Archive for abril 12, 2007

Danza entre sombras.

Como mencioné antes, el género gótico, en su estricto sentido, responde a dos temas principales: las costumbres caballerescas de la Edad Media y su estilo arquitectónico. La novela gótica típica es aquella que reúne castillos, ruinas, espectros, eventos naturales, sobrenaturales, víctimas y victimarios. Rasgos sobresalientes que permiten catalogar y caricaturizar al género.

La “receta” para elaborar novelas góticas ha sido parodiada y recreada en poemas, novelas, ensayos y un cuantohay: elabore una historia a modo de introducción donde aparezca un viejo manuscrito que narre el caso; disponga como escenario un castillo gótico con pasillos secretos y pasajes subterráneos, añada un crimen misterioso, ligado a un amor ilícito o incestuoso, mejor aún si es perpetrado por un religioso(a); agregue un villano, con requisito excluyente de haber vendido su alma al diablo; espolvoree con fantasmas y brujas; envíe a un entorno natural adverso, pletórico de tormentas, luna llena y montañas; opcionalmente puede presentar con retratos que cobran vida o estatuas que sangran. Sirva caliente.

Después de 1820, luego de las parodias del género, el imaginario gótico deja de prevalecer. De las tantas escritoras que surgieron muchas habían sido casi olvidadas, y, a partir del feminismo, han sido reeditadas y vueltas a leer. Entre los valores de lo victoriano destaca la domesticidad. Las novelas eran de tres tomos. Si se quería escribir y vivir de la prosa había que escribir estos tres tomos, y saber que estas novelas eran leídas en y por la familia. De este modo escribieron los autores del período, donde no figuraban los excesos de la novela gótica: los textos salían en publicaciones periódicas que leía el hombre de la casa (por ejemplo, Mary Shelley, Edgar Allan Poe).

Sin embargo, no sólo de castillos y fantasmas vive el gótico: dos palabras clave atraviesan su desarrollo: el exceso y el género. El exceso, en tanto trasgresión de los límites de las normas y de las clases sociales; el género, en cuanto identidad personal y sexual. Las víctimas y los victimarios son los engranajes principales de los mecanismos de este par de conceptos. El género gótico tiene características cercanas a la pornografía, es muy común que la mujer esté representada como víctima, y más en las producciones de terror (literarias o fílmicas) del siglo XX.

En las novelas góticas encontramos al noble malvado que oprime a la muchacha joven, ingenua y desamparada y que es la heredera legal de las riquezas usurpadas por el maligno noble, quien ejerce todas las torturas imaginables sobre la indefensa chica. Niña que ama a un muchacho de noble estirpe pero desposeído de sus riquezas, cuyos ascendientes familiares son inciertos. La heroína es perseguida a lo largo y a lo ancho del país, del castillo, en laberintos o en subterráneos por un villano anciano y poderoso. Los pecados de los padres serán pagados por los hijos. Además, la heroína será víctima del deseo del victimario.

Las víctimas y los victimarios

En todas las novelas góticas aparecen mujeres que son torturadas, o hay una mujer angelical a la que le pasa de todo, como después exagera Sade en Justine. Casi siempre, las mujeres o un personaje femenino están puestas en un lugar de víctimas. Como en el caso de los victimarios, hay antecedentes del gótico, como Pamela de Samuel Richardson (1740), en tanto cuenta vicisitudes y males que le suceden a una joven.

Ofelia, Sir John Everett Millais

Las bases teóricas del género gótico están en las teorías estéticas de Edmund Burke quien sostiene que (…) “todo aquello que de alguna manera contribuya a excitar las ideas del dolor, es decir, todo aquello que resulte terrible de algún modo… es fuente de lo sublime”. Todo lo sublime es bello, pero no todo lo bello es sublime. Para Burke, el horror surge de lo sublime. Lo definió así: los objetos bellos se caracterizan por su pequeñez, suavidad, delicadeza y variación gradual, evocando amor y ternura; en contraposición a lo sublime, enorme y desproporcionado, que provoca sobrecogimiento y terror.

El antihéroe es un personaje importante en la novela gótica, no es “querible” o asimilable a la cotidianeidad, sino que está subyugado por lo demoníaco. El antihéroe demoníaco luego sería modelo para poetas, como Byron, Baudelaire, Wilde, el dandismo, los decadentes (Byron lo define y actúa, Poe imita a Byron [la realidad imita al arte], Baudelaire imita a Poe, el simbolismo francés hace el resto: nace el poeta maldito). Los antecedentes “prehistóricos” del héroe-villano son el Satanás de Milton, el “hombre de sentimientos” de la novela inglesa del siglo XVIII. Es Ann Radcliffe quien define claramente al héroe-villano gótico, al victimario. La conducta del héroe-villano gótico es impredecible: es taciturno y sujeto a efusiones emocionales explosivas.

La figura del héroe-villano está marcada por la ambigüedad: son violentos, amenazantes y demoníacos (tienen “ojos penetrantes”), a la vez son marginados (“a stranger in this breathing world”, que llegaría hasta el “stranger” de Jim Morrison, otro byroniano) que sufren y son perseguidos.

Lord Byron le da forma definitiva al héroe-villano gótico. Inspirado en Radcliffe, demarca las características básicas del héroe-villano en Lara (1814), Childe Harold (1812) y Manfredo (1817): el antihéroe es físicamente de tez oscura (castaño o moreno) y psíquicamente poderoso, con ojos penetrantes y gestos que indican una actitud extraña (“un desprecio vital por todo”) y una “imaginación oscura”.

De esta manera: la novela gótica produce terror por exceso, introduciendo elementos terroríficos en un contexto conocido. El autor elabora el contexto de lo familiar para quebrarlo y transgredirlo con el elemento de terror. Lo familiar es lo íntimo. Lo íntimo es privado. Lo privado es oculto. Lo oculto se esconde. Lo que se esconde es gótico. Pero que se esconda no quiere decir que no se vea: lo siniestro es lo familiar que no está oculto.

Vemos lo familiar, pero lo reprimimos o negamos. El terror siempre estuvo allí: Manfredi mata a su hija; Ambrosio viola a su hija y mata a su madre; Schedoni va a matar a su hija; Wieland asesina a su esposa y a sus hijos; Melmoth vaga por el mundo pero vuelve a morir a su casa. El cine de terror, los éxitos de Stephen King o Peter Straub, los noticieros, la prensa amarilla, los talk-shows, las telenovelas latinoamericanas; en otras latitudes y en otro formato, son reencarnaciones del gótico. En la novela gótica, el victimario termina como víctima y el orden es restablecido, cumpliendo las formas y las normas, luego de transgredirlas. En el gótico de los siglos posteriores el orden es perturbado y nunca restablecido, porque el gótico ya es parte de nuestro modo de vida. El terror siempre estuvo allí: sólo se trata de aguardar que surja, o ir a buscarlo.

El gótico es el lenguaje del terror, hablado por víctimas y victimarios.

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El laberinto como simbolo cristiano.

Como tantas otras imágenes y símbolos paganos, la imagen universal del laberinto cayó presa del sincretismo y acabó principalmente en los suelos de las iglesias cristianas, como la muestra gráfica de las pruebas que debe pasar el hombre en su camino a Dios o como la posibilidad de peregrinar hacia el axis mundi (eje del mundo) que era en ese tiempo Jerusalén, Ciudad Santa. Más adelante veremos otras posibles explicaciones al uso de este símbolo.

La utilización más antigua de la imagen del laberinto en un contexto cristiano fue en el pavimento de la Basílica de San Reparatus, en Algeria, que data del 324 DC y que actualmente se conserva en la catedral de Argel. Desde la “S” central, se lee en todos los sentidos “Sancta Eclesia”, La Madre Iglesia a la que todo fiel debe llegar. Es interesante notar que la “palabra Eclesia lleva dos “C”, la ausencia de una de ellas permite transformar el laberinto en un cuadrado basado en el número mágico 13”.

Recién en el siglo VI el laberinto hace su aparición en Europa. Cinco siglos más tarde, se realizan en el norte de Italia tres laberintos, uno de ellos, el de San Miguel Mayor, en Pavía, contemporáneo de la Iglesia de San Davino en Piacenza y otro en la Iglesia de Lucca. Al costado de la imagen se puede leer: “Este es el laberinto que Dédalo el cretense construyó. Una vez dentro, nadie puede salir salvo Teseo, gracias al hilo de Arianna”.

Asimismo existieron laberintos en la Catedral de Cremona, donde el minotauro del centro fue confundido con un centauro (cosa que fue bastante frecuente). También en la Iglesia de Santa María de Aquiro en Roma y en la de Santa Maria de Trastevere, de 1190. Sin duda el más bello de todos es el de la Iglesia de San Vitale en Ravena, que destaca por su sencilla belleza.

En Alemania, el laberinto que se encontraba en Colonia fue destruido, al igual que el que existía en la Iglesia de San Severin. Sólo quedan en Quedlinburg, como recuerdo más antiguo de la imagen: tres figuras: flechtbaender (cintas entrelazadas) y ewigkeitsbaender (cintas de la eternidad). Asimismo un vórtice solar: Sonnewirbel, pero como sabemos ninguna de ellas es propiamente un laberinto aunque lo antecede en el imaginario.

En Inglaterra en la pila bautismal en la Iglesia de Lewannick, Cornualles, están tallados un laberinto sencillo en forma de pentagrama y una espiral y en la Iglesia de Santa María de Recliffe de Bristol, existe un pequeño relieve en el techo con un laberinto que data del siglo XV. Aparecen laberintos en los pavimentos de la Iglesia de Bourn, Cambridgeshire, y en la Catedral de Ely, aunque esta última se construyera ya en 1870. Otra réplica moderna se encuentra en la Iglesia de Alkborough en Lincolnshire, dentro del revival que se produce en Europa por lo gótico.

Los laberintos recibieron como nombre meandre (la figura que lo antecede en el imaginario), daedali y domus daedali (una clara reminiscencia de Dedalo, constructor del laberinto de Cnosos) y chemin du Jerusalem o lieu du Jerusalem, camino o lugar (hacia Jerusalem). El centro era Ciel o Jerusalem.

Como hemos notado por los nombres dados a los laberintos, el verdadero Cielo de éstos fue Francia y sus iglesias góticas. Lamentablemente casi todos han sido destruidos y sólo queda el dibujo o las referencias en algunos libros. Por ejemplo, el laberinto de Reims fue destruido en 1779 (aunque se conserva la imagen), el de Auxerre, en 1769, el de Arras durante la Revolución Francesa aunque el dibujo se ha conservado, Saint Etienne de Caen en 1802, al igual que el de Touissants en Chalons sur Marne, éste muy tempranamente en 1554. El de Sens, destruido en 1769, el de Bayeaux actualmente se halla en muy mal estado, con el trazado casi irreconocible. El de Poitiers, con un diseño único en forma de árbol, también fue destruido. En este laberinto no se llegaba al centro, sino que después de un largo recorrido se regresaba al punto de partida. Saint Bertin de Saint Omer, también destruido. El laberinto de Amiens, construido al parecer en 1288, fue destruido en 1828 y restaurado en 1896. Con un diseño muy similar, el laberinto de Saint Quentin no corrió la misma suerte, también fue destruido. El laberinto más conocido de todos, el de Chartres, diseñado por el arquitecto Villiard de Honnecourt en el siglo XIII, alcanzó a salvarse de esta destrucción y recibe hasta el día de hoy, casi intacto, a miles de peregrinos al año.

¿Porqué tanto ensañamiento con esta figura? A pesar del claro mensaje didáctico que entregaban en una época en la que muy poca gente sabía leer, la mayoría de los laberintos fueron destruidos por orden directa de los encargados de las iglesias, que no toleraban el ruido que generaban los niños al jugar en ellos, considerándolos por tanto, instrumentos del demonio. Vemos cómo su poder de evocación había superado finalmente al poder asignado de instrucción… Los laberintos están hechos para ser recorridos… A esto se le suma la acción de los vándalos y saqueadores de siempre.

El laberinto se desplaza entonces a lugares más mundanos, donde fue mejor recibido como los jardines de las villas y palacios. Abandona el espacio sagrado sin perjuicio ya que es, en sí mismo, un espacio sagrado.

Señor de la Luz.

Según datos del Museo de Londres, Mitra (1) era el dios de la luz solar, de origen persa que fue adoptado en el imperio romano. Se conservan diversas esculturas, en su mayor parte del siglo II. Se le representa como un hombre joven, con un gorro frigio, matando con sus manos un toro de cuya sangre fluye vida eterna.

El culto se organizaba en sociedades secretas, exclusivamente masculinas. Era muy popular en ambientes militares. Obligaba a la honestidad, pureza y coraje entre sus adeptos.

Las excavaciones iniciadas en 1857 bajo la iglesia de San Clemente, en Roma, mostraron que estaba construida sobre una iglesia del siglo IV, y esta a su vez sobre un templo dedicado a Mitra. Por los hallazgos arqueológicos se sabe que es una religión de origen persa, adoptada por los romanos en el año 62 adC, que compitió con el cristianismo hasta el siglo IV.

Algunos relatos describen a Mitra en narraciones que muestran grandes paralelismos con los de los evangelios, acercando la imagen de este dios frigio con el de Jesús de Nazaret.

De acuerdo a lo que argumentan algunos autores cristianos, los textos más antiguos encontrados acerca del mitraísmo datan del siglo II, siendo tardíos respecto a los del Nuevo Testamento, por lo que la hipótesis de que los relatos evangélicos fueron copiados de los del mitraísmo no tendría fundamento historiográfico. Sostienen que mientras no se encuentren documentos “mitraístas” más antiguos, los existentes hasta el momento sugieren que el mitraísmo adoptó algunos de los mitos del cristianismo mientras coexistieron. (En el artículo “mitraísmo” se sitúa el origen de esta religión en el segundo milenio antes de Cristo)

El dios Mitra védico

Mitra también es un dios védico de la India. Según el Bhâgavata Purâna es el semidiós que controla el movimiento intestinal. En idioma sánscrito el término mitra significa ‘amigo’.

Mitra es uno de los hijos de Aditi, y según algunas fuentes sus hermanos pueden ser siete u ocho, aunque otras referencias llegan a decir que hasta treinta y uno. Aditi es la palabra sánscrita que designa al Sol, como Dios o deva primitivo o de los elementos. Y por tanto, la denominación Aditya indica su clasificación de dioses solares y/o del cielo. En otras versiones del Rigveda, Aditi es una deidad femenina, madre de todos los dioses, dispensadora de todo tipo de bendiciones a todas las criaturas. Se dice de ella que lo contiene todo, y se le podría considerar como Naturaleza o Ser Universal o “Diosa primigenia Creadora”. Aditi como la fuente de donde todo emana, y la meta a la que todos vuelven.

En los vedas, Mitra es un dios secundario del sol, siendo mucho más conocido Surya, que sí queda bien definido como el Dios Sol en todas las escrituras en las que se le menciona.

El Mitra védico nunca va solo, sino en compañía de su hermano gemelo Varuna, según el Rigveda, y los dos están incluidos entre los Adityas. Mitra está relacionado con los juramentos, las promesas, los contratos, la honestidad, la amistad y los encuentros, así como considerado como el suave sol del alba. No suele tener tanto protagonismo como su “conflictivo” hermano, y por ello suele pasar más desapercibido. A veces se le confunde con Indra, aunque éste es dios del fuego, y bastante más belicoso.

En contraposición, a su hermano Varuna se le asigna la creación de rayos, tormentas, lluvias, de las aguas, los oceános, los ríos y los bajos mundos o de las profundidades. Incluso se le llega a asignar el papel de Dios de los muertos, y dentro del agua, siempre va acompañado de nagas. También en el Rigveda se menciona su papel de dios lunar o Chandra, posteriormente asignado a Shiva.

El tándem Mitra-Varuna también viene mencionado en los antiguos puranas, y no se describe muy bien su procedencia. Todo ello apunta a que pertenecieron al rango de dioses anteriores del período pre-sánscrito, antes de la aparición del hinduismo primitivo. En este hinduismo primitivo y medio, el dios que ocupaba el rango de dios-sol era Surya, en oposición al dios lunar Chandra.

Hay que comentar que en los Vedas, no hay mucha claridad en la identificación de muchos dioses. La razón es porque con el paso del tiempo fueron cambiando los cultos, donde se mencionan a dioses que ya casi nadie recuerda a excepción de unos pocos estudiantes de las escrituras y algunos brahmanes, todos muy versados. O bien se dá el caso de que se cree en otros dioses que no están apenas mencionados en las escrituras sagradas hindúes.

Lo cierto es que Mitra, así como Aditya, y el resto de sus hermanos, pueden ser reminiscencias de tiempos muy anteriores al establecimiento del hinduismo. O incluso que el propio Surya, del que hay información suficiente como el Dios Sol, puede también haber sido una especie de “adquisición nueva” para asimilar cultos de otras zonas de la India. Actualmente en el culto hindú, los Adityas ocupan un segundo plano bastante lejano a la práctica real diaria de todo hindú común. Aún así, hay sikhs y otras sectas y religiones de la India y alrededores, que todavía creen en Surya de alguna forma, dejando huellas de que en su momento de auge fue comparable al culto del Dios-Sol Amón-Ra en Egipto.

Todo ello viene a decir que el Dios Mitra védico, como Dios-Sol no tiene en el hinduísmo la relevancia que tuvo Surya. Y aunque el Dios-Sol Surya tuvo un papel protagonista, fue posteriormente relegado a un segundo plano por otras deidades.

Aún así, todavía hay algunos lugares donde Mitra es invocado, principalmente en juicios y en contratos, para asegurar su cumplimiento, así como la honestidad de los implicados.

No parece que quede ningún vestigio gráfico arqueológico, ni escultura, ni representación del Mitra védico.

En la Tradición de Brujeria que practica mi familia, la advocación de Mitra se celebra encendiendo 10 velas blancas y una roja, como simbolo de la fuerza de la luz y del espiritu en fuego de la bruja y sus creencias.

(1) Según la tradición de la Antigua Religión que practica mi familia, hoy se celebra e la advocación de Mitra, como Dios de la luz.

En sereno regazo

Los fordicidios es la fiesta dedicada a la diosa Tellus (1), la antigua Madre Tierra de los latinos, antes de que su figura la usurpara la divinidad frigia Cibeles. Como diosa de la tierra y de las fuerzas generativas y nutricias, su culto estaba muy relacionado con el ciclo agrícola y a menudo compartía protagonismo con Ceres, diosa de la agricultura. También se la relacionaba con Ops, divinidad de los dones de la tierra, si bien esta última parece que estaba más referida a la superficie, mientras que Tellus reinaba en las profundidades.

Los fordicidios se celebraban en honor de una advocación especial de esta diosa, Tellus Gravida, (Tellus “embarazada”). El nombre de la fiesta significa literalmente “muerte de la preñada”, porque la ofrenda que se ofrecía era una vaca preñada. Cada una de las treinta curias sacrificaba una, y luego llevaban el feto a la Regia del foro para que la Virgen Vestal Máxima los quemara. Según Ovidio, el ritual de este día había sido transmitido a Numa por la ninfa Egeria como remedio para evitar la esterilidad de la tierra.

Para la tradición de la Antigua Religión que practica mi familia, Tellus es la protectora de la maternidad, como etapa de transición fisica de la mujer. A ella se encomiendan las concepciones y los partos, y la vida del recién nacido. Para conmemorar su nombre, se enciende una vela blanca sobre un siete hojas de Romero, al amanecer del día del nacimiento de un nacimiento.

(1) En la Tradición de la Antigua Religión que practica mi familia, Hoy se celebra la advocación de Tellus, como protectora de la gestación del tiempo en el seno de la Diosa.