Un fragmento de luz Divina.

De pie, frente a la ventana de mi habitación favorita. Llevo mi vestido blanco, el que solo uso para conmemorar mis creencias, para homenajear mi fe de la manera más privada e intima que conozco: a través de mi voz espiritual. El cabello trenzado con flores, los pies descalzos. Una profunda emoción impregna cada recuerdo de mi mente, cada forma y sentido de mi Castillo de la Memoria. La bruja y la mujer. La niña que fui, el adulto joven en busca de un lugar bajo el mundo creacionista. La búsqueda infinita de la satisfacción intelectual. Un tiempo oblicuo y perpendicular dándole sentido a ese sentimiento de furiosa individualidad. Una sobreviviente del dolor, de la simple desesperación. La hija de la diosa, la mujer en busca de la palabra, el Fénix del concepto abriendo las alas en mi corazón.

El cielo de la noche se abre sobre la ciudad que duerme. La luna cuelga como un párpado cerrado entre el viento uniforme del este y el oeste. Las montañas y los montes descansan por fin. Desprovista de tristezas, clara la necesidad y el anhelo, mi mente y mi cuerpo temblando de emoción. Aquí, sola entre recuerdos, levanto la voz otra vez, esperando ser bendecida. La esperanza fracturada, el temor es mi enemigo. Pero aquí están mis manos, mi voz llamando a los vientos. Deseo que me escuches, a la hija de la Diosa, hija de la verdad, hija de la tierra y el sol.

Cierro los ojos. Sonrio a la oscuridad. Comienzo a bailar, a solas. Que exquisita esta sensación de intimidad. Un arco de silencio sobre mí, un núcleo de dolor en mi razón, tan profundo y sentido que solo yo puedo comprenderlo. Mis pensamientos llenos de imagenes. Una poderosa sensación de comprensión.

De todos los momentos, de todos las noches, hoy, en mi memoria, en el fuego de la locura y de la felicidad.

La niña temerosa, mirando la hoguera. Las llamas elevándose lentamente, lamiendo la madera. Mi abuela, La primera Dama de Blanco, sonriendo en la bruma de mis recuerdos, tomándome de la mano. Giramos juntas, bajo las chispas carmesí que palpitan en el cielo nocturno. La cabeza inclinada hacia atrás, ambas reímos. Que simple esta felicidad, esta maravilla, la absoluta fascinación. Los pies descalzos sobre la tierra. La fe, la creencia, uniéndome a esa noche etérea y exquisita. Sin más nombre que el mio, sin otra explicación que la que yo desee darle.

Estrella de cinco puntas, su luz baña mi enigma. Levanto los brazos, elevo el rostro hacía la cúpula enorme de un cielo sin respuesta. Cierro los ojos, la energía primigenia corre por mi cuerpo. Extiendo mi súplica silenciosa, pronuncio tu nombre, Gran diosa madre nuestra. A solas con mi conciencia, perdida en el arrobamiento, te llamo a ti esperando tu gracia. Viento del norte, conjura a tus hermanos. Fuego del sur, pronuncia mi deseo. Dedos del aire, el oeste es tu casa. Ven a mí, sal de los mares, caldo primigenio de vida, desde el este percibo tu aliento. El silencio de la noche se hace plomizo, pero mi corazón vibra en las remembranzas de súplicas semejantes en momentos perdidos.

La joven, confusa y un poco asustada. He perdido un poco la inocencia de la maravilla y sin embargo, el fuego sacramental continua asombrándome. El viento abraza mis cabellos, mi rostro se sonroja en el aliento de los árboles. El mundo cobra vida ¡Puedo escucharlo hablar! Cánticos escondidos recorriendo vericuetos olvidados. El cauce de los ríos se agita para responder a mi llamado. Deseo la vida, deseo la comprensión. La luz de las velas a mi alrededor bañan mi nombre y mi esencia. ¡Vivo! Las palabras brotan envueltas en lagrimas de mis labios apretados. El fuego susurra para mí, me cuenta historias de forjas y batallas. Enarbolo mi daga, la bandera firme de una raza devastada. La tierra tiembla bajo mis pies y comienzo a comprender el verdadero sentido de esta fuerza aciaga.

Extendiendo las manos hacia el brillo primigenio y siento que una sensación de poder me envuelve lentamente, inflama mi alma, me ciega por un momento. Tomo una bocanada de aire ardiente y brillante y siento que esa fuerza me envuelve, destruye toda oscuridad y temor. Y de nuevo, ella allí, mirándome orgullosa. Has envejecido un poco ¿verdad?. Tu cabello negro se encuentra ahora veteado de canas. Pero la sonrisa es la misma: amplia y misteriosa. Los grandes ojos castaños brillan de pura alegría. En ti y en mi este secreto. Esta voz que ha viajado a través del viento, en el regazo de la tierra, protegida por la fe, más allá de la violencia y el temor. Su mano en la mía, de nuevo. Te abrazo riendo, tan protegida, en este silencio tan intimo.

En paz.

Y ahora, la mujer joven adulta riendo y llorando a la vez, bailando a ciegas, cada vez más deprisa, en esta noche cálida y tranquila. No hay hogueras hoy, pero la fuerza de este intimo secreto me envuelve, tan mio, tan profundo que carece de nombre y de forma. Sí, la bruja, todos los rostros en mí, danzando, porque a pesar del ostracismo conceptual, soy parte de mi propio cosmos, del Universo cuántico que construyo con cada palabra e imagen que me pertenece, satélites paradójicos de mi deseo y mi esperanza. Soy una hija del margen, deambulo por el camino menos recorrido, pero lo hago con el convencimiento que necesito hacerlo, demostrarme una y otra vez que soy capaz de atravesar mis propios círculos de fuego

Aquí estoy para recibir la bendición del tiempo primigenio. La hija del fuego y de la noche. La sierva del viento y el sol.

Me dejo caer en el abismo de la conciencia, tan ligera, tan exquisita la sensación de pura comprensión. En la oscuridad, no hay más nombre que el mio, no más significado que el nuestro, las Hijas de la Gran Madre del Bosque, ese nítida cadencia, el pétalo de la flor de los secretos más allá del tiempo. El nombre de la noche en mis dudas, la belleza y dualidad. El Universo en mí, aquí en mi pecho, por un momento profundamente tierno, un resquicio de crueldad.

Me detengo. Abro los ojos. La oscuridad de la noche por un instante posee un significado. Me estremezco de placer y una furiosa sensación de felicidad.

Un tiempo nuevo extiendose a partir de mí en todas direcciones, la voz del enigma, un instante de espléndida comprensión, en la razón Universal.

Dedicado por supuesto, a todas mis brujas adoradas.

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2 comentarios »

  1. Sator Said:

    !Feliz Samhainn! Que el fuego sagrado ilumine tu camino querida Deirge.

  2. Deirge Said:

    Asi Sea Sator. Un gran beso para ti, y que el comienzo del ciclo energético te traiga todo lo que aspires y lo que no sepas que necesitas.

    Un gran abrazo.


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