Archive for abril 3, 2007

Alberto Korda: la iconografia con textura politica.

Nació con el poco artístico nombre de Alberto Díaz Gutierrez en el año 1927, en La Habana, e iría a morir en mayo de 2001, en pleno proceso creativo, mientras supervisaba una exposición en París. Entre tanto, una vida cargada de creatividad y toque, que consiguió sacar el máximo partido a todas las cámaras de fotos que tocó.

Es cierto que su foto del Che le eclipsó, pero Alberto Korda fue mucho más que el hombre que sacó ese retrato, el más reproducido de la historia. Decía que se inició en la fotografía por amor, que a los 16 años se enamoró de la que sería su primera novia, Yolanda, y que en una casa de empeños consiguió una KODAK 35 con la que le haría a su amada sus primeras tomas.

Nacía así una poderosas y fructífera relación con la fotografía de la que ya nunca se iba a separar.

Junto a Luis Pierce (Luis Korda) fundó los estudios Korda en cual trabajó entre 1953 y 1968, en los que realizaban toda especie de trabajos comerciales. Con el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, trabajó para el Revolución y acompañó a Fidel Castro como fotógrafo en distintos recorridos que el líder cubano realizaba en esos años.

Su obra fotográfica se ha expuesto en las principales galerías del continente europeo y en América. Aunque la sombra del la foto Guerrillero Heroico muchas veces ha eclipsado el resto de su magnífico trabajo.

Es, sin lugar a dudas, una de las fotografías más famosas de la historia y, desde luego, es el retrato más reproducido del siglo XX.

El rostro de un ideal sangriento:

La historia de la fotografía, del nacimiento de esta imagen, es más bien sosa y simple: el 5 de marzo de 1960 se celebran los funerales de 136 personas que han muerto en una explosión del ‘Coubre’, un barco francés cargado de municiones y que estaba atracado en el puerto de La Habana. Fidel Castro acude a este acto donde interviene pronunciando un duro discurso contra Estados Unidos, a los que acusa de ser los autores materiales de esa tremenda y mortífera explosión.

Por allí anda Alberto Korda, fotógrafo del diario cubano ‘Revolución’, cubriendo la noticia y sacando fotos de los funerales que ilustrarán la noticia en el rotativo para el que trabaja. Sabe que la gran estrella del día es Castro y le saca multitud de fotos como corresponde a su importancia, pero no se olvida de fotografiar al ministro de Gobierno de Castro, Ernesto Che Guevara, que hace una breve intervención. Apenas son dos fotografías ) “una de ellas particularmente buena”, en opinión del propio fotógrafo. Pero los responsables del periódico desechan las fotos del Che y se centran en el gran protagonista del acto… el retrato más famoso de la historia se veía relegado a la oscuridad, pero Korda guardó los negativos.

Siete años más tarde muere Ernesto Guevara en Bolivia, convirtiéndose en héroes y mártir de la revolución. La foto de Korda vuelve a la actualidad, empieza a usarse el rostro del comandante y trasciende los límites de Latinoamérica con asombrosa facilidad.

Es entonces cuando pasa de ser un retrato conocido a ser la imagen misma de la ‘revolución’: durante las protestas y disturbios de mayo del 68, ‘la revolución social más importante del siglo XX’, la imagen del Che que Korda tomó en un mitin ocho años antes, se impone como icono gráfico de esa desobediencia social que recorre toda Europa. Empiezan la reproducir la imagen en posters, camisetas, carteles, banderas… Che se convierte en un ‘icono pop de izquierdas’, simbolizando una rebeldía contra lo establecido a la que muchos jóvenes de entonces se adhieren al momento.

Dice Manuel Talens: “En 1968, durante el Mayo Francés, uno de los legendarios pasajeros del Granma, ejecutado poco antes en la selva boliviana, alcanzó el rango de mito universal hasta entonces destinado a las estrellas de Hollywood, convirtiéndose en un santo laico al conjuro de miles de jóvenes que reivindicaban su imagen por las calles de París mostrando una fotografía, en la que su rostro austero, enmarcado por cabellos al viento y boina negra con estrella de comandante, miraba al infinito. Era Ernesto Guevara de la Serna, médico argentino y soldado cubano de adopción, más conocido como el Che Guevara”.

Durante las décadas de los ochenta y noventa, la popularidad de la foto continúa de completa actualidad para una generación que sabía poco o nada acerca de la persona o la postura ideológica del hombre detrás del retrato. La imagen apareció en productos de prestigiosas marcas de cervezas, vodka, relojes y ropa, e incluso tatuada en el vientre del boxeador Mike Tyson.

Progresivamente, la imagen de Ernesto “Che” Guevara se ha convertido en un icono conceptual dentro de la cultura de la imagen y más allá de ella. Una forma de expresión concisa que muestra la capacidad de una idea para sincretizar la abstracción de una coyuntura ideologica particularmente caótica.

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Entre la bendición y la Maldición.

Los conceptos opuestos de Cielo e Infierno han subyugado al hombre desde los tiempos más remotos. Todas las culturas del universo comparten la expectativa de una paz y una felicidad eternas para quienes han llevado una vida recta. y también asignan eternos sufrimientos para los obradores de la maldad.

Por lo general, las descripciones clásicas del Cielo y del Infierno tienen el peligro de caer en el tópico. La interpretación final del convencionalismo del simbolismo – alados, arpas y aureolas – así como la imagen del Infierno subterráneo es común en muchas culturas.

La creencia en la vida del más allá es un hecho universal, pero nadie, naturalmente, sabe aun con exactitud lo que ello comporta.

Frecuentemente, lo que el hombre imagina más allá del sepulcro está relacionado con los deseos terrenales. Los pueblos del desierto esperan deliciosas fuentes; los guerreros vikingos, la compañía de los héroes.

El jardín del Edén:

La palabra paraíso es de origen persa y después pasó a los griegos. Literalmente significa «tierra de los bienaventurados». Designaba los jardines de palacio de los reyes persas, encerrados tras muros, y fue utilizado más tarde para aludir al Paraíso Terrenal o Jardín del Edén. Finalmente, los escritores del Nuevo Testamento lo aplicaron al Cielo, morada eterna de los cristianos bienaventurados. En casi todas las religiones y mitologías se halla situado en algún lugar del firmamento.

La religión védica del Indostán lo entendía como un reino de luz situado en los confines del cielo. Este Paraíso ofrecía la plena satisfacción de los deleites terrenos, «con música, cumplimiento de los deseos sexuales y ausencia de dolores y preocupaciones».

Morada de los ángeles:

El hinduismo tiene también su Paraíso por encima de las nubes, mientras el budismo muestra en el suyo diversos grados y lo sitúa en un cielo vago y no astronómico, más allá de la atmósfera.

El cristianismo se inspiró abundantemente en las religiones hebrea y griega. Del judaísmo procede esa región del cielo donde habitan Dios y sus ángeles. Del helenismo tomó la idea del viaje espiritual.

La idea de los siete cielos -siendo el séptimo y último la máxima felicidad- también es griega. El Elíseo era la morada de los bienaventurados en la mitología de los griegos. De ahí proceden los Campos Elíseos de los poetas que Homero coloca en el «confín del mundo». Otros griegos eran más precisos y los situaban hacia el Atlántico, en una «fértil tierra que tres veces al año producía frutos dulces como la miel».

Los vikingos:

La imagen escandinava del Valhalla, versión vikinga del Cielo, era menos placentera y así lo expresa Wagner en sus grandiosas óperas. En la mitología nórdica, el Valhalla era la mansión de los muertos. Se decía que el imponente palacio de Asgard tenía 450 puertas, tan enormes que podían entrar por cada una un frente de 800 guerreros muertos en combate. En su interior el dios Odín celebraba festines con los héroes que las Valkirias, sus servidoras, conducían al Valhalla. Estas cabalgaban radiantes en medio de las batallas y seleccionaban entre los muertos aquellos guerreros dignos de cenar con Odín. Pero la paz de los valientes era exigua, pues cuando los muertos llegaban al Valhalla debían reanudar diariamente la lucha. Cuantos caían en la lid eran resucitados para el banquete de la noche, con el dios de las batallas.

El Yang y el Yin:

Miles de años antes de Cristo, la antigua filosofía china desarrolló una armoniosa concepción del orden natural.

Existían muchos cielos diferentes a donde se dirigían los muertos para gozar en amable compañía. Los más importantes eran las Islas de los Bienaventurados, en los mares orientales, y el Paraíso de Occidente, situado donde se alzan las montañas del Turquestán.

El universo se componía de dos elementos relativos, el Yang y el Yin. El Yang era lo positivo o masculino, y estaba representado por el calor, la actividad, la dureza, la claridad, la creación y la estabilidad.

El Yin era lo negativo o femenino, y estaba representado por la humedad, el fría, lo pasivo, lo blando, lo misterioso, lo confuso y lo variable.

La eterna cópula de ambos principios dio origen al Cielo y a la Tierra; en aquél predominaba Yang y en ésta Yin. Mientras el dualismo de las demás filosofías -lo bueno y lo malo- se halla en eterno conflicto, el Yang y el Yin están invariablemente de acuerdo.

El Tao:

El taoísmo constituye el fundamento de la filosofía china. Es una «senda» o un «camino» y en la comprensión del Tao está el auténtico sentido de la vida.

La unidad del Cielo y de la Tierra sólo es posible cuando el Tao sigue su curso natural. En un principio el taoísmo parecía pulsar resortes ocultos y mágicos y transportaba a las mentes a una tierra de ensueño.

El Islam:

La más joven de las grandes religiones, es también la más sencilla: adora al único y supremo Dios, y le invoca con el nombre de Alá. La palabra «islam» significa «sumisión» a la voluntad de Dios. La palabra «muslim» o musulmán significa «el que se somete». La religión islámica afirma que Dios es Alá y Mahoma el profeta por quien Alá se ha comunicado.

Mahoma redactó los primeros capítulos del Corán, la «Biblia islámica», aunque no le sabe si el libro quedó terminado en vida del profeta.

El Corán describe con vivos colores las delicias del Cielo. Ofrece jardines, fuentes, vino y hermosas vírgenes. Aquellos que son admitidos en él pueden beber el vino que les estuvo prohibido en la Tierra y mofarse incluso de los sufrimientos de los no creyentes.

Budismo:

Los budistas se apartan de la general creencia en el Paraíso. Ellos, y todos los seres vivos, están sujetos a innumerables ciclos de nacimiento, muerte y resurrección.

El budismo, religión de los discípulos de Gautama Buddha, se esparció por el norte de la India en el siglo VI antes de J. C. y pretende enseñar al hombre la forma de librarse del sufrimiento de la vida. Sólo cuando el hombre se sobrepone a las ansias y deseos materiales puede alcanzar el Nirvana, estado en que se alcanza la paz absoluta.

No obstante, en la China primitiva, en el Japón y en el Tíbet, existía una rama del budismo que creía en el «Gran Paraíso Occidental». Un antiguo texto que ha llegada hasta nosotros lo describe como «un lugar inundado de luz y brillantes joyas de valor incalculable… Buda se sienta en su trono de flor de loto, como sobre una montaña de oro, en medio de todas las excelencias y rodeado de sus santos».

Amenaza del fuego:

El Infierno responde a diversas concepciones según las culturas, pero el judaísmo y el cristianismo lo presentan como terrible medio disuasorio para el pecador impenitente. Supone la amenaza de condena eterna, especialmente entre llamas, y se han descrito con viveza sus castigos como medio saludable contra la inmoralidad, el crimen y en definitiva para la salvación del cristiano.

Los primeros cristianos aceptaron desde el principio la realidad del Infierno y en especial la existencia del tormento del fuego. Ello explica la difusión de las enseñanzas El Apocalipsis de Pedro en el siglo II, que dice así: «Algunos condenados estaban colgados de la lengua: eran aquellos que habían blasfemado contra la justicia, y tenían bajo sus pies un fuego cuyas llamas les atormentaban… Y en otro lugar había piedras más afiladas que espadas, calentadas como ascuas de fuego, sobre las que hombres y mujeres cubiertos de harapos eran arrastrados con gran tormento… Junto a ellos había unas muchachas sin más vestido que las sombras, las cuales eran cruelmente castigadas y sus carnes desgarradas en pedazos. Son aquellas jóvenes que no supieron conservar su virginidad hasta el momento de ser otorgadas en matrimonio.»

Homero escribió con pesimismo una espantosa oscuridad a la que todos o casi todos los muertos debían ir. Era la morada del Hades, el dios de la muerte, que gobernaba, tal como se describe en La Ilíada, «odiosas estancias de podredumbre que llenan de horror a los propios dioses». Los griegos sentían tal horror de la muerte que incluso procuraban no nombrarla.

El río de la muerte:

La Estigia, una laguna o río de la Arcadía, se convirtió en el río principal de ultratumba. Los muertos la cruzaban en la harca de Caronte, que cobraba por el pasaje una moneda, depositada por los parientes en la boca o en la mano del difunto.

La descripción del Islam no es menos tenebrosa: el Infierno estaba «cubierto de fuego, barrido por vientos pestilentes e inundado de agua hirviendo».

La abundancia de medios de comunicación y la fuerza de sus mensajes gráficos y audiovisuales parecieran haber abaratado el significado tanto del cielo como del infierno. Cuando Dante describió el infierno, más allá de las alusiones personales, creó conceptos que hasta hoy perduran. Todavía es un lugar común decir que algo terrorífico es “dantesco”. Lo mismo se podría decir de las terribles ilustraciones de Gustavo Doré.

La intima belleza de la magia ( Y II )

Viene Desde La Intima Belleza de la Magia.

6.- Emitir un hechizo o ritual:

Lingusticamente, la palabra “emitir” es un término interesante. En cuanto a las señales, significa lanzarlas para su transmisión. También puede significar dar io manifestar. En términos mágicos significa modelar nuestros pensamientos para transmitir y dirigir energúa hacia una misión especifica, y luego liberar esa energía hacia esa meta.

Modelar tus pensamientos significa entrenar tu mente en una cosa durante el ritual, es decir tu propósito. Tus componentes verbales, junto con cualquier accesorio o foco escogido, contribuyen a ello. Asegúrate de que la imagen formada en tus pensamientos sea clara y todo lo muldimensional posible.

En el siguiente paso, debemos considerar la proyección y la orientación. La visualización ayuda inmensamente. Con nuestra imaginación podemos retratar con claridad el propósito de nuestro hechizo o ritual en el ojo de nuestra mente. Esto muestra exactamente a nuestro subconciente lo que esperamos lograr.

Las consideraciones básicas para la asignación de la energía son ¿quién? ¿qué? ¿donde? ¿cuando? y ¿como? Cuando emitimos hechizos o rituales, debemos procurar que nuestras intenciones sean lo suficientemente claras como para que la focalización de nuestra energía pesonal sea precisa e inequivoca.

7.- Acumular la energía a través de la palabra o los hechos:

Acumular funciona junto a emitir. Si alguna vez has estado en un círculo donde la danza comienza a ritmo lento y luego va creciendo, probablemente has sentido una energía cumbre. Basicamente, utilizamos medios como el ritmo, la música o los cánticos para modelar, guiar e incrementar el poder mágico de un ritual. Estas acciones coinciden con la emisión de tu ritual o hechizo o le siguen, dependiendo de sus componentes.

8.- Liberar la magia:

La energía de la magia no podrá hacer mucho si no la liberas. Debes dejar que la energía se desligue para que algo suceda. Para ello, visualizar el corte de una línea de energía que salga de ti, funciona muy bien.

Esta línea de energía puede parecer como un cordón umbilical que emana de tu centro de gravedad (cerca del ombligo) y se conecta a la energía que te envuelve. Visualiza entonces que la energía se abre, separandose de tu cuerpo, elevandose sobre ti, creando un espacio fuera de tu control.

No tengas miedo de experimentar e intentar nuevos enfoques. Generalmente, sabrás instintivamente si has escogido bien todos los aspectos del ritual o el hechizo que realizarás. Tal vez descubras que ciertas palabras se quedan pegadas en tu boca , o que tus movimientos te parecen incomodos. Estos indicios significa que tienes que mejorar un poco la manera como has diseñado el ritual, para que te sea más comodo y natural llevarlo a cabo. La magia más poderosa se realiza desde el espiritu, sin esfuerzo y deja un hormigueo sutil en tu cuerpo.
9.- Anclarte a ti mismo:

El anclaje es un paso final del ritual que te devuelve a la tierra. La magia te deja mareado y agotado. Necesitas tiempo para recobrar los patrones de pnesamiento mundano y un nivel de conciencia normal.

Siéntate en el suelo y realiza unas cuantas respiraciones de limpieza. Ten a mano algunas verduras crudas y mordisquéalas un poco. Las golosinas duras también funcionan. Visualiza pequeñas raíces que crecen en tus pies y piernas para anclarte en la Tierra. Quedate hasta que te sientas completamente de vuelta a tu yo de siempre. Luego abandona el lugar con la seguridad de que tu magia ha comenzado.

10.- Repetir los rituales:

Repite un hechizo o ritual cada vez que tengas la necesidad de hacerlo hasta que se manifieste. Cada vez que enfoques la mente hacia ese objetivo, refuerzas el trabajo original. Ejecutar nuevamente el hechizo o ritual también te proporciona una mayor paz mental. La repetición de los pases de energía nos proporciona una oportunidad de hacer algo más constructivo mientras esperamos: habilitar tu magia personal.

El largo recorrido hacia la luz.

En la mitología griega, Perséfone (1) (en griego antiguo Περσεφόνη Persephónē, ‘la que lleva la muerte’) era la reina del Inframundo, la Core (Κόρη, ‘hija’) o joven doncella, hija de Deméter (ἡ Μητὴρ hê Mêtềr, ‘la madre’) y Zeus.

Perséfone es su nombre en la literatura épica de la Grecia jónica. En otros dialectos era conocida por otros nombres, como Persephassa o Persephatta. Homero la llama Persephoneia (Περσεφόνεια). Los romanos tuvieron noticia de ella por primera vez a través de las ciudades eólidas y dóricas de la Magna Grecia, donde usaban la variante dialéctica Proserpina.

De ahí que en la mitología romana fuese llamada Proserpina, y como tal llegase a convertirse en un personaje emblemático del Renacimiento.

Visión general:

La figura de Perséfone es actualmente muy conocida. Su historia tiene un gran poder emocional: una doncella inocente, el dolor de una madre por el rapto y el regreso de su hija. También es citada con frecuencia como un paradigma de los mitos que explican procesos naturales, con el descenso y el regreso de la diosa provocando el cambio de estación.

Pero los griegos también conocían otra faceta de Perséfone. Ella era además la terrible Reina de los muertos, cuyo nombre no era seguro pronunciar en voz alta y a la que se referían como «La Doncella». En La Odisea, cuando Odiseo viaja al Inframundo, alude a ella como «Reina de Hierro». Su mito central, aún con toda su familiaridad emotiva, era también el contexto tácito de los extraños ritos iniciáticos secretos de regeneración de los misterios eleusinos, que prometían la inmortalidad a sobrecogidos participantes: una inmortalidad en el mundo subterráneo de Perséfone, en un banquete con los héroes bajo su pavorosa mirada (Kerenyi 1960, 1967).

El mito del rapto:

En el panteón olímpico se le da un padre a Perséfone: según la Teogonía de Hesíodo era hija de Zeus y Deméter:

“Y él [Zeus] fue a la cama de la abundante Démeter, quien concibió a Perséfone, la de blancos brazos, robada por Hades del lado de su madre”

Sin embargo, Perséfone no tenía una posición estable en el Olimpo, a diferencia de los demás descendientes de la pareja olímpica. Solía vivir muy lejos de los demás dioses, siendo una diosa de la naturaleza anterior a plantar semillas y cultivar plantas. En la tradición olímpica fue cortejada por los dioses Hermes, Ares, Apolo y Hefesto, pero ella rechazó todos sus regalos y alejó a su hija de la compañía de los dioses. Así, llevaba una vida pacífica hasta que se convirtió en la diosa del inframundo, lo que, según los mitógrafos olímpicos, no sucedió hasta que Hades la raptó y la llevó allí con él. Perséfone estaba cogiendo flores inocentemente con algunas ninfas (y Atenea y Artemisa, según el himno homérico, o Leucipe, o algunas Oceánides) en un campo en Enna cuando Hades apareció, emergiendo de una grieta del suelo. Las ninfas fueron transformadas en las Sirenas por no haber intervenido. La vida quedó paralizada mientras la desolada Deméter (diosa de la Tierra) buscaba por todas partes a su hija perdida. Helios, el sol, que todo lo ve, terminó por contarle lo que había pasado.

Finalmente, Zeus no pudo aguantar más la agonía de la tierra y obligó a Hades a devolver a Perséfone, enviando a Hermes para rescatarla. La única condición que se puso para liberar a Perséfone fue que no probase bocado en todo el trayecto, pero Hades la engañó para que comiese seis (o cuatro, según las fuentes) semillas de granada, que la obligaban a volver cada año un mes por cada semilla. En algunas versiones, Ascálafo contaba a los demás dioses que Perséfone se había comido voluntariamente las semillas de granada. Cuando Deméter y su hija estaban juntas, la tierra florecía de vegetación. Pero durante seis meses al año, cuando Perséfone volvía a los infiernos, la tierra se convertía de nuevo en un erial estéril. Fue durante su viaje para rescatar a Perséfone del inframundo cuando Deméter reveló los misterios eleusinos. En una versión alternativa, Hécate rescató a Perséfone. En la versión más antigua la temible diosa Perséfone era la propia Reina del Inframundo (Burkert, Kerenyi).

En algunas versiones Deméter prohíbe a la tierra dar frutos, en otras está tan ocupada buscando a Perséfone que no se ocupa de ella, y en algunas la profundidad de su desesperación hace que nada crezca.

El número de semillas comido por Perséfone cambia también de unas versiones a otras, a menudo en relación con la duración del invierno en la zona de procedencia de la historia.

Este mito puede ser interpretado también como una alegoría de los rituales matrimoniales de los antiguos griegos, que sentían que el matrimonio era una especie de rapto de la novia de su familia por parte del novio, y este mito puede haber explicado los orígenes del ritual del matrimonio. La más popular explicación etiológica de las estaciones puede haber sido una interpretación posterior.

Perséfone, como reina del Hades, sólo mostró clemencia una vez. Debido a que la música de Orfeo era tan arrebatadoramente triste, permitió que éste se llevase a su esposa, Eurídice, de vuelta al mundo de los vivos con la condición de que ella caminase tras él y él nunca intentase mirarla a la cara hasta que estuviesen en la superficie. Orfeo accedió pero falló, al mirar atrás casi al final para asegurarse de que su esposa le seguía, y perdió a Eurídice para siempre.

Perséfone también figura en la historia de Adonis, el consorte sirio de Afrodita. Cuando Adonis nació, Afrodita lo tomó bajo su protección, seduciéndole con la ayuda de Helena, su amiga, y fue hechizada por su belleza sobrenatural. Afrodita se lo dio a Perséfone para que lo cuidara, pero ésta también quedó asombrada por su belleza y rehusó devolvérselo. La discusión entre las dos diosas fue resuelta por Zeus o Calíope, quien decidió que Adonis pasase cuatro meses con Afrodita, cuatro con Perséfone y los cuatro restantes del año solo.

Cuando Hades persiguió a una ninfa llamada Mente, Perséfone la convirtió en una planta de menta.

Perséfone era el objeto del cariño de Pirítoo. Su amigo Teseo y él prometieron casarse con sendas hijas de Zeus. Teseo escogió a Helena, la secuestró con la ayuda de Pirítoo y decidió retenerla hasta que tuviese la edad de casarse. Dejaron a Helena con la madre de Teseo, Etra, y viajaron al inframundo, reino de la elegida de Pirítoo, Perséfone, y del marido de ésta, Hades, quien fingió ofrecerles hospitalidad y preparó un banquete. Tan pronto como la pareja se sentó, las serpientes se enroscaron en torno a sus pies, atrapándolos. Teseo fue finalmente rescatado por Heracles.

Era frecuente referirse a Perséfone y su madre Deméter como aspectos de la misma diosa, y eran llamadas «las Deméters» o simplemente «las diosas». La historia del rapto de Perséfone era parte de los ritos de iniciación en los misterios eleusinos.

Para la tradición de la Antigua religión que practica mi familia, La historia de Perséfone es una de las aproximaciones clásicas al mito de la Diosa, de forma tal que expresa la continuidad del ciclo estacional vinculado con la energía de la Madre naturaleza.

Las diosas Démeter y Perséfone representaban para los pueblos de la antigüedad los poderes de la naturaleza, su transformación y la emergencia cíclica. En la antigua Grecia, el primer día de la primavera era el día en que Perséfone, prisionera bajo tierra durante seis meses, volvía al regazo de Deméter, su madre.

Lo que este mito indica es el renacimiento a través del estructura de imagenes cognosctivas asociadas a la continuidad natural del tiempo estacional: cuando Perséfone regresa con su madre, Démeter muestra su alegría haciendo reverdecer la tierra, con flores y frutos. Por el contrario, cuando la joven desciende al subterráneo, el descontento de su madre se demuestra en la tristeza del otoño y el invierno. Así se renueva anualmente el ciclo de las estaciones y así explicaban los griegos la sucesión de ellas: el otoño y el invierno son tristes y oscuros como el corazón de Deméter al estar separada de su hija. La alegría y la serenidad retornan cuando vuelve con ella, es decir, cuando comienza la primavera.

(1) Según la Tradición de la Antigua Religión que practica mi familia, hoy se conmemora el paso de Perséfone de la luz a la Oscuridad y luego, su retorno al tiempo de la Madre Tierra.