La persistencia del mito: El rostro de la Diosa en America.

Cuando en el siglo XVI conquistaron américa central y del Sur, Los españoles encontraron dos grandes imperios: Los aztecas de México y los Incas de los Andes. Interpretaron los mitos de estas culturas según sus propios esquemas y afirmaron que los pueblos conquistados ya adoraban versiones primitivas pero informes de la trinidad y los Santos. Casi sin proponerselo garantizaron la supervivencia de las Divinidades indígenas que todavía son ampliamente adoradas con los nombres de los Santos a los que más se asemejan.

Por sorprendente que parezca, este proceso ha beneficiado a las Diosas más que a los Dioses. Sin duda el ejemplo más claro es el de la Virgen de Guadalupe, que en 1541 apareció por primera vez como una mujer de piel oscura y pidió en la lengua vernácula ( el Náhuatl ) que construyeran una Iglesia en el sitio del Santurario que antaño había pertenecido a la Diosa indígena Tonantzin. A pesar de esto, siempre se ha dicho que está consagrada al culto de María y el templo dedicado a la Virgen de Guadalupe es fundamental para el catolicismo mexicano y constituye uno de los principales centros de peregrinación del país. Existen muchos otros ejemplos de Diosas Americanas convertidas en Santas o vírgenes pero, a partir de la conquista no hay manifestaciones comparables en lo referente a los Dioses.

En tiempos de la conquista, los aztecas veneraban alrededor de 300 deidades, muy pocas de las cuales eran femeninas. Existen pruebas de que el principio femenino sufrió un franco retroceso durante los siglos precedentes. Quetzalcoatl “La serpiente emplumada”, aparece en los mitos con caracteres masculinos y probablemente en su origen fue un ser androgino, como indica su nombre, que combina que al ave Quetzal con “Cóatl”, que significa “gemelo” ( lo que alude a la naturaleza dual) y también “serpiente” (animal que los aztecas relacionaron con la psiquis femenina).

Con anterioridad a la civilización Incaica, la figura divina más venerada en los Andes también presenta caracteres andróginos. A la Pachamama o Tierra Fértil todavía se le ofrecen libaciones y sacrificios en Perú. Pese a que alude a la fertilidad, “Mama” no se refiere concretamente a la materna. El vocablo incluye connotaciones masculinas: por ejemplo, los mineros llaman “mamas” a los filones de metal puro. Los aspectos benignos de la Pachamama suelen combinarse con los de la virgen María y con frecuencia la denominan “Santa Tierra”, si bien reconocen que es necesario rendirle el mismo culto a sus faceta destructiva. A veces es caníbal, característica que comparte con otros espíritus precolombinos, las “condenadas”, que han perdurado hasta nuestros días y de las que se piensan que chupan la energía del hombre durante la cópula. Este rasgo de la Diosa también es corriente en la zona amazónica.

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