La Diosa de Mar.

Una de las descripciones más arcaicas de la Diosa, la define como las aguas primigenias. No es sorprendente que, sobre todo entre los pueblos costeros e isleños, las aguas primigenias se identificaran con el mar o el océano y que la mayoría de las grandes Diosas Madres – como la Egipcia Isis – en algún momento se describiese en tanto el mar o nacidas de este. La relación entre la Luna y las mareas, ha llevado a casi todas las culturas, a atribuir poderes sobre el mar a las Diosas Lunares. La Diosa Vaca con cuernos en forma de Luna creciente es el simbolo del satélite en la mayoría de las mitologías indoeuropeas y suele decirse que está casada con un toro que es su hijo y amante. El toro es también uno de los símbolos principales de Poseidon – Dios griego del mar – y se ha postulado que la extraña elección de este animal para una deidad marina es un arcaico vestigio de una cosmogonía anterior, en la que la Diosa regia el mar.

Conocida como la Diosa griega del amor, Afrodita es también sobreviviente de una tradición anterior. En su origen fue una Diosa de Oriente Próximo, probablemente un aspecto de Asherah, la “Señora del Mar” de Ugarit. Según el mito griego, Afrodita cobró vida cuando Urano – Dios del cielo – fue castrado y produjo una última y poderosa eyaculación que formó la espuma del mar y se convirtió en la Diosa, a la que los vientos benévolos trasladaron hasta Chipre, donde fue vestida y venerada. Los griegos la incorporaron al panteón Helénico pero, al igual que la fuente de la que surgió – el útero marino – siguió siendo revoltosa. Es posible que se convirtiera en la deidad del amor sexual en virtud del vinculo metafórico entre el mar y el deseo: ambos son imprevisibles, misteriosos y potencialmente irresistibles.

El destino de la Diosa del Mar en las culturas de Oceanía, de transmisión basicamente oral, con frecuencia estaba determinado por sus antepasados varones. El padre humano de Walutahanga – Diosa Melanesia del Mar – cortó en ocho trozos a su serpeteante hija. Al cabo de ocho días de lluvia su cuerpo se reunificó, pero los aterrorizados isleños volvieron a desmembrarla y la devoraron. Walutahanga recuperó la integridad en el lecho del océano y desencadenó ocho olas gigantes que sumergieron las islas y prácticamente destruyeron la vida humana. Solo sobrevivieron dos mujeres que se negaron a probar su carne, a quienes la diosa recompensó con los dones de la vegetación y los frutos marinos.

La Diosa del Mar perdura de forma degradada en tanto Ondina o sirena. Probablemente las primeras siernas fueron imagénes de Afrodita con cola de pez y son famosas por su capacidad de seducir a los hombres, alejarnos de la tierra y arrastrarnos a su reino submarino. El recuerdo de la pérdida del carácter divino está presente en los relatos de la sirena – llamada Ran por los pueblo teutónicos – que recibe las almas de los ahogados.

En el folclore europeo, Morgan le Fay ( “Morgana del destino”), lo mismo que las ondinas de bretaña ( las “morganas” ), toman su nombre del vocablo mor, que en celta significa mar. En la Antiguedad, Morgan Le Fay fue la diosa multiplicada por nueve de las islas Afortunadas,donde iban los héroes muertos. Fue degradada a la condición de Hechicera malvada cuando los clérigos cristianos medievales transcribieron los ciclos artúricos. En ocasiones se considera que Nimue, “La Dama del Lago”, es la personificación de Morgan le Fay y fue quién arbitró el éxito de Arturo como Monarca y la que le salvó de la muerte.

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