Archive for octubre, 2007

Un fragmento de luz Divina.

De pie, frente a la ventana de mi habitación favorita. Llevo mi vestido blanco, el que solo uso para conmemorar mis creencias, para homenajear mi fe de la manera más privada e intima que conozco: a través de mi voz espiritual. El cabello trenzado con flores, los pies descalzos. Una profunda emoción impregna cada recuerdo de mi mente, cada forma y sentido de mi Castillo de la Memoria. La bruja y la mujer. La niña que fui, el adulto joven en busca de un lugar bajo el mundo creacionista. La búsqueda infinita de la satisfacción intelectual. Un tiempo oblicuo y perpendicular dándole sentido a ese sentimiento de furiosa individualidad. Una sobreviviente del dolor, de la simple desesperación. La hija de la diosa, la mujer en busca de la palabra, el Fénix del concepto abriendo las alas en mi corazón.

El cielo de la noche se abre sobre la ciudad que duerme. La luna cuelga como un párpado cerrado entre el viento uniforme del este y el oeste. Las montañas y los montes descansan por fin. Desprovista de tristezas, clara la necesidad y el anhelo, mi mente y mi cuerpo temblando de emoción. Aquí, sola entre recuerdos, levanto la voz otra vez, esperando ser bendecida. La esperanza fracturada, el temor es mi enemigo. Pero aquí están mis manos, mi voz llamando a los vientos. Deseo que me escuches, a la hija de la Diosa, hija de la verdad, hija de la tierra y el sol.

Cierro los ojos. Sonrio a la oscuridad. Comienzo a bailar, a solas. Que exquisita esta sensación de intimidad. Un arco de silencio sobre mí, un núcleo de dolor en mi razón, tan profundo y sentido que solo yo puedo comprenderlo. Mis pensamientos llenos de imagenes. Una poderosa sensación de comprensión.

De todos los momentos, de todos las noches, hoy, en mi memoria, en el fuego de la locura y de la felicidad.

La niña temerosa, mirando la hoguera. Las llamas elevándose lentamente, lamiendo la madera. Mi abuela, La primera Dama de Blanco, sonriendo en la bruma de mis recuerdos, tomándome de la mano. Giramos juntas, bajo las chispas carmesí que palpitan en el cielo nocturno. La cabeza inclinada hacia atrás, ambas reímos. Que simple esta felicidad, esta maravilla, la absoluta fascinación. Los pies descalzos sobre la tierra. La fe, la creencia, uniéndome a esa noche etérea y exquisita. Sin más nombre que el mio, sin otra explicación que la que yo desee darle.

Estrella de cinco puntas, su luz baña mi enigma. Levanto los brazos, elevo el rostro hacía la cúpula enorme de un cielo sin respuesta. Cierro los ojos, la energía primigenia corre por mi cuerpo. Extiendo mi súplica silenciosa, pronuncio tu nombre, Gran diosa madre nuestra. A solas con mi conciencia, perdida en el arrobamiento, te llamo a ti esperando tu gracia. Viento del norte, conjura a tus hermanos. Fuego del sur, pronuncia mi deseo. Dedos del aire, el oeste es tu casa. Ven a mí, sal de los mares, caldo primigenio de vida, desde el este percibo tu aliento. El silencio de la noche se hace plomizo, pero mi corazón vibra en las remembranzas de súplicas semejantes en momentos perdidos.

La joven, confusa y un poco asustada. He perdido un poco la inocencia de la maravilla y sin embargo, el fuego sacramental continua asombrándome. El viento abraza mis cabellos, mi rostro se sonroja en el aliento de los árboles. El mundo cobra vida ¡Puedo escucharlo hablar! Cánticos escondidos recorriendo vericuetos olvidados. El cauce de los ríos se agita para responder a mi llamado. Deseo la vida, deseo la comprensión. La luz de las velas a mi alrededor bañan mi nombre y mi esencia. ¡Vivo! Las palabras brotan envueltas en lagrimas de mis labios apretados. El fuego susurra para mí, me cuenta historias de forjas y batallas. Enarbolo mi daga, la bandera firme de una raza devastada. La tierra tiembla bajo mis pies y comienzo a comprender el verdadero sentido de esta fuerza aciaga.

Extendiendo las manos hacia el brillo primigenio y siento que una sensación de poder me envuelve lentamente, inflama mi alma, me ciega por un momento. Tomo una bocanada de aire ardiente y brillante y siento que esa fuerza me envuelve, destruye toda oscuridad y temor. Y de nuevo, ella allí, mirándome orgullosa. Has envejecido un poco ¿verdad?. Tu cabello negro se encuentra ahora veteado de canas. Pero la sonrisa es la misma: amplia y misteriosa. Los grandes ojos castaños brillan de pura alegría. En ti y en mi este secreto. Esta voz que ha viajado a través del viento, en el regazo de la tierra, protegida por la fe, más allá de la violencia y el temor. Su mano en la mía, de nuevo. Te abrazo riendo, tan protegida, en este silencio tan intimo.

En paz.

Y ahora, la mujer joven adulta riendo y llorando a la vez, bailando a ciegas, cada vez más deprisa, en esta noche cálida y tranquila. No hay hogueras hoy, pero la fuerza de este intimo secreto me envuelve, tan mio, tan profundo que carece de nombre y de forma. Sí, la bruja, todos los rostros en mí, danzando, porque a pesar del ostracismo conceptual, soy parte de mi propio cosmos, del Universo cuántico que construyo con cada palabra e imagen que me pertenece, satélites paradójicos de mi deseo y mi esperanza. Soy una hija del margen, deambulo por el camino menos recorrido, pero lo hago con el convencimiento que necesito hacerlo, demostrarme una y otra vez que soy capaz de atravesar mis propios círculos de fuego

Aquí estoy para recibir la bendición del tiempo primigenio. La hija del fuego y de la noche. La sierva del viento y el sol.

Me dejo caer en el abismo de la conciencia, tan ligera, tan exquisita la sensación de pura comprensión. En la oscuridad, no hay más nombre que el mio, no más significado que el nuestro, las Hijas de la Gran Madre del Bosque, ese nítida cadencia, el pétalo de la flor de los secretos más allá del tiempo. El nombre de la noche en mis dudas, la belleza y dualidad. El Universo en mí, aquí en mi pecho, por un momento profundamente tierno, un resquicio de crueldad.

Me detengo. Abro los ojos. La oscuridad de la noche por un instante posee un significado. Me estremezco de placer y una furiosa sensación de felicidad.

Un tiempo nuevo extiendose a partir de mí en todas direcciones, la voz del enigma, un instante de espléndida comprensión, en la razón Universal.

Dedicado por supuesto, a todas mis brujas adoradas.

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La danza de la Gran Dama.

La fiesta de los Ancestros es una de las ceremoniales rituales más significativas que llevamos a cabo en mis creencias. No solo simboliza el inicio de los ciclos naturales ( de hecho, se le suele llamar el año nuevo de las brujas ) sino que además, representa un momento de profunda introspección, que refleja el equilibrio de la Energía Universal en la expresión creadora del Dios y de la Diosa.

Es una fecha solemne para todos quienes nos practicamos la Antigua religión como una forma de fe. En la antigüedad, la brujas y brujos se reunían en el claro del bosque, para formar un circulo ceremonial que incluía un árbol al norte como símbolo de la eternidad y el vinculo de la divinidad con la tierra. Según las creencias más antiguas de la brujería, el velo entre el mundo de los vivos y el de los espíritus o lo intangible es muy delgado durante esta noche, por lo cual la celebración se basa en contactar con la fuerzas universales personales o espíritus. Como las brujas creemos en la reencarnación, para ellas estos entes que poseen inteligencia y arbitrio, no corresponden a las almas de los difuntos, sino a manifestaciones de la Energía Universal. Es también una ocasión propia para celebrar nuestro vinculo con el pasado, con las raíces de donde provienen nuestros principios morales e intelectuales más personales, una profunda concresión de nuestro espíritu personal.

No obstante, como he repetido en muchas oportunidades a lo largo de los meses, los rituales que incluyo en este blog, no son de ninguna manera exclusivistas o están destinados solo a unos pocos cuyas convicciones sean proclives y concuerden con las mías. Es mi intención expresar la magia de la manera como la conozco: una estructura de pensamiento a la que todos tenemos alcance, porque forma parte de nuestra energía más profunda e intima. Por ese motivo, incluyo un ritual simplicado de la celebración que llevamos a cabo en mi familia, con la intención que todo el que desee unirse a los hijos de la Diosa en la celebración pueda hacerlo.

Para llevar a cabo el ritual de las Fiestas de los Ancestros necesitarás:

4 velas negras.
2 velas color naranja.
Un cuenco para quemar.
7 Hojas de Romero.
Una hoja de papel.

Disposición:

Forma con las velas negras un cuadrado cuyos vértices coincidan con cada punto cardinal. Siéntate en su interior y dispón las velas color naranja a tu izquierda y derecha respectivamente, el cuenco para quemar frente a ti ( con las hojas de Romero en su interior ) junto con la hoja de papel y el incienso de Romero.

Cierra los ojos. Toma 7 largas y profundas bocanadas de aire. Procura que tus pulmones se llenen de oxigeno al máximo de su capacidad y luego, expulsa el aliento lentamente. Visualiza que a tu alrededor, se forma un circulo de luz plateada, que brilla con una tonalidad levemente luminiscente en la oscuridad de la habitación donde te encuentras. Levanta las manos y siente que ese mismo resplandor envuelve tus manos y tus dedos, se conecta con el circulo hasta formar una esfera que cubre el altar que has dispuesto para el ritual. Siente como la energía que acaricia tu cuerpo se hace más cálida, densa, hasta que percibes su leve caricia en la piel. Cuando notes que tu concentración ha llegado a un punto óptimo, abre los ojos y enciende la vela que corresponde al norte, invocando de la siguiente manera:

“Abro los ojos en las tierras del tiempo
Y allí encuentro mi recuerdo
En la noche de la sabiduría se eleva mi nombre
Llamo al Dios y a la Diosa
para que acudan a mi llamado
en esta noche donde mi deseo es puro y Universal”

Ahora enciende la vela que corresponde al Este:

“Baila el viento en mis pensamientos
escucho las viejas historias renacer en mí
Invoco al Universo redentor
que sea la luz de mi razón”

La vela que corresponde al Sur:

“Escucho la tierra Nueva
Busco las respuestas en mí
Soy el tiempo y la creación”

Por último la vela que corresponde al oeste:

“Que sea esta noche, entre todas las noches
Un deseo, un anhelo, la búsqueda, la Satisfacción
Mi espíritu se inflama en fuego bendito
Que sea ahora y siempre
la más hermosa forma de expresión
Así sea”

Cierra los ojos por un instante. Siente como la energía en tu interior palpita con fuerza. Luego, enciende la vela naranja a tu izquierda:

“Que sea la Diosa en mí
Bendita y poderosa
Soy el hijo del tiempo y la Creación”

Y finalmente la vela a tu derecha:

“Que sea el Dios en mí
Magnánimo y rutilante
Soy el hijo del tiempo y la Creación
Así sea”

A continuación, toma la hoja de papel y escribe en ella todo lo que desees culminar, todo aquello que sientas que necesita dejar de formar parte de tu vida. Puedes incluir malos hábitos, una perspectiva nociva de la tu vida, incluso costumbres que puedan haberte hecho daño y que anheles ( o necesites ) abandonar. Siente que te liberas de todo tiempo y forma energética que pueda haberte lastimado durante este ciclo que culmina. Percibe la manera como tu propósito mágico se hace concreto y poderoso a medida que escribes. Por último, dobla el papel en cuatro partes y luego, introducelo en el cuenco para quemar. Después, enciendelo, procurando que arda junto a las hojas de Romero. Una vez que consigas un fuego alto, impregnado del olor característico de las hojas, cierra los ojos y coloca las manos sobre el cuenco ( cuidando de no quemarte ) e invoca de la siguiente manera:

“Sueño con las Tierras de la Sabiduría
Danzo y bailo en la alegría
Me despojo de todo temor y toda duda
para encontrar el brillo del valor
Alzo mi voz a la estrellas
En busca de la respuesta
y la obtengo en mi corazón
Así sea”

Ahora, cierra los ojos e imagina que te encuentras de pie frente a una Hoguera que brilla en el centro de un valle rodeado de altos árboles. Las llamas se elevan a lo alto en medio de una noche estrellada. El olor agradable de la madera al quemarse se extiende en el regazo del viento y el sabor de la humedad de la tierra, te inunda la nariz y la boca. Comienzas a bailar, con los brazos en alto, desordenadamente, riendo. Danzas rodeando la Hoguera, disfrutando de su calor, abandonándote a la sensación que el fuego llena tus pensamientos y tus deseos. No existe ningún temor en ti, no existe ninguna incertidumbre o angustia, porque el fuego te protege. Con los brazos extendidos sobre la cabeza, te llena una emoción profunda y personal, tan intensa que tienes deseos de llorar y gritar. hazlo si ese es tu deseo, ríe, abre los ojos, mira las estrellas que se abren sobre ti, protectoras y brillantes. Ahora, descubres que no bailas solo: a tu alrededor, siluetas apenas dibujadas por el chisporroteo de las llamas te acompañan. No puedes ver su rostro, pero sabes que son quienes has amado y que han partido al Infinito. Siente que ese reencuentro es profundamente significativo y personal. Cantas para ellos, les dedicas tus movimientos cada vez más rápidos y armoniosos. Y el fuego se hace cada vez más alto, rugiendo en la noche, uniéndonos en la luz, purificando tu espíritu. La luz de la creación universal te envuelve, se hace cegador, intensamente sentido.

Vuelve ahora a tu núcleo de conciencia habitual. Si lo deseas, aguarda que las velas se consuman para dar por finalizado el ritual. Si no quieres hacerlo, apaga las velas comenzando por la vela naranja a tu derecha y terminando con la primera vela negra que encendiste y que corresponde al punto cardinal norte, mientras dices:

“Crea poder en mí
Crea fuerza en mí”

Come y bebe algo para equilibrar la energía que has obtenido mediante el ritual.

En la voz del tiempo: Todos los rostros de la Gran Madre.

Al igual que la diosa, la naturaleza posee muchas cualidades que se suelen acontecer en ciclos de tres en tres. Periódicamente está en barbecho, es fértil y productiva, lo que refleja el ciclo femenino de la menstruación, la ovalución y el parto. Su forma cambiante también puede equipararse con la vida de una mujer, que podemos dividir en tres fases: la doncella prepúber, que todavía no es fértil; la mujer fecunda e, idealmente, prolífica y la figura posmenospáusica y autónoma que ha alcanzado la sabiduría y el derecho a ser respetada por los demás.

Muchas culturan expresan este ciclo femenino triple a través de la manifestación de la Diosa como virgen, como Madre y como vieja.

De esta manera la relacionan con otros conjuntos de triadas cósmicas: las tres etapas de la continuidad de la existencia ( nacimiento, vida y muerte); los tres puntos del tiempo y el espacio ( pasado, presente y futuro; cielo, Tierra/mar y mundo subterráneo), y las fases de la luna (nueva, llena y menguante). Las trinidades aparecen con mayor asuidad en las leyendas griegas, cuyos monstruos y diosas – como las moiras, las horas y las gorgonas – se presentan en tríos. Hera, la esposa de Zeus, fue venerada en Estínfalo como niña, esposa y viuda; también se suele decir que Démeter, Core y Hécate forman una trinidad. La representación más antigua de una Diosa aparentemente triple se remonta 13000 A.C, está tallada en roca de la cueva francesa de Angles-Sur – L’Anglin y consta de tres enormes figuras femeninas que montan en un bisonte.

Según diversas tradiciones del Sktismo hindú, la trimurti ( Brahma el creador, Visnú el conservador y Siva el destructor) exclusivamente masculina no es más que un reflejo del poder absoluto de Devi, que en su interior alberga las tres funciones.

Suelen identificar a la Diosa doncella con la luna creciente. Es simultáneamente excitante e intimidadora y muestra el dualismo de la virgen Guerrera, por lo cual la inocencia amenazada se convirerte en ferocidad defensiva y se caracteriza por las armas de las Diosas guerreras como Atenea y Artemisa. En estas figuras la casta inocencia se relaciona con los instintos desenfrenados y desmandados que abarcan el patronato de la actividad sexual incontrolada.

Durante la segunda fase (la luna llena), la relación de la Dios con el hombre se expresa bajo la forma de la Madre o prostituta. Muchos mitos de la Diosa consideran estas expresiones de la madurez sexual como actos de creación igualmente válidos: Las actividades de la prostituta divina contribuyeron a garantizar la fertilidad de la tierra.

Empero, la Diosa madura también puede ser sexualmente depredadora y apoderarse de la energía vital de su amante para autogratificarse o como sacrificio.

Por último, en la fase de la vieja, es la Luna oscura, que desaparece y sume al mundo en las Tinieblas. Combina las funciones antiéticas de jueza implacable y generosa guía en los misterio del mundo de los muertos. La vieja conserva un gran apetito sexual y como en los cansos de Hécate, Circe y Cailleach Bheur, se vale de engaños, coerciones o simplemente su carisma para copular con muchachos.

Tiempo de Sombras.

Pienso que habitualmente, todos experimentamos un momento diáfano de comprensión sobre nosotros mismos, un ábside dioclesiano donde adquiere sentido todas esas pequeñas singularidades que dotan de expresión nuestro rostro en e espejo. Tal vez puede tratarse de una idea cruel y devastadora o algo tan simple como una benevolente sensación de paz. O nada en absoluto, solo una mera sensación de conciencia sobre nuestras propia posibilidad, más allá del tiempo, de la creación anecdótica que es nuestra memoria. Te miras en ese espejo, que puede o no existir y sientes indiferencia. Miras bien ese rostro que es tuyo y de pronto, te sientes vulnerable, profundamente cansado. O bien, estimulado y curioso. O tal vez, solamente sientes un poco de tristeza soterrada. Descubres que esa persona del reflejo que te mira con tanta atención, le molesta el ruido que por lo general tolera por educación, o que no soporta los comentarios supuestamente “graciosos” de los demás. La falsedad no tiene cabida en ese momento de cruda sinceridad. Te sacude un poco el miedo, quisieras cerrar los ojos, pero no puedes. Continuas allí, detallando ese rostro virgen, sin mácula, oculto durante tanto tiempo bajo ese otro yo falso que habitualmente toma tu lugar.

Es un instante torvo, delicioso, incluso doloroso. Pero nos permite interpretar esa idea más remota sobre la dualidad que nos da sentido. A veces imagino que entro en una habitación a oscuras de mi mente y me tiendo en ella, entre la profunda penumbra silenciosa, que palpita a mi alrededor como finos dedos helados. Los ojos cerrados, la respiración acompasada, el palpitar veloz de mi corazón. Un poco de miedo. Inquietud. Pero, ¿qué hay allí, más allá de mis dedos extendidos, la brusca y devastadora sensación de intimidad? La soledad individual de comprender que nuestras convicciones morales, principios e incertidumbre moral. Una silueta movediza, elevándose y delineándose entre la conciencia ferviente de una creencia profunda y dioclesiana. Ah, que sensación exuberante está, de asumir la culpa redentora, la fuerza primigenia de rechazar la simple pasividad del tiempo general. Sí, transgresora del miedo, hereje de mi propia incertidumbre. Abro los ojos en medio de la promesa, los dientes apretados, el cuerpo en tensión, el cabello húmedo de sudor rasguñandome la cara. Sí, que vivacidad, el despertar de la conciencia. Palpo la oscuridad nerviosamente. La fría dureza de un principio soterrado, rompiéndose bajo mis puños. Libre, indefiniblemente poderosa, un monstruo de mi propia voz, un tiempo remoto y fascinante, un deseo portentoso y pequeño.

Ah, esta sed de creación.

En mi, todos los rostros. En la soledad de mi mente, solo yo misma.

Aqui.

Una dioclesiana locura.

Una vez escuché decir que podemos juzgar a la integridad de un país por la manera en que administra la justicia. Si esa máxima tiene algún sustento real, ¿que podemos pensar sobre las estructuras culturales a las que pertenecen el siguiente grupo de leyes? Mucha veces me pregunto si realmente el mundo es capaz de comprender ( y tal vez aceptar ) la carencia de toda lógica en sus postulados más intrínsecos.

Para muestra, esta pequeña selección:

1- En el Líbano, los hombres pueden legalmente tener relaciones sexuales con animales, siempre que estos sean hembras. Tener relaciones sexuales con machos esta castigado legalmente con la muerte. (Sin comentarios)

2- En Bahrein, un medico puede legalmente examinar los genitales femeninos, pero esta prohibido mirarlos directamente durante el examen. Solo los puede mirar a través de un espejo. (Poner la mano puede, mirar no!)

3- Los musulmanes no pueden mirar los genitales de un cadáver. Esto también se aplica a los empleados de las funerarias… Los órganos sexuales de los difuntos deben estar siempre cubiertos por un pedazo de madera. (Por un pedazo de madera?)

4- La pena para la masturbación en Indonesia es la decapitación…(¿De cual cabeza???)

5- Hay hombres en Guam cuyo único empleo es viajar por el país para desflorar vírgenes, que les pagan por el privilegio de tener sexo por primera vez. La razón: Por las leyes de Guam, esta prohibido que las vírgenes se casen. (Digo yo: ¿existe una ley que beneficie más a un desempleado?)

6- En Hong Kong, una mujer engañada puede legalmente matar a su marido adultero, mas debe hacerlo solo con sus manos. En contrapartida, la mujer adultera puede ser asesinada de cualquier manera por su marido. ( ¿de quién hablamos? ¿La mujer de King Kong?)

7- La ley autoriza a las vendedoras hacer topless en Liverpool, Inglaterra, pero solamente en negocios de peces tropicales. (Me imagino que pensarán que eso llamará más la atención que los atributos de la vendedora. ¿No eran los ingleses los hombres con menos sexo en…? )

8- En Cali, Colombia, una mujer solo puede tener relaciones con su marido, pero la primera vez que eso ocurre, su madre debe estar en el cuarto para testimoniar el acto. (Te imaginas tener relaciones con tu suegra mirando?…)

9- En Santa Cruz, Bolivia, es ilegal para un hombre tener relaciones con una mujer y su hija al mismo tiempo. (Si se queda esperando al lado de la cama, puede!).

10- En Maryland, E.E.U.U., los preservativos pueden ser vendidos en maquinas solamente en lugares donde se venden bebidas alcohólicas para el consumo en el local. ( Solo los americanos…)

El diminuto esplendor de lo cotidiano.

Cuando imaginamos la época más brillante y floreciente de la Cultura egipcia, inmediatamente nuestra mente se llena de imagenes de sus maravillosos monumentos funerarios, el esplendor de su pompa religiosa, la belleza enigmática de sus Reyes y Reinas. No obstante, pocas veces imaginamos la vida del día a día, la perspectiva más cotidiana de todas las cosas. Un pequeño ejemplo de ese fragmento en medio de la normalidad de la cultura egipcia, es los alimentos más habituales en su mesa, las costumbres culinarias más habituales, esa concreción profundamente humana, un deleite habitual que tan bien podemos comprender, incluso en la distancia diametral y temporal que nos separa de un momento histórico tan remoto. Tal vez, muy pocas cosas han cambiado bajo el sol.

Pan y cerveza:

El pan y la cerveza son los dos pilares básicos de la dieta egipcia. Ambos se fabricaban de un modo similar, usando trigo o cebada como base. Moler estos cereables era un laborioso trabajo diario, realizado por las mujeres sobre un molino de piedra.

El pan se comía con cada comida y estaba hecho en casa hasta la época del Imperio Nuevo, cuando las panaderías comenzaron a ser comunes en los pueblos. Las hogazas se hacían de formas y tamaños variados, y las que se elaboraban para los rituales se metían habitualmente en moldes para darles forma. El pan es la pieza principal de muchas escenas de ofrendas en tumbas, donde se representa habitualmente en rebanadas colocadas en fila sobre una mesa.

Las mujeres también hacían la cerveza, mezclando el pan duro con levadura y dejando que fermentase en grandes vasijas. Unas cuantas semanas después, la masa resultante se filtraba y prensaba antes de ser bebida. Anteriormente se creía que a veces añadían especias y frutas para darle distintos sabores a la cerveza, pero las últimas investigaciones han demostrado que no era así.

Carne y pescado:

Los espléndidos banquetes de los egipcios ricos están bien documentados, con los celebrantes comiendo carne regada por vino. Sin embargo, la gente corriente no tenía esa suerte, y la carne no aparecía a penas en su dieta diaria. El buey era un plato popular y hay evidencias de ello en el poblado de Kahun; también nos encontramos con que la carne de cerdo era comida en ocasiones, por los restos encontrados en la villa de trabajadores de El Amarna. La carne podía ser asada, cocida o estofada, y era un lujo que la mayor parte de los egipcios se permitía únicamente durante las fiestas o en ocasiones especiales.

Lo que sí comían a menudo era pescado seco, un importante recurso nutritivo en la dieta del aldeano, pero que era rechazado por los más ricos que lo consideraban impuro. La perca, el pez-gato, la carpa y el salmonete se consumían con fruición. Una vez capturado, el pescado se limpiaba, cortaba, se apartaban sus huevas para un posterior tratamiento, y se secaba o se cocinaba hervido, asado o se ponía en salmuera.

Los egipcios utilizaban redes o lanzas para capturar el pescado, y fueron el primer pueblo en pescar por puro placer. Los nobles se muestran en sus murales muy a menudo sentados en sus sillas, lanzando sedales dentro de sus estanques llenos de peces.

Frutas, verduras y productos diarios:

Judías, cebollas, ajo, apio, lechugas y pepinos están entre las verduras más consumidas por los antiguos egipcios. Las uvas se usaban para hacer el vino, aunque también eran consumidas por los más ricos.

Los jardines eran muy populares, y a menudo cultivaban árboles frutales y otros cultivos. Varias frutas, como los dátiles, los higos, las uvas, las granadas, y ocasionalmente las almendras, estaban disponibles para la población en general. Todas las frutas se consumían tanto frescas como secas (para conservarlas durante más tiempo).

Se criaban patos para conseguir huevos además de su carne, y desde el Imperio Nuevo en adelante, también criaban gallinas. El ganado se usaba, además de para obtener carne, por su leche con la que elaboraban quesos.

El menú de los ricos:

Mientras la comida de los pobres era mínimamente nutritiva, -sobre todo durante las épocas recurrentes de escasez de grano-, los ricos sabían muy bien como vivir de la mejor manera: una parte importante de su dieta la componían la carne y las aves (antílopes, gacelas, puercoespines, liebres, codornices, grullas,…), la verdura, la fruta y el vino, así como el ubicuo pan en cualquiera de sus múltiples formas. De todos modos, no parece que los egipcios se mimasen demasiado: de acuerdo con los testimonios que nos han llegado, todos, incluídos los ricos, estaban bastante delgados (excepto casos puntuales).

De todos modos, las imágenes de mesas repletas en los banquetes pueden ser erróneas. Las pinturas de las tumbas, aunque reflejan la vida diaria, generalmente muestran una realidad idealizada. En análisis al cabello de las momias del Imperio Medio y de los coptos del año 1000 de nuestra era, se ha concluído que el egipcio medio durante la Edad Media comía de una forma más variada y nutritiva que los miembros del equivalente a la alta burguesía durante el Imperio Medio.

Cocinando:

La cocina estaba normalmente en una esquina del patio exterior o del tejado plano; y solía estar abierta y aireada, cubriéndola simplemente con un tejadillo de ramas.

Se cocinaba en hornos de arcilla y también sobre fuego. Como combustible utilizaban madera, y algunas veces carbón, aunque solía ser muy escaso. Las cantidades de carbón mencionadas en el papiro Harris o en el diario de Medinet Habu son muy pequeñas. Y se solía transportar en cestas o en sacos.

Para encender el fuego, se usaba un tipo especial de madera importada del sur. Era muy preciada e incluso algún templo importante como el de Karnak se surtía a penas con sesenta piezas para todo un mes. El marinero del Cuento del Náufrago la encontró en su isla del Mar Rojo: “Y al tercer día, cavé un hoyo y encendí un fuego en el que primero hice arder ofrendas a los dioses, y luego cociné carne y pescado para mí”.

La comida se cocía al horno, se hervía, se estofaba, se freía, se hacía a la parrilla, o se asaba. Pero no se sabe mucho más a cerca de su preparación. Ciertamente utilizaban sal (Hmat) y aceite, así como cebollas, rábanos y ajo para añadir sabor a los otros alimentos.

Se conocen los nombres egipcios de algunos condimentos,-siempre que hayan sido bien identificados-, como por ejemplo el comino (tpnn- tepenen), el eneldo (jms.t -ameset), el cilantro (Saw- shaw), el vinagre (HmD -hemedy) y las semillas de lechuga. También crecían en Egipto la mostaza, la canela y el romero, todos aparecen en los regalso de Ramseses III a los templos, y Plinio el Viejo pensaba que la mejorana salvaje de Egipto era la mejor para cocinar.

Bebían cerveza o, más raramente, vino y también remojaban su carne y su pescado en ellos. Como edulcorantes utilizaban la miel, un sirope hecho de zumo de uva fermentado, y frutas como las pasas, los dátiles, los higos, las algarrobas y similares. La raíz de la chuba, una planta que crece en los márgenes del Delta, también daba un sabor dulce y agradable.

Utensilios de cocina:

Lo que se sabe de los utensilios y el equipamiento de cocina proviene de los objetos encontrados en sus tumbas. Para la preparación de la comida se usaban jarras de almacenaje, cuencos, potas, sartenes, cucharones, tamices y batidores. Las mesas de cocina en las que se cortaba la carne y el pescado tenía tres o cuatro patas, pero muchas preparaciones se realizaban con los platos en el suelo y las cocineros de cuclillas o sentados en el suelo frente a ellos.

La mayor parte de los aldeanos usaban platos hechos de arcilla, mientras que los ricos utilizaban vajillas hechas de bronce, plata y oro. La comida se comía con las puntas de los dedos y los comensales limpiaban sus manos en pequeños cuencos de agua al final del banquete.

La pluma perdida.

Durante determinadas fechas, se me hace difícil comprender la ausencia de quienes ya no están aquí. Por supuesto, por respeto y tolerancia a las creencias religiosas Universales, no entraré en una polémica sobre lo que sucede luego de la muerte física pero si debo dejar claro que para mi, la creencia que hay algo más que la realidad que nos pertenece, es muy concreta y real. Tal vez se deba a que mi sensibilidad psíquica me ha brindado la inestimable oportunidad de percibir algo más del mundo que consideramos nuestros, de esa circunstancia conceptual que llamamos cotidianidad. O también, puede ser que solo haya decidido creer, a la manera de los inocentes y los niños, sin otra razón que mi propia convicción. Durante muchos años, todos a quienes alguna vez les he narrado mis, llamemosle, “extravagancias”, me han preguntado si a partir de cualquiera de ellas he podido deducir la existencia otra estadio de la existencia más allá de la nuestra. Hay incluso quién me ha cuestionado sobre la concreción material de alguna creación de la conciencia divina que se empeñan en denominar “cielo” o “infierno”. Pero no tengo respuesta para eso ni a ningún otro cuestionamiento sobre la vida más allá de la muerte. Como he insistido en otras oportunidades, solo soy capaz de percibir la huella física de lo que alguna vez fue un hombre o una mujer, una idea esquemática e incluso difusa de lo que fue una criatura que viva. Nunca he podido sacar otra conclusión que no sea que una vez que morimos nuestra energía personal se perpetua. En que forma, bajo que aspectos y reglas persiste nuestra memoria una vez que nuestro espíritu abandona el cuerpo que habitó, es para mí un pensamiento tan enigmático como puede serlo para cualquiera.

No obstante, la realidad física de la muerte, esa ausencia sin sentido ni explicación, contundente por el mero hecho de habitar el limite más meridional de nuestros pensamientos y temores, me lastima con cierta frecuencia. Suspiro de pura añoranza mientras contemplo las cosas de mi abuela, los objetos que conservan de cierta manera su huella y su personalidad: sus libros favoritos, su pluma fuente, las hojas de árboles que solía coleccionar. Es una manera de escucharle, impregnarme de su esencia y de su voz secreta, ese vinculo tan profundo que nos unia. La vida es algo más que lo discernible, lo aparentemente concreto. Es una idea, un fragmento de divinidad en nuestros dedos.

Tal vez se deba a la cercanía de la celebración de la fiesta de los ancestros. Recuerdo que para mi abuela, era una ocasión memorable en la que invertía una enorme energía y que disfrutaba especialmente, no solo por si significado intrínseco, sino por el hecho que de alguna manera, la conmemoración de nuestras raíces más antiguas es recordar el poderoso y significativo vinculo que nos une a la magia como forma de vida, como esa danza secreta y radiante de nuestra fe, conservada a través del espíritu de los hijos de la Diosa. La luz de las velas alzándose en una oscuridad minúscula, exquisita. La danza alrededor del fuego eterno, la loba ancestral recorriendo el valle infinito de nuestra memoria. Unidas, las curandera, la bruja del bosque, la buscadora de la verdad, la mujer que sigue el dictado de su corazón. Un baile en medio del arco del tiempo, allí, en el secreto apenas susurrado, la herencia, de los dedos del pasado a los míos. Sí, tomando la luz y envolviéndome en el brillo de mi fe. Soy el renacer infinito, una y todas las veces, las risas de las hijas de la Diosa Secreta en mi memoria, el hilo de plata que me une a la historia Dama del bosque, la voz de la Madre eterna, en mí.

Ah, que bien comprendía mi abuela esta sensación raquídea y abrumadora. Y en contraposición, que profundamente expresaba en si misma esa virtud concreta de la sabiduría más serena y espléndida.

su memoria permanece en mi mente, fresca y radiante. Mi abuela fue una mujer extraordinaria en todos los sentidos, y no lo digo porque mi devoción por ella me ciegue por completo, sino porque todas las personas a su alrededor lo sabíamos, nos encontrábamos profundamente subyugadas por ella. Una mujer de 4 dimensiones, que tal vez caminó entre sueños hacia una morada de cristal donde ahora me mira sonriendo y divirtiéndose por atolondrada impaciencia de vivir.

Un valle de silencios y resplandores de Luna en mis pensamientos.

Un suspiro al viento mi adorada Celia. Siempre en mí.

El resplandor de la virilidad.

Baal (1) era una divinidad (probablemente el sol) de varios pueblos situados en Asia Menor y su influencia: los fenicios, los caldeos, los babilonios, los sidonios, los filisteos y los israelitas. Su significado se aproxima al de amo o señor. Era el dios de la lluvia y la guerra. En la Biblia Baal (בעל Ba‘al) es uno de los falsos dioses al cual los hebreos rindieron culto en algunas ocasiones cuando se alejaron de su adoración al Dios Yaveh. Fue adorado por los fenicios como el dios más importante de su panteón. Baal (también con grafía Beel, Bel, etc) entra a formar parte de numerosos nombres compuestos.

Adoración de Baal:

En los textos de Ras Shamra se alude a Baal (llamado también Aliyán [Prevaleciente] Baal) como “Zebul (Príncipe), Señor de la Tierra” y “el Jinete de las Nubes”. Estos nombres armonizan con una representación de Baal en la que se le muestra sosteniendo en la mano derecha un garrote o maza y en la mano izquierda un relámpago que acaba en una punta de lanza. También se le representa llevando un yelmo con cuernos, lo que parece indicar una estrecha relación con el toro, símbolo de la fertilidad.

En Palestina no suele llover desde finales de abril hasta septiembre. Las lluvias comienzan en octubre y continúan durante todo el invierno hasta abril, gracias a lo cual crece una abundante vegetación. Se creía que los cambios de estación y los efectos subsiguientes eran ciclos producidos por los interminables conflictos entre los dioses. El que cesasen las lluvias y se marchitase la vegetación se atribuía al triunfo del dios Mot (dios de la muerte y la aridez) sobre Baal (dios de la lluvia y la fertilidad), lo que obligaba a este último a retirarse a las profundidades de la tierra. Por otro lado, se pensaba que el comienzo de la estación lluviosa indicaba que Baal había despertado a la vida, lo que era posible gracias al triunfo de Anat, su hermana, sobre Mot, permitiendo que su hermano Baal volviese al trono. La unión de Baal con su esposa, probablemente Astoret, se creía que garantizaba la fertilidad durante el año entrante.

Los agricultores y ganaderos cananeos posiblemente pensaban que el participar en rituales prescritos —una especie de magia imitativa— durante sus fiestas religiosas estimulaba a sus dioses a actuar según el modelo representado en esas fiestas, y esto era necesario para tener cosechas y rebaños productivos durante el nuevo año, así como para alejar sequías, plagas de langostas, etc. De modo que la vuelta a la vida de Baal para ser entronizado y unirse a su consorte se celebraría con ritos de fertilidad licenciosos, caracterizados por orgías sexuales desenfrenadas.

Toda ciudad cananea debió tener su santuario en honor al Baal de su localidad. Asimismo, se nombraban sacerdotes para dirigir la adoración en estos santuarios y en los muchos lugares sagrados que se hallaban en las cumbres de las colinas cercanas y que eran conocidos como “lugares altos”. (Compárese con 2Re 17:32.) Es posible que en el interior de dichos lugares sagrados hubiese imágenes o representaciones de Baal, en tanto que en el exterior, cerca de los altares, se encontraban las columnas de piedra (probablemente símbolos fálicos de Baal), los postes sagrados que representaban a la diosa Aserá y estantes de incienso. Había prostitutos y prostitutas en los lugares altos, y además de la prostitución ceremonial, también se llevaba a cabo el sacrificio de niños. (Compárese con 1Re 14:23, 24; Os 4:13, 14; Isa 57:5; Jer 7:31; 19:5.) La adoración de Baal incluso se efectuaba en las mismas azoteas de las casas, desde donde con frecuencia ascendía humo de sacrificio a ese dios. (Jer 32:29.)

Hay indicios de que tanto a Baal como a otros dioses y diosas cananeos sus adoradores los relacionaban con ciertos cuerpos celestes. Por ejemplo, uno de los textos de Ras Shamra menciona una ofrenda a la “Reina Shapash (el Sol) y a las estrellas”, y otro alude al “ejército del sol y la hueste del día”.

Por tanto, es preciso mencionar que la Biblia hace varias alusiones a los cuerpos celestes en relación con la adoración a Baal. Al describir el derrotero pecaminoso del reino de Israel, el registro de las Escrituras dice: “Siguieron dejando todos los mandamientos de Jehová […], y empezaron a inclinarse ante todo el ejército de los cielos y a servir a Baal”. (2Re 17:16.) En cuanto al reino de Judá, se informa que en el mismo templo de Jehová llegaron a estar “los utensilios hechos para Baal y para el poste sagrado y para todo el ejército de los cielos”. También, la gente por todo Judá hizo “humo de sacrificio a Baal, al sol y a la luna y a las constelaciones del zodíaco y a todo el ejército de los cielos”. (2Re 23:4, 5; 2Cr 33:3; véase también Sof 1:4, 5.)

Cada localidad tenía su propio Baal, al que se solía calificar mediante un nombre geográfico. Por ejemplo, el Baal de Peor (Baal-peor), adorado por moabitas y madianitas, tomó su nombre del monte Peor. (Nú 25:1-3, 6.) Más tarde, los nombres de esos baales locales llegaron a incorporarse, por metonimia, a los mismos nombres geográficos, como por ejemplo: Baal-hermón, Baal-hazor, Baal-zefón y Bamot-baal. Sin embargo, a pesar de la diversidad de baales, para el cananeo en realidad solo existía un dios Baal.

Para la Tradición de Brujería que practica mi familia, Baal se considera un concepto unificador de varias formas energéticas: es decir, es una forma de representar o metaforizar el poder del sol, la creación y la fuerza espiritual asociada con la dualidad masculina, una representación del Dios Solar en su cenit en cualquiera de sus advocaciones. En su nombre se realizan rituales que celebran el poder del instinto, la fuerza masculina y activa, el equilibrio entre la creación ( representada por la Diosa ) y la voluntad para la interacción entre nuestra expresión espiritual considerada como activa ( representada por el Dios ). Uno de ellos es el siguiente:

Necesitarás:

2 velas amarillas
Incienso de canela.

Disposición:

Coloca las velas a tu izquierda y derecha respectivamente. Dispón frente a tí el incienso de canela.

Ahora, toma siete largas y profundas bocanadas de aire. Disfruta de la sensación que te produce el ritmo de tu respiración, la manera como la tensión abandona lentamente tu cuerpo. Imagina que a tu alrededor, el aire se hace más cálido, incluso tangible: te rodea como un velo delicado de una tonalidad dorada. Siente que cada parte de tu cuerpo refulge con ese brillo, lento, cálido e incluso sensual. Cuando percibas que tu concentración ha llegado a un nivel óptimo, abre los ojos y enciende la vela de la izquierda diciendo:

“Soy el trigo que nace fuerte y fértil en el campo
Soy la fuerza del animal que corre en las estepas
La tormenta lleva mi voz
el tiempo sostiene mi herencia
Soy el Hijo del Dios y la Diosa
Tomo de ellos esta Antigua Creencia”

Ahora enciende la vela a tu derecha:

“Llamo a Baal, señor de la Luz
para que el Brillo de Sol inunde mi conciencia
Ven a mí, entre las arenas del desierto ignoto
el Baile del tiempo redentor
soy hijo de la creación y el poder divino
Una inspiración de la infinita creación
Así sea”

Enciende el incienso de canela. Ahora cierra los ojos e imagina que te encuentras a solas en medio de un desierto, a plena luz del día. El viento produce pequeñas ondulaciones en la extención infinita que se abre a tu alrededor. Siente la fuerza quemante del sol que impregna cada parte de tu cuerpo. Levanta el rostro hacía su resplandor ígneo. Siente entonces que el brillo se condesa, se hace real y nítido, te rodea en un espiral de luz portentoso. Levanta las manos hacía esa luminosidad y siente como comienza a impregnarte, como te llena de un poder mudo y definitivo. Toma una larga bocanada de aire: aspira ese resplandor cegador. Visualiza como llena cada parte de tu cuerpo, como se extiende a través de tus brazos y piernas hasta que esa luminosidad ultraterra te absorbe por completo, se fusiona a tus pensamientos. Percibe el calor centelleante del Sol, un fuego primigenio que purifica tus intenciones y pensamientos. La comunión con el antiguo Dios de tu espíritu y tu más pura convicción.

Ahora, vuelve a tu núcleo de conciencia habitual. Para completar el pase mágico que has llevado a cabo, permite que las velas se consuman, mientras tu mente se relaja y divaga libremente, llena del resplandor magnifico del pensamiento más elevado. Come y bebe algo para equilibrar la energía que has obtenido mediante el ritual.

Fuente:

Datos sobre el aspecto Mitológico de Baal:
F.C Yarza. Diccionario de Mitología. España. Edimat libros. 2002
www.Wikipedia.com
Alejandra Garáfalo Reyes. Mitos Clásicos. Editorial Intermedio. España. 2006.

Ritual:
Libro de las Sombras de Celia, 25 de enero de 1965.



(1) Según la Tradición de la Antigua Religión que practica mi familia hoy se llevan a cabo los rituales de Baal, como divinidad asociada con los atributos masculinos de la energía creadora.

Los rostros de la Divinidad: Simbolismo. El niño mágico.

El niño mágico transmite la promesa y el despertar de la esperanza y la confianza en el futuro. En tiempos de gran encesidas, nace un niño extraordinario. En la leyenda Irlandesa el ejemplo es Cú Chulainn. Siendo un nuño de siete años era ya el mejor guerrero de la cosrte del Rey Conor Mac Nessa, y creció para dendefer el Ulster en solitario. Taliessin, el Gran Bardo de Gales, es otro niño mágico. Cuando lo encuentran en una bolsa de cuero en una presa para salmones, compone una poesia en la que explica las hazañas de sus orígenes.

En todo el mundo,el nacimiento de niños excepcionales es un signo de esperanza. En la Tradición y las leyendas irlandesas los orígenes e infancia de santos, grandes poetas, músicos y guerreros suele ser de carácter milagroso. Cu Chulainn el gran Heroe del ciclo e Ulster, era nada menos que hijo del Dios Lugh del largo brazo, del pueblo de los Tuatha De Danann y de Dechtire, hermana del Rey del Ulster Conor Mac Nessa. Oengus, el joven campeón hijo de la Luz, era el hijo de la Diosa del Río Boann y Daghda, el buen Dios.

Taliessin, el incomparable bardo de Gales, fue una vez una vez un chico llamado Gwion Bach. Al adquirir “accidentalmente” conocimientos de todo lo que se puede saber, despierta las iras de Ceridwen La Bruja, que le persigue como un sabueso cuando él es una libere, como una nutria cuando es un pez, y como Halcón cuando es un pájaro. Finalmente transformada en Gallina, lo come cuando él es un grano de trigo en el suelo del gallinero. El grano de trigo pasa a su seno y el cabo de 9 meses da a luz un hijo tan hermoso y rubio que no puede soportar matarlo. Así que lo introduce en una bolsa de cuero ( en algunas versiones un cesto ) y lo deja a la deriva en un rio, la víspera de la fiesta del Fuego ( el Primero de Mayo ).

Mientras tanto, el hijo de un noble, llamado Elffin y conocido por su terrible mala Suerte, es enviado por su padre a su presa para salmones. Cada víspera de Beltane, el padre solía pescar un salmón de Gran tamaño de la presa, pero Elffin no encuentra sino una sencilla bolsa de cuero. Cuando la abre, ve una frente brillante y grita: “Mira, una frente brillante (tal ieisin)”. Elffin está abatido por la mala suerte de tener que regresar a la corte de su padre sin nada más que un niño. Pero el chico desde detrás de la silla de Elffin, empieza a componer un poema para él. Asombrado, Elffin le pregunta como puede componer esa poesía siendo tan joven. Taliessin le contesta con otro poema, conocido como: “El consuelo de Elffin”

Elffin de noble generosidad
No te entristezca tu captura.
Aunque soy débil en el suelo de mi cesta,
Hay maravillas en mi lengua.
Mientras vele por ti
Ninguna gran necesidad te vencerá”


Por tanto, el simbolo del niño divino, en cualquiera de sus acepciones y metáfora, ejemplifica la antigua creencia que el verdadero poder, la fuerza magnifica y brillante del espiritu humano se encuentra en su forma más esencial, en su núcleo más puro y primigenio: ese primer párpadeo sustancial de la mente y la conciencia que podríamos llamar el despertar de la razón.

Fuente:
Powell, Thomas George Eyer, The Celts, Londres: Thames & Audson, 1958.

Al borde del un rutilante abismo.

He vivido toda mi vida sintiéndome un poco infiltrada. Incluso dentro de mi propia familia, que no obstante lo que puedan presumir mis amables lectores, es bastante tradicional en muchos sentidos a pesar de nuestras creencias Religiosas. Mis mayores temores en la infancia era de hecho, toda esa serie de extrañas expresiones espirituales que se manifiestan sin nombre, más allá de la habitual idea esencial del miedo. Durante mis largas noches de insomnio, sentía que los sonidos y las sombras se alargaban indefinidamente, hasta formar una especie de ritmo visceral tan parecido al de mis excéntricas pesadillas que me hacían sentir atrapada dentro de mi propia mente. Habitualmente, solía levantarme y deambular entre las sombras, un pequeño espectro en pijama, desconcertado y cansado, aguardando por el amanecer redentor. Una idea sombría, sin duda, esa que el miedo pueda tener el rostro de un tiempo anedótico irreal. Nada de zombies o vampiros acechando al rabillo de mi conciencia. Solo la huella de una idea personal sobre el miedo. En ocasiones, me dejaba caer sobre el suelo, mirando la oscuridad, convencida que alguien me miraba entre ese espacio infinito que formaban las sombras. Más inquietante aun, era la sensación que tal vez podía ser así: una silueta comenzando a dibujarse entre las pequeñas grietas de la luz, un susurro discordante, irreal, fragmentario. Un temor expureo envolviéndome como un hálito pernicioso. Los ojos muy abiertos, las manos firmemente apretadas. El corazón latiendome cada vez más rápido. El cuerpo inclinado y tenso, las sienes sudorosas. Un escalofrío helado paralizándome.

Horas tras hora. Quizá solo durante algunos minutos.

Abro los ojos. La textura del aire se hace más cálida, exquisita.

Lenta, como una ondulación, la luz del amanecer reverberando en la penumbra. Me acurruco en medio del tiempo intimo, suspiro. El miedo carece de forma ahora, es solo un recuerdo, un fragmento olvidado en medio de esta sensación de renovada esperanza. Una dualidad diametral y diminuta. Un suspiro venial.

La temprana adultez me devuelve a veces esa sensación de pureza indefinida, donde el miedo y la alegría tienen una forma nítida y profundamente arraigada en mi desesperación. Muchas veces, mi mente es un ágora, un debate virulento donde mi perspectiva siempre se encuentra en tela de juicio, en constante transformación. ¡Harta sí! Quisiera un instante de sencilla pasividad, de una pacifica aceptación. Me muerdo los labios, de pura frustración mientras desmenuzo cuidadosamente cada faceta de mi vida, cada nombre y rostro que forman el tapiz de mis pensamientos. Siento una angustia inexpresable, un profundo desconcierto y luego…solo silencio. Solo una plomiza y gris conciencia de todas las cosas, por encima de rostro, bajo mi conciencia.

Ah, es mucho pedir esta ligera renuencia a la pacifica benevolencia?

Probablemente.

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