Archive for agosto, 2006

Un poco de Alegoría:

Carta Tradicional: El colgado.
Diosa Afín: Kuan Yin.
Palabras Claves: Compasión, Entrega, Paciencia.

Honrada como la de la compasión y la misericordia, Kuan Yin es una de las diosas chinas más veneradas. Cuando ascendió al cielo tras su muerte, su preza de corazón y su misericordia hacia los demás la transformaron en una diosa. Pero ella, en lugar de permitirse disfrutar de las delicias del Paraíso, se apiadó del sufrimiento del resto de la humanidad y rogó ser enviada de nuevo a la tierra para ayudar quien lo necesitara, prometiendo no marcharse hasta que la angustia fuese erradicada para siempre.

Kuan Yin se sacrificó por el bien de todos. Debido a que personifica la compasión infinita y el amor, sus devotos creen que incluso el acto de pronunciar su nombre alivia el dolor. Algunos afirman que la diosa camina entre nosotros, cuidando de los muchos seres humanos que la necesitan.

Significados: Entrega a nobles principios y metas. Abnegación. Capacidad de cuidar a los demás con compasión. Sacrificio en pos de lo sagrado y el esclarecimiento. Empatía.

Invertida o debilmente posicionada: Deseo de evitar el dolor para conseguir algo. Ausencia de compasión. Concentración en el materialismo en detrimento de la espiritualidad. Tendencia a desplazar los miedos a otra persona.


Dados Judios.

En la punta de mis dedos
los tuyos
mi cabeza, hendida en uvas y olores de ciénagas perdidas
sueñas
y yo sueño
rio
la garganta ingrávida
un pergamino de hojas
poca tinta dibujando el arabesco
la ligera sombra
un paraíso adivinandose entre el mar

A solas
tendidos en la oscuridad de párpados marcados
a fuego
como en los tiempos en que podíamos mirarnos a la cara
¿Lo recuerdas?
las noches que eran días
y las manos, veloces
iracundas
manos de triste desafios
pero nuestras
la lluvia cayendo en mi rostro
jamás te deje caer
el abismo
en mis ojos
en los tuyos.

Deseo, irrevocable, especifico
una milésima parte de mi boca entreabierta
decidida, abrumada, cansada, y finalmente
renacida en la fe.
mis dedos y los tuyos
un unico contacto
tan pequeño, tan exacto
mientras bailas bajo las lágrimas de un verano fragmentado
mi cruel delirio
mi ángel travieso y cansado
mi anciano de ojos jovenes
mi demonio idealizado

Nunca te escribí palabras de amor
no las necesitas
y yo no las comprendo
un beso de uvas
junto el ángel de las tierras blancas
solo eso basta, hermoso mio
para creer, para confiar, para esperar.

Tus dedos en los mios
un infimo contacto
diminuto pero tan exacto
el tiempo, paradoja incierta
expuesto, detenido
no existe nada más
que un milagro descuidado
inverosimil
lejano como el canto del viento
entre tu y yo.

Ah, mi caballero rojo. ¿Tengo que decir algo más?

Reseña: Ginger Snaps (2000)

Existe un auténtico teen-horror que nada tiene que ver con aquel sub-género que popularizara Kevin Williamson, uno que no se remite al slasher de turno destripando jovencitas indefensas. Aquel al cual hago referencia es a ese que explora los diferentes procesos y cambios típicos de la adolescencia utilizando las convenciones del género de terror. Suena sencillo, y sin embargo, pocas son las películas que han logrado dar un giro satisfactorio a esta tendencia. Durante años, el obligado punto de comparación fue Carrie (1976), la mítica cinta de Brian de Palma, injustamente olvidada por las nuevas generaciones que a menudo hacen mofa de sus efectos especiales sin saber que un gran número de sus fotogramas han sido reutilizados en producciones actuales. Más cerca de nuestro tiempo tenemos a chicas raras como May (2002) de Lucky McKee, otra pequeña y rara joya de la que espero poder hacer mención aquí dentro de poco.

Pero entre estas dos jovencitas está el par de protagonistas de Ginger Snaps (2000), una cinta de licántropos que surgió de la nada (es decir, de Canadá) y rápidamente alcanzó el status de culto. No solamente permitió refrescar un poco el género de terror después de que los clones de Scream (1996) lo dejaran medio muerto en la cuneta, sino que además dio cabida a sus dos protagonitas en el sub-mundo del cine serie B (si bien solamente una de ellas ha alcanzado ese éxito).

Ginger Snaps (sin traducción al español, o mejor dicho, sí la tiene pero no quiero decirla) cuenta la historia de Ginger y Brigitte, dos hermanitas neo-góticas en plena adolescencia que habitan un tranquilo suburbio canadiense de lo más aburrido y clase media que se puede imaginar. Las dos sienten un auténtico desprecio por el mundo que las rodea, desdén que se manifiesta en el placer que sienten al hacer gala ante los demás de sus gustos sanguinolentos (la película abre con una impresionante secuencia de diapositivas en las que las dos simulan sus diferentes muertes, cada una más horrenda que la otra), las bromas pesadas que gastan a los demás y su pacto de sangre de morir a los 16 años. Una noche de luna llena, mientras se encuentran gastando una broma a uno de sus muchos enemigos, Ginger es atacada por un hombre-lobo, acto de violencia que coincide con el de su primera menstruación. A partir de entonces comienza la gradual transformación de la chica en bestia, y su hermana Brigitte, la única que conoce su secreto, debe ocultar las pruebas (y las víctimas) de Ginger mientras busca desesperadamente una cura.

A pesar de su componente evidentemente terrorífico, la cinta es en realidad una historia sobre la fuerte relación entre las dos hermanas. Brigitte, la más tímida de las dos, es la que debe reaccionar ante los radicales cambios de su hermana, que pueden ser interpretados como el desarrollo típico de la adolescencia (ejemplo de esto es que Ginger cada vez busca mayor independencia de Brigitte, a la vez que poco a poco empieza a hacerse cada vez más atractiva a los ojos de los chicos). La película logra construir un alto grado de tensión cuando Ginger, con el pasar de los días, se vuelve cada vez más incontrolable, tanto en lo que refiere a la violencia como al sexo, cosas que al final terminará confundiendo.

El director de esta cinta es John Fawcett, debutante en el cine pero que ya se había forjado una reputación como director ocasional en series de televisión, principalmente para la Renaissance Pictures (la antigua compañía de Sam Raimi), pero quienes realmente brillan con luz propia son sus dos protagonistas, especialmente Katherine Isabelle en el papel de Ginger (su hermana se destacaría en las secuelas). No pasó mucho tiempo antes de que la viéramos en otras producciones de terror, y debo decir que desde entonces me ha caído muy bien aunque la película sea mediocre (Freddy vs. Jason), innecesaria (el remake televisivo de Carrie) o nefasta (Bones). Lástima que utilizara doble de cuerpo para aquella escena de ducha en el enfrentamiento entre Vorhees y Krueger.

El éxito de Ginger Snaps (contundente a pesar de que la película recibiera una distribución bastante limitada en los cines) fue suficiente para lanzar dos secuelas bastante aceptables, que ya se abordaré en otro momento. Basta decir, por ahora, que estamos ante una de las mejores películas de hombres-lobo que se han hecho, no sólo para los estándares actuales, bastante bajos como se sabe, sino de siempre, compitiendo duramente con clásicos del género como El aullido (1981) o Un hombre-lobo americano en Londres (1981). Imperdible. Puntuación máxima sin duda.

Sentencia: 8 puntos rojos. Hubo algunas escenas que pudieron ser menos comerciales y más gore, pero no podemos pedir perfección ¿o si?

Reseña: La matanza de Texas (1974)

Mi relación con La matanza de Texas (o el más específico The Texas Chainsaw Massacre) es difícil de explicar, principalmente porque la vi tarde, hará cosa de unos cuatro años, después de tener muchísimo tiempo escuchando hablar de ella. Y la vi por simple curiosidad y casualidad. Podemos decir únicamente que se trata de la primera película de Tobe Hooper (también conocido por Poltergeist), que fue financiada en parte con las ganancias de Garganta profunda (la porno más famosa de todos los tiempos) y que hasta la fecha ha generado tres secuelas y un desastroso remake. Nada de esto le quita su valor; sigue siendo una de las más grandes películas de horror de todos los tiempos, principalmente gracias a su ferocidad y la suciedad con que se nos presenta.

Dicen los mismos autores que está inspirada parcialmente en los crímenes de Ed Gein, un asesino en serie americano de los años 50. Yo no sé si esto es cierto (francamente lo dudo) pero puedo lanzar la conclusión a la que llegué después de verla (y a sus innumerables imitaciones): no sé como es que todavía hay gente que hace auto-stop. La posibilidad de que termines en las manos de una familia de “white trash” caníbales (en la que el más pintoresco de los miembros es un gigante mongoloide que lleva una máscara hecha de piel humana y se divierte picando a los incautos visitantes con una motosierra) es demasiado inquietante para ser desechada.

Es una lástima que no exista ninguna copia restaurada debidamente. Es verdad que la película es una producción de bajo presupuesto de los 70, pero la imagen y el audio dejan bastante que desear en una era en que la tecnología ha permitido reparar cosas más antiguas. En fin, quizás alguien se apiade de nosotros algún día. Mención especial merece Gunnar Hansen, el corpulento actor (era realmente un actor) que interpreta a Leatherface, y que pasó por la tortura que significó aquel rodaje demencial, caluroso, visceral y asbolutamente repulsivo. Entretanto, la película seguirá siendo el mejor ejemplo de por qué NUNCA hay que parar sin razón en la carretera.

Sentencia: 10 puntos rojos.

Reseña: El resplandor (1980)

Stanley Kubrick sólo llegó a hacer en vida doce películas, poco para los estándares de esta época o de cualquier otra, ciertamente pocas considerando que sigue siendo una de las referencias inevitables en la Historia del cine. Sin embargo, supo compensar su corta filmografía entregándonos doce auténticas obras de arte, todas ellas (en mayor o menor medida) calificadas de obras maestras, en las que este obseso y excéntrico cineasta supo explorar sus delirios personales y sus preferencias estéticas, entra las cuales estaba una auténtica fijación por la imagen estática y el silencio. Esto no debe extrañarnos, ya que antes de ser director de cine había trabajado como fotógrafo.

Como ante todo era un hombre inteligente y sensato, Kubrick no le hacía asco a ningún género, y así lo demuestran sus películas, que van desde muestras de cine negro (The Killing), bélico (Senderos de gloria y La chaqueta metálica), épico (Espartaco) o ciencia ficción pura y dura (2001: Odisea del espacio y La naranja mecánica). Pero como aquí hablamos de cine de terror, voy a decir un par de cositas sobre la única cinta que dedicó a este género: El resplandor.

Cosa curiosa es que las doce películas de Kubrick estén basadas en novelas, y esta no es la excepción. El resplandor está basada en la novela homónima de Stephen King. Dicho libro es, a mi juicio, uno de los mejores de dicho autor, y la película de Kubrick es (a mi juicio, insisto) la mejor que se ha hecho jamás a partir de su obra, y una de las mejores piezas del género que he podido ver jamás. Lo curioso es que sea precisamente Stephen King el principal detractor de esta película.

O quizás no sea tan curioso. Según King, Kubrick dio a la historia un significado completamente distinto al que él se había planteado en el libro. En defensa del autor, puedo decir que, ciertamente, novela y película no se parecen mucho. La historia de la que parten es la misma: Jack Torrance (interpretado magistralmente en la película por Jack Nicholson, quien durante años sería criminalmente encasillado en este tipo de roles), escritor frustrado y padre de familia, acepta un trabajo como cuidador del Hotel Overlook durante el invierno. El trabajo no es fácil, ya que requiere que él, su esposa y su hijo Danny permanezcan completamente aislados del mundo en ese gigantesco edificio totalmente vacío durante cinco meses, tiempo en el cual permanecerán bloqueados por la nieve. Pero Danny, un niño que posee un extraño don telepático conocido como “el resplandor”, puede sentir que hay una presencia maligna en el hotel, que impregna sus paredes con espíritus malévolos y almas en pena, todas alrededor de un hecho terrible que ocurrió en la habitación 237. Y su padre puede sentir esas presencias también, ya que están tratando de apoderarse de él a como de lugar.

Hasta aquí las similitudes. En el libro, Jack Torrance es un hombre esencialmente bueno que poco a poco va sucumbiendo ante la maligna influencia del hotel. En la película, el personaje de Jack Nicholson está chiflado desde el principio, y así nos lo hace saber el actorazo de Jack a través de las muecas y gestos que lo han hecho famoso. Para el momento del espectacular desenlace, en el que el demente Torrance persigue a su familia con un hacha, ya el infierno se ha desatado en la psique de este hombre, y Kubrick nos ha empujado junto a él en su viaje demencial por ese hotel vacío e inmenso, tan vacío como la propia alma del protagonismo.

Hay algo que la gente que ve El resplandor no puede nunca olvidar: el montón de imágenes que Kubrick busca marcar a fuego en tu mente. Las visiones del pequeño Danny Torrance (que van desde un ascensor que se abre dejando caer un torrente de sangre hasta la pavorosa imagen de las dos gemelas brutalmente despedazadas en uno de los pasillos) y las de Jack (una misteriosa mujer que aparece en una tina en estado de putrefacción y el “genial” camarero Lloyd) se quedaron para siempre en el impresionable cerebro de un lobezno de ocho años que vio la película en una vieja copia de VHS y nunca pudo olvidarla. Fue una de mis primeras experiencias con el terror en estado puro y la primera con una película de Kubrick. Para desgracia de Stephen King (alguien por quien siento una admiración tremenda) nadie como este cineasta ha sabido llevar a la pantalla el pavor que un libro suyo puede provocar. Por eso creo que esta película se merece un sitio de honor en cualquier colección de terror que se respete y, eso sin dudarlo, la puntuación máxima en la escala roja, diez puntos rojos.

Un poco de Alegoría:

Carta Tradicional : El diablo.
Diosa Afín: Nyai Loro Kidul.
Palabras claves: Agitación interior, ilusión, obsesión.

Debajo de las verdes olas del océano Pacífico que rodean la ilsa de Java vive la seductora diosa Nyai Loro Kidul. Sin embargo, muchos se cuidan de nadar en las aguas que ella domina porque se creee que allí cpatura mortales para le sirvan en su reino submarino. Los esquivos poderes de Nyai Loro Kidul reflejan las tentaciones de la ilusión, de la belleza que esclaviza en lugar de enriquecer, de los deseos y las pasiones incontrolables.

En la actualidad, los habitantes de Java continuan honrando a esta diosa. Con su seductor aspecto de reina de las sirenas, simboliza las misteriosas fuerzas ocultas del océano, que siempre deben ser respetadas. Para apaciguar a la diosa, las personas le dejan cocos, ropa e incluso recortes de uña a modo de ofrenda a orillas del mar, todo lo cual es aceptado con entusiasmo y engullido por las olas.

Significados: Estás tentada por fuerzas que no puedes controlar, como corrientes submarinas. Algo profundo y oscuro dentro de la psique – lo que Jung denominó “la sombra” – se personifica como un tentación y adicción. Deseos sensuales. Gula o envidia. Percepción de la envidia de otros. Sensación de falta de control. Necesidad de controlar.

Invertida o débilmente posicionada: Te has liberado de las tentaciones. Control sobre algo que antes te controlaba a ti: un hábito, una persona o una herida del pasado. Transformación de una debilidad o fuerza. Aceptación del lado oscuro, o la sombra, que todos poseemos.

Un poco de Alegoría:

Carta Tradicional: La justicia.
Diosa Afín: Oyá.
Palabras claves: Coraje, fuerza interior, liderazgo.

Los vientos huracanados que crea Oyá, diosa nigeriana del viento, tienen fuerza suficiente para arrancar los tejados de las casas y descuajar árboles enormes. Como las palabras están formadas por el viento que exhalamos al respirar – y debido a que Oyá es venerada por su elocuente discurso-, las mujeres suelen pedirle que les transmita las palabras correctas que resuelvan sus conflictos y les hagan recuperar su poder. Éste es el motivo porque el que Oyá es considerada patrona de la fuerza y el liderazgo femenino.

Para complacer a la Deidad, muchos yorubas se engalanan con collares marrones y crean altares en sus casas, donde exhiben los objetos sagrados de Oyá: cuernos de búfala o “vaca de las matas”, una corona de cobre que simboliza el palacio donde ella reside y pasteles de judías son sus favoritos. En la actualidad, un gran número de Yorubas continúan venerándola.

Significados: La fuerza y la sabiduría que necesitas se encuentra en ti. Poderes para transformar la debilidad de la fortaleza. Integridad y adhesión a la visión personal. Pujanza para generar paz entre fuerzas opuestas, que pueden internalizarse o personificarse en una determinada situación. Contralalas: no te falta vigor para conseguirlo.

Invertida o débilmente posicionada: Se disipan las energias. Desequilibrio. Tendencia a crear discordia “porque si”. Las bajas energias son más valoradas que las altas.

Un poco de Antigua Religión: ( del libro de las sombras de Felipa)


(…)El Pentagrama/ Pentáculo

La Antigua Religión es una tradicional que surgió en la Europa antigua, aunque sus postulados y conceptos son antiquísimos y se encuentran en las culturas milenarias. La Antigua Religión pone énfasis en la energía Universal, adorada como la Gran Diosa, el celebrante ve en la mujer el Principio femenino, mientras que la celebrante observa en su compañero al Principio masculino, el Gran Dios.

Un dato curioso es que Los Templarios medievales practicaron el culto a la Gran Diosa, personalizándolo en la Virgen, porque este culto de Los Templarios medievales, en sus iniciaciones y enseñanzas esotéricas, trabajaba con la Gran Diosa. Ello está unido a la tradición del Grial, del cáliz sagrado, que no es otra cosa que la representación simbólica de dicha Gran Diosa. (recordad el cáliz y el athame)

Las operaciones de la Antigua Religión están envueltas en “los Cinco Elementos” , Los cinco elementos son: Fuego, Aire, Agua, Tierra y Éter, siendo el quinto elemento la sexualidad, reflejo de lo divino en nosotros.

Todos los cuerpos tienen energías que hacen de ella una máquina dual (aspecto material y energético). Nosotros nos alimentamos de energía cósmica, que vivifica, potenciándonos y aplicándola a nuestros rituales.

Entendemos los lados del pentáculo como la unión de los 4 elementos, siendo nuestro trabajo interno el equilibrarlos dentro de nuestro diario vivir.

Entendemos el circulo como el aspecto negativos que engloban nuetra condición material humana, y siendo los puntos cardinales los que abren nuestro camino al mundo espiritual, pues logrando el equilibrio de los 4 elementos , el 5 será la maestría que nacerá de los mismos .

Ley de Causa y Efecto

“Toda causa tiene su consecuencia; todo consecuencia tiene su causa; nada ocurre por azar, el hombre es arquitecto de su destino”.

Esta Ley modifica nuestra evolución dependiendo de las acciones que cada individuo efectúa. Ella influye sobre el presente, pues es pasado al igual que presente. El pasado y el presente influyen sobre el futuro. Luego del deseo viene la acción por medios diferentes, físico, mental, espiritual. Todo influye en nuestro destino de manera directa.

Las consecuencias de nuestros actos forman una red de tal magnitud que torna imposible determinar las causas, estos efectos se remontan incluso a cusas anteriores a nuestra vida espiritual actual.

Las consecuencias espirituales derivan de acciones a voluntad, no se trata de recompensa o castigo pues esta es una Ley Natural.

Las consecuencias de la voluntad humana se extienden hasta que sus efectos quedan cumplidos. Puede significar incluso varias vidas espirituales, pues si la materia no se pierde, menos aun nuestra parte espiritual. Se dificulta mucho establecer la cadena causal en estado presente; debemos tener en cuenta también vidas anteriores, con los inconvenientes de no saber que hechos son los que provocaron los actuales efectos.

LA FÁBULA DEL ELEFANTE BLANCO

Cuenta una antigua fábula, que habían tres hombres muy sabios, buscadores del “Sagrado Elefante Blanco”, el cual no era simplemente un mito para ellos, sino un verdadero ejemplar viviente de la más elevada Divinidad, pues Él representaba la “VERDAD MÁS EXALTADA”. Eran tres insaciables peregrinos, embarcados en la más noble exploración de los Misterios Universales. Tres ancianos, venerables, inquietos como los niños, y con una mente capaz de abarcar lo inesperado, lo nuevo, lo trascendental. Los tres tenían una peculiaridad física y es que eran ciegos de nacimiento, pero para ellos eso no era ningún obstáculo que les impidiese continuar su búsqueda sagrada, ya que como es sabido, son los ojos muchas veces los que nublan y ciegan la realidad. – Porque para los ojos físicos todo son apariencias, pero para el sabio que reconoce esto, mira con los ojos de alma, con los ojos de la intuición. Cuando así se mira las apariencias se desvanecen y la esencia queda desnuda, nada queda oculto a los ojos del Alma.

Tras buscar por varias ciudades, exhaustos llegaron a un poblado sencillo donde un anciano lugareño, amablemente, les indicó dónde, según decían los antiguos sabios del poblado, podían encontrarlo. Estaban ya, ciertamente, muy cerca, y con decisión y firmeza, henchidos de alegría se introdujeron en el interior de la selva. Anduvieron durante toda la mañana y como eran ciegos agudizaron al máximo sus otros sentidos. Cayo la tarde y los tres estaban exhaustos, pero seguían buscando con entusiasmo, entusiasmo digno de los verdaderos buscadores, y ¡por fin!, los tres oyeron y hasta olieron la inmanente presencia del Grande y “Sagrado Elefante Blanco”. Profundamente emocionados, y como si de un relámpago se tratase los tres ancianos salieron corriendo a Su místico encuentro, ¡hasta los árboles se apartaban por compasión al verlos venir!.
Había llegado el momento, el mágico encuentro entre lo buscado y el buscador, entre lo profundamente invocado y la respuesta de una evocación divina, a la altura del tesón y la perseverancia mantenida durante años, incluso vidas… Uno de los ancianos se agarró fuertemente a la trompa del elefante cayendo de inmediato en profundo éxtasis, otro con los brazos completamente abiertos se abrazo con poderosísima fuerza a una de las patas del paquidermo y, el tercero se aferró amorosamente a una de Sus grandes orejas, ya que el elefante sagrado estaba placidamente tumbado sobre unas hojas.

Cada uno de ellos experimento, sin lugar a dudas, un sin fin de emociones, de experiencias, de sensaciones, tanto internas como externas, y cuando ya se habían colmado por la bendición del Sagrado Elefante, se marcharon, eso sí profundamente transformados. Regresaron a la aldea y en una de las chozas los tres en la intimidad relataron y compartieron sus experiencias. Pero algo extraño empezó a ocurrir, empezaron a elevar sus voces y hasta a discutir sobre la “Verdad”. El que experimento la trompa del elefante dijo: la Verdad (que era la representación del Sagrado Elefante Blanco) es larga, rugosa y flexible; el ciego anciano que experimento con la pata del elefante dijo: eso no es la verdad, la “Verdad” es dura, mediana, como un grueso tronco de árbol; el tercer anciano que experimento la oreja del paquidermo, indignado por tantas blasfemias dijo: la “Verdad” es fina, amplia y se mueve con el viento. Los tres, aunque sabios y hermosas personas, no se entendían, no se comprendían y decidieron marcharse cada uno por su lado.

Cada uno por su camino, viajaron por muchos países, haciendo de su capa un sayo, y difundiendo su verdad. Crearon tres grandes religiones y fue rápida su expansión. Esto fue posible porque tocaron la “VERDAD” y la predicaron honestamente por todo el mundo desde el corazón. Los tres buscadores, habían llegado a encontrar la Divinidad, pero no percibieron su amplitud, sino que se limitaron a experimentar una parte, no el Todo, por lo tanto, aunque sinceros en su búsqueda y en su servicio, herraron en su propia limitación mental.

De esta maravillosa y simbólica historia se pueden desprender innumerables conclusiones, todas ellas posiblemente validas. Para aquel que es un iniciado, percibirá rápidamente que muchos de los problemas actuales tienen que ver con el desarrollo de esta fábula, siendo también la solución posible, mediante el despliegue natural de nuestra inteligencia y de nuestro amor, hacia todos los asuntos de nuestra vida humana…

Hay una clase de espíritus, los Sagane o Espíritus Elementales de la Naturaleza. Paracelso dice tocante a sus cuerpos lo siguiente: “Hay dos clases de carne. Una que viene de Adam, y otra que no viene de Adam. La primera es material y grosera, visible y tangible para nosotros; la otra no es tangible y no está hecha de tierra. Si un hombre que desciende de Adam, quiere pasar por una pared, tiene primero que hacer un agujero en ella; pero un ser que no desciende de Adam, no necesita hacer ningún agujero o puerta, sino que puede pasar por la materia que nos parece sólida, sin causarle ningún daño. Los seres que no han descendido de Adam, lo mismo que los que de él han descendido, están organizados y tienen cuerpo substanciales; pero hay tanta diferencia entre la substancia que compone sus cuerpos, como la que hay entre la Materia y el Espíritu. Sin embargo, los Elementales no son espíritus, porque tienen carne, sangre y huesos; viven y propagan su especie, comen y hablan, obran y duermen, etcétera, y por consiguiente no pueden propiamente ser llamados “espíritus”. Son seres que ocupan un lugar entre los hombres y los espíritus, pareciéndose a los hombres y mujeres en su organización y forma, y pareciéndose a los espíritus en la rapidez de su locomoción. Son seres intermediarios, o Composita, formados de dos partes en una; lo mismo que dos colores mezclados parecerán como un color, no pareciéndose a ninguno de los dos originales. Los Elementales no tienen principios superiores; por lo mismo no son inmortales, y cuando mueren, perecen como los animales. Ni el agua ni el fuego puede dañarles, y no pueden ser encerrados en nuestras prisiones materiales. Están, sin embargo, sujetos a enfermedades. Sus costumbres, acciones, formas, maneras de hablar, etc., no son muy diferentes a las de los seres humanos pero hay muchísimas variedades. Tienen sólo intelecto animal, y son incapaces de desarrollo espiritual”.

“Estos espíritus de la naturaleza no son animales; tienen razón y lenguaje como el hombre; tienen mente, pero no alma espiritual. Esto puede parecer extraño e increíble; pero las posibilidades de la naturaleza no están limitadas por el conocimiento que el hombre y la sabiduría de Dios es insondable. Tienen hijos, y éstos son como ellos. El hombre está hecho a la imagen de Dios y se puede decir que ellos están hechos a la imagen del hombre; pero el hombre no es Dios, y los espíritus elementales de la naturaleza no son seres humanos, aunque se parecen al hombre. Pueden enfermar y mueren como animales. Sus costumbres se parecen a las de los hombres, trabajan y duermen, comen, beben y hacen sus vestidos, y así como el hombre está más cerca de Dios, así ellos están más cerca del hombre”.

“Viven en los cuatro elementos: las Ninfas en el agua, las Sílfides en el aire, los Pigmeos en la tierra, y las Salamandras en el fuego. Son llamados también Ondinas, Silvestres, Gnomos, Vulcanos, etc. Cada especie se mueve únicamente en el elemento a que pertenece, y ninguno de ellos puede salir de su elemento propio, que es para ellos como el aire es para nosotros, o el agua para los peces, y ninguno de ellos puede vivir en el elemento que pertenece a otra clase. Para cada ser elemental, el elemento en que vive es transparente, invisible y respirable, como la atmósfera lo es para nosotros”.

“Las cuatro clases de espíritus de la naturaleza no se relacionan entre sí; los Gnomos no se comunican con las Ondinas o Salamandras, ni los silvestres con ninguna de aquéllas. Así como los peces viven en el agua que es su elemento, así cada ser vive en su propio elemento. Por ejemplo, el elemento en que el hombre respira y vive es el aire; pero para las Ondinas el agua es lo que el aire para nosotros, y si nos sorprendemos de que estén en el agua, también ellas se pueden sorprender de que estemos en el aire. Así pues, el elemento de los Gnomos es la tierra, y pasan por las rocas, paredes y piedras como un espíritu, porque tales cosas no son para ellos más grandes obstáculos de lo que el aire es para nosotros. En el mismo sentido el fuego es el aire en que las Salamandras viven; pero los Silvestres o Sílfides, son los que están en más cercana relación con nosotros; porque viven en el aire como nosotros; porque viven en el aire como nosotros, se ahogarían si estuviesen bajo el agua, se sofocarían en la tierra y se quemarían en el fuego, porque cada ser pertenece a su propio Caos y muere si es transportado a otro. Si ese Caos es denso, los seres que viven en él son sutiles, y si el Caos es sutil, los seres son densos. Por lo mismo tenemos cuerpos densos para que podamos pasar por el aire sin impedimento, y los Gnomos tienen forma sutiles, para que puedan pasar por las rocas. Los hombres tienen sus jefes y autoridades; las abejas y hormigas sus reinas, los gansos y otros animales sus guías también, y lo mismo los espíritus de la naturaleza tienen sus reyes y reinas. Los animales reciben su vestido de la naturaleza; pero los espíritus de la naturaleza lo preparan por sí mismos. La omnipotencia de Dios no está limitada a cuidar sólo al hombre, sino que se extiende a cuidar también de los espíritus de la naturaleza y de muchas otras cosas de que los hombres no saben nada. Todos estos seres, ven el sol y el firmamento lo mismo que nosotros, porque cada elemento es transparente para los que viven en él. Así pues, el sol brilla a través de las rocas para los Gnomos, y el agua no impide a las Ondinas ver el sol y las estrellas; tienen sus primaveras e inviernos, y su “tierra” les produce frutos; porque cada ser vive del elemento de que ha brotado”.

“Con respecto a la personalidad de los Elementales, se puede decir que los que pertenecen al elemento del agua se parecen a los seres humanos de ambos sexos, los del aire son más grandes y más fuertes ; las Salamandras son largas, delgadas y secas; los Pigmeos o Gnomos, son de dos palmos de estatura, pero pueden extender o alargar sus formas hasta que parezcan como gigantes. Los Elementales del aire y el agua, las Sílfides y Ninfas, son de bondadosa disposición para con el hombre; las Salamandras, no se le puede asociar a causa de la naturaleza ígnea del elemento en que viven, y los Pigmeos son generalmente de naturaleza maliciosa. Estos construyen casas, bóvedas y edificios de extraño aspecto con ciertas substancias semi – materiales desconocidas para nosotros. Tienen una clase de alabastro, mármol, cemento, etcétera; pero estas substancias son tan diferentes de las nuestras como la tela de una araña es diferente de nuestro lino. Las Ninfas tienen sus residencias y palacios en el agua; las Sílfides y Salamandras no tienen moradas fijas. En general, los Elementales aborrecen a personas presuntuosas y obstinadas, tales como los dogmáticos, científicos, borrachos y glotones, lo mismo que a los pendencieros y gentes vulgares de todas clases; pero aman a los hombres naturales, que tienen mente sencilla y son como los niños, inocentes y sinceros; mientras menos vanidad e hipocresía haya en el hombre, más fácil les será acercarse a él; pero si es lo contrario, son tan reservados y huraños como los animales silvestres”.

El hombre vive en los elementos exteriores, y los Elementales en los interiores. Tienen habitaciones y vestido, métodos y costumbres, lenguaje, lenguaje y gobierno propios, en el mismo sentido que las abejas tienen sus reinas y los rebaños de animales su jefe. Algunas veces se les ve bajo diversas formas. Las Salamandras han sido vistas como bolas o lenguas de fuego corriendo en los campos o apareciendo en las casas. Ha habido casos en que las ninfas han adoptado la forma humana, vestido maneras, y han entrado en unión con el hombre. Hay ciertas localidades en que gran número de Elementales viven juntos, y ha ocurrido que un hombre haya sido admitido en su comunidad y haya vivido con ellos por algún tiempo, y que se hayan hecho visibles y tangibles para él .

“Los ángeles son invisibles para nosotros; pero sin embargo un ángel puede aparecer a nuestra vista espiritual, e igualmente el hombre es invisible a los espíritus de la naturaleza, y lo que las Ondinas saben de nosotros es para ellas simplemente lo que los cuentos de duendes son para nosotros. Las Ondinas se aparecen al hombre, pero no el hombre a ellas. El hombre es denso en el cuerpo y sutil en el Caos (plano astral) y aparecérsele, permanecer con él, casarse y concebir hijos de él. Así pues, una Ondina puede casarse con un hombre, hacerle casa, y sus hijos serán seres humanos y no Ondinas, porque reciben un alma humana del hombre, y además la Ondina misma recibe por esto el germen de la inmortalidad. El hombre está ligado a Dios por medio de su alma espiritual, y si una Ondina se une al hombre, vendrá a ser por esto ligada a Dios. Así como una Ondina sin su unión con el hombre muere como un animal, igualmente el hombre es como un animal si destruye su unión con Dios”.

“Por lo mismo las Ninfas están ansiosas de unirse con el hombre; procuran hacerse inmortales por medio de él. Tienen mente e intelecto como el hombre, pero no el alma inmortal, como la que hemos obtenido por el Cristo. Pero los espíritus de la tierra, el aire y el fuego, rara vez se casan con un ser humano. Pueden, sin embargo, apegársele y entrar a su servicio. No se debe suponer que son nada aéreo o simplemente espectros o apariencias; son de carne y sangre, sólo que más sutiles que el hombre (esto es, de la substancia de la mente)”.

“Las Ninfas algunas veces salen del agua y se las puede ver sentadas en la orilla cerca de donde viven, y lo mismo que los Gnomos tienen un lenguaje como el hombre; pero los espíritus de los bosques son más huraños y no hablan nada, aunque pueden hablar y son muy hábiles. Las Ninfas aparecen con forma humana y vestido; pero los espíritus del fuego son de forma ígnea. Usualmente no se hallan en compañía de los hombres, pero cohabitan con viejas, tales como las brujas, que algunas veces son obsesadas por el diablo. Si un hombre tiene una Ninfa por esposa, cuídese de no ofenderla mientras está cerca del agua, pues en tal caso volverá a su elemento ; y si alguno tiene un Gnomo por criado, séale fiel, porque cada uno tiene que ser obediente para con el otro; si cumplís vuestro deber para con él, él lo cumplirá con vosotros. Todo esto está en el orden divino de las cosas y será manifiesto a su debido tiempo; de modo que entonces podremos ver lo que ahora parece casi increíble”.

En las leyendas de los santos se hace alusión a los Espíritus Elementales de la Naturaleza llamándolos muchas veces “diablos”, nombre que no merecen; porque hay Elementales buenos tanto como malos; pero aunque pueden ser muy egoístas, no han desarrollado ningún amor por el mal absoluto, porque sólo tienen almas mortales, pero no esencia espiritual que los haga inmortales.

Además de las almas astrales que hay en el hombre y los Espíritus Elementales de la Naturaleza, hay otros muchos espíritus nacidos dentro del alma madre (la voluntad e imaginación de la naturaleza); y así como la mente del hombre puede crear monstruos, y el hombre puede pintar sus imágenes en el lienzo, o esculpirlas en piedra o madera, igualmente el poder universal de la voluntad crea monstruos en la luz astral, y puede arrojar sus sombras en el mundo físico de las apariencias, haciéndose objetivas en cuerpos sobre la tierra. Algunas de ellas son de corta vida y otras vivirán hasta el día de la disolución de todas las cosas. “Todos sabemos que un hombre puede cambiar su carácter en el curso de su vida, de modo que al fin llegue a ser una persona muy diferente de lo que era antes; y así toda criatura que tenga voluntad puede cambiar y hacerse sobrenatural o contranatural, esto es, diferente de lo que normalmente pertenece a su naturaleza. Muchas de las lumbreras de la iglesia, que ahora se pavonean llenas de joyas y diamantes, parecerán dragones y gusanos cuando el cuerpo humano en que están ahora enmascarados haya desaparecido cuando llegue la muerte”.

“Hay también Sirenas; pero son simplemente una clase de peces monstruos; pero hay dos clases más de espíritus, relacionados con las Ninfas y Pigmeos, a saber: los Gigantes y los Enanos. Esto no puede ser creído, pero debe recordarse que el principio del conocimiento divino es que la luz de la naturaleza ilumine al hombre, y que por esta luz conozca todas las cosas de la naturaleza por medio de la luz interior. Los Gigantes y Enanos son monstruos, estando en relación con los Silvestres y Gnomos en el mismo sentido que las Sirenas están relacionadas con las Ondinas. No tienen alma (espiritual), y pueden mejor ser comparados a monos que a serse humanos. Estos espíritus son con frecuencia los guardianes de los tesoros ocultos”.
“Tales cosas pueden ser negadas por el sabio mundanal; pero al fin del mundo, cuando todas las cosas serán reveladas, entonces también se verán avergonzados y corridos los llamados “doctores” y “profesores”, que fueron grandes en su ignorancia; entonces se verá quiénes fueron los verdaderamente instruidos en el fundamento de la naturaleza, y cuáles los instruidos simplemente en charla vacía. Entonces conoceremos a los que han escrito conforme a la verdad, y los que han enseñado según su fantasía; y cada uno recibirá lo que merezca. No habrá entonces doctores ni magistrados, y los que están haciendo ahora mucho ruido estarán entonces muy callados; pero los que hubieren recibido la verdadera inteligencia serán felices. Por lo mismo recomiendo que mis escritos sean juzgados en aquel tiempo cuando todas las cosas se manifestarán y cuando cada uno verá la luz como le fue revelada.

La ortodoxia de la Edad Media consideraba a los ángeles, demonios o espíritus humanos desencarnados, como entidades personales invisibles. Personificaron a los poderes del bien y del mal, e hicieron de ellos caricaturas y monstruos que volaban de lugar a lugar, tratando de subyugar las almas de los hombres o de sujetarlos a su poder. El gobierno de aquellos tiempos era oligárquico, y el pobre dependía de los favores del rico. El poder de la Iglesia era supremo, y los dictados del clero no toleraban la desobediencia. El servilismo y anhelo por favores personales estaban a la orden de aquel tiempo, y este estado de la mente influenció y modificó necesariamente las concepciones religiosas del pueblo. El Espíritu Supremo del Universo fue degradado a sus ojos como un tirano personal, y cuyo favor trataban de ganar por medio de penitencias, súplicas, y por medio de la intercesión de los sacerdotes, que se suponía eran sus favoritos. Todo lo que no podía ser reconciliado con las preocupaciones y opiniones existentes, era atribuido al diablo; y los horrores de la Inquisición, las persecuciones religiosas y procesos de brujas, son bien conocidos para traerse a la memoria de los practicantes del Viejo Arte. Cernunos, el Dios astado, el macho cabrío, ninguna relación puede tener con el satanismo y el diablo de la iglesia. Los cuernos son símbolo de la fertilidad masculina, fertilidad necesaria para la creación universal.

El cuerno como símbolo fálico, el cuerno de la abundancia como símbolo de prosperidad de las cosechas, el cuerno de oro símbolo del conocimiento, las astas del cabrío símbolo de fortaleza. El cuerno como símbolo del masculino necesario en la dualidad de la vida…

Lamentablemente el símbolo de uno de los aspectos de nuestra divinidad ha sido transformado en el “diablo”, razón por la cual muchas veces son mal interpretados nuestros símbolos.

(…)

29 de agosto de 1.980.

The Grudge (2003)

Tiene su remake en el cine amiercano pero me parece que Ju-On: The Grudge (dejo el título en su versión original porque la palabra “grudge” es muy difícil de traducir correctamente, aunque una aproximación podría ser “ira” o “furia”, especificando que se trata sólo de aquella que es producida por un fuerte rencor) me parece el representante más digno y contundente de esta nueva moda en el género de terror conocida como el J-Horror (un término menos excluyente sería A-Horror, porque no todas las películas de miedo orientales que nos llegan vienen de Japón). Muy similar al fenómeno italiano del giallo que cautivó a medio planeta durante los años setenta, este sub-género de películas tienen muchas similitudes entre sí: se trata de historias de miedo fuertes, pesadas, cargadas de atmósfera, y que frecuentemente tocan el tema de la espiritualidad “siniestra” de la que está cargada gran parte del esoterismo oriental. La cinta de Takashi Shimizu, la mejor según mi parecer, es fuerte evidencia de esto.

Ju-On no cuenta la historia de unos personajes. Más correcto sería decir que cuenta la historia de una fuerza: la maldición creada tras un crimen que se nos presenta de manera borrosa en la secuencia inicial. Un hombre (desconocido para nosotros) mata a su mujer y a su pequeño hijo. La casa que una vez habitaron estos personajes se convierte, desde entonces, en el receptáculo de la ira de estos fantasmas, quienes acaban con la vida de cualquiera que se atreva a cruzar el umbral de su morada. La historia comienza con una joven llamada Rika, quien durante una visita a la casa (donde trabaja atendiendo a una anciana) es testigo de la fuerza de aquella maldición que la ataca no solamente a ella, sino a todos los que están en contacto con la vivienda y sus habitantes.

Shimizu cuenta la historia en fragmentos desordenados cronológicamente. Cada uno de estos segmentos está titulado con el nombre del personaje en el que se centra. El resultado es casi siempre el mismo: el personaje entra en contacto con la casa y acto seguido es acosado por la fuerza de los dos fantasmas: Toshio (uno de los niños más espeluznantes que haya visto jamás, y eso es decir mucho) y su vengativa madre. Pero lo asombroso es como esta película es capaz de asustarnos incluso cuando nos familiarizamos con su estructura. Casi siempre sabemos lo que va a pasar, y aún así esperamos que de alguna manera no suceda. Pienso que alguien capaz de lograr esto realmente es un maestro en el arte de meter miedo.

Es sumamente difícil hablar de esta película, porque a diferencia de otros ejemplos del terror asiático, por ejemplo Ringu (1998) o The Eye (2002), no se centra necesariamente en la trama. La historia es lo de menos, lo importante es el clima que crea y la sensación de profundo temor que impregna cada fotograma. Shimizu, obviamente, coloca gran parte de su peso sobre las imágenes, sonidos y demás aspectos “sensoriales” de la cinta. En este sentido, creo que lo mejor es acercarse a ella sin saber nada de antemano. Yo lo único que puedo expresar es que, si una película es capaz de producir una sensación así, temo por mi salud. Y esto es la pura verdad.

¿Puntuación roja? unos moderados 7, aunque en realidad creo que se merecería un 8, pero el argumento extrañamente diagramado en puntos focales de información no termina de convencerme. Quedemonos con 7 entonces.

Un poco de Alegoría:

Carta Tradicional: Rueda de la Fortuna.
Diosa Afín: Lakshmi.
Palabras Claves: Prosperidad, expansión, suerte.

Según la Tradición, la Diosa Hindú de la buena suerte y la prosperidad, llamada Lakshmi, siente una gran atracción por las joyas brillantes, que representan las riquezas que la deidad concede a aquellos adoradores que le han complacido. Para ganar su favor, en la noche de luna nueva de todos los meses de noviembre la mujeres indias limpian su casa a fondo y cuelgan diminutos farolillos que brillan como diamantes en la oscuridad. No es de extrañar que muchos crean que Lakshmi vive en el cielo con las estrellas, cuyo fulgor enmarca la incomparable belleza de la Diosa.

En la mitologia hindú se cree que ella representa todo lo femenino, mientras su consorte, Vishnú, conocido como el Conquistador de la Oscuridad, simboliza todo lo masculino. Muchas pinturas hindúes muestran a Lakshmi y a Vishnú montados sobre Garuda, el gigantesco rey de los pájaros, mientras sobrevuelan la tierra esparciendo fortuna.

Significados: generosidad del Universo. Capacidad para abrirse a la abundancia. Sentimientos de expasión y expectativas positivas. Conciencia de belleza y amor. Suerte.

Invertida o débilmente posicionada: Sentimientos o experiencias incómodas en relación la suerte. Desilusión. Finales o comienzos inesperados. Capricho.

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