Archive for mayo, 2007

En el fuego del Fenix rojo.

Creo que todas las etapas de mi vida han tenido una constante: los momentos parecen organizarse en estructuras inestables e incorrectas: Una circunstancia aleatoria que le ha otorgado a mi vida un extraño rostro, apenas reconocible. Por ejemplo, mi juventud estuvo llena de experiencias adultas, apresuradas, inconcretas, una efervescencia puzante y directa que asocio con una cierta madurez del temperamento. Ahora, siendo un adulto, me atormenta la impulsividad, el dolor y la confusión de una juventud espiritual. Turbulentas, mi decisiones, la voracidad insuperable – moral e intelectual – que me consume constamente. Ah, sí, una anciana, con el frugalidad estética de la niñez, la vitalidad desesperada de un tiempo devastador. Despierto cada día con la sensación que el tiempo se retrotae para crearse asi mismo, el eterno y voraz Dios ciego, la violenta dimensión de una realidad de rostros infinitos y profundamente significativos.

Nazco cada día, me elevo en llamas carmesí. Un suspiro, el poder de la sensación, una abrupta caída en medio de festones voluptuosos. Los ojos cerrados, el corazón latiendome tan rápido que apenas me permite respirar. Pero sonrio, satisfecha, temblando de pura furia contenida. Una sacudida en horizontes aciagos. la niña, la mujer y la anciana, en mi voz.

La muerte de Radio Caracas Televisión.

Decía Marshall McLuhan sin equivocarse, que los medios son extensiones del propio cuerpo. La ropa extiende a la piel, la rueda al pie, la televisión amplifica a los ojos y claro, a los oídos también. Consecuentemente, lo que ha sucedido en este país, no es otra cosa que una amputación, pues la noción misma de televisión que el venezolano tiene esta asociada a su vínculo con RCTV. Es por ello que la sensación primaria que experimenta la inmensa mayoría de nosotros es de sajadura, de herida en la carne.

Cumplida la medida, resta evaluar aquí las implicaciones que este machetazo tiene para el gobierno, particularmente para Hugo Chávez y también para lo que en Venezuela llamamos, a falta de una palabra mejor, la oposición. Intentaremos también evaluar en qué medida compromete este sacudón a todo el ecosistema comunicacional.

Un tiempo Nuevo, bajo la optica politica:

El gobierno ha cerrado a RCTV por la simple razón de que no le quedaba otra. En su ambición de imponer la proclamada “hegemonía comunicacional” es necesario anotar que Chávez no contaba con otro momento para asumir el riesgo. El 28 de mayo está todavía a pocas horas de su triunfo electoral de diciembre pasado y además, constituye este día, una fecha rodeada de una cierta aura de legalidad, muy discutible por cierto.

El efecto necesario de esta aventura se expresará en la pérdida de más de un 30 por ciento de respaldo popular, lo que equivale a dos millones quinientos mil votos. Este bajón dramático, de no manejarlo el gobierno con cuidado, podría echar al trasto a su ambicionada reforma constitucional y con ella, la reelección indefinida que es el único tema que verdaderamente interesa de toda esa operación leguleya.

Otra consecuencia que tendrá que arcar el gobierno es la protesta violenta, que por cierto ya está en marcha. La violencia –emocional y física- es inevitable. A los seres humanos se nos lleva a la violencia por dos motivos esenciales: defensa del territorio y defensa de la identidad, y esas dos condiciones aplican con el cierre de RCTV.

Al tomar la medida, la población siente que el gobierno ha violado el espacio individual. Ya no somos patronos en nuestra propia casa, ya no podemos escoger lo que nos gusta dentro del propio hogar. En ese sentido, no es exagerado afirmar que el pase de RCTV a TVES en la madrugada del 28 de mayo, quedará grabado en la consciencia colectiva del país como el mayor gesto de violencia simbólica que recuerde una generación entera.

Cuenta además como dijimos, el corte brusco de nuestra noción de identidad. No te puedes llevar 53 años de cultura, buena o mala, esa es otra discusión, sin romper con la imagen que el venezolano se hace de sí mismo. Con el cierre del canal dos, los venezolanos hemos sido llevados a una frontera psíquica que forzará a millones de compatriotas, chavistas y antichavistas a la búsqueda agresiva de significado. Esto lo sabe el gobierno, o lo intuye mejor dicho, pero también sabe que no existe hoy un liderazgo preparado para capitalizar la revuelta. Es por eso que al final de día, Hugo Chávez decide tirarse la parada del cierre.

Con el cierre, el gobierno alcanza ciertamente la codiciada “hegemonía comunicacional”, un verdadero pujo ideológico que abriga el riesgo de sobre mercadear al gobierno. Actualmente Venezuela cuenta con la señal abierta de 12 canales nacionales. La propiedad de estos medios es como sigue: a Venevisión lo controla el gobierno y a Televen igual. La Tele fue recientemente adquirida por el régimen, lo mismo que Puma y CMT. VTV es propiedad de Chávez, así como Telesur, Vive, y ANTV. Restan Meridiano, que es un canal de deportes y Globovisión, un canal privado de noticias, pero con un dígito de share (con el cierre de RCTV pasará a dos dígitos de audiencia real). RCTV era el medio de comunicación más visto e influyente de Venezuela. En los últimos meses llegó a aventajar en 15 puntos a su competidor más cercano, Venevisión, y a facturar casi el doble en publicidad. De doce canales nueve pertenecen hoy al régimen bolivariano. O sea, que a los venezolanos les quitaron los ojos y los oídos.

Esto va a forzar la radicalización de algunos sectores nini y de oposición que antes no habían sido activados. Cuando la oposición veía la entrevista de Miguel Angel Rodríguez en las mañanas, muchos sentían que podían irse tranquilos al trabajo porque, a final de cuentas, alguien estaba protestando por ellos. Al aniquilar esa válvula de escape, el gobierno está forzando a estos grupos al radicalismo, algo que no necesitaba. Chávez ha desconocido que el canal dos le resultaba instrumental a su proyecto. Aquí hay algo mal calculado, pues RCTV era en esencia una canal de entretenimiento. El cierre es un pujo ideológico, insisto. Sin embargo, este último dato deberían confirmar aún un más el escenario de violencia que se cierne sobre el país.

El costo internacional también será inevitable. Chávez habrá perdido con esta jugada un apoyo internacional que no va a recuperar con facilidad, sobre todo porque a partir de aquí, el hombre tendrá que reprimir abiertamente. ¿Quién vendrá ahora a retratarse con el gobierno venezolano? No mucha gente. El hecho es que el presidente se metió en un escenario que muy poco controla. De aquí para abajo no va a recibir backing de ningún medio de comunicación internacional con algún margen importante de influencia. Tendrá que olvidarse de la gran prensa mundial que tanto lo ayudó en el Carmonaso y el pasado tres de diciembre. Ni a los periódicos, ni a los periodistas occidentales, le gustan los presidentes que cierran medios.

Resta mencionar además, que Chávez verá mermado su apoyo dentro de las Fuerzas Armadas, especialmente entre la tropa y los mandos medios. No estoy seguros que un soldado venezolano esté dispuesto a dispararle a su tía, a su hermana o a su amigo porque estos reclamen su derecho a ver El Concurso Millonario.

La voz del ciudadano, censurada:

La oposición encontró un tema para unificar al país. Existe otro, la inseguridad, pero el liderazgo opositor nunca lo ha usado sistemáticamente. Hoy esos dos asuntos se tocan con el cierre del canal dos. Para el pueblo se acabó su principal canal de entretenimiento, pero también, el medio más importante para denunciar la inseguridad personal.

La oposición se queda sin medios, pero con mensaje. Necesita un mensajero, pero no se le ve en el radar. Chávez es hoy un presidente que quita, no un presidente que da. Es un líder que no escuchó a su pueblo. Ahora Venezuela no es de todos. Eso lo entienden hoy chavistas y antichavistas

En ese sentido, la oposición gana consciencia de que realmente necesita un liderazgo. No un liderazgo electoral, esa vía está cerrada, sino un liderazgo político, que construya un camino firme, pasito a pasito, hacia el poder.
La oposición también gana una voz ante la comunidad internacional. El denunciado autoritarismo de Chávez ya no se escuchará en el extranjero como una consigna política.

El mutismo mediático:

Con el cierre de RCTV, la industria de la comunicación en Venezuela queda totalmente trastocada. Los medios independientes quedan temerosos del gobierno, así como los anunciantes. Estos últimos contemplan atónitos lo que sin duda constituye el mayor atropello a la propiedad privada que haya habido en Venezuela en toda su historia. Hasta el momento en que escribimos estas líneas, la señal de TVES sigue saliendo por las antenas transmisoras de RCTV, sin que exista hasta el momento una ruta jurídica para saldar la confiscación de que ha sido objeto la gente de Bárcenas.

La industria publicitaria también tendrá que reacomodarse ya que es mentira que habrá un pase mecánico de anuncios hacia los canales que se plegaron al gobierno. Es decir, se requerirá la creación de nuevos medios para alcanzar el reach de una campaña. Habrá eso sí, un aumento exponencial de la televisión pagada, con lo cual el gobierno perderá penetración. En dos años habrá tres millones de decodificadores en la calle, lo que equivale a 15 millones de personas huyéndole a las cadenas presidenciales. Nadie compra o alquila el cable para escuchar a Chávez.

La radio sufrirá también un repentino crecimiento como medio noticioso, lo mismo que los portales informativos digitales que crecerán en cuñas y en lectoría. En fin, es todo un sacudón de proporciones telúricas.

Hay para terminar, una generación de periodistas venezolanos y estudiantes de comunicación que se confronta finalmente con la misión de la profesión: el anti poder y la defensa de la libertad de expresión. Poco a poco hemos venido entendiendo que Hugo Chávez no viene a otra cosa que a cumplir el viejo ciclo autoritario de los militares golpistas latinoamericanos. Poco a poco hemos entendido que es requisito ganarse la democracia.

La Dueña del Tiempo cósmico.

En el panteón olímpico de la mitología griega clásica, Hera(1) (en griego antiguo Ἥρα o Ἥρη) era la esposa y hermana mayor de Zeus. También presidía como diosa del matrimonio, lazo patriarcal de su propia subordinación: su resistencia a las conquistas de Zeus se presenta como «celos» y forma el tema principal de las anécdotas literarias que recortaron su antiguo culto[1]. Su equivalente en la mitología romana era Juno.

Se representa a Hera majestuosa y solemne, a menudo en el trono y llevando el polos, la alta corona cilíndrica usada por varias de las Grandes Diosas. En su mano puede tener la granada, símbolo de la fértil sangre y la muerte y sustituto de la cápsula narcótica de la amapola (Ruck y Staples 1994). «Sin embargo, hay registros de una representación anterior sin iconos, como una columna en Argos y una tabla en Samos» (Burkert 1985 p.131).

Etimología:

Así comienza la sección sobre Hera en la Mitología griega de Walter Burkert[2]: «El nombre de Hera, la reina de los dioses, admite una variedad de etimologías mutuamente exclusivas; una posibilidad es relacionarlo con hora, ‘estación’, e interpretarlo como listo para el matrimonio.» En una nota Burkert registra los argumentos de otros investigadores «sobre el significado ‘Señora’ como femenino de Heros, ‘Señor’.» Más aún, A.J. van Windekens[3] propone el significado ‘ternera’, que es consonante con su frecuente epíteto βοῶπις boôpis, ‘con ojos de vaca’. E-ra aparece en tablillas micénicas, por lo que, diferencia de otros dioses griegos como Zeus y Poseidón, el nombre de Hera no es analizable como palabra griega o indoeuropea. En algunos aspectos de su culto parece ser un vestigio de la «gran diosa» pregriega, comparable a las poderosas divinidades femeninas del panteón minoico, o de algún pueblo prehelénico no identificado («pelasgos»).

Su importancia antigua:

La importancia de Hera en el periodo más arcaico queda atestiguada por el gran número de edificaciones erigidas en su honor. Los templos de Hera en los dos centros principales de su culto, Samos y la Argólida, fueron los primeros templos monumentales construidos por los griegos, en el siglo VIII adC.

A veces este papel delegado es tan claro como puede hacerlo una simple sustitución. De acuerdo con el himno homérico III a Apolo Delio, Hera retuvo a Ilitía para evitar que Leto se pusiese de parto, pues el padre de los hijos que iba a tener, Artemisa y Apolo, era Zeus. Las demás diosas presentes en el parto en Delos enviaron a Iris a buscarla. En cuanto puso un pie en la isla empezó el divino nacimiento. En el mito del nacimiento de Heracles, es la propia Hera quien se sienta a la puerta, retrasando el parto de Heracles hasta que su protegido, Ificles, nace primero.

En Olimpia, la imagen de culto tradicional de Hera era más antigua que la imagen guerrera de Zeus que la acompañaba. Homero describía su delicada relación con Zeus en La Ilíada (IV 50-67), en la que Hera declara a Zeus: «También yo soy una deidad, nuestro linaje es el mismo y el artero Crono engendróme la más venerable, por mi abolengo y por llevar el nombre de esposa tuya, de ti que reinas sobre los inmortales todos.» Aunque Zeus es a menudo llamado Zeus Heraios (‘consorte de Hera’), el tratamiento que Homero le dispensa es poco respetuoso, y en posteriores versiones anecdóticas de los mitos (ver más abajo) Hera aparecía dedicando la mayor parte de su tiempo tramando venganzas contra las ninfas seducidas por su marido, pues defendía todas las antiguas reglas correctas de la sociedad y hermandad femenina helenas.

Hera era hija de Rea y Crono, y fue abruptamente tragada al nacer por éste debido a una profecía sobre que uno de sus hijos le arrebataría el trono. Zeus le fue ocultado y cuando creció salvó a todos sus hermanos y mató a Crono.

Culto:

Hera fue especialmente adorada, como «Hera Argiva» (Hera Argeia), en su santuario situado entre las antiguas ciudades-estado micénicas de Argos y Micenas, donde se celebraban en su honor las Heraia, unos festivales. «Tres son las ciudades que más quiero», declaraba la diosa celestial de ojos de buey (La Ilíada, IV 50): «Argos, Esparta y Micenas, la de anchas calles». Su otro centro principal de culto estaba en Samos. Había también templos dedicados a Hera en Olimpia, Corinto, Tirinto, Peracora y la sagrada isla de Delos. En la Magna Grecia, el templo durante mucho tiempo llamado Templo de Poseidón en el grupo de Paestum fue identificado en los años 1950 como un segundo templo de Hera.

Los altares griegos de la época clásica estaban siempre al aire libre. Hera puede haber sido la primera a quien se dedicó un santuario en un templo cerrado con techo, en Samos sobre el 800 adC. (Posteriormente reemplazado por el Heraion, uno de los mayores templos griegos de la historia.) Santuarios más antiguos, cuya dedicación es menos segura, eran del tipo micénico llamado «casas santuario». Las excavaciones de Samos han descubierto ofrendas votivas, muchas de ellas de finales del siglo VIII y VII adC, revelando que Hera no fue simplemente una diosa local del Egeo: el museo de Samos contiene hoy figuras de dioses, rogativos y otras ofrendas votivas procedentes de Armenia, Babilonia, Irán, Asiria y Egipto, testimonio de la reputación que este santuario de Hera disfrutó y de la gran afluencia de peregrinos: un aviso de que los mitos griegos no evolucionaron en un vacío cultural (Burkert 1998).

En Eubea se celebraba en ciclos de sesenta años el festival de la gran Daedala, consagrado a Hera.

En las imágenes helenísticas, la carreta de Hera era tirada por pavos reales, pájaros desconocidos para los griegos antes de las conquistas de Alejandro Magno, llamados por su tutor, Aristóteles, «pájaros persas». El motivo del pavo real resurgió en la iconografía renacentista que unificó a Hera y Juno, y que nos es familiar por las obras de los pintores europeos (Seznec 1953). Un pájaro que había sido asociado con Hera en un nivel arcaico, donde la mayoría de las diosas egeas eran relacionadas con «sus» pájaros, era el cuco, que aparece en fragmentos mitológicos acerca del primer cortejo de una virginal por parte de Zeus.

Su asociación arcaica era principalmente con el ganado, como una Diosa Vaca que fue especialmente venerada en la ganadera Eubea. Su familiar epíteto homérico βοῶπις boôpis se traduce siempre como ‘con ojos de vaca’, pues, como los griegos clásicos, rechazamos su otra traducción natural como ‘con cara de vaca’ o al menos ‘de aspecto vacuno’. Una Hera con cabeza de vaca, como un Minotauro, sería un oscuro y temible demonio, pero en yacimientos arqueológicos muy antiguos de Chipre se han hallado cráneos de toro que han sido adaptados para usarse de máscaras (ver Toro (mitología)).

La granada, un antiguo emblema de la Gran Diosa, permaneció como símbolo de Hera: muchas de las granadas votivas y cápsulas de amapola recuperadas en Samos están hechas de marfil, que sobrevive al enterramiento mejor que la madera, de las que debieron estar hechas las más comunes. Como todas las diosas, Hera puede ser representada llevando una diadema y un velo.

Algunos epítetos eran thea leukôlenos (θεὰ λευκώλενος, ‘diosa de brazos blancos’), chrysothronos (χρυσόθρονος, ‘la del trono dorado’) y eukomos (‘hermosos cabellos’).

Hera y sus hijos:

Hera presidía sobre los correctos preparativos del matrimonio y es el arquetipo de la unión en el lecho nupcial, pero no destaca como madre. Los legítimos descendientes de su unión con Zeus son Ares (dios de la guerra), Hebe (diosa de la juventud), Eris (diosa de la discordia) e Ilitía (diosa de los partos). Hera estaba celosa de que Zeus alumbrase a Atenea sin recurrir a ella (en realidad, con Metis), así que engendró a Hefesto sin él. Zeus o la propia Hera estuvieron entonces disgustados con la fealdad de Hefesto y lo expulsaron del Olimpo. Según otra versión alternativa, Hera dio a luz sola a todos los hijos normalmente atribuidos a Zeus y a ella juntos, golpeando su mano contra el suelo, un acto solemne para los griegos, o comiendo lechuga.

Hefesto se vengó de Hera por haberle rechazado haciendo un trono mágico para ella que, cuando se sentó, no le dejaba levantarse de él. Los demás dioses rogaron a Hefesto que volviese al Olimpo para liberarla pero éste se negó repetidamente. Dioniso le emborrachó y le llevó de vuelta al Olimpo a lomos de una mula. Hefesto liberó a Hera tras recibir a Afrodita por esposa.

Hera, la némesis de Heracles:

Hera fue la madrastra y enemiga de Heracles, el héroe que, más incluso que Perseo, Cadmo o Teseo, introdujo los hábitos olímpicos en Grecia (Ruck y Staples 1994). Cuando Alcmena estaba embarazada de Heracles, Hera intentó evitar que éste naciera atando las piernas de Alcmena en nudos. Sus planes fueron frustrados por Galantis, la sierva de Alcmena, quien dijo a Hera que ya había traído el niño al mundo. Hera la transformó en una comadreja.

Cuando Heracles era aún un infante, Hera envió dos serpientes para matarlo mientras dormía en su cuna. Heracles estranguló una serpiente con cada mano y su niñera le halló divirtiéndose con sus cuerpos flácidos como si fueran juguetes. Esta anécdota parte de una representación del héroe asiendo una serpiente en cada mano, justo como las familiares diosas minoicas había hecho una vez. «La imagen de un niño divino entre dos serpientes puede haber sido muy familiar para los tebanos, que adoraban a los Cabiros, aunque no era representada como una primera hazaña de un héroe».

Un relato del origen de la Vía Láctea cuenta que Zeus había engañado a Hera para que amamantase al infante Heracles. Al descubrir quién era éste, lo retiró de su pecho, y un chorro de su leche formó la mancha que cruza el cielo. Los etruscos representaban a un Hercle (Heracles) adulto y barbudo al pecho de Hera.

Algunos mitos sostienes que Hera se hizo amigo de Heracles por salvarla de un gigante que intentó violarla, y que incluso le dio a su hija Hebe como prometida. Cualquiera que fuese el mito fabricado para explicar una representación arcaica de Heracles como ‘hombre de Hera’, se consideró adecuado para los constructores del Heraion en Paestum, que representaron las hazañas de Heracles en bajorrelieves (señalado en este contexto por Kerényi 1959, p. 131).

Los doce trabajos:

Hera encargó a Heracles trabajar para el rey Euristeo de Micenas. Intentó hacer casi todos los doce trabajos de Heracles más difíciles de lo que ya eran.

Cuando Heracles luchó con la hidra de Lerna, envió un cangrejo para que le picase los pies con la esperanza de distraerle. Para molestar a Heracles después de que éste se robase el ganado de Gerión, Hera envió un tábano para picar a las reses, irritarlas y dispersarlas. Hera provocó entonces una inundación que elevó el nivel de un río tanto que Heracles no podía vadearlo con el ganado. Heracles apiló piedras en el río para hacer el agua menos profunda. Cuando logró llegar a la corte de Euristeo, el ganado fue sacrificado a Hera.

Euristeo también quería sacrificar el toro de Creta a Hera, quien rehusó el sacrificio porque reflejaba la gloria de éste. El toro fue liberado y vagó hasta Maratón, pasando a ser conocido como el toro de Maratón.

Los celos de Hera:

Eco:

Durante un tiempo, una ninfa llamada Eco tuvo el trabajo de distraer a Hera de las aventuras de Zeus hablándole incesantemente. Cuando Hera descubrió el engaño, maldijo a Eco a pronunciar sólo las palabras de los demás (de ahí nuestra palabra moderna «eco»).

Leto, Artemisa y Apolo:

Cuando Hera descubrió que Leto estaba embarazada y que su marido, Zeus, era el padre, prohibió que Leto diera a luz en terra firma, es decir, el continente o cualquier isla del mar. Leto encontró la isla flotante de Delos, que no era el continente ni una isla real, y dio a luz allí. La isla estaba rodeada de cisnes. Como gesto de gratitud, Delos estaba sujeta con cuatro pilares. Más tarde la isla fue santificada a Apolo. Alternativamente, Hera secuestró a Ilitía, la diosa de los partos, para evitar que Leto diese a luz. Los demás dioses obligaron a Hera a dejarla ir. De cualquier forma, primero nació Artemisa y ésta ayudó a nacer a Apolo. Otra versión afirma que Artemisa nació un día antes que Apolo, en la isla de Ortigia, y que ayudó a Leto a cruzar el mar hasta Delos el día siguiente para dar a luz a Apolo.

Calisto y Arcas:

Hera también aparece en el mito de Calisto y Arcas.

Calisto era una seguidora de Artemisa que hizo voto de permanecer virgen. Pero Zeus se enamoró de ella y se disfrazó de Apolo para poder atraerla hasta sus brazos. Hera, la esposa de Zeus, convirtió entonces a Calisto en una osa como venganza. Más tarde, el hijo que Calisto tuvo con Zeus, Arcas, estuvo a punto de matarla cuando estaba de cacería, pero Zeus los subió a ambos al cielo como las constelaciones Osa Mayor y Osa Menor.

En una versión alternativa, Calisto era miembro del cortejo de Artemisa y perdió su virginidad con Zeus, quien se había disfrazado de Artemisa. Enfurecida, ésta la transformó en oso. El hijo que Calisto había tenido con Zeus, Arcas, estuvo a punto de matarla cuando estaba de cacería, pero Zeus o Artemisa lo detuvo y subió a ambos al cielo como las constelaciones Osa Mayor y Osa Menor.

Y en otra versión alternativa, Artemisa mató deliberadamente a Calisto cuando ésta tenía forma de oso.

Sémele y Dioniso:

Dioniso era hijo de Zeus y una mujer mortal, Sémele. Una celosa Hera intentó de nuevo matar al niño, esta vez enviando a los Titanes a despedazar a Dioniso tras atraerle con juguetes. Aunque Zeus ahuyentó a los Titanes con sus rayos, éstos ya habían devorado todo salvo el corazón, que fue salvado, según la fuente, por Atenea, Rea o Deméter. Zeus usó el corazón para recrear a Dioniso e implantarlo en el vientre de Sémele, de ahí que fuese «el nacido dos veces». Ciertas versiones insinúan que Zeus le dio a comer el corazón a Sémele para embarazarla. Hera engañó a Sémele para que le pidiese a Zeus que se mostrase en su auténtica forma, lo que la mató. Dioniso logró rescatarla del inframundo y la llevó a vivir al monte Olimpo.

Ío:

Hera estuvo a punto de sorprender a Zeus con su amante la princesa argiva Ío, lo que éste logró evitar convirtiéndola en una hermosa ternera blanca. Sin embargo Hera sospechó el engaño y pidió a Zeus que le diese la ternera como un regalo, a lo que éste no pudo negarse.

Cuando Hera recibió a Ío, la dejó a cargo de Argos, el gigante de cien ojos, para mantenerla apartada de Zeus. Éste envió entonces a Hermes, quien disfrazado de pastor logró que todos los ojos de Argos cayesen dormidos con historias aburridas, y entonces lo mató de una pedrada, rescatando así a Ío. Hera envió entonces un tábano para que la picase, obligándola a vagar sin rumbo por el mundo con forma de vaca. Finalmente Ío llegó a los confines del mundo, (que los romanos creían que era) Egipto, donde se convirtió en sacerdotisa de la diosa egipcia Isis.

Lamia:

Lamia era una reina de Libia a quien Zeus amaba. Hera la transformó en un monstruo y mató a sus hijos. O, alternativamente, mató a sus hijos y fue el dolor lo que la convirtió en dicho monstruo. Lamia fue maldecida con la incapacidad de cerrar sus ojos, de forma que siempre estuviese obsesionada con la imagen de sus hijos muertos. Zeus le concedió el don de poder sacarse los ojos para descansar, y luego volver a ponérselos. Lamia sentía envidia de otras madres y devoraba a sus hijos.

Gerana:
Gerana era un reina de los pigmeos que alardeaba de ser más bella que Hera. La iracunda diosa la transformó en grulla y decretó que los descendientes de este pájaro estarían eternamente en guerra con el pueblo pigmeo.

Otras historias involucrando a Hera:

Cidipe:

Cidipe, una sacerdotisa de Hera, iba de camino a un festival en honor de la diosa. Los bueyes que tiraban de su carro iban retrasados y sus hijos, Bitón y Cleobis, tiraron del carro el camino completo (45 estadios, 8 km). Cidipe quedó impresionada con la devoción hacia ella y su diosa y pidió a Hera que concediera a los niños el mejor regalo que un dios pudiera dar a una persona. Hera ordenó que los hermanos morirían cuando estuviesen dormidos.

Este honor concedido a los niños fue más tarde usado por Solón como prueba cuando trataba de convencer a Creso de que es imposible juzgar la felicidad de una persona hasta que haya muerto tras una vida gozosa (según las Historias de Heródoto, Libro I).

Tiresias:

Tiresias era un sacerdote de Zeus que, de joven, encontró dos serpientes apareándose y las golpeó con un palo. Entonces fue transformado en una mujer. Como mujer, Tiresias se convirtió en sacerdotisa de Hera, se casó y tuvo hijos, incluyendo a Manto. Tras siete años como mujer, Tiresias volvió a encontrar dos serpientes apareándose, las golpeó con su bastó y se convirtió en hombre de nuevo. Zeus y Hera le pidieron que dicidiese la cuestión de con qué sexo, masculino o femenino, experimentaba más placer en sus relaciones sexuales. Zeus afirmaba que era como mujer, y Hera decía que como hombre. Cuando Tiresias estuvo de acuerdo en Zeus, afirmando que la mujer recibe nueve décimos del placer, Hera le cegó. Como Zeus no podía deshacer esta maldición, concedió a Tiresias el don de la profecía. Una versión alternativa y menos conocida de la historia cuenta que Tiresias fue cegado por Atenea tras encontrársela bañándose desnuda. Su madre, Cariclo, rogó a la diosa que deshiciera su maldición, pero Atenea no podía hacerlo y a cambio le concedió el don de la profecía.

Quelona:

En la boda de Zeus y Hera, una ninfa llamada Quelona fue irrespetuosa (o rehusó servir). Zeus la castigó transformándola en tortuga.

Engaño de Zeus:

Hera, junto con varios de los olímpicos (Apolo, Atenea, Poseidón) intentaron una vez destronar a Zeus y adueñarse del Olimpo. Para eso encadenaron a Zeus a su lecho y alejaron de él su rayo. Mientras discutían quién gobernaría el Olimpo, el centímano Briareo liberó a Zeus, y el dios castigó a los usurpadores. Como castigo ejemplar, colgó a Hera desde el cielo, con sus brazos encadenados a argollas de oro y un yunque atado a cada pie. Los gritos lastimeros de Hera terminaron ablandando el corazón de Zeus, quien la liberó posteriormente.

La Ilíada:

Durante la Guerra de Troya, Diómedes luchó con Héctor y vio a Ares luchando en el bando troyano. Diómedes pidió a sus soldados que se retirasen lentamente. Hera, la madre de Ares, vio la injerencia de éste y pidió permiso a Zeus, su padre, para alejar a Ares del campo de batalla. Hera animó a Diómedes a atacar a Ares y éste arrojó su lanza contra el dios. Atenea guió la lanza hasta el cuerpo de Ares, quien rugió de dolor y huyó al monte Olimpo, lo que obligó a los troyanos a retirarse.

El vellocino de oro:

Hera odiaba a Pelias por haber asesinado a Sidero, su madrastra, en un templo consagrado a ella. Manipuló a Jasón y Medea para que matasen a Pelias.

Las metamorfosis:

En Tracia, como Ovidio cuenta en Las metamorfosis 6.87, Hera y Zeus convirtieron al rey Hemo y la reina Ródope en montañas, los Balcanes y las montañas Ródope respectivamente, por su hibris al compararse con los propios dioses.

Hera en la Tradición de la Brujeria:

Para la Tradición de Brujeria que practica mi familia, Hera es la Diosa vinculada al fuego y las emociones impulsivas, sin control, las reacciones venáticas, la furia ciega. También tiene un aspecto más positivo relacionado con el poder de las convicciones y la capacidad de la figura de Hera para crear un vinculo de energia en rituales relacionados con la creatividad y el poder de la convicción.

(1) Para la Tradición de Brujeria que practica mi familia, hoy se celebra la advocación de Hera, como la Dueña del tiempo del espiritu.

Una mirada a la cosmovisión Nórdica.

Las fuentes de la mitología nórdica son (principalmente) las Eddas, la Edda Mayor y la Edda menor.

La Edda Mayor, que es también la más antigua, es una colección de poemas anónimos. El idioma es islandés y data del año 1000 o incluso antes. Se pueden dividir los poemas en dos grupos: poemas míticos que hablan sobre la creación y el fin del mundo, y los poemas heróicos que hablan principalmente sobre Odin y Thor.

La Edda Menor es también llamada la Edda de Snorre Sturluson quien lo escribió alrededor de 1220. Es un manual de poesia para los escaldos. Consta de tres partes: 1) Gylfaginning; es una descripción de la mitología, es decir el mito de la creación del mundo, de los dioses y de sus vidas. El propósito de contar los mitos era dar a los escaldos la base de su poesia. 2) Skáldskaparmál; es una presentación sistematica del lenguaje de los escaldos, y contiene asimismo muchas citas de poemas de escaldos denominados y anónimos. 3) Hattal; significa registro de metros. Consta de una poema de 102 estrofas, cada una con su propia pecularidad métrica o linguística, mostrando así las reglas del lenguaje poético.

El Mito de la Creación:

Al principio, érase el Frío y el Calor. El frío era Nilfheim, un mundo de oscuridad, frío y niebla. El calor era Muspell, el mundo del eterno calor. Entre estos dos mundos existía un gran vacío con el nombre de Ginnungagup. En Ginnungagup surgió la vida al encontrarse el hielo de Niflheim y el fuego de Muspell. De este encuentro entre el frío y el calor nacieron primero el ogro Ymer y después la gigante vaca llamada Audumbla. Ymer vivió de la leche de Audumbla, y de su sudor nació una pareja de gigantes, y de sus pies un hijo. Ese fue el origen de los “gigantes de escarcha”, también llamados yotes. Audumbla vivió lamiendo la escarcha en las rocas salobres, de donde surgió poco a poco el primer hombre, Bure, y de él descienden los dioses llamados asas. El hijo de Bure, de nombre Bor, se casó con la hija de un yote, Bestla, y juntos tuvieron tres hijos dioses: Odin, Vile y Ve. Odin y sus hermanos mataron a Ymer, y de su cuerpo crearon la tierra, de su sangre el mar, de su cráneo el cielo, de sus huesos las montañas, de su pelo los bosques, de su cerebro las nubes y de sus cejas un muro alrededor del inhabitable exterior. En este nuevo mundo crearon el mundo de los hombres, llamado Midgård. Luego, y para que los hombres no se sintieran solos, crearon en el centro de Midgård el mundo de los asas, Asgård, en cuyo centro crecía un gran fresno llamado Yggdrasil. Yggdrasil fue el árbol de la vida, y si muriera, significaría la destrucción total del mundo. Yggdrasil sostenía el cielo y en su copa vivía un águila, y entre los ojos del águila un gavilán llamado Vederfølner. Por el tronco corría la ardilla Ratatosk pasando noticias e insultos entre el águila el dragón Nidhug que vivía al lado de una de las raíces de Yggdrasil. Cuatro ciervos corrían por sus ramas y el rocío que caía de su cornamenta formaba los ríos del mundo. Yggdrasil tenía tres raíces. Una yacía en Asgård, donde también se encontraba el pozo de Urd vigilado por tres nornas, encargadas de sacar agua del pozo para regar Yggdrasil. Estas tres nornas (diosas del hado) reinaban sobre el destino de los hombres y decidían si vivirían felices o no. La otra raíz yacía en Jotunheim, el mundo de los yotes (gigantes de escarcha), y aquí también se encontraba el pozo de Mimer. Era el pozo de la sabiduría y el que bebía del pozo sabría todo lo pasado y todo lo venidero. En el fondo del pozo se hallaba uno de los ojos de Odin, quien lo dio en prenda a cambio de sabiduría. La tercera raíz yacía en Niflheim, donde se encontraba también el dragón Nidhug. En Asgård tenía Odin su casa llamada Valhal, donde vivían los guerreros vikingos muertos (Einherjerne) y las valquirias. Las valquirias eran las vírgenes guerreras o espíritus de guerra de Odin, y las que llevaban a los guerreros muertos a Valhal. Valhal tenía 540 puertas y todas tan grandes que podían entrar 800 hombres a la vez. Su techo estaba cubierto de escudos dorados, encima de los cuales caminaba la cabra Heidrun. Heidrun comía las hojas de Yggdrasil y de su ubre caía la hidromiel que bebían los guerreros. Todos los días los guerreros de Valhal salían al campo de batalla, aunque ahora sin que les ocurriera nada. Si se les caía un brazo o una pierna, las valquirias lo arreglaban por la noche. Después de la batalla venía el gran festín con mucha comida y bebida. Valhal era una especie de paraíso para los guerreros, algo que les quitaba el miedo a morir. Así se preparaban para la última batalla el día de Ragnerok, “el crepúsculo de los dioses”, el día del fin del mundo.

Los dioses:

Odin: Era el dios supremo, padre de todos los hombres y de muchos de los dioses. Era el dios tanto de la sabiduría como de la guerra. Dio un ojo en prenda a cambio de la sabiduría del pozo de Mimer. Cuando se sentaba en su trono Lidskjavl, veía todo lo que pasaba en el mundo. También tenían dos cuervos llamados Hugin y Munin que salía todas las mañanas y regresaban antes del desayuno para dar cuenta a Odin de todo lo que habían visto y oído. Gere y Frece son sus dos lobos, que comen toda la comida de Odin, porque él se mantenía únicamente de vino. Su caballo Sleipner tenía ocho piernas y corría más que cualquier otro animal u hombre tanto por aire, como por tierra y agua. También era el dios de la muerte de los guerreros, a los que llevan a Valhal al morir. Odin tuvo tres esposas: la primera era Jord o Fjordgyn con quien tuvo a Thor; la segunda se llamaba Frigg y era su favorita y con ella tuvo el hijo Balder; la tercera era Rinda, con quien tuvo a su hijo Vali que sobrevivirá al Ragnerok.

Thor: Era el dios de la guerra y la lucha salvaje. Era el hijo de Odin, y el más fuerte de todos los dioses . Siempre llevaba su martillo Mjølner que tenía la maravillosa capacidad de siempre dar en el blanco para después regresar a su dueño. Cuando lo tiraba se veían relámpagos en el cielo y sonaban truenos cuando viajaba en su carro llevado por dos machos cabríos de nombre Tandgnojst y Tandgrisner. Los machos cabríos podría ser sacrificados al atardecer y luego resucitar la mañana siguiente, si se tenía cuidado de no romper ningún hueso y si se recogían todos los huevos y se metían en la piel del animal. También poseía un cinturón de fuerza que doblaba su ya de por si considerable fuerza y unos guantes de hierro. Thor estuvo casado con Sif y tuvo tres hijos; Magni, Modi y Trud.

Freya: Freya era la diosa del amor y de la fertilidad, la más bella de todas las diosas. También era la que enseñaba a los dioses el arte de la magia. Tenía una manta mágica de plumas con la que se transformaba en un halcón, y un collar llamado Brisingegamen. Montaba en un carro llevado por dos gatos. Lloraba con lágrimas de oro. Freya y Odin se repartían entre ellos los guerreros muertos.

Frey: Era el hermano de Freya, y como ella dios del amor y de la fertilidad. Tenía el maravilloso barco llamado Skidbladnir, que se desplegaba después de utilizarlo y siempre tenía un viento favorable al izar la vela. Tenía también una espada que blandía sólo, y un jabalí mágico, Gullinbursti, que corría muy deprisa por tierra y por mar.

Heimdall: Hijo de Odin, tenía ocho hermanas como madre. Es el guardián del puente Bifrost que va de Midgard a Asgard, por lo que los dioses le han dotado de una visión y un oído extraordinarios. Ve a una distancia de más de 100 millas y oye crecer la lana en los lomos de los corderos. Es el que anunciará el comienzo de Ragnerok haciendo sonar su cuerno Gjallarhorn que se oirá en todo el mundo.

Balder: Balder era el dios de la luz y de la verdad. Era hijo de Odin y Frigg. Vivía en el palacio Breidablik, cuyo techo era de oro y cuyas columnas de plata maciza. Nada falso podía entrar por sus puertas. Por medio de un sueño, se conoce que Balder va a morir joven. Odin pide a su esposa Frigg (diosa del matrimonio y de la naturaleza salvaje), la madre de Balder, que haga jurar a todos los vivientes, a todas las fuerzas y a todas las cosas del universo que no le harán daño a Balder. Para celebrar que Balder ya era invencible, los otros dioses se divertían con un juego, en que todos podían lanzar lo que quisieran contra él. Pero Frigg había dejado sin juramento a un pequeño brote de muérdago, y Loke, disfrazado de anciana, se enteró y fue en busca del brote. Se lo dio al hermano ciego de Balder, Hodur, quien, con su ayuda, lo lanzó contra su hermano matándole. Por petición de Odin, la reina del infierno, Hel, accedió a devolver a Balder al mundo de los vivos a condición de que absolutamente todo el universo llorara por él. Lo hace todo el universo menos una vieja bruja llamada Thokk, que, en realidad, era Loke disfrazado de nuevo.

Loke: Loke era en realidad un yote, un gigante de las escarchas. Llegó a Asgard porque se hizo hermano de sangre con Odin. Era el dios del engaño, de la mentira y del caos, un espíritu malvado, provocador de tumultos y ladrón. Tenía la capacidad de transformarse en cualquier animal. Era el principal responsable de la muerte de Balder, pero también ayudaba muchas veces a los dioses a salir de situaciones difíciles. Los dioses le dieron un castigo por la muerte de Balder. Le ataron a unas rocas grandes con las tripas de uno de sus hijos, y encima de su cabeza le colgaron una serpiente venenosa. Su mujer Sigyn recogía en una copa las gotas de veneno que continuamente caían sobre su cara. Pero cada vez que vaciaba la copa, le llegaban a caer algunas gotas, lo que le producía unos dolores tremendos. Cuando se retorcía de dolor, la tierra temblaba. Una vez iban a construir un muro alrededor de Asgard. Se ofreció un gigante para construirlo a cambio de la diosa Freya, más el sol y la luna. Los dioses aceptaron con tal que acabara el muro en 6 meses, tal como les había aconsejado Loke. El gigante aceptó a condición de que le dejasen utilizar su caballo Svadilfare. El proyecto comenzó y avanzó muy de prisa. Al estar a punto de cumplirse los 6 meses, los dioses empezaron a preocuparse. No querían perder a Freya, ni al sol y a la luna, y exigieron a Loke que buscara una solución. Loke se convirtió en una yegua que distrajo al caballo Svadilfare, sin el cual el gigante fue incapaz de cumplir el plazo. Luego Loke dio a luz a un caballo con ocho piernas y se lo regaló a Odin, quien lo llamó Sleipner. Con la giganta Angerbode tuvo tres monstruos, los más terribles del universo: Fenrisulven (el lobo Fenrir), Midgardsormen (la serpiente Midgard) y Hel, la reina del infierno.

Fenrisulven: Llegó a Asgard siendo un cachorro para que los dioses lo vigilaran, pero en seguida se hizo muy grande y sólo el dios Thor, Tyr, se atrevía a darle de comer. Se había predicho que él y su familia serían los responsables de la destrucción del mundo, por lo que al final los dioses querían atarle. Lo intentaron con dos cadenas distintas, pero Fenrisulven rompió las dos. Al final los dioses acudieron a los enanos herreros, quienes hicieron una cadena con 6 cosas: las pisadas de un gato, la barba de una virgen, las raíces de una montaña, los sueños de un oso, el aliento de un pez y el escupitajo de un pájaro. Fenrisulven ya no se fiaba de los dioses aunque Gleipner más bien parecía un hilo de seda, y dijo que sólo se dejaba poner la cadena si alguno de los dioses se atrevía a meter el brazo en su boca. El único que se atrevió fue Tyr. Fenrisulven quedó atrapado por Gleipner y Tyr perdió el brazo. Permanecerá atado hasta el día de Ragnerok.

Midgardsormen: Un serpiente que vive en el mar que rodea la tierra. Igual que su hermano Fenrisulven, Midgardsormen se crió en Asgard. Cuando se hizo demasiado grande, Thor la tiró al mar para ahogarla. No podía matarla en la tierra, porque se derramaría su veneno envenenando todo a su alrededor. Se había predicho que lucharía con Thor cuando llegara Ragnerok y que se matarían mutuamente.

Hel: Hermana de Fenrisulven y Midgardsormen. Es la reina del infierno Nielfheim y allí fue arrojada por los dioses. Vive en el palacio Eljudner (palacio de la miseria), cuya puerta principal se llamaba Falanda Forad (el principio) y cuyo vestíbulo se llamaba Bilkanda (maldición). Tenía dos servidores llamados Ganglad og Gangled (retraso y pereza). Su cama tenía el nombre de Keur (enfermedad e insomnio), su mesa Hungur (hambre), y su cuchillo Sultur (la sed).

La Violencia contra las convicciones.





Las protestas en Venezuela continuan. Los estudiantes, periodistas, el ciudadano común hemos alzado la voz para reclamar el derecho legítimo que nos asiste como ciudadano: La vigencia de la Libertad de expresión. Durante tres días, hemos realizado un llamado a la conciencia de nuestras autoridades , en busca de una respuesta idónea que repare la conculcación a nuestro derecho de expresión conciente. No hemos recibido otra respuesta que la Violencia. Sin embargo, aqui continuaremos, con la frente en alto y la dignidad de los hijos de esta Tierra, llevando nuestra lucha a las calles, dandole un rostro humano.

Libertad para mi país!

La Señora de la Tierra virgen.

En la mitología romana Ceres (de la raíz protoindoeuropea ker, ‘crecer’) era la diosa de la agricultura, las cosechas y la fecundidad. Su equivalente en la mitología griega era Deméter.

Mito:

Ceres era hija de Saturno y Ops, esposa y hermana de Júpiter, madre de Proserpina y hermana de Juno, Vesta, Neptuno y Plutón.

Enseñó a los hombres el arte de cultivar la tierra, de sembrar, recoger el trigo y elaborar pan, lo que hizo que fuese considerada diosa de la agricultura. Su hermano Júpiter, prendado de su belleza, engendró con ella a Proserpina (asimilada a Perséfone en la mitología griega). También Neptuno se enamoró de ella, y para escapar de éste Ceres se transformó en yegua, pero el dios se dio cuenta y se transformó a su vez en caballo, siendo así Ceres madre del caballo Arión.

Ceres era también la patrona de Enna (Sicilia). Según la leyenda, rogó a Júpiter que Sicilia fuese ubicada en los cielos. El resultado, debido a que la isla tiene forma triangular, fue la constelación Triangulum, uno de cuyos nombre antiguos fue «Sicilia».

Tenía doce dioses menores que la ayudaban y estaban a cargo de los aspectos específicos de la agricultura: Vervactor, que transforma la tierra en barbecho; Reparator, que la prepara; Imporcitor (del latín imporcare, ‘hacer surcos’), que la ara en anchos surcos; Insitor, que siembra; Obarator, que ara la superficie; Occator, que la escarifica; Sarritor, que la escarda; Subruncinator, que la clarea; Messor, que cosecha; Conuector, que transporta lo cosechado; Conditor, que lo almacena; y Promitor, que lo distribuye.

Culto:

Los habitantes de Sicilia, vecinos del volcán Etna, conmemoraban anualmente la salida de Ceres a sus largos viajes corriendo por la noche con antorchas encendidas y dando grandes gritos.

En Grecia eran numerosas las Demetrias, fiestas de Deméter, la diosa equivalente a Ceres. Los más curiosos eran indudablemente aquellos en los que los seguidores de la diosa se fustigaban unos a otros con látigos hechos de corteza de árboles. Atenas tenía dos fiestas solemnes en honor de Ceres: una llamada Eleusinia y otra, Tesmoforia. Se decía que fueron instituidas por Triptólemo. Se sacrificaban cerdos, debido a los daños que causaban a los frutos de la tierra, y se hacían libaciones de vino dulce.

Los romanos adoptaron a Ceres en 496 adC durante una devastadora hambruna, cuando los Libros Sibilinos aconsejaron la adopción de su equivalente griega Deméter, junto con Core (Perséfone) y Yaco (posiblemente Dioniso). Ceres era personificada y honrada por las mujeres con rituales secretos en las Ambarvalia, fiestas celebradas en mayo con procesiones en las que las romanas vestían el blanco propio de los hombres, quienes eran simples espectadores. Se creía que estas fiestas, para agradar a la diosa, no debían ser celebradas por gente de luto, razón por la que no se celebraron el año de la batalla de Cannas.

Se erigió un templo a Ceres en el monte Aventino de Roma. Su principal festividad era la Cerealia o Ludi Ceriales (‘juegos de Ceres’), instituidos el siglo III adC y celebrados anualmente del 12 al 19 de abril. El culto a Ceres pasó a estar especialmente relacionado con las clases plebeyas, que dominaban el comercio de grano. Se sabe poco de los rituales de este culto, siendo una de las pocas costumbres que fueron registradas la peculiar práctica de atar ascuas ardiento a las colas de zorros que entonces se soltaban en el Circo Máximo.

Además del cerdo, la cerda o la jabalina, Ceres admitía también el carnero como sacrificio. En sus festividades, las guirnaldas usadas eran de mirto o narciso, pero las flores estaban prohibidas, porque fue recogiendo flores como Proserpina fue raptada por Plutón. Únicamente le estaba consagrada la amapola, no sólo porque crece entre el trigo sino también porque Júpiter se la hizo comer para provocarle sueño y así alguna tregua a su dolor.

En Creta, Sicilia, Lacedemonia y varias otras ciudades del Peloponeso se celebraban periódicamente los Eleusinos o misterios de Ceres, si bien eran los de Eleusis los más famosos. De aquí pasaron en Roma, donde subsistieron hasta el reinado de Teodosio. Estos misterios se dividían en grandes y pequeños. Los pequeños eran una preparación a los grandes que se celebraban cerca de Atenas, en la ribera del Iliso. Conferían una especie de noviciado. Tras un determinado plazo de tiempo más o menos largo, se iniciaba al principiante a los grandes misterios, en el templo de Eleusis. Las fiestas de Eleusis duraban nueve días, cada año, en el mes de septiembre, días en los que se cerraban los tribunales. Los atenienses hacían iniciar a sus hijos en los misterios eleusinos desde la cuna. Estaba prohibido, incluso a las mujeres, hacerse conducir al templo en coche o en carro. Los iniciados se consideraban bajo la tutela y la protección de Ceres, por lo que se esperaba de ellos una felicidad sin límites.

Representaciones:

Ceres se representa habitualmente con el aspecto de una mujer hermosa, de estatura majestuosa y de tez coloreado, con la mirada lánguidos y el cabello rubio cayendo en desorden sobre sus hombros.

Además de una corona de espigas de trigo, lleva una diadema muy alta. A veces está coronada con una guirnalda de espigas o amapolas, símbolo de la fecundidad. Tiene unos pechos grandes y porta un haz de espigas en la mano derecha y una antorcha encendida en la izquierda. Su túnica le llega hasta sobre los pies, y a menudo lleva un velo echado hacia atrás. A veces le dan un cetro o una hoz: dos pequeños niños, pegados a su seno y llevando cada uno un cuerno de la abundancia, señalan suficientemente a la nodriza del género humano. Lleva un paño de color amarillo, el color del trigo maduro.

La Ceres negra:

En Arcadia, los figalios elaboraron una estatua de madera cuya cabeza era la de una yegua con dragones a modo de crines, a la que se llamaba la Ceres negra. Dado que esta estatua se quemó por accidente, los figalios descuidaron el culto de Ceres y por ello fueron castigados con una terrible sequía que no cesó hasta que, por consejo de un oráculo, se repuso la estatua.

Para la tradición de la Antigua Religión que practica mi familia, Ceres es la diosa protectora de las tierras y su fertilidad. En los siglos XVI y XVII, la brujería Italiana dedicaba rituales de Plenilunio a Ceres para asegurar la fuerza de los sembradíos y la fertilidad de las jovenes doncellas que realizaban el ritual. En la actualidad, los rituales a Ceres se llevan a cabo cuando ocurre una confluencia de dos lunas llenas en un mismo mes ( Luna Azul ) y se realizan invocando la Diosa Ceres mediante el encendido de dos velas azules y realizando una pequeña ofrenda de pan y leche en su nombre.

(1) Según la Tradición de la Brujeria que practica mi familia, hoy se lleva la celebración ritual de Ceres, como Señora de los Campos y Sembradíos.

Mito y Religión Romana

1. Los dioses

La religión sirve como mecanismo de seguridad en la vida. Los romanos tienen mucho interés por los procesos naturales de los que depende su felicidad. Todo hecho cuyas causas no son fácilmente explicables es recurrido por la intervención divina o la Fortuna, es decir, todo lo que no es explicable es atribuido a una divinidad.

“Todo está asociado a la actividad divina y espiritual, y es el resultado de ella.”

Todos los procesos y hechos de la vida están vinculados con las divinidades. Existen varios aspecto a distinguir, a saber: los hechos importantes son controlados por la divinidad; los hechos particulares por los dioses.

Los cultos primitivos se relacionan con la forma de vida de la época. Así cultos como los de Ceres o Pomona. Los dioses se van incorporando a la sociedad romana a medida que se desarrolla la sociedad y, sobre todo, a medida que surgen los problemas, ya que los dioses aparecen cuando hay algún hecho extraño, inexplicable que se quiere evitar y dejarlo así en manos de los dioses. Un ejemplo de ello es la crisis del siglo V a.C. en el que se entra en una depresión económica, una escasez del grano y una epidemia. Por ello se funda la institución del culto a Mercurio, que garantiza así las transacciones comerciales, Ceres, que activa la germinación, y Apolo, que suministra el poder de curación. Roma acogerá cultos de otras civilizaciones y pueblos cercanos para soliviantar sus necesidades.

Cada dios estaba encargado de una función vital, ya que los romanos buscaban ante todo su seguridad y bienestar confiando para ello en la actividad divina. Los fenómenos climáticos y atmosféricos se explicaban y atribuían también a los dioses, ya que la lluvia o el calor resultaban fenómenos propios de los dioses. Así, por ejemplo, Júpiter Lutecio o Júpiter Fulgur. La sociedad romana era muy práctica. Se llegaba incluso a hacer un listado amplio de dioses para actividades de todo tipo, divinidades menores. Las funciones importantes son las que están en manos de los dioses. Algunas actividades resultan muy importantes en la vida cotidiana de los romanos.

Muchos dioses también se atribuyen a espacios físicos, tales como bosques, fuentes, ríos, cuevas, que conforman parajes sobrenaturales y cargados de misterio y divinidades. Así ríos como el Tíber son considerados como divinos y representados como tales en la literatura y en el arte.

No sólo había dioses en el ámbito familiar e individual sino también a nivel de grupos y por Estados y ciudades. Cada gremio llevaba a cabo una actividad y ésta estaba sujeta al control divino, ya que se confiaba en el dios para su porvenir y prosperidad. A nivel superior encontramos los intereses comunes de la patria. Cada ciudad posee un dios patrón que simboliza sus aspiraciones y actividades, y del que se piensa que tenía allí su morada. Cada uno de ellos protegía su ciudad. Juno estaba en Veyes y tuvo que ser trasladada a Roma mediante la evocatio para que renunciara a Veyes y ésta pudiera ser vencida. El líder romano era Júpiter Óptimo Máximo, cuyo templo dominaba el corazón de la ciudad y era considerado como el dios que aseguraba los éxitos y daba fuerza a todas sus empresas. Júpiter tenía tal veneración y respeto que Cicerón lo nombra como el salvador de Roma tras el intento de conjuración por parte de Catilina. Los dioses patrios eran difíciles de abandonar cuando alguien tenía que exiliar. Un ejemplo de ello está en Ovidio, que que se despide de los dioses de la gran ciudad de Rómulo y sus templos.

La religión romana se ocupaba del éxito y no de las desgracias. La felicidad era la meta en la vida y ésta dependía del resultado favorable de todas las actividades cotidianas, en el comercio, la vida privada, los negocios. Todas estas actividades no se podían controlar científicamente, por lo que su éxito no se podía garantizar y así se atribuya a la fuerza divina. Horacio dice: “pongámonos tan cómodos como podamos. Deja lo demás al cuidado de los dioses; tan pronto como ellos han puesto calma en los vientos que combatían sobre la encrespada llanura del mar, dejan de agitarse los cipreses y los vetustos olmos”. Los dioses actúan sobre fuerzas de la naturaleza que el hombre no puede controlar, por lo que lo que puede hacer es desear lo mejor y ganarse el favor de los dioses.

Los dioses no son autores del cambio de carácter en las personas, ya que los romanos consideraban que una persona nacía con un carácter determinado así para toda la vida. Había una inclinación natural, un carácter (suus ingenium), que no se podía modificar. En cualquier caso la religión era un instrumento que podía hacer más débiles a los humanos, pero no podía transformar su carácter en una nueva forma de ser.

La religión romana no mira la moral del hombre, si es bueno o malo, sino que siendo práctica sólo le interesa el rito, la forma de llevar a cabo las oraciones y el sacrificio. Posterior a la época augustea la religión tradicional se impregna de la filosofía y las tradiciones orientales. El estoicismo fue la corriente filosófica más importante en Roma. Cicerón fue alumno de un estoico y dijo que dios penetraba la naturaleza de todas las cosas. Por tanto, toda actividad humana tenía algo de divino.

Es exagerado decir que el hombre no emprendía nada sin el favor de los dioses. En la vida cotidiana el romano no estaba especialmente interesado en la ofrenda pública, excepto en tiempos de gran preocupación o euforia nacional. Esta labor pública quedaba a cargo de los sacerdotes y magistrados. El romano de a pie no tenía por qué preocuparse, excepto en los días festivos, de significado religioso.

En Roma nunca hubo una clase sacerdotal y una gobernante, ya que estos cargos estaban ocupados por las mismas personas. Los cargos sacerdotales por los magistrados, como en el caso de César, por lo que le interés religioso no decayó. Los grandes sacerdocios eran considerados más como un cargo de distinción social que como mero cargo religioso. La religión en su aspecto público podía estar atendida sin que el público participara. Los magistrados conformaban la base religiosa del Estado. Su labor debía ser llevada a cabo no sin contar antes con el favor divino, antes de cualquier acto público

El éxito dependía en todo de la colaboración divina y el objetivo de la religión era provocar esa colaboración. La religión pública y privada se caracteriza por tres principios para regular la relación entre hombres y dioses: la oración, el sacrificio y la adivinación. Esto conforma el ius divinum. Los pontífices eran los encargados de transmitir generación tras generación todos esos datos y tradiciones que servirían para la comunidad. Así el ius divinum se utilizaba, por ejemplo, para fundar una ciudad, establecer su calendario y sus celebraciones y sacerdocios. Siguiendo estos pasos se creía que se podía mantener una relación correcta entre dioses y hombres, lo que los romanos denominaron como la pax deorum.

2. La oración:

El nombre identifica a personas o dioses y los dota de significado. Saber el nombre de los dioses da seguridad a la hora de invocarlos y referirse a ellos.

La religión romana era compleja en sí misma y en sus dioses, por lo que los pontífices recopilaron listas de indigitamenta. Era preciso hacer la invocación al dios de manera apropiada y con el nombre apropiado.

Algunos nombres no podían pronunciarse a causa de su poder o por querer ocultarlo, como en el caso de la ciudad de Roma, que en realidad era otro y por su valor no se conocía, sólo los pontífices. Según Servio, los romanos querían ocultar la identidad del dios que protegía Roma y, por eso, la disciplina sacerdotal dictaba que los dioses de Roma no debían ser invocados por sus nombres por temor a que fueran alejados.

Los dioses debían ser propiamente invocados, mejor cuantos más recursos se utilizaran, es decir, era precios delimitar bien la figura del dios para no llevar la invocación a error. Un claro ejemplo lo encontramos en le poema 34 de Catulo, que invoca a Diana con varios nombres: Latonia, Juno Lucina, Trivia, Luna. Y termina el poema diciendo: “sis quocumque tibi placet santa nomina”. Servio dice en Sobre la Eneida a Júpiter Óptimo Máximo: “sive quo alio nomine te apellari volueris”. Y Esquilo dice aen el Agamenón: “Zeus, quienquiera que seas, si así le place ser llamado, con este nombre yo le invoco”. Evandro decía que en los bosques habitaba una divinidad, pero no se sabía cuál, por lo que se tenía miedo a poder ofenderla. En Grecia San Pablo comenta una inscripción que dice “a un dios desconocido”. Pero este desconocimiento era consciente, aunque San Pablo dice que él les anunciaría el dios correcto. Los romanos fueron muy refinados porque llegaron a a concretar sexo entre los dioses. En Catón el Viejo se puede la leer la fórmula si deus si dea. Otra precaución era la de nombrar a todos los dioses en colectividad tras haber nombrado a cada uno por separado antes en la invocación.

Un mismo dios podía tener varias funciones, por lo que había que tener sumo cuidado a la hora de la invocación para que atendieran a ella correctamente.

Cada dios tenía un lugar principal de culto, como Apolo en Delfos. En el momento de invocar los romanos tenían el cuidado de ponerles la dirección a donde iba dirigida su oración.

El primer objetivo era granjearse la atención del dios. El siguiente era convencer al dios de que la petición era razonable y de que cumplirla figuraba entre sus competencias. El éxito de la oración dependería en gran medida de la aceptación de lo que el ser humano ofrecía en compensación. Había dos razones muy eficaces por las que el dios podía considerar una petición con agrado: a) Que ya antes lo hubiera concedido; b) que entraba dentro de su competencia.

La petición al dios podía tomar muchas formas según las necesidades y las circunstancias del solicitante. Podía deberse a algún motivo específico a podía tratarse de un favor más general. Las frases más repetidas y comunes son “a mí, a mi casa y a mi familia”, “dame prosperidad y salud”. Había dos tipos de oración o petición: la privada y la pública. Y las peticiones no tenían por qué ser siempre de carácter positivo, pidiendo un favor, sino que también se pide evitar el daño y mandarlo hacia otras personas o naciones o pueblos. Por tanto, se hacen oraciones para pedir favores positivos, para alejar los daños personales y para desviar el mal a otras personas.

En época augustea las oraciones eran civilizadas y no eran malévolas. Se pedía tranquilidad y paz. Augusto pide disfrutar de la ayuda de los dioses tras su vuelta de Accio. Horacio dice a Apolo que no pide nada más. La mentalidad romana tenía miedo a provocar la envidia de los dioses.

En fin, el contenido de las oraciones e invocaciones debía ser muy meticuloso, tanto a la hora de nombrar correctamente el nombres o nombres del dios como a la hora de abarcar todas las posibilidades. Las invocaciones de los textos denotan una gran similitud con el derecho y la forma de redactar del mismo. Se debía tener una estricta severidad para realizar la oración y llevarla a cabo con éxito. Cuando había que llevar a cabo una oración complicada se llamaba a un sacerdote profesional, tras el que el magistrado repetía cada frase en voz alta y clara. En los actos oficiales, la precaución final era tomar un flautista para ahogar los sonidos que pudieran distraer al dios a invocar. Los romanos se tomaban tanta molestia en el proceso de la oración porque ellos mismos creían que daba resultado y, en la medida en que creían que funcionaba, realmente funcionaba. La reclamación que hace el suplicante al dios no se basa tanto en la moral como en su pietas(sentimiento por el que se reconocían y cumplían todos los deberes para con los dioses, los padres y la patria).Catulo en 79, 26 pide a los dioses en pago a su pietas que lo liberen del amor que siente por Lesbia. En realidad no tiene nada que ver con una buena conducta moral, sino con los deberes del ciudadano romano para con la mayoría, la familia y los dioses.

La forma más común de influir en los dioses es a partir del sacrificio. Los romanos relacionaron la oración y el sacrificio de dos formas totalmente distintas. Una de las maneras consistía en una petición al dios acompañada de un sacrificio o promesa de tal, esperando a cambio el favor del dios mientras éste tiene derecho a lo mejor que le pueda otorgar el hombre. Sin embargo, la otra consistía en declarar o prometer sacrificio a los dioses si éstos antes accedían a su petición. El sacrificio deja de ser una ofrenda de buena voluntad y se convierte en un convenio. En la práctica cabe destacar la humildad y la gratitud. El sacrificio o presente para el dios era elegido en la sincera creencia de que agradaría al dios. Entre dioses y romanos hay una especie de contrato, un acuerdo, dar para recibir.

El voto privado consistía en escribir la petición y la ofrenda prometida en una tablilla de cera que se ataba a la rodilla de una estatua del dios en cuestión, por lo que se era “reo de su voto”(voti reus). Si el dios contestaba a la oración se levantaba algo en su recuerdo y se decía que se era “condenado de su voto”(voti damnatus). Los votos públicos tienden a ser más descuidados e impersonales.

La oración consiste en la súplica sincera con un espíritu humilde para con los dioses, utilizando un lenguaje preciso, casi jurídico, al menos igual en su forma, haciendo referencia a los precedentes y hechos anteriores concedidos por los dioses, pidiendo la seguridad y la paz, teniendo siempre en cuenta todas y cada una de las posibilidades para no caer en el error y no enfadar al dios en ese intercambio de favores mutuos.

3. El sacrificio.

El sacrificio es literalmente “hacer algo sagrado”. Los romanos creían que era el medio más efectivo de influir en los dioses. Este acto de sacrificar se realizaba en un lugar concreto, dedicado íntegramente a un dios. El sacrifico solía ser de animales generalmente, aunque también de cereales, flores, miel, fruta, vino, leche. También se podían hacer ofrendas a los dioses, pero la gran diferencia era que por medio del sacrificio se daba el principio de la vida. Cada dios tiene a su cargo una función concreta, por lo que su actividad requiere vitalidad, que debía ser renovada, ya que si no se debilitaría. El devoto reza para que su sacrificio revitalice al dios, capacitándolo así para aceptar las peticiones que se le hacen. Los animales son los seres más vigorosos y contienen los órganos que dan la vida y la mantienen: el corazón, los riñones, el hígado. Son las partes que se solían ofrecer a los dioses y coincide que son partes comestibles para los humanos.

El sacrificio era llevado a cabo por los magistrados y empleados del Estado. La elección de la víctima era dictada por los manuales de los pontífices y dependía del dios implicado y de las razones del sacrificio. Uno de los principios era que los animales machos eran siempre ofrecidos a los dioses y las hembras a las diosas. Los colores eran muy tenidos en cuenta: blanco para Juno y Júpiter y deidades celestiales; el negro para los dioses de ultratumba. También dependía el tipo de animal según las celebraciones del Estado.

Concedido el voto se iba al templo para fijar el día apropiado con el aedituus, decidir los profesionales para degollar el animal y contratar un flautista para acallar los ruidos. Después se iba al mercado si no se disponía de animales propios. Se compraba teniendo en cuenta que tenía que ser perfecto para el sacrificio y para honrar bien al dios. De camino al templo no debía ocurrir ningún altercado fuera de lo común. Llegados allí se entregaba a los sacerdotes y daba comienzo el sacrificio.

El sacrificio se llevaba a efecto fuera del templo. Estaba prohibido para el fiel entrar. El centro lo ocupaba una sala tabicada en la que se hallaba la estatua muy decorada con joyas del dios del templo. La sala era conocida por el nombre de cella. La luz era escasa y no había nada más ahí dentro que el propio dios. Detrás de ésta estaba otra sala/s para guardar los tesoros, lo que los griegos llamaron opistodomo. Posterior a la cella se encontraba una sala abierta al exterior con una columnata, sirviendo de refugio para la lluvia y el sol.

Al hacer un voto el romano entraba en la cella, colgaba las tablillas de cera de la estatua y luego rezaba frente a la estatua extendiendo las manos hacia ella. Pero realmente el sacrificio se realizaba delante del templo, en un altar de piedra donde había un fuego encendido. Era preciso cerciorarse de que el sacrificio no era vigilado ni hurgado por nadie que pudiera contaminarlo. Se pedía la mayor pureza en todos los aspectos para llevar todo a buen término. Por ello después del acto los sacerdotes se lavaban las manos con agua sagrada. Para comenzar se ordenaba silencio, a excepción del flautista. Los sacerdotes se cubrían la cabeza, tomaban una bandeja y la elevaban colmada de harina sagrada mezclada con sal (mola salsa) que luego se esparcía entre los cuernos del animal, mientras los ayudantes lo sujetaban. Este acto se llamaba immolare. Entonces después un ayudante pasaba el cuchillo simbólicamente por su lomo desde la cabeza hasta el rabo. Parece ser que en ese momento se pronuncia la oración, muy cuidada y ensayada para evitar cualquier error, ya que si se erraba se debía repetir todo de nuevo. Posteriormente el victimiario preguntaba “¿lo hago? (agone?) y al recibir la afirmación tomaba un martillo y golpeaba al animal en la cabeza haciéndole caer a sus pies. Seguidamente el cultrarius le cortaba el cuello, boca arriba en beneplácito de los celestiales y boca abajo para los del infierno. De repente la sangre salía a borbotones inevitablemente, más aun en el caso del buey al cortarle su vena principal, derramando nueve litros. Generalmente la sangre era limpiada tras el ritual. El animal no debía huir ni renegar, ya que habría fallado todo. Tras la muerte se miraba todo el cuerpo, por dentro y por fuera. Lo más importante eran los órganos vitales del animal, reservados a los dioses y llamados exta. Se depositaban en el altar para su consumo y más tarde eran devorados por las llamas. Luego quedaba el resto del cuerpo animal, que se consumía allí mismo o era vendido en el mercado. Allí en los templos había unas pequeñas cocinas y cenáculos.

El procedimiento por el que se lleva a cabo todo esto es detallado y exacto, perfeccionado a lo largo de los siglos de tradición. En manos de sacerdotes expertos, un sacrificio era probablemente tanto un acto de devoción como un acto conmovedor. Un muerte debía ser solemne y de por sí era emotiva. Si se cometía el mínimo error se debía repetir todo por completo (instauratio), junto con una ofrenda por el error previo (piaculum).

Los romanos fueron educados desde niños, en el círculo familiar y en la esfera más amplia de la religión pública con sus celebraciones anuales y ceremonias especiales. En la idea de que tales ofrendas eran del agrado de los dioses.

4. La adivinación.

En la religión romana van a tenerse en cuenta dos creencias: la búsqueda de cuál es la voluntad divina y que los dioses envían señales en forma de fenómenos extraordinarios. Mucho que ver en esto tiene el estoicismo, que defendía que el universo estaba compuesto de un espíritu ardiente que lo impregna todo, siendo los humanos parte de él. Este espíritu racional ordenaba y controlaba cualquier cosa que ocurriera. Estaba presente en cualquier cosa y ser vivo había un contacto permanente. Por eso los romanos llegaron a observar el cielo para recibir señales divinas y a analizar el hígado de los animales.

La astrología entró en Roma por el siglo II a.C.. Este pensamiento oriental defendía que los cuerpos celestes movían los acontecimientos humanos y naturales, y todo estaba supeditado a ellos. Por lo tanto, se creía en la existencia del destino. La vida estaba predestinada, lo que anulaba la existencia de los dioses y de la religión. Por otro lado se decía que los astros estaban controlados por los propios dioses.

El estoicismo y la astrología contribuyeron a mantener la fe en los métodos tradicionales de adivinación practicados en Roma. La adivinación nunca adquirió mala fama. Las reglas y las interpretaciones estaban muy formalizadas. Existía un grupo limitado de funcionarios reconocidos a quienes se podía consultar para interpretar las señales o para saber si se contaba con la voluntad divina. Este proceso lo llevaban a cabo para la luz pública los magistrados, aconsejados y asesorados por los augures, mediante la oración y el sacrificio. Lo privado ya dependía de cada particular.

Los dioses enviaban su voluntad , mediante dos signos: antes de emprender una acción se denomina impetrativa; y los que eran enviados de manera fortuita sin petición previa, llamado oblativa. Se aplicaban tanto a la vida pública como privada, pero es más frecuente en la pública por los testimonios que tenemos.

Siempre y antes de tomar una decisión de Estado había que averiguar la voluntad del cielo. El método más frecuente era el de los auspicios (auspicia), es decir, la observación de las aves. Esto consiste en observar el cielo bajo una franja delimitada del mismo en la que se buscaba un signo. En Roma existía un lugar denominado auguraculum, donde el magistrado pronunciaba la fórmula ritual para designar la zona del cielo escogida. El augur que le acompaña interpreta todo lo que este dice con los ojos vendados. En el proceso se tienen en cuenta las aves a observar y los movimientos de estas y los sonidos que emiten. El otro método consistía en estudiar cómo comían las aves. Había para ello unos cuidadores autorizados. Ellos guardaban unas gallinas sagradas en las expediciones militares como último remedio si no había en el cielo. Se les abría la jaula y se les arrojaba un trozo de pan. Era buen signo que trataran de engullirlo y les cayeran migas del pico. Sin embargo era mal presagio que no salieran de la jaula o que se alejaran.

Otro método de adivinación era la observación de los rayos. Como atributo de Júpiter era la señal de mayor autoridad. Donde caía un rayo este lugar era declarado sagrado inmediatamente. Al caer un rayo los asuntos públicos eran detenidos. Era rutinario que un magistrado viera un rayo mientras interpretaba los auspicios.

Los dioses podían ser consultados y también dar a conocer su voluntad enviando una señal. Si estos no estaban dispuestos a colaborar había motivo de preocupación, por lo que se intentaba una reconciliación. Esto se recoge en las crónicas históricas, la narración de presagios y prodigios. La Historia era para los romanos el relato de la intervención divina en los asuntos humanos. Livio recoge en su obra multitud de casos acerca de los signos enviados por los dioses. Los romanos estudiaban tales signos. Era difícil distinguir la frontera entre la superstición y la adivinación. También era muy importante la interpretación de las observaciones casuales. El magistrado podía consultar el cielo para que la divinidad le diera un sí o un no ante cierto asunto. Si existía duda se requería el asesoramiento de un augur.

Los signos fortuitos (oblativa) eran utilizados por los dioses cmo un lenguaje para comunicar mensajes positivos por propia iniciativa. Estos signos no eran siempre fáciles de interpretar. Los magistrados se valían de la ayuda de los augures siempre que era necesario. Cuando las medidas y remedios habituales fallaban se acudía a los Libros Sibilinos. Éstos se perdieron y fueron reemplazados por otros, a cargo del colegio de los quindecimviri. Al igual que los sacerdotes y los pontífices, estos no eran sacerdotes profesionales. Era un cargo público y una distinción social ser elegido para el colegio. No se sabe exactamente cómo funcionaba la forma de consulta de estos libros pero sí se sabe que sus consejos siempre se seguían.

En cuanto a la vida privada nos dice Cicerón que tampoco se daba ningún paso importante sin averiguar antes la voluntad del cielo. Hechos tales como el matrimonio, la llegada a la mayoría de edad.

Uno de los hechos más característicos fue la interpretación a partir de los hígados. Así nació una ciencia controlada por los harúspices. Estos procedían de Etruria. Durante el Imperio cada emperador viajaba con uno de ellos. Interpretaban el hígado, que contenía dos mitades con dieciséis zonas, divisiones que los etruscos hacían del cielo, indicando la correlación entre la vida cósmica y la terrestre. Además se solicitaba su opinión acerca de los terremotos. Estos también fueron criticados duramente por jugar con supersticiones inútiles. Pero la gente seguía consultándolos. Incluso el emperador Tiberio llegó a regularizar la profesión, que carecía de prestigio, no como los augures o pontífices. La consulta de la interpretación de los hígados fue defendida por el estoico Epicteto y continuó siendo una de las principales formas de augurio privado.

También ha tenido mucha importancia la interpretación de los sueños, considerados en muchas civilizaciones como algo extraordinario y como medio de comunicación con el más allá y con los dioses. Se piensa en la capacidad para predecir el futuro. Hay referencias antiguas que indican la previsión de los sueños, como el que avisó a Augusto de que no quedara en su tienda, que fue luego destrozada en un ataque. La tradición épica y homérica ya decía que los sueños los enviaba Zeus. Al final de la República y posterior se hizo un gran negocio con las interpretaciones de los sueños. Artemidoro escribió un libro sobre esa interpretación que nos ha llegado hoy día. Sin embargo, Lucrecio recoge en su obra una explicación racional sobre los sueños e intenta disipar el misterio de los sueños para que el hombre no piense que forma parte de la inspiración divina. En cualquier caso los sueños eran entendidos como comunicación con los dioses.

5. El año religioso.

Los romanos realizaban oraciones y sacrificios en momentos puntuales, pero también tenían un calendario religioso que les permitía regularizar el culto y las fiestas, asegurando los deberes oportunos para con los dioses. Desde tiempo atrás, los romanos habían elaborado un calendario con las fechas de todas las celebraciones fijas (feriae Latinae) y las celebraciones movibles (feriae conceptivae).

A lo largo de los siglos se había utilizado un calendario lunar ajustado a un año solar. Julio César fue quien lo reformó en el 46 a.C. ayudado de Sosígenes, y es el suyo el que conservamos casi íntegro. Cada día del año era marcado con una letra a su lado. La N (nefasti) indicaba un día en el que ciertos asuntos públicos no se podían realizar y la mayoría de ellos estaban reservados a celebraciones relativas a los muertos y a la purificación. NP indicaba las grandes fiestas del Estado. Ocho días al año estaban marcados por En (endotercisus) para celebraciones religiosas por la mañana y por la tarde. Eran fiestas civiles y normalmente había cierre general aunque Cicerón ya dice que la ley podía tratarse en esos días, como otros asuntos cotidianos. Los días marcados por una F (fasti) eran días laborables normales. Los días C (comitialis) significaba que las asambleas se podían mantener convenientemente.

El calendario estaba dividido en meses, de los que había una semana para fines civiles corrientes con un día de mercado (nundinae). Había tres momentos clave para fines religiosos: las Kalendas, primer día del mes, las Nonas, quinto o séptimo día, y los Idus, el decimotercero o decimoquinto día. Respectivamente estas fechas puntuales estaban consagradas a los dioses Juno, celebraciones movibles a cargo del rex sacrorum y Júpiter. A nivel particular cada romano también tenía su propio calendario, señalando los días que creía propicios o desafortunados. Que hubiera un calendario no aseguraba un éxito rotundo en la presencia de fieles. No ocurría igual en época de los reyes que en la Roma comercial de Augusto. Lo realmente importante es que el acontecimiento se llevara a cabo sin ningún problema y con toda corrección.

El calendario romano comenzaba en marzo, fecha que se retrasó a enero por problemas administrativos y que César conservó en su reforma. Enero era el mes de Jano, cuyo acontecimiento destacable era el sacrificio ofrecido por los cónsules el 1 de enero, de fecha tardía y marcado como día laborable, F. La otra fiesta era la llamada Compitalia, movible y fijada por el pretor. De origen agrícola, consistía en cuatro propiedades cruzadas por caminos, donde se erigía una capilla y cuatro altares a su alrededor. Esta fiesta simbolizaba el fin del año agrícola. Los agricultores depositaban los arados, un muñeco de lana y una madeja de madera en la capilla. El objetivo era revitalizar toda la finca para los meses posteriores. Al día siguiente se ofrecía un sacrificio y se tenía un día de fiesta. En la ciudad los altares se colocaban en el borde de los caminos de cada edificio. Se celebraba en medio de las cuatro calles que se cruzaban.

Febrero tiene su nombre en februum, instrumento de purificación que estaba muy vinculado a las dos grandes celebraciones de este mes: las Parentalia y las Lupercalia. Las dos se centran en el bienestar de los muertos y su descanso. Las Parentalia duraban del 13 al 24 y los templos permanecían cerrados y no se celebraban bodas. Estaban dedicadas exclusivamente al cuidado de los padres fallecidos. A los difuntos se les llamaba manes y se creía que en la tumba necesitarían de alimentación. Por eso cada año se les debía proveer para que no se consumieran o atormentaran a los vivos. Era costumbre enterrar a los difuntos padres con una comida. En época de Ovidio desfilaban en esos días grupos de dolientes con ramos de flores y jarros de leche y miel camino de los cementerios. El día 22 todos los miembros de la familia se reunían en una cada para cenar. Fiesta importante para la vida romana. Pero la más famosa de las fiestas antiguas era sin duda las Lupercalia, de las que se sabe poco. Se sabe que había una gruta en el Palatino llamada Lupercal y a la que cada día 15 dos equipos de jóvenes llamados luperci se daban allí cita para sacrificar cabras y un perro. Seguidamente el jefe de cada grupo se manchaba la frente con sangre de las víctimas y luego se limpiaba con un trozo de lana mojada en leche, a la par que profería una sonora carcajada. Después seguía una fiesta para estos luperci que se cree acababa en melopea. Seguidamente los dos grupos salían vestidos con las pieles de cabra y disputaban una carrera desnudos por el Palatino. Era el momento cumbre de la fiesta y se agrupaba la gente para verlo. Fue una fiesta con tintes de diversión, pasión y también fervor religioso. Gran acontecimiento que se prolongó hasta el siglo V.

Marzo era el mes del dios Marte, protector del crecimiento y dios de la guerra. En este mes comenzaba tradicionalmente el año con el envío de las tropas pasado el invierno y el renacer de la vegetación. Decir año nuevo es decir vida nueva, una nueva etapa, de renovación. El fñamen martialis seguía celebrando estas fiestas ocultamente. El 1 de marzo el fuego sagrado de Vesta era reencendido. El 14 había uan fiesta que consistía en una carrera de jinetes de gran atracción popular. Igual que el 23, en que las trompetas sagradas, las tubae, eran purificadas. Pero lo más importante y de cara al público era la celebración de los salii, doce jóvenes patricios elegidos por el colectivo que se dejaban ver por las calles de Roma bailando una danza de guerra vestidos con un uniforme antiquísimo. Su canto era incluso ininteligible. Estos se encaminaban el 1 de marzo hacia el santuario de Marte, de cuya regia tomaban doce escudos de bronce, semejantes a los micénicos con forma de ocho. Así bailaban y danzaban durante días guardándose cada noche en una parte y casa diferente de la ciudad para cenar y descansar. El punto clave llega el día 19, conocido como Quinquatrus, también fiesta de Marte, en que actuaban en el comitium, centro de la ciudad, en presencia de los pontífices. Daba a su fin el día 24 cuando los escudos regresaban a la regia. Fiesta de origen se halla en la Edad del Bronce, por lo que los trajes y materiales representan dicha edad. Los salii gozaban de gran prestigio, pero parece que no tanto ya en la República. Es algo habitual que en todas las civilizaciones se celebren fiestas en honor al comienzo de la vida, a su renacer y a la vuelta del calor.

El mes de abril, cuya etimología proceda de aperio, mes en que se abren la cosas, está plagado de fiestas y celebraciones. El 1 de abril las mujeres trabajadoras se bañaban en las termas de los hombres y pedían a Fortuna Virilis buena suerte para con estos. Los baños no eran mixtos. Las grandes fiestas con significado para Roma fueron: las Parilia el 21 de abril, las Floralia el 28 y las feriae Latinae. Las Parilia se celebraban en honor de Pales, deidades pastoriles de gran antigüedad y de origen incierto para los contemporáneos, no sabiendo si eran dos ni el sexo. Su fin era purificar las ovejas y los rediles, y alejar las enfermedades de los rebaños. Mantuvo su popularidad porque se identificó con aniversario del nacimiento de la ciudad. Esta fiesta se hacía como acto público oficial, dirigido por el rex sacrorum, y de forma privada. Cada curia de las treinta de Roma lo celebraría. Se organizaba una gran hoguera común y sobre ella se arrojaba sangre seca de caballo y cenizas de terneros. La mezcla la guardaban las vestales, que la distribuían en cada hoguera de las Parilia. El momento cumbre llegaba con el salto de la hoguera por tres veces por parte de los asistentes, que a la vez se habían rociado las manos con agua sagrada con rama de laurel. La fiesta concluía con un banquete al aire libre. Lo curioso de esta fiesta es que parte de un origen pastoril hasta llegar a convertirse en nacional y urbana. Las Floralia rendían culto a la diosa Flora, diosa antigua con sacerdote propio . los Libros Sibilinos recomendaron instituir unos juegos en su honor, de carácter erótico y sexual, para que el sexo floreciera. Estos juegos celebrados en el Circo Máximo tenían como detalle el arrojo de garbanzos, habas, sobre el público para que estos estimularan su fertilidad. También se soltaban liebres y cabras. No destacaba el florecimiento de árboles y plantas sino el del sexo. Las feriae Latinae fueron un acontecimiento muy serio, dedicadas al dios Júpiter Laciar. Englobaba tanto a romanos como a latinos y se celebraba en el monte Albano, fuera de Roma. Se remonta a la época en que Alba Longa era la capital del Lacio. Los pueblos vecinos enviaban sus representantes y sacrificaban una ternera blanca que después se consumía en un banquete. Lo que duraba el acto se mantenía la paz. Incluso los cónsules asistían a esta fiesta. La simbología de tal fiesta reflejaba la grandeza imperial de Roma, causada a la unión de los demás pueblos latinos y dependía de la perpetuación divina de esa cooperación. Se convirtió en un símbolo del Imperio mundial de Roma.

El mes de mayo, cuya etimología es algo incierta, quizá significa crecimiento (maior), es un mes bastante triste para los romanos y traía mala suerte. Las fiestas principales de mayo son: las Lemuria, celebradas los días 9, 11 y 13 en en honor a los espíritus, muertos del ámbito familiar, de los que se pensaba que esos días ascendían y vagaban por las casas de sus parientes. Estas fiestas eran de carácter público de larga tradición, tomadas en serio por los romanos. No se sabe qué se sacrificaba pero Ovidio nos transmite el ritual de un cabeza de familia celebrándolo en privado. Se levantaba a medianoche y se lavaba las manos. Caminaba descalzo por la casa escupiendo nueve judías negras. Cada vez que escupía una miraba hacia otra parte y decía “con éstas me rescato a mí y a los míos”. Los espíritus se arrastraban y comían las judías mientras él se lavaba las manos de nuevo y a continuación pronunciaba nueve veces “espíritus ancestrales, alejaos”, miraba a su alrededor y los espíritus se desvanecían. Entre los espíritus eran los jóvenes muertos los más poderosos al guardar tanto rencor. La concepción sobre la muerte de los romanos era la mezcla entre la griega y los pensamientos itálicos. La creencia griega no era creída, la vida tras la muerte, pero aceptaban la esperanza o el temor de que el espíritu efectivamente sobreviviera. También está la máxima estoica de gran repercusión que dice que al morir el cuerpo, el alma subsiste en el aire hasta que se disuelve dentro del gran espíritu del universo. Las Lemuria se correspondían todavía con la profunda preocupación que se sentía en la conciencia de la mayoría de los romanos. Existía una ceremonia llamada Lustratio. Era fundamental saber cómo resultaría la cosecha y más en ese mes, por lo que se tomaban una serie de medidas para salvaguardar la seguridad. El ritual consistía en llevar en procesión por tres veces un buey, una oveja y un cerdo alrededor de los campos para después sacrificarlos a Ceres, diosa del crecimiento, o a Marte, dios de la fuerza. Se creía que esto purificaba y protegía los campos de fuerzas dañinas. Es igual que la idea del círculo que protege a quien se halle dentro, como las ciudades y el pomerium, espacio libre e inmediato a las murallas de Roma, por dentro y por fuera. En Roma había dos ceremonias de este tipo. El Amburvium, cuando las víctimas iban alrededor de la ciudad para purificarla, y las Ambarvalia, la procesión en torno a los campos. Otra ceremonia conocida es la lustrum conde, ritual de purificación del pueblo de Roma que ponía fin a la elaboración del censo y a la revisión de la situación económica de los ciudadanos. El onjetivo era purificar al ejército como antes de una batalla, puesto que el censo se realizaba a los ciudadanos aptos para el servicio militar. El pueblo se agrupaba en el Campo de Marte y a su alrededor eran conducidos un buey, una oveja y un cerdo, que eran sacrificados a Marte. El censo cayó en desuso con las guerras civiles pero Augusto lo revitalizó, llevándolo a efecto junto con el lustrum por tres veces. De ahí procede nuestra actual palabra lustro, período de cinco años.

En junio se celebraban ceremonias tan espectaculares como las de las vestales. Su templo simbolizaba el centro de Roma. En él se guardaba el fuego sagrado, la alacena (penus), objetos sagrados, la Atenea rescatada de Troya, figuras de los dioses penates. El culto a Vesta era un símbolo del poder eterno de Roma. El 9 de junio se abrían las puertas a las mujeres casadas, que descalzas llegaban al templo ofreciendo alimentos. El resto del año solo podían acceder al templo las vestales y el pontifex maximus. Entonces el santuario se purificaba. Todo terminaba los Idus de junio con una noche ruidosa acompañada de flautistas, cena abundante, en el templo de Minerva en el Aventino. El 24 de juniose celebraba la fiesta de Fors Fortuna junto a las orillas del Tíber. Había dos templos de esta diosa río abajo. Esta diosa gozaba de gran fama y acogida entre los más pobres. Era la única divinidad que podía recibir culto tanto de esclavos como de ciudadanos libres. El día 24 la multitud acudía a los templos para ver los sacrificios. Era una fiesta popular pero también tenía su carácter religioso. También había otra serie de cultos ocasionales y no públicos. Pero sí cabe destacar los juegos de Apolo, celebrados entre el 6 y el 13, que ya no tenían carácter religioso al final de la República.

Agosto trae las fiestas más populares. El día 12 un pretor sacrificaba una ternera en honor de Hércules. Se le depositaba dinero y honras a cambio de ayuda e inspiración. Claro ejemplo es el del millonario Craso. Al día siguiente la fiesta de Diana en el monte Aventino. culto establecido por Servio Tulio como un medio para unir los pueblos latinos a Roma. El templo se convirtió en centro de reunión de esclavos, que no contaminaban el ritual. Y era un día de vacaciones para ellos. El día 21 se rendía culto a Consus, deidad cuyo templo se hallaba en medio de un hipódromo y relacionado con el rapto de las sabinas, ya que mientras los sabinos estaban absortos en contemplar sus juegos, los romanos pudieron robarles sus mujeres. Por esto Consus es identificado con las carreras ce caballos antes que con el almacenamiento de grano. El culto se rendía en el Circo Máximo y lo más solemne de la ceremonia era la procesión del sacerdote Quirino y las vestales camino de los sacrificios, mientras el público enmudecía.

Septiembre era un mes cuya mitad estaba dedicada a los ludi Romani. Pero el día 13 de finales del siglo VI a.C. había sido consagrado el templo de Júpiter Óptimo Máximo, el patrón de Roma. Este templo mantuvo su posición como centro religioso de Roma. Por el sacrifico de esa ternera por parte del cónsul, todos los senadores se reunían para celebrar un banquete junto a la triada capitolina, vestidos Júpiter, Juno y Minerva con elegantes ropajes compartiendo la comida con los seres humanos presentes.

En el mes de octubre se guardaban las herramientas de trabajo del campo y las armas ante la llegada del invierno. Esta purificación de armas del día 19 se emparenta con la del 19 de marzo. El día 15 de octubre se disputaban carreras de carros en el Campo de Marte. El cávalo de la pareja ganadora era sacrificado a Marte, se le cortaba la cola y era llevado a la regia para que su sangre chorreara sobre las cenizas del fuego sagrado que posteriormente se utilizaba como ingrediente en las Parilia.

En los Idus de noviembre se celebraban los juegos plebeyos, que junto al culto anterior hacían que los senadores estuvieran siempre en la ciudad, que consistían en un gran banquete y en la procesión desde el Capitolio hasta el Circo por el Foro. El día más importante de esta fiesta era el 15. Según Ovidio esta conocida pompa circensis estaba formada por gladiadores, hombres de a pie, a caballo, flautistas, bailarines, atletas aurigas, payasos. Al entrar al Circo los dioses transportados eran colocados sobre divanes especiales para ver los juegos cómodamente. Había también una fiesta de Júpiter en los Idus.

Diciembre era un mes lleno de cultos. A principios las mujeres más distinguidas de Roma, las vestales también, celebraban la fiesta de la Bona Dea, por la noche en casa de un magistrado. La víctima sacrificada era un cerdo y su fin era propiciar la fertilidad femenina, por lo que estaba prohibida la entrada a los hombres. Sobre el 17 se celebraban las Saturnalia, prolongada varios días con los años, cuya fiesta se abría con un gran sacrificio en el templo de Saturno en el Foro, seguido de un banquete para todo aquel que quisiera asistir. Toda la ciudad estaba en fiesta, todos se vestían con trajes de fiesta y se cubrían con gorros ligeros. Las calles estaban colmadas y se permitía jugar y apostar en público sin temor. Incluso los amos servían la comida a sus esclavos. Se regalaban juguetes, se visitaban familiares. Abundaba la buena voluntad por doquier y la igualdad radiaba las calles y a las personas. Se celebraba el último día del año.

6. La religión privada.

Al igual que había cultos para la colectividad, también existían clanes que tenían sus propias particularidades y ritos religiosos. Por ejemplo, dentro del ejército cada uno tenía su deidad protectora. Dentro de la familia era el cabeza de la misma quien se encargaba de dar los pasos oportunos para asegurar la protección del dios. Y cada uno seguía a un dios en particular, pero dentro del seno familiar había dos grupos de divinidades: los lares y los penates. Los lares eran los espíritus deificados de los antepasados. Cada casa poseía el lararium, pequeño santuario donde se les hacían ofrendas. Eran figurillas. Los penates velaban por la despensa y el aprovisionamiento de alimento. Los romanos ofrecían oraciones a Vesta antes de la comida principal del día. Estos dos grupos divinos vienen a simbolizar lo que para nosotros el hogar.

El nacimiento estaba vinculado a la diosa Juno Lucina, cyua ayuda y protección era necesaria. Al nacer el niño/a , los espíritus malignos eran expulsados de la casa. El nuevo ser era depositado en el suelo hasta que el padre lo levantaba como acto simbólico. Si era niña se consagraba un diván a Juno y si niño una mesa a Hércules. Esta ofrenda se mantenía hasta que madre e hijo eran purificados y se ponía un nombre al recién nacido.

Durante la infancia se llevaba un colgante llamado bulla y una toga bordada que identifica a quien la lleva como niño. Al hacerse adulto se desprendía del colgante y se ponía una toga lisa de adulto. Se le lleva al Foro y allí es presentado en público. Su nombre se inscribía en la lista de ciudadanos. Se agradecía haber llegado sano y salvo a la mafurez con sacrificios. Las Liberalia del 17 de marzo era la fiesta utilizada para este proceso.

Lo que respecta al matrimonio, este era celebrado mediante un ritual religioso, aunque no tenía por qué ser así. Pero sí había unos requisitos mínimos: ciudadanos libres, mayores de edad y legalmente independientes. El éxito dependía de la voluntad de los dioses, por lo que se desarrolló un elaborado ritual. Se averiguaba la voluntad divina por adivinación y la ayuda se pedía mediante el sacrificio. Después se celebraba la boda en sí, culminada por la procesión que hacía el novio llevando a la novia a su casa. Los romanos son quizá los más supersticiosos tal y como hoy entendemos ese término. Nos legaron la costumbre de llegar con la novia en brazos y pasar el umbral. Se hacía para evitar un tropiezo de mal augurio. Se tomaban todas las precauciones posibles para que todo saliera bien.

La muerte era otro tema relevante. Normalmente los cuerpos se incineraban. Antes se lavaba, se ungía con aceite y se vestía elegantemente. Era llevado al crematorio público (ustrinum). Se prendía una pira funeraria por parte de algún familiar. Al apagarse el fuego se recogían las cenizas en una urna y se depositaban en la tumba familiar junto con los objetos que el muerto pudiera necesitar. La casa estaba de luto y ocho días después se ofrecía un sacrificio a los lares, a quienes el difunto se había unido, realizándose una purificación ritual del edificio.

La religión privada fue perdiendo peso frente a la pública a medida que Roma se convertía en una gran ciudad. Siempre estuvo cercano a lo privado la magie y la superstición, pero con el tiempo ha predominado el interés general y la religión de la comunidad.

7. Los sacerdotes.

Para una religión y un ritual como el romano se requería una supervisión autorizada y competente. Sin embargo, no hubo una profesión exclusivamente sacerdotal. Todos los cargos religiosos estaban a cargo de emblemáticas figuras de la política, excepto el rex sacrorum y el flamen Dialis. Cicerón arguye a esto diciendo que “los ciudadanos más distinguidos salvaguardan la religión mediante la buena administración del Estado y salvaguardan el Estado mediante el sabio control de la religión”. Recuérdese que la vida romana dependía del grupo, que la religión es como un contrato, al estilo jurídico.

El sacerdocio llegó a ser un cargo de dignidad y un puesto influyente para la vida política. Todo el que aspirar a una carrera política debía tener en cuenta también la religión. Cicerón estaba orgulloso de haber sido augur a pesar de su escepticismo sobre los augurios como ciencia.

A finales de la República eran cuatro los principales colegios de sacerdotes responsables de mantener el culto a los dioses en general. Pontífices, augures, sacris faciendis y epulones. Los dos primeros grupos eran los más relevantes. Los cargos eran vitalicios. El único que era miembro de todos los colegios era el emperador.

El colegio más antiguo era el de los pontífices. En su origen se encargaban de las obligaciones sagradas inherentes a la construcción y el mantenimiento de los puentes. Su rango importante vino tras la expulsión de los reyes. Los pontífices aconsejaban qué hacer si un sacrificio iba mal o si aparecía un mal presagio. Tenían la autoridad suprema sobre el calendario religioso, establecían los días festivos. A su cabeza estaba el pontifex maximus, elegido no entre los pontífices. La residencia de este era la regia, en el centro del Foro. Los pontífices eran en número de dieciséis. Y este colegio incluía otro tres cuerpos: las vestales, los flamines y el rex sacrorum.

Las vestales eran seis y eran elegidas desde niñas entre las familias patricias para dedicarse durante treinta años al fuego sagrado de Roma. Se encargaban de preparar la mola salsa y de vigilar los objetos sagrados que había en el templo.

Dentro del colegio de los flamines había doce menores y tres mayores (Júpiter, Marte y Quirino). Cada uno de estos sacerdotes era un gran profesional al dedicarse exclusivamente a un dios. El flamen Dialis tenía multitud de tabúes y restricciones. Era el encargado de Júpiter. Uan vez quedó vacante su puesto y pasaron setenta y cinco años hasta que Augusto logró recuperar el cargo. Los flamines eran la herencia primitiva de los tiempo primeros de Roma en cuanto al sacerdocio.

El rex sacrorum apareció tras la expulsión de los reyes, teniendo él preferencia en las ceremonias religiosas. Ya al final de la República este cargo no era muy significativo, ya que fueron los pontífices quienes desempeñaron su cargo.

También estaban los quindecimviri sacris faciendis, encargados de velas por los Libros Sibilinos y de consultarlos. Pero esto era ocasional y su función se basaba en la supervisión general de todos los cultos no latinos y extranjeros.

Los epulones se ocupaban de las cenas del Senado que seguían a los sacrificios en las celebraciones de Júpiter Óptimo Máximo y de los banquetes públicos en los juegos Romanos y Plebeyos. Supervisaban la preparación para que no hubiera ningún contratiempo.

8. La religión en tiempos de Augusto.

Hay claras evidencias que a lo largo de los siglos Roma había abandonado diversos cultos, destruido templos no reparados y desaparecido cargos como el de flamen Dialis. Augusto es el artífice de la paz en Roma bajo su gobierno. Con él acaba la sangría del siglo I a.C.. Con Octavio Augusto se produce un renacer de la religión romana, entendida como sustento del Estado mediante la que se mantiene la pax deorum y no sobrevienen desastres.

El primer objetivo de Augusto fue la reconstrucción de los templos. Así se restablecieron los cargos religiosos vacantes y toda la maquinaria volvía a funcionar. Pero para motivar al pueblo religiosamente se propuso dar un nuevo interés a los dioses tradicionales. Apolo fue el dios favorito de Augusto y su protector. Además de ser el dios de la curación, Apolo era visto por Augusto como el dios de la civilización y de la paz, justo el dios que requería para su cargo y su labor. Otro dios era Marte, nombre de un mes y del Campo, dios de la guerra y protector de la agricultura. Augusto pretendía destacar a Marte como padre de Rómulo, progenitor de Roma. Y también Augusto veneraba a Marte como Ultor, el vengador, vengador de su tío Julio César. Y Augusto le prometió un templo en su honor a Marte Vengador, que una vez construido inspiraba el triunfo de los romanos sobre los errores cometidos en el pasado. Apolo y Marte, agradable paz y justa guerra. Virgilio en la Eneida expresa ideas augusteas como esta: “Tú, romano, piensa en gobernar bajo tu poder a los pueblos (éstas serán tus artes), y a la paz ponerle normasperdonar a los sometidos y abatir a los soberbios”.

Augusto se sirvió de varios instrumentos para desarrollar y llevar a cabo sus ideas políticas. La poesía fue uno de ellos, con Virgilio y Horacio. Las monedas, manejadas por el pueblo, en las que se podía leer desde el 27 a.C. las palabras “Paz” y “Victoria”. El Ara Pacis y sus imágenes. La pax deorum había crecido ante los ojos de los ciudadanos corrientes.

En el 17 a.C. se instituyeron los Juegos Seculares. Se pensaba en la idea de que todo es cíclico y que antes o después las cosas tienen que mejorar. Se apela al saeculum, periodo de cien años que da la pauta para celebrar ceremonias religiosas, el renacimiento del mundo. Así circulan varias profecías acerca de una nueva Edad de Oro. Así se organizaron estos Juegos Seculares y Augusto encargó a Horacio el principal himno de los mismos. Durante estos, Augusto se encargó de ofrecer sacrificios a Júpiter Óptimo Máximo, a Juno, a los Hados, a Apolo en el Palatino. Todo este espectáculo hizo que pareciera haber surgido una nueva Edad de Oro.

Términos clave durante el mandato de Augusto fueron: paz, seguridad, prosperidad. Parecía que había comenzado una nueva etapa y se confirmó con la divinización del propio Augusto. Quizá una idea descabellada, pero en términos de conceptos romanos es igualmente seria y respetable. Un dios era aquel que hacía que las cosas marcharan bien y diera bendiciones al pueblo. Si tenemos en cuenta la enorme crisis anterior a Augusto del siglo I a.C.y el milagro que hizo Augusto trayendo la paz, debió de ser considerado como tal, como dice Propercio, un mundi servator. Esto luego favoreció al cristianismo y a la idea de que todos los emperadores eran más que simples seres humanos.

Un claro ejemplo del intento de edificación de la persona lo encontramos en Julio César, que levantó una estatua suya en el templo de Quirino, creó estatuas de sí mismo en los templos de toda Italia, nombró un mes con su nombre, se instituyó un templo en su honor. Antonio fue otro personaje que se identificó con Dionisio, llegando a Éfeso y a Atenas para consagrarse como tal. Unido a Cleopatra, pretendía ser deificado al igual que ella y visto como un dios.

Augusto fue más prudente que ellos y no pretendió en vida glorificarse como un dios, pero sí dejar una puerta abierta tras su muerte para ser visto y adorado como tal si el pueblo lo decidía así. Para ello se denominó como Divi filius, hijo de Dios (Julio César) y como augustus, el “Venerable”. También promocionó dos cultos. Uno es el Numen Augusti, la Voluntad Divina de Augusto, culto en consonancia con la creencia común en la existencia de un espíritu divino dentro de la persona. Y el otro es el genio de Augusto, supuesto poder que permitía la perpetuación de generación en generación. Esta idea se fusionó con la del daemon protector de una persona durante toda su vida, como un ángel de la guarda

Mito y Religión Romana

1. Los dioses

La religión sirve como mecanismo de seguridad en la vida. Los romanos tienen mucho interés por los procesos naturales de los que depende su felicidad. Todo hecho cuyas causas no son fácilmente explicables es recurrido por la intervención divina o la Fortuna, es decir, todo lo que no es explicable es atribuido a una divinidad.

“Todo está asociado a la actividad divina y espiritual, y es el resultado de ella.”

Todos los procesos y hechos de la vida están vinculados con las divinidades. Existen varios aspecto a distinguir, a saber: los hechos importantes son controlados por la divinidad; los hechos particulares por los dioses.

Los cultos primitivos se relacionan con la forma de vida de la época. Así cultos como los de Ceres o Pomona. Los dioses se van incorporando a la sociedad romana a medida que se desarrolla la sociedad y, sobre todo, a medida que surgen los problemas, ya que los dioses aparecen cuando hay algún hecho extraño, inexplicable que se quiere evitar y dejarlo así en manos de los dioses. Un ejemplo de ello es la crisis del siglo V a.C. en el que se entra en una depresión económica, una escasez del grano y una epidemia. Por ello se funda la institución del culto a Mercurio, que garantiza así las transacciones comerciales, Ceres, que activa la germinación, y Apolo, que suministra el poder de curación. Roma acogerá cultos de otras civilizaciones y pueblos cercanos para soliviantar sus necesidades.

Cada dios estaba encargado de una función vital, ya que los romanos buscaban ante todo su seguridad y bienestar confiando para ello en la actividad divina. Los fenómenos climáticos y atmosféricos se explicaban y atribuían también a los dioses, ya que la lluvia o el calor resultaban fenómenos propios de los dioses. Así, por ejemplo, Júpiter Lutecio o Júpiter Fulgur. La sociedad romana era muy práctica. Se llegaba incluso a hacer un listado amplio de dioses para actividades de todo tipo, divinidades menores. Las funciones importantes son las que están en manos de los dioses. Algunas actividades resultan muy importantes en la vida cotidiana de los romanos.

Muchos dioses también se atribuyen a espacios físicos, tales como bosques, fuentes, ríos, cuevas, que conforman parajes sobrenaturales y cargados de misterio y divinidades. Así ríos como el Tíber son considerados como divinos y representados como tales en la literatura y en el arte.

No sólo había dioses en el ámbito familiar e individual sino también a nivel de grupos y por Estados y ciudades. Cada gremio llevaba a cabo una actividad y ésta estaba sujeta al control divino, ya que se confiaba en el dios para su porvenir y prosperidad. A nivel superior encontramos los intereses comunes de la patria. Cada ciudad posee un dios patrón que simboliza sus aspiraciones y actividades, y del que se piensa que tenía allí su morada. Cada uno de ellos protegía su ciudad. Juno estaba en Veyes y tuvo que ser trasladada a Roma mediante la evocatio para que renunciara a Veyes y ésta pudiera ser vencida. El líder romano era Júpiter Óptimo Máximo, cuyo templo dominaba el corazón de la ciudad y era considerado como el dios que aseguraba los éxitos y daba fuerza a todas sus empresas. Júpiter tenía tal veneración y respeto que Cicerón lo nombra como el salvador de Roma tras el intento de conjuración por parte de Catilina. Los dioses patrios eran difíciles de abandonar cuando alguien tenía que exiliar. Un ejemplo de ello está en Ovidio, que que se despide de los dioses de la gran ciudad de Rómulo y sus templos.

La religión romana se ocupaba del éxito y no de las desgracias. La felicidad era la meta en la vida y ésta dependía del resultado favorable de todas las actividades cotidianas, en el comercio, la vida privada, los negocios. Todas estas actividades no se podían controlar científicamente, por lo que su éxito no se podía garantizar y así se atribuya a la fuerza divina. Horacio dice: “pongámonos tan cómodos como podamos. Deja lo demás al cuidado de los dioses; tan pronto como ellos han puesto calma en los vientos que combatían sobre la encrespada llanura del mar, dejan de agitarse los cipreses y los vetustos olmos”. Los dioses actúan sobre fuerzas de la naturaleza que el hombre no puede controlar, por lo que lo que puede hacer es desear lo mejor y ganarse el favor de los dioses.

Los dioses no son autores del cambio de carácter en las personas, ya que los romanos consideraban que una persona nacía con un carácter determinado así para toda la vida. Había una inclinación natural, un carácter (suus ingenium), que no se podía modificar. En cualquier caso la religión era un instrumento que podía hacer más débiles a los humanos, pero no podía transformar su carácter en una nueva forma de ser.

La religión romana no mira la moral del hombre, si es bueno o malo, sino que siendo práctica sólo le interesa el rito, la forma de llevar a cabo las oraciones y el sacrificio. Posterior a la época augustea la religión tradicional se impregna de la filosofía y las tradiciones orientales. El estoicismo fue la corriente filosófica más importante en Roma. Cicerón fue alumno de un estoico y dijo que dios penetraba la naturaleza de todas las cosas. Por tanto, toda actividad humana tenía algo de divino.

Es exagerado decir que el hombre no emprendía nada sin el favor de los dioses. En la vida cotidiana el romano no estaba especialmente interesado en la ofrenda pública, excepto en tiempos de gran preocupación o euforia nacional. Esta labor pública quedaba a cargo de los sacerdotes y magistrados. El romano de a pie no tenía por qué preocuparse, excepto en los días festivos, de significado religioso.

En Roma nunca hubo una clase sacerdotal y una gobernante, ya que estos cargos estaban ocupados por las mismas personas. Los cargos sacerdotales por los magistrados, como en el caso de César, por lo que le interés religioso no decayó. Los grandes sacerdocios eran considerados más como un cargo de distinción social que como mero cargo religioso. La religión en su aspecto público podía estar atendida sin que el público participara. Los magistrados conformaban la base religiosa del Estado. Su labor debía ser llevada a cabo no sin contar antes con el favor divino, antes de cualquier acto público

El éxito dependía en todo de la colaboración divina y el objetivo de la religión era provocar esa colaboración. La religión pública y privada se caracteriza por tres principios para regular la relación entre hombres y dioses: la oración, el sacrificio y la adivinación. Esto conforma el ius divinum. Los pontífices eran los encargados de transmitir generación tras generación todos esos datos y tradiciones que servirían para la comunidad. Así el ius divinum se utilizaba, por ejemplo, para fundar una ciudad, establecer su calendario y sus celebraciones y sacerdocios. Siguiendo estos pasos se creía que se podía mantener una relación correcta entre dioses y hombres, lo que los romanos denominaron como la pax deorum.

2. La oración:

El nombre identifica a personas o dioses y los dota de significado. Saber el nombre de los dioses da seguridad a la hora de invocarlos y referirse a ellos.

La religión romana era compleja en sí misma y en sus dioses, por lo que los pontífices recopilaron listas de indigitamenta. Era preciso hacer la invocación al dios de manera apropiada y con el nombre apropiado.

Algunos nombres no podían pronunciarse a causa de su poder o por querer ocultarlo, como en el caso de la ciudad de Roma, que en realidad era otro y por su valor no se conocía, sólo los pontífices. Según Servio, los romanos querían ocultar la identidad del dios que protegía Roma y, por eso, la disciplina sacerdotal dictaba que los dioses de Roma no debían ser invocados por sus nombres por temor a que fueran alejados.

Los dioses debían ser propiamente invocados, mejor cuantos más recursos se utilizaran, es decir, era precios delimitar bien la figura del dios para no llevar la invocación a error. Un claro ejemplo lo encontramos en le poema 34 de Catulo, que invoca a Diana con varios nombres: Latonia, Juno Lucina, Trivia, Luna. Y termina el poema diciendo: “sis quocumque tibi placet santa nomina”. Servio dice en Sobre la Eneida a Júpiter Óptimo Máximo: “sive quo alio nomine te apellari volueris”. Y Esquilo dice aen el Agamenón: “Zeus, quienquiera que seas, si así le place ser llamado, con este nombre yo le invoco”. Evandro decía que en los bosques habitaba una divinidad, pero no se sabía cuál, por lo que se tenía miedo a poder ofenderla. En Grecia San Pablo comenta una inscripción que dice “a un dios desconocido”. Pero este desconocimiento era consciente, aunque San Pablo dice que él les anunciaría el dios correcto. Los romanos fueron muy refinados porque llegaron a a concretar sexo entre los dioses. En Catón el Viejo se puede la leer la fórmula si deus si dea. Otra precaución era la de nombrar a todos los dioses en colectividad tras haber nombrado a cada uno por separado antes en la invocación.

Un mismo dios podía tener varias funciones, por lo que había que tener sumo cuidado a la hora de la invocación para que atendieran a ella correctamente.

Cada dios tenía un lugar principal de culto, como Apolo en Delfos. En el momento de invocar los romanos tenían el cuidado de ponerles la dirección a donde iba dirigida su oración.

El primer objetivo era granjearse la atención del dios. El siguiente era convencer al dios de que la petición era razonable y de que cumplirla figuraba entre sus competencias. El éxito de la oración dependería en gran medida de la aceptación de lo que el ser humano ofrecía en compensación. Había dos razones muy eficaces por las que el dios podía considerar una petición con agrado: a) Que ya antes lo hubiera concedido; b) que entraba dentro de su competencia.

La petición al dios podía tomar muchas formas según las necesidades y las circunstancias del solicitante. Podía deberse a algún motivo específico a podía tratarse de un favor más general. Las frases más repetidas y comunes son “a mí, a mi casa y a mi familia”, “dame prosperidad y salud”. Había dos tipos de oración o petición: la privada y la pública. Y las peticiones no tenían por qué ser siempre de carácter positivo, pidiendo un favor, sino que también se pide evitar el daño y mandarlo hacia otras personas o naciones o pueblos. Por tanto, se hacen oraciones para pedir favores positivos, para alejar los daños personales y para desviar el mal a otras personas.

En época augustea las oraciones eran civilizadas y no eran malévolas. Se pedía tranquilidad y paz. Augusto pide disfrutar de la ayuda de los dioses tras su vuelta de Accio. Horacio dice a Apolo que no pide nada más. La mentalidad romana tenía miedo a provocar la envidia de los dioses.

En fin, el contenido de las oraciones e invocaciones debía ser muy meticuloso, tanto a la hora de nombrar correctamente el nombres o nombres del dios como a la hora de abarcar todas las posibilidades. Las invocaciones de los textos denotan una gran similitud con el derecho y la forma de redactar del mismo. Se debía tener una estricta severidad para realizar la oración y llevarla a cabo con éxito. Cuando había que llevar a cabo una oración complicada se llamaba a un sacerdote profesional, tras el que el magistrado repetía cada frase en voz alta y clara. En los actos oficiales, la precaución final era tomar un flautista para ahogar los sonidos que pudieran distraer al dios a invocar. Los romanos se tomaban tanta molestia en el proceso de la oración porque ellos mismos creían que daba resultado y, en la medida en que creían que funcionaba, realmente funcionaba. La reclamación que hace el suplicante al dios no se basa tanto en la moral como en su pietas(sentimiento por el que se reconocían y cumplían todos los deberes para con los dioses, los padres y la patria).Catulo en 79, 26 pide a los dioses en pago a su pietas que lo liberen del amor que siente por Lesbia. En realidad no tiene nada que ver con una buena conducta moral, sino con los deberes del ciudadano romano para con la mayoría, la familia y los dioses.

La forma más común de influir en los dioses es a partir del sacrificio. Los romanos relacionaron la oración y el sacrificio de dos formas totalmente distintas. Una de las maneras consistía en una petición al dios acompañada de un sacrificio o promesa de tal, esperando a cambio el favor del dios mientras éste tiene derecho a lo mejor que le pueda otorgar el hombre. Sin embargo, la otra consistía en declarar o prometer sacrificio a los dioses si éstos antes accedían a su petición. El sacrificio deja de ser una ofrenda de buena voluntad y se convierte en un convenio. En la práctica cabe destacar la humildad y la gratitud. El sacrificio o presente para el dios era elegido en la sincera creencia de que agradaría al dios. Entre dioses y romanos hay una especie de contrato, un acuerdo, dar para recibir.

El voto privado consistía en escribir la petición y la ofrenda prometida en una tablilla de cera que se ataba a la rodilla de una estatua del dios en cuestión, por lo que se era “reo de su voto”(voti reus). Si el dios contestaba a la oración se levantaba algo en su recuerdo y se decía que se era “condenado de su voto”(voti damnatus). Los votos públicos tienden a ser más descuidados e impersonales.

La oración consiste en la súplica sincera con un espíritu humilde para con los dioses, utilizando un lenguaje preciso, casi jurídico, al menos igual en su forma, haciendo referencia a los precedentes y hechos anteriores concedidos por los dioses, pidiendo la seguridad y la paz, teniendo siempre en cuenta todas y cada una de las posibilidades para no caer en el error y no enfadar al dios en ese intercambio de favores mutuos.

3. El sacrificio.

El sacrificio es literalmente “hacer algo sagrado”. Los romanos creían que era el medio más efectivo de influir en los dioses. Este acto de sacrificar se realizaba en un lugar concreto, dedicado íntegramente a un dios. El sacrifico solía ser de animales generalmente, aunque también de cereales, flores, miel, fruta, vino, leche. También se podían hacer ofrendas a los dioses, pero la gran diferencia era que por medio del sacrificio se daba el principio de la vida. Cada dios tiene a su cargo una función concreta, por lo que su actividad requiere vitalidad, que debía ser renovada, ya que si no se debilitaría. El devoto reza para que su sacrificio revitalice al dios, capacitándolo así para aceptar las peticiones que se le hacen. Los animales son los seres más vigorosos y contienen los órganos que dan la vida y la mantienen: el corazón, los riñones, el hígado. Son las partes que se solían ofrecer a los dioses y coincide que son partes comestibles para los humanos.

El sacrificio era llevado a cabo por los magistrados y empleados del Estado. La elección de la víctima era dictada por los manuales de los pontífices y dependía del dios implicado y de las razones del sacrificio. Uno de los principios era que los animales machos eran siempre ofrecidos a los dioses y las hembras a las diosas. Los colores eran muy tenidos en cuenta: blanco para Juno y Júpiter y deidades celestiales; el negro para los dioses de ultratumba. También dependía el tipo de animal según las celebraciones del Estado.

Concedido el voto se iba al templo para fijar el día apropiado con el aedituus, decidir los profesionales para degollar el animal y contratar un flautista para acallar los ruidos. Después se iba al mercado si no se disponía de animales propios. Se compraba teniendo en cuenta que tenía que ser perfecto para el sacrificio y para honrar bien al dios. De camino al templo no debía ocurrir ningún altercado fuera de lo común. Llegados allí se entregaba a los sacerdotes y daba comienzo el sacrificio.

El sacrificio se llevaba a efecto fuera del templo. Estaba prohibido para el fiel entrar. El centro lo ocupaba una sala tabicada en la que se hallaba la estatua muy decorada con joyas del dios del templo. La sala era conocida por el nombre de cella. La luz era escasa y no había nada más ahí dentro que el propio dios. Detrás de ésta estaba otra sala/s para guardar los tesoros, lo que los griegos llamaron opistodomo. Posterior a la cella se encontraba una sala abierta al exterior con una columnata, sirviendo de refugio para la lluvia y el sol.

Al hacer un voto el romano entraba en la cella, colgaba las tablillas de cera de la estatua y luego rezaba frente a la estatua extendiendo las manos hacia ella. Pero realmente el sacrificio se realizaba delante del templo, en un altar de piedra donde había un fuego encendido. Era preciso cerciorarse de que el sacrificio no era vigilado ni hurgado por nadie que pudiera contaminarlo. Se pedía la mayor pureza en todos los aspectos para llevar todo a buen término. Por ello después del acto los sacerdotes se lavaban las manos con agua sagrada. Para comenzar se ordenaba silencio, a excepción del flautista. Los sacerdotes se cubrían la cabeza, tomaban una bandeja y la elevaban colmada de harina sagrada mezclada con sal (mola salsa) que luego se esparcía entre los cuernos del animal, mientras los ayudantes lo sujetaban. Este acto se llamaba immolare. Entonces después un ayudante pasaba el cuchillo simbólicamente por su lomo desde la cabeza hasta el rabo. Parece ser que en ese momento se pronuncia la oración, muy cuidada y ensayada para evitar cualquier error, ya que si se erraba se debía repetir todo de nuevo. Posteriormente el victimiario preguntaba “¿lo hago? (agone?) y al recibir la afirmación tomaba un martillo y golpeaba al animal en la cabeza haciéndole caer a sus pies. Seguidamente el cultrarius le cortaba el cuello, boca arriba en beneplácito de los celestiales y boca abajo para los del infierno. De repente la sangre salía a borbotones inevitablemente, más aun en el caso del buey al cortarle su vena principal, derramando nueve litros. Generalmente la sangre era limpiada tras el ritual. El animal no debía huir ni renegar, ya que habría fallado todo. Tras la muerte se miraba todo el cuerpo, por dentro y por fuera. Lo más importante eran los órganos vitales del animal, reservados a los dioses y llamados exta. Se depositaban en el altar para su consumo y más tarde eran devorados por las llamas. Luego quedaba el resto del cuerpo animal, que se consumía allí mismo o era vendido en el mercado. Allí en los templos había unas pequeñas cocinas y cenáculos.

El procedimiento por el que se lleva a cabo todo esto es detallado y exacto, perfeccionado a lo largo de los siglos de tradición. En manos de sacerdotes expertos, un sacrificio era probablemente tanto un acto de devoción como un acto conmovedor. Un muerte debía ser solemne y de por sí era emotiva. Si se cometía el mínimo error se debía repetir todo por completo (instauratio), junto con una ofrenda por el error previo (piaculum).

Los romanos fueron educados desde niños, en el círculo familiar y en la esfera más amplia de la religión pública con sus celebraciones anuales y ceremonias especiales. En la idea de que tales ofrendas eran del agrado de los dioses.

4. La adivinación.

En la religión romana van a tenerse en cuenta dos creencias: la búsqueda de cuál es la voluntad divina y que los dioses envían señales en forma de fenómenos extraordinarios. Mucho que ver en esto tiene el estoicismo, que defendía que el universo estaba compuesto de un espíritu ardiente que lo impregna todo, siendo los humanos parte de él. Este espíritu racional ordenaba y controlaba cualquier cosa que ocurriera. Estaba presente en cualquier cosa y ser vivo había un contacto permanente. Por eso los romanos llegaron a observar el cielo para recibir señales divinas y a analizar el hígado de los animales.

La astrología entró en Roma por el siglo II a.C.. Este pensamiento oriental defendía que los cuerpos celestes movían los acontecimientos humanos y naturales, y todo estaba supeditado a ellos. Por lo tanto, se creía en la existencia del destino. La vida estaba predestinada, lo que anulaba la existencia de los dioses y de la religión. Por otro lado se decía que los astros estaban controlados por los propios dioses.

El estoicismo y la astrología contribuyeron a mantener la fe en los métodos tradicionales de adivinación practicados en Roma. La adivinación nunca adquirió mala fama. Las reglas y las interpretaciones estaban muy formalizadas. Existía un grupo limitado de funcionarios reconocidos a quienes se podía consultar para interpretar las señales o para saber si se contaba con la voluntad divina. Este proceso lo llevaban a cabo para la luz pública los magistrados, aconsejados y asesorados por los augures, mediante la oración y el sacrificio. Lo privado ya dependía de cada particular.

Los dioses enviaban su voluntad , mediante dos signos: antes de emprender una acción se denomina impetrativa; y los que eran enviados de manera fortuita sin petición previa, llamado oblativa. Se aplicaban tanto a la vida pública como privada, pero es más frecuente en la pública por los testimonios que tenemos.

Siempre y antes de tomar una decisión de Estado había que averiguar la voluntad del cielo. El método más frecuente era el de los auspicios (auspicia), es decir, la observación de las aves. Esto consiste en observar el cielo bajo una franja delimitada del mismo en la que se buscaba un signo. En Roma existía un lugar denominado auguraculum, donde el magistrado pronunciaba la fórmula ritual para designar la zona del cielo escogida. El augur que le acompaña interpreta todo lo que este dice con los ojos vendados. En el proceso se tienen en cuenta las aves a observar y los movimientos de estas y los sonidos que emiten. El otro método consistía en estudiar cómo comían las aves. Había para ello unos cuidadores autorizados. Ellos guardaban unas gallinas sagradas en las expediciones militares como último remedio si no había en el cielo. Se les abría la jaula y se les arrojaba un trozo de pan. Era buen signo que trataran de engullirlo y les cayeran migas del pico. Sin embargo era mal presagio que no salieran de la jaula o que se alejaran.

Otro método de adivinación era la observación de los rayos. Como atributo de Júpiter era la señal de mayor autoridad. Donde caía un rayo este lugar era declarado sagrado inmediatamente. Al caer un rayo los asuntos públicos eran detenidos. Era rutinario que un magistrado viera un rayo mientras interpretaba los auspicios.

Los dioses podían ser consultados y también dar a conocer su voluntad enviando una señal. Si estos no estaban dispuestos a colaborar había motivo de preocupación, por lo que se intentaba una reconciliación. Esto se recoge en las crónicas históricas, la narración de presagios y prodigios. La Historia era para los romanos el relato de la intervención divina en los asuntos humanos. Livio recoge en su obra multitud de casos acerca de los signos enviados por los dioses. Los romanos estudiaban tales signos. Era difícil distinguir la frontera entre la superstición y la adivinación. También era muy importante la interpretación de las observaciones casuales. El magistrado podía consultar el cielo para que la divinidad le diera un sí o un no ante cierto asunto. Si existía duda se requería el asesoramiento de un augur.

Los signos fortuitos (oblativa) eran utilizados por los dioses cmo un lenguaje para comunicar mensajes positivos por propia iniciativa. Estos signos no eran siempre fáciles de interpretar. Los magistrados se valían de la ayuda de los augures siempre que era necesario. Cuando las medidas y remedios habituales fallaban se acudía a los Libros Sibilinos. Éstos se perdieron y fueron reemplazados por otros, a cargo del colegio de los quindecimviri. Al igual que los sacerdotes y los pontífices, estos no eran sacerdotes profesionales. Era un cargo público y una distinción social ser elegido para el colegio. No se sabe exactamente cómo funcionaba la forma de consulta de estos libros pero sí se sabe que sus consejos siempre se seguían.

En cuanto a la vida privada nos dice Cicerón que tampoco se daba ningún paso importante sin averiguar antes la voluntad del cielo. Hechos tales como el matrimonio, la llegada a la mayoría de edad.

Uno de los hechos más característicos fue la interpretación a partir de los hígados. Así nació una ciencia controlada por los harúspices. Estos procedían de Etruria. Durante el Imperio cada emperador viajaba con uno de ellos. Interpretaban el hígado, que contenía dos mitades con dieciséis zonas, divisiones que los etruscos hacían del cielo, indicando la correlación entre la vida cósmica y la terrestre. Además se solicitaba su opinión acerca de los terremotos. Estos también fueron criticados duramente por jugar con supersticiones inútiles. Pero la gente seguía consultándolos. Incluso el emperador Tiberio llegó a regularizar la profesión, que carecía de prestigio, no como los augures o pontífices. La consulta de la interpretación de los hígados fue defendida por el estoico Epicteto y continuó siendo una de las principales formas de augurio privado.

También ha tenido mucha importancia la interpretación de los sueños, considerados en muchas civilizaciones como algo extraordinario y como medio de comunicación con el más allá y con los dioses. Se piensa en la capacidad para predecir el futuro. Hay referencias antiguas que indican la previsión de los sueños, como el que avisó a Augusto de que no quedara en su tienda, que fue luego destrozada en un ataque. La tradición épica y homérica ya decía que los sueños los enviaba Zeus. Al final de la República y posterior se hizo un gran negocio con las interpretaciones de los sueños. Artemidoro escribió un libro sobre esa interpretación que nos ha llegado hoy día. Sin embargo, Lucrecio recoge en su obra una explicación racional sobre los sueños e intenta disipar el misterio de los sueños para que el hombre no piense que forma parte de la inspiración divina. En cualquier caso los sueños eran entendidos como comunicación con los dioses.

5. El año religioso.

Los romanos realizaban oraciones y sacrificios en momentos puntuales, pero también tenían un calendario religioso que les permitía regularizar el culto y las fiestas, asegurando los deberes oportunos para con los dioses. Desde tiempo atrás, los romanos habían elaborado un calendario con las fechas de todas las celebraciones fijas (feriae Latinae) y las celebraciones movibles (feriae conceptivae).

A lo largo de los siglos se había utilizado un calendario lunar ajustado a un año solar. Julio César fue quien lo reformó en el 46 a.C. ayudado de Sosígenes, y es el suyo el que conservamos casi íntegro. Cada día del año era marcado con una letra a su lado. La N (nefasti) indicaba un día en el que ciertos asuntos públicos no se podían realizar y la mayoría de ellos estaban reservados a celebraciones relativas a los muertos y a la purificación. NP indicaba las grandes fiestas del Estado. Ocho días al año estaban marcados por En (endotercisus) para celebraciones religiosas por la mañana y por la tarde. Eran fiestas civiles y normalmente había cierre general aunque Cicerón ya dice que la ley podía tratarse en esos días, como otros asuntos cotidianos. Los días marcados por una F (fasti) eran días laborables normales. Los días C (comitialis) significaba que las asambleas se podían mantener convenientemente.

El calendario estaba dividido en meses, de los que había una semana para fines civiles corrientes con un día de mercado (nundinae). Había tres momentos clave para fines religiosos: las Kalendas, primer día del mes, las Nonas, quinto o séptimo día, y los Idus, el decimotercero o decimoquinto día. Respectivamente estas fechas puntuales estaban consagradas a los dioses Juno, celebraciones movibles a cargo del rex sacrorum y Júpiter. A nivel particular cada romano también tenía su propio calendario, señalando los días que creía propicios o desafortunados. Que hubiera un calendario no aseguraba un éxito rotundo en la presencia de fieles. No ocurría igual en época de los reyes que en la Roma comercial de Augusto. Lo realmente importante es que el acontecimiento se llevara a cabo sin ningún problema y con toda corrección.

El calendario romano comenzaba en marzo, fecha que se retrasó a enero por problemas administrativos y que César conservó en su reforma. Enero era el mes de Jano, cuyo acontecimiento destacable era el sacrificio ofrecido por los cónsules el 1 de enero, de fecha tardía y marcado como día laborable, F. La otra fiesta era la llamada Compitalia, movible y fijada por el pretor. De origen agrícola, consistía en cuatro propiedades cruzadas por caminos, donde se erigía una capilla y cuatro altares a su alrededor. Esta fiesta simbolizaba el fin del año agrícola. Los agricultores depositaban los arados, un muñeco de lana y una madeja de madera en la capilla. El objetivo era revitalizar toda la finca para los meses posteriores. Al día siguiente se ofrecía un sacrificio y se tenía un día de fiesta. En la ciudad los altares se colocaban en el borde de los caminos de cada edificio. Se celebraba en medio de las cuatro calles que se cruzaban.

Febrero tiene su nombre en februum, instrumento de purificación que estaba muy vinculado a las dos grandes celebraciones de este mes: las Parentalia y las Lupercalia. Las dos se centran en el bienestar de los muertos y su descanso. Las Parentalia duraban del 13 al 24 y los templos permanecían cerrados y no se celebraban bodas. Estaban dedicadas exclusivamente al cuidado de los padres fallecidos. A los difuntos se les llamaba manes y se creía que en la tumba necesitarían de alimentación. Por eso cada año se les debía proveer para que no se consumieran o atormentaran a los vivos. Era costumbre enterrar a los difuntos padres con una comida. En época de Ovidio desfilaban en esos días grupos de dolientes con ramos de flores y jarros de leche y miel camino de los cementerios. El día 22 todos los miembros de la familia se reunían en una cada para cenar. Fiesta importante para la vida romana. Pero la más famosa de las fiestas antiguas era sin duda las Lupercalia, de las que se sabe poco. Se sabe que había una gruta en el Palatino llamada Lupercal y a la que cada día 15 dos equipos de jóvenes llamados luperci se daban allí cita para sacrificar cabras y un perro. Seguidamente el jefe de cada grupo se manchaba la frente con sangre de las víctimas y luego se limpiaba con un trozo de lana mojada en leche, a la par que profería una sonora carcajada. Después seguía una fiesta para estos luperci que se cree acababa en melopea. Seguidamente los dos grupos salían vestidos con las pieles de cabra y disputaban una carrera desnudos por el Palatino. Era el momento cumbre de la fiesta y se agrupaba la gente para verlo. Fue una fiesta con tintes de diversión, pasión y también fervor religioso. Gran acontecimiento que se prolongó hasta el siglo V.

Marzo era el mes del dios Marte, protector del crecimiento y dios de la guerra. En este mes comenzaba tradicionalmente el año con el envío de las tropas pasado el invierno y el renacer de la vegetación. Decir año nuevo es decir vida nueva, una nueva etapa, de renovación. El fñamen martialis seguía celebrando estas fiestas ocultamente. El 1 de marzo el fuego sagrado de Vesta era reencendido. El 14 había uan fiesta que consistía en una carrera de jinetes de gran atracción popular. Igual que el 23, en que las trompetas sagradas, las tubae, eran purificadas. Pero lo más importante y de cara al público era la celebración de los salii, doce jóvenes patricios elegidos por el colectivo que se dejaban ver por las calles de Roma bailando una danza de guerra vestidos con un uniforme antiquísimo. Su canto era incluso ininteligible. Estos se encaminaban el 1 de marzo hacia el santuario de Marte, de cuya regia tomaban doce escudos de bronce, semejantes a los micénicos con forma de ocho. Así bailaban y danzaban durante días guardándose cada noche en una parte y casa diferente de la ciudad para cenar y descansar. El punto clave llega el día 19, conocido como Quinquatrus, también fiesta de Marte, en que actuaban en el comitium, centro de la ciudad, en presencia de los pontífices. Daba a su fin el día 24 cuando los escudos regresaban a la regia. Fiesta de origen se halla en la Edad del Bronce, por lo que los trajes y materiales representan dicha edad. Los salii gozaban de gran prestigio, pero parece que no tanto ya en la República. Es algo habitual que en todas las civilizaciones se celebren fiestas en honor al comienzo de la vida, a su renacer y a la vuelta del calor.

El mes de abril, cuya etimología proceda de aperio, mes en que se abren la cosas, está plagado de fiestas y celebraciones. El 1 de abril las mujeres trabajadoras se bañaban en las termas de los hombres y pedían a Fortuna Virilis buena suerte para con estos. Los baños no eran mixtos. Las grandes fiestas con significado para Roma fueron: las Parilia el 21 de abril, las Floralia el 28 y las feriae Latinae. Las Parilia se celebraban en honor de Pales, deidades pastoriles de gran antigüedad y de origen incierto para los contemporáneos, no sabiendo si eran dos ni el sexo. Su fin era purificar las ovejas y los rediles, y alejar las enfermedades de los rebaños. Mantuvo su popularidad porque se identificó con aniversario del nacimiento de la ciudad. Esta fiesta se hacía como acto público oficial, dirigido por el rex sacrorum, y de forma privada. Cada curia de las treinta de Roma lo celebraría. Se organizaba una gran hoguera común y sobre ella se arrojaba sangre seca de caballo y cenizas de terneros. La mezcla la guardaban las vestales, que la distribuían en cada hoguera de las Parilia. El momento cumbre llegaba con el salto de la hoguera por tres veces por parte de los asistentes, que a la vez se habían rociado las manos con agua sagrada con rama de laurel. La fiesta concluía con un banquete al aire libre. Lo curioso de esta fiesta es que parte de un origen pastoril hasta llegar a convertirse en nacional y urbana. Las Floralia rendían culto a la diosa Flora, diosa antigua con sacerdote propio . los Libros Sibilinos recomendaron instituir unos juegos en su honor, de carácter erótico y sexual, para que el sexo floreciera. Estos juegos celebrados en el Circo Máximo tenían como detalle el arrojo de garbanzos, habas, sobre el público para que estos estimularan su fertilidad. También se soltaban liebres y cabras. No destacaba el florecimiento de árboles y plantas sino el del sexo. Las feriae Latinae fueron un acontecimiento muy serio, dedicadas al dios Júpiter Laciar. Englobaba tanto a romanos como a latinos y se celebraba en el monte Albano, fuera de Roma. Se remonta a la época en que Alba Longa era la capital del Lacio. Los pueblos vecinos enviaban sus representantes y sacrificaban una ternera blanca que después se consumía en un banquete. Lo que duraba el acto se mantenía la paz. Incluso los cónsules asistían a esta fiesta. La simbología de tal fiesta reflejaba la grandeza imperial de Roma, causada a la unión de los demás pueblos latinos y dependía de la perpetuación divina de esa cooperación. Se convirtió en un símbolo del Imperio mundial de Roma.

El mes de mayo, cuya etimología es algo incierta, quizá significa crecimiento (maior), es un mes bastante triste para los romanos y traía mala suerte. Las fiestas principales de mayo son: las Lemuria, celebradas los días 9, 11 y 13 en en honor a los espíritus, muertos del ámbito familiar, de los que se pensaba que esos días ascendían y vagaban por las casas de sus parientes. Estas fiestas eran de carácter público de larga tradición, tomadas en serio por los romanos. No se sabe qué se sacrificaba pero Ovidio nos transmite el ritual de un cabeza de familia celebrándolo en privado. Se levantaba a medianoche y se lavaba las manos. Caminaba descalzo por la casa escupiendo nueve judías negras. Cada vez que escupía una miraba hacia otra parte y decía “con éstas me rescato a mí y a los míos”. Los espíritus se arrastraban y comían las judías mientras él se lavaba las manos de nuevo y a continuación pronunciaba nueve veces “espíritus ancestrales, alejaos”, miraba a su alrededor y los espíritus se desvanecían. Entre los espíritus eran los jóvenes muertos los más poderosos al guardar tanto rencor. La concepción sobre la muerte de los romanos era la mezcla entre la griega y los pensamientos itálicos. La creencia griega no era creída, la vida tras la muerte, pero aceptaban la esperanza o el temor de que el espíritu efectivamente sobreviviera. También está la máxima estoica de gran repercusión que dice que al morir el cuerpo, el alma subsiste en el aire hasta que se disuelve dentro del gran espíritu del universo. Las Lemuria se correspondían todavía con la profunda preocupación que se sentía en la conciencia de la mayoría de los romanos. Existía una ceremonia llamada Lustratio. Era fundamental saber cómo resultaría la cosecha y más en ese mes, por lo que se tomaban una serie de medidas para salvaguardar la seguridad. El ritual consistía en llevar en procesión por tres veces un buey, una oveja y un cerdo alrededor de los campos para después sacrificarlos a Ceres, diosa del crecimiento, o a Marte, dios de la fuerza. Se creía que esto purificaba y protegía los campos de fuerzas dañinas. Es igual que la idea del círculo que protege a quien se halle dentro, como las ciudades y el pomerium, espacio libre e inmediato a las murallas de Roma, por dentro y por fuera. En Roma había dos ceremonias de este tipo. El Amburvium, cuando las víctimas iban alrededor de la ciudad para purificarla, y las Ambarvalia, la procesión en torno a los campos. Otra ceremonia conocida es la lustrum conde, ritual de purificación del pueblo de Roma que ponía fin a la elaboración del censo y a la revisión de la situación económica de los ciudadanos. El onjetivo era purificar al ejército como antes de una batalla, puesto que el censo se realizaba a los ciudadanos aptos para el servicio militar. El pueblo se agrupaba en el Campo de Marte y a su alrededor eran conducidos un buey, una oveja y un cerdo, que eran sacrificados a Marte. El censo cayó en desuso con las guerras civiles pero Augusto lo revitalizó, llevándolo a efecto junto con el lustrum por tres veces. De ahí procede nuestra actual palabra lustro, período de cinco años.

En junio se celebraban ceremonias tan espectaculares como las de las vestales. Su templo simbolizaba el centro de Roma. En él se guardaba el fuego sagrado, la alacena (penus), objetos sagrados, la Atenea rescatada de Troya, figuras de los dioses penates. El culto a Vesta era un símbolo del poder eterno de Roma. El 9 de junio se abrían las puertas a las mujeres casadas, que descalzas llegaban al templo ofreciendo alimentos. El resto del año solo podían acceder al templo las vestales y el pontifex maximus. Entonces el santuario se purificaba. Todo terminaba los Idus de junio con una noche ruidosa acompañada de flautistas, cena abundante, en el templo de Minerva en el Aventino. El 24 de juniose celebraba la fiesta de Fors Fortuna junto a las orillas del Tíber. Había dos templos de esta diosa río abajo. Esta diosa gozaba de gran fama y acogida entre los más pobres. Era la única divinidad que podía recibir culto tanto de esclavos como de ciudadanos libres. El día 24 la multitud acudía a los templos para ver los sacrificios. Era una fiesta popular pero también tenía su carácter religioso. También había otra serie de cultos ocasionales y no públicos. Pero sí cabe destacar los juegos de Apolo, celebrados entre el 6 y el 13, que ya no tenían carácter religioso al final de la República.

Agosto trae las fiestas más populares. El día 12 un pretor sacrificaba una ternera en honor de Hércules. Se le depositaba dinero y honras a cambio de ayuda e inspiración. Claro ejemplo es el del millonario Craso. Al día siguiente la fiesta de Diana en el monte Aventino. culto establecido por Servio Tulio como un medio para unir los pueblos latinos a Roma. El templo se convirtió en centro de reunión de esclavos, que no contaminaban el ritual. Y era un día de vacaciones para ellos. El día 21 se rendía culto a Consus, deidad cuyo templo se hallaba en medio de un hipódromo y relacionado con el rapto de las sabinas, ya que mientras los sabinos estaban absortos en contemplar sus juegos, los romanos pudieron robarles sus mujeres. Por esto Consus es identificado con las carreras ce caballos antes que con el almacenamiento de grano. El culto se rendía en el Circo Máximo y lo más solemne de la ceremonia era la procesión del sacerdote Quirino y las vestales camino de los sacrificios, mientras el público enmudecía.

Septiembre era un mes cuya mitad estaba dedicada a los ludi Romani. Pero el día 13 de finales del siglo VI a.C. había sido consagrado el templo de Júpiter Óptimo Máximo, el patrón de Roma. Este templo mantuvo su posición como centro religioso de Roma. Por el sacrifico de esa ternera por parte del cónsul, todos los senadores se reunían para celebrar un banquete junto a la triada capitolina, vestidos Júpiter, Juno y Minerva con elegantes ropajes compartiendo la comida con los seres humanos presentes.

En el mes de octubre se guardaban las herramientas de trabajo del campo y las armas ante la llegada del invierno. Esta purificación de armas del día 19 se emparenta con la del 19 de marzo. El día 15 de octubre se disputaban carreras de carros en el Campo de Marte. El cávalo de la pareja ganadora era sacrificado a Marte, se le cortaba la cola y era llevado a la regia para que su sangre chorreara sobre las cenizas del fuego sagrado que posteriormente se utilizaba como ingrediente en las Parilia.

En los Idus de noviembre se celebraban los juegos plebeyos, que junto al culto anterior hacían que los senadores estuvieran siempre en la ciudad, que consistían en un gran banquete y en la procesión desde el Capitolio hasta el Circo por el Foro. El día más importante de esta fiesta era el 15. Según Ovidio esta conocida pompa circensis estaba formada por gladiadores, hombres de a pie, a caballo, flautistas, bailarines, atletas aurigas, payasos. Al entrar al Circo los dioses transportados eran colocados sobre divanes especiales para ver los juegos cómodamente. Había también una fiesta de Júpiter en los Idus.

Diciembre era un mes lleno de cultos. A principios las mujeres más distinguidas de Roma, las vestales también, celebraban la fiesta de la Bona Dea, por la noche en casa de un magistrado. La víctima sacrificada era un cerdo y su fin era propiciar la fertilidad femenina, por lo que estaba prohibida la entrada a los hombres. Sobre el 17 se celebraban las Saturnalia, prolongada varios días con los años, cuya fiesta se abría con un gran sacrificio en el templo de Saturno en el Foro, seguido de un banquete para todo aquel que quisiera asistir. Toda la ciudad estaba en fiesta, todos se vestían con trajes de fiesta y se cubrían con gorros ligeros. Las calles estaban colmadas y se permitía jugar y apostar en público sin temor. Incluso los amos servían la comida a sus esclavos. Se regalaban juguetes, se visitaban familiares. Abundaba la buena voluntad por doquier y la igualdad radiaba las calles y a las personas. Se celebraba el último día del año.

6. La religión privada.

Al igual que había cultos para la colectividad, también existían clanes que tenían sus propias particularidades y ritos religiosos. Por ejemplo, dentro del ejército cada uno tenía su deidad protectora. Dentro de la familia era el cabeza de la misma quien se encargaba de dar los pasos oportunos para asegurar la protección del dios. Y cada uno seguía a un dios en particular, pero dentro del seno familiar había dos grupos de divinidades: los lares y los penates. Los lares eran los espíritus deificados de los antepasados. Cada casa poseía el lararium, pequeño santuario donde se les hacían ofrendas. Eran figurillas. Los penates velaban por la despensa y el aprovisionamiento de alimento. Los romanos ofrecían oraciones a Vesta antes de la comida principal del día. Estos dos grupos divinos vienen a simbolizar lo que para nosotros el hogar.

El nacimiento estaba vinculado a la diosa Juno Lucina, cyua ayuda y protección era necesaria. Al nacer el niño/a , los espíritus malignos eran expulsados de la casa. El nuevo ser era depositado en el suelo hasta que el padre lo levantaba como acto simbólico. Si era niña se consagraba un diván a Juno y si niño una mesa a Hércules. Esta ofrenda se mantenía hasta que madre e hijo eran purificados y se ponía un nombre al recién nacido.

Durante la infancia se llevaba un colgante llamado bulla y una toga bordada que identifica a quien la lleva como niño. Al hacerse adulto se desprendía del colgante y se ponía una toga lisa de adulto. Se le lleva al Foro y allí es presentado en público. Su nombre se inscribía en la lista de ciudadanos. Se agradecía haber llegado sano y salvo a la mafurez con sacrificios. Las Liberalia del 17 de marzo era la fiesta utilizada para este proceso.

Lo que respecta al matrimonio, este era celebrado mediante un ritual religioso, aunque no tenía por qué ser así. Pero sí había unos requisitos mínimos: ciudadanos libres, mayores de edad y legalmente independientes. El éxito dependía de la voluntad de los dioses, por lo que se desarrolló un elaborado ritual. Se averiguaba la voluntad divina por adivinación y la ayuda se pedía mediante el sacrificio. Después se celebraba la boda en sí, culminada por la procesión que hacía el novio llevando a la novia a su casa. Los romanos son quizá los más supersticiosos tal y como hoy entendemos ese término. Nos legaron la costumbre de llegar con la novia en brazos y pasar el umbral. Se hacía para evitar un tropiezo de mal augurio. Se tomaban todas las precauciones posibles para que todo saliera bien.

La muerte era otro tema relevante. Normalmente los cuerpos se incineraban. Antes se lavaba, se ungía con aceite y se vestía elegantemente. Era llevado al crematorio público (ustrinum). Se prendía una pira funeraria por parte de algún familiar. Al apagarse el fuego se recogían las cenizas en una urna y se depositaban en la tumba familiar junto con los objetos que el muerto pudiera necesitar. La casa estaba de luto y ocho días después se ofrecía un sacrificio a los lares, a quienes el difunto se había unido, realizándose una purificación ritual del edificio.

La religión privada fue perdiendo peso frente a la pública a medida que Roma se convertía en una gran ciudad. Siempre estuvo cercano a lo privado la magie y la superstición, pero con el tiempo ha predominado el interés general y la religión de la comunidad.

7. Los sacerdotes.

Para una religión y un ritual como el romano se requería una supervisión autorizada y competente. Sin embargo, no hubo una profesión exclusivamente sacerdotal. Todos los cargos religiosos estaban a cargo de emblemáticas figuras de la política, excepto el rex sacrorum y el flamen Dialis. Cicerón arguye a esto diciendo que “los ciudadanos más distinguidos salvaguardan la religión mediante la buena administración del Estado y salvaguardan el Estado mediante el sabio control de la religión”. Recuérdese que la vida romana dependía del grupo, que la religión es como un contrato, al estilo jurídico.

El sacerdocio llegó a ser un cargo de dignidad y un puesto influyente para la vida política. Todo el que aspirar a una carrera política debía tener en cuenta también la religión. Cicerón estaba orgulloso de haber sido augur a pesar de su escepticismo sobre los augurios como ciencia.

A finales de la República eran cuatro los principales colegios de sacerdotes responsables de mantener el culto a los dioses en general. Pontífices, augures, sacris faciendis y epulones. Los dos primeros grupos eran los más relevantes. Los cargos eran vitalicios. El único que era miembro de todos los colegios era el emperador.

El colegio más antiguo era el de los pontífices. En su origen se encargaban de las obligaciones sagradas inherentes a la construcción y el mantenimiento de los puentes. Su rango importante vino tras la expulsión de los reyes. Los pontífices aconsejaban qué hacer si un sacrificio iba mal o si aparecía un mal presagio. Tenían la autoridad suprema sobre el calendario religioso, establecían los días festivos. A su cabeza estaba el pontifex maximus, elegido no entre los pontífices. La residencia de este era la regia, en el centro del Foro. Los pontífices eran en número de dieciséis. Y este colegio incluía otro tres cuerpos: las vestales, los flamines y el rex sacrorum.

Las vestales eran seis y eran elegidas desde niñas entre las familias patricias para dedicarse durante treinta años al fuego sagrado de Roma. Se encargaban de preparar la mola salsa y de vigilar los objetos sagrados que había en el templo.

Dentro del colegio de los flamines había doce menores y tres mayores (Júpiter, Marte y Quirino). Cada uno de estos sacerdotes era un gran profesional al dedicarse exclusivamente a un dios. El flamen Dialis tenía multitud de tabúes y restricciones. Era el encargado de Júpiter. Uan vez quedó vacante su puesto y pasaron setenta y cinco años hasta que Augusto logró recuperar el cargo. Los flamines eran la herencia primitiva de los tiempo primeros de Roma en cuanto al sacerdocio.

El rex sacrorum apareció tras la expulsión de los reyes, teniendo él preferencia en las ceremonias religiosas. Ya al final de la República este cargo no era muy significativo, ya que fueron los pontífices quienes desempeñaron su cargo.

También estaban los quindecimviri sacris faciendis, encargados de velas por los Libros Sibilinos y de consultarlos. Pero esto era ocasional y su función se basaba en la supervisión general de todos los cultos no latinos y extranjeros.

Los epulones se ocupaban de las cenas del Senado que seguían a los sacrificios en las celebraciones de Júpiter Óptimo Máximo y de los banquetes públicos en los juegos Romanos y Plebeyos. Supervisaban la preparación para que no hubiera ningún contratiempo.

8. La religión en tiempos de Augusto.

Hay claras evidencias que a lo largo de los siglos Roma había abandonado diversos cultos, destruido templos no reparados y desaparecido cargos como el de flamen Dialis. Augusto es el artífice de la paz en Roma bajo su gobierno. Con él acaba la sangría del siglo I a.C.. Con Octavio Augusto se produce un renacer de la religión romana, entendida como sustento del Estado mediante la que se mantiene la pax deorum y no sobrevienen desastres.

El primer objetivo de Augusto fue la reconstrucción de los templos. Así se restablecieron los cargos religiosos vacantes y toda la maquinaria volvía a funcionar. Pero para motivar al pueblo religiosamente se propuso dar un nuevo interés a los dioses tradicionales. Apolo fue el dios favorito de Augusto y su protector. Además de ser el dios de la curación, Apolo era visto por Augusto como el dios de la civilización y de la paz, justo el dios que requería para su cargo y su labor. Otro dios era Marte, nombre de un mes y del Campo, dios de la guerra y protector de la agricultura. Augusto pretendía destacar a Marte como padre de Rómulo, progenitor de Roma. Y también Augusto veneraba a Marte como Ultor, el vengador, vengador de su tío Julio César. Y Augusto le prometió un templo en su honor a Marte Vengador, que una vez construido inspiraba el triunfo de los romanos sobre los errores cometidos en el pasado. Apolo y Marte, agradable paz y justa guerra. Virgilio en la Eneida expresa ideas augusteas como esta: “Tú, romano, piensa en gobernar bajo tu poder a los pueblos (éstas serán tus artes), y a la paz ponerle normasperdonar a los sometidos y abatir a los soberbios”.

Augusto se sirvió de varios instrumentos para desarrollar y llevar a cabo sus ideas políticas. La poesía fue uno de ellos, con Virgilio y Horacio. Las monedas, manejadas por el pueblo, en las que se podía leer desde el 27 a.C. las palabras “Paz” y “Victoria”. El Ara Pacis y sus imágenes. La pax deorum había crecido ante los ojos de los ciudadanos corrientes.

En el 17 a.C. se instituyeron los Juegos Seculares. Se pensaba en la idea de que todo es cíclico y que antes o después las cosas tienen que mejorar. Se apela al saeculum, periodo de cien años que da la pauta para celebrar ceremonias religiosas, el renacimiento del mundo. Así circulan varias profecías acerca de una nueva Edad de Oro. Así se organizaron estos Juegos Seculares y Augusto encargó a Horacio el principal himno de los mismos. Durante estos, Augusto se encargó de ofrecer sacrificios a Júpiter Óptimo Máximo, a Juno, a los Hados, a Apolo en el Palatino. Todo este espectáculo hizo que pareciera haber surgido una nueva Edad de Oro.

Términos clave durante el mandato de Augusto fueron: paz, seguridad, prosperidad. Parecía que había comenzado una nueva etapa y se confirmó con la divinización del propio Augusto. Quizá una idea descabellada, pero en términos de conceptos romanos es igualmente seria y respetable. Un dios era aquel que hacía que las cosas marcharan bien y diera bendiciones al pueblo. Si tenemos en cuenta la enorme crisis anterior a Augusto del siglo I a.C.y el milagro que hizo Augusto trayendo la paz, debió de ser considerado como tal, como dice Propercio, un mundi servator. Esto luego favoreció al cristianismo y a la idea de que todos los emperadores eran más que simples seres humanos.

Un claro ejemplo del intento de edificación de la persona lo encontramos en Julio César, que levantó una estatua suya en el templo de Quirino, creó estatuas de sí mismo en los templos de toda Italia, nombró un mes con su nombre, se instituyó un templo en su honor. Antonio fue otro personaje que se identificó con Dionisio, llegando a Éfeso y a Atenas para consagrarse como tal. Unido a Cleopatra, pretendía ser deificado al igual que ella y visto como un dios.

Augusto fue más prudente que ellos y no pretendió en vida glorificarse como un dios, pero sí dejar una puerta abierta tras su muerte para ser visto y adorado como tal si el pueblo lo decidía así. Para ello se denominó como Divi filius, hijo de Dios (Julio César) y como augustus, el “Venerable”. También promocionó dos cultos. Uno es el Numen Augusti, la Voluntad Divina de Augusto, culto en consonancia con la creencia común en la existencia de un espíritu divino dentro de la persona. Y el otro es el genio de Augusto, supuesto poder que permitía la perpetuación de generación en generación. Esta idea se fusionó con la del daemon protector de una persona durante toda su vida, como un ángel de la guarda

La voz de la Madre Tierra.

La fiesta de purificación de los campos, en la que se ofrecía una suovetaurilia (sacrificio de un cerdo, una oveja y un toro) a Ceres era una de las festividades más importantes dentro del calendario romano. Como ritual central se llevaba a cabo una procesión alrededor de los campos, repetida durante tres días consecutivos, las romanas vestían el blanco propio de los hombres, quienes eran simples espectadores. Se creía que estas fiestas, para agradar a la diosa, no debían ser celebradas por gente de luto, razón por la que no se celebraron el año de la batalla de Cannas.

La celebración se llevaba a cabo el día 29 de mayo. Debido a que la diosa Ceres era la divinidad a quién se atribuía el cuidado de la agricultura y, por tanto, simbolizaba la fertilidad de la tierra, la festividad era dedicada a su nombre. Se identificaba con Deméter en el mundo griego.

Durante estos días se conmemoraba el regreso a la tierra de su hija Proserpina. Así pues, eran días de júbilo y de alegría, ya que la madre, feliz por tener junto a ella a su hija, hacía que floreciera el campo y sus frutos. A su vez, era una fiesta importante para los hombres, puesto que se consideraba a Ceres la inventora de las técnicas de la agricultura.

La fiesta se inicaba el día 28 de mayo en el templo de Ceres, cercano al Circo Máximo. Se realizaba el sacrificio de una cerda y se le ofrendaban miel, leche, incienso y teas encendidas.

Todos vestían de blanco: “A Ceres le va bien el color blanco: poneos ropa blanca en la Fiesta de Ceres. Ahora ya no se lleva la lana negra” (Ovidio. Fast, IV, 619- 621).

Tras este sacrificio se iniciaban los LUDI CERERIS que duraban varios días. Lo normal era que los plebeyos invitaran a comer a los patricios, pues era una fiesta popular.

Las fuentes clásicas nos describen que se llevaba a cabo en estos días:

“Ahora es el Festival de Ceres. No necesitamos que nadie nos revele la causa. El pan de los primeros hombres eran las hierbas verdes, que ofrecía la tierra sin que nadie lo exigiese: y ya echaban mano de la hierba viva del césped, ya eran un festín las capas de los árboles con sus tiernas hojas. Más adelante, surgió la bellota; ya estaba bien la cosa con el descubrimiento de la bellota y, la dura encina suministraba recursos magníficos”

Ceres fue la primera que llamó al hombre a alimentos mejores, cambiando las bellotas por un sustento más útil. Ella obligó a los toros a meter el cuello en el yugo. Entonces por primera vez vio el sol la tierra removida. Se tenía en estima el bronce; el hierro templado era desconocido. ¡Ay!, siempre tenía que haber permanecido oculto. Ceres se alegra con la paz; también vosotros, colonos, pedid una paz perpetua y un caudillo amante de la paz.

Conviene que ofrezcáis a la diosa la espelta y el honor de la sal que chisporrotea, y granas de incienso en los viejos fuegos; y, si falta el incienso, prended teas untadas: a la buena Ceres le gustan las cosas pequeñas, con tal de que sean puras. Apartad los cuchillos del buey, oficiantes de túnica arremangada: que el buey labre; sacrificad a la marrana holgazana. El cuello que es apropiado para el yugo no debe herirlo el hacha: que siga vivo y que trabaje mucho tiempo en la tierra dura.”
Ovidio, Fasti IV, 392.

Ovidio nos narra que el último día de la Fiesta de Ceres finalizaba con una procesión que llegaba hasta el Circo. Los celebrantes se lanzaban mutuamente nueces y dulces que indicaba buenos augurios.

Tras realizar una carrera de caballos, se realizaba un ritual misterioso consistente en soltar en el circo “una zorra con el lomo ardiendo con teas atadas a él” que rememoraba un hecho ocurrido en la tierra de Carséolis cuando el hijo de una campesina, tras cazar a una zorra que se había llevado aves del corral, prendió fuego a unas ramas que llevaba junto al animal. Éste, como si fuera una antorcha, huyó y a su paso, quemó todos los campos de cereales.

Acaba la narración de Ovidio afirmando:

“Y para expiar su culpa, arde esta especie en la Fiesta de Ceres y perece de la misma manera que hizo perecer a las mieses”
Ovidio, Fasti, IV, 712.

La muerte de las convicciones.

Como comenté el día de ayer, hoy a la medianoche se consumó el más grave asalto hacia la libertad de expresión que ha sufrido Venezuela en el último medio siglo. El dolor y la frustración embarga a todos los Venezolanos, sin distingo de toldas politicas, porque todos, estamos sometidos a una mordaza informátiva que solo beneficia a un núcleo politico especifico. La incertidumbre, el temor y la tristeza me atormentan por partes iguales. Mi país, tierra de Libertadores, Cuna del pensamiento independiente, sufre hoy los rigores de la expresión autocrática por excelencia: La censura. Sin embargo, el espiritu de Venezuela es Libre, su voluntad ferrea. Ninguna decisión autocrática podrá silenciarnos jamás.

Amigos de RCTV, tuve el honor de ser testigo de su despedida. Y solo me queda decirles: Sí, un amigo es para siempre. Y el recuerdo de su gallardia y dignidad, también lo es.

Incluyo un video de la TV España, con la reseña completa sobre la tragedia vivida ayer por el pueblo venezolano.

Libertad para mi país!

Gracias a mi bella prima Nele, por la magnifica fotografia que muestro en la entrada.

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