Un Universo criptico: Cabeza Borradora de David Lynch.

“El único artista que tengo la sensación de que podría ser mi hermano, es Franz Kafka”
David Lynch.

Ningún director de los que ha intentado darle un sentido concreto al mundo de visionarios como Eugene Ionesco y Kafka ha estado más cerca de lograrlo que David Lynch. Su visión cinematográfica esta llena un sentido perpendicular de la narrativa, un poder casi incomodo para obligarnos a comprender su personal visión del mundo. Con una puesta en escena aparentemente carente de lógica, pero llena de una forma simbólica casi abrumadora. Su primer largometraje: Cabeza borrada es un ejemplo de como la creación conceptual de Lynch toma proporciones caóticas pero sin perder su magnifica expresión estética y metafórica. Un voz onírica, inconcreta, inquietante pero sobre todo profundamente transgresora del habitual lenguaje filmico. Tal vez en ello, reside su inestimable valor.

El hombre del espacio ( Jack Fisk ) sueña. Mira por la ventana con su cara picada de viruela. Acciona una palanca y aparece el impresor Henry Spencer ( Jack Nance ) con su triste y hermético mundo en blanco y negro. Fábrica, tubos, patios interiores, estudio: Un microcosmos industrial en el que se escucha por todas partes el zumbido cercano y a la vez lejano de las maquinas y el susurro de las deterioradas conducciones electricas tras el papel pintado.

Hace ya mucho tiempo que Henry no sabe nada de su amiga Mary ( Charlotte Stewart ), cuyos padres lo invitan a una extraña cena. Las mujeres sufren ataques una tras otras, el padre sirve pollitos que al ser partidos extienden las patas mientras en los platos se derrama algo parecido a burbujas de sangre. Finalmente, Henry se entera por boca de la lasciva madre de su amiga de que es Padre.

No es seguro que sea realmente el progenitor de aquella criatura envuelta en vendas que tanto se parece a una oveja esquilada. En cualquier caso, Mary va a su casa para abandonarlo ya la primera noche y volver al domicilio de sus padres por no ser capaz de aguantar los berridos del niño. Henry se queda solo.

El monstruoso “niño” enferma, la relación con su vecina ( Judith Anna Roberts ) termina en humillación y Henry sueña con la angelical pero terriblemente desfigurada muchacha de la calefacción ( Laurel Near ) y con una máquina que convierte que convierte su cabeza en goma de borrar. Finalmente mata a aquella criatura tan digna de compasión como odiosa y con ella, el mundo de Henry se disuelve en la nada.

Aunque en el fondo su tratamiento es totalmente lineal, es imposible volver a contar Cabeza Borradora. Sí, según parece, el mismo Henry no es más que una visión del hombre del espacio que aparece al principio del filme, visión que termina fundiéndose en la irrealidad total; la historia aquí contada está cuestionada todo el tiempo por el efecto sugestivo de las imagenes, por el amenazante zumbido de la banda sonora, por el carácter surrealista de los episodios y por los movimientos exasperantes de tan lentos y la manera de hablar extraña y arrebatada de los personajes. Frente a la atmósfera plomiza de este mundo, el escaso entusiasmo vital y los gestos desvalidos de la gente que lo habita no tienen consistencia.

Las diversas interpretaciones cuentan con bases suficientes. Así, por ejemplo, el episodio en el que la cabeza de Herny – que adquiere la forma correspondiente con los cabellos en punta – se convierte en una goma de borrar para lápices, puede interpretarse como una metáfora del olvido y del silencio. Jennifer Chambers Lynch, hija de Lynch se vio retratada así misma en el bebé de Henry, que venía a ser el descendiente no querido que aparta al artista de su verdadera vocación.

Enfrentado a este tipo de tesis, Lynch generalmente responde diciendo: “No quiero hablar sobre este tema” o “Mire usted, no voy a contestarle esa pregunta”. El enfado del que en ocasiones ha dado muestras Lynch con quienes divulgan los secretos técnicos y artísticos del cine evidencia que, para él, mirar entre bastidores y hacer una interpretación unidimensional supone un desencantamiento de la obra de arte total que es el cine, una incursión violencia en un sistema hermético de significaciones, referencias y asociaciones que es muy frágil y que debe protegerse de influencias ajenas. Según sus propias palabras “Independientemente de lo extraña que sea una historia, en cuanto se entra en este mundo, se advierte que el mismo tiene unas reglas que hay que respetar”.

El joven director invirtió más de cuatro años con un pequeño equipo de colaboradores, en una película de la que en una ocasión Stanley Kubrick dijo que era su favorita. A punto de llegar a la ruina económica en muchos casos, Lynch trabajó minuciosamente cada escena hasta en los menores detalles y a pesar de las numerosas indicaciones de su familia y de sus amigos, no abandonó su proyecto, como si solo pudiera liberarse del mundo claustrofóbico de Henry, dando el último retoque a la película.

Para mí, Cabeza Borradora es sensación, no pensamiento” dijo el director en una ocasión. Esto significa que el público está invitado a ver y no precisamente a tratar de comprender a toda costa.

Dedicado a Violeta, que ama el caos como forma de expresión.

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