Archive for abril 21, 2007

Universo secular.

Estoy convencida que la evolución en nuestro interior en constante, y mucho más de lo que comunmente creemos. En cada momento, a través de cada pensamiento, en toda confrotación de ideas que llevamos a cabo, nuestra mente se transforma de una manera milimetrica, lenta pero si detenerse jamás. Un universo cuántico que se recrea asi mismo, naciendo y muriendo en cada idea.

Las ideas producen un impacto poderoso, incluso las más minimas, las menos relevantes en apariencia. Nuestra mente es refractaria a toda expresión externa, a toda manifestación pura de la belleza, la intelectualidad o la simple emoción. Sí, una mente viva que renace en un fragmento de tiempo. Abrumadora y magnifica la evidencia, de encontrarnos vinculados a cada momento que vivimos, a todas las experiencias que hemos disfrutado o temido a través de nuestra vida. Un mitológica Hidra de mil cabezas sollozantes y sonrientes, elevandose por encima de la razón, del tiempo y de nuestras limitaciones.

Un parpadeo de la Diosa en el tiempo secular.

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El pastel de la Diosa triforme.

Para representar a la luna llena en las celebraciones de plenilunio, podemos realizar pasteles de la Diosa Trimorfa. Son sencillas de realizar y de buen sabor.

Para hacer la masa, mexcla 100 gramos (1 taza) de harina que no necesite levadura, 100 g (1 taza) de harina de avena, 25 g /1/4 de taza) de azúcar y una cucharada de sal. Añade un huevo batido para que la masa sea más consistente. Estírala y cortala con un cuchillo de hoja curva, creando medias lunas y lunas llenas. Colóquelas sobre una fuente no adherente en el horno durante 10 minutos a 180° (356°F)

Otro método consiste en el siguiente: Una vez estirada la masa, corta una luna llena y dos medias lunas por pastel. Con un poco de leche, junta estás últimas y superponlas suavemente a ambos lados de la luna llena para crear el símbolo de la Diosa trimorfa.

Luego que las galletas estén listas, dejalas enfriar junto a una ventana donde la luz de la luna ( o en su defecto, el aire nocturno ) puedan tocarla. Cuando estén tibias, colocas tus manos sobre ellas e invoca:

” En nombre de los tres rostros de la Reina de la Noche
Ruego al tiempo y a la tierra bendecir mi ofrenda
que en la noche de los tiempos
la voz de la Reina del bosque cante
asi sea”

Acompaña las galletas con licor de la Diosa, o en todo caso, chocolate caliente.

Apuntes mágicos: Puntos claves para el éxito de un ritual.

El éxito en la magia, como con cualquier arte, proviene de la práctica y la paciencia. Los monjes medievales no aprendieron a elaborar bebidas mundialmente famosas de la noche a la mañana, ni tampoco Da Vinci creó una obra maestra son cometer algunos errores. Así que, sé paciente contigo mismo y sigue lo mejor que puedas estos consejos que te ayudarán a superar dificultades:

* Concentra todos tus sentidos en el procedimiento mágico para clarificar y delinear su propósito.

* Siempre visualiza tus intenciones detalladamente mientras trabajas.

* Repite los rituales e invocaciones cuando lo creas necesario. Cada repetición aporta energía de apoyo para la manifestación.

* Expresa los componentes verbales dirigidos a tus intenciones específicas.

* Si te sientes incómodo pronunciando las invocaciones en voz alta, puedes recitarlos mentalmente con la misma efectividad. Recuerda, los pensamientos son palabras pronunciadas interiormente.

* Elimina, sustituye o aumenta cualquier accesorio o foco que desees. Asegúrtate de mantener la coherencia del significado.

* Si necesitas componentes o interpretaciones alternativas para ingredientes especificos de un ritual, utiliza tu instinto para decidir que podría ayudarte con más eficacia a realizar tu pase energético.

* Utiliza el tiempo como una guia, no como un edicto. ¡Cualquier momento es el indicado para la magia!

* Toma notas de tus éxitos y fracasos. Estos apuntes serán inmensamente utiles en el futuro.

* Si no estás familizarizado con la construcción de ninguno de los elementos sugeridos para un ritual, te insisto: recurre a tu instinto. Siempre que tengas alguna duda, confia en tu intuición para lograr una respuesta energética coherente en la estructura mágica que estás construyendo.

* Cuando invoques una Deidad, asegurate de haber investigado lo suficiente como para conocer su vinculación energética y la forma en que armoniza con tu propósito mágico.

* Cuando intentes realizar un ritual de los que sugiero en las diferentes entradas de mi blog o alguno que te haya resultado interesante en un libro, no es necesario que utilices los mismos materiales que se indican. La lista de elementos para llevar a cabo un ritual se realiza como un modelo general que puedes usar como guia, pero que no necesariamente te indica de manera irrestricta lo que debes o no utilizar. En resumen, sientete libre de experimentar ( en tanto tengas conocimientos básicos de las diferentes permutaciones que realizarás ) con los elementos, invocaciones y formas de estructurar un pase energético. Mientras más cercano sea el ritual a tu concepto de mágia, más poderoso será.

* Siempre permite que tu voz interior te guie. Es decir, si tu instinto te indica una nueva manera de utilizar ciertos elementos de focalización, haslo sin dudar.

* Relajate y sé creativo. Lo correcto para ti, es lo que funciona.

Dedicado a mi bruja Urbana.

El nacimiento de la historia.

Las fiestas pariles eran consideradas en la antigüedad como el aniversario de la fundación de Roma. Si todas las tradiciones al respecto fueran ciertas, entonces en este día exacto celebraríamos el 2758 aniversario de la fundación de la ciudad de Roma por su rey Rómulo.

Leyendas aparte, las pariles estaban dedicadas al antiguo dios pastoril Pales o Palatua. Se sabe poco de esta divinidad, aparte de que tenía un altar sobre un promontorio del monte Palatino, que quizá le deba a él su nombre. También contaba con un flamen menor para su culto, el Flamen Palatualis.

Ovidio relata que en las fiestas pariles los pastores de ganado purificaban los establos con agua, cenizas de los fetos que se habían sacrificado en la Fordicidia y humo de quemar laurel y otras sustancias aromáticas, y que saltaban sobre tres hogueras para asegurar la fecundidad y la salud de sus animales.

Durante la fecha, los Romanos asistian al monte Palatino, donde uno o más sacerdotes del dios de los pastores Palas, desde un altar en un promontorio de la colina, santificaban los rebaños con pétalos de rosas (según la tradición). Después se sacrificaban algunos animales en honor al dios pastoril, de los que comían todos los festejantes en un gran banquete. Por la tarde y al anochecer, se encendían hogueras que los ganaderos saltaban tres veces para asegurar la salud y fecundidad de su rebaño. Además, Ovidio relata que éstos mismos quemaban plantas aromáticas, como laurel, con cuyas cenizas y humo purificaban los establos. A medianoche, todos se reunían en el flamen menor del dios, el Flamen Palatualis, para volver a rendir culto a la divinidad.

Atila, El mesias negro.

Antes de Hitler, o Ivan el terrible, el símbolo del terror y la maldad fue Atila el huno, quien conquistó el Imperio Romano en el siglo V. Fue tan temido que se le conocía como “el Azote de Dios”. Pero la historia de Atila el huno es más que un relato de salvajismo, es también la historia de un hombre nacido para ser líder. Alguien tan hábil para hacer negocios y dirigir ejércitos como lo era con la espada.
El Azote de Dios

Es el año 452 d. C., luego de una campaña relámpago en el norte de Italia, Atila, rey de los hunos, guía a sus ejércitos hasta las mismas puertas de Roma. La capital del imperio más poderoso del mundo antiguo se encontraba ahora a los pies de este temible jefe guerrero. Su pueblo había arrasado con Europa como una tormenta proveniente de las estepas del Asia central, hacía tan sólo pocas generaciones.

Pero fue Atila quien unificó las tribus hunas. Desde que se convirtió en su líder, en el año 434, se había transformado en uno de los gobernantes más poderosos sobre la faz de la tierra. Sin duda para sus enemigos atemorizados, este notable hombre era “el Azote de Dios”.

Atila el huno fue uno de los conquistadores más exitosos de la historia. En la cumbre del poder mantuvo a casi todas las tribus bárbaras de Europa en un puño y con el otro amenazó con aplastar a todo el Imperio Romano.

Sus éxitos en la guerra le hicieron ganar otro tipo de distinción dudosa. Hace pocos años, la revista “Time” le pidió a un grupo de historiadores que hiciera una lista de los diez hombres más odiados de la historia. Adolfo Hitler fue el ganador indiscutible, pero muchos también colocaron a Atila al principio de la lista. Para muchas personas el nombre de Atila el huno, evoca barbarie, terror y destrucción.

Sin embargo, en algunas partes del mundo, Atila goza de una mejor reputación. En Hungría por ejemplo, Atila no es sólo un héroe nacional sino un nombre propio muy común. En muchas de las regiones que conquistó es recordado como un gobernante sabio y bondadoso. Incluso en Estados Unidos la gente ha empezado a hacer una revisión de la trayectoria de este gran rey bárbaro. En 1985, un libro titulado “Los secretos de liderazgo de Atila el huno”, cautivó a muchos líderes políticos y hombres de negocio. Al igual que Atila, el libro se convirtió en objeto de una gran controversia.

Si bien es muy probable que merezca la reputación de bárbaro, por lo general los historiadores que perpetuaron su imagen demoníaca también fueron motivados por un profundo sesgo religioso y cultural. Crearon mitos muy duraderos y que difieren en gran medida de los hechos históricos. Asimismo, éstos se oponen a las leyendas que lo describen con un aspecto muy idealizado.

El verdadero Atila fue un líder cruel, carismático y extraordinariamente talentoso. Después de heredar el trono, unificó a las tribus hunas por vez primera. Bajo su liderazgo, los hunos eran prácticamente invencibles en el campo de batalla.

Pero las mayores victorias no fueron siempre combatiendo, también fue un negociante astuto y un líder excepcional que demostró tanta justicia como modestia.

En la guerra, sus ejércitos eran una fuerza irresistible y sangrienta que arrasaba con casi todo lo que encontraba a su paso. Una sola palabra de Atila podía hacer desintegrar reinos y sacudir los cimientos de los imperios.
La rebelión del poder

Sus orígenes fueron tan oscuros como rápidas sus conquistas. Se cree que nació alrededor del año 400 d. C., nadie sabe el lugar exacto. Algunos historiadores piensan que su nombre provenía del río Volga, llamado Atil por los hunos. El padre de Atila, el rey Munsurk, conocía muy bien este río, ya que atraviesa una región de Rusia conquistada por él. También se dice que Atila es la palabra huna para el hierro.

En todo caso, desde su nacimiento, se esperaban grandes cosas de Atila. Durante la vida de su padre, los hunos se habían expandido hacia el sur y el oeste. Pocos años después del nacimiento de Atila, los hunos habían cruzado los Cárpatos y habían establecido un gran imperio en la actual Hungría.

El imponente Danubio servía de barrera entre los hunos y sus vecinos del sur, pero no por mucho tiempo.

En su nueva tierra, los hunos mantuvieron el estilo de vida nómada que habían llevado en la vasta planicie eurasiática durante miles de años. Criaban caballos, ganado, ovejas y cabras. Vivían en constante movimiento, viajando en carretas y vagones de madera; cargaban con todas sus pertenencias mientras seguían el curso de los ríos y tierras en pastoreo.

Los hunos se adentraron en territorios ocupados por numerosas tribus germánicas, incluidas gépidos, godos y vándalos. Éstas tribus pronto sintieron la fuerza de otra tradición huna: la guerra rápida y brutal. Los hunos destruían cualquier cosa o a cualquiera que se interpusiera en su camino. Los afortunados huían hacia el sur, al otro lado del Danubio y hacia el oeste, al otro lado del Rin, buscando refugio entre los romanos.

Para los romanos, todas las tribus europeas que no hablaran latín ni griego eran consideradas bárbaras. Pero nunca habían conocido una raza como los hunos, de hecho ni siquiera habían oído hablar de ellos hasta finales del siglo IX. Cuando nació Atila, su pueblo ya era considerado una amenaza para el imperio. Algunos no los consideraban humanos. Parecían bárbaros, hasta para los bárbaros germánicos. Los hunos ni siquiera cocinaban la carne y los germanos sí. Según los romanos, ellos vivían a caballo, dormían a caballo, hasta hacían el amor en las carretas. No tenían casas, no usaban ropa limpia, eran distintos y aterradores. No se podía confiar en ellos, eran traicioneros. Al menos eso cuenta la mitología.

Muchos sacerdotes romanos veían a los hunos como un castigo divino por la vida decadente de los romanos. El único consuelo era que los hunos estaban divididos en varios grupos, cada uno guiado por un rey diferente; pero esta situación no duraría mucho tiempo.

El rey Munsurk murió poco después del nacimiento de Atila, dejándolo a él y a su hermano mayor Bleda, bajo el cuidado de sus tíos.

De sus tres tíos, Ruga era el más poderoso. Atila era su sobrino favorito. Ruga se encargo que éste aprendiera a montar a caballo antes de caminar; a usar el arco y la flecha a la edad de tres años y un sable a los cinco, una niñez típica para un joven huno.

Los hunos poseían arcos y flechas excelentes y eran expertos utilizándolos a caballo. Sufrir un ataque de los jinetes hunos era una experiencia aterradora que los sobrevivientes recordaban con temor por generaciones.

Una y otra vez uno ve las imágenes en las crónicas, de la aparición de los hunos en sus cabalgaduras. Eran hordas de jinetes, que parecían estar pegados a sus bestias, atacando en una dirección. Esto parece haber sido una experiencia aterradora, para los ejércitos imperiales, una experiencia que ellos nunca habían vivido.

Durante la niñez de Atila, los hunos continuaron arrasando con el territorio de las tribus bárbaras vecinas, también comenzaron a dirigir ataques sorpresa a provincias romanas orientales. Roma era ahora una mera sombra de su gloria anterior. De hecho, para ese momento el imperio ya estaba dividido en dos: el Imperio Romano de Oriente, cuya capital era Constantinopla; y el Imperio Romano de Occidente, cuya sede había sido trasladada de Roma a Milán, y finalmente, en el 423, a Ravena.

El imperio había adoptado oficialmente el Cristianismo en el siglo IX, pero los debates sobre la naturaleza de Dios aún provocaban amargas divisiones. Las discusiones religiosas que terminaban en violencia eran un hecho cotidiano, también lo eran los asesinatos políticos, intrigas en las cortes, golpes de estado, disturbios y rebeliones y los emperadores corruptos. Era normal que el verdadero poder detrás del trono fuera manejado por un chambelán del emperador o un eunuco o por la madre de aquel o su hermana o el general de los ejércitos, conocido como Maestro de Soldados. A menudo, estos generales no eran ni siquiera ciudadanos romanos, sino jefes bárbaros y los ejércitos que comandaban estaban formados en gran medida por tribus bárbaras aliadas o mercenarios pagados.

Eran tiempos peligrosos, los romanos combatían el fuego con fuego, enviando a bárbaros a enfrentar con otros bárbaros.

Alrededor del año 410 d. C., los romanos buscaron la paz con los hunos. Cómo símbolo de su buena fe, el Imperio de Occidente envió un joven ciudadano prominente como prenda para vivir en la corte huna. El nombre del joven era Flavio Aecio; mientras vivió entre los hunos aprendió su lengua, su cultura y tácticas militares. Aecio también se hizo amigo del joven Atila.

Pocos años después, los dos jóvenes se separaron cuando Atila fue enviado como prenda a vivir en la corte del Imperio de Occidente.

Durante los años que Atila pasó en la corte romana, aprendió mucho sobre sus enemigos, su lengua, tácticas militares y su antigua cultura. Pero Atila no quería adoptar ese estilo de vida, despreciaba la decadencia y corrupción que infectaba a la civilización romana. Conocer Roma fue odiarla.

Para el año 420, Atila fue devuelto a los hunos y Aecio a los romanos. Ambos jóvenes habían aprendido mucho de sus respectivos enemigos. Aecio se dio cuenta que sería más saludable tener a los hunos como aliados. La actitud de Atila fue diferente, pudiendo tener la amistad con Aecio, pero se hizo una promesa: “Algún día regresaré a Italia, no como prenda sino como conquistador”…
El conquistador

Los hunos no dejaron ninguna lengua escrita. Las descripciones que tenemos de Atila fueron hechas siglos después de su muerte, lo retratan como demoníaco y como romántico. Pero hay una descripción escrita por un historiador griego llamado Priscus, que, de hecho, lo conoció en su campamento: “Fue un hombre que nació para sacudir las razas del mundo, un terror para todas las tierras que de una forma u otra atemorizó a todos por las noticias terribles propagadas sobre él. Era altanero en su corte, orgulloso, lanzaba miradas a todos lados para que su poder fuese evidente, incluso en los movimientos de su cuerpo. Amante de la guerra, era reservado en sus acciones, dado a recibir consejos, amable con sus súbditos y generoso con aquellos a quienes había otorgado su confianza. Era bajo de estatura, con un pecho ancho, cabeza masiva y ojos pequeños; tenía poca barba, su nariz era chata y su tez morena, mostrando así los signos de su raza” (Priscus).

Era bajo de estatura, con un pecho ancho, cabeza masiva y ojos pequeños; tenía poca barba, su nariz era chata y su tez morena, mostrando así los signos de su raza” (Priscus).Aunque se supone que Priscus era historiador, también era griego y aristócrata y él veía a Atila desde su perspectiva. ¿Era así Atila o era éste el modo en que Priscus lo veía? Era el conflicto entre mito y lo que nosotros llamamos historia, algo que no se puede separar en el mundo antiguo. Para ellos la historia era algo diferente, eran cuentos, y si los cuentos eran buenos entonces eran historia, no los hechos objetivos y puramente científicos. Aunque Priscus es mejor que nada.

Había apenas dejado de ser un adolescente cuando comenzó a guiar a los hunos en batallas contra sus enemigos. Entre su segunda y tercera década de vida participó en todas las excursiones militares y diplomáticas del rey Ruga. A los 32 años, Atila había invadido Italia dos veces, pero no para conquistar. Había ido a ayudar a su amigo Aecio quién estaba comprometido en luchas internas y violentas por el poder.

A pesar que la ayuda fue bien retribuida, Aecio fue el más beneficiado, obtuvo el título de Maestro de Soldados, y así se convirtió en el hombre más poderoso del Imperio Romano de Occidente. Durante los diez años siguientes Atila se convirtió en su mejor amigo y en su aliado más poderoso. Mientras Atila fuera recompensado por sus servicios, los enemigos de Aecio serían sus enemigos.

Cuando la rebelión estalló en Galia, Atila acudió al rescate. Sus guerreros masacraron a los borgoñones y mataron a su rey. El ejército huno arrasó con los godos. Luego siguieron por Toulouse, la capital de los visigodos. Desesperados, éstos últimos enviaron obispos a los hunos para suplicar por la paz. Un cínico escritor romano dijo: “Mientras depositaban su esperanza en Dios, nosotros la depositamos en los hunos”.

Cuando el rey Ruga murió, en el año 434, hubo gran regocijo en el Imperio Romano Oriental. Para el momento de su muerte, Ruga se encontraba en guerra con el este. Ahora los romanos tenían la esperanza de alcanzar la paz, pero el precio sería alto. Los romanos tenían que negociar con Atila.

Atila según la descripción de la Iglesia.El emperador de Oriente tendría que pagar a Atila un tributo de 700 libras de oro cada año, dos veces la cantidad que se le pagaba al rey Ruga. También exigió un rescate por cada prisionero romano bajo su custodia y se aseguró que sus propios súbditos regresaran a salvo del territorio romano. En lo sucesivo se les prohibiría a los romanos firmar tratados con enemigos de los hunos o interferir en el derecho de comerciar en el Danubio. El tratado fue firmado en el año 435.

Teodosio, el emperador del Imperio Oriental, sabía que una paz costosa y humillante era preferible a una guerra que no podría ganar. Para Atila los tratados con los romanos eran una especie de guerra sin violencia. El tributo anual que recibía de ambos imperios era más bien una forma de extorsión. Al igual que los regalos que recibía cuando negociaban con él. Cada libra de oro arrebatada a los romanos y cada carreta de saqueo obtenida durante ataques inesperados le daba a Atila más influencia en su territorio y en el exterior. La riqueza era poder, y con cada libra de oro que cruzaba el Danubio, Atila se hacía más poderoso y más intimidante; y los romanos, más humillados.

La paz entre los hunos y los romanos orientales duró hasta el 440. Los hunos habían capturado un obispo romano en el lado equivocado del Danubio y habían robado objetos de las tumbas de sus muertos. Atila se enfureció, su ejército cruzó el río con cólera justiciera y acometió contra un poblado comercial romano. En un feroz combate, los jinetes de Atila arremetieron contra los romanos cortándolos en pedazos. Mientras avanzaba su embestida, el hábil uso de Atila de los ingenieros romanos capturados expertos en sitios, hizo que ni siquiera las paredes más poderosas de las fortalezas resistieran el ataque.

Ciudad tras ciudad fue saqueada y destruida completamente, y sus riquezas despojadas. Los romanos sufrieron derrota tras derrota. Para el otoño de 442, Atila había conquistado la mayor parte de la región de los Balcanes, incluida la actual Bulgaria, Grecia y los estados que formaron la ex-Yugoslavia.

El emperador Teodosio suplicó por la paz. Esta vez el precio sería más alto que antes. Atila insistió en el pago inmediato de 6000 libras de oro y un tributo anual de 1000 libras de oro. Teodosio no tenía alternativa.

Por increíble que parezca, la vida de Atila no fue sólo guerras y negociaciones. Mientras se encontraba en el campamento, los miembros de su tribu se reunían alrededor de la entrada de su casa para que arbitrara asuntos de menor importancia. Era entretenido por procesiones de doncellas danzantes, bufones de corte y poetas.

Durante este período, Atila también encontró tiempo para casarse con su primera mujer: Arika, quién le dio cuatro hijos. Irnak, su hijo más joven, era su favorito. Dice una profecía que el imperio de Atila se desplomaría pero que Irnak reconstruiría el imperio.

Los escritores católicos propagaron el rumor que los hunos eran salvajes, bestias infrahumanas. También comenzaron a llamar a Atila: “El Azote de Dios”. Pero esta propaganda negativa resultó favorable para Atila. Mientras más amenazante era su imagen, más sencillo era intimidar a sus enemigos.

A pesar de su riqueza y poder, Atila conservaba hábitos modestos y un estilo de vida espartano. Cuando el historiador griego Priscus cenó con Atila, se asombró al ver al rey de los hunos comer con plato y cubiertos de madera mientras sus tenientes lo hacían con plato de plata. Atila tampoco comió las exquisiteces servidas a los demás, prefirió comida más sencilla como la carne. No usaba ni prendas de oro ni piedras preciosas. Sus ropas eran poco elaboradas.

La combinación de modestia y poder absoluto de Atila podía en ocasiones llevar a hechos extraños. En una ocasión, un poeta quería halagarlo con un poema en el que era comparado con Dios; Atila se ofendió tanto por el trabajo del autor que casi lo hace ejecutar.

El hermano de Atila, Bleda, murió en el año 444. Atila era ahora el gobernante supremo del Imperio Huno. Poco tiempo después, un pastor pidió una audiencia con Atila. Trajo consigo una espada que había descubierto en el sitio donde pastaba su ganado. Después de revisarla, el rey huno estaba convencido que era la espada sagrada de Dios. Según una leyenda huna, esta espada, que se había perdido durante tiempos antiguos, poseía grandes poderes; de hecho, había sido y por siempre sería la clave del destino de su pueblo. Y ahora estaba en sus manos. Consultó con los chamanes más confiables. Todos estaban de acuerdo, no había duda en la interpretación de este grandioso suceso.

Ahora que Atila, gobernante supremo de los hunos, poseía la espada de Dios, su destino era conquistar el mundo.
La guerra de los imperios

Atila parecía invencible, luego de otra guerra con los romanos orientales en el 448, puso a Constantinopla de rodillas. Los hunos tenían el control total de los Balcanes, así como un gran tramo del territorio al este y una gran franja del territorio al sur del Danubio.

Atila había convertido en un arte refinado la práctica de extorsionar al Imperio Romano. Sólo tenía que gruñir o sacudir el sable y los emperadores romanos enviarían mensajeros diplomáticos corriendo a través del Danubio cargados con regalos y peticiones de perdón.

No obstante, las acciones de Atila durante este período sugerían que estaba perdiendo la calma. Sus demandas se hacían más severas y extravagantes. Quizá sólo quería ver cuanto más podía presionar a los romanos.

En julio del año 450 d. C., una joven mujer de espíritu libre llamada Honoria entró en escena. Era la hermana de Valentiniano III, emperador del Imperio Romano de Occidente. Honoria se había convertido en una deshonra para la familia real después de haber sido capturada en una posición comprometedora con su mayordomo. Éste fue ejecutado por su indiscreción y Honoria fue casada con un burócrata sin ambiciones.

Aún rebelde, Honoria envió un mensaje a Atila pidiendo su ayuda. Ella le envió su anillo y una carta donde le ofrecía convertirse en su esposa si él la liberaba de su situación. Él, como prometido de la hermana del emperador, exigía la mitad del Imperio Romano de Occidente como dote.

Pocas propuestas de matrimonio han amenazado con tener consecuencias tan catastróficas. No le tomó mucho tiempo a Atila pensar en el ofrecimiento. Envió un mensaje inmediatamente a Valentiniano pidiendo que Honoria fuese liberada y así se podrían casar.

El emperador romano envío una procesión de embajadores a Hungría para razonar con el rey de los hunos. Cada uno llevaba el mismo mensaje: Honoria no sería liberada, después de todo ya estaba casada. Cada embajador también llevaba un nuevo cargamento de regalos para hacer el mensaje más atractivo. Atila aceptó los regalos pero no la respuesta de Valentiniano. Más mensajeros fueron enviados, pero la crisis no se resolvió.

Durante este período, Atila también exigió el regreso de los fugitivos que habían escapado a través del Danubio. El emperador Teodosio sostenía que no había fugitivos en el Imperio Oriental. Entonces el rey huno comenzó a amenazar con la guerra. Se enviaron más embajadores para resolver las cosas, por supuesto todos llevaban regalos.

Atila se volvió cada vez más obstinado y exigente sobre el rango de los embajadores que enviaban. En cierta ocasión rechazó ver a una delegación romana, pero insistió en que dejaran los regalos de todos modos. Cuando se negaron, amenazó con ejecutarlos.
Imperio Huno.

Ahora era inevitable que Atila y Aecio, su antiguo amigo y aliado, se encontraran en el campo de batalla.

En el año 450, este prospecto se convirtió en realidad cuando Atila anunció que iba a iniciar una guerra contra los enemigos tradicionales de los hunos, los visigodos. Sostenía que su campaña no estaba dirigida contra el Imperio de Occidente. Pero el lugar de los visigodos era Galia y, para los romanos, Galia era aún parte del imperio.

Para los romanos, la perspectiva que los hunos ganaran Galia era impensable. Aecio no tenía la fuerza militar para enfrentarlos solos. Su única esperanza era convencer a los visigodos de dejar a un lado sus diferencias con los romanos y unirse contra su enemigo común, los hunos.

Aecio se encontraba todavía uniendo sus fuerzas en Italia, cuando Atila marchaba hacia el oeste, en las afueras de Hungría, encabezando un enorme ejército multitribal hacia la Galia central. Según los cálculos, la fuerza del ejército huno era de medio millón de hombres. Éste gran ejército cruzó el Rin en el año 451 d. C. El pánico se extendió como pólvora a medida que entraban en Galia. Ciudades y pueblos ardieron, y las carrozas de madera de los hunos rebozaban con los botines del saqueo.

A medida que los hunos avanzaban en Galia, encontraban ciudades vacías; los ciudadanos huían aterrorizados. En mayo, el ejército de Atila había llegado a la ciudad de Orleans. Ésta se mantuvo bajo sitio como ninguna otra ciudad. Finalmente las fortificaciones cedieron.

Sin embargo, mientras los hunos entraban a la ciudad, el ejército armado la tomaba por asalto. El contingente romano guiado por Aecio y los visigodos por su rey Teodorico.

Sorprendido, Atila guió a su ejército a una retirada a 100 millas del lugar hasta las planicies catalanas. Luego trató de reagrupar sus fuerzas. Coordinar esta mezcla de nacionalidades fue difícil, incluso para este afamado estratega. Mucho antes de lo esperado, los romanos y los visigodos avanzaron.

Los jinetes vencidos de Atila fueron atrapados en el medio de un frente de batalla de cuatro millas de largo; inutilizados, fueron incapaces de lanzar sus devastadores ataques en los flancos del enemigo. Encerrados por su propia infantería por un lado y por sus enemigos por el otro, los hunos morían por miles, al igual que los romanos y visigodos. La batalla comenzó en la tarde y duró hasta bien entrada la noche. Finalmente, ambos bandos se retiraron, Atila hacia el sur, sus enemigos hacia el norte. El rey huno había sufrido su primera derrota seria.

Sin embargo, el ímpetu de Atila no fue afectado. A su regreso a Hungría, inmediatamente volvió a exigir que Valentiniano liberase a Honoria y cediera la mitad de Italia como dote.

Valentiniano decidió desenmascarar a Atila. En la primavera del año 452 comenzó a sufrir las consecuencias. El ejército huno atacó a través del Danubio cruzando los Alpes Julianos en el norte de Italia. Aecio no tenía esperanzas de detenerlo, su poderoso ejército aliado del año anterior se había disuelto después de la batalla de las planicies catalanas. Aecio sólo tenía una sugerencia para Valentiniano: abandonar Italia y trasladar la capital a Galia, seguramente allí estaría a salvo por unos pocos meses. El emperador rechazó la idea y decidió ir a Roma y rezar por lo mejor que pudiera pasar.

A medida que Atila avanzaba en Italia, ciudad tras ciudad caía frente a su ejército. La mayoría de estas, temiendo el salvajismo de los hunos, sencillamente abrían las puertas de sus murallas. Aquellas que se resistían eran destruidas y sus ciudadanos asesinados.

A medida que Atila avanzaba en Italia, ciudad tras ciudad caía frente a su ejército.El norte de Italia había caído frente a los hunos. Parecía sólo cuestión de tiempo para que llegaran a Roma.

La única alternativa de Valentiniano y Aecio era enviar una delegación y suplicar por la paz. El destino del Imperio Romano y del mundo cristiano estaba en juego. Entonces, decidieron no correr riesgo alguno. El papa León I guiaría la delegación al campamento de Atila. El jefe de la Iglesia católica romana fue enviado a encontrarse con “El Azote de Dios”, para discutir los términos del acuerdo.

Atila recibió al papa en su campamento a orillas del río Mincio. Según se dice, el encuentro fue amigable. Sus términos eran los usuales tributos en oro y alguna otra medida que los romanos no podrían cumplir. Cualquier violación del tratado por parte de los romanos le daría un pretexto para invasiones futuras. Finalmente estuvo de acuerdo en retirarse de Italia.

En realidad es posible que el ejército de Atila sufriera la plaga. Además el terreno en Italia no era el ideal para las tácticas a caballo que mejor dominaba. Tenía graves problemas y quizás aceptó cualquier compensación y dejó Italia, porque buscaba un modo seguro de salir él y su ejército de la península itálica.

Los romanos creían que Atila accedía a retirarse porque temía la cólera del Dios cristiano. En realidad, sus caballos y carrozas estaban ya tan cargados con los botines de saqueos que la movilidad de su ejército se había deteriorado. Y, a pesar que él despreciaba la civilización romana, no tenía ningún deseo de destruirla. ¿Por qué querría destruir una sociedad que había sido su mayor fuente de ingreso? Atila estaba más que contento con la retirada.
Colapso y legado

Atila guiando a sus ejércitos (pelicula).A finales del año 452, más rico y poderoso que nunca, Atila regresó a su tierra. De inmediato comenzó a planificar una invasión al Imperio Romano Oriental y una fastuosa boda. Una noble germánica llamada Ildiko lo había conquistado. Según se dice, era joven y hermosa.

El rey de los hunos, con 50 años, se caso con Ildiko un día de primavera del año 453. Cómo de costumbre, se realizó un gran festín y la celebración duró toda la noche.

Atila fue encontrado muerto en su cama a la mañana siguiente, después de permitirse comer y beber en exceso. El gran rey sufrió una hemorragia nasal y se ahogó en su propia sangre. Otra teoría dice que fue envenenado por su reciente esposa, quién posiblemente había perdido su familia en una de las invasiones hunas o tendría alguna relación con Aecio, quien la envió para hacer lo que él no pudo.

Los hunos lamentaron la muerte de su rey rasgándose las vestimentas, cortándose sus cabellos y mutilando sus cuerpos; ya que creían que su máximo líder debía ser llorado no con lamentos femeninos y lágrimas sino con sangre varonil.

El cuerpo de Atila fue colocado en un ataúd revestido de hierro, oro y plata. El hierro representaba a sus conquistas; el oro y la plata, los tributos recibidos por ambos Imperios Romanos. A un lado de su cuerpo se encontraban su espada real, su arco y flecha, su lanza y una gran cantidad de joyas y ornamentos.

Según la leyenda, su cuerpo yace en el fondo del río Tisza, en Hungría central. Miles de esclavos levantaron diques temporales que retenían las aguas del río mientras se preparaba la tumba. Una vez que se colocaron los restos de Atila, los diques fueron desmantelados, las aguas del Tisza inundaron el fondo del río nuevamente, asegurando que el sitio de descanso eterno de este gran rey huno se mantuviera en secreto por siempre.

Para los romanos, la muerte de Atila fue motivo de alegría. Los imperios se habían salvado. En oriente, el emperador afirmó que Dios le había informado sobre el fallecimiento de Atila la misma noche en que murió. “Tuve un sueño –dijo– en el cual el arco roto del rey bárbaro fue traído ante mí”. Cierta o no esta historia, su simbolismo es bastante apropiado; ciertamente, el arco del huno estaba roto.

Después de la muerte de Atila, sus hijos asumieron el poder. Pero ninguno demostró ser apto para llevar a cabo la tarea. Los hunos, que bajo Atila habían estado juntos como nunca antes, cayeron en el caos y la guerra civil.

Para el año 469 d. C. el imperio huno era apenas un recuerdo.

Los estudiosos se han acostumbrado a ver los movimientos en la historia como conflictos este-oeste, pueblos bárbaros de oriente amenazando la civilización occidental. Esa tal vez sea parte de la razón de la fascinación por Atila en los siglos subsiguientes.

Al igual que las aguas del río que inundaron el lugar del descanso final de Atila, las corrientes del tiempo y del mito revolotean alrededor de su legado. Al igual que su imperio, que desapareció junto al idioma de su tribu, la historia de su vida y de sus logros cayó en manos del pueblo que aterrorizó en vida.

En el mundo de habla inglesa es recordado como un bárbaro cruel y destructor. Las raíces de esta concepción pueden rastrearse hasta los historiadores católicos romanos, quienes comenzaron a escribir en contra de los hunos desde antes del nacimiento de Atila. En casi todas estas crónicas Atila es culpable de atrocidades viles e indecibles abominaciones. Sus víctimas cristianas inocentes son salvadas por la intervención divina. Esta tradición continuó en el siglo XX cuando, durante las dos guerras mundiales, los británicos usaron a los hunos como metáfora de los alemanes. Un símbolo de la destrucción sin sentido que amenazó al mundo de habla inglesa.

En el mundo germánico, se ha conservado una idea muy diferente de Atila. Irónicamente, ha sido recordado en forma más favorablemente por aquellas culturas de los pueblos que él conquistó. En las épocas germanas medievales, como la canción de los nibelungos, Atila fue representado como un rey pacífico y sin ambiciones, como un esposo y padre modelo casado con una mujer dominante. En Hungría es un héroe nacional, un símbolo del pasado noble y orgulloso de la nación; aunque el pueblo húngaro de hoy sólo descienda en parte de los hunos.

Visto en el contexto de su tiempo, Atila fue un hombre de extraordinario talento quién unificó una federación de tribus nómadas dispersas y la convirtió en una de las maquinarias militares más temibles y violentas de la historia. Después, con astucia y valor, uso esa maquinaria para rivalizar y conquistar a las grandes potencias de su época. Fue un líder que aprovechó al máximo las oportunidades que la historia le ofreció a él y a su pueblo. En este proceso, Atila el huno, se elevó de una relativa oscuridad para convertirse en uno de los famosos e infames personajes de la historia.

Secretos de liderazgo:

Esta lectura la seleccioné de un ingenioso libro titulado Leadership Secrets of Atila the Hun y contiene una serie de proverbios y “verdades” sobre las características y el comportamiento de los líderes, así como consejos de sentido común sobre que hacer y que no hacer en la dirección de personal:

Advertencias y consejos:

* Los informes escritos son útiles solo si el rey los lee.
* Un rey cuyos capitanes siempre están de acuerdo con él, obtiene consejos mediocres.
* Un capitán inteligente nunca mata al huno que le lleva malas noticias; mata al que no se las lleva.
* Un capitán que hace las preguntas equivocadas siempre escucha respuestas equivocadas.
* Un capitán inteligente nunca hace preguntas cuya respuestas no quiere escuchar.

Caracter:

* La grandeza de un huno se mide por los sacrificios que desea realizar por el bien de la nación.
* Un capitán siempre debe mantenerse por encima de la mezquindad y lograr que sus huestes hagan lo mismo.
* Un capitán no puede ganar si pierde la seguridad en sí mismo. Debe tener confianza en sí mismo y autoestima y, aunque no gane, sabrá que realizó su mejor esfuerzo.
* Un capitán no tiene que ser brillante para tener éxito; debe tener una sed insaciable de victoria, una creencia absoluta en su causa y un valor invencible que le permita resistir a todos los que pudieran desanimarlo.
* Los capitanes egocéntricos y engreídos en raras ocasiones son grandes líderes, pues en realidad son grandes idólatras de sí mismos.
* Los grandes capitanes nunca se toman demasiado en serio.
* Un capitán inteligente se adapta, no se compromete.
* El capitán que bebe con sus hunos se convierte en uno de ellos y ya nunca mas es su capitán.
* Los capitanes débiles se rodean de hunos débiles.
* Los capitanes fuertes se rodean de hunos fuertes.
* Cuando un capitán logra éxitos importantes, se intensifica la envidia que otros sienten por sus logros.

Valor:

* Los hunos deben aprender desde el principio que trabajar con empeño es una experiencia que influye en ellos todos los días de su vida.
* Los hunos que logran el éxito aprenden a luchar contra la adversidad y a superar sus errores.
* Un huno puede lograr cualquier cosa por la cual desee pagar el precio. La competencia disminuye en los niveles más elevados.

Toma de decisiones:
* Cada decisión incluye algún riesgo.
* El tiempo no siembre mejora una situación para su rey o sus hunos.
* Los grandes errores son inevitables cuando se permite que los hunos poco calificados tomen decisiones y establezcan juicios.
* Las decisiones rápidas no son siempre las mejores decisiones. Por otro lado, las decisiones lentas no son siempre las mejores decisiones.
* Los capitanes nunca deben apresurar las confrontaciones.
* La confianza de un capitán en sus decisiones garantiza que sus huestes conserven una imagen adecuada de él.
* Algo desafortunado ocurre cuando las decisiones finales son tomadas por capitanes que se encuentran muy lejos de frente, donde solo pueden adivinar las condiciones y las posibilidades conocidas únicamente por los capitanes que se encuentran en el campo de batalla.
* Los capitanes deben alejar a sus hunos de la guerra cuando consideren que la victoria no será dulce.
* La capacidad para tomar decisiones difíciles distingue a los capitanes de los hunos.

Delegación de Autoridad:

* Los capitanes nunca colocan a sus huestes en situaciones en que sus puntos débiles prevalezcan sobre los fuertes.
* Los hunos que tienen éxito normalmente logran lo que su capitán espera de ellos.
* Un capitán inteligente nunca espera que sus huestes actúen mas allá de su conocimiento y capacidad.
* Un capitán inteligente siempre asigna misiones difíciles a los hunos que son capaces de realizarlas.
* La abdicación no es delegación, sino un signo de debilidad. La delegación es un signo de fuerza.

Desarrollo de Capitanes:

* Los grandes capitanes siempre tienen grandes debilidades. La obligación de un rey es hacer que prevalezcan los puntos fuertes de los capitanes.
* Los hunos aprenden menos del éxito que del fracaso.
* Los hunos aprenden mas rápidamente cuando se enfrentan con la adversidad.
* Un buen capitán toma riesgos delegando autoridad en un huno inexperto para fortalecer sus habilidades de liderazgo.
* La experiencia de los hunos debe organizarse para que su voluntad se fortalezca y profundice, a fin de que desarrollen el carácter que necesitarán cuando sean nombrados capitanes.
* Los hunos están mejor preparados para convertirse en capitanes cuando les proporcionan los retos apropiados por medio de niveles crecientes y responsabilidad.
* Si fuera fácil ser capitán, todos podrían serlo.
* Sin un reto, el potencial de un huno nunca se desarrolla.
* La presión adecuada es esencial para desarrollar capitanes.

Diplomacia y Politica:

* Durante una guerra política, un huno siempre debe vigilar la retaguardia.
* La esencia de la victoria de los hunos se basa en la respuesta a las preguntas dónde y cuándo.
* Los hunos deben participar solo en guerras que puedan ganar.
* Los hunos pueden participar en una guerra como resultado de un fracaso diplomático; sin embargo, la guerra puede ser necesaria para que comience la diplomacia.
* Para los hunos, el conflicto es un estado natural.
* Los hunos solo hacen enemigos a propósito.
* Los hunos nunca toman por la fuerza lo que pueden lograrse por medio de la diplomacia.
* Los capitanes deben recordar que la hospitalidad, la calidez y la cortesía pueden cautivar incluso al enemigo más fuerte.
* Los capitanes con frecuencia son traicionados por aquellos en quienes más confían.

Metas:

* Las metas superficiales conducen a resultados superficiales.
* Como nación, los hunos lograrían más si se comportaran de manera que las metas nacionales fueran tan importantes como sus metas personales
* Un aspecto crucial para el éxito de un huno es la compresión de lo que el rey desea.
* Las metas de un huno siempre deben estar a la altura de su tenacidad.
* Un huno sin un propósito nunca sabrá en qué momento lo logró.
* La conformidad de un huno no siempre da como resultado el desempeño deseado.
* Los capitanes siempre deben tener grandes aspiraciones y buscar la perfección, en vez de seguir el camino seguro de la mediocridad.

Lideres y Liderazgo:

* Los reyes siempre deben designar a sus mejores hunos como capitanes, sin importar cuan necesarios sean en su puesto actual.
* Los reyes nunca deben nombrar capitanes simulados. Deben poner a cargo al huno más capacitado, otorgarle responsabilidad y autoridad, y entonces mantenerlo como responsable.
* Un capitán inteligente nunca depende de la suerte, sino que siempre confía su futuro al trabajo duro, a la resistencia, a la tenacidad y a una actitud positiva.
* Un capitán inteligente sabe que es responsable del bienestar de sus huestes y actúa de acuerdo con esa responsabilidad.
* Ser líder de los hunos suele ser un trabajo solitario.
* Una vez que se comprometen a actuar, los capitanes deben presionar para lograr la victoria y no para empatar sin comprometerse.
* La toma de riesgos compartida fortalecerá las relaciones entre un capitán y sus hunos.
* Los capitanes fuertes estimulan e inspiran el desempeño de sus huestes.
* Los mejores capitanes desarrollan la habilidad de hacer las preguntas correctas en el momento adecuado.
* Un capitán nunca puede estar a cargo si monta a la retaguardia.

Percepciones y Publicidad:

* En momentos difíciles, la nación siempre llamará al capitán más eficiente para dirigir.
* Un huno que se toma demasiado en serio ha perdido su perspectiva.
* La percepción de un huno es la realidad para él.
* Los hunos que parecen estar ocupados no siempre están trabajando.
* Es mejor que los amigos y enemigos de un huno hablen bien de él; sin embargo, es mejor que hablen mal a que lo ignoren. Cuando no se puede decir nada de un huno, posiblemente es porque nunca ha realizado nada en forma correcta.
* Al contrario de lo que piensa la mayoría de los capitanes, un huno no es recordado por lo que hizo en el pasado, sino por lo que la mayoría de los hunos piensa que realizó.

Logro Personal:

* Da más prestigio ser un huno con éxito que un capitán fracasado.
* Incluso los romanos tienen la fortaleza para resistir los infortunios que causan otros.
* Si todos los hunos fueran ciegos, un guerrero tuerto sería el rey.
* Los grandes capitanes aceptan fracasar en algunos aspectos para sobresalir en situaciones más importantes.
* Cada huno es responsable de transformar en éxito las circunstancias y experiencias de su vida. Ningún huno, y con certeza ningún romano, puede hacer por otro huno lo que éste se niega a hacer por sí mismo.

Problemas y Soluciones:

* Los hunos deben aprender a concretarse en las oportunidades más que en los problemas.
* Algunos hunos tienen soluciones para las cuales no existen problemas.

Recompensas y castigos:

* Si un capitán incompetente es removido de su puesto, nunca debe designarse a su subordinado que ocupa el rango inmediato, ya que cuando un capitán fracasa también fracasan sus líderes de menor jerarquía.
* Si un capitán dice a un huno que está realizando un buen trabajo cuando no es verdad, éste no lo escuchará más y, peor que eso, no creerá en sus elogios cuando estén justificados.

Tolerancia:

* Todo huno es valioso, incluso si sólo sirve como un mal ejemplo.
* El error al designar a un capitán incompetente es colocarlo en una posición de autoridad sobre otros hunos.
* Para experimentar la fuerza de los capitanes debemos tolerar algunas de sus debilidades.
* Se batalla más con los hunos mediocres, pero leales, que con los hunos competentes, pero desleales.

Capacitación:

* La capacitación adecuada de los hunos es esencial para la guerra y no puede ser ignorada por los capitanes en tiempos de paz.
* Las habilidades que pueden enseñarse son para los hunos en desarrollo.
* Las habilidades que pueden aprenderse están reservadas para los capitanes.
* La consecuencia de no capacitar adecuadamente a los hunos es no lograr lo que se espera de ellos.

Laberinto rojo.


Yace como el sueño
el minotauro ciego
paredes rojas
el eco dioclesiano
en el filo de una uña
la cavidad de la otredad
soy la lengua
soy la diminuta grieta del dolor.

Los dioses pronuncian mi nombre
hilo de oro en la espada
el escudo de piedra
el reflejo malsano
de la belleza
ofrendada

¿Y que si dos vidas ocurren entre mis muslos?
Un instrumento de la deidad olvidada
la virgen inmolada
muerta
por planas lunas rojas
Soy la tercera voz de la montaña

Y me alzo temible sobre todo ardor
me encrespo como la lluvia embravecida
en el beso del vapor
soy asesina y soy asesinada
soy cópula y desazón
soy la busqueda definitiva
la caída simétrica
existo
pero aun puedo ser invisible
Absoluta
magnificente
el Portento del gran mar.

Mi rostro
detenido en dos instantes
soy y divago
en las agujas de un reloj quimérico
soy muda y oscura
soy semilla a punto de estallar
La oscuridad me cubre de terciopelos mellados
soy madre de la Otredad.

Mi uña cruel y diáfana
desgarra la piel
ahonda en el seráfico ser.
hay tantas quietud aqui
no hay segundo que el tiempo no rompa
con dos ojos entreabiertos
¿Cual es el color de la distancia y el olvido?

La espada ciega
mi garganta amplia y esbelta
el cuerno sacramental roto
ineludible
el secreto del oro profanado
y solo yo aquí, en la espera
una montaña roja
un unico laberinto
un origen y un principio
el fin.

Sobre el Análisis Literario.


Redacté esta entrada como un ejercicio de técnica literaria. Constamente, quienes me conocen me preguntan si hay una manera especifica para comprender o analizar mejor una narración. Pienso que como toda ciencia, arte o técnica, la literatura maneja una serie de términos privados a los cuales les da significado especial.

Para leer a cabalidad una obra literaria se requiere analizarla, lo cual significa penetrar en su universo y desmenuzarla cuidadosamente a fin de reconocer los diversos aspectos que la conforman. Este trabajo complejo permite evaluarla demostrando sus calidades.

Cuando examinamos una obra literaria ponemos especial atención en:

# El argumento y el tema
# La originalidad de presentación
# La claridad de exposición
# La habilidad del autor para sorprender nuestras expectativas
# La importancia que la obra tiene dentro de la historia literaria de la humanidad

Al finalizar el desmembramiento de la obra, conoceremos cuáles fueron los recursos usados, qué intención abrigó el autor al redactarla, cuáles eran sus preferencias y habilidades para la elaboración estructural del universo interno del texto literario. En este momento el lector puede interpretar el anhelo del artista y proceder a juzgar si consiguió plasmar a través del arte verbal su objetivo.

Argumento:

Desde la época clásica se considera que una narración literaria debe contar con ciertos componentes indispensables. Estos componentes son personajes, universo interno, estructura, forma, estilo. Para ubicar cada uno de estos componentes, el camino más fácil consiste en redactar de manera sintética el argumento, es decir, el contenido de la obra.

Cuando un lector cuenta lo ocurrido en una obra (es decir, lo que pasó en la obra), ya sea relato, teatro y aun, poesía, inconscientemente incorpora cada uno de los componentes antes mencionados. Por ejemplo, el argumento de Pedro Páramo, la novela del mexicano Juan Rulfo, podría escribirse así:

El joven Juan, hijo de Dolores Preciado y Pedro Páramo, regresó a Comala porque prometió a su madre agonizante que iría a cobrarle a su padre el abandono en que los tuvo por más de veinte años.

Pedro Páramo fue cacique de Comala; cuando Juan llegó, ya había muerto y con él, el pueblo. Sucedió que Pedro, desde niño, amaba a Susana San Juan y sólo pudo desposarla cuando ella había enloquecido por la pérdida de Florencio, su marido. El poderoso cacique se entregó al cuidado de la enferma. Cuando ella murió, los comaleños olvidaron el dolor de su amo y festejaron al santo patrón. Pedro juró vengarse y dejó que el pueblo se hundiera en las epidemias y el hambre. Por eso Juan sólo encontró un lugar en ruinas habitado por fantasmas quienes, desde sus tumbas, reviven sus amores, sus rencores y sus crímenes. Espantado por los murmullos del pueblo, Juan sucumbió al terror y se convirtió en otro fantasma.

De inmediato es posible reconocer algunos de los componentes enunciados:

# El ambiente espectral de Comala
# Los sentimientos de Pedro, Juan, Dolores, Susana, personajes de
# este universo interno irreal

Otros componentes se descubrirán al leer la obra completa; sin embargo, el argumento ha mostrado lo esencial de este relato literario.

Personajes:

En el desarrollo de una obra, los personajes se distinguen por la importancia de sus actuaciones. Los que mayor gravitación tengan serán protagonistas y antagonistas. Si su fuerza de acción disminuye pasarán a ser principales, secundarios, de marco, colectivos y de ausencia.

El autor, según sus necesidades, trazará la figura de cada personaje. Habrá ocasiones en las que consiga perfilar un personaje secundario con tanta habilidad que éste se vuelva imprescindible y quede en la memoria del lector con mayor fuerza que elprotagonista. Por ejemplo en la novela El astillero, del uruguayo Juan Carlos Onetti, el protagonista, Larsen, el “juntacadáveres”, es un aventurero cínico y fanfarrón, con poses de galán cinematográfico que logra enamorar a Angélica Inés, hija de Jeremías Petrus, dueño del astillero. Cuando el viejo Petrus, personaje secundario, es denunciado por estafa y la fábrica va a la quiebra, Larsen descubre cómo su suegro aceptó la boda para responsabilizarlo del robo; así, queda recordado por su perfidia.

Los escritores otorgan al protagonista y al antagonista toda la fuerza; de ellos dependen tanto la historia como el carácter de los demás personajes. Inclusive, del talento del protagonista arranca el clima emocional de la historia.

En la novela Los memoriales de mamá Blanca, de Teresa de la Parra, la autora evoca su infancia transcurrida en la hacienda familiar “El Tazón”, lugar donde ella y sus cinco hermanitas disfrutan la libertad de jugar en los campos, bañarse en los ríos y cabalgar al cuidado de sus criadas y de la institutriz. Los peones, limpios de corazón, acompañan el paraíso infantil. La protagonista, espontánea, tierna y humorista determina el ambiente jovial; los demás personajes comparten el ánimo campestre.

En los relatos clásicos el “héroe” –casi siempre protagonista– y el “antihéroe” –o antagonista– tienen toda la importancia. El ecuatoriano Juan León Mera publicó Cumandá, un drama entre salvajes. La obra se inspiró en la tradición indigenista iniciada con Atala por el francés Chateaubriand. En Cumandá, esta india hermosa escapa de su tribu cuando sabe que la sacrificarán. El español Carlos Orozco la recoge y el padre Domingo bendice su unión; pero los indios de la tribu persiguen a la pareja para vengarse matando al español. Cumandá se entrega a la furia de su tribu. Cuando agoniza llegan Orozco y el padre Domingo. Una india vieja reconoce a éste último como padre de la bella recién muerta. En esta novela son evidentes los papeles protagónicos contrarios.

En el relato contemporáneo el héroe pierde esta calidad; a veces, ni siquiera existe un protagonista definido; en cambio se le reemplaza con un grupo de personajes igualmente importantes. El mexicano Carlos Fuentes trazó en su novela La región más transparente, un fresco de la sociedad mexicana de la década de los cincuenta, cuando todos, ricos y pobres, han traicionado los ideales de la revolución y se debaten entre la industrialización del neocapitalismo y la nostalgia de lo que fue la antigua civilización. Se aprecia en la obra la ausencia de un protagonista a la manera clásica. Los personajes que se nombran tienen el mismo nivel de importancia. Ninguno destaca sobre los demás.

Hay otros casos en los que el personaje colectivo desaparece y ocupa su sitio un ser impersonal quien absorbe el interés del relato. Este ser, que reacciona como humano, en realidad no lo es. Puede ser una selva, una mina, un jardín, un río o, como en la novela del argentino Manuel Mujica Lainez, Una casa:

La casa de “sesenta años de edad” está siendo demolida. Conforme va muriendo, a cada golpe de martillo, evoca mediante un monólogo, los momentos importantes de su historia. Fincada en la elegante calle Florida, la habitó una familia opulenta y poderosa quien la ordenó con refinamiento europeo. Sobrevivió el hijo enfermo y loco. Dos criadas ambiciosas ejecutan su muerte y se apoderan de la mansión. La desvalijan, chacharean sus joyas y esculturas y, finalmente, rematan el solar. Los fantasmas de los dueños pasean por el sitio despidiéndose de la que fuera su morada brillante y frívola.

Universo interno:

El texto literario encierra un circuito de comunicación entre emisor (narrador) y receptor (lector) vinculado mediante el universo interno de la obra.

El universo interno lo crea el autor a su arbitrio, de acuerdo con sus conocimientos y experiencias. El autor es el auténtico soberano, únicamente se somete a las exigencias lógicas de la historia en sí; pero, dentro de dicho universo puede alargar o acortar los acontecimientos, comenzar por el final, introducir otros relatos, modificar el transcurrir del tiempo, brincar épocas, alterar retratos de personajes, apegarse o no a la realidad porque él rige ese universo.

Cuando un lector se interesa por una obra, si el universo interno de ésta se encuentra bien trazado, el lector penetra en ese mundo totalmente ficticio y el circuito de comunicación se cierra. A su vez, el lector debe estudiar lo indispensable para reconocer los distintos momentos históricos, comprender las variantes provocadas por las diversas situaciones geográficas, interpretar las modificaciones de conducta derivadas de los núcleos sociales.

El lector será capaz de acoger el mensaje estético enviado por un autor si en aquel se dan las condiciones culturales, sociales y psíquicas requeridas en cada caso. Este lector ideal –o “lector virtual”, según la lingüística– será capaz de valorar los recursos técnicos empleados, la estructura manejada y el sentido del mensaje contenido en la propia obra.

Estructura Estructura en general:

A lo largo de la historia humana se han repetido cerca de 31 temas artísticos. La habilidad del escritor descansa más en la novedosa forma de presentación que en la variedad del asunto. A partir del boom latinoamericano, cuando sus integrante se inspiraron en los grandes narradores ingleses y norteamericanos, la estructura cobró importancia especial en la narrativa. A los modernos les importa mucho lo que cuentan; pero también les interesa la forma en que organizan los elementos de la narración.

Los escritores, apoyados en la libre rectoría de su universo respetarán el orden preestablecido de los elementos estructurales conocidos como planteamiento, nudo, clímax, desenlace o los modificarán, aumentando o eliminando párrafos según las necesidades de su historia. Tomemos como ejemplo una de las fábulas del guatemalteco Augusto Monterroso titulada “El paraíso imperfecto”, donde el planteamiento y el nudo se han eliminado:

– Es cierto -dijo mecánicamente el hombre, sin quitar la vista de las llamas que ardían en la chimenea aquella noche de invierno–; en el Paraíso hay amigos, música, algunos libros; lo único malo de irse al Cielo es que allí el cielo no se ve.

Definiciones:

Planteamiento: Se llama también “exposición”. Con él se conoce la situación general en que se dará el suceso central y la caracterización de los participantes; aquí se esboza el problema con los respectivos presupuestos de la acción. Son los datos necesarios para entender la acción de la obra; por ejemplo, la descripción del ambiente, una explicación de la circunstancia inicial, la relación entre los personajes, el tiempo y el lugar.

Nudo:
En esta etapa se entrecruzan los hilos de las historias de los personajes, complicando una situación problemática. Puede ser una acción, una decisión o la revelación de algo que cambia la dirección de la obra.

Clímax:
Es el momento culminante, el resultado del nudo. Es el momento de máxima tensión entre fuerzas. Generalmente una de estas fuerzas es el hombre, la otra parte puede ser la naturaleza, lo sobrenatural, otros hombres o el yo interno.

Desenlance: Se pone fin al conflicto, casi siempre restituyendo el equilibrio de la situación. Es la parte que presenta las consecuencias finales del clímax.

Angulos de presentación:

Dentro del universo de la historia el escritor tiene la posibilidad de presentarla desde distintos ángulos; los más conocidos son el narrador omnisciente y el narrador desde un punto de vista en primera persona.

El narrador omnisciente se coloca en un mirador alto y desde allí conoce todos los acontecimientos que ocurren en la historia. Sabe lo pasado y lo porvenir. Es una especie de entidad divina que puede ver y oír a los personajes y por eso se entera de lo que sienten y piensan. El brasileño Joaquín María Machado de Asís escribió una historia titulada Entre Santos. En esta historia el párroco de una iglesia observa cómo, por las noches, los santos de su iglesia bajan de sus peanas y se sientan a conversar acerca de los fieles que los visitaron durante el día. Una de tales veces, San Francisco de Sales cuenta lo ocurrido a un usurero llamado como él. Esta manera de explicar los hechos es la técnica que se ha denominado como narrador omnisciente.

— Rezó, y yo veía su pobre alma, en que la esperanza se trocaba en certeza intuitiva. Dios tenía forzosamente que salvar a la doliente ante mi intercesión, y yo había de interceder; así pensaba mientras rezaba. Y luego siguió hablando, para confesar que ninguna otra mano que la del Señor podía atajar el golpe. Su mujer iba a morir… iba a morir… a morir. Y repetía la palabra sin salir de ella. Cuando fue a formular la promesa no podía: no hallaba vocablos, ni siquiera aproximados, por la falta de costumbre que de dar tenía. Al fin salió la petición: su mujer se moría y me rogaba que intercediese por su salvación; pero la promesa no salía, pues desde que su boca iba a pronunciar la primera palabra, la garra de la avaricia se lo impedía. Que la salvase… que intercediese por ella. Ante los ojos tenía la pierna de cera y la moneda que le iba a costar. Luego no vio la pierna, sino sólo la moneda de oro puro, mejor que los dos candelabros de mi altar, que no son sino dorados. Adonde quiera que se volviese la veía girando en torno suyo, y con los ojos la palpaba, recibiendo la sensación fría del metal y hasta dándose cuenta del relieve del cuño. Era la misma; la vieja amiga de sus años, compañera suya día y noche.

La súplica de sus ojos era ahora más intensa, y puramente voluntaria; los vi alargarse hacia mí; lleno de contrición, humillación y desamparo. Y su boca decía palabras sueltas –Dios, ángeles del Señor, llagas benditas–, palabras lacrimosas y trémulas, como para pintar con ellas la sinceridad de su fe y la inmensidad de su dolor. Lo único que no salía era la promesa de la pierna. A veces, ante el horror que le causaba la idea de la muerte de su mujer, temblaba y estaba a punto de formularla, pero la moneda de oro se interceptaba, hundiéndola en su corazón.

En la actualidad se usa mucho la técnica del narrador que trabaja desde un punto de vista. Aquí, el narrador, que vive en el universo interno de la obra, ignora lo que sienten y piensan los personajes; puede deducir, por sus actuaciones, que asumirán cierta conducta, pero sabe tanto como el lector de lo que sucederá en la historia.

El escritor que usa esta técnica “involucra” al lector porque lo obliga a penetrar en el universo interno y, al mismo tiempo, como le presenta las cosas desde diferentes ángulos, todos parciales, le da libertad para que construya su propio enfoque. Esta técnica, que no es nueva, sino reutilizada, fue manejada por Edgar Allan Poe en el siglo pasado. La adoptó de la antigua “novela gótica” al cuento corto. A partir de entonces se usa preferentemente en las historias de suspenso, de espantos, de terror y policiacas.

El mexicano Vicente Leñero creó un cuento llamado “¿Quién mató a Agatha Christie?”, en él actúan protagonistas de las novela de la autora, juntamente con parientes y amigos de ella. He aquí un fragmento de la historia donde nadie sabe con certeza lo que habrá de pasar:

Cuando al fin Poirot accedió a hablar sobre la escritora, ambos amigos se encontraban sentados a la mesa del comedor bebiendo sendas tazas de un chocolate espeso que el propio detective había preparado en menos de siete minutos.
— ¿Y qué hay del libro sobre miss Marple? –preguntó repentinamente Poirot.
— También lo tiene el editor, pero aún no entra en prensas. Y según me informó David Holloway, el del Daily Telegraph, la anciana está dudando en publicarlo. Teme que miss Marple cumpla sus amenazas.
— Maldita solterona –exclamó Poirot golpeando la servilleta contra la mesa y haciendo que Japp, sorprendido, derramara el chocolate. Era natural el sobresalto: el inspector nunca había oído a su amigo referirse a miss Marple en tales términos; sabía que la odiaba, lógicamente, por celos profesionales, porque Agatha Christie solía desplazarlo desde sus novelas para hacer intervenir a la gruñona y sagaz viejecita en quien los críticos habían visto un desdoblamiento de la propia autora, y aunque Poirot era y seguiría siendo el personaje más importante de la obra de Christie, la complejidad de los casos encomendados a miss Marple, y la brillantez con que los había resuelto, estaban acrecentando en los últimos años la fama de la solterona en demérito de la de Poirot. Todo eso lo sabía Japp, pero nunca imaginó que su amigo, contratriando su natural circunspección, se atreviese a manifestarlo abiertamente.
Lo hizo ante Japp: primero con esa exclamación y luego a lo largo de una perorata en la que Poirot censuró los procedimientos ridículos de miss Marple y la injusticia que la autora cometía al decidir dar muerte a él, al famoso Hércules Poirot, en esa novelucha titulada Telón.
— Pero recuerde también que decidió matar a miss Marple — atemperó el inspector Japp–. Al menos el fallo resulta así equitativo.
— Con la diferencia de que Telón estará en las librerías dentro de dos semanas, como usted mismo lo ha dicho, y de que quizá nunca se publique El canto del cisne de miss Marple.
— Si no se publica será sólo porque miss Marple amenazó con matar a dame Christie –dijo Japp.
— Esa es la trampa –replicó Poirot.
Un largo silencio invadió a los dos amigos. Japp buscó en los ojos de Poirot una pista que lo llevara hasta sus pensamientos, pero el detective rehuyó discretamente la mirada, al tiempo que se levantó de la mesa para ir en busca de un paquete de sus queridos cigarrillos rusos. Ofreció uno a Japp, que el inspector rechazó cortésmente con un ademán, y tras de encender y dar una larga fumada al que se llevó a los labios, Poirot rompió el silencio.
— La muerte de un personaje de novela es siempre relativa –rezonó tranquilo–. Muere cada vez que el lector cierra el libro y vive cada vez que lo abre.
— Pero eso no disculpa a dame Christie a perpetrar un acto criminal tal alevoso como éste –interrumpió Japp.
— La muerte de los humanos, en cambio –continuó Poirot como si no hubiera escuchado al inspector–, es real, definitiva. Cuando mueren, ya sean víctimas de una enfermedad o de un crimen, mueren para siempre, sin remedio. Por eso temen tanto al final y por eso cualquier amenaza en ese sentido los lleva a cometer barbaridades, a renunciar incluso a sus propias convicciones y querencias.
— ¿Se refiere usted a las amenazas de miss Marple contra dame Christie? –preguntó Japp.
— Hablo en general –dijo Poirot y dio una larga fumada a su cigarrillo ruso.

Tiempo

En la narrativa tradicional el relato se ceñía al tiempo cronológico a fin de que lo sucedido transcurriera como si fuera algo apegado a la vida real; sin embargo, poco a poco se fueron modificando las historias hasta llegar al momento presente donde el autor maneja el tiempo como materia maleable. Lo deja fluir o lo detiene; lo condensa o lo alarga; relata hechos que sucedieron hace siglos como si ocurrieran simultáneamente. El tratamiento temporal que presenta el autor en alguna obra es índice de su actitud, pero también determina y revela el mundo interior de los personajes.

En una de sus más populares historias, el argentino Julio Cortázar mezcla dos hilos argumentales ocurridos a enorme distancia temporal, pero él traslapa los hechos a fin de romper la cronología. Hasta el final del cuento el lector capta el virtuoso manejo del tiempo. La historia se llama “Todos los fuegos el fuego”:

Tantea bajo la mesa hasta encontrar cigarrillos, pone uno en los labios de Sonia, acerca el suyo, los enciende al mismo tiempo. Se miran apenas, soñolientos, y Roland agita el fósforo y lo posa en la mesa donde en alguna parte hay un cenicero. Sonia es la primera en adormecerse y él le quita muy despacio el cigarrillo de la boca, lo junta con el suyo y los abandona en la mesa, resbalando contra Sonia en un sueño pesado y sin imágenes. El pañuelo de gasa arde sin llamas al borde del cenicero, chamuscándose lentamente, cae sobre la alfombra junto al montón de ropas y una copa de coñac. Parte del público vocifera y se amontona en las gradas interiores; elprocónsul ha saludado una vez más y hace una señal a su guadia para que le abran paso. Licas, el primero en comprender, le muestra el lienzo más distante del viejo velario que empieza a desgarrarse mientras una lluvia de chispas cae sobre el público que busca confusamente la salida. Gritando una orden, el procónsul empuja a Irene siempre de espaldas e inmóvil. “Pronto, antes de que se amontonen en la galería baja”, grita Licas precipitándose delante de su mujer. Irene es la primera que huele el aceite hirviendo, el incendio de los depósitos subterráneos; atrás, el velario cabe sobre las espaldas de los que pugnan por abrirse paso en una mesa de cuerpos confundidos que obstruyen las galerías demasiado estrechas. Los hay que saltan a la arena por centenares, buscando otras salidas, pero el humo del aceite borra las imágenes, un jirón de tela flota en el extremo de las llamasy cae sobre el procónsul antes de que pueda guarecerse en el pasaje que lleva a la galería imperial. Irene se vuelve al oír su grito. Le arranca la tela chamuscada tomándola con dos dedos, delicadamente. “No podremos salir”, dice, “están amontonados ahí abajo como animales”. Entonces Sonia grita, queriendo desatarse del abrazo ardiente que la envuelve desde el sueño, y su primer alarido se confunde con el de Roland que inútilmente quiere enderezarse, ahogado por el humo negro. Todavía gritan, cada vez más débilmente, cuando el carro de bomberos entra a toda máquina por la calle atestada de curiosos. “Es en el décimo piso”, dice el teniente. “Va a ser duro, hay viento del norte. Vamos.”