Archive for marzo, 2007

Alfred Eisenstaedt: el maestro de la Cotidianidad.

Para Eisenstaedt, la fotografia era una experiencia personal y abrumadora. Le otorgó una impronta personal, profundamente sentida, un rostro intimo del que había carecido como arte. La fuerza de sus fotografías reside en la sencillez de la composición. Los retratos de Eisenstaedt reflejan la manera de pensar y el carácter de sus modelos, ya sean célebres o no. El carácter íntimo de sus fotografías envuelve al espectador y le da la impresión de encontrarse junto al fotógrafo.

Nació en 1898 en Dierschau, Prusia Occidental. Desde muy joven se sintió atraído por este nuevo arte que empieza a vivir sus primeros años de esplendor con la entrada de la década de 1910. Tomó sus primeras fotografías a los 13 años con una cámara Kodak que le habían regalado y su primer encargo fué un reportaje sobre la entrega de los premios Nobel a Thomas Mann en 1929.

Es 1927 un año fundamental en la vida de Alfred Eisenstaedt. Vende su primera fotografía a una publicación y se plantea seriamente que puede dedicarse profesionalmente a ello, cosa que ahce trabajando de fre-lance en Berlín y otros países europeos. Unos años después toma una decisión trascendental: compra una Rolleiflex y emigra a Estados Unidos, convirtiéndose en ciudadano americano y pasando a entrar a formar parte de la amplia plantilla de Life Magazine.
Para esta importante publicación norteamericana, Eisenstadt hace sus mejores fotografía, sobre todo la más celebrada ‘VJ day en Times Square’, que se convierte en una de las portadas más famosas de la mítica revista. Pero no la única, porque este hombre llegó a conseguir más de noventa portadas de Life y en esa publicación llegaron a sacar más de diez mil imágenes suyas.

En 1935 emigró a Estados Unidos donde trabajó, en un principio para Harper`s Bazaar, Vogue y Town and Country. Eisenstaedt llego a NY en el momento en que acababa de ser creada la revista LIFE e ingresó a la plana mayor de sus colaboradores permanentes, a principios de 1936.

Eisenstaedt renunció muy pronto al flash para hacer más luminosa la atmósfera de sus motivos y es uno de los pioneros de la fotografía con luz natural.

Un legado de una espléndida consistencia, una forma de expresión amplia y raquídea, que retrató el nacimiento de un siglo convulsionado, poderosamente visual. Eisenstaedt le dió un significado nuevo y consistente a la fotografia periodistica, al rostro de un mundo concreto y esencialmente pleno de metáforas contudentes. Su visión, magnifica y enigmática construyó una estructura de ideas profundamente arraigadas dentro de la cultura y la imagineria visual.

Si hay que definir el trabajo de este magnífico artista, podríamos decir que el binomio humildad y humanidad se conjugaban perfectamente en todos sus trabajos, llegando a fotografiar a numerosos personajes de la vida pública, así como situaciones de diferente complejidad. Trabajador incansable hasta bien entrados los noventa años, este hombre pasará a la historia como un referente de la fotografía, el fotoperiodismo y el buen saber hacer.

Actualmente, uno de los premios más prestigiosos de la fotografía mundial lleva su nombre.

La Obra de Eisenstaedt: El misterio de la Cotidianidad.

Si en su día la foto que inmortalizó el izado de la bandera de Iwo Jima significó para el mundo (o más bien para los Estados Unidos) el fin de la guerra en forma de esperanzadora victoria, esta foto no es menos digna de tal simbología, pero esta vez de verdad. La foto de Iwo Jima fue, en cierto modo, una farsa, porque la guerra aún estaba a varios meses de su conclusión y su famoso izado sólo hizo que la gente creyera algo que no era cierto.

Una de las fotografias más conocidas de Eisenstaedt es ‘VJ day in Times Square’, un canto magnifico de victoria y esperanza. Finalmente, la guerra había terminado. La sangrienta década que acogió como concepto y como expresión de la visión mundial a la II Guerra Mundial, concluía. Y la alegría, esta vez real, desatada e impulsiva, es lo que se ve al mirar esta imagen que ha pasado a la historia como eso precisamente: como el ataque más sincero de una alegría largamente deseada. Y lo de impulsiva lo digo al pie de la letra: en un súbito arranque de alegría, un soldado toma entre sus brazos a una sorprendida (y desconocida) enfermera en plena, festiva y abarrotada Times Square y le da un apasionadísimo beso en los labios fruto de la euforia más desenfrenada. Las calles estallan de júbilo a su alrededor, la magia lo impregna todo y un fotógrafo avezado está presto al disparo instantáneo de su cámara. La magia hace el resto y la imagen es ya parte de la historia del hombre del siglo XX. Así se le mostró al mundo cómo USA celebraba la victoria de su ejército sobre las tropas de Japón.

El fotógrafo era Alfred Eisenstaedt, pero ¿quiénes fueron los protagonistas de tan apasionado momento? Durante muchísimos años su identidad ha sido un auténtico misterio, al menos hasta que en el año 1979 una mujer, de nombre Edith Shain, asegura ser la enfermera besada (dice del beso que duró como siete segundos, fue cálido y no uno de los mejores de su vida). La imagen, publicada en la revista Life en 1945, había llegado entonces a sus manos, pero había mantenido su identidad oculta porque aseguró sentir “algo de vergüenza”… No olvidemos que el momento en que fue tomada la fotografia era la época cristalizada en imagenes e icónos de “Estilo de vida Americano”, envuelta en el concepto de una moralidad limitante y refractaria.

“El muchacho me agarró, yo cerré los ojos y… después me dejó sola y yo me marché”. Asegura ella, echando por tierra las románticas ideas de quienes se esperaban una tórrida historia de amor y desencuentros tras aquel pasional beso. “Por supuesto que le dejé besarme, porque había estado en la guerra, luchando por todos nosotros, y realmente me sentí feliz de hacerlo”, afirma ahora sin remilgos la enfermera que entonces contaba con 26 lozanos años.

Desde 1979 la deuda de Edith con la sociedad está saldada. Hasta el propio Eisenstaedt asegura que, efectivamente, la hermosa enfermera que es tomada en un arranque de efusividad y llevada directamente al éxtasis de un beso lleno de victoria y alegría, es Edith Shain, y eso que otras dos mujeres aseguraron también ser ‘ELLA’. Hoy, esta buena mujer ronda los noventa y vive en la otra punta del país -California-, donde disfruta de su jubilación de maestra de escuela, sus nietos y sus retacitos de gloria. Se la pudo ver, no obstante, hace un par de años, inaugurando una estatua de J. Seward Johnson (llamada ‘Rendición incondicional’) que, de nuevo, la inmortalizaba como símbolo supremo de la alegría desbocada tras la guerra, en esa misma Times Square que vio el famoso beso en versión original sesenta años atrás.

La identidad del apasionado marinero es ya otro tema. Y es que no han sido tres los hombres que han asegurado ser ese arquetipo de la victoria aliada, sino 11 los antiguos miembros de la marina de los Estados Unidos quienes pretenden tener el honor de haber sostenido en sus brazos a Edith el día de la esperada victoria. Son, entre otros, el policía retirado Carl Muscarello y el pescadero de Rhode Island George Mendosa (que hasta demandó a la revista Life). Aunque ninguno de los dos ha podido hacerse con tal honor, la pugna continúa.

Muscarello, tan anciano como Edith, lleva años firmando autógrafos como protagonista de la foto y rememora aquel momento siempre que pilla a alguna desprevenida ‘enfermera’, siempre entre risas y acompañado por un sorprendente buen humor. Mendosa, denuncia a Life mediante, ha llegado a recurrir a las más modernas tecnologías para demostrar que su hoy ajado rostro de 84 años, es el de aquel jovenzuelo marinero en plena efervescencia desbocada. Pero es difícil lograr dilucidar esta cuestión pasado tanto tiempo, porque es cierto que no se le ve muy bien el rostro al soldado y, todos los reconocen, hubo cientos de avispados marineros que sembraron mil besos en mejillas y labios de bellas y exultantes enfermeras ese loco día de alegría. Muchos de ellos no fueron fotografiados o, si lo fueron, nunca llegaron a saberlo. Ellos dos, como otros muchos, borrachos y presos de la euforia tomaron las calles de Nueva York, para celebrar con alegría el final de muchos meses de guerra y allí, entre bastidores, donde se mueven los que pasan desapercibidos, estaba Alfred Eisenstaedt, genial fotógrafo de crónica social, que aquel día consiguió su trabajo más reconocido.

Un mundo exquisitamente frivolo: en palabras de Oscar Wilde.

Oscar Wilde siempre fue un crítico de lo banal, lo frívolo y lo superficial, siendo el mismo su mejor epitóme. Esteta por naturaleza más que por devoción y magnifico delitante de la palabra, era capaz de englobar en pequeños pensamientos mordaces la visión de una sociedad oscurantista y castrante. Y aunque actualmente se le recuerda mucho más por su desgraciado final que por su obra, siempre me deleito por su profundo refinamiento intelectual y la vivacidad espléndida de una mente carente de verdadera malicia. La belleza como punto de inflexión entre la intelectualidad y la mera socarroneria.

Asi que, les dejo en compañia de Oscar, tal vez el mejor ejemplo de importancia de no ser excesivamente moral y severo ( ajajaja chiste privado):

En el mundo común de los hechos, los malos no son castigados y los buenos recompensados.

El éxito se lo llevan los fuertes y el fracaso los débiles.

La belleza es muy superior al genio. No necesita explicación.

La única ventaja de jugar con fuego es que aprende uno a no quemarse.

Las preguntas no son nunca indiscretas. Las respuestas, a veces sí.

Las tragedias de los otros son siempre de una banalidad desesperante.

Ser natural es la más difícil de las poses.

Cualquiera puede simpatizar con las penas de un amigo, simpatizar con sus éxitos requiere una naturaleza delicadísima.

Que hablen mal de uno es espantoso. Pero hay algo peor: que no hablen.

Apuntes sobre el espacio sagrado:

Al preparar tu espacio sagrado, aparta todo aquello que te distraiga, aunque sea inconcientemente. Lleva a las mascotas a otra habitación, desconecta el teléfono, pon la múscia que has escogido para realizar el ritual y quita cualquier cosa que genere pensamientos mundanos. Si es imposible eliminar elementos de distracción ( como muebles fijos ), de la espalda al lugar antes de comenzar tu ritual.

Para un círculo casual, una técnica que ahorra tiempo es encontrar objetos asociados con los cuatro elementos ( Tierra, Aire, Fuego, Agua) para adornar el área de trabajo. Cada objeto deberá bendecirse con una breve oración indicando su propósito en tu espacio sagrado. Una planta en una maceta como elemento tierra puede cargarse de energía diciendo algo como: ” Gran espiritu, Bendice esta pequeña parte viva del mundo para representar a la Madre tierra en mi pensamiento”. Otras buenas opciones para objetos elementales son:

* Aire: Una ventana abierta al este; un abanico o ventilador; campanillas colgadas al este; una hoja; imágenes de nubes, pájaros o sitios ventosos.

* Tierra: Sal, harina, un recipiente con trigo o cereales, maíz, hierba cultivada en el interior, un globo o pelota, iomágenes de paísajes naturales que se colocarán al norte.

* Fuego: Cerillas, recipientes para quemar incienso, velas, chimeneas, hornos, cualquier cosa roja o naranja, representaciones del sol, dragones u otros animales/emblemas ardientes que se colocarán en el sur.

* Agua: Una taza o cuento, un florero, cualquier objeto de color azul o verde, conchas marinas, arena o coral, imágenes de ballenas o peces que se colocarán al oeste.

Después de bendecir a los cuatro elementos, colócalos en su lugar apropiado. Con ello has creado un espacio sagrado donde podrás energizar y armonizar tus energías de la manera adecuada. Para movilizar la energía latente, añade una invocación. Una invocación que puedes ampliar con tus propias palabras o puedes utilizar como ejemplo para realizar la tuya es la siguiente:

“Aire y fuego Mar y tierra ¡Ante Vuestra presencia, quiero estar! Venid, y en nombre de la Gran Diosa Blanca, protegeme, bendiceme y llename de sabiduría Mientras la energía del tiempo me envuelve y me llena de paz”

Una invocación como esta permite liberar la magia inherente de tus objetos bendecidos. Mientras nombras a los elementos, señálalos y visualiza una luz blanca abrasadora que los conecte entre sí. Una vez completado, debes sentir una esfera de energía alrededor tuyo, justo en el límite de tu conciencia. Algunas personas sienten como si les pasara electricidad estática. Otros perciben el olor de un cambio en el aire o escuchan muchos menos los ruidos. Analiza tus sentidos para ver de qué forma percibes mejor los cambios espirituales.

Por último, cuando hayas completado tu trabajo, simplemente agradece a los poderes elementales su ayuda y despídete de ellos.

Circulos formales:

En momentos de mayor necesidad, o cuando el tiempo lo permita, los brujos realizan rituales de mayor envergadura y con mayor cuidado en los detalles. La potencia y la atmósfera definen la distinción entre estos y el marco más casual. Los círculos formales crean una división más marcada entre lo mundano y el espacio “Entre dos mundos”. Este marco de acción posee una ambitación más seria y reflexiva, algo así como la diferencia que existiría entre un encuentro de jovens y las antiguas misas católicas en Latín.

( continuará )

El misterio de una Diosa.

En los idus de marzo, además de a Júpiter (como en los idus de cada mes), se honraba a Anna Perenna (1), una divinidad femenina de la que no sabemos gran cosa. Ovidio nos cuenta en tres historias las diferentes versiones sobre la identidad de Anna Perenna. Según la primera, Anna habría sido una bondadosa campesina que había donado alimentos al pueblo tras la secesión de éste al Mons Sacer, en la era de las luchas políticas entre patricios y plebeyos. La bondad de esta mujer habría quedado en la memoria de una generación tras otra, hasta que se la terminaría deificando.

La segunda versión alude a los mitos fundacionales de Roma, y Anna aparece como la hermana de Dido, que, tras la muerte de ésta, viajó a Italia para encontrarse con Eneas. Allí se instaló junto al río Numicio, del cual terminaría convirtiéndose en una ninfa. El último de los relatos de Ovidio nos presenta a Anna como una ingeniosa anciana que, haciéndose pasar por Minerva, engañó a Marte para acostarse con él.

Lo más probable es que, si el día anterior era expulsado el espíritu del invierno personificado en Mamurio Veturio, en este día fuera celebrado el año nuevo en la persona de Anna Perenna (cuyo nombre quizá proceda de annus perennis). Sea cual fuere la verdadera identidad de esta diosa, en el día de su fiesta los romanos lo celebraban levantando tiendas de campaña junto a la orilla del Tíber en el Campo de Marte. Allí comían y bebían, brindaban unos con otros y se deseaban largos años de salud y prosperidad.

Las celebraciones de Anna Perenna:

La festividad de la Diosa perenna se realizaba en medio de una Gozosa fiesta a orillas del río Tíber, en la que reinaba el amor, el vino, el baile y las canciones procaces. Allí acudía la muchedumbre, que se dedicaba a beber al tiempo que pedían a los dioses tantos años de vida como vasos de vino fuesen capaces de apurar.

La proximidad de un río se corresponde con las palabras de Anna: “Soy ahora una ninfa del apacible Numicio; en este perenne río tengo mi refugio, y mi nombre será el de Anna Perenna”.

(1) Hoy se celebraba en Roma, los ritos de Anna Perenna.

Por la Gloria Eterna.

“No son 300 hombres, son 300 espartanos”
“Vuelve con tu escudo, o sobre él”
“Desayunad bien, espartanos, pues esta noche cenaremos en el Hades”

(Rey Leónidas)

Ὦ ξεῖν’, ἀγγέλλειν Λακεδαιμονίοις ὅτι τῇδε
κείμεθα, τοῖς κείνων ῥήμασι πειθόμενοι

(Oh, extranjero, informa a Esparta, si pasas por allí, que aquí hemos caído

defendiendo su ley)

Simónides.

Luego de algunas semanas de impaciencia, por fin ayer pude por fin disfrutar de ‘300’, la adaptación cinematográfica que Zack Snyder ha realizado del cómic homónimo de Frank Miller. Con decir que a los pocos minutos me encontré petrificada por las maravillosas imágenes que se abrían ante mis atónitos ojos, creo que es una excelente manera en la que puedo describir lo que un servidora opina de este film; un espectáculo inigualable, una extraordinaria y poderosa ovación a la violencia – en todos los sentidos – que se va a ganar un puesto de honor de aquí en adelante en lo que al séptimo arte se refiere. Es puro circo cinematográfico, del que impresiona de verdad, del que te hace exclamar todo tipo de cosas mientras lo ves (y oyes, pues la ecléctica banda sonora de Tyler Bates es fundamental). Sin embargo, la película de Snyder es algo aparte de lo que solemos llamar cine de palomitas, es también y, quizá sobre todo, una obra de una belleza increíble. Sí, hay sangre, mucha sangre; pero también talento, muchísimo talento.

‘300’ narra la antigua Batalla de Termópilas, en la que el rey Leónidas, junto con 300 espartanos, luchó a muerte contra el Emperador Jerjes y su gran ejército persa. Haciendo frente a insuperables adversidades, el valor y sacrificio de estos hombres inspiró a toda Grecia para unirse contra el enemigo persa, y así decir basta a esa situación en favor de la democracia.

Se ha hablado mucho (y se hará) de ‘300’, pretendiendo encontrar en la misma desde un panfleto militarista, pasando por una exaltación de la homosexualidad hasta incluso una declaración de guerra contra cierto país. Evidentemente, cada uno es libre (salvo en países como el que no he nombrado) de opinar lo que quiera, y mejor aún si lo respalda con algo más que exclamaciones o teorías conspiranoicas. Mi opinión es que se habla demasiado. Creo que se ha patinado brusca y torpemente al querer ver en ‘300’ todo tipo de interpretaciones que se alejan de lo que, tanto Miller como Snyder, han pretendido al narrar la épica historia de la batalla entre el ejército persa y el grupo de espartanos. Hablar de homosexualidad en ‘300’ es hablar de cierta paranoica prejuiciada, punto. ¿No somos ya un poco mayores para estas tonterías? Quien no pueda fijarse en otra cosa que no sea en los físicos de los “espartanos”, allá esa persona. En cuanto a los aspectos políticos (porque el tema de la declaración de guerra es suficientemente ridículo como para decir algo más), me parece bastante normal que se traten, pues es cierto que en la película hay momentos que pueden trasladarse a la realidad, debidamente transformados en carne y hueso, en occidentales belicistas y radicales islámicos. Creo que, esto me parece salirse de los márgenes adecuados establecidos por Miller y Snyder; porque, para empezar, los espartanos son (según los dos responsables de todo esto, especialmente Miller) unos locos salvajes que luchan a muerte porque fueron entrenados para precisamente eso (si alguien ve aquí a Estados Unidos, es problema suyo), y, para terminar, todo está realizado para el mero disfrute de los espectadores, a los que se espera deslumbrar con un espectáculo. Quizá se quiera afinar un poco más y decir que todo es una apología de la guerra, para engrandecer a los ejércitos y la batalla militar como salida legítima; a estas personas les recordaría las reacciones que se produjeron en todos los países occidentales cuando estalló la guerra de Irak. Como buena pacifista que soy, estuve – y estaré – contra del conflicto; igualmente, estuve ayer en la sala de cine emocionada con los guerreros espartanos, una de mis obsesiones históricas que datan desde mi infancia. Porque una cosa es real y otra no. Porque una cosa provoca millones de muertes de verdad y la otra sólo es una película. ¿Dónde radica el problema? Lo curioso es que la mayor parte de lo que se critica en ‘300’ ya estaba en el cómic, casi todo, y sin embargo, parece que nadie se había dado cuenta; o eso, o no tenían ni idea del cómic, lo cual es bastante probable, conociendo el (nulo) interés de mucha gente trajeada y canosa por el noveno arte.

Hace poco intenté encontrar la linea común que existe entre el cómic de Miller y la película de Snyder, como ya pasara con ‘Sin City’, en mi opinión, la mejor película de Robert Rodríguez hasta el momento. Realmente, la adaptación cinematográfica va más lejos que la obra de papel, plasmando prácticamente todo lo que podemos leer/ver, desarrollando un poco más tanto la historia como los personajes e incluso creando algunos otros para la gran pantalla, permitiendo un mayor disfrute de toda esta fascinante (y casi totalmente ficticia) historia. Personalmente, considero acertadísimo potenciar el personaje de la reina de Esparta y mostrar las dificultades que encuentra para enviar ayuda militar para su esposo y sus 300 valientes soldados. Y no menos acertado es la inclusión de escenas que sólo podemos intuir leyendo el cómic, como cuando los espartanos son atacados por las incontables flechas persas que oscurecen el cielo. Por último, destacar también otra novedad de la película, el combate entre un monstruo persa y Leónidas, una vibrante final para una secuencia extraordinariamente filmada. Quizá se deba a que he leído el cómic muchas veces antes de ver la película (Mi padre es un entusiasta de Miller y me obsequió siendo muy niña varios de sus comic books), pero el resultado que ha logrado Snyder me entusiasma mucho más que la obra de Miller, que en ocasiones se hace un poco monótona; Por supuesto, no pretendo quitar ningún tipo de mérito a esta última, evidentemente, al fin y al cabo es el origen de la película, pero no puedo evitar apuntar algunos errores de estructura narrativa dentro del universo de dibujante. De hecho, el narrador es uno de los aciertos de ‘300’ y son las poderosas palabras de Miller, retocadas mínimamente, las que oímos.

Había temor en cuanto a la labor del reparto de ‘300’, al estar íntegramente realizada con las cada vez más habituales lonas verdes (y/o azules) para incorporar luego, mediante tecnologia virtual, todo lo que vemos en la pantalla. Debo decir que sólo se me ocurre aplaudir a los protagonistas de esta salvaje película. Desde luego, destacar por encima de todos a Gerard Butler, sencillamente inmenso en su papel, el del poderoso rey Leónidas. Pero los demás tampoco están nada mal, desde la radiante Lena Headey, que, afortunadamente, tiene más presencia en la película que en el comic gracias a los cambios realizados respecto a la historia graficada, el normalmente soso Dominic West, que aquí (sorprendentemente) confecciona un personaje despreciable y traidor, estupendamente trazado. Menos presencia tienen Rodrigo Santoro, como Jerjes, o David Wenhan, como el narrador Dilios, pero cumplen con creces cuando están en escena,logrando momentos llenos de fuerza

En definitiva, ‘300’ es un grandioso espectáculo, violento, brutal, pero, por encima de todo, de majestuosa belleza visual. Por supuesto, a veces recuerda a ‘Gladiator’, pero si las comparamos, la película de Ridley Scott se queda en un caro juguete para niños, carente del vigor de la obra filmada por Snyder. Un completo triunfo, por tanto, para este director, que ha explotado a la perfección el cómic de Miller; lo que me hace esperar con mucha impaciencia la adaptación de otro cómic, ‘Watchmen’. Si alguien puede realizarla, es él.

¿Una continuación de los “300”?

Estrenada hace unas semanas a Nivel mundial, la pelicula de Zack Snyder sigue generando noticias y controversias varias. Con el gran éxito de recaudación obtenido en Estados Unidos, superando los 160 millones de dólares en su tercera semana (las tortugas mutantes desbancaron este pasado fin de semana del primer puesto a los espartanos), la pregunta lógica, desde el punto de vista comercial, es: ¿tendrá continuación ‘300’?

Por supuesto, una secuela directa de la película está fuera de cualquier consideración. Sin embargo, al parecer, Frank Miller está trabajando seriamente en la preparación de una obra que continuara ‘300’, basada en otra historia mítica procedente de la antigua Grecia. ¿Cuál? Miller no ha querido dar detalles y hay que recordar que está muy ocupado con dos proyectos inmediatos, como es la secuela de ‘Sin City’ (comienza a filmarse en junio) y la adaptación de ‘The Spirit’, de Will Eisner.

Para conocer la respuesta, solo nos resta esperar.

Si deseas descargar el comic book ( versión original en inglés ) puedes hacerlo desde aqui.

Kafka, mon amour.

Ultimamente, me he obsesionado con la lectura más que de costumbre. Creo que es una de las ventajas que más aprecio de mi persistente insomnio. Leo y releeo mis libros favoritos, convirtiendolos en personajes centrales del espacio onírico entre mis pensamientos y la realidad. Un sueño en dos voces, una grieta milimetrica en la pared del tiempo de soledad personal.

Kafka es el protagonista de muchas de estas fantasias antagónicas y superpuestas. Hace poco releía “El viejo manuscrito” y un párrafo resaltó sobre los otros, un mensaje cifrado tal vez desde algún rincón de mi mente, entrevisto entre las sombras del significado.

“En qué terminará esto? —nos preguntamos todos—. ¿Hasta cuando soportaremos esta carga y este tormento? El palacio imperial ha traído a los nómades, pero no sabe como hacer para repelerlos. El portal permanece cerrado; los guardias, que antes solían entrar y salir marchando festivamente, ahora están siempre encerrados detrás de las rejas de las ventanas. La salvación de la patria sólo depende de nosotros, artesanos y comerciantes; pero no estamos preparados para semejante empresa; tampoco nos hemos jactado nunca de ser capaces de cumplirla. Hay cierta confusión, y esa confusión será nuestra ruina”(…)

Como siempre, Kafka brilla con la ferviente belleza del miedo, del tiempo incorrupto del concepto que se fragmenta, se abre en si mismo, ondula y cae lentamente en un silencio dioclesiano. Sueño, sueño, el deseo insorportable de un instante de silencio. Cierro los ojos, tomo una bocanada de aire, el sueño se abre en dos espacios de mi memoria.

Una ruptura consistente y venial en mi razón.

Accesorios para el enfoque de energia:

Los accesorios proporcionan una clarificación visual, auditiva y de naturaleza sensorial a tu ritual. Son los símbolos de todo lo que esperas conseguir. Así, cualquier cambio que anticipas de tu magia también debería ocurrirle a tu accesorio durante la formulación.

Casi todo se puede convertir en un accesorio funcional. La belleza de la brujeria es que no descuida ninguna oportunidad para descubrir el potencial espiritual en las acciones y objetos más mundanos. No hay limites de elección más que los tengan sentidos para tus intenciones. Aqui incluyo algunos ejemplos:

Colores:

Los colores actúan como sutiles acento que delinean el significado de nuestra mente subconciente. Piensa qué estados provocan en ti distintos matices de pintura. El rango de emociones que cada uno suscita nos indica que el color puede desempeñar varias funciones en las creación de un ritual.

Ropa:

El antiguo refrán Holandés “la vestimenta hace al hombre” tiene una gran trascendencia en los procedimientos mágicos. Lo que vestimos influencia en ocasiones cómo nos sentimos como nosotros mismos. En la magia, ocurre de la misma manera, pero durante momentos especificos.

Solo en determinados rituales y usos mágicos, se requiere el uso de túnicas o ropas especiales, colocarse joyas, desnudarse o ponerse una máscara. Sin embargo, a menos que el ritual lo indique especificamente, lo mejor es llevar ropas comunes, solo que limpias y del color que utilizaremos durante el ritual para enfocar nuestra energía. La necesidad de llevar prendas especiales solo sería explicable si el ritual que llevamos a cabo pertenece a una tradición o costumbre en especifica. Bajo cualquier otro aspecto, la ropa que llevemos mientras realizamos pases energéticos, solo influirá en nuestro ánimo si influencia directamente el ritual que realizamos. De otra manera, será indiferente.

Hierbas:

Casi todo objeto natural puede formar parte de un ritual de brujeria. Esto ocurre muy especialmente en el caso de las hierbas, flores, vegetales y árboles. Desde Hipócrates y Platón hasta Wordsworth y Yeats, muchos conocidos pensadores y escritores tomaron a la naturaleza como la más perfecta representación de las verdades divinas y universales. Por tanto, cada ser vivo es proclive de influir en la energía, darle un sentido exacto al ritual que realizamos y crear una forma especifica de visualización creativa.

Objetos personales:

para rituales intimos o para otra persona, ayuda tener un objeto personal como un accesorio o foco. La idea es crear una resonancia entre la energía natural de esa persona y la magia. De este modo puedes dirigir tu hechizo de forma especifica y precisa.

Papel:

Cuando los egipcios comenzaron a fabricar papiros, éstos se utilizaron de inmediato para encantamientos, específicamente relacionados con la salud o para proteger a los muertos. Para que los componentes escritos funcionen como es debido, el brujo dibuja las formas exactas de las palabras y símbolos sagrados mientras se concentraba en las intenciones específicas. El papel es un accesorio muy útil porque siempre está a mano, es reciclable y fácil de eliminar. Sí es posible, recomiendo utilizar papel reciclable o ecológico para honrar a la Tierra.

Punteros:

La asignación y dirección de la energía es una parte importante cuando se lleva a cabo un ritual. Tener un instrumento que guie tu mirada y la energía que creas para el objetivo, es magnifico y muy util. De esa manera puedes lograr una mejor integración entre tu intención y la focalización de energía hacia el objetivo que deseas conseguir.

Momento escogido:

Algunas tradiciones mágicas consideran el momento exacto de un ritual una necesidad. Pero en mi opinión, sino puedes levantarte a las dos de la madrugada para realizar un ritual a esa hora, entonces ejecutalo cuando puedas. Al igual que otras ayudas, el momento escogido refuerza tu magia pero no será el unico elemento que determiné el éxito de tu focalización mágica.

El Nacimiento de la Diosa Madre.

En tiempos remotos, así en África, Europa o en América, la diosa madre, el numen que encarnaba los poderes creativos de la Tierra y cuya sola mención remitía al origen de las cosas vivas, era la diosa más reverenciada.

En una interpretación memorable, Marija Gimbutas mostró que los testimonios arqueológicos probaban, de manera persuasiva, que entre los años 7,000 a 3,500 a.C., en lo que hoy es la Europa central y oriental, la diosa madre fue una deidad omnipresente: diosa de la tierra y de los frutos que emanan de ella, pero también de los animales y del cielo. Su dominio de la región celeste abarcaba el movimiento armonioso de la luna y el repetido transcurso de los astros, la temporada de lluvias y el fluir recurrente de las estaciones. Era una diosa autocreada, sin ancestros, que reinaba sobre el universo entero. Fue adorada como la Gran Madre de la Vida, la Muerte y la Regeneración, Diosa de los Animales y Señora del Mar y de los Frutos de la Tierra.

Se trata de la progenitora de todo lo que existe en la superficie terrestre: “La diosa, en todas sus manifestaciones, era el símbolo de la unidad de la vida en la naturaleza. Su poder estaba en el agua y en la piedra, en los animales y en los pájaros, en las serpientes y los peces, en las montañas, los árboles y las flores”. Las representaciones más conocidas de la diosa resaltan esos poderes, su don de regenerar la naturaleza, su capacidad de multiplicar los animales y su bondad para derramar los bienes necesarios al mantenimiento de la vida humana.

Los pueblos adoradores de estas diosas eran recolectores, cazadores y agricultores. Ellos fundaron las tempranas aldeas donde se levantaron los primeros centros ceremoniales y palacios suntuosos. En estas moradas fijas, habitadas por poblaciones que reconocían el linaje de sus ancestros, no hay huella de murallas o signos guerreros. Las evidencias arqueológicas sugieren que no había una superioridad social de los hombres sobre las mujeres. La distribución de los bienes en los entierros revela la existencia de una sociedad igualitaria, no patriarcal. Gimbutas observa que en este tiempo la descendencia y la herencia pasaban por la madre; la mujer desempeñaba funciones eminentes, como los cultos religiosos y la manufactura de artesanías y objetos preciosos. Esta diosa providente y generosa fue también una de las primeras imágenes que simbolizaron el territorio, la tierra originaria donde habían nacido los habitantes de la aldea y el lugar sagrado donde reposaban los ancestros. La tierra donde se nacía era el principal símbolo de identidad, la atadura irrompible con la comunidad de origen.

En América, mucho tiempo después (2,000-1,000 a.C.), diversos testimonios registran un culto extendido a la diosa madre, en la época en que se fundan las primeras aldeas de cultivadores. Entre los hallazgos arqueológicos más espectaculares hechos en La Venta, la más antigua ciudad olmeca, sobresalen unas enormes fosas subterráneas, en cuyo interior se depositaron ofrendas gigantescas, colmadas de piedras de serpentina verde y arcilla de varios colores, dedicadas a la madre tierra. Algunos arqueólogos sostienen que las ofrendas formadas con piedras verdes imitaban la vegetación de la superficie terrestre en el momento de la floración. Carolyn Tate advirtió que las ofrendas de La Venta en forma de un mosaico de diamante representaban la falda de la diosa de la tierra tejida con cuentas de piedra verde, un diseño que se repetirá más tarde en Teotihuacán y en el área maya, donde se convierte en representación de la tierra germinada, de cuyo interior brota el numen del maíz.

En otras regiones de Mesoamérica los arqueólogos desenterraron esculturas del cuerpo procreador de la diosa madre que destacan sus senos abundantes, sus anchas caderas y los órganos de la reproducción. Chistian Duverger explica que la “característica más sorprendente de este antiguo arte reside en el énfasis de los elementos que marcan la feminidad, y principalmente las caderas […] Parece que en esta parte del cuerpo se concentró la esencia de la feminidad […] todos los autores están de acuerdo en considerar que estas figurillas expresan un culto a la fecundidad [… El interés por la fertilidad lo subraya] el hecho de que, en ciertas estatuillas, las caderas de las mujeres se convierten en mazorcas de maíz”.

Otras referencias a la diosa madre se advierten en un famoso monumento peruano, llamado Obelisco de Tello. Ahí se ve un par de caimanes, un símbolo de la tierra, de cuya piel brotan plantas cultivadas. En un tejido peruano puede verse la máscara de una entidad sobrenatural, compuesta de plantas, serpientes y figuras en forma de dragón, que parece representar a la diosa de la tierra. Sobre estos antiguos cultos a la diosa madre se construyeron las formas de vida matriarcal que asombraron a los viajeros europeos, quienes las registraron vivas en diversos pueblos indios de Norteamérica y Canadá en los siglos XVI, XVII y XVIII.

Entre los años de 3,500 a 1,250 a.C., el periodo que los arqueólogos llaman la Edad de Bronce, la diosa madre del centro de Europa y del Cercano Oriente pierde su lugar como deidad principal y deja de ser un símbolo de la totalidad de las fuerzas que le dan vida al universo. Los múltiples poderes concentrados en su efigie grandiosa comienzan a repartirse en otros dioses y diosas, o en sus hijos e hijas. La causa de estos cambios fue la irrupción de los pueblos arios y semitas, tribus nómadas y guerreras, portadoras de tradiciones diferentes a las de los pueblos sedentarios. Desde el comienzo del siglo IV oleadas de grupos arios bajan de las planicies de Europa central y del sur de Rusia e invaden las tierras de Anatolia, Mesopotamia, Grecia y el valle del Indo. Al mismo tiempo tribus de pastores y guerreros semitas provenientes del desierto sirio se mueven hacia Mesopotamia.

Los arios eran una sociedad de guerreros. Habían aprendido a domesticar el caballo e inventaron el carro de ruedas ligero, propulsado por la fuerza de ese animal, una máquina de guerra que sembró el terror en las aldeas de los agricultores. Donde quiera que penetraron, las partidas de guerreros dejaron huella de su paso devastador y se hicieron del poder. En Anatolia, su presencia fue señalada por el saqueo y el incendio de más de 300 ciudades, entre ellas la infortunada Troya. Hacia 2,100 a.C., un testigo sumerio se refirió a esa invasión “como una horda cuyos asaltos eran semejantes al huracán”, y definió a esos grupos como gente que “nunca había conocido una ciudad”.

Estos cambios en el escenario político fueron seguidos por otros, no menos perturbadores, en el ámbito de los dioses y de los mitos cosmogónicos. En todas partes, lo mismo en Egipto que en Sumeria o en la cuenca del Mediterráneo, las antiguas diosas ceden su lugar a dioses y cultos masculinos. Al mismo tiempo que las aldeas se transforman en ciudades, y éstas en Estados gobernados por un rey con poderes ilimitados, el culto religioso se convierte en un culto estatal, centrado en la glorificación del rey, quien se identifica con el dios protector del reino. Se inventan entonces nuevos mitos de creación, en los que el dios padre usurpa el lugar antes colmado por la diosa madre. En Sumeria y en Egipto aparecen cosmogonías que en lugar de atribuir la creación del mundo a la antigua diosa madre, introducen un dios creador que divide la ancestral unidad cósmica en dos mitades: tierra y cielo. Este modelo será la base de los posteriores mitos de creación que relatan la historia de un cosmos dividido en tres planos verticales (inframundo, superficie terrestre y cielo), y orientado hacia los cuatro puntos cardinales.

Con la furia de las ideologías conquistadoras, los sacerdotes de los pueblos invasores destruyeron los adoratorios de la diosa madre y en su lugar colocaron altares dedicados a honrar deidades masculinas. Uno de sus objetivos fue borrar la antigua cosmogonía que proclamaba la unidad y la regeneración inagotable de los poderes de la naturaleza. En lugar del mito de creación que hacía nacer el cosmos del seno de la diosa madre, en Sumeria y en Egipto el cosmos se divide en inframundo, superficie terrestre y cielo, y cada una de estas regiones aparece gobernada por dioses propios. El mito sumerio más antiguo de la creación relata que la diosa de las aguas primordiales, Nammu, dio origen a una montaña cósmica que contenía en sí misma el cielo y la tierra, An-Ki. A su vez, An y Ki procrearon un hijo, Enlil, el dios del aire, quien tuvo a su cargo la portentosa tarea de separar el cielo de la tierra. Hecha esta partición, Enlil desposó a la diosa de la tierra, su madre, e hizo de la primera montaña que surgió de las aguas primordiales su propio templo. A partir de ese momento Enlil toma el lugar que antes tenía la diosa madre como supremo creador del cosmos.

En los altos ziggurats que se levantaron en las tierras planas de Mesopotamia, en los templos que miraban hacia el nacimiento del sol y celebraban el poder regenerador de las aguas del Nilo, en los hermosos palacios pintados de Creta, en las ciudades polvosas del Cercano Oriente y en las pobladas orillas del Mediterráneo, cada año, en el día que señalaba el equinoccio de primavera, se cantaba el viejo mito de la creación del cosmos, ahora conformado por las figuras heroicas de dioses desposados con diosas descendientes de la antigua diosa madre.

En los años 3,500 a 1,250 a.C., el mito inmemorial del origen del cosmos se unió con el relato que narraba cómo la diosa madre se separaba de su amado (o de su hermano o de su hijo), quien en el verano irremediablemente se hundía en las profundidades del bajo mundo, moría en esa morada húmeda y fría, y gracias a los denodados esfuerzos de la esposa y madre, renacía otra vez en la primavera. Tal es el origen lejano de los mitos de la fertilidad representados por Dumuzi-Tammuz, Osiris, Adonis, Perséfone o Quetzalcóatl, dioses y diosas de la vegetación dotados de los poderes fertilizadores antes concentrados en la diosa madre.

El viaje de la diosa madre al inframundo y la celebración de su retorno:

En Mesopotamia, la región donde “comenzó la historia”, los arqueólogos descubrieron los registros de escritura más antiguos: cientos de tablillas de arcilla grabadas con escritura cuneiforme cuya fabricación se remonta a 3,000 años a.C. Gracias al desciframiento de esos textos, sabemos que en tiempos remotos figuraba la diosa madre entre sus dioses principales. Henri Frankfort señaló que la clave para comprender la cultura que floreció en esa región es “la idea mesopotámica de que la vida procede de una diosa, que el universo fue concebido… no engendrado; [que] la fuente de la vida” es femenina. En los años en que florecieron las ciudades legendarias de Ur, Uruk, Eridú y Lagash, la diosa más reverenciada era Inanna.

Inanna, junto con la Isis de Egipto y la Cibeles de Anatolia, son las grandes diosas de la Edad de Bronce (3,500-1,250 a.C.). A lo largo de más de 5,000 años el culto a estas diosas forjó las imágenes arquetípicas de lo femenino, e influyó más tarde en la tradición religiosa que dio origen a las diosas semitas y cristianas. En esa época, la figura de Inanna reina en la tierra vestida con los símbolos del cielo y tiene por corona la luna y las estrellas. Es diosa del cielo y de las aguas primordiales que rodean la tierra. Se le llama “Princesa Verde” o “La del Verde Primaveral”, en alusión a la carpeta verde que cubría la tierra en esa época del año. Como reina de la tierra Inanna era diosa del grano y de las viñas, de la palma datilera, del cedro, la higuera, el olivo y el manzano, frutos que eran otras tantas de sus epifanías. Desde 3,500 a.C. fue adorada como soberana del cielo y de la tierra en Sumeria, y 2,000 años más tarde su culto continuaba en Mesopotamia, con el nombre de Istar. Las tablillas grabadas con letras preservaron los innumerables títulos que la honraban: “Reina del Cielo y de la Tierra”, “Sacerdotisa del Cielo”, “Luz del Mundo”, “Estrella de la Mañana y Estrella de la Tarde”, “Juez Justo”, “Perdonadora de los Pecados”, “Primera Hija de la Luna”, “Abridora de la Matriz”, “Maravilla de la Tierra”.

Uno de los rasgos que en estos años distinguen a Inanna es la presencia de un personaje masculino, de rasgos divinos mezclados con los humanos, que en las representaciones plásticas y en la literatura aparece como su amante, esposo o hijo. Recibe el nombre de Dumuzi en Sumeria y de Tammuz en el territorio norte, donde se hablaba acadio. Ambos nombres significan “hijo fiel”. A los dos se les otorga, como a la diosa madre, el título de “Uno Verde” o el de “Primer Verde”. Son dioses asociados a vegetales y vinculados con la fecundidad de los animales, y por eso se les llama “Señor de los Rebaños”, o “Señor del Ganado”. Otros títulos, como los de “Señor de la Vida, “Señor de los Tules” y “Pastor del Pueblo”, los asocian con la paternidad. Son, como antes lo era la diosa madre, los padres del pueblo, los protectores de la comunidad.

Repentinamente, en un famoso relato sumerio, Inanna abandona su reino en la tierra y decide viajar a la temible región del inframundo. El texto no aclara las razones, pero el motivo parece ser una disputa entre los dioses de la tierra y los del bajo mundo, pues Inanna llega a esta última región en actitud beligerante. Demanda al guardián de la entrada que le abra las puertas del lugar de las tinieblas, pero en lugar de tener libre acceso a esa región enfrenta un obstáculo tras otro.

En el umbral de la primera de las siete puertas que llevan al inframundo, Inanna es frenada y sufre humillaciones. Como en el caso de los primeros gemelos del Popol Vuh de los mayas, su descenso a la región húmeda y oscura es una sucesión de pérdidas. En cada uno de esos portales padece el despojo de sus símbolos y atavíos, de modo que cuando llega a la última sala comparece desnuda, inerme. Así, cuando se enfrenta a Ereskigal, la diosa del inframundo, ésta la fulmina con su mirada y la mata. Durante tres días su cadáver yace colgado en un poste del inframundo, al igual que la calavera de Jun Junajpú en el relato del Popol Vuh.

Gracias a la mediación del dios Enki, dos emisarios celestes consiguen que Ereskigal les devuelva el cadáver de Inanna, al que logran resucitar con pociones revitalizadoras. Al volver a la vida Inanna pide abandonar esa región sobrecogedora, pero los regentes del inframundo le recuerdan que quien entra en ese lugar no puede regresar al mundo de los vivos. Sólo una excepción permite evadir esa regla inexorable: procurar un sustituto. Aquí comienza otro capítulo del Viaje de Inanna al inframundo, que culmina con el encuentro de Dumuzi, a quien Inanna, enojada porque éste no parece haber lamentado su ausencia ni hecho nada por rescatarla, condena a residir en el inframundo. Según el acuerdo que celebran los dioses del mundo celeste y del inframundo, Dumuzi y su hermana, quien intercede por él para disminuir su castigo, pasarán alternativamente una parte del año en el bajo mundo, y, cumplida esa pena, retornarán a la tierra. Al descender periódicamente al inframundo, Dumuzi repite una secuencia semejante a la del viaje del dios maya del maíz a Xibalbá. Luego de su estancia en el lugar de la humedad y del frío, ambos retornan triunfadores a la superficie de la tierra. Estos dioses del grano reproducen en su drama vital el ciclo de cultivo de los cereales: cada año mueren en otoño, son enterrados en la tierra y renacen en primavera, como lo mostró hace tiempo George Frazer en La Rama dorada.

Muchos años más tarde los escribas acadios compusieron un poema que titularon El viaje de Istar al inframundo, un canto que reproduce las aventuras de Inanna y Dumuzi. El poema en lengua acadia es más sintético y aclara el significado del descenso de la diosa al inframundo. Relata que la muerte de Istar y su retención en el inframundo produjeron hecatombes que desordenaron la vida terrestre y el equilibrio del cosmos: “los toros no se aparearon más con las vacas… Ningún hombre copuló más con sus mujeres. Cada uno dormía aparte en su recámara”. Durante esos días ominosos, la esterilidad invadió la tierra y sus habitantes no se reprodujeron.

Para conjurar esa calamidad, los dioses celestes dispusieron la intervención de unos emisarios, quienes obligaron a los gobernantes del inframundo a resucitar a Istar y mantener a Tammuz en el interior de la tierra sólo por un periodo breve. Según este acuerdo, la madre tierra recibió en adelante, cada año, los despojos mortales de los habitantes de la superficie terrestre, y, en contrapartida, cada año, al comenzar la primavera, la naturaleza esparcía sus renuevos y los alimentos se multiplicaban. De este modo se restableció el antiguo equilibrio cósmico, antes gobernado por la diosa madre. Pero si el poema del Descenso de Inanna-Istar al inframundo se convirtió en un exorcismo popular contra la esterilidad de los campos, los pobladores de las ciudades institucionalizaron una ceremonia que celebraba el fenómeno contrario: la unión procreadora de las fuerzas de la tierra con las del cielo.

Al comienzo de la primavera, cuando el dios de la vegetación retornaba de su estadía en el inframundo, los habitantes de las ciudades sumerias festejaban su acoplamiento con Inanna, la diosa de la fecundidad, en lo más alto del templo principal. El papel del joven dios de la vegetación recién salido de la tierra era interpretado por el rey de la ciudad, y el de la madre Tierra, Inanna, por su sacerdotisa. Este acto era la ceremonia más importante de la fiesta del Año Nuevo, la gran celebración que congregaba a la mayoría de la población alrededor del ziggurat, el templo que por su altura era también una metáfora de la unión entre la tierra y el cielo.

Las concepciones sumerias y mesoamericanas sobre el origen de los granos y el lugar donde éstos se guardaban revelan semejanzas sorprendentes. En Sumeria, los granos alimenticios permanecen almacenados, como en Mesoamérica, en el interior de una montaña sagrada. Al igual que entre los mayas, en Mesopotamia el dios del grano literalmente brota de las profundidades de la tierra y su aparición es señalada por la gran fiesta agrícola de los primeros frutos.

También es semejante la fiesta del Año Nuevo, que en Mesopotamia, Egipto y Mesoamérica celebraba el comienzo de la primavera y la renovación prodigiosa de la vegetación. En Mesoamérica, el festival del Año Nuevo estaba centrado en la renovación de la naturaleza, un rito que simbolizaba el brote del dios joven del maíz. En Mesopotamia festejaba la unión de las fuerzas del cielo y de la tierra, y era la ceremonia pública más importante. Las tablillas escritas transmitieron los conmovedores poemas dedicados a esa fiesta. En esos días se escenificaba el apareamiento de las fuerzas regeneradoras del cosmos, representadas por la persona del rey y la sacerdotisa de Inanna.

La ciudad entera era el escenario del encuentro que aseguraba la renovación de la naturaleza y de los alimentos terrestres y su acto principal ocurría en el más santo de los lugares. En la parte alta del ziggurat, la recámara dedicada al matrimonio sagrado se vestía de gala para recibir a la pareja. Los cantos conservados relatan el acoplamiento de la diosa germinal con el dios fecundador y la fiesta popular que entonces invadía la ciudad y celebraba las nupcias entre el cielo y la tierra y el advenimiento de los frutos terrestres.

En estas representaciones del matrimonio sagrado, el esposo asume los rasgos del agricultor que ara el suelo y fertiliza la tierra. A su vez, la mujer se iguala a la tierra, cuyo vientre requiere, para concebir, el cultivo del esposo. Puede entonces decirse que estos textos configuran una hierogamia, una boda de los dioses cuya unión habrá de producir los alimentos que colmarán el apetito de los pobladores del reino.

La tierra, la patria y la diosa madre:

En las esculturas, pinturas e himnos dedicados a la diosa madre, sea en Mesopotamia o en el mundo Mediterráneo, en Perú o en Mesoamérica, se celebran los poderes reproductores inconmensurables de la diosa, su identidad con la tierra, la matriz universal, y su vínculo maternal con las criaturas humanas. Cuando éstas eran sólo tribus peregrinas en pos de los animales o los frutos de la estación, la madre tierra era considerada el numen procreador de todos esos bienes y la fuerza que hacía girar los planetas y cambiar el ritmo de las estaciones. Era una diosa creadora, munificente y omnímoda, madre universal.

Siglos más tarde, cuando las tribus aprendieron a cultivar las primeras plantas y fundaron ciudades, la diosa madre fue derrocada por el dios guerrero que se vistió con los resplandores del sol y ocupó el centro del panteón religioso. En los templos edificados en el corazón de la ciudad, el lugar más santo se destinó al dios Sol y ahí se celebraban las ceremonias y los festivales, y hacia ese punto confluían las peregrinaciones y los ritos colectivos.

La construcción de estos espacios en el corazón de la ciudad, al lado del palacio del soberano, transformó el territorio natural en un ámbito sagrado, circunvalado por el aura del poder y lo sobrenatural. Al sembrar la tierra de cultivos y colmarla de monumentos, los pobladores adquirieron un “derecho” de propiedad sobre ella; la tierra se convirtió en territorio de la comunidad y se vinculó a los antepasados y a los dioses protectores, y con mayor fuerza a la diosa madre. Dice Carl Schmitt que en las antiguas sociedades la ocupación primaria de la tierra significó un parteaguas histórico, pues por un lado demarcó el espacio territorial entre los pobladores, y por otro fijó las fronteras que separaban al pueblo de los extraños. En ambos casos la ocupación de la tierra estableció un derecho de propiedad supremo, el título más radical sobre el territorio. La madre tierra se convirtió en la PATRIA, el territorio de la comunidad heredado de los padres fundadores.

En Mesoamérica ocurre un fenómeno semejante. La fundación de los primeros estados entre los olmecas y zapotecos por los años 1000 y 600 a. C., provocó la aparición de núcleos de población nunca vistos antes, en cuyo centro se construyó una escenografía monumental, gobernada por la plaza pública, los altos templos de los dioses protectores, los palacios del rey y los nobles de su corte y las estelas y estatuas que proclamaban la antigüedad, las hazañas y el linaje de la dinastía gobernante. Entre esos templos descollaba el de la diosa madre, cuyo culto, entretejido de numerosas celebraciones, recorría el año en ceremonias dedicadas a festejar al numen procreador de las criaturas y los mantenimientos terrestres.

En Teotihuacán, la gran metrópoli que provocó el asombro de los innumerables viajeros, embajadores, dignatarios, peregrinos y curiosos que la visitaron en la época de su esplendor (siglos II a VI d.C.), y cuyas majestuosas ruinas continúan deslumbrando hoy a sus visitantes, se rindió culto a la diosa madre. Ignoramos el nombre original que tuvo entonces la diosa, pero al advertir su presencia en la gran ciudad, los arqueólogos la llamaron Gran Diosa, Diosa de la Cueva o Diosa Madre.

La idea de que en el interior de la tierra hay una cueva en la que se acumulan los alimentos y se regenera la vida, es una concepción muy arraigada en los mitos de creación mesoamericanos. Los mitos más antiguos declaran que el cosmos y los seres humanos tuvieron su origen en las profundidades de la tierra, en el inframundo, la zona oscura, húmeda y germinal. En Teotihuacán esa concepción está presente en el conjunto de la ciudad y en sus manifestaciones simbólicas y religiosas significativas. Entre sus deidades principales figura la Diosa de la Cueva, de cuyo interior brotó la tierra con sus montañas, valles, aguas, animales y seres humanos. Sus representaciones la muestran como diosa de las aguas terrestres, pluviales y marítimas, y de las potencias germinales de la tierra. Algunas esculturas que podrían estar relacionadas con la diosa madre representan a una mujer con el interior del vientre poblado de figurillas humanas, simulando ser la matriz del mundo. Es la madre de las fuerzas vitales que emanan de su mismo cuerpo; dadora de la vida como de la muerte, pues en su gran boca desaparecen los seres vivos y los astros, que al oscurecer descienden a la región del inframundo. En Teotihuacán, la diosa madre era una divinidad autocreada y omnipotente.

Los tarascos le rindieron culto a una diosa semejante, a quien llamaron Cuerauáperi. Según sus creencias, la tierra era el cuerpo de Cuerauáperi y representaba a las fuerzas de la fertilidad, la lluvia, el nacimiento y la muerte. Era la madre de los dioses y su culto se extendió por el territorio dominado por los tarascos o purépechas.

Los aztecas y los mayas representaron la tierra como un monstruo en forma de reptil o lagarto. La criatura llamada Cipactli tiene la forma de un lagarto o cocodrilo, cuya piel hecha de placas y estrías semejaba las rugosidades de la superficie terrestre. Los mitos cosmogónicos representan este gran lagarto flotando en el mar primordial, figurando la tierra en formación en los días maravillosos del amanecer del mundo. En la mitología naua Cipactli es el aspecto masculino de la tierra y Tlaltecuhtli el femenino. Según un mito naua, el cuerpo monstruoso de Tlaltecuhtli fue dividido en dos por Tezcatlipoca y Quetzalcóatl, los dioses creadores, y con una parte éstos formaron el cielo y con la otra la tierra. Cuenta el mito que para alentar a Tlaltecuhtli

[…] todos los dioses descendieron a consolarla y ordenaron que de ella saliese todo el fruto necesario para la vida del hombre.

Y para hacerlo, hicieron de sus cabellos árboles y flores y yerbas; de su piel la yerba muy menuda y florecillas; de los ojos, pozos y fuentes y pequeñas cuevas; de la boca, ríos y cavernas grandes; de la nariz, valles y montañas. De este modo, todo lo que existe sobre la superficie terrestre no son sino partes del cuerpo de Tlaltecuhtli.

Así, desde los comienzos de la vida civilizada, la diosa madre adquiere los rasgos de numen procreador de los bienes fundamentales para el desarrollo de la vida humana. Sus variadas representaciones plásticas comunican, con el lenguaje de la imagen y la metáfora, los inmensos poderes que la constituyen. Es la depositaria de las fuerzas de la fertilidad, como lo muestran las bellas figuras de cerámica de Chupícuaro, Tlatilco o Colima. En numerosas representaciones es simplemente la mujer, la matriz, el símbolo de lo femenino. Su cuerpo es el recipiente del agua y las semillas nutricias, y sus manos generosas derraman granos, piedras preciosas (chalchihuites) y plantas, como se advierte en algunas pinturas y esculturas de Teotihuacán. Es el lugar de origen de los pueblos, la patria donde nacieron los ancestros y vivirán sus descendientes, bajo el amparo de la madre protectora.

El altépetl: la patria territorial y étnica:

En la organización política de los pueblos mesoamericanos la diosa madre ancestral cobró la forma del altépetl, la unidad territorial sobre la que se asentaron los estados. Según James Lockhart, en la tradición naua, que ahora sabemos que se remonta a Teotihuacán, el requisito para la formación de un altépetl era la existencia de un territorio y la presencia en él de barrios o capoltin familiares. Cada calpolli se dividía en 4, 6, 8 o más barrios simétricos orientados hacia los puntos cardinales. Y a su vez, cada calpolli tenía su propio jefe, que era al mismo tiempo la cabeza de un linaje y tenía una porción del territorio del altépetl en propiedad privada. La suma de los distintos calpoltin formaba un altépetl gobernado por un tlatoani electo, quien ejercía las funciones de cabeza del reino, jefe de los ejércitos y sacerdote supremo encargado de los ritos religiosos.

Se advierte que la unidad territorial del altépetl descansaba en la organización social de los calpoltin, cuyos deberes y derechos se repartían según su ubicación en el territorio del altépetl. Es decir, los cargos y las cargas de cada capoltin se distribuían de manera alternativa según la posición de éste en el altépetl. Así, los tributos, trabajos y cargas religiosas o militares que correspondían a cada jefe de familia, barrio y calpolli, se repartían siguiendo una rotación que iba de izquierda a derecha (como el movimiento del sol), y según su ubicación en el territorio, del primero al último lugar.

Esta integración inextricable entre territorio y organización social (familia, barrio, etnia), fue la institución política dominante, quizá desde la fundación de Teotihuacán hasta la invasión española. Está documentada por testimonios históricos desde el siglo XIII hasta principios del XVI en Xochimilco, Colhuacán, Coyohuacán, Tenochtitlán, Azcapotzalco, Texcoco, Coauhtichan, Tlalmanalco, Amaquemecan y otras ciudades del Valle de México. En este tiempo, el altépetl, simbolizado en los códices y mapas indígenas por el glifo de un cerro que tenía en su interior una cueva colmada de agua, era en Mesoamérica el símbolo universal que significaba el territorio, el núcleo de la organización política y la vida urbana civilizada. En este tiempo y durante los tres siglos del virreinato, altépetl fue sinónimo de Patria, simbolizaba el territorio consagrado por los ancestros y habitado por sus descendientes, el sitio donde se conservaban las reliquias de los fundadores del pueblo y el lugar más sagrado de la comunidad (altepetlyolotl), el corazón del pueblo.

En la antigüedad mesoamericana el estado territorial estaba representado por el glifo del cerro en cuyo interior había una cueva donde reposaban las aguas fertilizadoras y las semillas del maíz: era una representación de la montaña que emergió de las aguas primordiales el día de la creación del cosmos, un símbolo de la tierra fértil y la expresión más honda del vínculo de los seres humanos con la tierra. Todos los estados mesoamericanos reprodujeron esa montaña primordial en el corazón de sus ciudades, y en su interior depositaron las reliquias del fundador del reino y la dinastía. El bulto donde guardaron esas reliquias se convirtió en el símbolo sagrado del origen del reino, signo de poder del gobernante y emblema del Estado. Este simbolismo antiguo se transfirió al templo cristiano, al cabildo y a los Títulos de tierra del pueblo colonial, que simbolizaron “el corazón del pueblo”, lo más sagrado, amado y protegido por los miembros de la comunidad. Los Títulos primordiales, es decir, los códices, lienzos, mapas y papeles que validaron la posesión territorial de los pueblos, vinieron a ser “el corazón del pueblo” de las Repúblicas de indios, el arca donde reposaban las reliquias del santo patrono, el almacén de la memoria colectiva y el escudo del pueblo ante quienes amenazaban sus propiedades territoriales.

Puede decirse que en Mesoamérica altépetl, el territorio donde se asentaba el reino, era sinónimo de tierra de los ancestros, el lugar santo donde reposaban los antepasados. Designaba la tierra en que se nace, la Patria, el lugar fundado por el ancestro común. Era, como en la Grecia o en la Roma antiguas, un concepto territorial cargado de fuerte etnocentrismo, pues aludía a la comunidad unida por lazos étnicos ancestrales y asentada en el mismo territorio desde tiempo inmemorial. La Patria mesoamericana aludía a los vínculos del individuo con su tierra natal, el grupo étnico, la lengua y las tradiciones comunitarias, y al mito de origen que contaba cómo la humanidad indígena había nacido en la cueva primordial o en Chicomóztoc, el lugar de origen de las siete o muchas tribus.

La Divinidad en el sexo.

Ishtar (1) (o Inanna), era señora del firmamento, poderosa diosa del amor y de la guerra. Su primer esposo fue su hermano Tammuz. Al morir Tammuz, Ishtar descendió a los infiernos para arrancarle a su herman, la terrible Erskigal, el poder sobre la vida y la muerte.

Después de darle instrucciones a su siviente Papsukal, de ir a rescatarla si no regresaba, Ishtar descendió a la tierra de las tinieblas. Comenzó valiente y desafiante, gritando al portero que abriera la puerta antes de que la echse abajo. Pero cada una de las siete puertas se la iba despojando una de sus prendas, y con ellas se iaba despojando de su poder, hasta qye llegó desnuda e indefensa ante Ereskigal, que la mató y colgó su cuerpo en un clavo.

Con su muerte, todo el mundo comenzó a languidecer. Pero el fiel Papusukal llegó hasta los dioses y les pidió que creasen un ser capaz de entrar en el mundo de los muertos y resucitase a Ishtar con la comida y el agua de la vida. ASí es como Ishtar volvió a la vida, pero tenía que pagar el precio: durante seis meses al año, Tammuz debe vivir en el mundo de los muertos. Mientras está allí, Ishtar ha de lamentar su pérdida; en primavera, vuelve a salir y todos se llenan de gozo.

El politeismo en las culturas antiguas era muy marcado. Eran épocas se adoraba a cientos de dioses que cobraban importancia en función de la pujanza de cada etnia, región o ciudad. En general existía una gran tolerancia religiosa. Marduk y Asur fueron dos deidades que se fueron imponiendo al resto, debido a la creciente influencia alcanzada por Babilonia y Asiria. Los dioses tomaban con frecuencia forma humana y se comportaban como tales. Esta facultad divina se extendió al mundo grecorromano y el clímax fue alcanzado con la llegada a este mundo del Mesías de los cristianos, nuestro bendito Jesús de Nazaret, hijo del único Dios verdadero. Al lado de los dioses había numerosos dioses sobrenaturales, buenos y malos, espíritus y espectros, etc., que solían combinar características humanas y animales; los animales fueron eliminados del reino divino por las religiones modernas, no sabemos porqué. La adivinación y la astrología empezaron siendo servicios al rey, y revelban el destino del Estado, no del individuo. Nabú, hijo de Marduk, era el dios de los escribas y de la biblioteca de cada ciudad, así como de la administración.

El sexo como vehículo de la Divinidad:

Bajo el auspicio de la figura de Ishtar el sexo era considerado sagrado pues era por intermedio de él que podíamos crearse la vida y trascenderla.

Hgamos un poco de historia para comprender la fuerza del ritual sexual, conmumente dedicado a Isthar en sus diferentes invocaciones.

Religiosamente hablando, el sexo era la puerta de los dioses y la mujer tenía la llave.

Así nacieron las venus paleolíticas como la Venus de Millendorf entre otras. Ella era la que daba a luz, de ella surgían los seres humanos. Por eso había que venerarla.
Es de aquí de donde viene el culto a la Virgen María, que inicialmente proviene del viejo culto a las vírgenes negras.

En la India, Kali-Maya invitó a los dioses a bañarse y tomar el fluido sangrante de su útero. Beber esa sangre era beber el alma de la diosa: la sangre del dragón.

La costumbre de la sagrada sexualidad, dieron paso a elaboradas ceremonias, siendo esta una manera de ejemplificar y ampliar los matices de la compresión humana sobre lo divino.

Durante un período histórico, las Diosas reinaron en solitario como fuente de belleza y fuerza. Sin embargo, posteriormentesurgieron los héroes masculinos que vencieron a las diosas: por ejemplo, el Marduk babilonio mató a Tiamat. Sin embargo, la divinidad femenina, la Magna Mater tuvo su continuidad religiosa a través de Isis, Nut, Maat en Egipto, Ishtar, Astarté y Lilith en la Fértil Medialuna, Démeter, Koré y Hera en Grecia, y Atargatis, Ceres y Cibeles en Roma. Y más tarde en Shekhina de la tradición cabalista hebrea.

Volver a recordar lo sagrado se convirtió en el eje de todo rito. Estar cerca de cosas sagradas contagiaba. Había personas, objetos, lugares y momentos que eran considerados sagrados.

Era el caso del rey.

O lugares como Jerusalén donde las personas peregrinaban para también volverse sagradas. Las plantas alucinógenas y el licor, dentro de un ritual, permitían volver, simbólicamente, a la época dorada. De manera similar existían tiempos sagrados.
La época de la siembra, por ejemplo. Y que mejor forma de fertilizar la tierra que con el sexo mismo, símbolo máximo de vida. Por eso, todos los rituales arcaicos de fertilidad son obviamente sexuales y estaban dirigidos a la tierra, a la gran diosa.

La mujer era el vehículo natural para conectarse con lo divino. Si la vagina fue la puerta de salida a este mundo, también puede ser la puerta de entrada para volver al infinito. De allí que en Mesopotamia, el sacerdote tenía relaciones con la sacerdotisa en una cabaña construida en la cumbre de los zigurats. En los comienzos de la civilización, sólo haciendo el amor, los hombres tenían acceso a lo divino, es decir a la trascendencia. La semilla del sacerdote y el aposento de la sacerdotisa se juntaban con reverencia mutua para crear el puente hacia los dioses. Cuando ello ocurría, toda la colectividad se beneficiaba.

La palabra “puro” viene de “pyro”, que significa fuego. Con el paso de los siglos estos rituales fueron perdiendo pureza y la sexualidad olvidó su trascendencia. Al punto que muchos, hoy en día, manipulan el sexo y la religión para sus propios fines proselitistas.

Sin embargo, los rituales de todas las culturas del pasado nos pueden hacer recordar la esencia que se ha perdido.

Para los sumerios, la virginidad no era bien vista, por eso las púberes eran iniciadas en el Templo de Innana, , llevadas por sus propias madres. Perder la virginidad bajo la mirada amorosa de la diosa, era volverse parte de ella. El celibato era considerado contranatura. En Babilonia, mientras tanto, según Herodoto en el siglo V a.c., toda mujer debía realizar un singular servicio a la comunidad una vez en su vida: “prostituirse” en el templo de la diosa Ishtar. Todas estaban obligadas a hacer el amor con un desconocido, fueran ricas o pobres, feas o bonitas. El extraño daba una moneda que era depositada en las arcas del Templo. Algunas se quedaban a servir permanentemente. Eran las prostitutas sagradas o hieróbulas.

En Creta, Chipre, Toscana y Etruria también existía esta costumbre. De otro lado, en el templo de Khajuraho, India, durante el equinoccio de primavera, se celebraba una fiesta para buscar pareja. Presidía Ganesha, el dios elefante. Las chicas formaban una fila, los chicos, otra y, pintados con kohl en la cara y debidamente vestidos con rica indumentaria, empezaban a danzar. Las bromas y las risas iban y venían. El ritual finalizaba con el coito. El semen era guardado en jarritos para ofrendarlo a los cultivos.

Cabe señalar, que el tantrismo era una corriente filosófico-mística que propugnaba que el lingam (pene en sánscrito) debía ingresar amorosamente al yoni (vagina) para experimentar a Dios. Es, por ejemplo, en el texto del Kamasutra y el Ananga Ranga donde se explica las técnicas de este rito. La idea era retornar a la unidad mediante el deseo sexual. En Bubastis, Egipto, se llevaban a cabo toda clase de festividades sexuales, dedicadas a Bastis, la diosa gato, símbolo del fuego familiar. En Grecia, los misterios de Dionisios se festejaban entre la música de la cítara, el vino, los ditiritambos y las danzas. Las Bacantes y los faunos se colocaban pieles de ciervos, leones, serpientes y toros y coronas de hiedra, hinojo y álamo y se entregaban en los bosques al culto orgiástico a Dionisios, el dios del delirio místico. Con el tiempo, este ritual degeneró sangrientamente. Los misterios de Afrodita también terminaban en orgías, previo baño ritual y danza con un falo de piedra con sal en la mano. Las hetairas eran las prostitutas sagradas.

Asimismo, los Misterios de Eleusis se celebraban en setiembre y eran la representación del rapto de Perséfone por Plutón. Al final se consagraba una orgía en el nombre de Démeter, la diosa de la agricultura, madre de Perséfone (también llamada Kore y más tarde Proserpina por los romanos).

Cabe realizar una anotación: más allá de los juicios de valor de ésta época, las orgías eran sólo una forma, no la única que tenían los antiguos de buscar una experiencia con lo absoluto. Para ser más exactos, cabría preguntarse si las orgías del pasado eran lo mismo que las de ahora. Es un interrogante.
Quizá, en sus inicios las orgías eran simbólicas, es decir, una fiesta común con un espíritu colectivo común y espontáneo, no necesariamente carnal. De otro lado, los saturnales eran las festividades romanas más escandalosas de aquella época. Era el despelote total. Se celebraban entre diciembre y enero en honor a Saturno (el dios de la época de oro). Los siervos comían en la misma mesa de su señor, se ponían su ropa e incluso hasta lo insultaban. Los hombres se disfrazaban de mujeres y las mujeres de hombres.

Era el caos total institucionalizado una vez al año. Los romanos tomaban como descosidos, al punto que en esos días dejaban de perseguir cristianos, lo que éstos aprovechaban astutamente, haciendo coincidir sus rituales también en esas fechas para que nadie les hiciera nada. Mucho tiempo despues, durante el comienzo de la Edad Media, las mujeres estaban terriblemente inhibidas. De día debían ser sumisas y serviles con su casa. Pero de noche algunas, se deschavaban. Entonces, se untaban el cuerpo con una mezcla de belladona, esperma, opio, sangre menstrual y beleño y se iban al aquelarre, que consistía en estar libres y desnudas en el bosque frente a una hermosa luna llena. Cuentan las crónicas que dentro de esas fiestas alocadas las “brujas” besaban el ano de un macho cabrío. Inicialmente fueron ceremonias de fertilidad a los dioses de la naturaleza. Después se les achacó el adjetivo de “satánicas” sólo por ser la competencia de los cultos católicos. Así es la historia oficial, siempre la cuentan los “vencedores” y ellos dicen quienes son los buenos y quienes los malos.

De otro lado, estaban los alquimistas, que realizaban una mixtura de sal, azufre y mercurio para encontrar la piedra filosofal y así transformar el plomo en oro. El punto es que el laboratorio de trabajo para realizar esa transmutación de lo inferior a lo superior era nada más y nada menos que el sexo.

Y en el Perú, según el arqueólogo Federico Kauffmann-Doig, los antiguos peruanos empleaban el sexo con la idea de manipular los fenómenos naturales. El Perú posee y poseía uno de los climas más accidentados del mundo. El Fenómeno del Niño es antiquísimo. El erotismo en los huacos Moche y Vicus es aparente, pues la finalidad real era la magia. Sin embargo, el cronista Santa Cruz Pachacuti se escandalizó al ver las costumbres sexuales locales. Decía que los indios eran unos corrompidos y borrachos. Como si los españoles hubieran sido unos santitos.

(1) Para la tradición de la Antigua Religión que practica mi familia, hoy se celebra la gran fiesta anual de Isthar, como protectora del sagrado misterio femenino.

La Intima belleza de la magia.

Mi abuela solía decir que para realizar un ritual desde cero, no es muy diferente a preparar un pastel. Debes ir paso a paso a trvés de la receta. Cuando comprendas cómo funciona, estarás preparado para adaptarlo a tu gusto personal, cambiando sabores, ingrendientes, fuentes para cocinar y salsas. Mágicamente esto se traduce en:

1.- Considera tu propósito, escoge símbolos y fija tu objetivo:

Modelar tus pensamientos para un proósito especifico no es siempre tan fácil como parce. Los hechizos se mueven en el plano energético y tienen un impacto en las cosas, debido a nuestra capacidad para enfocar la energía. La energía mágica rara vez es lineal. Normalmente crece como una telaraña. El hilo central representa tu propósito mágico, cuyo resultado afecta a todo y a todos los involucrados. Por tanto, es importante una comprensión precisa de tus objetivos, para tener capacidad de preveer posibles efectos secundarios. Esto significa invertir un tiempo extra deliberando sobre la motivación y desarrollo final de tu ritual ( es) para que el Universo no interpreta mal nuestras intenciones.

Decide exactamente para qué es tu ritual. Escoge símbolos que reflejen tus objetivos o ayuden a definirlos. Por último, crea los componentes verbales con frases que fijen especificamente esa meta. Si te incomoda pronunciar los irutales en voz alta, escríbelos o recítalos mentalmente. También pudes combinarlos para lograr más énfasis.

2.- Busca elementos que expresen intenciones:

Este paso equivale a escoger los focos y/o accesorios. El proceso de escoger símbolos es educativo y beneficioso debido a que te permite considerar tu objetivo y cualquiera de sus connotaciones por estar relacionados directamente con tu sendero mágico y con las técnicas preferidas. Mientras decides entre componentes, tu concentración resulta incremente la energía disponible. Esta puede utilizarse luego cuando realices tu ritual o para cargar el objeto.

3.- Limpia, bendice y carga accesorios focos y herramientas:

Este es un paso muy importante que no debes pasarte por alto. No deseas cocinar para tu familia en una cacerola sucia y oxidada. Igualmente, la magia debe tener una región fisica desde donde se origina. Las herramientas comunes a tu espacio de vida tienden a absorber energía aleatoria. La limpieza elimina la estática energética – por llamarla de algún modo – y permite fluir la energía a través de utensilios sin impedimentos.

La purificación puede alcanzarse de distintas formas. Si el objeto es lavable, jabón normal y agua combinados con la visualización de luz blanca, es más que suficiente. Una aspersión con agua mineral sirve también si el objeto no puede mojarse. Conviene hacer pasar la herramienta con vapores limpiadores como el incienso, la mirra y la salvia. Existen otras muchas maneras de limpiar herramientas, pero estas tres son bastantes estandares y fáciles de realizar en casa. Mientras trabajas, añade una plegaria, cántico, una canción u otro factor medioambiental que te inspire aun más.

Bendecir los componentes para un ritual significa apartarlos para una función especifica y envolverlos en tu energía personal. La forma que adopte la bendición es una forma totalmente personal de magia.

4.- Tranquiliza tu mente y tu espiritu:

ES importante calmarse, centrarse y sintonizar tu energía con el ritual que realizarás. Tu area de trabajo pronto se transformará en el núcleo de tu energía mágica. Tu mismo serás un canal para esa fuerza, Por tanto, para mejores resultados, aborda este momento con una actitud positiva, un espiritu fresco y buenas motivaciones. Los focos de los hechizos constituyen una buena ayuda, al igual que la meditación.

5.- Prepara un espacio Sagrado:

Desde la perspectivade una energía limpia y controlada, desarrollar una zona mejorada para realizar rituales es una buena idea. El círculo mágico actúa como una barrera entre las influencias externas y el poder que estás creando. Sin mebargo, de nuevo insisto, las bendiciones e invocaciones deben ser totalmente personales. Permite, así pues, que tu voz interior te guie. Escoje las palabras que tengan un verdadero significado para ti, que lleven una carga enérgetica propia. Si deseas aprender una invocación que te guste especialmente, haslo, pero agregale un toque personal.

( continuará )

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