Fuego entre mis dedos.

Tomo la cámara entre mis manos, con cierta ira. Ajusto el lente de nuevo. Calculo cuidadosamente la entrada de luz, cuido que cada objeto forme una armonía raquídea dentro del cuadro. Los ojos llenos de lágrimas de ira. Una sensación enloquecedora de correr en busca de un objetivo simétrico, trascendente, íntimamente satisfactorio. La pequeña obsesión, la sensación que mi pensamiento se hace oblicuo y cenital, torvo, una curva enorme de la que apenas puedo vislumbrar el final. Las manos me tiemblan un poco – ¿miedo, emoción? -, me muerdo un poco los labios, los dedos doloridos por la tensión.

Me inclino un poco. Observo el mundo a través de mi perspectiva. Un suspiro exquisito. Un momento privado y perpendicular.

Soy obsesivamente perfeccionista. Puedo pasarme horas revisando mis fotografías, cuentos y artículos, calificándolos con una critica corrosiva que termina llenándome de frustración. En ocasiones, me harto en realidad de tanta necesidad de crear una forma perfecta de pensamiento, o completar mis personales ideas de una manera que me satisfaga. Es enfermizo, lo sé, pero saberlo no evita que permanezca durante horas releyendo lo que he escrito, corrigiendo cada verbo, sustantivo y adjetivo, cuidando el ritmo y la forma hasta conseguir una sinfonía congruente con mis anhelos más íntimos. Una pequeña distorsión de mi espíritu compulsivo, una extraña sensación de triunfo, cada vez que repito y rehago una fotografía, hasta lograr el efecto exacto, el hilo de luz espléndido que le da sentido a toda la perspectiva que esperé conseguir.

En ocasiones he pensado que tal vez el hecho que insista en expresar mi expresión creativa a través de un Ouroboros, tiene una razón más profunda que el mero simbolismo aparente. En la imaginería de la secta gnóstica de los ofitas, la serpiente que se muerde la cola representaba el anillo de las aguas celestes originarias que rodean el espíritu creador, y es impenetrable por los sentidos. Una profunda grieta en medio de un tiempo inescrutable, intimo, sin nombre, brutal, equidistante. Se segrega del Universo Divino hecho de amor y de luz.

También la cábala, que contiene una herencia gnóstica considerable, habla de un velo entre Dios y la creación. Jacob Boehme llama “aguas superiores” a esta envoltura celeste, cenital, prístina, creacionista. En el mito de Blake, el hombre es prisionero de la mar del tiempo y del espacio. De si mismo, de su voluntad, de su deseo, de su expresión más abstracta.

Una creación única que procede del tiempo interior, del espíritu que se enlaza con lo divino a través de un suspiro palpitante e inescrutable. La mitología de la voz personal, ferviente y dura, imposible de ignorar.

Un círculo de fuego, extendiéndose a mi alrededor.

Ahora escribo, con los hombros y brazos en tensión, los dedos apretados con firmeza alrededor del lápiz. El cuerpo torcido en una incomoda posición que sin embargo me permite una total libertad, mientras las palabras escapan de mi, a raudales, presurosas, una corriente inevitable y agrietada por el deseo, por la incertidumbre. Los ojos llenos de lágrimas de alegría y tristeza. Escribo, dejándome caer en el tiempo remoto y magnifico. Escribo, danzando en sombras, mi voz en el silencio. Que placer, que absoluta necesidad que se abre en todas direcciones, que sensación arritmica que me arranca del mundo, un jardín en sombras en el que deambulo entre tropezones, intentando encontrarme, deseando hacerlo. Las lágrimas me asustan un poco, brillan en esa oscuridad sin oquedad, la risa brota a borbotones, una demencia criptica, sin norte ni confín.

Cierro los ojos, extiendo los brazos, mi espíritu excede todo límite, todo temor. Enarbolo la sensación como única arma, me elevo más allá de toda forma de tiempo y valor que no sea este extásis de gloria y condena, esta fuerza suprema que me destruye, abriéndose y cerrándose en un lento palpitar.

Un Ouroboros de fuego, en medio de un tiempo de irracional.

Creo que la pasión y el amor por lo que se hace es la medida de la obsesión por obtener un óptimo resultado ¿no es así? O una medida de locura, divina, fuego de Dioses, brillante vinculo con nuestro poder personal.

Quién podría decirlo?

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