Archive for junio, 2007

La pasión y la locura.

Sólo hay dos alternativas: Rimbaud o el silencio.

Desde muy pequeña, tengo la costumbre de consultar atentamente los apendices de todos los libros que leo: reviso la biografica consultada ( que con toda probabilidad, se convierten en mis siguientes lecturas ), las referencias y sobre todo, las colaboraciones que el autor utilizó para llevar a cabo la obra en cuestión. También suelo escribir largas cartas a esos oscuros catedráticos que muchas veces prestan su conocimiento para una gran pieza literaria, sin obtener el justo reconocimiento a su trabajo. Debo decir que este hábito me ha traido una magnifica e inesperada retribución: casi siempre obtengo respuestas de quienes se sienten halagados por mi interés. Es asi que mis amigos por correspondencia ( un gran número de ancianos profesores, bibliotecarios, coleccionistas de rarezas literarias, historiadores Urbanos ) siempre me ofrecen sus acertados comentarios y consejos, me recomiendan libros que de otra manera jamás hubiese conocido e incluso, sus maravillosas anecdotas privadas, muchas de las cuales han enriquecido mis cuentos, novelas cortas, articulos y ensayos. Debo decir que para mí, es un profundo honor este pequeño y privado intercambio del conocimiento, donde soy, definitivamente la más beneficiada. A través de los años he disfrutado de la magnifica posibilidad de conocer un número importante de intelectuales preclaros que pueblan las Universidades y Recintos académicos amparados por un benévolo anonimato.

Hago mención a esta costumbre, porque ayer uno de mis buenos amigos, José Jimenez Garbacio (Bibliotecario en Jaén, España ) me envió minilibro, una conferencia de Pere Gimferrer a próposito de la inconmensurable trascendencia de Rimbaud, que pronunció dentro de las jornadas que se le dedicaron en la Residencia de Estudiantes en el centenario de su muerte (1991). Dice Gimferrer que la poesía de Rimbaud no se puede explicar, porque sólo existe en sus palabras, su poesía es “el verbo convertido en absoluto artístico”.

Sus poemas permanecieron dormidos mucho tiempo, y quizás aún lo están, esperando que sepamos accionar su mecanismo. Pero no quiero sentirme una farsante, hablando de Rimbaud sin haber leído a Rimbaud. Soy tan tremendamente inculta. Ese libro simple y casualmente (¿no he dicho yo que no creo en las casualidades?) llegó a mi correo como una respuesta contundente a las reflexiones que me han atormentado los últimos días. ¿Un sueño de la razón? Tal vez pura alegoria, nada más.

“Rimbaud […] tenía en su palabra la misma fe que puede tener -no exagero- el salvaje en la luz eléctrica. Es decir, el salvaje cree, o creía -el buen salvaje de los cuentos proverbiales- que el conmutador encendía la luz eléctrica y, por tanto, el pequeño conmutador era el dios del fuego. Algo así le ocurre a Rimbaud, es consciente, en la medida en que podemos nosotros captarlo, de que posee no sólo unas cualidades verbales excepcionales sino, sobre todo, de que ha encontrado un lenguaje que nadie a su alrededor posee y con el que puede decir cosas que nadie puede decir, y en efecto, nadie las dice. Pero cree que esto ha de tener un efecto inmediato como el conmutador de la luz. No es así: el adelanto que lleva Rimbaud respecto a su tiempo, que es inmenso, que no se mide por años, ni siquiera por décadas, sobrepasa en mucho la espera que puede tener un muchacho de diecinueve o veinte años que sabe que ha descubierto algo importante”

Rimbaud, maldito en la genialidad, el fuego de la furia creadora destrozando la cordura hasta dejar solo las cenizas, el tiempo vivo y muerto que la belleza crea en si mismo. Una formalidad simple en medio del dolor y el verbo que renace – una divinidad secreta – en medio de la violencia de la cotidianidad. Somos una certidumbre y a la vez, un mutismo más allá de la veracidad plena de la certidumbre.

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Dos visiones, un alarido.

Ultimamente, estoy aprovechando mis largas horas de insomnio para dedicarme a uno de mis gustos culpables: disfrutar de lo peor y lo más recóndito del cine de terror. Con cierto ojo critico, me he dedicado a ver toda una serie de peliculas que intentaron ( o al menos fue la intención original) remozar uno de mis géneros cinematográficos favoritos. Debo admitir que algunas le dieron una nueva visión a viejos temas, pero otras simplemente desvirtuaron el sentido original. Esta es mi selección de las que a mi juicio hicieron un digno homenaje a su predecesora.

10. Toolbox Murders (2003): al versionar uno de esos oscuros semi-clásicos de los 70, Tobe Hooper logró exorcisar sus demonios estéticos y brindarnos un atmósfera cargante que no había logrado repetir desde los tiempos en que por primera vez liberara a Leatherface y compañía. La original de 1978, a pesar de gozar de cierta fama, no pasa de ser un video-nasty poco ambicioso, mientras que la versión de Hooper combina los desparpajos gore con un homenaje no tan solapado a los terrores de apartamentos de Roman Polanski. Dista mucho de ser una película perfecta, pero al menos posee más alma propia que su predecesora, y esto en un remake no es algo tan común.

9. Cuando llama un extraño (2003): la versión original de esta película, que data del año 1979, comienza muy bien explotando el filón de las niñeras-acosadas-por-el-psicópata-de-turno hasta que se hunde en una segunda mitad carente por completo de interés. La versión pop, en cambio, condensa los mejores elementos de la original y explota a la perfección nuestra paranoia burguesa a los intrusos. Su principal defecto, en todo caso, reside en una horrorosa campaña publicitaria que destripaba sus mejores sorpresas y reducía bastante el disfrute. Aún así, es una muestra de cómo se puede mejorar un material aun pecando de falta de originalidad.

8. La pequeña tienda de los horrores (1986): que me perdone el gran dios Roger Corman, pero su película de 1960 acerca de una planta gigante del espacio exterior se ve ampliamente superada por esta joya ochentera de las comedias de terror, protagonizada por un Rick Moranis en estado de gracia y dirigida por un Frank Oz que se mueve como pez en el agua entre las perversas y divertidas criaturas desatadas en una delirante pesadilla sub-urbana. ¿Cómo olvidar a ese genial Steve Martin en su papel de dentista sádico (valga la redundancia)? Recomendada para todos aquellos que hayan disfrutado con The Rocky Horror Picture Show, esta comedia de terror no tiene desperdicio. Si bien la original es también un clásico por méritos propios, no resulta tan deliciosamente operática como esta. Roger Corman, sin embargo, puede quedarse con el privilegio de contar en su elenco con un entonces desconocido Jack Nicholson.

7. Willard (2003): Ya no se hacen películas como esta, pero Glen Morgan supo tomar una bizarrada de 1971 y actualizarla para convertirla en una de las películas de terror más injustamente infravaloradas de los últimos años. Sin embargo, y a pesar de contar con numerosos aciertos, el mayor aliciente de esta nueva versión tiene por fuerza que ser el über-freak Crispin Glover como Willard, el gris hijo de mamá que descubre su lado megalómano al hacerse líder de un ejército de ratas, entre las cuales descubre los dos lados de su atormentada alma.

6. The Blob (1988): La versión original de esta película, estrenada en 1958, sobrevive hoy en la memoria colectiva principalmente como pieza camp y por haber dado a Steve McQueen su primer papel protagonista. Sin embargo, su remake ochentero es una de las joyas de videoculb más cañeras de su época y una monster movie en toda regla, una que conocerán todos aquellos afortunados que, como yo, hayan crecido en los ochenta (en mi opinión la auténtica edad de oro del cine de terror). Y es que no hay quien compita con escenas de cuerpos disolviéndose en medio de una gigantesca gelatina rosa con vida propia.

5. La invasión de los ultra-cuerpos (1978): a diferencia de las demás películas, existen tres versiones diferentes de los ultracuerpos (con una cuarta a estrenarse muy probablemente este año). Si bien la original de 1956 es considerada como una de las piezas más importantes del cine paranoico de la Guerra Fría, es la versión del 78 (dirigida por el siempre interesante Philip Kauffman) la más contundente y apocalíptica. Kauffman crea con sus alienígneas desalmados uno de los climas más opresores del cine de terror de los setenta, convirtiendo la suya en una metáfora bastante lograda de deshumanización y persecuciones despiadadas. Asimismo, logró solventar el mayor problema de la cinta original al mostrarnos un final demoledor, en el que Donald Sutherland desbarataba con un solo gesto las esperanzas de toda la Humanidad. Genial.

4. The Ring (2002): probablemente la pieza más polémica de toda la lista, ya que siempre he defendido (y defenderé) la opinión de que Gore Verbinski reinterpretó a su antojo la que probablemente es la más famosa de las películas del japo-terror. La original de Hideo Nakata, sin embargo, no me parece tan grandiosa como siempre se ha sostenido. Para mí, el director nipón alcanzó su cima creativa con Dark Water (su mejor película, en mi opinión), mientras que Verbinski no sólo alcanzó a hacer una tremenda versión, sino también una de las mejores películas de miedo en lo que llevamos de década. Imagino que muchos estarán en desacuerdo con esta afirmación, pero es algo que sostengo ad infinitum.

3. Las colinas tienen ojos (2006): seguir hablando de esta película sería redudante, ya que todos sabemos muy bien como Alexandre Aja subió el volumen al original de Wes Craven, resaltando un mensaje que se había quedado a media turbina cuando fuera recreado por primera vez en 1977. Rechazada por algunos debido a su exasperado salvajismo, pienso que lo más interesante de esta versión no es la violencia en sí misma, sino lo que esta quiere decir en su particular exageración.

2. La mosca (1986): al igual que hiciera Chuck Russell con The Blob, David Cronenberg resucitó una película famosa principalmente por su parodiable estética pop y convertirla no sólo en una asquerosidad cinematográfica, sino también en un contundente comentario acerca de la condición humana. Unos efectos especiales superiores y un tono oscuro y depravado ayudan a crear uno de los mayores clásicos de este director, y una de las mezclas mejor logradas entre el terror y la ciencia-ficción.

1. La cosa (1982): sin duda alguna el mejor argumento a favor de los remakes, La cosa es no sólo una versiòn superior al original de 1951, sino también la que muchos consideran la mejor película de John Carpenter. Su superioridad viene dada no sólo por sus grandiosos efectos especiales (cortesía de Rob Bottin), sino también por una historia que se afinca mucho más en la paranoia del relato original en el que se basan ambas películas. Carpenter creó una joya que hasta la fecha no ha sido capaz de superar, y que todavía es pieza obligada de culto (como bien prueban los estusiantas comentarios que despierta cada vez que se habla de ella).

Los dos rostros de la Divinidad.

En la mitología griega Eris o Éride (en griego antiguo Ἒρις) es la diosa de la discordia, llamándose así en la mitología romana, Discordia. Su opuesta en la mitología griega era Harmonía y en la romana, Concordia.

En Los trabajos y los días (11-24), Hesíodo distingue dos diosas diferentes llamadas Eris:

Así que, después de todo, no había un único tipo de Discordia, sino que en toda la tierra había dos. Respecto a una, el hombre podría elogiarla cuando llegase a conocerla, pero la otra es censurable, y son de naturaleza completamente diferente.

Pues una fomenta la guerra y batalla malvadas, siendo cruel: ningún hombre la ama; pero por fuerza, debido a la voluntad de los inmortales dioses, los hombres pagan a la severa Discordia su deuda de honor.

Pero la otra es la hermana mayor de la oscura Noche (Nix), y el hijo de Crono que se sienta en alto y mora en el éter, extendidas sus raíces en la tierra: y es mucho más amable con los hombres. Incluso logra que los perezosos trabajen duro; pues un hombre se vuelve ansioso por trabajar cuando tiene en cuenta a su vecino, un rico que se apresura por arar y plantar y poner su casa en orden, y el vecino compite con su vecino en apresurarse tras la riqueza. Esta Discordia es sana para los hombres. Y el alfarero se enfada con el alfarero, y el artesano con el artesano, y el mendigo envidia al mendigo, y trovador al trovador.

En la Teogonía (226-232) Hesíodo habla menos amablemente de Discordia, hija de la Noche, al engendrar otras personificaciones:

Por su parte la maldita Eris (Discordia) parió a la dolorosa Ponos (Pena), a Lete (Olvido) y a Limos (Hambre) y al lloroso Algos (Dolor), también a las Hisminas (Disputas), las Macas (Batallas), las Fonos (Matanzas), las Androctasias (Masacres), los Odios (Neikea), las Mentiras (Pseudea), las Anfilogías (Ambigüedades), a Disnomia (el Desorden) y a Ate (la Ruina y la Insensatez), todos ellos compañeros inseparables, y a Horcos (Juramento), el que más problemas causa a los hombres de la tierra cada vez que alguno perjura voluntariamente.

La otra Discordia es presumiblemente la que aparece en La Ilíada (Libro IV) de Homero como hermana de Ares y por tanto probable hija de Zeus y Hera:

Discordia, insaciable en sus furores, hermana y compañera del homicida Ares, la cual al principio aparece pequeña y luego crece hasta tocar con la cabeza el cielo mientras anda sobre la tierra. Entonces la Discordia, penetrando por la muchedumbre, arrojó en medio de ella el combate funesto para todos y acreció el afán de los guerreros.

Al principio del Libro XI, Zeus la envía para provocar a los aqueos.

La leyenda más famosa protagonizada por Eris cuenta cómo inició la Guerra de Troya. Tanto los dioses y diosas como diversos mortales fueron invitados a la boda de Peleo y Thetis (que luego serían padres de Aquiles). Sólo la diosa Eris no fue invitada debido a su naturaleza problemática. Así que Eris (en un fragmento de la Cipria, como parte de un plan urdido por Zeus y Temis) apareció en la fiesta con la Manzana de la Discordia, una manzana dorada con la palabra kallisti («para la más hermosa» o «para la más guapa») inscrita, que arrojó entre las diosas provocando que Afrodita, Hera y Atenea la reclamasen para sí, iniciándose una riña. Zeus, para no tener que elegir entre las diosas, puesto que una era su esposa y otra su hija, encargó ser juez a Paris. Entonces Hermes le transmitió al desventurado Paris, príncipe de Troya, que tendría que elegir a la más hermosa. Siendo como era la moralidad mitológica griega, cada una de las tres diosas intentó sobornarle para que la eligiera: Hera le ofreció poder político, Atenea le prometió destreza militar y Afrodita le tentó con la mujer más hermosa de la tierra, Helena, esposa de Menelao de Esparta. Siendo Paris un joven apasionado, y aunque no se sabe cuánto tiempo meditó sobre la cuestión, terminó por conceder la manzana a Afrodita, raptando luego a Helena y provocando así la Guerra de Troya.

En Las dionisíacas (2.356), Nono de Panópolis cuenta que cuando Tifón se prepara para luchar con Zeus:

Eris era la escolta de Tifón en el enfrentamiento, Niké llevó a Zeus a la batalla.

Harmonía

En la mitología griega, Harmonía (en griego Άρμονιη Harmoniê) es la diosa de la armonía y la concordia, particularmente de la armonía marital.

Según algunas fuentes, era hija de Ares y Afrodita, y esposa de Cadmo, con quien fue madre de Ino, Polidoro, Autónoe, Ágave y Sémele.

Cuando el gobierno de Tebas fue otorgado a Cadmo por Atene, Zeus le dio a Harmonía como esposa. Todos los dioses honraron la boda con su presencia. Cadmo (o uno de los dioses) regaló a la novia una toga y un collar, obra de Hefesto. Este collar traía la desgracia a todo aquél que lo poseía. Con él sobornó Polinice a Erífile para que persuadiera a su marido Anfiarao a emprender campaña contra Tebas. Esto llevaría a la muerte de Erífile, Alcmeón, Fegeo y sus hijos.

Incluso después de que el collar hubiese sido depositado en el templo de Atenea Pronaia en Delfos continuó su maléfica incluencia. Failo, uno de los jefes focios en la tercera Guerra Sagrada (352 adC), lo robó y regaló a una de sus amantes. Tras haberlo llevado durante un tiempo, su hijo enloqueció y prendió fuego a la casa, donde pereció.

Según otras fuentes, Harmonía era de Samotracia, siendo hija de Zeus y Electra, y su hermano Iasión el fundador de los ritos místicos celebrados en la isla.

Por último, se suele considerar a Harmonía estrechamente relacionada con Afrodita Pandemos, el amor que une a toda la gente, la personificación de la unidad cívica, correspondiendo a la diosa romana Concordia.

La dualidad de la energía Divinia:

Para la Tradición de la Antigua Religión que practica mi familia, Eris y Harmonía son energias vinculadas a la misma advocación, solo que representan distintas dimensiones de una misma estructuctura conceptual. En otras palabras, son dos caras de la misma moneda. Forman una dualidad que expresa a través de su estructura, la expresión dual de la brujeria como creencia. En el nombre de esta Diosa de dos rostros ( llamada según algunas Tradiciones Mágicas Aeno ) se llevan a cabo rituales que expresan dos estados del ser, o dos formas de comprensión de un mismo concepto. Se suelen realizar luego de la luna llena de julio, agosto y septiembre, debido a que la energía invocada en ellos se encuentra mayormente vinculada con la introspección y la busqueda interior de una perspectiva mágica que abarque una universalidad de valores morales. La forma más depurada y hermosa de la ambiguedad divina.

Oráculo en plata y carmesí.

Durante el mes de junio, se lleva a cabo la celebración de luna de la Rosa, donde se conmemora la fuerza del pensamiento, la creación y la inspiración a través de la creación de rituales dedicados a la armonia personal. También, durante este plenilunio, se celebra la vitalidad, la fortaleza, la determinación y la convicción tradicionalmente relacionadas con la personalidad mágica y la fuerza de voluntad necesaria para continuar en la Senda de la Antigua Tradición.

Siendo el pleninulio de junio uno de los más significativos en el ciclo energético lunar, debido a su vinculación con el Poder creacionista relacionado con la Diosa Afrodita, se llevan a cabo rituales para concentrar la fuerza intuitiva a través de su advocación. De la misma manera, se intenta crear un clima propicio para pases energéticos relacionados con el equilibrio y la concentración de energía individual.

Para su realización necesitaremos:

Dos velas rojas.
esencia de almizcle
7 hojas de romero.
un cuenco para quemar.

Disposición:

Coloca las velas a tu derecha e izquierda. Frente a ti, el cuenco para quemar. Introduce las hojas de Romero el recipiente. Ahora, impregna tus manos con el aceite de almizcle. Frota ambas palmas hasta que percibas un hormigueo cálido en la piel. Ahora, cierra los ojos y bendice los elementos que utilizarás de la siguiente manera:

“En nombre de la Diosa blanca, secreto del bosque del pensamiento
consagro, purifico y lleno de fuerza estos instrumentos mágicos
que me permitan encontrar la senda del conocimiento
en mi espiritu.
Asi sea”

Ahora enciende la vela a tu derecha diciendo:

“En nombre de la Diosa secreta
Invoco a la Diosa Afrodita
En la fuerza de mi deseo
de mi pensamiento
y mi convicción
Asi sea”

ahora, la vela a tu izquierda:

“Que la energía del tiempo y la sabiduría
impregnen mi pensamiento
en voz y creación
Que la Diosa esté en mí
en mi espiritu
y en mi voluntad de crear
Asi sea”

Después, enciende las hojas de Romero, y espera hasta que estén ardiendo y el olor de la hierba invada el lugar donde te encuentras. Visualiza que tu energía se concentra en puntos especificos de tu cuerpo a partir de tu frente. Toma largas bocanadas de aire, y en cada una de ellas, siente el poder de las voces del viento, de los espiritus que te protejes, rodeandote e integrandose a tu circulo de energía personal. Siente como la energia de la luna te rodea, moldea tu alrededor un circulo de energía natural, fluye de tu interior para crear un vinculo durarero entre las diferentes corrientes de fuerza natural que te rodean. Siente que tu espiritu encuentra la paz en la forma de expresión más pura que posees: la armonización de tus energias interiores con el resplandor plateado de la Gran Diosa Madre.

Ahora siente que tu conciencia regresa a su nucleo más cotidiano, conservando esa fuerza magnifica y enorme del núcleo más poderoso en tu interior. Para culminar el pase energético del ritual, permite que las velas se consuman y luego, come y bebe algo para librarte de la energia sobrante.

Una pequeña Locura.

De nuevo, sufro una de mis erráticas e irreprimibles crisis de hiperactividad: ya no descanso lo suficiente durantes las noches, me la paso corriendo de un lado a otro, he tomado al menos 200 fotografias para mi recopilación y mi más reciente portafolio – solo retratos, unicamente rostros danzando en medio de las sombras-. Estoy leyendo 5 libros al mismo tiempo, entre los que se cuentan mis lecturas favoritas: Oscar y Bosie, de Trevor Fisher, Orlando de Virginia Woolf, El coloso de Silvia Plath, por el camino de Swan de Marcel Proust y La feria de Soróchinetz de Gogol. Tengo una seria adicción al chocolate y a las galletas de jengibre que prepara mi prima Petro. Vivo en un mundo de espanglish, salpicado por un poco de fránces y gaélico. Definitivamente regreso a la Universidad en septiembre para comenzar una nueva licenciatura universitaria – sí, necesito el mundo de las letras y la filosofia para sobrevivir. Estoy remodelando mi cuarto de estudio – por quinta vez en el año -. Mi pequeños fragmentos de demencia volvieron con toda su fuerza- Ando más neurótica que nunca, sensible e inquieta. hoy perdí mi tarjeta de crédito y la volví a encontrar exactamente donde más había buscado. Compré el nuevo libro de Tolkien. Tengo más insomnio del que he sufrido en los últimos diez años. Mis gatos atraviesan una étapa de furiosa independencia y magnifica belleza. De nuevo, el amor me ha devuelto el resuello y el deseo de satisfacer mi voz y mi sombra. Hace un par de días, me maquillé para una fotografia – un puntilloso maquillaje ritual – y salí a la calle, sin recordar que lo había hecho. Deambulé al menos tres calles hasta que descubrí porque la gente me miraba de la forma que lo hacía. Finalmente, el Valle será públicado, sin tener que ceder a ningun requirimiento que destruyera su estructura esencial. Estoy escribiendo dos novelas: una sobre una joven mujer adulta que intenta recorrer Venezuela para encontrar el significado de una misteriosa palabra Wayu y otra sobre un extraño asesinato donde el único culpable es la propia victima. Soy feliz, me siento triste. Mi percepción psiquica palpita con toda su lúdica energia. El placer y una ligera angustia me atormentan.

Viva, viva, viva.

En medio del mundo y la desazón.

Hijo de la Verdad y el Sueño.

Hay películas que nacen siendo de culto. “Hijos de los Hombres” ha nacido de esta manera. Desde su primer segundo de metraje, desde su impactante arranque, podemos aventurar que nos encontramos ante una película que por su personalidad, temática y carácter se convertirá en una referencia dentro del género de ciencia-ficción.

Es esta, la película más valiente, decidida, contundente y también magistral que una servidora ha podido ver en los últimos años en una sala de cine, luego de sufrir decepciones con otros films supuestamente idealistas como “Munich” de Spielberg.

Todavía tengo el corazón encogido e intento asimilar la enorme cantidad de sensaciones que me ha supuesto su visionado.

Pienso que México le está proporcionando a Hollywood y al mundo, tres directores creativos y brillantes. Inquietos y con un altísimo conocimiento de la técnica cinematográfica. Los films de Guillermo del Toro, Alejandro González Iñarritu y Alfonso Cuarón serán los abanderados de la cosecha cinematográfica mundial de esta década, lo cual queda demostrado con tres propuestas tan distintas como gratificantes, ricas en contenidos y en forma. Tanto “El laberinto del Fauno”, como“Babel” e “Hijos de los Hombres” son estimulantes obras que otorgan credibilidad al séptimo arte y logran adeptos.

“Hijos de los hombres” es una cinta de ciencia-ficción, basada en la novela de la magnifica escritora P.D.James ( la cual he tenido la oportunidad de leer hace varios meses ) y llevada al cine con maestría por Alfonso Cuarón, capaz de hacer un parte de la saga de Harry Potter, dirigir “Y tu mamá también” y ahora un film futurista.

Un futuro, el que se narra en “Hijos de los hombres”, no tan descabellado como pueda parecer. La historia de esta sociedad distópica, cercana al Apocalipsis, viene dada por causas que están muy presentes en la actualidad o que tristemente han tomado parte en la historia del mundo. “Hijos de los hombres” es una propuesta futurista en la que los coches no vuelan, la tecnología no es descaradamente sofisticada (lo es, pero en un grado sensato) y en donde los males de la sociedad pueden resultar familiares al espectador. Es una especie de “Blade Runner” dotado de un increíble toque de verismo y crueldad.

Una sociedad, la del año 2027 en la que las mujeres no pueden tener hijos y la humanidad se desestabiliza ante una más que probable extinción. Una sociedad, en la que el ser humano recibe un trato semejante al que recibían los judíos en la Alemania de Hitler. Un mundo fascista, que bien podría estar sacado de Guantánamo o de Iraq, en donde el inmigrante sufre constantes vejaciones (una preocupación universal a la orden del día). Un futuro consecuencia de males conocidos por el espectador que hacen, si cabe, más terrorífico y demoledor su visionado.

El hecho de que la fibra de todo aquel que asista a la proyección de “Hijos de los hombres” se vea tocada, el hecho de experimentar sentimientos increíbles delante de la gran pantalla, todo ello, es debido a una poderosísima narración “in crescendo” que atesora una intensidad fuera de lo común llevada a cabo por Alfonso Cuarón, que sumerge al espectador y lo mantiene atento a la pantalla. Gracias también, a un excelente guión con diálogos certeros (en especial los que mantienen Caine y Owen) y unos giros arguméntales sorprendentes, a una maravillosa fotografía de Emmanuel Lubezki, un inteligente uso, por y para la historia, de los efectos especiales y a un reparto tan inspirado como el propio director, en el que destacan Michael Caine (una especie de John Lennon de 70 años) y Clive Owen (que demuestra otra vez más lo buen actor que es), amén de la calidad que aporta una actriz como Julianne Moore.

La sociedad futura de “Hijos de los hombres” esta retratada de un modo realista, violento y aterrador, en donde los animales (en especial los perros) están presentes en prácticamente el 90% de los planos (elemento que Cuarón utiliza para mostrar el alarmante descenso de población humana y subsistencia de la animal).

Una historia, la del alumbramiento de un niño en tiempos de persecución, que como todo buen clásico de la ciencia-ficción juega con la figura del Mesías y puede ser paralela al Antiguo Testamento, con el que guarda parecidos (el nacimiento silenciado del bebe y el de Jesús, Kee y la Virgen Maria, etc)

El mexicano ha dibujado un ambiente de luz triste, de soledad y desesperación, ha rodado las escenas bélicas más sobrecogedoras desde “Salvar al Soldado Ryan”, y ha recurrido a increíbles planos secuencias que dejan boquiabierto al espectador, así como a la cámara en mano (que llega a ser salpicada de sangre) más cercana a un reportaje de guerra que a un film de ciencia-ficción.
Un autentico tour de force por parte del director, del que sale vencedor y que hace de la suya una modélica dirección y una verdadera lección de cine. Un paso adelante para la ciencia-ficción y una pequeña revolución parecida a la que ofreció el “Blade Runner” de Ridley Scott.

Una cinta que ya es de culto, que da lugar a la reflexión, y que acepta cualquier tipo de alabanza o adjetivo a su favor. Yo le otorgaría los adjetivos de increíble, necesaria, magistral, única y humana. “Hijos de los hombres” tiene la virtud de emocionar, de despertar sentimientos escondidos en el espectador, mantenerlo pegado a la butaca mucho tiempo después de llegar a su fin y estremecerlo igual que estremece y conmueve el llanto o la risa de un niño. Impresionante.

Del sincretismo y el verbo divino: Umbanda.

Umbanda es una religión brasileña que fusiona el Candomblé, el Cristianismo, el Kardecismo Espiritualista, y que ha tomado últimamente, en algunas congregaciones, elementos hindúes. El término “Umbanda” es punto de controversias, mientras unos dicen que proviene del Kimbundu, un idioma angoleño, y significa “practicantes religiosos”, otros afirman que se puede traducir como “conjunto de las leyes divinas” y aún otros dicen que significa “todas las bandas” en referencia a la diversidad interna entre las congregaciones. Umbanda es usualmente llamada también, de modo peyorativo, macumba, nombre que proviene del tipo de madera usado para construir los tambores ceremoniales llamados atabaques.

Diferentes tipos de Umbanda:

Dada la diversidad y variedad entre las diferentes congregaciones umbandistas, algunos hablan de varias umbandas de acuerdo a la mayor o menor importancia de los diferentes elementos sincretizados (candomblé, kardecismo, catolicismo, etc). Estas umbandas se podrían clasificar, muy básicamente, en dos tipos:

Umbanda blanca, que es la originada por Zelio de Moraes nacida en 1908 donde no acepta el sacrificio de animales y está orientada netamenete al culto de la naturaleza a través de los guías que responden a la banda o línea de un Orixa específico.

Umbanda cruzada, que es originaria alrededor de la década del 60 (1960) y también recibe el nombre de Candomble de Caboclos, pero esta acepta el sacrifico de animales alejándose del concepto básico en el nacimiento de la Umbanda.

Es difícil de identificarlas a simple vista en una sesión ya que utilizan los mismos rituales, puntos de llamdas (canciones), vestimentas blancas pero son muy diferentes en el concepto de sacrificio de animales.

Creencias:

En este punto cabe señalar que hay diferentes concepciones de Umbanda y que por ello las creencias a veces difieren dependiendo de la congregación, aunque existen ciertas bases:

Deidades:

Umbanda es una religión monoteísta y sincrética, cuyo dios es llamado Olorum, Olodum, u Olodumaré, pero como éste no participa de la vida de los hombres y de los asuntos mundanos, los fieles se relacionan con diferentes entidades del plano espiritual. Las entidades de mayor importancia son los Orixás, tomados del panteón Yoruba, que reflejan diferentes cualidades de Olodum y trabajan por los 7 principios de Umbanda.

Ellos son Oxalá y Oya (fe), Oxún y Oxumaré (amor), Oxóssi y Obá (conocimiento), Xangó y Eugunitá (justicia), Ogum e Iansá (ley), Obaluayé y Nana Buroque (evolución), Iemanyá y Omolú (creación/generación). Cada Orixá se relaciona con una fuerza de la naturaleza y tiene un tipo de conducta clara.

Otras entidades importantes son los guías, cuya función es ayudar a otros en su evolución espiritual y se manifiestan mediante la incorporación, el acto mediante el cual un médium conscientemente permite que otros espíritus hablen a través de su cuerpo físico para transmitir sus mensajes, Los guías tienen diversos orígenes y son estos: Pretos Velhos (viejos esclavos negros), Bahianas (mujeres de Bahía), Boiadeiros (vaqueros brasileños), Crianças (niños), Exus, Pombas-Gira, Marinheiros, Sereias (sirenas), Caboclos (indios brasileños), entre otros. De estos los más importantes parecen ser los Caboclos y los Pretos Velhos

Culto:

El culto incluye ofrendas a las deidades (vino, farofa, cachaça, granos de maíz, cigarrillos, sidra, velas, flores, alhajas, entre otras comidas y bebidas, dependiendo de la “Banda o línea”) y tiene ritos de iniciación varios que van de simples a complejos. Los atabaques (largos tambores cónicos), la percusión y los cantos (llamados pontos) tienen un lugar central en algunas congregaciones umbandistas pero en otras son casi inexistentes.

Muchos lugares de culto (llamados tendas o terreiros) parecen casas comunes vistos desde la calle, e incluso muchos de ellos cumplen las dos funciones. El líder del terreiro es el “Cacique” o “Maestro”. Esta persona dirige el culto y coordina las sesiones o giras y es quien incorpora al guía jefe que comandará la materialidad y espiritualidad del local de los trabajos.

En Umbanda el médium (también llamado caballo), que puede ser el Cacique u otra persona, incorpora a los guías. Los trabajos en Umbanda se refieren a la ayuda prestada por el guía, son caritativos, asistenciales sin cobranza y se realizan solo para hacer el bien. Hay dos tipos de trabajos: el pase y la descarga o desobsesión. El pase es un rezo que el guía hace a un devoto para darle energía positiva mientras que la descarga se trata de quitar la energía negativa del espíritu del devoto. Una ceremonia de Umbanda (llamada gira) comienza usualmente con la defumación, quema de hierbas aromáticas para purificar a los que asisten al terreiro y luego viene la incorporación donde los devotos son invitados a tomar un pase. Algunos dicen que la máxima umbandista es “da de gracia, lo que de gracia recibiste: con amor humildad, caridad y fe”.

Días Conmemorativos y Consagrados:

* 20 de Enero – San Sebastián (Oxosse)
* 02 de Febrero – Yemanjá
* 12 de Febrero – Mae Pomba Gira
* 23 de Abril – San Jorge (Ogum)
* 13 de Mayo – Pretos Velhos
* 13 de Junio – San Antonio (Bara)
* 24 de Junio – San Juan Bautista (Día de africanos)
* 29 de Junio – San Pedro y San Pablo (Pai Xango viejo y Mae Nana Burukú)
* 26 de Julio – Santa Ana (Nana Buruque)
* 15 de Agosto – La Virgen de la Regla y N. Sra. de la Gloria (Mae Yemaya y Mae Ochum)
* 16 de agosto – San Roque (Obaluaié)
* 24 de Agosto – San Bartolomé (Pai Exu Trancarruas)
* 25 de Agosto – Mae Ossae
* 27 de Septiembre – San Cosme y San Damián (Crianzas, Pais Ibejis)
* 30 de Septiembre – San Jerónimo (Xango)
* 02 de Noviembre – Día de las almas
* 15 de Noviembre – Día Internacional de Umbanda
* 22 de Noviembre – Pai Caboclo das Sete Encruzilhadas
* 04 de Diciembre – Santa Bárbara (Iansá)
* 08 de Diciembre – Inmaculada Concepción (Mae Oxum)
* 17 de Diciembre – San Lázaro (Omulú)
* 25 de Diciembre – Oxalá
* 31 de Diciembre – Todo el reinado del mar, dando las gracias a Mae Iemanjá por los favores recibidos durante el año.

Historia:

Orígenes:

A finales de 1.908, una familia tradicional de Neves, Estado de Río en Brasil, fue sorprendida por un hecho que tomo aspecto sobrenatural: el joven Zélio Fernandino de Moraes, quien fuera atacado por una extraña parálisis que los médicos no conseguían identificar, cierto día se levanto de su lecho y declaro “mañana estaré curado”.

Al día siguiente, se levanto normalmente y comenzó a caminar, como si nada anteriormente le hubiese tenido paralizado los movimientos. Contaba en ese entonces con diecisiete años y se preparaba una vez terminados sus estudios de bachillerato a iniciar una carrera militar en la marina.

La medicina no supo explicar lo que había ocurrido. Su tío, Epaminondas de Moraes, después de examinarlo y observarlo durante varios días, comento a la familia que la enfermedad no tenia ninguna de las características de lo por el conocido y recomendó llevarlo a un sacerdote, pues el muchacho mas bien parecía poseído. Los tíos, que eran sacerdotes católicos, realizaron varios exorcismos para librarlo de aquellos incómodos ataques, sin embargo, tampoco estos rituales pudieron dar a la familia la tan deseada tranquilidad y sosiego, fueron tomados por sorpresa y nada decían sobre el misterioso hecho. Un amigo de la familia sugirió entonces, una visita a la Federación Espiritista Kardecista de Niteroi. El día 15 de Noviembre de 1.908, el joven Zélio fue invitado a participar en una sesión y el director de los trabajos determino que ocupara un lugar en la mesa.

Tomado por una fuerza extraña y superior a su voluntad, contrariando las normas de la mesa, el joven Zélio se levanto y dijo: “aquí esta faltando una flor” y se retiro de la sala. Poco después volvió trayendo consigo una rosa que deposito en el centro de la mesa. Esta actitud insólita causo casi un tumulto.

Restablecida la “corriente”, se manifestaron espíritus que se decían Negros Esclavos y de Indios o Caboclos en diversos médium. Estos espíritus fueron invitados a retirarse por el dirigente de los trabajos, advirtiéndoles de su retraso espiritual.

Fue entonces que el joven Zélio fue nuevamente dominado por una fuerza extraña, que hacia que Zélio hablara sin saber lo que decía.

Zélio escuchaba vagamente a su propia voz preguntar al dirigente de los trabajos, el motivo por el cual no aceptaban comunicación con esos espíritus y el porque los consideraban atrasados. “Si juzgan atrasados esos espíritus de negros esclavos e indios, debo decir que mañana estaré en casa de este médium (caballo), para dar inicio a un culto en el cual esos Negros Esclavos y esos Indios puedan dar su mensaje y así, cumplir la misión que se les ha confiado en el plano espiritual. Dios en su infinita bondad, estableció la muerte, el gran nivelador universal, rico o pobre, poderoso o humilde, todos se vuelven iguales en la muerte, pero ustedes, hombres llenos de prejuicios, no contentos con establecer diferencias entre vivos, intentan llevar esas mismas diferencias hasta mas allá de la muerte. ¿por qué no pueden visitarnos esos humildes trabajadores del espacio, si a pesar de no haber sido personas importantes en la Tierra, también traen importantes mensajes del mas allá?

Siguió un dialogo acalorado y los responsables de la mesa procuraban adoctrinar y calmar al espíritu desconocido que estaría incorporado en Zélio y desenvolvía una argumentación segura.

Uno de los videntes integrantes de la mesa, pregunto al final: “¿por qué el hermano habla en esos términos, pretendiendo que la mesa acepte la manifestación de espíritus que por el grado de cultura que tuvieron cuando estaban en vida, son claramente atrasados?” y “¿cuál es su nombre hermano?”.

Zélio respondió, aun tomado por esa fuerza misteriosa: Será una Religión que hablara a los humildes, simbolizando la igualdad que debe existir entre todos los hermanos, encarnados y desencarnados. Y si quieren saber mi nombre, que sea este: Caboclo das Sete Encruzilhiadas, porque no habrá caminos cerrados para mi.”

“Mañana, en la casa donde vive el médium, habrá una mesa dispuesta para toda y cualquier entidad que quiera o necesite manifestarse, independientemente de aquello que haya sido en vida y todos serán escuchados y nosotros aprenderemos mucho con aquellos espíritus que sepan mas y enseñaremos a aquellos que sepan menos y a ninguno le daremos la espalda ni diremos que no, pues esta es la voluntad del Padre.”

Aunque todo esto creo cierta incredulidad entre los presentes, respecto a la formación de una nueva Religión, al día siguiente, en la casa de la familia de Zélio, se reunieron un grupo de personas y a las 8:00 pm, se manifestó nuevamente el Caboclo das Sete Encruzilhiadas.

Declaro que se iniciaba en aquel momento un nuevo culto en el que los espíritus de los negros africanos, que habían servido como esclavos y desencarnados, no encontraban campo de acción en los remanentes de grupos negros, ya dedicados casi exclusivamente a trabajos de fetichismo y así mismo, los indios nativos de nuestras tierras podrían trabajar en beneficio de sus hermanos encarnados, cualquiera que fuera el color, la raza, el credo o la condición social.

El Caboclo procedió luego a dictar las normas, los horarios, el color blanco de la vestimenta, etc. Así quedo fundado el primer Templo de Umbanda, el “Templo de nuestra Señora de la Piedad”.

Dio, así mismo, el nombre de este movimiento religioso que se iniciaba: Aumbanda, o sea Umbanda, palabra de origen sánscrito que se puede traducir por “Dios a nuestro lado” o “Al lado de Dios”.

Así quedo fundado el primer Templo, el “Templo de Nuestra Señora de la Piedad”

Luego de dictar las normas, el caboclo paso a la parte practica de los trabajos, curando enfermos, haciendo andar a impedidos. Antes del termino de la sesión, se manifestó un Preto Velho (negro viejo), Pai Antonio, que vino a completar las curas.

En los días siguientes, una verdadera romería se formo en la calle donde quedaba la casa de Zélio (calle Floriano Peixoto, N° 30 en Neves). Enfermos, ciegos, paralíticos, venían en busca de cura y allí la encontraban en nombre de Jesús. Médium, cuyas manifestaciones eran consideradas locuras, dejaban los sanatorios y dieron pruebas de sus cualidades excepcionales.

Estaba fundada Umbanda en Brasil. El 15 de Noviembre seria posteriormente, el día de Umbanda.

Cinco años mas tarde, se manifestó el Orixá Malé, exclusivamente para la cura de obsesiones y combate de trabajos de magia negra.

Diez años después de fundada, el Caboclo das Sete Encruzilhiadas declaro que iniciaba la segunda parte de su misión: la creación de siete Templos, que serian el núcleo del cual se propagaría la Religión de Umbanda.

Estos fueron: “Templo del Señor del Bon fim”, “Templo de Santa Bárbara”, “Templo de Cosme y Damián”, “Templo de Nuestra Señora de la Concepción”, “Templo de San Sebastián”, “Templo de San Jorge” y “Templo de San Jerónimo”.

En 1.933 estaban fundados los siete Templos indicados por el Caboclo das Sete Encruzilhiadas, siendo curiosa la fundación del séptimo, que recibiría el nombre de San Jerónimo (la casa de Xango). Faltaba un dirigente adecuado, cuando una noche de un Jueves, José Álvarez Pessoa, espiritista y estudioso de todas las ramas del espiritualismo, no dando mucho crédito a lo que le relataban sobre las maravillas ocurridas en Neves (primero de los Templos), resolvió verificar personalmente lo que pasaba.

Luego que se asomo en la puerta de la sala en la que se reunían los discípulos, con el Caboclo das Sete Encruzilhiadas, este interrumpió su discurso y dijo: “ya podemos fundar el Templo de San Jerónimo, su dirigente acaba de llegar”.

Pessoa causo mucha sorpresa, pues era un desconocido en el lugar, no había anunciado su visita y había asistido apenas para verificar la veracidad de lo que contaban. Después de un breve dialogo en el cual el caboclo demostró conocer a fondo a su visitante, José Álvarez Pessoa asumió la responsabilidad de dirigir el ultimo de los siete templos que la entidad creaba.

Decenas de Templos serian fundados posteriormente, bajo la orientación directa o indirecta del Caboclo das Sete Encruzilhiadas.

Expansión:

El culto crecería rápidamente en la segunda mitad del siglo XX, principalmente entre la población negra, siendo que en 1960 en Brasil había 50.000 terreiros y en 1980 ya había 300.000. En esa década en Uruguay habían 300 terreiros y en Argentina 200. Hasta la segunda mitad del siglo XX todas las religiones afro brasileñas eran consideras delictivas por el gobierno brasileño y eran objeto de represión periódica.

Pero más recientemente se han convertido en parte importante de la cultura popular brasileña sobre todo en el centro de Brasil y en ciudades como Río de Janeiro o Salvador de Bahía y novelistas y músicos han escrito o cantado sobre ellas. Varias de las obras de Jorge Amado, por ejemplo, tratan de la vida de la población negra, afro brasileña. Compositores como Tom Jobim, Raul Seixas, Toquinho, Geraldo Vandré y Clara Nunes le han cantado a Umbanda. En la década de 1970, el poeta Vinícius de Moraes se casó con su última esposa, Gesse, en una ceremonia umbandista presenciada por muchas figuras prominentes de la cultura y la política brasileña. Umbanda tiene muchas cosas en común con Quimbanda (o Kimbanda) la cual clama su identidad por separado, reivindicándose como más africana y apartada del candomblé y la macumba.

Recientemente algunos grupos evangelistas cristianos (como la Iglesia Universal del Reino de Dios), que han ganado una gran cantidad de seguidores en Latinoamérica desde 1990, han comenzado a atentar contra los intereses de Umbanda y en algunos casos han perseguido a seguidores de esta y otras religiones afro brasileñas empleando la violencia.

En la fuerza del rayo y la tempestad.

Taranis (1) es un dios de la mitología celta, cuyo culto se desarrolló sobre todo en la Galia y la Bretaña romana.

Era el dios del trueno, la luz y el cielo, representado como un hombre con barba a pie o montado caballo, portando en una mano un rayo o una rueda, o en ocasiones ambas cosas. Formaba parte de la triáda llamada “dioses de la noche” junto a Esus, dios o señor de los árboles, y Teutates, dios guerrero. Al igual que su compañero Teutates, también simbolizaba la lucha; druidas le dedicaban sacrificios, para calmarlo, ya que sus creencias atribuian a Taranis las tempestades y las tormentas, pudiendo “hacer caer el cielo sobre sus cabezas”.

Su nombre proviene de taran, trueno, y podría asemejarse con Thor, de la mitología nórdica, o Jupiter, de la romana. De hecho, se le considera el equivalente celta de Thor, quién es para las tribus nórdicas, la personificación del Cielo y las tempestades, la luz, el bien y la civilización. Sin embargo, a diferencia de Thor, cuyo simbolo era el rayo y el martillo ( simbolo que hace enfásis en su fuerza y la violencia de su proceder), el emblema de Taranis es la rueda celeste en forma de roseta, símbolo del rayo y la energía solar. Se representaba como un jinete cuyo caballo estaba parado sobre la espalda de un gigante tendido en tierra, que ocasionalmente podía ser “anguípedo: cuerpo humano y piernas como serpientes o colas de pez. Este monstruo, que nos recuerda al viejo gigante serpiente del Midgard, simbolizaba las fuerzas telúricas terrestres, las oscuras energías subterráneas sometidas por las luminosas energías celestes.

Protector de los Celtas:

En la Galia céltica abundaron este tipo de estatuas de Taranis protector, levantadas para evitar que el cielo cayese sobre sus cabezas. Eran tan apreciadas por el pueblo que en las villas galo-romanas del siglo III E.C. todavía eran corrientes, a pesar del avance cristiano. Por el contrario, en la Hispania celtíbera las imágenes-amuleto de Taranis adquirieron su máximo desarrollo en forma de “fibulas”. Estos pequeños broches metálicos, que servían para sujetar los vestidos, reproducen al dios a lomos de un caballo bajo cuyas patas se arrastra la diabólica serpiente con cabeza de gigante.

Sabiendo esto, no deja de resultar curioso que sea en Francia donde abundan las grandes esculturas medievales del Caballero, mientras que en España la mayoría de ellos están sobre pequeños capiteles, salvo la escultura de Carrión de los Condes (Palencia) y los altorrelieves de Armentia (Alava) y la Catedral de León.

Para la Tradición de Brujeria que practica mi familia, Taranis es el Dios de la fuerza del rayo y las tormentas. De la misma forma su energía se vincula con las grandes pasiones, tanto amorosas como de carácter. Se invoca durante los rituales que se realizan antes de la luna llena de Junio y Agosto, debido a que en estas celebraciones de plenilunio se busca la manifestación palpable de la fuerza de voluntad personal, las emociones y la determinación intelectual para continuar el camino de la magia.
(1) Hoy se celebra el rito de Taranis, como dado de la fuerza de la renovación en el rayo y la voz del viento de las tormentas.

Entre el Prejuicio y la Verdad.

Leyendo algunas reseñas sobre cine, encontré la maravillosa noticia eue va a salir una nueva película sobre l Jane Austen: Becoming Jane, que se supone será basada en su biografía. De seguro será algo muy cursi… eso me encanta. Creo que no hay otra manera de definir a la maravillosa escritora como no sea una gran románticas, con esporádicas inspiraciones cínicas, lo cual la convierte, indudablemente en una de mis favoritas de siempre.

Creo que la obra de Jane Austen como novelista estuvo influenciada por el período histórico que le tocó vivir: La regencia Inglesa, es decir entre la época georgiana y la victoriana. La ironía que emplea para dotar de comicidad a sus novelas hace que su perspectiva sobre la vida tome un tono atemporal y tenga una forma enorme que puede encajar incluso en nuestra época. Recuerdo haber leído Emma a la edad de diez años y haberme sentido increiblemente identificada con el personaje principal, a pesar de los casi dos siglos de distancia que separaban el mundo que me tocó vivir y el Paraíso victoriano donde habitaba el personaje.

Nació en la rectoría de Steventon, Hampshire. Su familia pertenecía a la burguesía agraria, contexto del cual no salió y en el cual sitúa todas sus obras, siempre en torno al matrimonio de su protagonista. La candidez de las obras de Austen, sin embargo, es meramente aparente; si bien pueden interpretarse de varias maneras. Los círculos académicos siempre han considerado a Austen como una escritora conservadora, mientras que la crítica feminista más actual apunta que en su obra puede apreciarse una novelización del pensamiento de Mary Wollstonecraft sobre la educación de la mujer.

Sus obras han sido llevadas al cine en diferentes ocasiones, algunas veces reproducidas de forma fiel, y en otras haciendo adaptaciones a la época actual, como es el caso de Clueless, adaptación libre de Emma, o la versión de 2005 de Orgullo y prejuicio ( una de mis favoritas, obra del magnifico guión de Emma Thompson y la inmejorable actuación de Kate Wislet, entre otras actrices). El interés que la obra de Jane Austen sigue despertando hoy en día, muestra la vigencia de su pensamiento y la influencia que ha tenido en la literatura posterior. Creo sobre todo, que uno de los paradigmas de sus creaciones literarias, es la sinceridad y a la vez, la gran mordacidad con que la autora toca algunos tópicos inusuales para el momento histórico en que sus palabras nacieron. Leyendo de sus obras, siempre he sentido que Jean Austen era capaz de mirar el mundo con una honestidad que pocas veces es posible de plasmar en las letras: Una maravillosa y practicamente ilimitada inocencia para describir el mundo y crear a partir de sus imagenes, una idea concreta.

Una vida Singular:

Jane Austen nació el 16 de diciembre de 1775 en Steventon, Hampshire, Inglaterra, siendo la séptima hija del reverendo George Austen, el párroco anglicano de la localidad, y de su esposa Cassandra (cuyo apellido de soltera era Leigh). El reverendo Austen obtenía un suplemento a los ingresos de la familia dando clases particulares a alumnos que residían en la casa de los Austen. La familia estaba formada por siete hermanos, siendo Jane y su hermana mayor, Cassandra, las únicas mujeres. Cassandra y Jane eran confidentes, y hoy día se conserva una gran cantidad de las cartas que se escribían cuando estaban separadas, así como las que Jane envió a otros familiares.

En 1783, Jane y Cassandra acudieron a la casa de la Sra. Cawley, en Southampton, para proseguir su educación bajo su tutela, pero tuvieron que regresar a causa de la propagación de una enfermedad infecciosa en Southampton. Entre 1785 y 1786 Jane y Cassandra fueron alumnas de un internado en Reading, lugar que al parecer Jane retrató en el internado de la Sra. Goddard que aparece en su novela Emma. La educación que Austen recibió allí constituye toda la que recibió fuera del círculo familiar. Por otro lado sabemos que el reverendo Austen tenía una amplia biblioteca, y, según ella misma cuenta en sus cartas, tanto ella como su familia eran “ávidos lectores de novelas, y para nada avergonzados de ello” (véase sección cultura en la época Georgiana). Así que Austen leía novelas de Fielding y de Richardson, y leía también a Frances Burney. De hecho, tomó el título de Orgullo y prejuicio de una frase de esta autora, perteneciente a su novela Cecilia.

Entre 1782 y 1784, los Austen hicieron representaciones teatrales en la rectoría de Steventon, que entre 1787-1788 se hicieron más elaboradas gracias la colaboración de su prima, Eliza de Feuillide, (a quien dedicó Love and Freindship). En los años posteriores a 1787, Jane Austen escribió, para el divertimento de su familia, su Juvenilia, que incluye diversas parodias de la literatura de la época que se recogieron posteriormente en tres volúmenes. Entre 1795 y 1799 comenzó a redactar las primeras versiones de las novelas que luego se publicarían con los nombres de Sentido y sensibilidad, Orgullo y prejuicio y La abadía de Northanger (que entonces llevaban los títulos de Elinor and Marianne, First Impressions, y Susan, respectivamente). Probablemente también escribió Lady Susan en ésta época. En 1797, su padre quiso publicar Orgullo y prejuicio, pero el editor la rechazó.

No hay pruebas de que Jane fuese cortejada por ningún hombre, al margen de un ligero amor juvenil con Thomas Lefroy (pariente irlandés de una amiga de Austen), a la edad de 20 años. Sin embargo, en enero del año siguiente, 1796, escribió a su hermana diciendo que todo había terminado, pues él no podía permitirse casarse con Jane por motivos económicos. Poco después, una tía de Lefroy trato de juntar a Jane con el reverendo Samuel Blackall, pero ella no estaba interesada.

En 1800 su padre decidió retirarse a Bath, ciudad que Jane no apreciaba mucho, posiblemente a causa de sus aguas termales. Mientras residía en Bath, la familia solía ir a la costa todos los verano, y fue en una de estas vacaciones cuando Jane conoció a un hombre que se enamoró de ella. Al partir, decidieron volver a verse, pero él murió. Lo que conocemos de esta historia no aparece en ninguna de sus cartas. Al parecer Cassandra se lo refirió a sus sobrinas, y no fue hasta años después que fue puesto por escrito. No se sabe hasta qué punto pudo esto afectar a Austen, aunque algunos creen que pudo inspirar su obra Persuasión.

En diciembre de 1802, estando Jane y Cassandra con la familia Bigg, cerca de Steventon, Harris Bigg-Wither pidió a Jane en matrimonio, y ella dio su consentimiento. Sin embargo, al día siguiente rompió el compromiso, y junto a Cassandra, se marchó apresuradamente a Bath. Cassandra se había comprometido con Thomas Fowle, que murió de fiebre amarilla en el Caribe en 1797. Thomas Fowle no tenía suficiente dinero como para casarse, de modo que el compromiso se venía posponiendo desde 1794. Había ido allí como militar para obtener dinero. Esta puede ser la fuente del rechazo por los compromisos largos que manifiestan algunos personajes de Jane Austen. Ni Jane ni Cassandra Austen se casaron nunca.

En 1803 Jane Austen consiguió vender su novela La abadía de Northanger (entonces titulada Susan) por 10 libras esterlinas, aunque el libro no se publicaría hasta catorce años más tarde. Es posible también que fuera entonces cuando comenzó a escribir The Watsons, aunque luego abandonaría la idea.

En enero de 1805 murió su padre, dejando a su mujer y a sus hijas (que eran ya las únicas que permanecían en la casa) en situación de precariedad económica, pues sus ingresos habían venido de su posición de párroco, y una vez muerto, estos cesaron. Dependían económicamente de sus hermanos, y de la pequeña cantidad que Cassandra había heredado de su prometido.

Southampton:

En 1806 se trasladaron a Southampton, ciudad situada convenientemente cerca de la base de la marina en Portsmouth, lo que permitía a las hermanas ver frecuentemente a sus hermanos Frank y Charles, que servían en la marina y llegarían ambos, con el tiempo, a almirantes.

En 1809 se mudaron a Chawton, cerca de Alton y Winchester, donde su hermano Edward podía albergarlas en una pequeña casa dentro de una de sus propiedades. Esta casa tenía la ventaja de estar en Hampshire, el mismo condado en que estaba la casa de su niñez. Una vez instaladas, Jane retomó sus actividades literarias revisando Sentido y sensibilidad, que fue aceptada por un editor en 1810 ó 1811, aunque la autora asumía los riesgos. Apareció el título de forma anónima, en octubre, con esta única anotación sobre su autoría: “By a Lady”. Según el diario de Fanny Knight, sobrina de Austen, ésta recibió una “carta de la tía Cass rogándome que no mencionara que la tía Jane era la autora de Sentido y sensibilidad”. Tuvo al menos dos críticas favorables, y se sabe que los beneficios para Austen tras su publicación fueron de 140 libras esterlinas.

Animada por el éxito, la autora lo intentó también con Orgullo y prejuicio, que vendió en noviembre de 1812, y se publicó en enero de 1813. Al mismo tiempo comenzó a trabajar en Mansfield Park. En 1813 la identidad de la autora de Orgullo y prejuicio comenzó a difundirse gracias a la popularidad de la obra—y la indiscreción de su familia—, sin embargo, al haber vendido los derechos sobre la obra (por 110£), no recibió ganancia de ello. Ese mismo año se publicó la segunda edición de ambas obras. En mayo de 1814 apareció Mansfield Park, obra de la que se vendieron todos los ejemplares en solo seis meses, y Austen comenzó a trabajar en Emma.

Era su hermano Henry, que vivía en Londres, quien se encargaba de negociar con los editores. Cuando Jane iba a Londres se quedaba en su casa. En 1813 Henry Austen fue tratado por el Sr. Clarke, médico del príncipe Regente, el cual, al descubrir que Austen era la autora de Orgullo y prejuicio y Sentido y sensibilidad, obras que apreciaba mucho, se lo comunicó a éste, solicitó a Henry que le fuera dedicada la siguiente novela de la autora—algo que es posible que no halagara a Austen, pues según una de sus cartas no guardaba una buena opinión de los príncipes a causa de sus conocidas infidelidades—.

En Chawton, Austen no gozaba de la misma privacidad que había tenido en Steventon, y es bastante famosa la anécdota narrada por James Austen-Leigh acerca de la puerta chirriante que Austen solicitó no fuera reparada, pues la avisaba de la llegada de algún visitante con la suficiente antelación como para esconder el manuscrito que estuviera escribiendo antes de que entrara en la habitación.

En diciembre de 1815 se publicó Emma, dedicada al príncipe regente, y, al año siguiente, una nueva edición de Mansfield Park. La segunda, sin embargo, no gozó del mismo éxito que sus obras anteriores, y las pérdidas de esta segunda edición hicieron que perdiera casi todo lo que había ganado con Emma. Comenzó Persuasión en agosto de 1815. Un año después empezó a encontrarse mal. A comienzos de 1817 comenzó Sanditon, pero tuvo que abandonarla por su estado de salud. Para recibir tratamiento médico fue trasladada a Winchester, donde falleció el 18 de julio de 1817. Sus últimas palabras fueron: “No quiero nada más que la muerte”. Tenía 41 años. En su testamento legó todo lo que tenía a su hermana Cassandra. Por aquel entonces no se sabía cual había sido la causa de su muerte, aunque en la actualidad que considera que fue la enfermedad de Addison. Está enterrada en la Catedral de Winchester.

Sus novelas Persuasión y La abadía de Northanger fueron preparadas para su publicación por Henry Austen, y vieron la luz a finales de 1817 en una edición combinada de cuatro volúmenes. Al igual que en sus novelas anteriores, su nombre no aparece citado, aunque sí se menciona que era la misma autora de las otras obras, y aparece una “nota biográfica sobre el autor”, anunciando su muerte.

El epitafio, en la catedral de Winchester, no menciona que fue la autora de sus conocidas novelas. En 1872, después de que James Edward Austen-Leigh publicara sus Memorias, se añadió una nueva placa explicando su condición de escritora y apuntando: “She opened her mouth with wisdom and in her tongue is the law of kindness.” (“Abrió su boca con sabiduría y en su lengua reside la ley de la bondad”).

El único retrato de la escritora considerado auténtico es un dibujo realizado para ilustrar las Memorias de Austen-Leigh, una reinterpretación realizada en época victoriana de un dibujo de su hermana. En la actualidad se puede ver en la National Gallery de Londres. A partir de éste han sido creadas todas las variaciones de retratos de Jane Austen que podemos encontrar hoy en día.

Existen asimismo dos museos dedicados a Jane Austen. El “Jane Austen Centre” , en Bath, es un museo público situado en una casa georgiana en Gay Street, justo unos metros antes del número 25, donde residió Austen en 1805. Por último, el “Jane Austen’s House Museum” se encuentra en la cabaña de Chawton, en Hampshire, lugar donde vivió la escritora desde 1809 hasta 1817.

Sociedad y época de Jane Austen:

Jane Austen vivió en la época de la regencia, que constituye un puente entre el período georgiano y el victoriano, aunque su obra literaria se caracteriza por describir con precisión la sociedad rural georgiana y no tanto los cambios que ésta estaba sufriendo con la llegada de la modernidad. Este cambio se basa en dos factores externos fundamentales: por un lado, la revolución agraria, que constituye el comienzo de la revolución industrial, y de sus importantes repercusiones sociales. Y por el otro, el colonialismo, las Guerras Napoleónicas y la extensión del Imperio Británico.

Con el advenimiento de la industrialización, el antiguo orden jerárquico que situaba en la cima a la nobleza y sus bienes heredados sufrió un proceso de cambio, al aparecer nuevas formas de adquirir riquezas. La revolución agraria había provocado un incremento en la población inglesa, que a su vez impulsó la economía al hacer crecer la demanda. Por primera vez en la historia de Gran Bretaña, el incremento de la población podía ser sustentado, gracias a las innovaciones introducidas en las técnicas de cultivo. En consonancia, una clase social hasta entonces minoritaria comenzó a hacerse notar y a ganar en importancia: la alta burguesía agraria. La población inglesa inició un éxodo del campo a la ciudad, buscando empleo en la industrialización incipiente y por ello se precisaba un nuevo conjunto de valores, pues la vieja tradición ya no puede cubrirlos. Para el comienzo de la era victoriana, la antigua jerarquía y lo que ella representaba habían quedado obsoletas. Por otro lado, las Guerras Napoleónicas (1804–1815) abrieron otro tipo de profesión mayoritaria en el ejército, que en los años siguientes continuó estando en alza dada la expansión del colonialismo; además, aparecieron héroes nacionales como el Duque de Wellington o Lord Nelson, lo que otorgaba cierto romanticismo a la profesión.

La era georgiana se caracterizó también por los cambios sociales en el aspecto político. Fue la época de las campañas para la abolición de la esclavitud, de la reforma de las prisiones o de las críticas a la minada justicia social. Fue también la época en la que los intelectuales comenzaron a plantearse políticas de bienestar social, y se construyeron orfanatos, hospitales y escuelas dominicales.

Cultura en la época georgiana:

Culturalmente, la época georgiana se caracterizó por el resurgimiento de la novela y por la discusión sobre si ésta era un género legítimamente literario y de calidad. De acuerdo con Ian Watt, en el ensayo The Rise of the Novel, el renacimiento de la novela está intrínsecamente enlazado al florecimiento de la clase media, que, a diferencia de la nobleza, no había sido educada con los clásicos, no conocía el latín ni el griego y tampoco compartía el interés por los temas de las literaturas clásicas. Otro factor importante es que la imprenta había hecho posible que la adquisición de libros fuera accesible a las clases no adineradas. El número de libros publicados creció, permitiendo así un incremento en el número de escritores profesionales. Dicho de otra forma, un nuevo tipo de lectores propició un nuevo tipo de escritura.

Sin embargo, una de las críticas que actualmente se hace a Watt es la exclusión de las escritoras de novelas en su descripción de los siglos XVIII y XIX. Hoy día se reconoce que más de la mitad de los autores de novelas durante esta época eran mujeres que a través de la escritura conseguían cierta independencia económica. Es cierto, no obstante, que la calidad de la mayoría de estas obras dejaba mucho que desear, pues estaba llena de tópicos y clichés en el lenguaje y los personajes, herencia de la novela gótica. En cuanto a la postura de Austen, ella defiende la novela como género de calidad, introduciendo discusiones sobre la literariedad prácticamente en todas sus obras, pero a su vez siendo crítica con el estilo de estas novelas de segunda categoría o mofándose incluso de ellas, en obras más paródicas como La abadía de Northhanger.

La educación de la mujer:

Durante la época de Jane Austen no existía un sistema educativo propiamente dicho, y la educación de los niños se llevaba a cabo en las escuelas dominicales, o, en las familias pudientes y más educadas, a través una institutriz y de tutores. Por otro lado existían algunas “escuelas para damas”, que por lo demás gozaban de mala reputación, pues la educación ‘‘real’’ que se recibía allí era muy deficiente. Por otro lado, también era común el mandar a los hijos varones a vivir a la casa de un tutor, como lo era el padre de Jane Austen. Creciendo en esa casa, podemos pensar que la autora fue una mujer muy instruida para su tiempo.

El tratado educativo más relevante para la época es el Emilio de Rousseau, que sienta sus bases en la Ilustración. Lo que proponía Rousseau es que todos los males de su época se originaban en la propia sociedad, y que la única alternativa era provocar una transformación en el hombre a través de la educación; una educación que lo permitiera liberarse de esa corrupción que provoca la sociedad. La influencia de la Ilustración hace que se comience a crear un sistema educativo fundado en la razón. Sin embargo, tanto en Rousseau como en muchos otros pensadores de la Ilustración, la mujer queda excluida de esta necesidad educativa. Es más, en el Emilio se hace referencia a la educación de la mujer a través de la sugerida para Sofía, la mujer destinada a casarse con Emilio: la mujer debe ser educada para cumplir con sus cometidos de esposa y madre, y obedecer a su marido. Siendo así no es de extrañar que numerosos tratados de conducta para mujeres jóvenes se popularizaran en el siglo XVIII, enseñando doctrinas morales y enfocando la educación hacia los aspectos domésticos, la religión y los “talentos”, y apartándolas de esos otros conocimientos que provocarían que la mujer fuese poco deseable a los ojos de los hombres.

Hay muchos pasajes en la obra de Jane Austen dedicados a los “talentos”, pero si hay algo que todas las obras tienen en común es que ninguna de sus heroínas está muy interesada por ellos. Por talentos nos referimos a las diferentes habilidades que una mujer que busca marido debe cultivar para atraer la atención de éste.

“Me resulta increíble,” dijo Bingley, “cómo todas las jóvenes tienen tanta paciencia como para cultivar todos esos talentos.” (…) “Todas pintan, forran biombos y hacen bolsitas de malla. No habré conocido a una que no sepa hacer todo esto, y estoy seguro de que jamás me han hablado de una chica por primera vez sin referírseme lo talentosa que era.” (…) “Una mujer debe tener un amplio conocimiento de música, canto, dibujo, danza, y lenguas modernas para merecerse esa palabra (talentosa); y, aparte de todo esto, debe haber algo en su aire y en su manera de andar, en el tono de su voz, en su forma de relacionarse con la gente y en su expresión, de no ser así, no merecerá completamente la palabra.”

Jane Austen, Orgullo y Prejuicio

Jane Austen aboga en sus novelas por una educación liberal para la mujer, alejada de todos estos “talentos”, pues considera que la falta de sensatez conlleva un gran riesgo para la vida social, para la elección de un futuro favorable y para la convivencia conyugal.

Inicios y formación como escritora:

No resulta fácil determinar cuándo fue el momento preciso en el que Jane Austen comenzó a escribir. La existencia de cuadernos de notas conteniendo relatos señalan que habría despertado su talento a temprana edad. En 1791, con tan sólo 16 años, ya disponía de un buen número de ejemplares almacenados. Sus primeros trabajos se caracterizan por ser de una extensión ligeramente inferior a la de sus obras más maduras, y por estar narrados en un inglés llano, fácil y libre de ornatos propios de muchos escritores. Siendo de una familia que promovía el aprendizaje, la lectura y las letras, Austen pronto desenvolvió un talento especial que le llevó a desarrollar su deseo de componer textos, siempre representando en ellos los valores familiares que ella estimaba como importantes.

En su concepción de la educación, tal y como expresó en sus novelas, el modelo de unos padres ejemplares era incluso más que suficiente para moldear la buena conducta de sus hijos. No cree estrictamente en la figura de la institutriz, tan común en la época, para criar a los niños, y así lo pone de manifiesto en boca de Elizabeth, la protagonista de Orgullo y prejuicio: “No tenemos institutriz, todo lo hacemos por nosotros mismos” (comentario dirigido a Lady Catherine de Bourgh, quien reacciona sorprendida por el mismo). Es evidente que Austen, pese a su presunto aislamiento literario, no era ajena a las tendencias de su tiempo, y así lo expone en sus obras, sobre todo en lo vinculado a la figura de la mujer. También en Orgullo y prejuicio, se presenta un debate entre los personajes en el volumen I, cuando Elizabeth discute con Mr Darcy, Mr y Miss Bingley, y Mrs Hurst en Netherfield, sobre lo que comúnmente era el prototipo de dama ideal. Para la aristocracia, un buen modelo era el de una mujer cultivada, que supiera hablar idiomas modernos, que supiera de música, de estilo, de varios temas, y que tuviera un cierto carisma y expresión que le favoreciera. Frente a esto, Elizabeth pone en duda si existe una mujer capaz de tener todas esas cualidades a la vez, a lo que responde: “No dudo que conozcáis sólo a una docena; dudo que conozcáis a alguna”.

Es evidente, además, que Austen hubiera deseado “escribir menos y leer más”. Así se lo hacía saber a su sobrina, Louisa Knight (1804-1899), poco antes de su muerte. Tampoco quiso, en vida, publicar algunas de sus obras, debido a que las consideraba impropias a tal efecto. Fue entonces cuando se propuso a pulir sus faltas de estilo y logró convencer a su familia de que desistiera en su intención de llevar sus primeros trabajos a una editorial.

Características principales de su obra:

Con Austen surgió un nuevo estilo de novela, que difería de los anteriores en los temas que trataba. Según Richard Whately, en su análisis sobre la técnica y el efecto moral en la ficción de Jane Austen, su obra no altera nuestra credibilidad ni sorprende nuestra imaginación pese a contar con una amplia variedad de incidentes. Aquellas figuras de afección y sensibilidad romántica, agrega, eran primeramente atributos de personajes ficticios, siendo poco usuales entre aquellos de carne y hueso, es decir, de los que viven y mueren. La mayor parte de esta excitación encuentra su clímax mediante la repetición indiscriminada de la misma, el arte de copiar de la naturaleza, dado que se encuentra presente en todos los aspectos de la vida. Este panorama se expone ante un lector no como una sucesión de escenas propias de un mundo imaginario, sino que, en definitiva, la obra de Austen se centra en aspectos cotidianos y, por tanto, afines a la vida real. La variedad, el entretenimiento y el camino incierto del protagonista son temas que la autora aborda en la casi totalidad de sus obras. No es de menor importancia la prioridad que presta al detalle, y a la descripción realista e ilustrada de personajes y lugares.

Sus novelas contienen un mensaje instructivo, señalan el buen comportamiento y aportan una especie de experiencia ficticia, aunque siempre manteniendo los principios clásicos aristotélicos de verosimilitud, esto es, que sea acorde a la realidad y ofrezca, por consiguiente, una historia donde los elementos que la constituyen se presten a la veracidad de los hechos que se narran.

Durante la primera mitad del siglo XVIII, la función moralizadora había corrido por cuenta de ensayistas como Joseph Addison o Richard Steele, que denunciaban en sus periódicos los abusos cometidos por la sociedad británica contemporánea. Estos artículos se encontraban impregnados de una fuerte connotación satírica, cuyo papel era el de modelar mediante la ridiculez y la expresión jocosa los pilares que debían regir el buen comportamiento del ser humano.

A partir del siglo XIX, sin embargo, esa función pasó a formar parte del canon a través del cual se habrían de regir los nuevos novelistas. La narración, tanto en el caso del cuento como en el de la novela, construiría esos modelos de comportamiento a través de la representación de los mismos. Este mecanismo no se centraría en describir diversos prototipos de clases sociales, sino de ofrecernos sus características fundamentales a raíz de uno o varios personajes que pertenecen a cada una de esas clases. Estos personajes, por otra parte basados en el lector común, buscaban que el receptor del texto se sintiera de alguna manera identificado con ellos, sintiéndose, como resultado, atraído por las circunstancias que les deparará el destino. En el caso de Jane Austen, en su novela de Orgullo y prejuicio, Elizabeth Bennet, la protagonista, y su familia, pertenecen a una clase social media baja. Mr. Darcy y otros personajes como Mr. Bingley y Lady Catherine de Bourgh, son claros iconos de la burguesía del momento. La escritora busca romper estas barreras sociales, mostrándose reacia a la incapacidad de movilidad social típica de la época, y concluye con el matrimonio de los protagonistas, el contrato civil, y la fusión de clases.

Jane Austen demuestra tener un buen gusto por el decoro y por la utilidad, ambas influidas por su religión cristiana y el tenor moral de su composición. Ella misma reconocía en sus obras la característica de un “sermón dramático”. El aspecto didáctico, por otra parte, es expresado de forma concisa, es decir, ocurre de forma accidental durante el transcurso de la obra y no se presenta ante el lector de una forma forzada, sino más bien natural. Austen se muestra predispuesta a enseñar a sus lectores, no mediante discursos éticos en sentido estricto, sino a través de eventos que no son ajenos a la vida de cualquiera de las personas que se adentran en la historia. La novela de Austen constituye una unidad racional de historias y sucesos entrelazados para crear un argumento común (véase fábula) y lógico. Pocas veces se puede percibir el desenlace de su obra, y cada episodio que la conforma es el resultado de los eventos que tuvieron lugar con anterioridad.

Intertextualidad:

Se suele decir de Jane Austen que fue una escritora aislada de la influencia de otros autores de su tiempo, y de la vida social más allá de la rectoría de Steventon en la que vivía, y de la burguesía rural que conformaba la sociedad que la rodeaba.

“Jane Austen vivió aislada del mundo literario: no conoció a ninguno de los autores contemporáneos ni por carta ni por trato personal. Pocos de sus lectores conocían su nombre, y ciertamente ninguno conocía más de ella que eso. Dudo que fuera posible mencionar a cualquier otro autor notable que viviera en una oscuridad tan completa. No puedo pensar de ninguno que viviera como ella, sino en muchos con los que contrastarla en ese respecto”

Memorias de Jane Austen, Edward Austen-Leigh

Esto, sin embargo, no es del todo cierto: sabemos por las cartas que se enviaban ella y Cassandra que las dos hermanas Austen viajaron con frecuencia a casas de amigos y familiares, y también que Austen estaba familiarizada con muchas de las obras que se publicaron entonces. Se puede encontrar prueba de esto en la intertextualidad que aparece en sus obras, pues a veces permite al lector formular juicios sobre los personajes, o hacer que estos se juzguen unos a otros a través de un simple contraste en las lecturas que éstos recomiendan o los fragmentos de texto que leen. Por ejemplo, una forma de ridiculizar a Mr. Collins, en Orgullo y prejuicio, es hacerle leer a sus primas los Sermones de Fordyce, un manual destinado a formar moralmente a las jóvenes que contradecía en muchos aspectos lo que Jane Austen consideraba propio para la educación de éstas. Hay más referencias explícitas en la obra de Austen, por ejemplo, en La abadía de Northanger, que es una parodia de las novelas góticas. La protagonista, Catherine Morland, está leyendo una novela de Ann Radcliffe, Los misterios de Udolfo. Catherine es un personaje que está muy relacionado con las heroínas de novela populares de la época, aquejada de cierto tipo de quijotismo, en el que las novelas de caballería se ven sustituidas por las novelas góticas; ve su vida como la de una de éstas heroínas, y como las novelas de Jane Austen se definen mejor como novelas de formación o Bildungsroman, Catherine debe aprender que la vida no es como la plantean las novelas.

Sabemos por la novelas y las cartas que Austen leyó a autores como Fanny Burney, Maria Edgeworth, Ann Radcliffe, Daniel Defoe, Henry Fielding, Laurence Sterne, y Samuel Richardson; a ensayistas como Joseph Addison y Richard Steele o a poetas tales William Cowper y George Crabbe. Lo más destacable, quizá, no es a quién leía, sino a quién no; faltan aquí los nombres de los románticos: William Wordsworth, Coleridge, o Lord Byron; este último brevemente mencionado en Persuasión, quizá su única novela con ciertas pinceladas románticas. Pero en general, Jane Austen, en su manejo de la ironía, está más a la par con los autores del neoclasicismo, como Alexander Pope o Jonathan Swift.

Criticas a la obra de Jane Austen:

Austen no fue considerada una gran novelista (apta para entrar en el canon), hasta entrado el siglo XIX. Aunque la mayoría de sus obras aparecieron bajo pseudónimo, fueron, sin embargo, ampliamente conocidas y recibieron numerosas críticas.

Fue Sir Walter Scott quien dio un empujón a su obra gracias a su favorable reseña de Emma. . Lo que apunta Scott en esta reseña son los puntos que van a repetirse en casi todas las críticas posteriores de Austen. Por un lado, tenemos el espacio, pues la originalidad de su obra radica en que crea entretenimiento a través de retratos de lugares y situaciones comunes para sus lectores. Sus personajes son casi sin exclusión personas de la clase media, movidos por principios que pueden ser comunes a los de cualquier lector, enclavados no en las exóticas colonias, sino en la campiña inglesa. Scott, además, agrega: “Esa joven dama tiene un talento para describir las relaciones de sentimientos y personajes de la vida ordinaria, lo cual es para mí lo más maravilloso con lo que alguna vez me haya encontrado”.

En la última novela de Austen, Persuasión, muchos personajes leen alguna obra escrita por Scott y la elogian, pero es Marianne Dashwood en Sentido y sensibilidad quien menciona a Scott como uno de sus favoritos.

Estos mismos argumentos que emplea Scott pueden verse en otras críticas que apuntan a lo limitado de los temas que trata Austen, por ejemplo, en los artículos de Q.D Leavis en The Spectator. Las Guerras Napoleónicas no son tratadas más que en las figuras de los oficiales, ni tampoco se muestran las consecuencias trágicas que la guerra tuvo para muchas familias, ni asuntos políticos o sociales. De entre todos los personajes de sus novelas, ninguno es un sirviente, o pertenece a la clase baja. Salvo en Mansfield Park, tampoco se hacen referencias a las colonias, aún siendo esto común en las novelas de la época, en la que algunos personajes eran enviados a ellas, donde se enriquecían, y volvían con aventuras exóticas que narrar.

Austen contó además con la admiración de Thomas Babington Macaulay (quien pensaba que en el mundo no existían composiciones más próximas a la perfección), Samuel Taylor Coleridge, Robert Southey, Sydney Smith, Edward FitzGerald, y el príncipe regente, que se las apañaba para que ella le visitara en Brighton. Los académicos del siglo XX la situaron entre las escritoras más genuinas en lengua inglesa, algunas veces incluso comparándola con William Shakespeare. Tanto Lionel Trilling como Edward Said escribieron ensayos sobre las obras de Austen. Said hizo referencia sobre todo a Mansfield Park en su obra publicada en 1993, Culture and Imperialism.

Trilling afirmó en un ensayo sobre Mansfield Park:

“Fue Jane Austen quien primero representó la personalidad específicamente moderna y la cultura en la que ésta se produce. Nunca antes se había mostrado la vida moral como ella lo hace ver, y nunca antes se había creído que fuera tan compleja, difícil y exhaustiva. Hegel habla de la “secularización de la espiritualidad” como una característica fundamental de la modernidad, y Jane Austen es la primera en contarnos lo que esto supone”.

En este aspecto, quizá la peor crítica (y más conocida) proviene de Charlotte Brontë, pues sus opiniones eran tan distintas que «salvo por el hecho, posiblemente relevante, de que ninguna de ellas tuvo hijos, […], temperamentos más incongruentes no podrían haberse juntado en una habitación». En 1848, en una carta a George Lewes, quien había sugerido tras leer Jane Eyre que debería escribir con menos sentimentalismo como Jane Austen. Brontë contesta diciendo que todo lo que encontró tras leer Orgullo y prejuicio era «un preciso daguerrotipo de una faceta común; un jardín cerrado y cuidadosamente cultivado, de bordes limpios y flores delicadas; pero ni una vívida y brillante fisionomía, ni campo abierto, aire fresco, colina azul, o arroyo estrecho».

La primera reacción del escritor estadounidense Mark Twain fue el rechazo:

“¿Jane Austen? Porque, voy aún más lejos al decir que cualquier biblioteca es buena siempre que no contenga algún volumen por Jane Austen. Incluso si no tiene otro libro”.

Sin embargo, Rudyard Kipling lo veía de otra manera, llegando a escribir una historia corta, “The Janeites”, acerca de un grupo de soldados que eran también admiradores de Austen, así como dos poemas elogiando a la “Jane de Inglaterra” (England’s Jane), y dedicándole amor póstumo verdadero.

Desde otra perspectiva, las novelas de Jane Austen, según comenta Richard Simpson (1820-1876) en The Critical Faculty of Jane Austen (1870), presuponen una sociedad organizada de familias, de padres casados, cuya existencia se complementa en haber dado origen a los héroes y heroínas de las diferentes historias. Estos personajes casi siempre están representados en armonía. El sentimiento, la estupidez, la frialdad y otras sensaciones, acompañan la vida cotidiana en consonancia con la felicidad y el bienestar.

Austen se encontraba a gusto con su familia y no deseaba contraer matrimonio; de ahí que en sus obras primen sentimientos como el amor fraternal y la amistad. Su condición de soltera le valió para observar y describir los males del amor desde una perspectiva ajena a su situación. Simpson creía además que Jane Austen excedía la verdad en sí misma, y caracterizaba a sus personajes con una fe que, sin embargo, se las apañaba para convivir con un cierto escepticismo.

Esta autora no utiliza un modelo de personaje, virtud o vicio perfecto. Su filosofía consiste no sólo en rescatar la luz de bondad en lo que se presenta como su opuesto, sino también destacar lo débil y efímero de lo bueno. Es su concepción del ser humano como ser social, y por tanto no individual, lo que la lleva a abstraerlo y aislarlo. Además, el hombre, para la autora, es el producto de las influencias sociales que actúan sobre él. Por otro lado, la virtud se halla relacionada a las diversas formas de parecer, impulsada por la lucha y el deseo de superación. El hombre no es estático, sino que se mueve constantemente, y así lo hacen sus ideas.

Es un hecho común que en las novelas de Austen encontremos pequeños grupos sociales, generalmente compuestos por familias que vivían en asentamientos rurales. Su obra demuestra como se mantuvo indiferente a los debates políticos de su tiempo, a la vez que exponen el medio rural sobre el que se abordan distintas mentalidades y formas de pensar, sin la necesidad de caer en diferencias importantes de clase.

Jane Austen, además, se caracterizó por presentar a sus heroínas en un estado de juventud e inmadurez, pero lleno de buena disposición. De mentalidad platónica, consideraba al alma como el epicentro de la unidad familiar, no como una república. Los conflictos se daban dentro de la familia, y no suponían un atentado contra la figura paterna, ni mucho menos un castigo capital por algún error cometido durante el transcurso de la acción. Sí trata, en cambio, de los matrimonios por conveniencia, del problema de la herencia, de la necesidad de castidad en determinadas situaciones, la virtud de la mujer (y del hombre en menor medida), y los valores que consideraba necesarios en toda sociedad.

Crítica feminista:

Conforme a lo expuesto por Margaret Oliphant (1822-1897), una novelista y crítica literaria inglesa, en su obra Miss Austen and Miss Mitford, los personajes de la autora no son refinados y suelen aparecer en el mismo contexto. La pobreza en la novela de Austen, afirma, es el resultado de un problema de patrimonio económico o la consecuencia de una muerte prematura del patriarca familiar. Según Oliphant, sus obras se enfrentan con el límite impuesto por el conocimiento y la naturaleza. Los personajes crecen y maduran a lo largo de la historia, adquieren poder y nobleza.

El estilo es suave y resalta el aspecto ridículo del argumento. Austen se compadece de los personajes que sufren, pero no parece sentir pena por su situación en ningún momento. La mentalidad que imprime en sus obras es meramente femenina, asociada a una mujer que dispone de tiempo suficiente como para explorar el mundo que le rodea, asistir a bailes y conferencias.

Sus escritos exponen a menudo las peculiaridades, la ingenuidad y lo absurdo de la mente humana. También incluyen muestras de tolerancia, paciencia y caridad (si bien no proveniente del principio cristiano). La escritora, además, presenta rasgos de incredulidad, y enseña a sus lectores los errores cometidos por el hombre, distanciándolos con cierto tono humorístico, de lo que comúnmente se asocia con la idea de lo que está bien y de lo que está mal.

Desde el punto de vista de un feminismo más moderno, encontramos una evolución: si en 1975 Marilyn Butler, sostenía que las novelas de Austen perpetuaban esas mismas construcciones sociales que subyugaban a la mujer al matrimonio y a la esfera doméstica, la refutación que Sandra Gilbert y Susan Gubar hacen a tal afirmación desde su obra La loca del ático asegura que, por el contrario, los personajes que conforman el argumento principal de las novelas contradicen esas convenciones defendiendo una educación racional para la mujer y que por tanto, aunque no se puede emplear el calificativo de feminista (como lo entendemos actualmente) para la obra de Jane Austen, sí que se pueden encontrar ciertos elementos distintivos de inconformismo en ella. Ya en los 90, la crítica india Meenakshi Mukherjee sugiere un contraste entre las obras de Jane Austen y Mary Wollstonecraft, pues al igual que ésta última hizo en su obra Vindicación de los derechos de la mujer, las heroínas de las obras de Jane Austen abogan por ser tratadas como “criaturas racionales”.

El dilema sobre la educación de la mujer fue crucial en el siglo XVIII, y según asegura Mukherjee, “cada una de las seis novelas presenta una profunda contradicción entre el dominio de la razón dominante en la sociedad de la Inglaterra del XVIII y los valores a los que, hipócritamente, se esperaba que la mujer se adhiriera.” Por otro lado, la idea de Austen como conservadora puede tener que ver con la imagen que su familia mostró de ella después de su muerte, a través de la selección de cartas y de las memorias de Austen-Leigh. El inteligente uso de la comedia es lo que permite que la obra de Austen no parezca inconformista. Por otro lado, dice Mukherjee, no se puede perder de vista la época y los hechos recientes que podrían haber afectado su escritura. Una generación separa a Jane Austen de Mary Wolstonecraft, y para cuando Austen comenzó a escribir sus novelas, las ideas de ésta se expandían rápidamente, expansión que probablemente se debía en parte al escándalo provocado por las Memorias de Godwin. Sin embargo, este escándalo refrenó en cierta manera el progreso del feminismo, pues se siguió de un retroceso a los valores conservadores, y es en este ambiente en el que Austen escribe, creando un equilibrio en sus obras entre lo que es vindicativo y lo simplemente entretenido y aceptable, dulcificado a través del humor.

Definitivamente, Jean Austen fue la precursora de un nuevo discurso en la creación literaria femenina. No solo dió sentido a la visión intima de la mujer sobre el mundo que le rodeaba, sino que otorgó un enorme valor a la construcción anecdótica de una visión profundamente personal de las cosas. Con Austen, la novela costumbrista Inglesa tomó un nuevo rumbo y creo en si misma una nueva visión con rudimentos propios.

Sí, creo que Jean Austen siempre será la sonriente voz en medio de la calma plomiza de las grandes historias de finales agrios. Como incondicional lectora suya que soy, espero con impaciencia el estreno de la pelicula que – espero – recreará su vida y sobre todo su poderosa circunstancia. Aqui incluyo el trailer para los interesados.

Entre el Prejuicio y la Verdad.

Leyendo algunas reseñas sobre cine, encontré la maravillosa noticia eue va a salir una nueva película sobre l Jane Austen: Becoming Jane, que se supone será basada en su biografía. De seguro será algo muy cursi… eso me encanta. Creo que no hay otra manera de definir a la maravillosa escritora como no sea una gran románticas, con esporádicas inspiraciones cínicas, lo cual la convierte, indudablemente en una de mis favoritas de siempre.

Creo que la obra de Jane Austen como novelista estuvo influenciada por el período histórico que le tocó vivir: La regencia Inglesa, es decir entre la época georgiana y la victoriana. La ironía que emplea para dotar de comicidad a sus novelas hace que su perspectiva sobre la vida tome un tono atemporal y tenga una forma enorme que puede encajar incluso en nuestra época. Recuerdo haber leído Emma a la edad de diez años y haberme sentido increiblemente identificada con el personaje principal, a pesar de los casi dos siglos de distancia que separaban el mundo que me tocó vivir y el Paraíso victoriano donde habitaba el personaje.

Nació en la rectoría de Steventon, Hampshire. Su familia pertenecía a la burguesía agraria, contexto del cual no salió y en el cual sitúa todas sus obras, siempre en torno al matrimonio de su protagonista. La candidez de las obras de Austen, sin embargo, es meramente aparente; si bien pueden interpretarse de varias maneras. Los círculos académicos siempre han considerado a Austen como una escritora conservadora, mientras que la crítica feminista más actual apunta que en su obra puede apreciarse una novelización del pensamiento de Mary Wollstonecraft sobre la educación de la mujer.

Sus obras han sido llevadas al cine en diferentes ocasiones, algunas veces reproducidas de forma fiel, y en otras haciendo adaptaciones a la época actual, como es el caso de Clueless, adaptación libre de Emma, o la versión de 2005 de Orgullo y prejuicio ( una de mis favoritas, obra del magnifico guión de Emma Thompson y la inmejorable actuación de Kate Wislet, entre otras actrices). El interés que la obra de Jane Austen sigue despertando hoy en día, muestra la vigencia de su pensamiento y la influencia que ha tenido en la literatura posterior. Creo sobre todo, que uno de los paradigmas de sus creaciones literarias, es la sinceridad y a la vez, la gran mordacidad con que la autora toca algunos tópicos inusuales para el momento histórico en que sus palabras nacieron. Leyendo de sus obras, siempre he sentido que Jean Austen era capaz de mirar el mundo con una honestidad que pocas veces es posible de plasmar en las letras: Una maravillosa y practicamente ilimitada inocencia para describir el mundo y crear a partir de sus imagenes, una idea concreta.

Una vida Singular:

Jane Austen nació el 16 de diciembre de 1775 en Steventon, Hampshire, Inglaterra, siendo la séptima hija del reverendo George Austen, el párroco anglicano de la localidad, y de su esposa Cassandra (cuyo apellido de soltera era Leigh). El reverendo Austen obtenía un suplemento a los ingresos de la familia dando clases particulares a alumnos que residían en la casa de los Austen. La familia estaba formada por siete hermanos, siendo Jane y su hermana mayor, Cassandra, las únicas mujeres. Cassandra y Jane eran confidentes, y hoy día se conserva una gran cantidad de las cartas que se escribían cuando estaban separadas, así como las que Jane envió a otros familiares.

En 1783, Jane y Cassandra acudieron a la casa de la Sra. Cawley, en Southampton, para proseguir su educación bajo su tutela, pero tuvieron que regresar a causa de la propagación de una enfermedad infecciosa en Southampton. Entre 1785 y 1786 Jane y Cassandra fueron alumnas de un internado en Reading, lugar que al parecer Jane retrató en el internado de la Sra. Goddard que aparece en su novela Emma. La educación que Austen recibió allí constituye toda la que recibió fuera del círculo familiar. Por otro lado sabemos que el reverendo Austen tenía una amplia biblioteca, y, según ella misma cuenta en sus cartas, tanto ella como su familia eran “ávidos lectores de novelas, y para nada avergonzados de ello” (véase sección cultura en la época Georgiana). Así que Austen leía novelas de Fielding y de Richardson, y leía también a Frances Burney. De hecho, tomó el título de Orgullo y prejuicio de una frase de esta autora, perteneciente a su novela Cecilia.

Entre 1782 y 1784, los Austen hicieron representaciones teatrales en la rectoría de Steventon, que entre 1787-1788 se hicieron más elaboradas gracias la colaboración de su prima, Eliza de Feuillide, (a quien dedicó Love and Freindship). En los años posteriores a 1787, Jane Austen escribió, para el divertimento de su familia, su Juvenilia, que incluye diversas parodias de la literatura de la época que se recogieron posteriormente en tres volúmenes. Entre 1795 y 1799 comenzó a redactar las primeras versiones de las novelas que luego se publicarían con los nombres de Sentido y sensibilidad, Orgullo y prejuicio y La abadía de Northanger (que entonces llevaban los títulos de Elinor and Marianne, First Impressions, y Susan, respectivamente). Probablemente también escribió Lady Susan en ésta época. En 1797, su padre quiso publicar Orgullo y prejuicio, pero el editor la rechazó.

No hay pruebas de que Jane fuese cortejada por ningún hombre, al margen de un ligero amor juvenil con Thomas Lefroy (pariente irlandés de una amiga de Austen), a la edad de 20 años. Sin embargo, en enero del año siguiente, 1796, escribió a su hermana diciendo que todo había terminado, pues él no podía permitirse casarse con Jane por motivos económicos. Poco después, una tía de Lefroy trato de juntar a Jane con el reverendo Samuel Blackall, pero ella no estaba interesada.

En 1800 su padre decidió retirarse a Bath, ciudad que Jane no apreciaba mucho, posiblemente a causa de sus aguas termales. Mientras residía en Bath, la familia solía ir a la costa todos los verano, y fue en una de estas vacaciones cuando Jane conoció a un hombre que se enamoró de ella. Al partir, decidieron volver a verse, pero él murió. Lo que conocemos de esta historia no aparece en ninguna de sus cartas. Al parecer Cassandra se lo refirió a sus sobrinas, y no fue hasta años después que fue puesto por escrito. No se sabe hasta qué punto pudo esto afectar a Austen, aunque algunos creen que pudo inspirar su obra Persuasión.

En diciembre de 1802, estando Jane y Cassandra con la familia Bigg, cerca de Steventon, Harris Bigg-Wither pidió a Jane en matrimonio, y ella dio su consentimiento. Sin embargo, al día siguiente rompió el compromiso, y junto a Cassandra, se marchó apresuradamente a Bath. Cassandra se había comprometido con Thomas Fowle, que murió de fiebre amarilla en el Caribe en 1797. Thomas Fowle no tenía suficiente dinero como para casarse, de modo que el compromiso se venía posponiendo desde 1794. Había ido allí como militar para obtener dinero. Esta puede ser la fuente del rechazo por los compromisos largos que manifiestan algunos personajes de Jane Austen. Ni Jane ni Cassandra Austen se casaron nunca.

En 1803 Jane Austen consiguió vender su novela La abadía de Northanger (entonces titulada Susan) por 10 libras esterlinas, aunque el libro no se publicaría hasta catorce años más tarde. Es posible también que fuera entonces cuando comenzó a escribir The Watsons, aunque luego abandonaría la idea.

En enero de 1805 murió su padre, dejando a su mujer y a sus hijas (que eran ya las únicas que permanecían en la casa) en situación de precariedad económica, pues sus ingresos habían venido de su posición de párroco, y una vez muerto, estos cesaron. Dependían económicamente de sus hermanos, y de la pequeña cantidad que Cassandra había heredado de su prometido.

Southampton:

En 1806 se trasladaron a Southampton, ciudad situada convenientemente cerca de la base de la marina en Portsmouth, lo que permitía a las hermanas ver frecuentemente a sus hermanos Frank y Charles, que servían en la marina y llegarían ambos, con el tiempo, a almirantes.

En 1809 se mudaron a Chawton, cerca de Alton y Winchester, donde su hermano Edward podía albergarlas en una pequeña casa dentro de una de sus propiedades. Esta casa tenía la ventaja de estar en Hampshire, el mismo condado en que estaba la casa de su niñez. Una vez instaladas, Jane retomó sus actividades literarias revisando Sentido y sensibilidad, que fue aceptada por un editor en 1810 ó 1811, aunque la autora asumía los riesgos. Apareció el título de forma anónima, en octubre, con esta única anotación sobre su autoría: “By a Lady”. Según el diario de Fanny Knight, sobrina de Austen, ésta recibió una “carta de la tía Cass rogándome que no mencionara que la tía Jane era la autora de Sentido y sensibilidad”. Tuvo al menos dos críticas favorables, y se sabe que los beneficios para Austen tras su publicación fueron de 140 libras esterlinas.

Animada por el éxito, la autora lo intentó también con Orgullo y prejuicio, que vendió en noviembre de 1812, y se publicó en enero de 1813. Al mismo tiempo comenzó a trabajar en Mansfield Park. En 1813 la identidad de la autora de Orgullo y prejuicio comenzó a difundirse gracias a la popularidad de la obra—y la indiscreción de su familia—, sin embargo, al haber vendido los derechos sobre la obra (por 110£), no recibió ganancia de ello. Ese mismo año se publicó la segunda edición de ambas obras. En mayo de 1814 apareció Mansfield Park, obra de la que se vendieron todos los ejemplares en solo seis meses, y Austen comenzó a trabajar en Emma.

Era su hermano Henry, que vivía en Londres, quien se encargaba de negociar con los editores. Cuando Jane iba a Londres se quedaba en su casa. En 1813 Henry Austen fue tratado por el Sr. Clarke, médico del príncipe Regente, el cual, al descubrir que Austen era la autora de Orgullo y prejuicio y Sentido y sensibilidad, obras que apreciaba mucho, se lo comunicó a éste, solicitó a Henry que le fuera dedicada la siguiente novela de la autora—algo que es posible que no halagara a Austen, pues según una de sus cartas no guardaba una buena opinión de los príncipes a causa de sus conocidas infidelidades—.

En Chawton, Austen no gozaba de la misma privacidad que había tenido en Steventon, y es bastante famosa la anécdota narrada por James Austen-Leigh acerca de la puerta chirriante que Austen solicitó no fuera reparada, pues la avisaba de la llegada de algún visitante con la suficiente antelación como para esconder el manuscrito que estuviera escribiendo antes de que entrara en la habitación.

En diciembre de 1815 se publicó Emma, dedicada al príncipe regente, y, al año siguiente, una nueva edición de Mansfield Park. La segunda, sin embargo, no gozó del mismo éxito que sus obras anteriores, y las pérdidas de esta segunda edición hicieron que perdiera casi todo lo que había ganado con Emma. Comenzó Persuasión en agosto de 1815. Un año después empezó a encontrarse mal. A comienzos de 1817 comenzó Sanditon, pero tuvo que abandonarla por su estado de salud. Para recibir tratamiento médico fue trasladada a Winchester, donde falleció el 18 de julio de 1817. Sus últimas palabras fueron: “No quiero nada más que la muerte”. Tenía 41 años. En su testamento legó todo lo que tenía a su hermana Cassandra. Por aquel entonces no se sabía cual había sido la causa de su muerte, aunque en la actualidad que considera que fue la enfermedad de Addison. Está enterrada en la Catedral de Winchester.

Sus novelas Persuasión y La abadía de Northanger fueron preparadas para su publicación por Henry Austen, y vieron la luz a finales de 1817 en una edición combinada de cuatro volúmenes. Al igual que en sus novelas anteriores, su nombre no aparece citado, aunque sí se menciona que era la misma autora de las otras obras, y aparece una “nota biográfica sobre el autor”, anunciando su muerte.

El epitafio, en la catedral de Winchester, no menciona que fue la autora de sus conocidas novelas. En 1872, después de que James Edward Austen-Leigh publicara sus Memorias, se añadió una nueva placa explicando su condición de escritora y apuntando: “She opened her mouth with wisdom and in her tongue is the law of kindness.” (“Abrió su boca con sabiduría y en su lengua reside la ley de la bondad”).

El único retrato de la escritora considerado auténtico es un dibujo realizado para ilustrar las Memorias de Austen-Leigh, una reinterpretación realizada en época victoriana de un dibujo de su hermana. En la actualidad se puede ver en la National Gallery de Londres. A partir de éste han sido creadas todas las variaciones de retratos de Jane Austen que podemos encontrar hoy en día.

Existen asimismo dos museos dedicados a Jane Austen. El “Jane Austen Centre” , en Bath, es un museo público situado en una casa georgiana en Gay Street, justo unos metros antes del número 25, donde residió Austen en 1805. Por último, el “Jane Austen’s House Museum” se encuentra en la cabaña de Chawton, en Hampshire, lugar donde vivió la escritora desde 1809 hasta 1817.

Sociedad y época de Jane Austen:

Jane Austen vivió en la época de la regencia, que constituye un puente entre el período georgiano y el victoriano, aunque su obra literaria se caracteriza por describir con precisión la sociedad rural georgiana y no tanto los cambios que ésta estaba sufriendo con la llegada de la modernidad. Este cambio se basa en dos factores externos fundamentales: por un lado, la revolución agraria, que constituye el comienzo de la revolución industrial, y de sus importantes repercusiones sociales. Y por el otro, el colonialismo, las Guerras Napoleónicas y la extensión del Imperio Británico.

Con el advenimiento de la industrialización, el antiguo orden jerárquico que situaba en la cima a la nobleza y sus bienes heredados sufrió un proceso de cambio, al aparecer nuevas formas de adquirir riquezas. La revolución agraria había provocado un incremento en la población inglesa, que a su vez impulsó la economía al hacer crecer la demanda. Por primera vez en la historia de Gran Bretaña, el incremento de la población podía ser sustentado, gracias a las innovaciones introducidas en las técnicas de cultivo. En consonancia, una clase social hasta entonces minoritaria comenzó a hacerse notar y a ganar en importancia: la alta burguesía agraria. La población inglesa inició un éxodo del campo a la ciudad, buscando empleo en la industrialización incipiente y por ello se precisaba un nuevo conjunto de valores, pues la vieja tradición ya no puede cubrirlos. Para el comienzo de la era victoriana, la antigua jerarquía y lo que ella representaba habían quedado obsoletas. Por otro lado, las Guerras Napoleónicas (1804–1815) abrieron otro tipo de profesión mayoritaria en el ejército, que en los años siguientes continuó estando en alza dada la expansión del colonialismo; además, aparecieron héroes nacionales como el Duque de Wellington o Lord Nelson, lo que otorgaba cierto romanticismo a la profesión.

La era georgiana se caracterizó también por los cambios sociales en el aspecto político. Fue la época de las campañas para la abolición de la esclavitud, de la reforma de las prisiones o de las críticas a la minada justicia social. Fue también la época en la que los intelectuales comenzaron a plantearse políticas de bienestar social, y se construyeron orfanatos, hospitales y escuelas dominicales.

Cultura en la época georgiana:

Culturalmente, la época georgiana se caracterizó por el resurgimiento de la novela y por la discusión sobre si ésta era un género legítimamente literario y de calidad. De acuerdo con Ian Watt, en el ensayo The Rise of the Novel, el renacimiento de la novela está intrínsecamente enlazado al florecimiento de la clase media, que, a diferencia de la nobleza, no había sido educada con los clásicos, no conocía el latín ni el griego y tampoco compartía el interés por los temas de las literaturas clásicas. Otro factor importante es que la imprenta había hecho posible que la adquisición de libros fuera accesible a las clases no adineradas. El número de libros publicados creció, permitiendo así un incremento en el número de escritores profesionales. Dicho de otra forma, un nuevo tipo de lectores propició un nuevo tipo de escritura.

Sin embargo, una de las críticas que actualmente se hace a Watt es la exclusión de las escritoras de novelas en su descripción de los siglos XVIII y XIX. Hoy día se reconoce que más de la mitad de los autores de novelas durante esta época eran mujeres que a través de la escritura conseguían cierta independencia económica. Es cierto, no obstante, que la calidad de la mayoría de estas obras dejaba mucho que desear, pues estaba llena de tópicos y clichés en el lenguaje y los personajes, herencia de la novela gótica. En cuanto a la postura de Austen, ella defiende la novela como género de calidad, introduciendo discusiones sobre la literariedad prácticamente en todas sus obras, pero a su vez siendo crítica con el estilo de estas novelas de segunda categoría o mofándose incluso de ellas, en obras más paródicas como La abadía de Northhanger.

La educación de la mujer:

Durante la época de Jane Austen no existía un sistema educativo propiamente dicho, y la educación de los niños se llevaba a cabo en las escuelas dominicales, o, en las familias pudientes y más educadas, a través una institutriz y de tutores. Por otro lado existían algunas “escuelas para damas”, que por lo demás gozaban de mala reputación, pues la educación ‘‘real’’ que se recibía allí era muy deficiente. Por otro lado, también era común el mandar a los hijos varones a vivir a la casa de un tutor, como lo era el padre de Jane Austen. Creciendo en esa casa, podemos pensar que la autora fue una mujer muy instruida para su tiempo.

El tratado educativo más relevante para la época es el Emilio de Rousseau, que sienta sus bases en la Ilustración. Lo que proponía Rousseau es que todos los males de su época se originaban en la propia sociedad, y que la única alternativa era provocar una transformación en el hombre a través de la educación; una educación que lo permitiera liberarse de esa corrupción que provoca la sociedad. La influencia de la Ilustración hace que se comience a crear un sistema educativo fundado en la razón. Sin embargo, tanto en Rousseau como en muchos otros pensadores de la Ilustración, la mujer queda excluida de esta necesidad educativa. Es más, en el Emilio se hace referencia a la educación de la mujer a través de la sugerida para Sofía, la mujer destinada a casarse con Emilio: la mujer debe ser educada para cumplir con sus cometidos de esposa y madre, y obedecer a su marido. Siendo así no es de extrañar que numerosos tratados de conducta para mujeres jóvenes se popularizaran en el siglo XVIII, enseñando doctrinas morales y enfocando la educación hacia los aspectos domésticos, la religión y los “talentos”, y apartándolas de esos otros conocimientos que provocarían que la mujer fuese poco deseable a los ojos de los hombres.

Hay muchos pasajes en la obra de Jane Austen dedicados a los “talentos”, pero si hay algo que todas las obras tienen en común es que ninguna de sus heroínas está muy interesada por ellos. Por talentos nos referimos a las diferentes habilidades que una mujer que busca marido debe cultivar para atraer la atención de éste.

“Me resulta increíble,” dijo Bingley, “cómo todas las jóvenes tienen tanta paciencia como para cultivar todos esos talentos.” (…) “Todas pintan, forran biombos y hacen bolsitas de malla. No habré conocido a una que no sepa hacer todo esto, y estoy seguro de que jamás me han hablado de una chica por primera vez sin referírseme lo talentosa que era.” (…) “Una mujer debe tener un amplio conocimiento de música, canto, dibujo, danza, y lenguas modernas para merecerse esa palabra (talentosa); y, aparte de todo esto, debe haber algo en su aire y en su manera de andar, en el tono de su voz, en su forma de relacionarse con la gente y en su expresión, de no ser así, no merecerá completamente la palabra.”

Jane Austen, Orgullo y Prejuicio

Jane Austen aboga en sus novelas por una educación liberal para la mujer, alejada de todos estos “talentos”, pues considera que la falta de sensatez conlleva un gran riesgo para la vida social, para la elección de un futuro favorable y para la convivencia conyugal.

Inicios y formación como escritora:

No resulta fácil determinar cuándo fue el momento preciso en el que Jane Austen comenzó a escribir. La existencia de cuadernos de notas conteniendo relatos señalan que habría despertado su talento a temprana edad. En 1791, con tan sólo 16 años, ya disponía de un buen número de ejemplares almacenados. Sus primeros trabajos se caracterizan por ser de una extensión ligeramente inferior a la de sus obras más maduras, y por estar narrados en un inglés llano, fácil y libre de ornatos propios de muchos escritores. Siendo de una familia que promovía el aprendizaje, la lectura y las letras, Austen pronto desenvolvió un talento especial que le llevó a desarrollar su deseo de componer textos, siempre representando en ellos los valores familiares que ella estimaba como importantes.

En su concepción de la educación, tal y como expresó en sus novelas, el modelo de unos padres ejemplares era incluso más que suficiente para moldear la buena conducta de sus hijos. No cree estrictamente en la figura de la institutriz, tan común en la época, para criar a los niños, y así lo pone de manifiesto en boca de Elizabeth, la protagonista de Orgullo y prejuicio: “No tenemos institutriz, todo lo hacemos por nosotros mismos” (comentario dirigido a Lady Catherine de Bourgh, quien reacciona sorprendida por el mismo). Es evidente que Austen, pese a su presunto aislamiento literario, no era ajena a las tendencias de su tiempo, y así lo expone en sus obras, sobre todo en lo vinculado a la figura de la mujer. También en Orgullo y prejuicio, se presenta un debate entre los personajes en el volumen I, cuando Elizabeth discute con Mr Darcy, Mr y Miss Bingley, y Mrs Hurst en Netherfield, sobre lo que comúnmente era el prototipo de dama ideal. Para la aristocracia, un buen modelo era el de una mujer cultivada, que supiera hablar idiomas modernos, que supiera de música, de estilo, de varios temas, y que tuviera un cierto carisma y expresión que le favoreciera. Frente a esto, Elizabeth pone en duda si existe una mujer capaz de tener todas esas cualidades a la vez, a lo que responde: “No dudo que conozcáis sólo a una docena; dudo que conozcáis a alguna”.

Es evidente, además, que Austen hubiera deseado “escribir menos y leer más”. Así se lo hacía saber a su sobrina, Louisa Knight (1804-1899), poco antes de su muerte. Tampoco quiso, en vida, publicar algunas de sus obras, debido a que las consideraba impropias a tal efecto. Fue entonces cuando se propuso a pulir sus faltas de estilo y logró convencer a su familia de que desistiera en su intención de llevar sus primeros trabajos a una editorial.

Características principales de su obra:

Con Austen surgió un nuevo estilo de novela, que difería de los anteriores en los temas que trataba. Según Richard Whately, en su análisis sobre la técnica y el efecto moral en la ficción de Jane Austen, su obra no altera nuestra credibilidad ni sorprende nuestra imaginación pese a contar con una amplia variedad de incidentes. Aquellas figuras de afección y sensibilidad romántica, agrega, eran primeramente atributos de personajes ficticios, siendo poco usuales entre aquellos de carne y hueso, es decir, de los que viven y mueren. La mayor parte de esta excitación encuentra su clímax mediante la repetición indiscriminada de la misma, el arte de copiar de la naturaleza, dado que se encuentra presente en todos los aspectos de la vida. Este panorama se expone ante un lector no como una sucesión de escenas propias de un mundo imaginario, sino que, en definitiva, la obra de Austen se centra en aspectos cotidianos y, por tanto, afines a la vida real. La variedad, el entretenimiento y el camino incierto del protagonista son temas que la autora aborda en la casi totalidad de sus obras. No es de menor importancia la prioridad que presta al detalle, y a la descripción realista e ilustrada de personajes y lugares.

Sus novelas contienen un mensaje instructivo, señalan el buen comportamiento y aportan una especie de experiencia ficticia, aunque siempre manteniendo los principios clásicos aristotélicos de verosimilitud, esto es, que sea acorde a la realidad y ofrezca, por consiguiente, una historia donde los elementos que la constituyen se presten a la veracidad de los hechos que se narran.

Durante la primera mitad del siglo XVIII, la función moralizadora había corrido por cuenta de ensayistas como Joseph Addison o Richard Steele, que denunciaban en sus periódicos los abusos cometidos por la sociedad británica contemporánea. Estos artículos se encontraban impregnados de una fuerte connotación satírica, cuyo papel era el de modelar mediante la ridiculez y la expresión jocosa los pilares que debían regir el buen comportamiento del ser humano.

A partir del siglo XIX, sin embargo, esa función pasó a formar parte del canon a través del cual se habrían de regir los nuevos novelistas. La narración, tanto en el caso del cuento como en el de la novela, construiría esos modelos de comportamiento a través de la representación de los mismos. Este mecanismo no se centraría en describir diversos prototipos de clases sociales, sino de ofrecernos sus características fundamentales a raíz de uno o varios personajes que pertenecen a cada una de esas clases. Estos personajes, por otra parte basados en el lector común, buscaban que el receptor del texto se sintiera de alguna manera identificado con ellos, sintiéndose, como resultado, atraído por las circunstancias que les deparará el destino. En el caso de Jane Austen, en su novela de Orgullo y prejuicio, Elizabeth Bennet, la protagonista, y su familia, pertenecen a una clase social media baja. Mr. Darcy y otros personajes como Mr. Bingley y Lady Catherine de Bourgh, son claros iconos de la burguesía del momento. La escritora busca romper estas barreras sociales, mostrándose reacia a la incapacidad de movilidad social típica de la época, y concluye con el matrimonio de los protagonistas, el contrato civil, y la fusión de clases.

Jane Austen demuestra tener un buen gusto por el decoro y por la utilidad, ambas influidas por su religión cristiana y el tenor moral de su composición. Ella misma reconocía en sus obras la característica de un “sermón dramático”. El aspecto didáctico, por otra parte, es expresado de forma concisa, es decir, ocurre de forma accidental durante el transcurso de la obra y no se presenta ante el lector de una forma forzada, sino más bien natural. Austen se muestra predispuesta a enseñar a sus lectores, no mediante discursos éticos en sentido estricto, sino a través de eventos que no son ajenos a la vida de cualquiera de las personas que se adentran en la historia. La novela de Austen constituye una unidad racional de historias y sucesos entrelazados para crear un argumento común (véase fábula) y lógico. Pocas veces se puede percibir el desenlace de su obra, y cada episodio que la conforma es el resultado de los eventos que tuvieron lugar con anterioridad.

Intertextualidad:

Se suele decir de Jane Austen que fue una escritora aislada de la influencia de otros autores de su tiempo, y de la vida social más allá de la rectoría de Steventon en la que vivía, y de la burguesía rural que conformaba la sociedad que la rodeaba.

“Jane Austen vivió aislada del mundo literario: no conoció a ninguno de los autores contemporáneos ni por carta ni por trato personal. Pocos de sus lectores conocían su nombre, y ciertamente ninguno conocía más de ella que eso. Dudo que fuera posible mencionar a cualquier otro autor notable que viviera en una oscuridad tan completa. No puedo pensar de ninguno que viviera como ella, sino en muchos con los que contrastarla en ese respecto”

Memorias de Jane Austen, Edward Austen-Leigh

Esto, sin embargo, no es del todo cierto: sabemos por las cartas que se enviaban ella y Cassandra que las dos hermanas Austen viajaron con frecuencia a casas de amigos y familiares, y también que Austen estaba familiarizada con muchas de las obras que se publicaron entonces. Se puede encontrar prueba de esto en la intertextualidad que aparece en sus obras, pues a veces permite al lector formular juicios sobre los personajes, o hacer que estos se juzguen unos a otros a través de un simple contraste en las lecturas que éstos recomiendan o los fragmentos de texto que leen. Por ejemplo, una forma de ridiculizar a Mr. Collins, en Orgullo y prejuicio, es hacerle leer a sus primas los Sermones de Fordyce, un manual destinado a formar moralmente a las jóvenes que contradecía en muchos aspectos lo que Jane Austen consideraba propio para la educación de éstas. Hay más referencias explícitas en la obra de Austen, por ejemplo, en La abadía de Northanger, que es una parodia de las novelas góticas. La protagonista, Catherine Morland, está leyendo una novela de Ann Radcliffe, Los misterios de Udolfo. Catherine es un personaje que está muy relacionado con las heroínas de novela populares de la época, aquejada de cierto tipo de quijotismo, en el que las novelas de caballería se ven sustituidas por las novelas góticas; ve su vida como la de una de éstas heroínas, y como las novelas de Jane Austen se definen mejor como novelas de formación o Bildungsroman, Catherine debe aprender que la vida no es como la plantean las novelas.

Sabemos por la novelas y las cartas que Austen leyó a autores como Fanny Burney, Maria Edgeworth, Ann Radcliffe, Daniel Defoe, Henry Fielding, Laurence Sterne, y Samuel Richardson; a ensayistas como Joseph Addison y Richard Steele o a poetas tales William Cowper y George Crabbe. Lo más destacable, quizá, no es a quién leía, sino a quién no; faltan aquí los nombres de los románticos: William Wordsworth, Coleridge, o Lord Byron; este último brevemente mencionado en Persuasión, quizá su única novela con ciertas pinceladas románticas. Pero en general, Jane Austen, en su manejo de la ironía, está más a la par con los autores del neoclasicismo, como Alexander Pope o Jonathan Swift.

Criticas a la obra de Jane Austen:

Austen no fue considerada una gran novelista (apta para entrar en el canon), hasta entrado el siglo XIX. Aunque la mayoría de sus obras aparecieron bajo pseudónimo, fueron, sin embargo, ampliamente conocidas y recibieron numerosas críticas.

Fue Sir Walter Scott quien dio un empujón a su obra gracias a su favorable reseña de Emma. . Lo que apunta Scott en esta reseña son los puntos que van a repetirse en casi todas las críticas posteriores de Austen. Por un lado, tenemos el espacio, pues la originalidad de su obra radica en que crea entretenimiento a través de retratos de lugares y situaciones comunes para sus lectores. Sus personajes son casi sin exclusión personas de la clase media, movidos por principios que pueden ser comunes a los de cualquier lector, enclavados no en las exóticas colonias, sino en la campiña inglesa. Scott, además, agrega: “Esa joven dama tiene un talento para describir las relaciones de sentimientos y personajes de la vida ordinaria, lo cual es para mí lo más maravilloso con lo que alguna vez me haya encontrado”.

En la última novela de Austen, Persuasión, muchos personajes leen alguna obra escrita por Scott y la elogian, pero es Marianne Dashwood en Sentido y sensibilidad quien menciona a Scott como uno de sus favoritos.

Estos mismos argumentos que emplea Scott pueden verse en otras críticas que apuntan a lo limitado de los temas que trata Austen, por ejemplo, en los artículos de Q.D Leavis en The Spectator. Las Guerras Napoleónicas no son tratadas más que en las figuras de los oficiales, ni tampoco se muestran las consecuencias trágicas que la guerra tuvo para muchas familias, ni asuntos políticos o sociales. De entre todos los personajes de sus novelas, ninguno es un sirviente, o pertenece a la clase baja. Salvo en Mansfield Park, tampoco se hacen referencias a las colonias, aún siendo esto común en las novelas de la época, en la que algunos personajes eran enviados a ellas, donde se enriquecían, y volvían con aventuras exóticas que narrar.

Austen contó además con la admiración de Thomas Babington Macaulay (quien pensaba que en el mundo no existían composiciones más próximas a la perfección), Samuel Taylor Coleridge, Robert Southey, Sydney Smith, Edward FitzGerald, y el príncipe regente, que se las apañaba para que ella le visitara en Brighton. Los académicos del siglo XX la situaron entre las escritoras más genuinas en lengua inglesa, algunas veces incluso comparándola con William Shakespeare. Tanto Lionel Trilling como Edward Said escribieron ensayos sobre las obras de Austen. Said hizo referencia sobre todo a Mansfield Park en su obra publicada en 1993, Culture and Imperialism.

Trilling afirmó en un ensayo sobre Mansfield Park:

“Fue Jane Austen quien primero representó la personalidad específicamente moderna y la cultura en la que ésta se produce. Nunca antes se había mostrado la vida moral como ella lo hace ver, y nunca antes se había creído que fuera tan compleja, difícil y exhaustiva. Hegel habla de la “secularización de la espiritualidad” como una característica fundamental de la modernidad, y Jane Austen es la primera en contarnos lo que esto supone”.

En este aspecto, quizá la peor crítica (y más conocida) proviene de Charlotte Brontë, pues sus opiniones eran tan distintas que «salvo por el hecho, posiblemente relevante, de que ninguna de ellas tuvo hijos, […], temperamentos más incongruentes no podrían haberse juntado en una habitación». En 1848, en una carta a George Lewes, quien había sugerido tras leer Jane Eyre que debería escribir con menos sentimentalismo como Jane Austen. Brontë contesta diciendo que todo lo que encontró tras leer Orgullo y prejuicio era «un preciso daguerrotipo de una faceta común; un jardín cerrado y cuidadosamente cultivado, de bordes limpios y flores delicadas; pero ni una vívida y brillante fisionomía, ni campo abierto, aire fresco, colina azul, o arroyo estrecho».

La primera reacción del escritor estadounidense Mark Twain fue el rechazo:

“¿Jane Austen? Porque, voy aún más lejos al decir que cualquier biblioteca es buena siempre que no contenga algún volumen por Jane Austen. Incluso si no tiene otro libro”.

Sin embargo, Rudyard Kipling lo veía de otra manera, llegando a escribir una historia corta, “The Janeites”, acerca de un grupo de soldados que eran también admiradores de Austen, así como dos poemas elogiando a la “Jane de Inglaterra” (England’s Jane), y dedicándole amor póstumo verdadero.

Desde otra perspectiva, las novelas de Jane Austen, según comenta Richard Simpson (1820-1876) en The Critical Faculty of Jane Austen (1870), presuponen una sociedad organizada de familias, de padres casados, cuya existencia se complementa en haber dado origen a los héroes y heroínas de las diferentes historias. Estos personajes casi siempre están representados en armonía. El sentimiento, la estupidez, la frialdad y otras sensaciones, acompañan la vida cotidiana en consonancia con la felicidad y el bienestar.

Austen se encontraba a gusto con su familia y no deseaba contraer matrimonio; de ahí que en sus obras primen sentimientos como el amor fraternal y la amistad. Su condición de soltera le valió para observar y describir los males del amor desde una perspectiva ajena a su situación. Simpson creía además que Jane Austen excedía la verdad en sí misma, y caracterizaba a sus personajes con una fe que, sin embargo, se las apañaba para convivir con un cierto escepticismo.

Esta autora no utiliza un modelo de personaje, virtud o vicio perfecto. Su filosofía consiste no sólo en rescatar la luz de bondad en lo que se presenta como su opuesto, sino también destacar lo débil y efímero de lo bueno. Es su concepción del ser humano como ser social, y por tanto no individual, lo que la lleva a abstraerlo y aislarlo. Además, el hombre, para la autora, es el producto de las influencias sociales que actúan sobre él. Por otro lado, la virtud se halla relacionada a las diversas formas de parecer, impulsada por la lucha y el deseo de superación. El hombre no es estático, sino que se mueve constantemente, y así lo hacen sus ideas.

Es un hecho común que en las novelas de Austen encontremos pequeños grupos sociales, generalmente compuestos por familias que vivían en asentamientos rurales. Su obra demuestra como se mantuvo indiferente a los debates políticos de su tiempo, a la vez que exponen el medio rural sobre el que se abordan distintas mentalidades y formas de pensar, sin la necesidad de caer en diferencias importantes de clase.

Jane Austen, además, se caracterizó por presentar a sus heroínas en un estado de juventud e inmadurez, pero lleno de buena disposición. De mentalidad platónica, consideraba al alma como el epicentro de la unidad familiar, no como una república. Los conflictos se daban dentro de la familia, y no suponían un atentado contra la figura paterna, ni mucho menos un castigo capital por algún error cometido durante el transcurso de la acción. Sí trata, en cambio, de los matrimonios por conveniencia, del problema de la herencia, de la necesidad de castidad en determinadas situaciones, la virtud de la mujer (y del hombre en menor medida), y los valores que consideraba necesarios en toda sociedad.

Crítica feminista:

Conforme a lo expuesto por Margaret Oliphant (1822-1897), una novelista y crítica literaria inglesa, en su obra Miss Austen and Miss Mitford, los personajes de la autora no son refinados y suelen aparecer en el mismo contexto. La pobreza en la novela de Austen, afirma, es el resultado de un problema de patrimonio económico o la consecuencia de una muerte prematura del patriarca familiar. Según Oliphant, sus obras se enfrentan con el límite impuesto por el conocimiento y la naturaleza. Los personajes crecen y maduran a lo largo de la historia, adquieren poder y nobleza.

El estilo es suave y resalta el aspecto ridículo del argumento. Austen se compadece de los personajes que sufren, pero no parece sentir pena por su situación en ningún momento. La mentalidad que imprime en sus obras es meramente femenina, asociada a una mujer que dispone de tiempo suficiente como para explorar el mundo que le rodea, asistir a bailes y conferencias.

Sus escritos exponen a menudo las peculiaridades, la ingenuidad y lo absurdo de la mente humana. También incluyen muestras de tolerancia, paciencia y caridad (si bien no proveniente del principio cristiano). La escritora, además, presenta rasgos de incredulidad, y enseña a sus lectores los errores cometidos por el hombre, distanciándolos con cierto tono humorístico, de lo que comúnmente se asocia con la idea de lo que está bien y de lo que está mal.

Desde el punto de vista de un feminismo más moderno, encontramos una evolución: si en 1975 Marilyn Butler, sostenía que las novelas de Austen perpetuaban esas mismas construcciones sociales que subyugaban a la mujer al matrimonio y a la esfera doméstica, la refutación que Sandra Gilbert y Susan Gubar hacen a tal afirmación desde su obra La loca del ático asegura que, por el contrario, los personajes que conforman el argumento principal de las novelas contradicen esas convenciones defendiendo una educación racional para la mujer y que por tanto, aunque no se puede emplear el calificativo de feminista (como lo entendemos actualmente) para la obra de Jane Austen, sí que se pueden encontrar ciertos elementos distintivos de inconformismo en ella. Ya en los 90, la crítica india Meenakshi Mukherjee sugiere un contraste entre las obras de Jane Austen y Mary Wollstonecraft, pues al igual que ésta última hizo en su obra Vindicación de los derechos de la mujer, las heroínas de las obras de Jane Austen abogan por ser tratadas como “criaturas racionales”.

El dilema sobre la educación de la mujer fue crucial en el siglo XVIII, y según asegura Mukherjee, “cada una de las seis novelas presenta una profunda contradicción entre el dominio de la razón dominante en la sociedad de la Inglaterra del XVIII y los valores a los que, hipócritamente, se esperaba que la mujer se adhiriera.” Por otro lado, la idea de Austen como conservadora puede tener que ver con la imagen que su familia mostró de ella después de su muerte, a través de la selección de cartas y de las memorias de Austen-Leigh. El inteligente uso de la comedia es lo que permite que la obra de Austen no parezca inconformista. Por otro lado, dice Mukherjee, no se puede perder de vista la época y los hechos recientes que podrían haber afectado su escritura. Una generación separa a Jane Austen de Mary Wolstonecraft, y para cuando Austen comenzó a escribir sus novelas, las ideas de ésta se expandían rápidamente, expansión que probablemente se debía en parte al escándalo provocado por las Memorias de Godwin. Sin embargo, este escándalo refrenó en cierta manera el progreso del feminismo, pues se siguió de un retroceso a los valores conservadores, y es en este ambiente en el que Austen escribe, creando un equilibrio en sus obras entre lo que es vindicativo y lo simplemente entretenido y aceptable, dulcificado a través del humor.

Definitivamente, Jean Austen fue la precursora de un nuevo discurso en la creación literaria femenina. No solo dió sentido a la visión intima de la mujer sobre el mundo que le rodeaba, sino que otorgó un enorme valor a la construcción anecdótica de una visión profundamente personal de las cosas. Con Austen, la novela costumbrista Inglesa tomó un nuevo rumbo y creo en si misma una nueva visión con rudimentos propios.

Sí, creo que Jean Austen siempre será la sonriente voz en medio de la calma plomiza de las grandes historias de finales agrios. Como incondicional lectora suya que soy, espero con impaciencia el estreno de la pelicula que – espero – recreará su vida y sobre todo su poderosa circunstancia. Aqui incluyo el trailer para los interesados.

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