En la voz del tiempo: Todos los rostros de la Gran Madre.

Al igual que la diosa, la naturaleza posee muchas cualidades que se suelen acontecer en ciclos de tres en tres. Periódicamente está en barbecho, es fértil y productiva, lo que refleja el ciclo femenino de la menstruación, la ovalución y el parto. Su forma cambiante también puede equipararse con la vida de una mujer, que podemos dividir en tres fases: la doncella prepúber, que todavía no es fértil; la mujer fecunda e, idealmente, prolífica y la figura posmenospáusica y autónoma que ha alcanzado la sabiduría y el derecho a ser respetada por los demás.

Muchas culturan expresan este ciclo femenino triple a través de la manifestación de la Diosa como virgen, como Madre y como vieja.

De esta manera la relacionan con otros conjuntos de triadas cósmicas: las tres etapas de la continuidad de la existencia ( nacimiento, vida y muerte); los tres puntos del tiempo y el espacio ( pasado, presente y futuro; cielo, Tierra/mar y mundo subterráneo), y las fases de la luna (nueva, llena y menguante). Las trinidades aparecen con mayor asuidad en las leyendas griegas, cuyos monstruos y diosas – como las moiras, las horas y las gorgonas – se presentan en tríos. Hera, la esposa de Zeus, fue venerada en Estínfalo como niña, esposa y viuda; también se suele decir que Démeter, Core y Hécate forman una trinidad. La representación más antigua de una Diosa aparentemente triple se remonta 13000 A.C, está tallada en roca de la cueva francesa de Angles-Sur – L’Anglin y consta de tres enormes figuras femeninas que montan en un bisonte.

Según diversas tradiciones del Sktismo hindú, la trimurti ( Brahma el creador, Visnú el conservador y Siva el destructor) exclusivamente masculina no es más que un reflejo del poder absoluto de Devi, que en su interior alberga las tres funciones.

Suelen identificar a la Diosa doncella con la luna creciente. Es simultáneamente excitante e intimidadora y muestra el dualismo de la virgen Guerrera, por lo cual la inocencia amenazada se convirerte en ferocidad defensiva y se caracteriza por las armas de las Diosas guerreras como Atenea y Artemisa. En estas figuras la casta inocencia se relaciona con los instintos desenfrenados y desmandados que abarcan el patronato de la actividad sexual incontrolada.

Durante la segunda fase (la luna llena), la relación de la Dios con el hombre se expresa bajo la forma de la Madre o prostituta. Muchos mitos de la Diosa consideran estas expresiones de la madurez sexual como actos de creación igualmente válidos: Las actividades de la prostituta divina contribuyeron a garantizar la fertilidad de la tierra.

Empero, la Diosa madura también puede ser sexualmente depredadora y apoderarse de la energía vital de su amante para autogratificarse o como sacrificio.

Por último, en la fase de la vieja, es la Luna oscura, que desaparece y sume al mundo en las Tinieblas. Combina las funciones antiéticas de jueza implacable y generosa guía en los misterio del mundo de los muertos. La vieja conserva un gran apetito sexual y como en los cansos de Hécate, Circe y Cailleach Bheur, se vale de engaños, coerciones o simplemente su carisma para copular con muchachos.

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