Archive for abril 25, 2007

Entre púrpura y cristales.

Como mencioné en otra ocasión, tengo la costumbre de mirar el cielo por horas. Aunque la ciudad donde vivo no ofrece demasiada facilidades para disfrutar de la cúpula celeste en pleno, muchas noches simplemente me siento ante la ventana abierta de mi habitación y con los ojos entrecerrrados, disfruto de ese espectaculo sobrecogedor y apabuyante de un cielo vivo, que en realidad está muerto, una memoria superior de tiempos aciagos y olvidados que apenas podemos comprender. Durante horas, el tiempo se reconstruye asi mismo y en mis sueños, imagino la vida que debe existir más allá de las fronteras de este mundo azul que nos pertenece a todos. Imagenes de simplicidad casi infantil, mientras con el ojo de mi mente casi puedo admirar las cúpulas de cristal de esos reinos imposibles que en la tierra no tienen cabida, pero que más allá de los limites simples de nuestro universo visual, son posibles y espléndidos. Me pongo de puntillas y miro fijamente el brillo de las estrellas. En ocasiones, casi tenía la sensación de que podía verlo, la niebla amarilla de pronto se disipaba, y por unos instantes aparecía una enorme ciudad. Los autos espaciales avazanban raudamente entre los espirales de cristal. A veces, me imaginaba que espiaba dentro de esos vehículos y vislumbraba a uno de ellos. También me representaba a un ser joven, que observaba un puntito azul brillante en su cielo, puesto de puntillas, mientras se interrogaba acerca de los habitantes de la tierra. Una idea fascinante sin duda, un planeta tórrido, tropical, que rebosaba de vida inteligente y a muy corta distancia. Sonriendo, miro fijamente las estrellas y por instante me domina la certeza, que quizás, en otro lugar donde la vida tiene otro significado, otra criatura sueña con un mundo totalmente distinto al suyo, elevandose más allá de ese brillo misterioso e indiferente de las estrellas. Vivo, muy vivo, la fuerza del tiempo. Hermosa, la impecable belleza del enigma.

Una idea maravillosa sin duda. Cierro la ventana y me dejo caer en la simple oscuridad.

Anuncios

Entre las nieves perpetuas.

La mitología inuit tiene mucha semejanza con otras mitologías de los pueblos que viven en las regiones polares. La religión inuit tiene princípios animistas y chamanistas.

Leyenda del origen del mundo:

En el origen del mundo, tan sólo había un hombre y una mujer, sin ningún animal. La Mujer pidió a Kaila, el dios del cielo, que poblara la Tierra. Kaila le ordenó hacer un agujero en el hielo para pescar. Entonces, ella fue sacando del agujero, uno a uno, todos los animales. El caribú fue el último. Kaila le dijo que el caribú era su regalo, el más bonito que podría hacerle, porque alimentaría a su pueblo. El caribú se multiplicó y los hijos de los humanos pudieron cazarlos, comer su carne, tejer sus vestidos y confeccionar sus tiendas. Sin embargo, los humanos siempre elegían los caribús más bellos, los más grandes. Un día, sólo les quedaron los débiles y los enfermos, por lo que los Inuits no quisieron más. La Mujer se quejó entonces a Kaila. El la reenvió al hielo y ella pescó el lobo, enviado por Amorak, el espíritu del lobo, para que se comiera a los animales débiles y enfermos con el fin de mantener a los caribús con buena salud.

Leyenda de Sedna:

Sedna es una diosa legendaria del pueblo Inuit, y aún hoy es muy conocida, existiendo tantas versiones como pueblos esquimales. Una joven vivía solitaria con su padre, viudo. Astutamente, un chamán la sedujo y se caso con él (según otras versiones, se casó con un hombre-ave o con un perro). Después de un tiempo en su isla lejana, su padre oyó quejidos más allá del mar: era su hija que estaba siendo maltratada. Embarcó entonces sobre su kayac para ir a buscarla y tras recuperarla, se hizo a la mar con ella. Viendo a Sedna huir, su marido, dotado de poderes sobrenaturales ordenó al mar abrirse. El padre de Sedna, al ver tan cercana la muerte, la sacrificó echándola al mar, pero ella, agarrándose al borde, ponía la embarcación en peligro. El padre cortó entonces los dedos de su hija que se convirtieron en peces, así como los pulgares y las manos, que se transformaron en focas, ballenas y todos los animales marinos. Sedna se hundió en el fondo, donde todavía reside como una diosa del mar, similar a las sirenas. Cuando la caza no es buena o cuando el mar está agitado, la creencia es que Sedna está furiosa porque sus cabellos están enmarañados y, al no tener manos, no puede peinarlos. Es entonces cuando los chamanes, con su magia, logran ir a peinar a Sedna y restauran así la calma. Esta leyenda enseña que los cazadores viven con la obligación de tratar al mar y a las mujeres con respeto.

Leyenda de Ijiraq:
En la mitología inuit, el ijiraq es el monstruo que rapta a los niños y los esconde para siempre. Su nombre significa “el que se esconde”. El inukshuk de piedra les permite a los niños encontrar su camino si logran persuadir el ijiraq a dejarles irse. La luna de Saturno se llama Ijiraq en referencia a esta criatura.

En las grandes estepas doradas.

La mitología Yoruba es la gama mundial de deidades de creencias y religiones yoruba tanto en África (principalemente en Nigeria y Benín, que han influido o ha dado a luz a varias religiones en el resto del mundo como la Santería en Cuba o el Candomblé en Brasil además de las propias religiones del pueblo yoruba.

La mitología de yoruba es sólo una parte del complejo de mitos, canciones, historias y otros conceptos culturales que conforma la sociedad y la religión yoruba.

Deidades:

Las deidades yoruba se llaman Orishas, literalmente “los dueños de cabezas”. Shango es quizás el orisha más importante; dios del trueno y un antepasado del pueblo yoruba. Él fue el cuarto rey del yoruba, y se deificó tras su muerte.

Èshù es otro orisha muy importante. Es un estafador y es respetado tanto por el pueblo yoruba como por los demás orishas.
Lista de deidades:

* Aja
* Aje
* Egéngún
* Eshu
* Ìbejì
* Ọba
* Ọbàtálá
* Ògún
* Ọshun
* Odùduwà
* Olokun
* Ọrunmila
* Oshunmare
* Oya
* Shanpanna
* Shango
* Yemoja

Iya Nla:

Los misterios de naturaleza y su existencia han sido cultivados por todo el mediante las costumbres religiosas por el primer antepasado humano. A aquellos antepasados que han sido la encarnación de la humanidad y se les elevan a un estado divino, para honrarlos y seguir con sus costumbres. Estos primeros antepasados dan clases a su descendientes de como entender el mundo esotérico y los caminos de las fuerzas invisibles para sostener la dinámica continua de existencia dentro de la Naturaleza. Estos primeros antepasados se hicieron representantes de aquellas fuerzas invisibles espirituales y fueron llamados de distintas formas por su descendientes según su lengua, región y los significados de sus culturas, siendo este nombre lo que los representa dentro de la adoración de los misterios de Naturaleza y la existencia. Esta encarnación humana de los primeros antepasados ayuda a distinguir el aspecto diverso y las influencias de las manifestaciones de Iya Nla.

Iya Nla es la disciplina sabia que no enseña que si superamos el conocimiento de la forma física y permitirnos fluir la esencia de Awon Iya Wa (“nuestras madres”) la preocupación maternal nos hará capaces de tener acceso tanto a la forma de las Fuerzas en la Naturaleza como la sabiduría de nuestros primeros antepasados. Si aprendemos a desarrollar una relación en curso dentro de la armonía de la creación para desarrollar la sensibilidad de estas fuerzas, ellos asumen que lograremos las características de nuestro ‘Imale o Irunmole particular, primeros antepasados africanos que fueron elevados al grado de Orishas.

Los aspectos, caminos, manifestaciones, papeles, atributos, conceptos, nombres de alabanza de Iya Nla están relacionados directamente con su capacidad y autoridad para curar crear la voluntad o destruirla. Iya Nla es la energía autosuficiente que da la vida y la armonía sobre la tierra, dotada por herencia en atributo a sus hijas los regalos infinitos y eternos del mecanismo Õrõ (Egungun), Eleiye (la fuerza que da el poder y capacidades místicas) para intensificar la causa, el efecto y los cambios. Con estos regalos un Ìyá Àjé es capaz de tinar el poder terrestre y astral de curar, maldecir o causar la justicia vengativa sobre alguien que falte el respeto a la mujer y la maternidad. Ìyá Nlá es la matriz sagrada que da la vida; ella es la entrada a la existencia y el origen de los mecanismos biológicos, manifestados en cada mujer.
Otros conceptos:

La mitología yoruba incluye otras entidades además del Orisha, como los Egbére.

Ifá dafa así como merindinlogun (o cáscara de cauri la adivinación) son elementos importantes de las prácticas religiosas yoruba.

Visión de la muerte: la reencarnación:

Los yorubas creen en la reencarnación. Este hecho puede verse reflejado en que a veces llaman a hijos Babatunde (“el Padre vuelve”) o a las hijas Yetunde (“la Madre vuelve”). También dan una enorme importancia al culto de los antepasados, el cual en su conjunto se denomina Egúngún.
La mitología Yoruba más allá de África:

Muchos nativos yoruba fueron tomados y llevados como esclavos a Cuba, República Dominicana, Puerto Rico, Brasil, Venezuela y principalemente en el S.XIX, (tras la caída del Imperio Oyo y por lo que la región se vió sumergida en una guerra civil), llevando sus creencia religiosas con ellos. Estos conceptos fueron combinados con la preexistencia de cultos africanos, el cristianismo, la mitología americana nativa, y el espiritismo Kardecista en varios linajes yoruba fuera de África, creándose diversas manifestaciones:

* Santería (Cuba)
* Oyotunji (EEUU)]
* Candomblé (Brasil)
* Umbanda (Brasil)
* Batuque (Brasil)
* Lukumí (Cuba)

Vodun, la religión de Haití, fue fundada por esclavos de diferentes grupos étnicos (el los pueblos que comparten el Gba como rango linguístico, los modernos Benín, Togo y Ghana), pero posee muchos elementos derivados de la mitología yoruba.

En el blanco satén de la idea.

El amor es un tópico que suele convertir en estereotipos y clichés incluso las historias más coherentes y estructuradas. Inevitablemente, esta tendencia – la de imitar y acentuar patrones y esquemas banales – se ha hecho común a la hora de crear una conceptualización visual sobre un sentimiento, se toquen ciertos puntos en común. Sin embargo, la habilidad para depurarlos y levantar de una perspectiva común, una idea totalmente novedosa, es privilegio de pocos visionarios.

Probablemente la disertación más completa que sobre el amor haya hecho -cinematograficamente hablando – sea la visión de Stanley Donen es ‘Dos en la Carretera’, una película perfecta desde cualquier punto de vista, y cómo no, un film que pertenece al grupo de obras maestras incontestables de su director, de quien un servidora siempre ha preferido sus films no musicales. No es que tenga nada en contra de películas como ‘Cantando Bajo la Lluvia’, ‘Bodas Reales’, ‘Siete Novias para Siete Hermanos’, o sobre todo ‘Siempre Hace Buen Tiempo’ (una de las películas de mi infancia), al contrario, son films míticos y representativos de una época dorada en el mundo del Cine.

Sin embargo, creo que las mejores películas de Donen eran aquellas en las que no había canciones de por medio interpretadas por los propios actores, porque tengamos en cuenta que en el cine de Donen la música siempre ha tenido un protagonismo esencial, siempre usada maravillosamente. ‘Página en Blanco’, en el original ‘The Grass is Greener’ (sin comentarios), es un film de 1960 que no ha perdido ni un sólo ápice de su frescura, elegancia y sarcasmo. Y sin embargo, es una película que hoy día no podría hacerse, por lo de siempre, no sería creíble. Atentos a su argumento: en una casa inglesa, una de esas viejas mansiones que son expuestas para los turistas, vive un acomodado y feliz matrimonio. En un visita turística, un americano se cuela en las habitaciones de la familia, y en menos que canta un gallo, concretamente 20 minutos de película, seduce a la mujer del matrimonio, y ésta se enamora locamente de él. A partir de ahí se desarrollará una situación a cuatro bandas de lo más original, divertido y emotivo. Sí, a cuatro bandas, porque aparece un antiguo amor del marido, para darle más sabor al asunto.

Sutileza y elegancia. Esas son las dos palabras que definen perfectamente este film de Donen, en el que unos ingeniosos diálogos son lo mejor de la función. Prácticamente toda la película transcurre en interiores, en un par de habitaciones de la lujosa mansión del matrimonio inglés. En ese aspecto, la puesta en escena del director es ejemplar, dándole al film un ritmo increíble, apoyado sobre todo en el poder de la palabra, y cómo no, en las metáforas visuales, por así llamarlas, que a Donen le gustaba tanto utilizar. Al respecto cabe citar, el primer encuentro en Londres de la mujer adúltera con su nuevo amor, contado en cuestión de minutos, con unas elipsis preciosas, donde una puerta cerrándose mostraba más que toda una escena de sexo.

Puede parecer que todo lo que ocurre en el film ocurre demasiado deprisa, ya que transcurre en el plazo de unos cuatro días, más o menos, y sin embargo, todo es totalmente creíble, gracias a inteligentes frases, y sobre todo unas interpretaciones de altura. En este aspecto, Donen realiza lo que podría definirse como una pequeña broma, incluso perversa. Para el trío portagonista cuenta con dos actores y una actriz que con anterioridad ya trabajaron juntos, curiosamente en el mismo año, 1957, y en dos historias de amor bien distintas. Por un lado, Deborah Kerr y Robert Mitchum, ya habían coincidido en ‘Sólo Dios los Sabe’, estupenda película de John Huston, con un poco de mala leche por parte de su director, al colocar a un apuesto soldado amaricano a solas con una monja en una isla asediada por japoneses. Y por otro lado, la misma Kerr formó pareja con Cary Grant en una de las más grandes historias de amor jamás contadas, ‘Tú y Yo’ de Leo McCarey.

Así pues, el ver de nuevo a estos tres actores metidos en líos amorosos, pero juntos y revueltos, se convierte en una de las mejores bazas del film. El buen gusto de Donen hace que nunca llegemos a juzgar a los personajes, a ninguno, ni a una esposa, madre de dos hijos, conociendo la pasión casi por primera vez, ni a un amerciano, juguetón y ligón, ni a un inglés, con sus modales, tremendamente celoso sin mostrarlo, pero decidido a recuperar al amor de su vida. Todas las múltiples situaciones del film, a pesar de sus escasos 100 minutos, son tratados por Donen con un vital sentido por lo emotivo, ya sea el affaire de la Kerr con Mitchum, al que el espectador no le pone ninguna pega, como lo que la Kerr siente por Grant. Y es que una vez más, Donen diserta el sentimiento amoroso haciéndolo pasar por todas sus fases, sin restarle importancia ni a unas ni a otras, pero dándole importancia a que cuando dos seres humanos se aman, pase lo que pase, se aman de verdad y por siempre. Quizá porque Donen nunca pudo conseguir eso en su vida personal, supo retratarlo tan bien en el Cine.

Hablaba antes de un cuarto en discordia, y es el punto flojo de la cinta, aunque tampoco como para echarse las manos en la cabeza. Jean Simmons, más acertada en otras ocasiones, da vida a una antigua amante del personaje de Grant, que hace acto de presencia porque toda la situación le hace gracia, y se convierte, por partida doble, en la confesora del matrimonio. El personaje no tiene tanta vida como los otros tres, y sirve para resolver demasiado fácilmente el destino de uno de los personajes masculinos, en lo que podría ser otra vuelta de tuerca en esa disertación amorosa.

Una magnífica película, para disfrutar una y otra vez las veces que sean. Hace poco se ha retransmitido en el canal TCN de direct tv, lo que me resultó una buena ocasión para encontrarse con cine de altura, y redescubrir a un director que sin duda está entre los grandes. Por cierto, Donen nunca recibió un Oscar por ninguna de sus películas, una de tantas y tantas injusticias típicas de la Academia, pero cuando le dieron el honorífico, realizó uno de los mejores discursos jamás dados en la ceremonia de los Oscar. No he podido encontrar la grabación de dicho momento, asi que para compensarlo, dejo aquí, los maravillosos títulos de crédito iniciales de ‘Página en Blanco’, realizados por Maurice Binder, uno de los grandes en este tema. Disfrutadlos.