada una de ellas también evolucionó, y puede proporcionar a las mujeres una compresión interna de la naturaleza y pauta de las propias reacciones que deben abandonarse, y el potencial para el crecimiento interno mediante el sufrimiento inherente a cada uno de estos tres arquetipos de diosas.

Por última categoría, tenemos a las diosas alquímicas: Afrodita –diosa del amor y de la belleza-. Era la más bella e irresistible de las diosas. Tuvo muchas aventuras y numerosa descendencia procedente de sus numerosas relaciones. Creaba amor y belleza, atracción erótica, sensualidad, sexualidad y nueva vida. Entablaba relaciones por decisión propia y nunca fue victimizada. Así pues, siempre mantuvo su autonomía como diosa virgen y tuvo relaciones como diosa vulnerable. Su conciencia era receptiva y al mismo tiempo estaba concentrada, lo que permitía un intercambio en dos direcciones, que le afectaba tanto ella como a la otra persona. El arquetipo de Afrodita motiva a las mujeres a perseguir intensamente las relaciones más que la permanencia, a valorar el proceso creativo y a estar abiertas a cambiar.

Dentro de las mujeres contemporáneas, las diosas existen como arquetipos y pueden –como en la antigua Grecia- conseguir lo que les corresponde y reclamar potestad sobre sus súbditos. Incluso sin saber a qué diosa está sometida, una mujer puede, no obstante, “prestar” fidelidad a un arquetipo concreto durante un tiempo o durante toda su vida. Una diosa puede volverse activa y brotar a la vida cuando el arquetipo es provocado por una persona o un acontecimiento. Por ejemplo, una mujer descubre que la situación de desamparo de otra persona es un irresistible estímulo para dejar de hacer lo que está haciendo y ser una Deméter solícita. Este cambio puede producir un efecto negativo en su trabajo, por ser lo que suele dejar de lado. Emplea demasiado tiempo en llamadas telefónicas personales, escuchando los problemas de los demás. Con demasiada frecuencia se precipita afuera en misiones de caridad, poniéndose al borde de ser despedida. Otra mujer puede descubrir que una marcha feminista le transforma en una Artemisa hecha y derecha dispuesta a vengar intrusiones en el territorio de las mujeres, al sentir una oleada de hermandad y fuerza. Y los asuntos económicos pueden convertir, sin embargo, a otra mujer de ser una persona despreocupada y orientada hacia las relaciones personales, en una Atenea que lucha por el “mínimo aceptable”, muy rigurosa en los contratos en cuanto a la parte que le corresponde.

En ocasiones he llegado a pensar que podemos otorgar un sentido mitológico muy personal a cada momento de nuestra vida: Durante la adolescencia, una mujer puede haber estado completamente loca por los chicos; puede que haya tenido relaciones sexuales tempranas y haber corrido el riesgo de embarazos no deseados, sin saber que estaba bajo la influencia de Afrodita, diosa del Amor, cuyo impulso hacia la unión y la procreación puede coger desprevenida a una joven inmadura. O puede haber estado bajo la protección de Artemisa, que valoraba el celibato y adoraba la vida natural, y tal vez haya sido una joven loca por los caballos o una “girl scout” de mochila. O quizá haya sido una joven Atenea, con la nariz metida siempre en un libro o participando en un concurso de conocimientos, motivada por la diosa de la sabiduría para obtener reconocimiento y buenas notas. O, desde que jugaba con sus primeras muñecas, tal vez fuese una Deméter en ciernes, fantaseando sobre cuándo podría tener su propio bebé. O quizá fuera una doncella Perséfone cogiendo flores en el prado, una joven sin metas definidas a la espera de que algo o alguien la entusiasmase.

No existe ningún precepto para conformarnos con un estereotipo o limitarnos a una diosa o a varias. Todas juntas integran el círculo completo de las cualidades humanas. Estos arquetipos complejos pueden combinarse e invocarse según las necesidades exigidas por la situación de una mujer o la parte menos desarrollada de sí misma. Como mínimo, estas diosas arquetípicas constituyen un útil recordatorio para describir y analizar muchas pautas de comportamiento y rasgos de personalidad. Como máximo, constituyen vías para construir visiones, invocando así fuerzas necesarias y cualidades dentro de nosotras. Ahora que nos encaminamos hacia el abandono de las sociedades desiguales, dioses y diosas pueden llegar a ser la misma cosa. Tal vez encuentres un mito que evoque la realidad dentro de ti.

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