El ojo de la Tormenta.

El clima de intolerancia y prejuicio que vive mi país, es cada día más evidente e inquietante. Como ciudadana Venezolana, me siento personalmente irrespetaba y sobre todo, sometida a la discriminación que impera en el clima político actual, por el mero hecho de pensar de manera distinta, por tener una opinión divergente a la idea social del Gobierno en funciones. Ayer, otro terrible episodio de violencia y odio aconteció mientras se debatía la Reforma constitucional impuesta por el Presidente Hugo Chavez, como una forma de brindar sentido a lo que llama “El Socialismo del Siglo XXI”. Una y otra vez, diversos entes gubernamentales han invitado al debate y a la discusión de las ideas formales propuestas por la aseveración legal, pero solo puedo decir que esta diatriba en realidad, se trata de un Monologo, donde los partidarios de la visión expresada por el sistema a político actual se erigen como portadores únicos de una verdad absoluta. ¿Es que acaso el monstruo del odio que ha venido fomentándose bajo diversos aspectos durante la última década ha destruido la intrínseca cultura del venezolano? ¿Tenemos que esperar por tanto, que la discriminación y el odio a lo distinto sea el elemento imperante en nuestra forma social? ¿Cual es motivo que impulsa al gobierno a implementar una estrategia de segregación sistemática contra los disidentes? ¿Acaso es una declaración a vox populi que nuestro país se ha convertido en un núcleo de valor moral sesgado donde la única idea que se consiente es la que coincide con la opinión de la administración actual? Una idea inquietante sin duda, que me llena de una sensación de profunda frustración y tristeza.

No dejo de preguntarme ¿Es que acaso hemos perdido a Venezuela por la promesa vacía de un futuro caótico y carente de un sentido político?

Suele decirse que los peores momentos hacen aflorar la oscuridad y la luz de las personas. Y al parecer eso es lo que ocurre habitualmente en mi país, desde que los aires de reforma legal que recorren la cotidianidad han deformado a un nivel alarmante nuestros valores y aspiraciones, tanto morales como intelectuales. Ayer, escuché a un parlamentario justificar la violencia bajo la sentencia que el hecho que el líder estudiantil Yon Goicochea merecía la agresión que sufrió por “lucir una camiseta con la efigie del Che Guevara sin merecerlo”. Otro tanto repitió uno de los técnicos televisivos de un canal de televisión de corte gubernamental, que resultó herido en la refriega protagonizada por los estudiantes afectos al gobierno y quienes rechazan la imposición de una reforma legal sin que medie una minuciosa discusión popular. Hoy, otro representante del poder legislativo intentó “comprender” la intolerancia que dió origen a la violencia, diciendo que los estudiantes “opositores” no tienen una propuesta “valida” por medio de la cual podrían refutar la idea oficial sobre país que se desea imponer en Venezuela. ¿Es entonces definitivo, la utilización de la discriminación como método efectivo de lucha política? ¿Será la lucha de “clases y razas” auspiciada por el gobierno, el elemento dominante en el debate social del futuro, en la Venezuela legislada por intereses supuestamente socialistas?

Las posibles respuestas a estas preguntas son inquietantes, por no decir perturbadoras. Pero es imposible no hacérselas, no cuestionar una autoridad inaudita y autocrática que insiste en el menoscabo de los derechos personales en beneficio de una idea de país difusa e inconcreta. Como una ciudadana joven de este país, siento un profundo temor por mi futuro, por el de mi familia y todos aquellos que somos hijos de esta patria, de esta circunstancia magnifica y espléndida que llamamos Venezuela.

Más allá de cualquier ideología o creencia, creo que todos los Venezolanos, aspiramos a la paz como valor, como legado trascendente y como forma de expresión de nuestra cultura y nuestra visión de convivencia social.

La imagen que acompaña la entrada es la evidencia contundente del clima de represión y terror social en que vivimos los Venezolanos. Fue tomada durante el lamentable episodio en el cual fue golpeado el lider estudiantil Yon Goicochea por un grupo de estudiantes de tendencia oficialista. ¿La excusa? la “supuesta provocación” dirigencia estudiantil que se opone a la reforma al presentarse durante la discusión de la base legal que sustenta el nuevo andamiaje legal de la República.

Sin duda. Una imagen vale por mil palabras.

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