Archive for noviembre, 2006


Diente de Dragón:

Abriendose
cerrandose
labios etéreos inquietos
hablan de un sencillo adiós
vagando entre vigilias inesperadas
y eventos fervientes
allí
el unico
dolor

¿Quién eres más que el infierno para otro?
Sartre y su sátira del horror
un espacio entre dos pensamientos
un vacio silencio entre ambas vertientes
el cielo
el paraiso
un cielo muerto
carente de significado
fauces voraces
dioses mundanos
risas frebriles
En tierra, un arma infalible
alzandose en la disparidad

Una era termina
una era comienza
tratan de revivirla
cinco aves volando
sobre el mar escondido
nace el demonio de los silencio
en medio de la garganta ávida
un adiós.

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Más sobre Alicia Carrol:

Capitulo II. Reina de Corazones:

La bruma de la noche se desliza entre la frialdad del silencio de una oscuridad humana. La belleza ecléctica de la luz rota y deforme palpita entre las ramas de los árboles, en los rostros de los paseantes nocturnos que caminan por las calles vacías. Yo, uno de ellos, confundida entre el olor bendito de la humanidad, triste y solitaria, desposeída de verdadera emoción. Observo, pasiva, aguardando el brillo del núcleo de la idea. Cierro los ojos, dejando que mi cuerpo se relaje de la inevitable excitación que surge de la expectativa. Espero un momento perfecto y perdido, en la cruda certeza que simplemente, cualquier certidumbre es imposible en un mundo teñido de imprecisiones.

Ella también camina por la calle oscura. Alta, espigada, un poco desgarbada. El cabello castaño cayéndole sobre los hombros demasiado delgados. Sus ojos oscuros parecen concentrados en una idea críptica, imposible de concebir más allá de la figura aparentemente frágil, de las manos delgadas que aprieta con nerviosismo, de los labios contraídos en una mueca de angustia. Ella, ardiente, levemente decidida, el corazón latiéndole muy rápido, la piel de las mejillas palpitándole por el sonrojo venial que se acumula en ellas. Camina. Nerviosismo, una lenta expiación de su propia y callada resignación. No se detiene por el murmullo del viento, por las voces que viajan encerradas en lenguajes secretos. Ella continua caminando, la voluntad férrea del desesperado llenado el mutismo solemne de su mirada derrotada.

Sus pensamientos desordenados se clavan como agujas en sus ojos cansinos. Sí, este deseo maldito, aterrador, acorralándome. Te necesito, esta avidez terrible, lujuriosa, enajenante que me arroja hacia la desesperación. Ella, el sonido de sus pasos marcando un ritmo lúgubre y casto de un decisión disonante. Las palabras apretadas detrás de los dientes, la garganta temblando por el deseo de gritar la ambición. Pero ella simplemente continúa caminando. Una de los despiadados habitantes de esa oscuridad de monstruos que solo ofrece la razón, donde los engendros de la imaginación son solo voces, una imagen deforme e irreconocible entre miles de pensamientos carentes de sentidos. Esta música, este sonido ambivalente que se desgarra entre los rostros que trato de evocar. La felicidad, la belleza triste de una tarde veraniega, la amplia tozudez de mi necesidad de vivir. Aquí, rota, sola, pero empeñada en recordar la compleja red de pequeñas emociones vitales.

Quiero vivir, deseo vivir…anhelo hacerlo. Esa es la verdad. Camino, aquí, entre los rostros anónimos, deseando la vida más que nada, otra oportunidad que me permita rehacer las formas destruidas por mis manos, los días quemados por el fuego que yo misma encendí. Deseo recorrer las estructuras menores y mayores de la historia que podría tener sentido si yo quisiera dársela. Una mujer, solitaria, huyendo en la noche, sollozando en silencio sin lágrimas visibles. La figura trágica de una mujer que puede extender la mano y obtener de nuevo el prodigio de un día más para comprender, para tratar de descubrir lo que en realidad espera por mí más allá de cualquier milagro aparente, toda búsqueda concisa. Esta vitalidad, esta suprema y enfermiza negativa a la derrota, es incapaz de afrontar mi caminar desordenado hacia esa oscuridad más allá de cualquier explicación. La soledad, sí, calmosa y regordeta, no es más que una idea marginal en mi cerebro. Aprecio esta vida, estas manos, este rostro que se niega a decir quién soy, aprecio esta simple calidez de mi cuerpo sobreponiéndose a mi propia decisión de ausentarme en el olvido. ¿Qué deseo? Camino, sin mirar a nadie, atravesando las calles en la oscuridad para olvidar el escenario iluminado de una vida que no es mía, para romper cualquier lazo con la historia que me une a mi misma. Soy nada más el recuerdo de mi propia epopeya vana, un ser mitológico absurdo nacido de entre las manos de un fatal redentor.

La mujer continúa su camino helado y personal. La miro, tan pequeña y decidida, con su vestido gris que no hace más que hacerla más digna de admiración. Ella no desea proclamar una idea con su cuerpo, su vanidad no es más que una benigna arrogancia. Atraviesa la avenida, apresura aun más el paso, me lleva esfuerzo seguirla ahora. Su sombra se alarga indefinidamente, se abre paso entre el cúmulo de formas que se amplían en si mismas en medio del prisma tornasolado de la noche que avanza. Suspira, se hace gris, se hace nada más que una voz en medio de un coro fatuo. ¿A dónde va? Que decisión la suya…incluso en medio de la uniformidad, de la cabezas anónimas de los paseantes, la veo a ella, fugaz en su trágica insignificancia, tratando de decidir, tratando de buscar sentido a esa desfachatez que la lleva a ignorar el mundo, a arrojarlo a su espalda mientras camina hacia el punto más oscuro de la noche permisiva. ¿No teme a los peligros reales? No a los peligros que imagina que ella cree ver con sus ojos aviesos y los pasos intranquilos, sino el peligro de la blanda carne humana, de la muerte esperando bajo el arma de un desconocido, esa oscuridad remota de la fragilidad de la vida que pende de un hilo. Peligros que yo he olvidado hace tanto tiempo y que ahora recuerdo con súbita claridad. Despótica, se aventura hacia ese negro silencio forjado por una audacia disparatada. ¿Qué busca?. Sigo sus pasos, tratando de ocultarme de sus ojos, de no romper el momento que nos une a ambas, esa curiosidad y esa decisión, la vulgaridad apenas entrevista y que amenaza con romper de un momento a otro la perfección de este silencio. La mujer que camina en la noche, sola y desprotegida y la certidumbre que persigue esa soledad última, somnolienta, quebradiza de un postrero instante.

Me detengo. Observo su silueta diminuta, atravesando las calles sucias, el callejón que la conduce directamente a la vacua respuesta.

Suspiro. Tiemblo un poco. El frío aire de la noche canta con voz apremiante.

Ella se encuentra de pie en la oscuridad. Una mujer sencilla, vestida con un traje corriente, el cabello castaño flotando alrededor de su rostro. Los ojos callados y quietos. Las manos tratando de elevarse, suplicar, pero forzadas a estar inmóviles. Los pies están quietos. La fuerza que la ha traído hasta aquí, hasta ese instante en donde el tiempo se detiene en las posibilidades, espera su recompensa.

Estoy aquí sola. He caminado hasta el lugar donde no hay más voces, ni siquiera las que pueblan mis ojos cerrados y la turbulencia de mi mente desesperada. Podría ahora volver sobre mis pasos y regresar a esa casa de donde escapé, el lugar donde me espera mi vida, los ojos normales, los relojes del mundo que marcan las horas. Allí, podría respirar de nuevo el aire cotidiano, allí podría respirar de nuevo el olor de las cosas y el mundo. Podría esperar el tiempo, podría correr tras los significados. Y esta noche jamás habrá ocurrido. Esta noche no será más que un recuerdo confuso. Esta noche no será más que un suspiro en la cama caliente de mi sueño lento. Podría haber estado aquí en sueños…un solo instante. El cielo, parpadeante de nubes grises y liquidas, aquí. Realmente podría ahora estar soñando con la liberación, estar empapada de sudor bajo las sábanas lentas de una noche cualquiera. Sí, tal vez esto sea solo un sueño. Un sueño la calle sucia, las ramas de los árboles salpicada de noche y viento, la imagen de la mujer de cabello oscuro que ahora cruza como aparición repentina en el lugar donde el tiempo es aun cuantificable y no un instante eterno. Un sueño de la realidad, este espacio donde el significado esta perdido y la esencia rota.

Tal vez sea solo eso.

Mis manos se deslizan por mi vestido. Palpan lentamente los bolsillos hasta encontrar el pequeño objeto perdido entre los pliegues de tela. Lo rescato del tiempo real y lo miro, detenidamente. Una navaja pequeña, de hoja brillante. Él me ha dicho ayer que su hoja es fiel y certera. Él, el hombre, ese suspiro inmediato que me hace sonreír todavía. Me lo imagino durmiendo en la cama que ahora es suya, no nuestra, ajeno al hecho que he abandonado el tiempo, que me encuentro sola en la frontera de los pensamientos. La navaja, el metal bruñido que brilla en medio de la oscuridad. La belleza es casi precaria, en medio de este silencio triste. De pie, yo, la mujer que fui y que ahora sé, ha abandonado el tiempo. Yo, tomando mis manos, poblando mis pensamientos torturados.

No, no deseo más resignación o explicaciones. No deseo más…volver al punto de partida. Este miedo no es suficiente para detenerme ahora. De pie, en medio de la noche, solo soy una pequeña llama que palpita en el fuego simple de la frustración y la desesperación. No hay nada fuera de este tiempo austero sin horas ni minutos. Una hoja en blanco donde la historia no puede avanzar. Y el dolor normal que me trajo aquí, el dolor de día tras día simplemente siendo yo, ha acabado. Necesito la opulencia de creer en milagros tristes…como la hoja de una navaja brillando sobre mi piel. Como la pureza del dolor de mi piel al ser desgarrada. Como el olor nítido de noche mientras percibo el calor del tiempo que abandono derramándose sobre mi piel. La vida es el azar de la búsqueda, donde cada carta simboliza un sentimiento inexacto y voraz. La última carta, la reina de corazones, nada más que una evocación de un viejo cuento infantil. La cabeza cortada por la idea visceral, perdida la brillante certidumbre de ser y sentir en la caída definitiva en la desazón.

Es tan tonto morir así, como una alucinación que desaparece. Tendida en el suelo, en medio de la suciedad de un parque de una ciudad muda, escuchado el ladrido de los perros callejeros y los pasos lentos de la gente de la noche, de los olvidados que aun no saben que me uno a ellos entre la pasividad del silencio. Tendida, mirando la noche corriente, nada en especial en ella. La muerte anodina. Nada más que una mujer tendida en la tierra de un parque de una ciudad cualquiera. Ella, que podría seguir ahora estando en un mundo real de colores bastos y plausibles, yace aquí, sin explicación, en la noche.

Un suspiro. Los ojos cerrados. El púrpura de mis párpados cerrados difuminándose en un pensamiento fugaz.

Ella.

Me acerco al cuerpo abandonado por la historia en este lugar anónimo. La mujer tendida tiene el aspecto de una escultura precisa y frugal. Las manos abiertas, las heridas de las muñecas floreciendo en la piel blanca como una maldición incomprensible. Han transcurrido horas desde el momento en que el viento no escucha su respiración, desde que la llama se extinguió entre los labios entreabiertos. Los ojos cerrados parecen aun guardar pensamientos, pero solo hay vacío. El cabello castaño revolotea entre los rasgos endurecidos por la muerte temprana. Ella, solitaria, un vestigio de si misma.

El reloj del tiempo, roto de nuevo. Una mujer convertida en solo un momentáneo recuerdo.

Camino en la noche. Ella, la mujer, permanece tendida en mis pensamientos. Una respuesta, grisácea y blanca, pura. Una historia abrupta, detenida en medio de la palabra a punto de pronunciarse.

La promesa de belleza y significado rotas de nuevo.

Otra historia perdida en la noche.

El viento me llama por mi nombre.

Un suspiro es la simple respuesta.


El cine Gótico o la vida después de la muerte del concepto único:

El origen del cine gótico se remonta a los comienzos del expresionismo mudo alemán. La primera película que reune los dos géneros es El Gabinete del Doctor Caligari (Das Kabinett des Doktor Caligari), dirigida por Robert Wiene en 1919.

Si bien la escenografía no encuadra dentro del esquema de lo gótico, ya que es netamente surrealista, el film en sí, tanto en su tema como en la atmósfera, introduce los primeros conceptos del horror gótico.

Esta original historia sobre sueños, sonambulismo, locura, amor y maldad nos transporta a un ambiente gótico sin necesidad de valerse de cementerios ni de castillos embrujados.

A pesar de estar también enmarcado dentro del expresionismo mudo alemán, Nosferatu, el vampiro una sinfonía de horror (Nosferatu, Eine Symphonie des Grauens), es un film netamente gótico. Dirigido por F. W. Murnau en 1922 esta película incorpora elementos distintivos del género tanto en su escenografía, clima, actuación y tema, incluyendo el primer vampiro de la historia del cine.

El vampirismo es el tema gótico por excelencia siendo Nosferatu la primera adaptación fílmica no acreditada de la novela Dracula de Bram Stocker.

Max Schreck interpretaba al conde Orlock ya que por razones de derecho de autor no se podía utilizar el nombre de Drácula. Su caracterización era la de un demonio infernal, calvo, con orejas puntiagudas, rostro pálido, dientes afilados y garras. El maquillaje iba sufriendo cambios sutiles a lo largo del film volviendo su aspecto progresivamente más repelente. En muchas escenas de ataque y depredación su larga y grotesca sombra lo predecía como si se tratara de una profecía maligna.

Murnau filmó gran parte en exteriores, en pueblos reales y castillos auténticos, dándole al film una idea más de realismo que la mayoría de las producciones alemanas hechas en estudio. Contiene el expresionismo de ese período, pero es un expresionismo dibujado por la naturaleza en vez de armado artificialmente.

La película es al mismo tiempo aterradora y ricamente romántica siendo considerada una de las mejores expresiones del género vampírico.

El gótico llega a América en el año 1925 con el film mudo producido por la Universal El Fantasma de la Ópera(The Phantom of the Opera) dirigida por Rupert Julian. La acción transcurre en el teatro de la Ópera de París que ha sido construído sobre catacumbas medievales. Allí se desarrolla esta historia de amor tortuoso y no correspondido. El Fantasma, un ser desfigurado y misterioso oculto tras una máscara, está enamorado de Christine Daae, una cantante suplente, por quien hará todo lo posible para llevarla al puesto de prima donna.

La película hace uso expresivo de luces y sombras, creando una atmósfera inquietante .Esto se refleja en la escenografía que abunda en caracteres góticos tanto en la Ópera como en las catacumbas que se encuentran debajo; dando la sensación de dos niveles: el de arriba, el teatro, donde el Fantasma aparece sólo como una sombra y el de abajo, las salas de tortura, donde el Fantasma es una presencia real plena de poder. Lo cual hace pensar en dos planos: el consciente o diurno y el inconsciente o nocturno que subyace bajo el primero.

Lon Chaney interpreta el papel del Fantasma dirigiéndose a sí mismo en algunas escenas y utilizando un maquillaje de su creación para desfigurarse el rostro. Esto sumado a su genial pantomima le ayudaría a crear el Fantasma mas extraño y horrible de todos.

El gótico de la universal

Ya dentro del cine sonoro, en el año 1931 la productora Universal lleva a la pantalla su versión de Dracula dirigida por Tod Browning. El personaje del Conde es interpretado por Bela Lugosi cuya caracterización será recordada como la del “Drácula clásico”. Lugosi vestido en un elegante traje victoriano y con una capa de satén negro y rojo, estaba más cerca de un aristócrata misterioso y fascinante, que de un monstruo sediento de sangre. Su lenguaje es un lenguaje de miradas y sonrisas, exenta de colmillos, en donde la maldad se capta de una simple alteración de sus rasgos faciales. Su personificación ha sido copiada por muchos pero nunca igualada. Es más, hasta el mismo vivió los últimos años de su vida en el mundo de fantasía de sus films, hasta que finalmente fue enterrado con su capa de Drácula.

El film en realidad está basado en la obra teatral del mismo nombre que era interpretada por Bela Lugosi, quien le rogó al director de la Universal, Carl Laemmle, que le dejara el papel protagónico. El estudio quería a Lon Chaney, quien ya había interpretado a un falso vampiro en London After Midnight (1927), pero murió antes de que la producción se pusiera en marcha.

Del mismo modo que en la novela de Stocker la película está dividida en dos partes: en la primera, Drácula aparece como amo y señor de su mundo: un universo extraño, donde las criptas cubiertas con telarañas, se alternan con lóbregas escalinatas, encontrando su máxima expresión en la cuidada fotografía en blanco y negro (Karl Freund) del hermoso y siniestro castillo gótico; acentuando el lado romántico de la narración; en la segunda, el Conde Drácula instala su anormalidad en la convencional sociedad londinense. El impacto que había provocado el mundo malsano del comienzo se desvanece cuando la acción se traslada a Inglaterra. Drácula traslada su persona pero no su mundo.

La sordidez impuesta, se verá potenciada por la casi ausencia de contenido musical (no olvidemos que este es el primer film de terror sonoro). Al no existir todavía el concepto de música cinematográfica, la banda de sonido esta especialmente cuidada, dejando con ello que los sonidos ambientales potencien el entramado sonoro: sirenas de barcos, gritos de horror, aullidos de lobos, etc.

El tema de una mujer vampiro ha sido tocado anteriormente en el film de Carl Dreyer Vampyr (1931-1932) que estaba sutilmente basado en la novela Carmilla de Sheridan Le Fanu. Este fue uno de los films de vampiros más extraños y menos reconocidos. Se encuentra a mitad de camino entre el cine mudo y el sonoro, ya que ha pesar de estar sonorizado continua usando la técnica de carteles explicativos típicos del período mudo.

La acción transcurre en un clima onírico e irreal, en parte gracias a la fotografía de Rudolph Mate que filmó solamente al anochecer y al amanecer utilizando una lente de gasa.

Vampyr no funciona mediante los típicos standards del horror tale como la sensación de shock o las acciones físicas, deja mucho mas librado a la imaginación y a la participación mental de la audiencia que ninguna otra película de terror. La escena que aún hoy es la más espeluznante es cuando la cámara reemplaza la posición del actor en el ataúd, permitiéndole al espectador la inconfortable sensación de que también ha sido atrapado vivo dentro del cajón.

Poco después del Drácula de Tod Browning, otra novela gótica clásica fue hecha por la Universal. El film de James Whale de 1931 Frankenstein (también conocido como Frankenstein, the Man Who Made the Monster) fue una versión simplificada de la muy compleja y filosófica novela de Mary Shelley. El papel del monstruo le fue ofrecido a Bela Lugosi quien lo rechazó porque pensaba que sus dotes como actor no se reflejarían tras la excesiva cantidad de maquillaje. El rol recayó entonces sobre Boris Karloff quién gracias a este papel heredaría el reinado del horror que hasta ese momento le pertenecía a Bela Lugosi.

El maquillaje del monstruo fue diseñado por Jack Pierce. Varias capas de gasa y sustancias tóxicas se usaron para crear la apariencia única de la criatura mediante un método doloroso que llevaba mas de cuatro horas diarias de aplicación.

Las dos grandes pasiones de James Whale eran evidentemente la pintura y el expresionismo alemán. Esto se ve reflejado en los decorados expresivos, con sus cielos constantemente brumosos, en los encuadres geométricos, en la interpretación de los actores, en la contrastante iluminación en blanco y negro y en una puesta en escena creada con un concepto netamente pictórico.

El gótico actual

Tras estas dos décadas de esplendor, el horror gótico ha sido gradualmente reemplazado por otros subgéneros como el Gore. Muy pocas películas se realizaron en los años posteriores. En 1979 se filmaron las remakes de dos clásicos: Nosferatu y Dracula.

Nosferatu (Nosferatu, Phantom der Nacht / Nosferatu, the Vampyre / Nosferatu, the Phantom of the Night) fue escrita, producida y dirigida por el alemán Werner Herzog. Esta remake en color mantiene la calidad y la oscura estética del original. Klaus Kinski es adecuadamente maquillado para verse como el Conde Orlock de Max Schreck, logrando una interpretación memorable. Este film está muy lejos del estilo comercial de Hollywood, siendo una verdadera obra de arte dentro del horror contemporáneo que debe ser tomada muy en serio, mucho más que Dracula de John Badham. Esta versión es aterradoramente teatral, protagonizada por Frank Langella como un héroe trágico y romántico con una hipnótica mirada de fuego y una voz profunda que induce al trance. La mayor crítica que se le hace a esta película es la falta de colmillos y de sangre, e intentar comparar la actuación de Frank Langella con las clásicas de Bela Lugosi y Christopher Lee.

Dentro del variado panorama del cine de horror en los años ’80, abundante en parodias, comedias y espectaculares efectos especiales, sólo podemos destacar dentro del subgénero que nos importa el film británico del año 1986 Gothic dirigido por Ken Russell. La película trata sobre los hechos acontecidos una noche de Junio de 1816 en la residencia suiza de Lord Byron, en la que se encontraban reunidos Mary Shelley, su esposo Percy y el Dr. John Polidori. Bajo el efecto de drogas y alcohol se dedicaron a relatar historias de fantasmas entre las que surgieron Frankenstein de Mary Shelley y El Vampiro de John Polidori. El film transcurre dentro de un clima gótico-alucinatorio con una cuidada fotografía y puesta en escena.

El único autor moderno que incursionó con continuidad dentro del género gótico es Tim Burton quien reflejó todo su mundo oscuro y fantástico en sus posteriores realizaciones. Basándose en una idea propia concibió El Joven Manos de Tijera (Edward Scissorhands – 1990). Esta es una surrealista y hermosa variación del mito de Frankenstein que bajo la inocente apariencia de un cuento de hadas se esconde un sustrato mucho más retorcido y perverso. Edward (Johnny Deep) es la creación de un científico anciano interpretado por Vincent Price, en una póstuma y breve aparición, quién muere antes de finalizarla, dejándole en lugar de manos filosas tijeras. El Joven Manos de Tijera queda así sólo, aislado en su castillo gótico del cual es arrancado y llevado a convivir con una familia en un pueblo típico americano. Allí descubrirá que sus manos le impiden acercarse a todo aquello que lo atrae, destrozando todo lo que toca.

Burton tenía en producción la que sería su última película en el género: El Extraño Mundo de Jack (Nightmare Before Christmas – 1994). A pesar de ser un típico film burtoriano la dirección la llevo a cabo Henry Selick, utilizando la antigua técnica de animación cuadro por cuadro o stop motion. El film es cercano a una ópera dónde la banda sonora tiene una importancia fundamental. El guión se basa en un poema de Tim Burton, por lo tanto los personajes tienen las características de su mundo: son seres solitarios que intentan cambiar su realidad moviéndose entre escenografías que remiten al expresionismo alemán. Jack es un esqueleto, rey de la tierra de Halloween, un solitario depresivo, aburrido de la rutina de asustar a la gente, quién decide secuestrar a Santa Claus para realizar una navidad a su propio modSin duda la película gótica más importante de esta época es la versión de Francis Ford Coppola de Bram Stocker’s Dracula (1992). Ya desde el título prometía ser la lectura cinematográfica más fiel a la novela, cosa que se cumple en parte, ya que se exagera el lado romántico de la misma. Tanto en la trama como en su desarrollo, la película conserva la estructura de la novela, pero la diferencia está dada en el tratamiento que hace de los personajes y de la historia. Aquí los personajes son ambiguos, lo cual nos hace pensar en una nueva clase de héroe/antihéroe gótico, ya que Drácula es el malo que goza con el mal por despecho y venganza, y al mismo tiempo es el bueno que sufre por amor. Esta dualidad también está dada en el personaje de Van Helsing (Anthony Hopkins), distanciándolo del clásico de Peter Cushing, porque al estar tan obsesionado por el mal llega a parecer él mismo el malo de la película. La historia trata sobre el Príncipe Vlad, guerrero medieval, que por su romántica desesperación se transforma en un monstruo, y que gracias a la supervivencia del amor durante cuatro siglos retoma su condición humana. Gary Oldman personifica a un Drácula inédito que sufre todo tipo de transformaciones físicas. Utiliza su apariencia monstruosa para atacar a sus víctimas y deja su forma humana para seducir a Mina (Winona Ryder), alejándose del modelo impuesto por Bela Lugosi y Christopher Lee que eran siempre humanos. En realidad la película refleja la suma de setenta años de Drácula en el cine, homenajeando todos los recursos que se fueron utilizando durante todo ese tiempo.

Francis Ford Coppola anunció que tenía intenciones de realizar una versión definitiva de la novela de Mary Shelley: Frankenstein. Al final sólo terminó coproduciendo Frankenstein de Mary Shelley (Mary Shelley`s Frankenstein – 1994). La dirección recayó en Kenneth Branagh, actor y director de versiones cinematográficas de William Shakespeare. Branagh también asumió el rol protagónico de un Victor Frankenstein narcisista y obsesivo, con ciertos aspectos mucho más cercanos al modelo literario que al arquetipo representado por Peter Cushing. Para interpretar al monstruo se eligió a un actor con peso dramático como es Robert De Niro. Su criatura de Frankenstein es como un niño rechazado, que quiere amor, que lo valoren y no logra conseguirlo. Es un personaje ambiguo, por momentos terrorífico y vengativo y por momentos demuestra una ternura casi infantil.

La película es un gótico cuento de horror oscuro, pero que describe de manera conmovedora las relaciones humanas entre los personajes.

Otra pieza de horror neogótico es El Cuervo (The Crow – Alex Proyas – 1994), que lo tiene todo para convertirse en una película de culto. Su protagonista Brandon Lee muere en un accidente durante el rodaje y para finalizar el film se utilizaron imágenes generadas por computadora, paradójicamente el personaje que interpreta, Eric Draven, vuelve de la muerte guiado por un cuervo para vengar el asesinato de su novia y el suyo propio. Aquí se presenta otra vez el nuevo héroe/antihéroe gótico convertido en un ángel de la muerte, movido por la venganza, que valiéndose del maquillaje acentúa sus facciones demoníacas. Su móvil es al igual que en Drácula, el dolor por la muerte de un ser querido que lo lleva a querer corregir lo incorregible.

El clima de todo el film es opresivo, en ningún momento deja de llover, dándole principal importancia a lo oscuro, lo nocturno y lo oculto. En 1996 se filmó una continuación llamada El Cuervo II: Ciudad de Ángeles” (The Crow II: City of Angels – Tim Pope).

La última gran película gótica es la versión fílmica de la novela de Anne Rice Entrevista con el Vampiro (Interview with the Vampire – Neil Jordan – 1994). La historia esta narrada desde el punto de vista del vampiro y no de sus víctimas, ya que es Louis quién dos siglos más tarde de haberse convertido en vampiro, decide relatar su triste y sensual historia de vicio, terror, placer, dolor, deseo, éxtasis y amor, a un joven reportero (Christian Slater).

A pesar de los cambios surgidos por el paso del tiempo, el gótico se mantiene vigente. Hay espectadores que prefieren las películas del período clásico a las actuales, pero lo cierto es que el género ha sido siempre el mismo que ha ido evolucionando, pero manteniendo vivo su espíritu, que despierta nuestro lado más oscuro y melancólico.
Las Sombras y Demonios del Cine

Penumbras, ambientes oníricos, castillos desolados, cementerios con estatuas destruidas y, sobre todo, seres espectrales, entre los que destaca como símbolo la figura demoniaca, misteriosa, pero a la vez inevitablemente atrayente del vampiro, son los elementos que en mayor o menor cantidad han estado presente en lo que se ha denominado cine gótico, cuya trayectoria desde los tiempos del cinema mudo hasta hoy, ha captado miles de seguidores en el mundo, transformándose así en todo un objeto de culto.

El nombre gótico lo toma de la corriente artística surgida alrededor del siglo XV, traspasada al mundo cristiano por los bárbaros godos, que se caracteriza por una arquitectura de formas lineales y estilizadas en un intento por alcanzar el cielo y así unir lo terrenal con lo divino, representando la visión que la iglesia medieval tenía de una ciudad celestial.

Este pensamiento también abarca las otras ramas del arte como la pintura y la escultura, donde se recrean temas profanos, y su concepto es usado para denominar una corriente literaria surgida a fines del siglo XVIII, que explota el tema de la muerte como destino inevitable, que al tiempo que alberga a las criaturas más oscuras y temibles, ejerce un poder de atracción inexplicable en el hombre, inmerso en un ambiente en que la ensoñación y lo real se confunden en la soledad de la noche.

En la actualidad, el gótico se ha transformado en toda una corriente y para algunos un estilo de vida, que se confunde con otras tendencias como el dark y el vampirismo, cuyos seguidores se basan tanto en sus comienzos medievales, como en sus manifestaciones más modernas.
Símbolos Góticos

La concepción gótica es llevada al cine en su estética y temática, desde el nacimiento de éste y se caracteriza por recrear atmósferas tétricas y enrarecidas, en que las arquitectura y paisajes, llenos de formas con bordes difuminados, y la poca iluminación, capturan las sombras más escalofriantes y crean una sensación indescifrable de irrealidad.

Los primeros pasos del cine gótico se remontan a los comienzos del expresionismo alemán, donde la primera película que marca la pauta para una configuración de lo que después se consideraría horror gótico es El gabinete del doctor Caligari, dirigida por Robert Wiene en 1919.

El vampirismo, tema gótico por excelencia, llega al cine mudo alemán con la adaptación no acreditada de la novela de Bram Stocker, Nosferatu, el vampiro (F. W. Murnau- 1922). El film, considerado la máxima expresión del género vampírico, narra la historia de misteriosas muertes en un pueblo atribuidas a la peste negra, pero que en realidad son causadas por el conde Orlock (interpretado por Max Schreck), que impulsado por su sed de sangre sale de su castillo y recorre distancias en barco, para llegar a este lugar donde podrá conocer y poseer a una mujer cuyo retrato lo ha cautivado.

El influjo que tiene sobre la joven mujer y su sentimiento hacia ella, tanto como los paisajes naturales y desolados, hacen que en Nosferatu, se atisben rasgos del género romántico, cosa que también sucede en la literatura gótica. Caracterizan a esta película, las grandes sombras que anteceden al demoniaco conde cuando se acerca a sus víctimas, siendo el instante que más representativo, la clásica escena en que este vampiro calvo, de orejas puntiagudas y dientes afilados, entra silenciosamente al cuarto de su amada para morder su blanco cuello y beber su sangre, mientras, sin darse, cuenta es sorprendido fatalmente por el sol de la mañana.

Con El fantasma de la ópera, dirigida por Rupert Julián, Estados Unidos da su primer paso en el cine gótico en 1925 a cargo de los estudios Universal. Conocida es la historia de amor tortuoso y no correspondido de un hombre que debido a su rostro desfigurado por el fuego, se esconde en las catacumbas medievales ocultas debajo de un teatro de ópera gótico, de las cuales sólo sale cubierto por una máscara para ver cantar a Chrstine Daae, de quien está tristemente enamorado.

Ya en tiempos de cine sonoro, la Universal lleva a la pantalla Drácula (Tod Browing- 1931); en la adaptación de la novela de Stocker, Bela Lugosi hace la interpretación más recordada del estereotipado conde de elegantes estilo y larga capa negra de revés rojo. El éxito de la película marcó la pauta para una seguidilla de películas de terror en los años ’30, como La hija de Drácula, dirigida por Lambert Hillyer en 1936.

Otro célebre personaje literario es llevado al cine en esta década, Franskenstein, creado por la escritora Mary Shelley en una lluviosa noche de 1816, en que en una velada en el castillo suizo de Lord Byron, junto al poeta Percy Bysshe Shelley (su marido) y a otros intelectuales, aceptó el desafío de escribir la más escalofriante historia de terror.

En la versión de 1931 de la Universal, dirigida por James Whale, el infeliz monstruo es interpretado por otro icono del cine de horror, Boris Karloff, cuya personificación y maquillaje, forjaron la imagen más representativa del triste personaje de Shelley.

Últimas manifestaciones del Cine Gótico

Luego de este período de esplendor del horror gótico, éste género

fue decayendo ante el surgimiento de subgéneros como el gore y el splatter. Pero aún así, hay películas que se destacan, como el remake de Nosferatu, escrita, producida y dirigida por el alemán Werner Herzog en 1979, y protagonizada por Klaus Kinski, quien realiza una magistral interpretación del conde Orlock.

También sobresale el interesante film de 1986 Gótico (Ken Russel), que en un ambiente onírico que impregna las noches de tormenta y los paisajes naturales enmarcados por oscuros días, cuenta lo sucedido en la célebre reunión literaria de junio de 1916, de la que salió Frankenstein de Mary Shelley y El vampiro de John Polidori, y los acontecimientos desastados a partir de aquella velada.

Con de la década de los noventa resurge la temática del vampirismo con Subespecies (Ted Nicolaou-1991), pero el impulso definitivo lo da Drácula de Bram Stocker, dirigida por Francis Ford Coppola en 1992, que es la que mejor representa el espíritu de la novela escrita por el irlandés en 1897.

En 1994, Robert de Niro interpreta al monstruo de Franskenstein (Kenneth Branagh), ya sin el aspecto rígido clásico, explota la dualidad del personaje, que va desde la venganza y la agresividad hasta una ternura casi infantil.

Del mismo año es el film más representativo de lo que se ha denominado horror neogótico, El Cuervo, dirigida por Alex Proyas y protagonizada por Brandon Lee, quien accidentalmente murió por un disparo recibido mientras se rodaba la película. En ésta se recrean los elementos puros góticos, pero en un escenario moderno, el antihéroe que renace de las tinieblas para vengar la muerte de su novia y la de él, reemplaza las estilizadas catedrales por los altos edificios de la ciudad.

La versión fílmica de la novela de Anne Rice, Entrevista con el vampiro (Neil Jordan-1994), agrega el elemento de ambigüedad sexual entre hombres, que es representada en la relación entre Louis (Brad Pitt) y Lestat (Tom Cruise), el primero como creación y el segundo como el que lo salvó de la muerte y lo engendró como vampiro, y en la atracción que siente Armand (Antonio Banderas) por Louis.

La nostalgia de Louis por su vida mortal y la impotencia de Claudia (Kirsten Dunst), la pequeña vampira que él convirtió, por no poder crecer y concretar su amor por Louis, le da a la película un acento romántico, que se agrega a su marcada atmósfera de sensualidad, propio de la concepción gótica con reminiscencias victorianas de la obra original.


Ciencia y Religión:

Un tópico repetido mil veces. Lo sé. Pero en ocasiones, la reflexión es inevitable, sobre todo cuando te enfrentas a esa dicotomia ( para mi absurda) que muchos analisis quieren forzar. La religión y la ciencia no tienen porque ser tendencias irreconciliables. La mente humana ( y su concepción del mundo) es tan inabarcable como el universo mismo. Somos parte de un espiral de ideas y abstracciones que no tienen porque estar contenidos en un solo concepto. Y tanto la ciencia como la religión son formas de ver la vida, son formas de explicar la razón y la consecuencia de los sucesos naturales más transcendentales. Es obvio que una es más exacta y real, pero de ninguna manera, invalida a la otra. Solo son metáforas de nuestras dudas y certezas.

En mi familia, la discusión solia surgir cada poco tiempo, especialmente después que mi tio Luis, criado bajo la Antigua Religión, se graduaó en Quimica en la Universidad Central de Venezuela y luego obtuvo un master en optica cuántica y un doctorado en quimica orgánica. Aunque antes habíamos tenido cientificos en la familia, nunca hubo un miembro que estuviera tan decidido a romper con la tradición como él. Se reinventó a sí mismo, y por casi 20 años, fue un extraño para todos.

Su visión sobre los hechos naturales se hizo completamente cientifica, opuesta por completo a la educación religiosa que recibió de mi abuela. Al principio, fue un impacto casi fisico, desprenderse de siglos de tradición y concentrarse en la linea fría y asceptica de la ciencia. Incluso, intento durante años, en un trabajo más sentimental que con verdadero valor cientifico, buscar patrones, hechos fisicos que demostraran ( o refutaran) las celebraradas excentricidades que eran las caracteristica más habitual en los miembros femeninos de la familia. A veces logró darle sentido cientifico a ciertas cosas, como las percepciones en los cambios en pequeñas descargas de energía en una habitación desionizada ( carente de estática) o demostrar con simples comprobaciones, algunos aciertos telepáticos. Pero a la final, no logró llegar más allá de la conclusión universal que los fenómenos siquicos son extraños, indemostrables y aleatorios. Los siglos de tradición pesaban sobre su conciencia cientifica, pero por supuesto, sin conseguir hacer mella en ella. Por último, abandonó sus comprobaciones y decidió que la Antigua Religión no era más que historias perdidas, una memoria familiar que en la practica carecia de valor.

Sufrió una perdida de fe que le llevó años superar. Pero poco a poco, tal vez en un proceso más espiritual que cognoscitivo, comenzó a considerar la idea que tal vez, sus preceptos y principios morales ( basados mayormente en la religión) podian comulgar y ser consecuentes con sus creencias más racionales. Fue una evolución silenciosa y pasiva. Le llevó casi dos decadas encontrar un punto de unión entre las dos tendencias y demostrar ( así mismo y a la familia en general) que somos parte de un ciclo inevitable, donde la ciencia y la religión son caras de la misma moneda.

La prueba provino del lugar menos pensado y lamentablemente, el más doloroso. Teniendo dos meses de vida, el hijo de mi tio Carlos, el hermano que le sigue en edad a mi tio Luis, murió por una serie de complicaciones genéticas. El niño nació prematuramente y padeciendo de una serie de enfermedades que alarmaron a los médicos por el hecho de presentarse a la vez en un solo cuadro clinico: Sindrome de Down, hemofilia, sindrome del colón transverso ( o expuesto). La ciencia era incapaz de explicar como podían aparecer tantos sindromes reconocidamente hereditarios en una familia donde nunca se habían padecido. Al final, ocurrió lo inevitable. El niño murió, para desconsuelo de la familia.

Mi tio Luis, que por entonces acaba de contraer matrimonio, se preocupó por lo sucedido con el bebé. Según el informe de la autopsia, el niño había muerto por complicaciones en un cuadro de enfermedades hereditarias. Como es lógico, Luis supuso que si el hijo de mi tio Carlos heredó todas estas tendencias fisicas, un hijo suyo también podría correr el peligro de padecerlas. Así que, se dedicó a buscar una explicación cientifica de lo sucedido.

En medicina, existe lo que se llama: “un cuadro hereditario aleatorio”. Es una denominación que se aplicarse a casos como los del bebé, donde se supone que los sindromes que sufre son hereditarios, pero no se encuentra una explicación plausible a su origen. Luis comenzó a investigar sobre la hipotesis que el caso del bebé se tratara de una de estas excepciones a las rigidas normas genéticas, sin encontrar nada que apoyara la tesis. De hecho, se encontró que los fenómenos aleatorios en padecimientos genéticos suceden muy raras veces y en grupos étnicos puros ( lo cual descartaría a nuestra familia de inmediato) y exclusivamente en padecimientos relacionados con los genes que determinan la apariencia fisica y el color de piel ( albinos, el sindrome de cornelia de langer). Sin embargo, encontró que cierta combinación genética de elementos desconocidos, podían producir estas enfermedades, una misteriosa recombinación de caracteres que aun la ciencia no logra determinar con exactitud. Al fenómeno se le conoce como “genes chatarras” y su activación durante el proceso de gestación puede producir la anomalía genética que causo el cuadro clinico padecido por el bebé muerto.

El gen chatarra se define como un grupo de genes en pares dobles ( es decir, estructurados como una cadena unica de ADN) que al parecer, no cumple ninguna función evidente o perceptible dentro del organismo. No se posee otra evidencia de su existencia que su extraño comportamiento bajo los rayos ultravioletas al realizar determinadas pruebas genéticas ( como las de paternidad), durante la cuales se agrupan en segmentos más o menos reconocibles. Lo cierto es que, los genes chatarras, o ADN infecundo, como también se les llama, no cumplen ninguna función, ni tampoco crean ninguna consecuencia visible, a menos que se presenten en grupos y esta teoria aun se encuentra en discusión. Para la mayoría de los cientificos, el gen infecundo es un misterio en el que poco se ha avanzado en las últimas décadas.

Por tanto, para demostrar que el bebé había sufrido de la consecuencias del gen chatarra, primero había que encontrar dicha anomalía en nuestro árbol genealógico y señalarlo como real en nuestra historia genética familiar. Y Luis dudaba seriamente de encontrarlo. Después de todo, sus sobrinos y primos eran niños perfectamente sanos e incluso, los hijos de los parientes cercanos que se habian casado entre si, no tenian ningun problema evidente. Entonces, ¿Cual podría ser el nexo de unión entre el bebé muerto y todos esos niños sanos nacidos anteriormente?

Luis llevó su pregunta a uno de los cientificos genétistas del IVIC ( instituto Venezolano de investigaciones cientificas) y este, luego de estudiar el cuadro, llegó a la conclusión que en nuestra familia, de hecho, debía de existir un gen chatarra, y además, acentuado por los diversos matrimonios entre familiares cercanos que se habían sucedido por generaciones enteras.

– Tiene que haber una caracteristica que se repita en tu familia. Una caracteristica evidente y que no salta ninguna generación, aunque sea de manera tenue – cuenta mi tio que sentenció su amigo – esa es la prueba del gen chatarra. No te hablo de color de cabello o apariencia estética. Debe tratarse de algo como una mayor agudeza visual, fuerza fisica excepcional, aptitud para los deportes…algo que no sea probablemente muy obvio, pero si demostrable.

Para Luis, fue toda una revelación. Sí, había una caracteristica especial que se repetia sin falta, de generación en generación en toda nuestra historia familiar. Y, aunque mi tio se negó a creer que la antigua leyenda familiar sobre dones y poderes siquicos pudiera tener una explicación tan “racional”, la prueba era palpable, completamente demostrable. Por generaciones enteras, las mujeres de nuestro tronco habían demostrado poseer portentosas capacidades de telepatia y empatia con energias, que el mismo había comprobado en laboratorio, tenían una cierta base cientifica. Sin falta, cada mujer de la familia, tenía visibles tendencias hacia percepciones fisicas y siquicas fuera de lo común. Irrefutable, la antigua leyenda familiar que en cada generación, nacia una bruja más poderosa que la anterior, con los dones propios y los regalados por la sangre de la Diosa. Luis siempre había considerado esas palabras como una de las tantas historias fantasticas que deambulaban en la conciencia familiar, alimentadas de año en año por una especie de arrogancia infantil. Ahora, las pruebas cientificas parecían encontrar la certeza, la raiz, el punto exacto donde la brujeria y la ciencia se unian fue para él un prodigio inesperado.

Allí estaba, en casi 100 años de historia y leyendas y el resultado triste de un bebé muerto, la verdad tantas veces cantadas de sabath en sabath, de siglo en siglo.

Brujeria viva, fuerte, real.

Con la ayuda de Neudo Urdaneta ( biologo) Vladimir Uzcateguí ( master en genética), se recreó punto por punto el árbol genealogico familiar, hasta encontrar los cinco miembros donde las ramas de intricados matrimonios se unian con mayor fuerza. El resultado fue mi tia abuela, mi bisabuela, mi abuela, mi mamá, y yo. De inmediato, se nos recomendó realizarnos examenes genéticos en la sede de Ivic, donde se demostraria ( o se refutaria) la tesis. Fue un momento emocionante, extraño, cuando mi hermosa abuela, llevando el pentáculo de oro, extendió el brazo hacía la laboratorista para realizarse la primera prueba de sangre. La historia brillo en ella, y sentí, sin lugar a dudas, que la brujería era fuerte, porque era capaz de trascender la historia y crearse así misma.

A la final, el resultado fue sorprendente. Todas poseíamos un grupo considerable de genes chatarras, sin explicación, que no producían variantes fisicas a no ser en algunos cambios neurologicos indetectables. Estos genes eran recesivos y se heredaban ( o se reforzaban) de generación en generación. Para mayor sorpresa aun de los investigadores, todas las mujeres que portabamos el gen, poseíamos caracteristicas sensibles a ciertos espectros de energía o sonido, lo cual podría traducirse adecuadamente, como la razón de ser de nuestro dones siquicos.

¿Cual había sido el problema del bebé? que no había sido recesivo, sino que el grupo de genes pares que en las mujeres producían la especial sensibilidad a ciertos factores externos, se habían activado en su organismo, como un cuadro de enfermedades incompresibles. En otras palabras, el organismo del bebé había mal interpretado la información contenida en los genes, dando lugar a graves padecimientos fisicos.

Para todos, fue un descubrimiento. Para mi tio Luis, la confirmación que la ciencia en la que creía y la religión en la que creció poseían un punto de unión, con el rostro de su madre, hermanas y sobrinas. Un portento de siglos y viejas leyendas, tomando la apariencia moderna de una explicación mundana. No obstante, para él ( y para nosotros ) descubrir que somos parte de un ciclo enorme y natural, parte de la vida, fue el comienzo de una nueva era, donde la ciencia es parte de nosotros y la brujería, una forma de explicarlas.

Ciencia y religión, unidas por el futuro.

Nuestro futuro.

Asi sea.


Ciencia y Religión:

Un tópico repetido mil veces. Lo sé. Pero en ocasiones, la reflexión es inevitable, sobre todo cuando te enfrentas a esa dicotomia ( para mi absurda) que muchos analisis quieren forzar. La religión y la ciencia no tienen porque ser tendencias irreconciliables. La mente humana ( y su concepción del mundo) es tan inabarcable como el universo mismo. Somos parte de un espiral de ideas y abstracciones que no tienen porque estar contenidos en un solo concepto. Y tanto la ciencia como la religión son formas de ver la vida, son formas de explicar la razón y la consecuencia de los sucesos naturales más transcendentales. Es obvio que una es más exacta y real, pero de ninguna manera, invalida a la otra. Solo son metáforas de nuestras dudas y certezas.

En mi familia, la discusión solia surgir cada poco tiempo, especialmente después que mi tio Luis, criado bajo la Antigua Religión, se graduaó en Quimica en la Universidad Central de Venezuela y luego obtuvo un master en optica cuántica y un doctorado en quimica orgánica. Aunque antes habíamos tenido cientificos en la familia, nunca hubo un miembro que estuviera tan decidido a romper con la tradición como él. Se reinventó a sí mismo, y por casi 20 años, fue un extraño para todos.

Su visión sobre los hechos naturales se hizo completamente cientifica, opuesta por completo a la educación religiosa que recibió de mi abuela. Al principio, fue un impacto casi fisico, desprenderse de siglos de tradición y concentrarse en la linea fría y asceptica de la ciencia. Incluso, intento durante años, en un trabajo más sentimental que con verdadero valor cientifico, buscar patrones, hechos fisicos que demostraran ( o refutaran) las celebraradas excentricidades que eran las caracteristica más habitual en los miembros femeninos de la familia. A veces logró darle sentido cientifico a ciertas cosas, como las percepciones en los cambios en pequeñas descargas de energía en una habitación desionizada ( carente de estática) o demostrar con simples comprobaciones, algunos aciertos telepáticos. Pero a la final, no logró llegar más allá de la conclusión universal que los fenómenos siquicos son extraños, indemostrables y aleatorios. Los siglos de tradición pesaban sobre su conciencia cientifica, pero por supuesto, sin conseguir hacer mella en ella. Por último, abandonó sus comprobaciones y decidió que la Antigua Religión no era más que historias perdidas, una memoria familiar que en la practica carecia de valor.

Sufrió una perdida de fe que le llevó años superar. Pero poco a poco, tal vez en un proceso más espiritual que cognoscitivo, comenzó a considerar la idea que tal vez, sus preceptos y principios morales ( basados mayormente en la religión) podian comulgar y ser consecuentes con sus creencias más racionales. Fue una evolución silenciosa y pasiva. Le llevó casi dos decadas encontrar un punto de unión entre las dos tendencias y demostrar ( así mismo y a la familia en general) que somos parte de un ciclo inevitable, donde la ciencia y la religión son caras de la misma moneda.

La prueba provino del lugar menos pensado y lamentablemente, el más doloroso. Teniendo dos meses de vida, el hijo de mi tio Carlos, el hermano que le sigue en edad a mi tio Luis, murió por una serie de complicaciones genéticas. El niño nació prematuramente y padeciendo de una serie de enfermedades que alarmaron a los médicos por el hecho de presentarse a la vez en un solo cuadro clinico: Sindrome de Down, hemofilia, sindrome del colón transverso ( o expuesto). La ciencia era incapaz de explicar como podían aparecer tantos sindromes reconocidamente hereditarios en una familia donde nunca se habían padecido. Al final, ocurrió lo inevitable. El niño murió, para desconsuelo de la familia.

Mi tio Luis, que por entonces acaba de contraer matrimonio, se preocupó por lo sucedido con el bebé. Según el informe de la autopsia, el niño había muerto por complicaciones en un cuadro de enfermedades hereditarias. Como es lógico, Luis supuso que si el hijo de mi tio Carlos heredó todas estas tendencias fisicas, un hijo suyo también podría correr el peligro de padecerlas. Así que, se dedicó a buscar una explicación cientifica de lo sucedido.

En medicina, existe lo que se llama: “un cuadro hereditario aleatorio”. Es una denominación que se aplicarse a casos como los del bebé, donde se supone que los sindromes que sufre son hereditarios, pero no se encuentra una explicación plausible a su origen. Luis comenzó a investigar sobre la hipotesis que el caso del bebé se tratara de una de estas excepciones a las rigidas normas genéticas, sin encontrar nada que apoyara la tesis. De hecho, se encontró que los fenómenos aleatorios en padecimientos genéticos suceden muy raras veces y en grupos étnicos puros ( lo cual descartaría a nuestra familia de inmediato) y exclusivamente en padecimientos relacionados con los genes que determinan la apariencia fisica y el color de piel ( albinos, el sindrome de cornelia de langer). Sin embargo, encontró que cierta combinación genética de elementos desconocidos, podían producir estas enfermedades, una misteriosa recombinación de caracteres que aun la ciencia no logra determinar con exactitud. Al fenómeno se le conoce como “genes chatarras” y su activación durante el proceso de gestación puede producir la anomalía genética que causo el cuadro clinico padecido por el bebé muerto.

El gen chatarra se define como un grupo de genes en pares dobles ( es decir, estructurados como una cadena unica de ADN) que al parecer, no cumple ninguna función evidente o perceptible dentro del organismo. No se posee otra evidencia de su existencia que su extraño comportamiento bajo los rayos ultravioletas al realizar determinadas pruebas genéticas ( como las de paternidad), durante la cuales se agrupan en segmentos más o menos reconocibles. Lo cierto es que, los genes chatarras, o ADN infecundo, como también se les llama, no cumplen ninguna función, ni tampoco crean ninguna consecuencia visible, a menos que se presenten en grupos y esta teoria aun se encuentra en discusión. Para la mayoría de los cientificos, el gen infecundo es un misterio en el que poco se ha avanzado en las últimas décadas.

Por tanto, para demostrar que el bebé había sufrido de la consecuencias del gen chatarra, primero había que encontrar dicha anomalía en nuestro árbol genealógico y señalarlo como real en nuestra historia genética familiar. Y Luis dudaba seriamente de encontrarlo. Después de todo, sus sobrinos y primos eran niños perfectamente sanos e incluso, los hijos de los parientes cercanos que se habian casado entre si, no tenian ningun problema evidente. Entonces, ¿Cual podría ser el nexo de unión entre el bebé muerto y todos esos niños sanos nacidos anteriormente?

Luis llevó su pregunta a uno de los cientificos genétistas del IVIC ( instituto Venezolano de investigaciones cientificas) y este, luego de estudiar el cuadro, llegó a la conclusión que en nuestra familia, de hecho, debía de existir un gen chatarra, y además, acentuado por los diversos matrimonios entre familiares cercanos que se habían sucedido por generaciones enteras.

– Tiene que haber una caracteristica que se repita en tu familia. Una caracteristica evidente y que no salta ninguna generación, aunque sea de manera tenue – cuenta mi tio que sentenció su amigo – esa es la prueba del gen chatarra. No te hablo de color de cabello o apariencia estética. Debe tratarse de algo como una mayor agudeza visual, fuerza fisica excepcional, aptitud para los deportes…algo que no sea probablemente muy obvio, pero si demostrable.

Para Luis, fue toda una revelación. Sí, había una caracteristica especial que se repetia sin falta, de generación en generación en toda nuestra historia familiar. Y, aunque mi tio se negó a creer que la antigua leyenda familiar sobre dones y poderes siquicos pudiera tener una explicación tan “racional”, la prueba era palpable, completamente demostrable. Por generaciones enteras, las mujeres de nuestro tronco habían demostrado poseer portentosas capacidades de telepatia y empatia con energias, que el mismo había comprobado en laboratorio, tenían una cierta base cientifica. Sin falta, cada mujer de la familia, tenía visibles tendencias hacia percepciones fisicas y siquicas fuera de lo común. Irrefutable, la antigua leyenda familiar que en cada generación, nacia una bruja más poderosa que la anterior, con los dones propios y los regalados por la sangre de la Diosa. Luis siempre había considerado esas palabras como una de las tantas historias fantasticas que deambulaban en la conciencia familiar, alimentadas de año en año por una especie de arrogancia infantil. Ahora, las pruebas cientificas parecían encontrar la certeza, la raiz, el punto exacto donde la brujeria y la ciencia se unian fue para él un prodigio inesperado.

Allí estaba, en casi 100 años de historia y leyendas y el resultado triste de un bebé muerto, la verdad tantas veces cantadas de sabath en sabath, de siglo en siglo.

Brujeria viva, fuerte, real.

Con la ayuda de Neudo Urdaneta ( biologo) Vladimir Uzcateguí ( master en genética), se recreó punto por punto el árbol genealogico familiar, hasta encontrar los cinco miembros donde las ramas de intricados matrimonios se unian con mayor fuerza. El resultado fue mi tia abuela, mi bisabuela, mi abuela, mi mamá, y yo. De inmediato, se nos recomendó realizarnos examenes genéticos en la sede de Ivic, donde se demostraria ( o se refutaria) la tesis. Fue un momento emocionante, extraño, cuando mi hermosa abuela, llevando el pentáculo de oro, extendió el brazo hacía la laboratorista para realizarse la primera prueba de sangre. La historia brillo en ella, y sentí, sin lugar a dudas, que la brujería era fuerte, porque era capaz de trascender la historia y crearse así misma.

A la final, el resultado fue sorprendente. Todas poseíamos un grupo considerable de genes chatarras, sin explicación, que no producían variantes fisicas a no ser en algunos cambios neurologicos indetectables. Estos genes eran recesivos y se heredaban ( o se reforzaban) de generación en generación. Para mayor sorpresa aun de los investigadores, todas las mujeres que portabamos el gen, poseíamos caracteristicas sensibles a ciertos espectros de energía o sonido, lo cual podría traducirse adecuadamente, como la razón de ser de nuestro dones siquicos.

¿Cual había sido el problema del bebé? que no había sido recesivo, sino que el grupo de genes pares que en las mujeres producían la especial sensibilidad a ciertos factores externos, se habían activado en su organismo, como un cuadro de enfermedades incompresibles. En otras palabras, el organismo del bebé había mal interpretado la información contenida en los genes, dando lugar a graves padecimientos fisicos.

Para todos, fue un descubrimiento. Para mi tio Luis, la confirmación que la ciencia en la que creía y la religión en la que creció poseían un punto de unión, con el rostro de su madre, hermanas y sobrinas. Un portento de siglos y viejas leyendas, tomando la apariencia moderna de una explicación mundana. No obstante, para él ( y para nosotros ) descubrir que somos parte de un ciclo enorme y natural, parte de la vida, fue el comienzo de una nueva era, donde la ciencia es parte de nosotros y la brujería, una forma de explicarlas.

Ciencia y religión, unidas por el futuro.

Nuestro futuro.

Asi sea.

Sobre Alicia Carrol:

Alicia ( y su historia, por supuesto) es uno de mis Universos cuánticos más preciados. Nació de noches de insomnio y un cierto terror atávico que me suele producir la oscuridad. Durante años, el diario de Alicia, una cuidadosa trama de terror, devaneos y divagaciones inconcretas y la mayoría de las veces, con un tono oscuro, ha sido como un camino tenebroso hacia esos momentos lóbregos de la imaginación que todos padecemos. Una ciénaga luminosa y palpitante, donde los temores y esa oscura necesidad de satisfacción sombría, se abren a una compresión más absoluta de nuestro individual concepto del miedo y la desesperación.

Alli, en el rincón en sombras de mi imaginación, se esconde Alicia, un espectro, un reflejo de mi misma, una voz en el viento, tan real como miedo y tan palpitante como el miedo más infantil y raquideo.

Aqui incluyo el primer capitulos de una historia que en si misma es un espiral sin verdera resolución.

Capitulo I. Castillo de Naipes:

Deambulo sola, abriéndome paso lentamente en la noche brusca y áspera. Mis ojos penetran en el silencio enredado en la bruma insomne, rendido por entero al oído de atenta escucha. Sonrío, quiero que el viento me cuente otra de sus historias, de esos secretos que van a morir a sus manos cerradas y que luego aprieta con firmeza en sus dedos indiferentes. Sí, la desazón humana es inquebrantable, prieta y absolutamente obscena. Innumerables hilos de experiencias rotas se entrecruzan, quedan atrapados en la razón humana, sin sentido y sin explicación. Caos, solo eso, la nada enervándose en si misma, sin definición ni coherencia. Un pájaro errabundo y solitario atraviesa el llano inhóspito de la oscuridad. Lo sigo con la mirada, dejándome llevar por la sensación de infinita y pura soledad que crea en mi mente la imagen.

Una nueva historia se levanta entre los escombros del significado incompleto.

Para tus oídos, la primera.

Para la oscuridad, una de muchas.

Pero esta quiero que la conozcas tú.

El hombre está sentado frente a su escritorio, inmóvil, desposeído de toda voluntad. Ojos secos de esperanza, el cuerpo encorvado de quienes les ha vencido el cansancio de muchos pensamientos inocuos. La habitación se encuentra casi vacía: la ocupan solamente la mesa y la silla de madera pulida, la fotografía solitaria colgada en la pared y la extraña escultura junto a la ventana: un ángel de ojos de vidrios que parece mirar la oscuridad con lenta crueldad. Pero el hombre parece haber olvidado la existencia de los objetos. Con el rostro carente de cualquier expresión, se observa a si mismo en el silencio de esta noche apenas cálida, apenas cotidiana. La cabeza gacha, la respiración lenta de quien intenta y logra con grandes esfuerzos contener el miedo y la respiración. Entre los dedos regordetes, una decisión, una posibilidad, una proclama extraña y carente de sentido. Un arma de sólido metal. La crueldad de la indiferencia brilla en el metal brillante, un fulgor negro y advenedizo, una palabra que finalmente no es más que una engañosa compasión. La figura del hombre, solitaria, en la habitación vacía tiene un aciago valor.

Parpadea con lenta precisión. Fragmentos de imágenes atraviesan su mente. Sí, imposible comprender la profundidad insoslayable del dolor secreto, de la lenta caída en un abismo negro y secular, huérfano del calor de un simbolismo hierático. Suspira, el rostro viejo se mueve, la emoción corre bajo la piel, viva y palpitante, creando el viejo milagro olvidado por los dioses más antiguos del hombre. Escenarios fortuitos se abren entre si, las palabras son innecesarias, no hay palabras que puedan bordear el silencio del alma, no hay ningún simbolismo fáctico que pueda expresar la lenta expiación de íntimos demonios. Un rostro, un lugar, un anhelo. ¿Recuerda acaso el sabor del beso anónimo de aquella mujer que olvidó hace tanto tiempo y que solo ahora vuelve a su memoria? ¿O es acaso válido el significado de las figuras que se agrupan, azules y plateadas, en un momento aciago? La muerte está cerca, se anuncia con voces torvas. Un pájaro atraviesa la noche oscura de la fe. Una mujer joven camina por la calle, y luego se detiene bajo la ventana abierta.

El hombre aprieta los labios. Un ligero temblor le sacude. La nada ha tomado forma a su alrededor y no es la ausencia de la sintáctica materialidad, sino la belleza misma de la idea que muere. Los ojos del ángel brillan en la noche, su perfil delicado se alza al cielo infinito e imposible que moldeó su expresión siniestramente beatífica. Ah, cuanta belleza en la semejanza con el caos del placer humano. El hombre sonríe, pero no es cómplice del eventual simbolismo. Se sabe ajeno, se sabe remoto, se sabe perdido.

Por primera vez, es un verdadero y desapasionado observador.

Ya no teme ni medita sobre las pasiones y los dolores. Solo ve en sus recuerdos a un joven que robó para vivir, un joven que empuñó el arma para llevar su vanidad al límite exquisito. Suspira, el arma rueda lentamente en la palma de la mano sudorosa. El hombre joven, sin pasado por la frialdad de la miseria, viviendo las migajas del presente. ¿El futuro? Solo una palabra que flota en la oscuridad de sus ojos cerrados, espuria y falaz.

Los años, mis enemigos. Sin identidad, vagando, antes y después, en el reducto más básico de la intromisión cerval del pensamiento más idóneo. Uniforme y extático, es este sentimiento, frustrado y real, que me desliza en medio de una búsqueda sin final, que se retuerce en espiral hasta caer en el infierno de mil formas danzantes donde la paz es imposible de concebir.

Ahora soy un viejo, un hombre sin forma ni perfil. Los pasos lentos de un caminar descalzo y desordenado me han traído a esta noche, a esta habitación, al reflejo falsamente vital de los ojos del ángel. La soledad es real cuando crea su propia vestimenta, cuando toma el rostro de una verdad ulterior y desafía la renuencia a la aceptación más viseral. Sonrío, una mirada a la calle negra y sucia de una ciudad cualquiera. Un pájaro vuela por la noche sin estrellas. Una mujer joven me mira desde la calle, el rostro oculto por las sombras.

El significado, la razón. ¿La cualidad íntima de una vertiente real?

No.

Solo el caos natural y viseral de la existencia humana.

El hombre se inclina aun más sobre la mesa, huyendo del reflejo de la luz de la ventana. No quiere el consuelo de una imagen que no es más que la última palabra de un mundo mezquino y ambicioso que no se resigna a fracasar en su determinación. Sí, la vida, maldita y bendita, irreal y lapidaria, bella y cruel. La paradoja es inevitable y enorme, incompresible pero coherente en su expresión más comedida. Pero los pensamientos del hombre no son tan sofisticados. Solo sus manos ofrecen una posibilidad, su ojo la representación de la verdad. Su dedo en el gatillo, palpita inquieto. El cañón apunta a la oscuridad. Una lenta y vacua necesidad.

Los pensamientos del hombre son cada vez más erráticos, menos humanos. Tal vez ha comenzado a morir un poco. Divaga con fría causticidad entre la armoniosa estética de los recuerdos idealizados. La mujer vulgar es ahora una Venus de brazos sensibles y ojos vulgares. La niñez se viste se tragedia. La cotidianidad simple y errabunda de perfecta coherencia. Pero incluso, en estos últimos instantes de consuelo tardío, el hombre no puede engañarse totalmente. La Venus no es más que una Medea insignificante perdida en trazos de palpitante placer. La tragedia de la niñez no es más que una palabra torva. Innombrable la pérfida lentitud del desastre, de este camino lento pero preciso que ha llevado de la mano al hombre hasta el cuarto vacío y la soledad abrupta. Irrevocable el silencio definitivo y fatal.

El hombre aprieta los labios y sus manos parecen llenarse de una imposible fuerza, rota la quietud prístina del último instante de confusión. La decisión está tomada. ¿Pero hay alguna decisión acaso? La realidad se desmorona para el hombre como un castillo de naipes. Las cartas marcadas llenas de escenas cotidianas vibran delicadamente, golpeadas por una ráfaga de voces y pensamientos. Las bases infinitesimales se abren a si mismas, incapaces de sostener el peso del dolor y la desesperación. Una lluvia lenta y espejada de momentos y rencores. La frialdad triste del temor se desvanece y las cartas vuelan entre la oscuridad plomiza y espléndida, desplomándose ligeras y perfectas hacia la nada.

El rostro cubierto del sudor del hombre. El cuello tenso por el esfuerzo de contener un espasmo de puro pánico. Los ojos apretados. El pecho hinchado, conteniendo una última bocanada de aire. Solo las manos se encuentran firmes, los dedos apretando el metal, los dientes apretados sobre el cañón. La lengua dócil la sostiene. El sabor acre del metal se confunde con el del miedo. Pero no hay vacilación posible. La oscuridad aguarda por con las manos extendidas. El ángel de ojos de vidrio reposa en su fatigada paciencia.

Un último pensamiento. La mujer joven, de pie en mitad de la noche, el rostro vuelto hacia la ventana. El cabello oscuro flotando alrededor de su rostro menudo. Una ligera sonrisa en sus labios. Anhelo, curiosidad. Inexplicable y cruel, oscura y etérea, irreal. Y el pájaro volando en la noche, la imagen fija de su cuerpo esbelto cruzando ante la luna enorme y señorial.

El ronco estampido crea ecos tristes que el mutismo nocturno se traga con rapidez. El sonido del cuerpo al caer sobre la mesa, perdida toda dignidad, todo temple, huérfano de luz y sombra. La sangre palpita viva sobre las paredes vacías, sobre la fotografía de la Medea vulgar. El ángel suspira en la noche, el aliento parece crear lentos cánticos entre sus labios cerrados por la frialdad.

Me dejo llevar por la fuerza de aquel momento extraño, gutural y aun así, natural. Allí, en la soledad de la calle triste e infecta, escucho caer los naipes entre los rugidos de caos, en el trueno majestuoso de una tormenta imposible y solitaria. Casi puedo ver al ángel falso volando hacia el cielo indiferente, llevando entre sus brazos la víctima triste y casual.

La noche me recibe entre sus brazos de nuevo. El viento me acaricia el rostro y las mejillas, viento amable, viento duro y ancestral. El pájaro se pierde en el horizonte, una línea fatua en mitad de un universo eclipsado por la voluptuosidad.

Ráfagas de murmullo me cuentan historias.

Esta es una de ellas.

En otra ocasión, te contaré una más.

Florece Plata en el Roble.

Me siento tan abierta como si mi corazón se colocase un rostro y entrara al mundo. Puedo descubrirme, en medio de un atroz silencio y a la vez, elevarme en mi conciencia, tan ebria y chillona como una obra pulcra. Estoy condenada a este frenési de locura, pero la condena es tan cierta como el laberinto de mi mente, rojo y salvaje. Danzo en los pasillos silenciosos, donde habitan viejos recuerdos, las caricias tardías, las palabras nunca dichas. Mis pasos son firmes, el rostro en alto, las manos extendidas para alcanzar el concepto nuclear, olvidado de mi vida. Bailo entre la melodía dura de mi pecho y esta ebriedad, la felicidad que se alza tan alta, como una hoja rota en medio de una tormenta. Altiva, arrogante, sí, la Hija de la Luna suspira el aire de plata, con oloral pasado. Canta, en voz muy baja, llamando a la Tierra bendita, a la Madre de todas las madres, la lección que se clava en el costado. Las centurias pierden formas en sus manos.

La Diosa en mí. En ellas, quienes me precedieron. La fuerza de este grito de mil voces, joyas de plata y bronce, la belleza de la luz contenida en una piedra. Puedo ser quién deseo ser, caminante de pasos incansables, llevando el cayado de la masculinidad en mis manos. Soy la mujer y el hombre, la medida exacta de mis ambiciones. Deseo ¡Deseo! y que imperioso es este anhelo sin mácula. El tejido de este vestido que cubre mi cuerpo, frases en el funeral de la tristeza. Porque hoy muere aquí, el pasado y la turbulencia. Invoco a la belleza de la lágrima y a la ternura de la flor, la violencia del rayo, y la inclemencia del relámpago. Soy, Bendita en el rostro de mi madre, soy imperfecta y obsidiana, cantar de mítica violencia. Vivo, ¡Vivo! y me recreo a mi misma, con esta pasión que es la flama absoluta y nunca absolutoria. La culpabilidad y el anhelo, juntos en un bosque de Santo recuerdo. Soy, y siempre he estado, en los cantos de mi madre, y en los que mis hijos habran de cantar.

Luna llena.

La inclemente dulzura nace de mi.

Asciende la luz por mis muslos, los dedos implacables se abren en mi rostro.

Soy, seré.

La Tierra clama por sus hijas.

Una visión sobre Hobbes:

Gran monstruo fagocitador de individualidades, el Estado ha sido creado contractualmente para proteger al hombre de los demás hombres.

Thomas Hobbes nació en Inglaterra, Malmesbury, Wiltshire, hijo de un clérigo de Wesport. En 1603 reliza sus estudios en el Magdalen Hall de la Universidad de Oxford, donde se empapa de filosofía escolástica y de lógica, graduándose en 1608. Ese mismo año se hace cargo del hijo de William Cavendish (conde de Devonshire) lo que le permitió codearse con la nobleza y las elites intelectuales.
Su primer viaje por el continente Europeo lo realiza en 1610, a raíz del cual Hobbes toma conciencia del poder que todavía ejercía el escolasticismo en la mayoría de los ámbitos de conocimiento.

En 1628 publica una traducción de Tucídides, obra que critica el sistema democrático y sus peligros, desde una perspectiva conservadora. A la muerte de William Cavendish acaecida en 1629, Hobbes trabaja como tutor del hijo de Gervase Clinton, con el que viaja por Europa descubriendo su pasión por la geometría y la aplicación de ésta a un método que demostrase los principios sociales y políticos defendidos por él.

En su tercer viaje por el continente, allá por 1637, Hobbes se relaciona con el círculo de Abbe Mersenne, estableciendo contacto con Descartes y Pierre Gassendi. En un viaje a Italia en 1636 conoce a Galileo, que le influirá en su construcción de una filosofía social fundamentada en las ciencias naturales y la geometría.

Cuando vuelve a Inglaterra en 1637, el rey y el parlamento mantenían una acalorada disputa, motivo por el cual Hobbes hizo circular secretamente un manuscrito titulado Elementos del derecho, donde defendía la necesidad de la soberanía absoluta, frente al parlamentarismo. En noviembre se exilia voluntariamente a Francia, temiendo las consecuencias que la difusíón de su escrito pudiera acarrearle. En 1642 publica De cive, una teoría sobre el gobierno y comienza a escribir De corpore, primer trabajo que incluirá posteriormente en una trilogía sobre el cuerpo, el hombre y el ciudadano.

En 1647 trabaja como tutor del futuro Carlos II, que también se hallaba exiliado en Francia y en 1648, después de soportar una enfermedad que casi le lleva al borde de la muerte, publica la segunda edición de De cive. Tres años después de la muerte de Mersenne (1648), Hobbes publica su obra más importante, Leviatán, una teoría sobre la soberanía en la que se muestra como un defensor implacable del absolutismo. Pero, debido al temor a las represalias de las autoridades francesas que veían en esa obra un ataque a la instituciones eclesiásticas, Hobbes marcha de nuevo a Inglaterra, donde se ve inmerso en una controversia en torno al tema de la libertad con el obispo de Derry, John Bramall.

En 1657 publica la segunda parte de su trilogía bajo el título De homine y cinco años después publica De corpore, enzarzándose en intrincadas disputas con los miembros de la Royal Society John Wallis y Seth Ward, sobre temas de geometría, religión y el estado de las universidades.

En 1666 la Cámara de los Comunes incluyó su obra Leviatán en el índice de libros investigados a causa de sus supuestas tendencias ateas y, a pesar de que el rey intercedió a su favor, se prohibió a Hobbes publicar ninguna otra obra, por lo que sus tres libros siguientes, que trataban temas de historia y que fueron agrupados bajo el título Bhemoth, no verían la luz hasta después de su muerte, acaecida el 4 de diciembre de 1679 en Hardwick Hall. Antes, Hobbes escribió una autobiografía en prosa y en verso latino y con 86 años publicó una traducción al inglés de la Iliada y la Odisea.

La filosofía de Thomas Hobbes

Materialismo y determinismo.

Aunque la fama de Hobbes se debe esencialemte a sus teorías políticas y sociales, su filosofía constituye la más completa doctrina materialista del siglo XVII.

El universo es concebido como una gran máquina corpórea, donde todo sigue las estrictas leyes del mecanicismo, según las cuales, cualquier fenómeno ha de explicarse a partir de elementos meramente cuantitativos: la materia (extensión), el movimiento y los choques de materia en el espacio.

“El universo es corpóreo. Todo lo que es real es material y lo que no es material no es real” (Leviatán).

Este fragmento del Leviatán resume la filosofía materialista de Hobbes, estrechamente vinculada a una postura determinista del mundo que postula que todos los fenómenos del universo se hallan determinados inexorablemente por la cadena causal de los acontecimientos. Nada surge del azar; todo acontecer es el resultado necesario de la serie de las causas, y, por lo tanto, podría ser anticipado, previsto.

El determinismo de Hobbes se fundamenta en un método racionalista de carácter matemático y geométrico (el método analítico-sintético de Descartes), que parte de la hipótesis de que las partes de un todo (materiales, engendradas y entendidas como causas) han de descomponerse y explicar el conjunto o las partes en su totalidad. La teología queda excluida del ámbito de la filosofía (por no estar compuestas sus partes de elementos corporeos engendrados), abarcando exclusivamente la geometría, una filosofía de la sociedad y la física, aunque esta última únicamente pueda proporcionar conocimientos basados en la mera probabilidad, no necesarios, como posteriormente defenderá el más consecuente y radical de los empiristas ingleses: David Hume.

La antropología de Hobbes se fundamentará también en el materialismo. Criticando el dualismo cartesiano, denunciará el paso ilícito del “cogito” a la “res cogitans”. Del “pienso” puede deducirse únicamente que “soy”, de lo contrario, de la proposición “yo paseo” se seguiría análogamente la existencia de una “substancia ambulante”, lo cual es ciertamente un absurdo. El hombre es un cuerpo y, como tal, se comporta a la manera como lo hacen el resto de los cuerpos-máquinas. El pensamiento o la conciencia no es una substancia separada del cuerpo: la “entidad” corporal que somos, y su conocimiento de las cosas proviene y se reduce a la sensación. En polémica con la teoría aristotélica de la sensación, Hobbes postula que ésta ha de explicarse también a partir de postulados mecanicistas, como producto de los movimientos de los cuerpos (materia). El apetito y la aversión (repugnancia) provocan determinados movimientos y acciones en los cuerpos denominados emociones. Los sueños y la imaginación son explicados, así mismo, como reacciones a una gran variedad estímulos (corporales), tanto externos como internos.

La libertad humana y el libre arbitrio (albedrío) de la voluntad quedan subordinados y limitados por el feroz determinismo de Hobbes. Ambos están condicionados por los movimientos de los cuerpos externos.

El Levitán: la política de Thomas Hobbes

La filosofía pólítica y la teoría social de Hobbes representan una evidente reacción contra las ideas descentralizadoras (parlamentarismo) y la libertad ideológica y de conciencia que proponía la Reforma, en la que él avistaba el peligro de conducir inevitablemente a la anarquía, el caos y la revolución, de forma para él fue necesario justificar y fundamentar la necesidad del absolutismo como política ideal con la que soslayar dichos “males”. Es inevitable instaurar una autoridad absoluta cuya ley sea la jerarquía máxima y tenga que ser obedecida por todos sin excepción.

El Estado es un “artificio” que surge para remediar un hipotético estado de naturaleza en el que los hombres, guiados por el instinto de supervivencia, el egoísmo y por la ley del más fuerte (la ley de la selva), se hallarían inmersos en una guerra de todos contra todos que haría imposible el establecimiento de sociedades (y una cultura) organizadas en las que reinara la paz y la armonía. Sin un Estado o autoridad fuerte sobrevendría el caos y la destrucción (la anarquía), convirtiéndose el hombre en un lobo para los otros hombres, según la célebre frase de Hobbes: “homo hominis, lupus”.

La propia naturaleza nos otorga una razón que nos provee de ciertas “leyes naturales” que son como “dictados de la recta razón sobre cosas que tienen que ser hechas o evitadas para preservar nuestra vida y miembros en el mismo estado que gozamos”. Por ello, el hombre encuentra dentro de sí la necesidad de establecer unas leyes que le permitan vivir en paz y en orden; necesidad que se realiza mediante un pacto o contrato social mediante el cual, los poderes individuales se transfieren a “un solo hombre” o a “una asamblea de hombres”: el Estado o Leviatán que, como el monstruo bíblico, se convierte en el soberano absoluto y cuyo poder aúna todos los poderes individuales.

El Estado se presenta así como algo artificial, opuesto a la naturaleza humana, pero susceptible de garantizar la supervivencia de todos a costa de la pérdida de su autonomía y libertad. Aunque Hobbes estuvo a favor de la libertad religiosa e ideológica y favoreció el proceso de secularización de Europa, no obstante defendió el poder absoluto y casi autófago del Estado, a cuyos intereses ha de subordinarse toda minoría. Hobbes representa el orden propio del conservadurismo, en el cual, el todo social armonioso ha de estar por encima y subordinar cualquier acción u apetencia individual.

Como forma óptima de gobierno defendió la monarquía, desaconsejando cualquier reparto entre los poderes legislativo, ejecutivo y judicial.

Sobre demonologia y otros conocimientos: de la mano de Carl Sagan, una voz infinita.

La obsesión con los demonios empezó a alcanzar su cenit cuando, en su famosa Bula de 1484, el papa Inocencio VIII declaró:

“Ha llegado a nuestros oídos que miembros de ambos sexos no evitan la relación con ángeles malos, íncubos y súcubo, y que, mediante sus brujerías, conjuros y hechizos sofocan, extinguen y echan a perder los alumbramientos de las mujeres”.

Además de generar otras muchas calamidades. Con esta bula, Inocencio inició la acusación, tortura y ejecución sistemática de incontables “brujas” de toda Europa. Eran culpables de lo que Agustín había descrito como “una asociación criminal del mundo oculto”. A pesar del imparcial “miembros de ambos sexos” del lenguaje de la bula, las perseguidas eran principalmente mujeres jóvenes y adultas. Ser bruja era la peor acusación que podía caer en una mujer, puesto que significaba que practicaba el infanticidio caníbal, que bailaba desnuda, que practicaba el sexo promiscuo. Significaba ser parte de las pesadillas de la sociedad.

Muchos protestantes importantes de los siglos siguientes, a pesar de sus diferencias con la Iglesia católica, adoptaron puntos de vista casi idénticos. Incluso humanistas como Desiderio Erasmo y Tomás Moro creían en brujas. “Abandonar la brujería – decía John Wesley, el fundador del metodismo- es como abandonar la Biblia.” William Blackstone, el célebre jurista, en sus Comentarios sobre las leyes de Inglaterra (1765), afirmó:

“Negar la posibilidad, es más, la existencia real de la brujería y la hechicería equivale a contradecir llanamente el mundo revelado por Dios en varios pasajes tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento”.

El papa nombró a Kramer y Sprenger para que escribieran un estudio completo utilizando toda la artillería académica de finales del siglo XV. Con citas exhaustivas de las Escrituras y de eruditos antiguos y modernos, produjeron el Maellus Maleficarum, “martillo de brujas”, descrito con razón como uno de los documentos más aterradores de la historia humana. La demonología que el Malleus maleficarum contenía presuntamente servía para identificar los poderes de brujas y brujos, sus vínculos con el diablo y las relaciones sexuales de las brujas con los incubos y de los brujos con los sucubos. La obra maldita de los frailes dominicos adquirió prestigio como un vehículo para desvelar las representaciones terrestres del príncipe de las tinieblas. Pese a que la idea de este manual fue bendecida por la iglesia católica, lo cierto es que también fue fervorosamente abrazado por la contraparte protestante y posteriormente cultivada con especial ahínco durante la Contrarreforma.

Lo que el Maellus venía a decir, prácticamente, era que, si a una mujer la acusan de brujería, es que es bruja. La tortura es un medio infalible para demostrar la validez de la acusación. El acusado no tiene derechos. No tiene oportunidad de enfrentarse a los acusadores. Se presta poca atención a la posibilidad de que las acusaciones puedan hacerse con propósitos impíos: celos, por ejemplo, o venganza, o la avaricia de los inquisidores que rutinariamente confiscaban las propiedades de los acusados para su propio uso y disfrute. Su manual técnico para torturadores también incluye métodos de castigo diseñados para liberar los demonios del cuerpo de la víctima antes de que el proceso la mate. Con el maellus en mano, con la garantía del aliento del papa, empezaron a surgir inquisidores por toda Europa.

Rápidamente se convirtió en un provechoso fraude. Todos los costes de la investigación, juicio y ejecución recaían sobre los acusados o sus familias; hasta las dietas de los detectives privados contratados para espiar a la bruja potencial, el vino para los centinelas, los banquetes para los jueces, los gastos de viaje de un mensajero enviado a buscar a un torturador más experimentado a otra ciudad, y los haces de leña, el alquitrán y la cuerda del verdugo. Además, cada miembro del tribunal tenía una gratificación por bruja quemada. El resto de las propiedades de la bruja condenada, si las había, se dividían entre la Iglesia y el Estado. A medida que se institucionalizaban estos asesinatos y robos masivos y se sancionaban legal y moralmente, iba surgiendo una inmensa burocracia para servirla y la atención se fue ampliando desde las brujas y viejas pobres hasta la clase media y acaudalada de ambos sexos.
Cuantas más confesiones de brujería se conseguían bajo tortura, más difícil era sostener que todo el asunto era pura fantasía. Como a cada “bruja” se la obligaba a implicitar a algunas más, los números crecían exponencialmente. Constituían “pruebas temibles de que el diablo sigue vivo”, como se dijo más tarde en América en los juicios de brujas de Salem. En una era de credulidad, se aceptaba tranquilamente el testimonio más fantástico: que decenas de miles de brujas se habían reunido para celebrar un aquelarre en las plazas públicas de Francia, y que el cielo se había oscurecido cuando doce mil de ellas se echaron a volar hacia Terranova. En la Biblia se aconsejaba:”no dejarás que viva una bruja”

En Gran Bretaña se contrató a buscadores de brujas, también llamados “punzadores”, que recibían una buena gratificación por cada chica o mujer que entregaban para su ejecución. No tenían ningún aliciente para ser cautos en sus acusaciones. Solían buscar “marcas del diablo” -cicatrices, manchas de nacimiento o nevi- que, al pincharlas con una aguja, no producían dolor ni sangraban. Una simple inclinación de la mano solía producir la impresión de que la aguja penetraba profundamente en la carne de la bruja. Cuando no había marcas visibles, bastaba con las “marcas invisibles”. En las galeras, un punzador de mediados del siglo XVII “confesó que había causado la muerte de más de doscientas veinte mujeres en Inglaterra y Escocia por el beneficio de veinte chelines la pieza”.

En los juicios de brujas no se admitían pruebas atenuantes o testigos de la defensa. En todo caso, era casi imposible para las brujas acusadas presentar buenas coartadas; las normas de las pruebas tenían un carácter especial. Por ejemplo, en más de un caso el marido atestiguó que su esposa estaba durmiendo en sus brazos en el preciso instante en que la acusaban de estar retozando con el diablo en un aquelarre de brujas; pero el arzobispo, pacientemente, explicó que un demonio había ocupado el lugar de la esposa. Los maridos no debían pensar que sus poderes de percepción podían exceder los poderes de engaño de Satanás. Las mujeres jóvenes y bellas eran enviadas forzosamente a la hoguera.
Los elementos eróticos y misóginos eran fuertes, como puede esperarse de una sociedad reprimida sexualmente, dominada por varones, con inquisidores procedentes de la clase de los curas, nominalmente célibes. En los juicios se prestaba atención minuciosa a la calidad y cantidad de los orgasmos en las supuestas copulaciones de las acusadas con demonios o el diablo y a la naturaleza del “miembro” del diablo (frío, según todos los informes). Las “marcas del diablo” se encontraban “generalmente en los pechos o partes íntimas”, según el libro de 1700 de Ludovico Sinistrani. Como resultado, los inquisidores, exclusivamente varones, afeitaban el vello púbico de las acusadas y les inspeccionaban cuidadosamente los genitales. En la inmolación de la joven Juana de Arco a los veinte años, tras habérsele incendiado el vestido, el verdugo de Ruán apagó las llamas para que los espectadores pudieran ver “todos los secretos que puede o debe haber en una mujer”.
En Wurzburgo, Alemania, en un solo año hubo veintiocho inmolaciones públicas, con cuatro a seis víctimas de promedio en cada una de ellas, en esta pequeña ciudad. Era un microcosmos de lo que ocurría en toda Europa. Nadie sabe cuantos fueron ejecutados en total: quizá cientos de miles, quizá millones. Los responsables de la persecución, tortura, juicio, quema y justificación actuaban desinteresadamente. Sólo había que preguntárselo.
No se podían equivocar. Las confesiones de brujería no podían basarse en alucinaciones, por ejemplo, o en intentos desesperados de satisfacer a los inquisidores y detener la tortura. En este caso, explicaba el juez de brujas Pierre de Lancre (en su libro de 1612, Descripción de la inconstancia de los ángeles malos), la Iglesia Católica estaría cometiendo un gran crimen por quemar brujas. En consecuencia, los que plantean estas posibilidades atacan a la Iglesia y cometen ipso facto un pecado mortal. Se castigaba a los críticos de las quemas de brujas y, en algunos casos, también ellos morían en la hoguera. Los inquisidores y torturadores realizaban el trabajo de Dios. Estaban salvando almas, aniquilando a los demonios.
Desde luego, la brujería no era la única ofensa merecedora de tortura y quema en la hoguera. La herejía era un delito más grave todavía, y tanto católicos como protestantes la castigaban sin piedad. En el siglo XVI, el erudito William Tyndale cometió la temeridad de pensar en traducir en Nuevo Testamento al inglés. Pero, si la gente podía leer la Biblia en su propio idioma en lugar de hacerlo en latín, se podría formar sus propios puntos de vista religiosos independientes. Podrían pensar en establecer una línea privada con Dios sin intermediarios. Era un desafío para la seguridad del trabajo de los curas católicos romanos. Cuando Tyndale intentó publicar su traducción, le acosaron y persiguieron por toda Europa. Finalmente le detuvieron, le pasaron a garrote y después, por añadidura, le quemaron en la hoguera. A continuación, un grupo de pelotones armados fue casa por casa en busca de ejemplares de su Nuevo Testamento (que un siglo después sirvió de base de la exquisita traducción inglesa del rey Jacobo). Eran cristianos que defendían piadosamente en cristianismo impidiendo que otros cristianos conocieran las palabras de Cristo. Con esta disposición mental, este clima de convencimiento absoluto de que la recompensa del conocimiento era la tortura y la muerte, era difícil ayudar a los acusados de brujería.

La quema de brujas es una característica de la civilización occidental que, con alguna excepción política ocasional, declinó a partir del siglo XVI. En la última ejecución judicial de brujas en Inglaterra se colgó a una mujer y a su hija de nueve años. Su crimen fue provocar una tormenta por haberse quitado las medias.

En nuestra época es normal encontrar brujas y diablos en los cuentos infantiles, la Iglesia católica y otras Iglesias siguen practicando exorcismos de demonios y los defensores de algún culto todavía denuncian como brujería las prácticas rituales de otro. Todavía usamos la palabra “pandemónium” (literalmente, todos los demonios). Todavía se califica de demoníaca a una persona enloquecida o violenta. (Hasta el siglo XVIII no dejó de considerarse la enfermedad mental en general como adscrita a causas sobrenaturales; incluso el insomnio era considerado un castigo inflingido por demonios). Más de la mitad de los norteamericanos declaran en las encuestas que “creen” en la existencia del diablo, y el diez por ciento dicen haberse comunicado con él, como Martin Lutero afirmaba que hacía con regularidad. En un “manual de guerra espiritual”, titulado Prepárate para la guerra, Rebecca Brown nos informa de que el aborto y el sexo fuera del matrimonio, “casi siempre resultan en infestación demoníaca”; y que la “música rock no ‘surgió porque sí’, sino que era un plan cuidadosamente elaborado por el propio Satanás.

Se hicieron multitud de ediciones del “Martillo de las Brujas”, cosa muy a tener en cuenta, partiendo de la idea de que entonces se hacían pocas ediciones de libros y que pocos eran los que sabían leer y escribir, a parte de monjes, clérigos y determinados nobles.

En las antiguas Grecia y Roma sólo las prácticas mágicas tendientes a causar daños eran condenadas y castigadas; la hechicería benefactora estaba permitida e incluso oficializada. Había la creencia de que ciertas personas podían dañar a otras en lo económico, lo político, lo atlético y en los empeños amorosos y que incluso podían causar la muerte. Dichas actividades eran patrimonio exclusivo de los dioses, quienes, contrariamente al Dios judeocristiano, no eran solamente buenos sino que estaban sujetos a los mismos impulsos de los seres humanos (y también a la hechicería humana). Ciertas diosas —por ejemplo, Diana, Selene o Hecate— estaban asociadas con la práctica de la magia malevolente, misma que ocurría por la noche de acuerdo con un ritual determinado, con su propia parafernalia y hechizos. Una historia contada por Apolius en el Asno de oro (siglo II, d.C.), que probablemente refleja una creencia popular, se centra en una presunta tendencia de las brujas de Tesalia (una región conocida por sus brujas) a roer los rostros de los hombres muertos; dichas brujas tenían el poder de asumir diversas formas animales para llevar a cabo sus tétricos propósitos.

Entre los pueblos germanos que se extendieron por Europa durante la decadencia y caída del imperio romano, el temor a las brujas también se filtró. Aquí nuevamente los dioses son patrocinadores y practicantes de hechicería, aunque del mismo modo los reyes practican y sufren la brujería malevolente.

Las leyes, tanto civiles como eclesiásticas, contra la práctica y creencias de la brujería se activaron en España y en Galicia a principios de la era cristiana. Carlomagno y otros gobernantes francos condenaron dichas prácticas y creencias como malignas y supersticiosas, por lo que aprobaron leyes más severas, incluyendo la pena de muerte, para castigarlas. Los concilios y líderes eclesiásticos en ocasiones vituperaban la creencia en la brujería, considerándola como mera superstición y alucinación, como una reliquia del paganismo. Sin embargo otras veces declaraban que era una práctica maligna que debía ser suprimida.

2.- Algunas cifras.

Las cifras, por inesperadas, resultan asombrosas. Basándose en los resultados más recientes de investigación, se calcula que hubo cerca de 100.000 causas de brujería en Europa, de las cuales, la mitad, o sea, unas 50.000 personas acabaron en la hoguera. Pero, como podemos ver, la intensidad de las persecuciones varió mucho de país a país.

La densidad de persecución de brujas en Europa (Behringer1998:65 f )2
1.País
2.Ejecuciones (por cada mil)
3.Habitantes c. 1600
1.Portugal
2.7 (0,0007)
3.1000.000
1.España
2.300 (0,037)
3.8.100.000
1.Italia
2.1000? (0,076)
3.13.100.000
1.Países Bajos
2.200 (0,133)
3.1.500.000
1.Francia
2.4000? (0,200)
3.20.000.000
1.Inglaterra/Escocia
2.1500 (0,231)
3.6.500.000
1.Finlandia
2.115 (0,238)
3. 350.000
1.Hungría
2.800 (0,267)
3.3.000.000
1.Bélgica/Luxemburgo
2.500 (0,384)
3.1.300.000
1.Suecia
2.350 (0,437)
3.800.000
1.Islandia
2.22 (0,440)
3.50.000
1.Chequia/Slovaquia
2.1000? (0,500)
3.2.000.000
1.Austria
2.1000? (0,500)
3.2.000.000
1.Dinamarca/Noruega
2.1350 (1,391)
3.970.000
1.Alemania
2.25000 (1,563)
3.16.000.000
1.Polonia/Litauia
2.10000? (2,941)
3.3.400.000
1.Suiza
2.4000 (4,000)
3.1.000.000
1.Lichtenstein
2.300 (100,000)
3.3.000

La mitad de las quemas de brujas se produjeron como vemos en los estados alemanes, donde fueron ejecutadas 25.000 personas. Más poniendo el número de ejecuciones en relación con el de habitantes, vemos que Lichtenstein es el lugar donde más cruda fue la persecución: 300 quemas con relación a 3000 habitantes, corresponde a un 10 % de la población.

Según unas fuentes la muerte, en ejecución publica, de la primera bruja se produjo durante el año 1274, en Toulon (Francia). Es el primer caso documentado que la inexorable y cruenta Inquisición. Se llamaba Angele, una pobre mujer, viuda y sin fortuna, de mas de cincuenta años, que fué acusada de tener relaciones de todo tipo con el mismísimo Satanás.

Las relaciones mas escabrosas, diabólicas y satánicas están detalladas en los libros, y fueron de carácter sexual, tuvieron como consecuencia el nacimiento de un niño monstruoso, descrito en los documentos de entonces, relativos al proceso, como un ser vivo híbrido, dotado de una poderosa cabeza de lobo, y largo y escamoso rabo de serpiente. Solo su tronco y extremidades, fueron aparentemente de tipo normal, sus exigencias vitales, llegaban al extremo de necesitar alimentarse con la carne y la sangre de otros niños. La Bruja madre robó y asesinó bebés para dar de comer a su querido engendro, hasta que fue descubierta y procesada.

Estocolmo, 1669, una junta de investigación de Estocolmo (Suecia) sometió a interrogatorio a unos 300 niños pertenecientes a las parroquias de Elfdal y Mora. Situadas en la región de Dalarne, que se encuentra lejana a Estocolmo. Los funcionarios del gobierno condenaron a ser quemadas a unas setenta mujeres acusadas de brujería por niños, como también a 15 de los pequeños delatores a los que se les acusaba de haber acudido en compañía de las supuestas brujas a uno de sus infernales aquelarres. Otros 36 niños de nueve y doce años que fueron acusados del mismo delito, recibieron el horrible castigo de ser azotados durante un año todos los domingos frente a la Iglesia, mientras que los otros infantes más jóvenes aun, fueron solamente azotados en el mismo lugar tres domingos seguidos.

Todas estas ejecuciones tuvieron un reflejo brutal en otros pueblos cercanos y volvieron a producirse más hogueras y más muertes después de juicios descaradamente sumarios y poco serios. El horror de la fiebre de los inquisidores en el norte de Europa se había desatado con saña infernal.

En cuestión se trataba de una serie de supersticiones muy difundidas entre la inmensa mayoría de los pueblos nórdicos, mediante la cual todo el mundo sea cual fuere su clase social, creía en ninfas, duendes, espíritus y hechiceras capaces de levantar tempestades, ganar batallas y conseguir una protección especial llamada “Diabólica” por los Inquisidores.

Hay que decir que sin embargo en los países nórdicos nunca fue tan cruel la persecución a las hechiceras y brujas como en la Europa Central. La documentación correspondiente a la primera parte de la Edad Moderna, es tan abundante, que nos permite con gran seguridad decir cuántas de las quemas de brujas registradas se debieron a la Inquisición.

En España, Portugal e Italia, el Santo Oficio tenía tanto que hacer persiguiendo a judíos, mahometanos y protestantes, que no le quedaba tiempo para perseguir también a las brujas. La revisión sistemática de los archivos inquisitoriales nos demuestra algo muy distinto. Se calculó que la Inquisición en los países católicos del Mediterráneo llevó a cabo entre 10.000 y 12.000 procesos de brujería, que, no obstante, fueron sentenciados con penas menores o absolución.

Las teorías demonológicas no fueron asunto exclusivo de la Teología. Filósofos, matemáticos y físicos debatían seriamente dichas especulaciones en el seno de las universidades europeas más prestigiosas y duró hasta principios del siglo XVIII.

Al principio, España siguió a la zaga de otros países. De 1498 a 1522, el Santo Oficio condenó a once brujas a la hoguera. En 1526, la élite de teólogos española se reunió en Granada para elaborar unas nuevas instrucciones con respecto a la brujería. Dichas instrucciones no tuvieron su igual en otras partes.

a.- Cualquier bruja que voluntariamente confiese y muestre señales de arrepentimiento, será reconciliada sin confiscación de bienes, y recibirá penas salutarias para sus almas.

b.- Nadie será arrestado en base de las confesiones de otras brujas.

c.- Los Jueces averiguarán si las personas por ellos detenidas, ya han sido anteriormente sometidas a tortura por otras justicias.

d.-“ Preguntando a los demás residentes de la casa os enteraréis de si dichas personas, en la noche que aseguran haber asistido a la junta de brujas, realmente se ausentaron de casa, o si, por el contrario, estuvieron en ella toda la noche sin salir ”.

e.- Las instrucciones contenían también un párrafo, según el cual, todos los casos referentes a tan complicada materia, deberían siempre ser remitidos al Inquisidor General y su Consejo.

Con las instrucciones de 1526, se consiguió librar a España de la quema de brujas durante la mayor parte del siglo XVII.

Influida por Francia, en 1610, la Inquisición española volvió a introducir en el norte de España la pena de la hoguera. En total 7000 personas fueron acusadas de brujería. Todo ello podría haber terminado en un auténtico holocausto. Más, por suerte, el inquisidor Salazar, encargado de las pesquisas, se había comprometido a conseguir pruebas sobre la existencia de la temida secta diabólica.

En su informe al Inquisidor General, Salazar concluye: “No hubo brujos ni embrujados hasta que se empezó a hablar y escribir de ellos.” Dicha investigación contribuyó a la definitiva abolición de las quemas de brujas en todo el Imperio Español.

De esta exposición histórica podemos sacar las siguientes conclusiones:

1. Mientras que la Inquisición solía mostrarse dura y tajante con judíos, mahometanos y protestantes, se mostró inusitadamente blanda en cuanto al castigo de la brujería y otras formas de delitos mágicos. Tan blanda, que considerado con los ojos de un europeo del norte o del centro de Europa, debió resultar un escándalo.

2. La Inquisición podía haber causado un holocausto de brujos en los países católicos del Mediterráneo – mas la historia nos demuestra algo muy diferente – la Inquisición fue aquí la salvación de miles de personas acusadas de un crimen imposible.

Porque la creencia en las brujas, no fue – como mucha gente cree, y como puede leerse por ejemplo en la Enciclopedia de la brujería y demonología de Robbins (1959, 1992) – invención de la Iglesia.

El concepto popular de la brujería como poder natural innato de la persona, se seguía rechazando. Sin embargo se admitía la existencia de brujas. Mas dichas brujas, para poder obrar, tenían necesariamente que haber pactado con el demonio. Del mismo modo se redefinió el don brujeril de transformarse en animales. Que el alma humana pudiera meterse en un animal – desde un punto de vista teológico -era imposible. Si la bruja se creía capaz de algo así, se lo debía al arte ilusorio del demonio. “Cuando la bruja se “come” a un ser humano, no es, así pues, la carne sino el “espíritu” de la carne, lo que devora. Pero esto se cree suficiente para que la víctima se consuma y muera.”

“A nadie le hagan creer, que un ser humano realmente pueda transformarse en animal”, dice el Compendium maleficarum de Guazzo de 1608. A continuación siguen refinadas explicaciones de cómo el demonio puede inducir a una bruja a creerse transformada en lobo. Por ejemplo puede el demonio del simple aire crear una forma de lobo e introducirse él dentro de la misma, para hacer luego todo tipo de descalabros. Mientras tanto, yace la bruja en su cama y experimenta su apariencia de lobo como un hecho absolutamente real. En caso de que alguien consiguiese herir al ilusorio lobo, el demonio parte del cuerpo, de modo que la bruja, al despertar, crea firmemente que todo ha ocurrido en realidad (Guazzo 1929:51).

Parece que nos hallamos ante un único e idéntico complejo de tradiciones, difundido por todo el viejo mundo. Puede comprobarse lo mucho que tienen en común las creencias brujeriles europeas, asiáticas y africanas. Las ideas, por ejemplo, de juntas secretas de brujas, que en sus “aquelarres” nocturnos celebran banquetes a base de la carne de sus propios parientes; y la de que la brujería sea un poder innato para dañar a otros, transformarse en animales y volar por los aires, las comparten los tres continentes.

Incluso algo tan específico como es el dejar en la cama un cuerpo fingido, en lugar del propio, mientras la bruja acude al aquelarre, lo encontramos tanto en Asia, como en África y Europa. Son especialmente asombrosas las similitudes entre las creencias en brujas de Europa y la India, las cuales, en ambos casos, se remontan a la temprana Antigüedad (Henningsen 1997).

Para una mente teológica, la brujería resultaba absolutamente inaceptable. Por eso la Iglesia desechó desde un principio estas creencias como supersticiones paganas. De ello tenemos ejemplo en Dinamarca:

En el año 1080 escribió el papa Gregorio VII al rey Harald de Dinamarca quejándose de que los daneses tuviesen la costumbre de hacer a ciertas mujeres responsables de las tempestades, epidemias y toda clase de males, y de matarlas luego del modo más bárbaro.

El papa conminaba al rey danés para que enseñase a su pueblo, que aquellas desgracias eran voluntad de Dios, la cual deberían complacer con penitencias y no castigando a presuntas autoras.

La sabiduría de esta postura se refleja también en una crónica eclesiástica, al referir el caso de tres mujeres, quemadas por envenenadoras y perdedoras de personas y cosechas en 1090, cerca de Munich, diciendo de ellas, que murieron mártires.

El manual de Eymeric de 1376 no entra en el terreno de las brujas, pero reproduce la condena que el Canon episcopi (incluido en el Decreto de Graciano 1140) hace de aquellas mujeres que se creen capaces de volar por las noches en el cortejo de la diosa Diana. Por añadidura, dicho manual de Eymeric incluye el decreto del papa Juan XXII, de 1326, contra diversas formas de culto al demonio. En la versión comentada que Francisco Peña publicó en 1578 del manual de Eymeric, se habla bastante sobre la conjuración al demonio y la relación que con éste tienen los magos; pero la mención del aquelarre sigue brillando por su ausencia. En todos esos manuales es notorio, que el sortilegio ocupa el último lugar en la jerarquía de las herejías (Bethencourt 1994:180 f.).

La sabia postura de la Iglesia cambia alrededor de 1400, al ser reinterpretada la noción popular de la brujería, de modo que ésta resultaba también posible desde el punto de vista teológico. Los detalles sobre lo que se consideraba una nueva secta de brujos los encontramos, por primera vez, en dos tratados escritos a mediados de la década de 1430. El uno: Ut magorum et maleficiorum errores, por Clode Tholosan, juez seglar en la provincia de Dauphine. El otro: Formicarius, por el domínico Juan Nider. Con ambos se inicia la interminable serie de tratados demonológicos de los siglos XV, XVI y XVII.

Un problema especial representaba para los teólogos el supuesto vuelo de las brujas. Según la noción popular, el alma humana abandona el cuerpo, dejando a este yacer como sin vida. En tanto una persona no esté muerta, el alma y el cuerpo son inseparables. Si el demonio fuese capaz de extraer el alma del cuerpo de la bruja y devolverla luego a éste, sería un milagro – y no un milagro cualquiera – sería comparable al milagro de la Resurrección. La creencia de que las brujas se juntaban en asambleas nocturnas, como anteriormente se ha dicho, databa de muy antiguo. Pero la idea de que ocurriese bajo los auspicios del demonio, era innovación de los demonólogos.

Contemplemos ahora la revisión cronológica que se ha hecho de la persecución de brujas en Europa. No hace aún mucho tiempo que los historiadores coincidían en culpar a la Inquisición del surgimiento de dicha persecución.

Durante todo el siglo XIV cientos de hombres y mujeres, acusados de brujería, habrían sido quemados por las Inquisiciones de Toulouse y Carcasonne.

A partir de Hansen se sugiere también la seductora idea de que la Inquisición, tras haber exterminado a cátaros y valdenses, se volcó sobre las brujas para no quedarse inactiva.

La investigación más reciente ha demostrado algo totalmente distinto. Todos los datos sobre la sangrienta caza de brujas en el sur de Francia se remontan a un libro de divulgación escrito por el novelista francés Lamothe-Langon (1829). A mediados de 1970 un historiador inglés y otro americano demostraron, independientemente uno de otro, que las fuentes medievales presentadas por Lamothe-Langon jamás existieron, sino que las había inventado él para sazonar su relato (Cohn 1975; Yieckhefer 1976).

A raíz de este descubrimiento, la cronología se ha retrasado con casi cien años. La nueva imagen que se perfila se puede resumir como sigue: Los primeros aunque escasos informes datan de 1360. 0 sea, un siglo después de la supuesta quema en Toulouse. No fue la Inquisición quien inició la persecución sino la justicia civil en Suiza y Croacia. Resulta interesante ver cómo la Inquisición de Milán no sabía qué hacer con dos caminantes nocturnas, que en 1384 y 1390 confesaron haber participado en una especie de aquelarre blanco en el que el hada Madonna Oriente les instruía en la forma de ayudar a la gente a combatir la brujería.

Parece ser que la legalización de la caza de brujas tuvo su origen en las exigencias del pueblo, que presionaba a los tribunales civiles. Poco a poco, la Iglesia también hubo de adaptarse a esta corriente; pero la Inquisición no aparece involucrada en ese tipo de persecuciones con anterioridad al siglo XV.

Con el fin de obtener una idea más exacta de la participación del Santo Oficio en la caza de brujas, se ha examinado la relación de procesos hecha por Richard Kieckhefer, y se ha podido comprobar que los procesos por brujería propiamente dicha -en tanto cuanto estos puedan diferenciarse de los procesos por magia-están repartidos entre tribunales civiles, episcopales y de Inquisición.

De un cálculo aproximado de 1000 causas, el 63% fue juzgado por las autoridades civiles; el 17% corresponde a tribunales episcopales, mientras que el 20% corresponde a la Inquisición. La mitad de las 200 causas de que se trata, se debieron al inquisidor Heinrich Institoris, cuya persecución de brujas en el año 1484 había sido autorizada por una bula del papa Inocencio VIII.

Teniendo en cuenta la gran inseguridad que los cálculos ofrecen, a causa del material perdido y de la escasez de información sobre las cifras de las víctimas, todo parece indicar que la Inquisición no jugó tan importante papel, como invariablemente se le adjudica, en la persecución de brujos durante la Edad Media.

Bueno, eso en cuanto a la Edad Media. Pero ¿qué puede decirse de la Inquisición y la Edad Moderna?

Vewnos: Para el año 1525 aproximadamente, los tribunales inquisitoriales de Europa se habían extinguido y la Era del Santo Oficio medieval había tocado su fin. Entre tanto, una nueva forma de Inquisición había visto la luz del día. Se trata de una Inquisición “moderna”, instituida sobre bases nacionales. La primera de este tipo se estableció en España, en 1478, con bula papal. A la Inquisición española, le siguieron la portuguesa (1531), y la “romana” (1542)

3.- La oración de las brujas. Como convertirse en bruja.

Las Brujas han ocupado siempre en la tradición popular un lugar preponderante. Entre muchos textos extraídos de la “Tradición” está este singular y antiguo texto que se ha venido repitiendo con variaciones a través de las centurias. Era la manera de convertirse en Bruja, si una mujer verdaderamente estaba predestinada a ello. Se acostumbraba a rezar antes una oración:

Su rezo era una especie de “Padre Nuestro” es decir una oración destinada a recibir los favores de “la oscuridad” y por la zona de Galicia (España) se recitaba comúnmente:

Pai sodes noso escollido
Para vos a gloria dar.
Pai sodes noso soleante
Para gloria vos dar;
Pai sodes noso no Xardín
Para gloria nos dar
Amai vos este meu corpo
Pra vosa alma consolar
Amén.

También se rezaba otra pequeña oración que venía a ser un “Acto de Fé” brujeril, este pequeño ejemplo procede de los casi desconocidos bosques de Portugal:

Credo saiba de mim – En certa estou,
creio que non son padre – Na groria en que estou.
Creio e quero creer – Como elle o illudiu
se Antonio e un duro – Sua gloria o permitiu.

Al tocar las doce de una noche con luna llena y sábado tercero de un año bisiesto, encenderás un fuego en la cocina, después recita 3 veces y echando al fuego sal, incienso resina blanca alcanfor y azufre:

Mikael dios del sol y del rayo, Samuel dios de los volcanes, Anoel dios de la luz, Astarot, Lucifer. Belzebú, espíritus superiores de los infiernos, dominadores de las inmensidades etéreas, sumo poder del infierno, atiende al ruego de la que aspira a ser tu esclava y transforma este fuego en las llamas del infierno.

Coloca las brasas en un caldero de cobre en el cual arrojarás el corazón de un macho cabrio, un sapo vivió y un cuarterón de azufre. Cuando esto todo este humeando empezaras a desnudarte y te untarás el cuerpo con manteca para después pronunciar estas frases mágicas:

Adonai, Sibila, Tiberina, Hermes, Magos, Dragones infernales. Gran Pitonisa de Endor, dadme el poder de volar al aquelarre. Sombras que a estas horas vagáis por el reino de las tinieblas, espíritus diabólicos, hijos de Satanás, admitirme en vuestras saturnales y en vuestros aquelarres. Dacme vuestra gracia, el valor y ciencia necesarios para practicar prodigios y ganar fortunas. Dadme parte en vuestros ritos, vuestras alegrías y vuestros tormentos. El fuego que el macho cabrio que os preside arroje su fuerza por mi boca, inflame mi pecho y me haga acreedora a sus caricias y adoración. Del rey de la noche y de todos vosotros soy esclava y sierva en cuerpo y alma. A vosotros me entrego en cuerpo y alma.” Tenebras filio azpak Phares Nishkhap Nisan.”

4.- Salem: todas ellas eran brujas.

La epidemia de brujería de Salem de 1692 es uno de los capítulos más oscuros en la historia de la intolerancia en el mundo. ¿Qué fue lo que causó la cacería de brujas en Salem, después de que el genocidio femenino se desvaneciera en Europa?. Muchos han sido los escritores e investigadores que han buscado una respuesta a la pregunta anterior desde el siglo XVII.

Por ejemplo, los clérigos coloniales de Estados Unidos, vieron en aquellos eventos la intervención directa del diablo para trastocar el bienestar común puritano que se había construido sobre los preceptos bíblicos en el nuevo continente. Autores posteriores hicieron a un lado la hipótesis diabólica, enfocándose en otras causas, algunas de ellas tan risibles como la de la presencia maléfica; nos remitiremos a las causas esbozadas y embozadas en el siglo XVII.

Los puritanos ingleses que se asentaron en el siglo XVII en Nueva Inglaterra creían, al igual que sus contrapartes europeos, en la existencia del diablo, así como en la posibilidad de que la brujería afectara su vida diaria. Se creía que las brujas eran seres humanos, especialmente mujeres, que habían acordado servir al diablo. Como pago a los favores que el ángel caído les otorgaba, las brujas debían traer la ruina a las comunidades cristianas donde vivían.

En Europa existen documentos fechados en el siglo XV que ya hablan de la persecución y quema de brujas. La brujería fue considerada desde siempre una herejía contra la iglesia y el castigo por esta falta era la hoguera o el empalamiento. Debido a su posición geográfica y a algunas diferencias culturales y religiosas con el resto de Europa, Inglaterra escapó durante varios años a la histeria de la quema de brujas. En la rubia albión, la brujería era considerada una felonía contra el Estado, y los felones eran colgados. Las mayores epidemias de brujas en Inglaterra ocurrieron durante periodos de convulsión política o social, por ejemplo, durante la guerra civil, cuando, en el decenio de 1640, alrededor de 200 brujas fueron ejecutadas. Pese a todo, el actual Reino Unido aportó poca leña a la quema total de brujas en Europa, cifra que se estima en 200 mil personas, casi todas mujeres.

Una de las comunidades más grandes que se estableció en una de las bahías de Massachusetts fue precisamente la de Salem, que fue levantada por ingleses en 1626. Para mediados de 1630, cuando la disponibilidad de tierra estaba casi agotada y el deseo de sus pioneros de ampliar sus territorios había crecido, otro grupo de colonos se estableció al oeste de Salem. Esta última área pronto fue conocida como la aldea de Salem, que para 1660 también había prosperado notablemente en lo que concierne a la posesión de tierras.

Una vez establecidos los nuevos colonos, éstos se percataron que los vínculos que los unían con la Salem pionera cada vez eran más débiles, por lo que empezaron a velar por sus propios intereses. Así, una de las primeras exenciones que lograron con respecto a la madre Salem fue la de la vigilancia y leyes militares. Para 1672, la independencia de los nuevos colonos era casi un hecho, al permitírseles construir una parroquia.

Sin embargo, la parroquia nunca fue independiente de la iglesia que regía lo mismo a la vieja que a la nueva Salem, por lo que la gente de este último lugar, si deseaba hacer algún trámite eclesiástico, debía caminar varios kilómetros en condiciones francamente hostiles. Asimismo, la iglesia de Salem cobraba impuestos muy altos a su similar de la aldea. La lucha entre los dos pueblos, uno por independizarse y el otro por mantener el control, desembocó en una fractura religiosa que amenazaba estallar en cualquier momento. Para febrero de 1687 arribaron a Salem los jueces John Hathorne y Bartholomew Gedney, quienes a la postre ganarían una fama oscura, pues fueron las autoridades más feroces en la caza de brujas que estaba por venir.

En 1689, los aldeanos de la joven Salem sentían que tenían la independencia clerical a tiro de piedra y celebraron el nombramiento de su cuarto ministro religioso, el reverendo Samuel Parris, quien era un hombre de voluntad férrea que a menudo se refería en sus sermones al conflicto eterno entre el bien y el mal, entre Cristo y Satán, así como a los enemigos que acechaban dentro y fuera de la iglesia.

Por su parte, muchos clérigos de la madre Salem se referían continuamente a los nuevos colonos como personas poco temerosas de Dios que llevaban una vida licenciosa, y sugerían que tales faltas serían castigadas algún día no muy lejano por el Altísimo. Ese día no muy lejano se presentó a finales de enero y principios de febrero de 1692, cuando Betty, de nueve años de edad, y Abigail Williams, de 11 —hija y sobrina del reverendo Parris, respectivamente—, además de Ann Putman, Mary Walcott y la esclava india de Parris, Tituba, fueron acusadas de “sufrir aflicciones”.

¿A qué aflicciones se referían los acusadores? Un reverendo de nombre John Hale especificó de la manera siguiente los síntomas aflictivos: “Esas niñas han sido mordidas y pinchadas por agentes invisibles; sus brazos, cuellos y espaldas así lo demuestran… En ocasiones permanecen mudas, sus bocas se detienen, sus gargantas se cierran, sus labios se tuercen y su tormento es tan fuerte que podría conmover a una piedra; hay que sentir compasión por ellas”.

Una vez que se determinó que los síntomas de las jóvenes afligidas no pertenecían a ningún tipo de epilepsia y después de comparar su caso con otro similar ocurrido tres años atrás en Boston, la gente de Salem llegó a la conclusión de que estaba frente a un caso clásico de embrujamiento.

Los adultos presionaron a las jóvenes para que éstas identificaran a los agentes que les estaban haciendo daño. Por otro lado, una mujer llamada Mary Sibley denunció que Tituba, la esclava del reverendo Parris, había cocinado un pastel utilizando, además de los ingredientes habituales, la orina de las niñas. La gente ya no tuvo dudas y aseguró: “El diablo se ha levantado entre nosotros y su furia es vehemente y terrible”, tal y como lo escribió en su diario personal el propio reverendo ¡Samuel Parris!

Finalmente, para llegar al fondo de las cosas, fueron llamados tres atormentadores, quienes, con su acostumbrada paciencia y eficacia, arrancaron no solamente la verdad a las acusadas sino también algunos trozos de carne viva de éstas. En medio de gritos de dolor, de intolerancia religiosa y racial, dio inicio la peor cacería de brujas que el nuevo mundo tenga memoria, un concepto que ha quedado inscrito en el gran diccionario de la infamia humana y que se exhuma cada vez que el odio de cualquier calaña cabalga alegremente por las amplias llanuras de la historia.

5.- Mujeres sabias: brujas, universo femenino de sombras.

El reino de las brujas se ha erigido lo mismo en las parcelas infantiles de los cuentos de hadas que en el largo devenir de los mitos; desde ahí, la bruja ha encantado la conciencia humana durante miles de años. Para los psicólogos sociales —según Carole Fontaine, profesora de la materia Viejo testamento en la Escuela Teológica Andover Newton—, la bruja representa definitivamente el lado oscuro de la presencia femenina. Es la sombra. Es la mujer fuera de todo control.

¿Qué es una bruja? ¿Cuándo se originaron las creencias en este ser fantástico? ¿Existen o sólo son creaciones bizarras de la imaginería humana? Las preguntas podrían extenderse de manera ilimitada, aunque lo cierto es que con el paso de los siglos la imagen de la bruja ha sufrido una transformación extraña. En la antigua Escandinavia, Freya, la diosa de las profecías, surca los cielos en un carruaje. En la mitología griega es una mujer hermosa poseedora de sortilegios mortales. La hechicera Circe encantó con sus brebajes mágicos en forma vino de miel a los marineros de Ulises. Después, con el toque de su vara mágica, convertía a los hombres en cerdos. Todavía muchos siglos atrás, en la tradición hebrea, una mujer llamada Lilith, de cabello largo y rojo, irrumpía en los hogares desprotegidos para robar niños y el semen de los hombres.

La imagen de la bruja ha dejado su impronta en la conciencia moderna. No obstante, en sus orígenes primitivos los seres femeninos mágicos que poseían poderes sobrenaturales no eran vistos como fuentes de maldad. Por ello algunos investigadores del folklore de los pueblos hallan la génesis de la bruja en las deidades antiguas, cuyos poderes eran benignos.

Aquellas diosas, objetos de decenas de esculturas cuya antigüedad se remonta a más de dos mil años, fueron reverenciadas por sus habilidades mágicas para alentar la fertilidad de los campos. Deidades de creación todopoderosa manejaban a su antojo las fuerzas ocultas del universo. Durante miles de años, también, han recibido muchos nombres, pero todas fueron diosas supremas que presidían el congreso de las fuerzas sagradas de la vida y de la muerte, reverenciadas por aquellos que dependían de la tierra para su supervivencia. Elizabeth Say, profesora asociada de la Universidad Estatal de Estudios Religiosos, en Northridge, California, apunta: “La gente que dependía de la tierra para su sustento, de los ciclos de la naturaleza, de las capacidades reproductoras de la tierra, asociaba las fuerzas naturales con el cuerpo femenino, por lo que la identificación de lo femenino con lo sagrado poseía un sentido lógico”.

¿Cuáles eran los poderes mágicos que poseían las mujeres sabias? Registros de la antigua Turquía describen cómo la mujer sabia se sentaba dentro de un círculo sagrado, dibujado con sal, para recitar conjuros mágicos. Sus objetos rituales eran simples, aunque se creía que poseían poderes dirigidos a la salud y protección. Eran personajes positivos en sus sociedades. Ningún rey tomaba decisiones sin su consejo. Los ejércitos no podían recobrarse de una derrota de no mediar los rituales sagrados de las “sabias”. Ningún bebé podía nacer sin ayuda de las deidades.

¿Dónde se produce la gran bifurcación entre la expedición de ceremonias sagradas y los rituales que más adelante serían conocidos como brujería? Carole Fontaine dice al respecto: “Una de las cosas que a menudo vemos en el desarrollo de la historia de las religiones es el papel predominante que las diosas jugaron en la cosmogonía de los pueblos y que paulatinamente perdieron”.

Otros investigadores consideran que cuando los hebreos se asentaron en la tierra de Canán, alrededor del 1300 antes de nuestra era, impusieron la visión patriarcal de su origen. Algunos creen que en la historia de la creación bíblica, Eva es la versión mortal de la deidad antigua Ashtaroth. En el Jardín del Edén es a Eva a quien se responsabiliza por la caída de toda la humanidad. Obedeciendo las leyes de la Biblia, los hebreos condenaron la brujería como una práctica pagana, prohibiéndola en cada uno de los rincones de la tierra de Canán.

Paradójicamente, a pesar de la prohibición, una de las historias más misteriosas de la Biblia describe un encuentro mágico entre un rey bíblico y una bruja. Esta historia se ubica en un periodo en que el rey Saúl libra una batalla feroz contra los enemigos más poderosos de los israelitas. En la víspera de la batalla de Gilboa, el atribulado rey se reúne con una hechicera prohibida, con la esperanza de que ella conjure a un espíritu que pueda aconsejarlo desde la tumba. Es un relato fascinante, ya que precisamente fue Saúl quien casi desapareció a las brujas de la faz de la tierra.

Saúl visita a la bruja en la villa de Endor, en las afueras de Nazaret. Le pide que conjure al profeta Samuel, quien reposa en su tumba, para sí recibir la sabiduría que el rey requiere para la batalla. Sin embargo, el fantasma de Samuel no trae consigo buenas nuevas, pues predice al rey que éste morirá en la batalla. La predicción se cumple al día siguiente.

¿Qué hace una historia así en la sagrada Biblia, en una época ominosa para la brujería? Es uno de los misterios más antiguos que aún permanece sin respuesta.

6.- Más mujeres, más brujas: la herbolaria, motivo de persecución.

Pocas conductas en la historia de la humanidad se han salvado de la represión. Las hierbas, aunque parezca increíble, también han sido motivo de persecución, sobre todo las que cumplían una función contraceptiva. Las hierbas han acompañado a la mujeres en su larga lucha por evitar embarazos no deseados.

En Italia, a finales de la Edad Media, los miembros de una secta de fertilidad denominada “I Benandanti” mantuvieron entretenidos duelos con unas presuntas brujas de la localidad, quienes al parecer practicaban el control natal y el aborto. La Inquisición, para que no se pensara que actuaba de manera parcial, colocó a ambos grupos en el cadalso. Tales son los primeros debates entre la curandería —que a fin de cuentas desembocaría en la medicina— y la iglesia católica, la cual llegó a sugerir —hinchada de fervor religioso en favor de la procreación— que incluso el esperma era proclive de contener almas. Por el otro lado se estableció la medicina, que también se volvía menos tolerante y más profesional.

En la imaginación popular las brujas han estado siempre asociadas con la escoba. Empleada por ellas para volar por el aire, generalmente para dirigirse a los aquelarres. Esta creencia parece ser casi universal en todos los tiempos y regiones.

La escoba esta conectada con la varita mágica, ya que desde siempre se ha asociado con el servicio de la equitación mágica.

La madera de que estaban hechas ambas, era a menudo, según rezan los grimorios de avellano y olmo escocés. Aunque en tiempos de Delancre, las brujas del sur de Francia, preferían la madera llamada “Souhandourna”, que era la “Cornus Sanguinea”, la llamada popularmente “Madera de Perro”.

“En medio de huracanes y tempestades, en el mismo corazón de la oscura tormenta, el convoy de brujas, montando a horcajadas en sus escobas, viajaba rápido hacia el aquelarre, profiriendo blasfemias y lujuriosas risotadas.

Sus horrendas risas y maléficas blasfemias sonaban más alto que el choque de los elementos desatados en el cielo, y se mezclaban con temible desacuerdo con el frenético sonido del vendaval y el horroroso aullido de los lobos”.

7.- Una religión oscura: el renacimiento de la práctica de la brujería.

A través de las centurias la imagen de la bruja declinó ostensible y gradualmente. Para principios del siglo XX, la hechicera atemorizante había sido reducida a una figura grotesca de Halloween o en sinónimo de suripanta. Peso a todo, en lo que es un fenómeno sorprendente, la bruja y sus antiguas artes han experimentado un dramático renacimiento en este fin de siglo.

Alrededor de 200 mil hombres y mujeres de Estados Unidos y Europa actualmente practican y estudian de algún modo la brujería. ¿Por qué, en países con una amplia y oscura tradición de acosamiento a la brujería, los individuos deciden transitar por un camino alguna vez considerado ominoso? Según Marie Guerrero, suprema sacerdotisa del Templo de los Nueve Velos, con sede en Los Ángeles, la brujería se ha ido desprendiendo de “interpretaciones erróneas; por ejemplo, los rostros verdes y los sombreros de pico; la voladora nocturna; el concubinato con el diablo. Existen demasiadas connotaciones negativas y mitos sobre las brujas, aunque yo les aseguró que no son ciertas”.

¿Qué estimuló el renacimiento moderno de la brujería? Los investigadores han localizado ese renacimiento en la obra sorprendente de una joven arqueóloga británica llamada Margaret Murray. En su libro no exento de controversia, The Witch Cult in Western Europe, publicado en 1921, Murray presentó una teoría novedosa: que en la historia de Europa, la brujería no fue simplemente un culto oscuro sino una fuerza religiosa dominante. Argumentó que las brujas perseguidas durante los siglos XV, XVI y XVII practicaban una religión pagana de amplia aceptación en el viejo continente.

La visión romántica de Murray, de un culto poderoso de brujas, fue desechada por la mayoría de los historiadores. No obstante, el libro reactivó la fascinación por la brujería. Para mediados del presente siglo, la brujería moderna se convirtió en un sendero espiritual para miles de creyentes, quienes denominaron a su nueva religión “Wicca”, término derivado de una antigua palabra anglosajona que significa “arte de la sabiduría”. Inspiradas por sus orígenes remotos, las brujas modernas basan sus conocimientos en los elementos rituales más simples —velas, hierbas, incienso y cristales—, los cuales, según los creyentes, están imbuidos de propiedades mágicas. La forma en que funcionan dichos poderes se reduce a controlar las fuerzas de la naturaleza.

De todos los rituales de la brujería contemporánea, el Sabbath es quizá el más importante. Hay que apuntar que el moderno Sabbath no tiene ninguna relación con el ritual llevado a cabo en la época en que la quema de brujas alumbró los horizontes culturales tanto de Europa como de Estados Unidos. Es decir, los pactos con el diablo han quedado en el olvido. El Sabbath actual se realiza a mediados de verano, en la noche más corta del año. Brujas y brujos se reúnen en las colinas y juntos celebran la estación. Para las brujas de este fin de siglo, como para las que esculpieron la leyenda, lo divino no está separado del mundo. Todo lo contrario, el mundo es el plano de lo sacro. No hay ningún lugar a dónde ir, simplemente el cambio es continuo y eterno, siempre de manera circular.

La brujería de nuestros tiempos no se ha mantenido al margen de la moda light. Atrás quedaron las épocas en que un simple testimonio oral, proviniera de donde proviniera, era más que suficiente para convertir en aceite a la hechicera más recalcitrante. Hoy, las amantes de la noche utilizan sus poderes para redactar libros de recetas afrodisíacas, horóscopos, cursos de aromaterapia, fabricación de velas multicolores y de vez en cuando para hacer unas cuantas limpias. ¿Por qué? Simplemente porque las brujas modernas se adhieren a su código ético, de “Haz lo que tienes que hacer, pero sin lastimar a nadie”, tal y como lo señala Janet Farrar, autora del libro The Witches´ Way: “Cuando te conviertes en una bruja, lo primero que tienes que aprender es acerca del poder natural del universo, que está alrededor de todos nosotros y que utilizamos todo el tiempo. Puedes quemarte los dedos con él. Por eso lo debes utilizar sabiamente, en un sentido siempre positivo”.

Carole Fontaine, profesora de Viejo Testamento en la Andover Newton Theological School, es un poco más explícita en el tema: “Creo que la gente de hoy, por lo menos la de este siglo, no cree en la brujería, puesto que vive en un mundo mecanizado. La materia está muerta para nosotros. Es algo que debe ser explotado. No está imbuida con poderes mágicos. Considero, sin embargo, que debemos empezar por remover el viejo universo newtoniano, que debemos movernos a través de un universo de posibilidades infinitas planteado por Einstein, dentro de un mundo posmoderno, donde comprendamos poderosamente el efecto de los eventos al azar y el efecto de la observación”.

El siglo XX se ha distinguido por la convivencia de viejas y nuevas creencias, así como de renacimientos, en el que la bruja ha regresado una vez más a reclamar su antigua herencia, que ha sido etiquetada como maligna, pero que a partir de las investigaciones de Margaret Murray han tomado un renovado sesgo, inclinándose a rescatar un legado de sabiduría tradicional y natural.


BLAVATSKY, LA REBELDE

Siempre me ha parecido que el teósofo que no es librepensador y rebelde, como lo fue siempre la Maestra H.P. Blavatsky, sólo es teósofo a medias, , cuando no un hipócrita más de los que a través de la Historia han ido dando al traste o volviendo exactamente del revés las divinas enseñanzas de los grandes Iniciados: Melchisedec, Rama, Krishna, Hermes, Orfeo, Buddha,
Apolonio, jesús, Mahoma y tantos otros.

Creo por ello que la mejor manera de celebrar la fiesta del LOTO BLANCO tras una lectura del Bhagavad-Gita, que es también lucha y rebeldía, es recordar cómo la Maestra vivió siempre en
eterna rebeldía contra las religiones oficiales pasadas o futuras y contra la ciencia infatuada y positivista, de ese segundo clero más peligroso que ninguno, puesto que con su cultura ha desencadenado la horrible catástrofe que llora el planeta y ha suscitado con sus falsos perfeccionamientos la más antihumana guerra que en el mundo ha habido. (1)

Y como no pretendo que se me crea bajo mi palabra, haré este artículo con sólo textos de Blavatsky, empezando por las primeras palabras de su Isis sin Velo, que «Ante el Velo» dicen:
«Según se nos dice, hace 19 siglos que la divina luz del cristianismo disipó las tinieblas del paganismo y dos siglos y medio que la resplandeciente lámpara de la ciencia moderna empezó a brillar entre la oscura ignorancia de los tiempos. Se afirma que en estas épocas respectivas se ha realizado el verdadero progreso moral e intelectual de la raza. Que los antiguos filósofos eran lo bastante sabios para su tiempo; pero eran poco instruídos, comparados con nuestros modernos hombres de ciencia. La moral del paganismo era suficiente para las necesidades de la inculta antigüedad, pero ya no lo fué desde que la luminosa “Estrella de Belén” mostró el camino para la perfección moral, y allanó el de la salvación. En la antigüedad el embrutecimiento era regla; la virtud y el espiritualismo, excepción. Ahora, el más empedernido puede conocer la voluntad de Dios en su palabra revelada; todos los hombres desean ser buenos y mejoran constantemente.»

»Tal es la proposición: ¿qué nos dicen los hechos? Por una parte, un clero materializado, dogmático y con demasiada frecuencia corrompido; un ejército de sectas y tres grandes religiones en guerra; discordia en lugar de unión; dogmas, sin pruebas; predicadores efectistas; sed de placeres y de riquezas en feligreses sojapados e hipócritas, por jas exigencias de la respetabilidad. Esta es la regla del día: la sinceridad y la verdadera
piedad, la excepción. Por otra parte, hipótesis científicas edificadas sobre arena; desacuerdo completo en todas las cuestiones; rencorosas querellas y envidias; impulso general hacia el materialismo; lucha a muerte entre la ciencia y la teología por la infalibijidad.
Un conflicto de épocas… Entre estos dos titanes en lucha, ciencia y teología, hay una muchedumbre extraviada que pierde rápidamente la fé en la inmortalidad del hombre y en la Divinidad, y que aceleradamente desciende al nivel de la existencia animal.
¡Tal es el cuadro de la actualidad, iluminado por la meridiana luz de esta Era cristiana y científica!» (2)

Por esto en el prefacio de Isis sin Velo, decía Blavatsky, aterrada por la enormidad de la empresa de rebeldía que echaba sobre sus hombros: «Acaban ya los tiempos en que el dogma dominaba al hombre… no será extraño que los sectarios arremetan contra nosotros. Los cristianos verán que ponemos en teja de juicio la pureza de su fe. Los científicos advertirán que medimos sus presunciones con el mismo rasero que las de la Iglesia romana, y que en ciertos asuntos preferimos a los sabios y filósofos del mundo antiguo. Los sabios postizos nos atacarán furiosamente desde juego. Los clericales y librepensadores verán que no admitimos sus conclusiones, sino que queremos el completo reconocimiento de la Verdad. También tendremos enfrente a los literatos y autoridades que ocultan sus creencias íntimas por respeto a vulgares preocupaciones. Los mercenarios y parásitos de la prensa, que prostituyen su poderosa eficacia y deshonran tan noble profesión. . . pero nosotros dirigimos la vista al porvenir…
Trabajamos para el alboreante porvenir.»

» Y al considerar la acerba oposición que ha de darnos en rostro, creemos que el mejor mote para nuestro escudo al entrar en el palenque, es la frase del giadiador romano; ¡Ave César; morituri te salutant!» Cuales deben de ser las creencias del teósofo, cuyo único dogma debe ser el de «la Fraternidad Universal de la Humanidad, sin distinción de sexo, raza, credo, casta y color», están de mano maestra expresadas en estas palabras de La Doctrina Secreta (tomo III, páginas 97 y 137, de la edición española, a la que siempre nos referiremos):

«El teósofo no cree en milagros divinos ni diabólicos… Para él no hay santos ni brujos ni profetas ni augures sino tan sólo Adeptos u hombres capaces de realizar hechos de carácter fenoménico, a quienes juzga por sus palabras y acciones… El estudiante de ocultismo no ha de profesar determinada religión, si bien tiene el deber de respetar toda opinión y creencia para llegar a ser Adepto de la Buena Ley. No debe supeditarse a los prejuicios y opiniones de nadie y ha de formar sus propias convicciones de conformidad con las reglas de evidencia que le proporcione la ciencia a que se dedica…sin atender a encomios de fanáticos soñadores ni a dogmatismos teológicos… Jesús predicó una doctrina secreta y «secreta» en aquel tiempo, significaba: «Misterios de Iniciación» que han sido repudiados o alterados por la Iglesia.»

La eterna rebeldía de Blavatsky en demanda de la Suprema Meta espiritual está expresada en estas palabras, de dicho libro:

«Hay una Ley Eterna en la Naturaleza, que tiende siempre a ajustar los opuestos ya producir una armonía final. Merced a esta Ley de desarrollo espiritual, que se sobrepondrá a la física y a la puramente espiritual, la humanidad se verá libre de sus falsos dioses y se encontrará finalmente redimida por sí misma».

No otra cosa dijo Beethoven, el incomprendido teósofo (3), cuando al llevarle cierta partitura en la que el autor había puesto: «fin, con ayuda de Dios», tachó esta frase el maestro, substituyéndola con esta otra, que parece escrita para todos: «¡oh, hombre,
ayúdate a ti mismo!» donoso complemento al Nosce te ipsum de Delfos. No otra cosa dijo Wagner en todas sus maravillosas obras de rebeldía, desde la de Tanhauser, el discípulo de Venus, cuya vara florece a pesar de la maldición papal, hasta la divina rebeldía de Sigfrido en el Anillo del Nibelungo, como tampoco dijo otra cosa Esquilo en su sublime trilogía de Prometeo.

El origen de las religiones y de los sacerdocios está resumido en estos otros conceptos:

«Se nos dice que en un principio no hubo Misterios Iniciáticos. El conocimiento (Vidya) era propiedad común y predominó universalmente durante la Edad de Oro o Satya-yuga. Como dice el comentario: «Los hombres aún no habían producido el mal en aquellos días de felicidad y de pureza, porque su naturaleza más bien era divina que humana». Pero, al multiplicarse rápidamente el género humano, se multiplicaron también las idiosincrasias de cuerpo y de mente y el espíritu encarnado maniféstose en debilidad. En las mentes menos cultivadas y sanas arraigaron exageraciones naturalistas y sus consiguientes supersticiones. De los deseos y pasiones hasta entonces desconocidos nació el egoismo, por lo que a menudo abusaron los hombres de su poder y sabiduría, hasta que, por último, fué preciso limitar el número de los conocedores. Así empezó la Iniciación.”

“Cada país se impuso un especial sistema religioso acomodado a su capacidad intelectual ya sus necesidades espirituales; pero como los sabios prescindían del culto a simples formas, restringieron a muy pocos el verdadero conocimiento. La necesidad de encubrir la verdad para resguardarla de posibles profanaciones, se dejó sentir más y más en cada generación; y así el velo, tenue al principio, fué haciéndose cada vez más denso a medida que cobraba mayores bríos el egoismo personal, hasta que, por fin, se convirtió en Misterio. Estableciéronse los Misterios en todos los pueblos y paises, y se procuró al mismo tiempo evitar toda contienda y error, permitiendo que en las mentes de las masas profanas arraigasen creencias religiosas exotéricas inofensivas, adaptadas en un principio a las inteligencias vulgares, como rosado cuento de niños, sin temor de que la fe popular perjudicase a las filosóficas y abstrusas verdades enseñadas en los santuarios iniciáticos; porque no deben caer bajo el dominio del vulgo las observaciones lógicas y científicas de los fenómenos naturales que conducen al hombre al conocimiento de las eternas verdades que le consienten acercarse al dintel de la observación libre de prejuicios y ver con los ojos espirituales antes que con los del cuerpo… Con el rodar de los tiempos, en la quinta raza, la aria, algunos sacerdotes poco escrupulosos se prevalieron de las sencillas creencias de las gentes y acabaron por elevar dichas Potestades a la categoría de Dioses, aislándolos completamente de la única y universal Causa de causas… En aquellos días primitivos no constituían los brahmanes o sacerdotes una casta aparte, sino que cualquier hombre podía ser brahmán por méritos propios y en virtud de la iniciación. Sin embargo, poco a poco fue prevaleciendo el despotismo, y la dignidad de brahmán pasó de padres a hijos como herencia. Los derechos de sangre (nepotismo) suplantaron al verdadero mérito, y de esta manera se instituyó la poderosa casta de los brahmanes… Voltaire caracterizó en pocas palabras los beneficios de los Misterios, al decir que «entre el caos de las supersticiones populares existía una institución que siempre evitó la caída del hombre en absoluta brutalidad: la de los Misterios”.

»Verdaderamente, como Ragón dice de la Masónería: Su templo tiene por duración el tiempo eterno y por espacio el universo entero… -Dividamos para dominar, (habían dicho aquellos astutos perversos),- ¡Unámonos para resistir! (dijeron los primeros masones)”. Pero estas últimas frases, más que los masones mismos, las pronunciaron los primeros Iniciados, a quienes los masones consideraron siempre como sus primitivos y directos
maestros… «Los Hijos de la Voluntad y del Yoga» se unieron para resistir las terribles y siempre crecientes iniquidades de los magos negros de la raza atlante, y esto determinó la fundación de escuelas todavía más esotéricas, de templos de instrucción y de Misterios impenetrables hasta despues de haber sufrido tremendas pruebas. Dice Ragón, al tratar de la Iniciación masónica: Estaban en lo cierto los sacerdotes egipcios al decir: “Todo para el pueblo, nada por el pueblo». En un país ignorante, la verdad ha de revelarse únicamente entre personas fieles. . . En nuestros días vemos seguir el falso y peligroso sistema de «todo por el pueblo, y nada para el pueblo». El verdadero apotegma político ha de ser: «Todo para el pueblo y con el pueblo». Mas, a fin de realizar esta reforma, las masas han de pasar por una transformación dual:
1) Divorciarse de todo elemento supersticioso y de falsa piedad;
2) Educarse hasta el punto de evitar el peligro de ser esclavos, de ningún hombre ni idea.» (La Doctrina Secreta, tomo III, páginas 224 y siguientes).

No en vano era una iniciada la principesca fundadora de nuestra Sociedad Teosófica, tanto que las palabras transcriptas de -«¡Unámonos para resistir!»- puestas por ella en labios de los primeros Magos Blancos Iniciados, fueron sus también últimas palabras al dejar la grosera en voltura de su cuerpo físico, en el día que conmemoramos, del año 1891: “¡Manteneos siempre unidos, para que esta mi última encarnación no resulte estéril para el mundo!»- dijo a sus discípulos – palabras de pavorosa responsabilidad para todo teósofo que, derivando hacia mojigaterías, nuevas o viejas religiones, regímenes autocráticos, falsos prejuicios, excomuniones más o menos embozadas bajo la hipócrita máscara de tachar a los demás de personalistas, y demás abusos de índole idéntica a los por las religiones cometidos, trate de romper esa unidad indispensable entre los teósofos, y de apartarse de los verdaderos rebeldes, o sea de los predilectos hijos de Blavatsky; de los rebeldes welsungos o lobeznos, hijos predilectos también del divino Wotam en El Anillo del Nibelungo…

Porque nosotros, los teósofos ocultistas, no podemos comulgar ya en religión positiva alguna, debiendo sí respetar la religión de los demás, pero no respetarla ya en nosotros mismos bajo capa positiva alguna, de induismo, sintoismo, budismo o cristianismo, etc., pues nuestro único dogma es el de la Fraternidad y nuestro único Maestro Supremo, es nuestro Divino Ego, cuya voz es la Conciencia emancipada y libre, ya que Blavatsky ha dicho (4):

«Si se prescinde de las enseñanzas secretas, queda la religión reducida a un fraude. Sin embargo, las masas necesitan de un freno moral, porque el hombre está siempre ansioso del más allá y no puede vivir sin un ideal cualquiera que le sirva de faro y de consuelo. Al mismo tiempo, ningún hombre vulgar, aun en esta época de cultura general, puede satisfacerse con verdades demasiado metafísicas y sutiles de difícil comprensión, de lo que proviene el peligro de suplantar con el absurdo y cerrado ateísmo la fe en Dios y en sus santos. Ningún verdadero filántropo, y por consiguiente, ningún ocultista, supondrá ni por un momento que la humanidad pueda subsistir sin religión, y aun en nuestros días,
las religiones de Europa, limitadas a la santificación de los domingos, vale más carecer de ellas. Pero si, como dijo Bunyan, «la religión es la mejor armadura del hombre», no es menos cierto que es «la peor capa», y contra esta capa de hipocresía luchan ocultistas y teósofos. Si no apartamos esta capa tejida por la fantasía humana y arrojada sobre la Divinidad por la artera mano de sacerdotes ávidos de dominación y poderío, no le bastará
al hombre el verdadero ideal de la Divinidad, el único Dios viviente en la naturaleza. La primera hora de este siglo anuncia el destronamiento del Dios de cada país y la proclamación de la Única y Universal Divinidad: el Dios de la inmutable Ley, no el
de la piedad; el Dios de la justicia distributiva, no el de la misericordia, que es sencillamente un incentivo para cometer el mal y reincidir en él. Cuando el primer sacerdote inventó la primera oración de súplica egoísta, se perpetró el más nefando crimen de lesa humanidad…» (Doctrina Secreta, t. III, pág. 48).

Además, si para el teósofo, como para el Maha Rajá de Benarés «no hay religión superior a la verdad» (satyat nasti paro dharma) es nuestra obligación primera cantar un himno a Satán, a manera de aquellos grandes rebeldes que se llamaron Leopardi y Carducci, pues que en la Doctrina Secreta se nos dice:

«El sistema cristiano no es el único que ha degradado estos dioses en demonios, (los Suras o Dioses en Asuras o No-Dioses). El zoroastrismo y aun el brahmanismo se han aprovechado de ello para imponerse a la mente del pueblo. Hasta en el exotericismo caldeo los seres que rehusan crear son también denunciados como Espíritus de Tinieblas. Los Suras que obtienen su independencia intelectual, los supuestos ángeles rebeldes, luchan con los Suras que carecen de ella y que parece como si pasaran sus vidas en inútiles cultos basados en la fe ciega… La razón del por qué rehusaron estos «Dioses» crear hombres no es, como declaran los textos exotéricos, por su orgullo, sino por los motivos expresados… Los supuestos «Rebeldes» eran sencillamente aquellos que, obligados por la ley kármica a beber hasta la última gota de hiel, tuvieron que encarnar de nuevo-la caída- convirtiendo así en entidades pensantes responsables a los hombres…» (Doctrina Secreta, t. II, pág. 85 y 86).

Luego, hablando de estos «Rebeldes», Kabires, Fuegos Sagrados o Satanes, dice: «Las diversas ramas de la raza aria, la asiática y la europea, la india y la griega, hicieron lo posible por ocultar la verdadera naturaleza, ya que no la importancia, de dichos «Rebeldes» o Kumaras, cuatro de los cuales son los alter egos de Sanat, Sananda, Sanaka y Sanatina «o séase de los divinos Satanes tan envilecidos por las pecadoras religiones exotéricas.» (lb. 97).

Hablando después de los Edenes religiosos, dice: «Los cristianos sostienen que el Jardín del Edén es el santo Paraíso profanado por el pecado de Adán y Eva. El ocultista, al negar la interpretación de la letra muerta, demuestra todo lo contrario.(lb. p. 186).
“La Biblia, desde el Génesis al Apocalipsis, no es sino una serie de anales históricos de la gran lucha entre la Magia Blanca y la Negra; entre los Adeptos del Sendero de la Derecha o Profetas y los de la Izquierda o Levitas) el clero de las masas brutales.
(lb. 195).

«En el exotericismo religioso indo, los Asuras son también denunciados como enemigos de los dioses, que se oponen al culto ya los sacrificios de los Devas. En la Teología cristiana se mencionan como «Espíritus caídos», diversos héroes paganos. La «serpiente tortuosa» de los primitivos judíos tuvo siempre un significado completamente distinto, astronómico en un sentido, antes de que la Iglesia romana lo desnaturalizase» (lb. p.211)… El Logos es Sabiduría y también Lucifer o Satán… el rayo de luz y de razón; que caía del cielo como un rayo. (Lucas, X, 18)

En los corazones y mentes de los convertidos a la antigua Religión de la Sabiduría, presentada entonces bajo una nueva forma por el sabio Adepto galileo, fué desfigurada hasta el punto de no ser reconocible, como lo fué también su propia personalidad, arreglada para amoldarla al más cruel y pernicioso de los dogmas teológicos. . . y cuando Jesús observa en el pasaje citado que «ha visto a Satán caer del cielo como un rayo», es una simple declaración de sus poderes clarividentes y una referencia a la encarnación del
Rayo Divino-Ángeles o Satanes-que cayeron en la generación. (lb. 212 y 213, nota)… «El verdadero punto de vista exotérico acerca de «Satán» y la opinión que sobre este asunto tenía toda la filosofía antígua, hállase admirablemente presentada en un
apéndice titulado: «El Secreto de Satán», de la segunda edición del Perfect Way de la Dra. A. Kinsford (p. 214). En él se dice: «En el séptimo día (o creación) prodújose de la presencia de Dios un Angel poderoso lleno de ardimiento y Dios le dió el dominio de la
esfera extrema. La Eternidad produjo el Tiempo; el Ilimitado dió nacimiento al Límite; el Ser descendió a la generaci6n. Entre los Dioses no hay ninguno que se asemeje a aquel en cuyas manos están depositados el reino) el poder y la gloria de los mundos…
Pues, como dice Hermes, Satán es el guardián de la puerta del Templo del Rey y en el Pórtico de Salomón guarda las Llaves del Santuario para que no penetre en él profano alguno y sí sólo los ungidos que poseen el arcano de Hermes… Temedle y no pequéis:
pronunciad su nombre temblando…, pues Satán es el magistrado de la Justicia de Dios (Karma). Él tiene en sus manos la balanza y la espada, pues a él le están encomendados el Número, el Peso y la Medida… Satán es, en suma, el ministro de Dios, el Señor de
las siete mansiones del Hades y el Ángel de los mundos manifestados.» (lb. 214 y 215). «Satán es el Dios de nuestro planeta y el Dios único yesto sin ninguna sombra ni metáfora de perversidad, pues es uno con el Logos… Por lo tanto, cuando la Iglesia
maldice a Satán, maldice el reflejo cósmico de Dios; anatematiza a Dios manifestado en la Materia o en lo objetivo; maldice a la Sabiduría por siempre incomprensible, revelada como Luz y Sombra, Bien y Mal en la Naturaleza, en la única forma comprensible a la limitada inteligencia del Hombre. (Id. 216). «Todos los cabalistas y simbologistas han demostrado suma repugnancia a confesar el significado primitivo de la Caída de los Angeles… Desde que la Iglesia en su lucha con el maniqueismo inventó al Demonio, colocando un velo teológico entre los hombres y Lucifer, la Divina Estrella, o sea el «Hijo de la Mañana», creó la más gigantesca de todas sus paradojas; una Luz negra y tenebrosa…» (lb. 219).

No continuaremos con las citas, porque habría que copiar todos sus libros, desde el primero hasta el último, como otros tantos cantos de una rebeldía como la de Satán, la de Prometeo, la de Fausto, la de Sigfrido y la de tantos y tantos personajes ora reales, ora simbólicos, desde que el mundo es mundo. El que quiera saber más acerca de la eterna rebeldía de la heroína que en Mentana luchó contra el poder papal al lado de Garibaldi y
doquiera contra las más varias formas de ignorancia, ambición e hipocresía de los hombres, que pase la vista por la preciosa obra de Sinnett Incidentes de la vida de Blavatsky o por tas inmortales páginas del Old Diary leaves (5), de su queridísimo compañero H. S. Olcott, en que el bizarro caballero pone de relieve las características heróicas de aquella mártir de la Verdad tradicional, que pasó incomprendida para muchos de sus contemporáneos y que nunca será bastante estudiada y seguida por los que nos preciamos de teósofos o de ocultistas.

NOTAS

(1) Se refiere a la Primera Guerra Mundial.

(2) ¿Qué habría dicho la Maestra ante la horrible consecuencia bélica de este conflicto?Lo que nosotros, sus discípulos decimos; es a saber: «que una religión que no ha sabido evitar esta catástrofe, y una ciencia que la ha hecho más sangrienta y cruel con sus inventos, están juzgadas por sí mismas».

(3) Ver Roso da Luna, Mario “Wagner, mitólogo y ocultista”.

(4) Por esto Blavatsky se mantuvo siempre alejada de todas las religiones positivas, pues como se desprende de todas sus obras y especialmente de la de Por las grutas y selvas del lndostán (mal tenida hasta aquí por una mera obra de literatura y de viaje), su única creencia fue la de la primitiva Religión Sabiduría o de la Edad de Oro, que fue anterior a nuestros tiempos históricos; Religión Única de la que son pobres facetas todas las conocidas. Por esto, sin duda, llevó a mal que Olcott marchase a su viaje a Ceilán (2da serie de la Histoire authentique de la Société Théosophique) y no obstante acompañarleluego y felicitarle por su obra… buddhista, buena sin disputa como buddhista, y mala en el sentido de que la Teosofía no es el Buddhismo de Gautama el Buddha (Véase Doctrina Secreta, t. I, introducción). Por esto no llevaría a bien tampoco, si viviese, que llamándonos teósofos y ocultistas, mostrásemos preferencias ningunas ora por el induismo, ora por el mazdeismo, ora por el cristianismo, etc.

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