Archive for julio, 2006

El manual de la Perfecta idiota enamorada.

La mujer da sexo para recibir amor. El hombre da amor para recibir sexo.

Como dije antes, sexo y amor son conceptos que se interpretan y por ende, se comprenden de manera muy distinta en el pensamiento femenino y masculino. Se necesita un cierto nivel de madurez, para aceptar que en principio, para ambos géneros la sexualidad y las relaciones emocionales tienen diferentes grados de importancia y además, se manifiestan de manera distinta. Sin embargo, la relaciones pocas veces llegan a un nivel de comunicación tan profundo como para hacer patente la singularidad de ambos puntos de vista, lo cual conduce irremediablemente a roces, rupturas y por supuesto, el final de las relaciones románticas.

La mujer necesita el amor o mejor dicho, necesita sentirse amada, comprendida, protegida, atendida y deseada. Ninguna de estas cosas, por si sola, es capaz de sostener una relación y la combinación de todas ellas, puede crear una presión excesiva y dolorosa sobre la pareja. Porque la mujer no solo anhela lo que para ella simboliza el amor, sino que lo exige, sin analizar suficientemente si realmente el hombre que la acompaña puede brindarle tales cosas. La mujer muy pocas veces percibe a su compañero como una persona que puede sufrir de las mismas carencias que las suyas, sino que atribuye automáticamente a una relación el deber de satisfacer las suyas. No digo con esto que las mujeres no comportamos egoistamente, sino a lo que me refiero es que muchas veces tenemos ideales irrealizables y totalmente abstractos con respecto al hombre. Hay exigencias que ni aun el hombre más sensible y amoroso puede cumplir, porque son cánones sociales puramente fantasiosos. Me refiero, claro está, a ideas románticas sin fundamento, alentadas por peliculas y libros, las esperanzas estándarizadas y esquematizadas, que más parecen responder a un arquetipo masculino que a un hombre real y un larga lista de pequeños e inconcretos “pecados” contra el “amor” que la mujer asume son reales, y por tanto “penaliza” habitualmente dentro de sus relaciones de pareja.

Insisto, no estoy disculpando al hombre por conductas que pueden herir o dañar a la mujer. Mi intención al escribir esto, es simplemente demostrar que muchas mujeres cometemos el error de prejuzgar, asumir e insistir en ciertas ideas que a la larga, destruyen nuestras relaciones. Muchas veces he lamentado haber juzgado de manera excesivamente dura conductas en mi pareja, que luego resultaron ser simplemente naturales e inevitables. Comprender este simple premisa me ha ayudado a ver al hombre real, detrás de la imagen irreal.

Pero en muchas ocasiones, la mujer insiste en que el hombre debe corresponder a determinada “imagen”, deformada y simple. Y al no hacerlo, las relaciones se resiente o fracasan por el simple hecho que la mujer estuvo buscando en el hombre caracteristicas que nunca tuvo, y probablemente ninguno tendrá. Muchas veces he pensando que para una gran cantidad de mujeres el supuesto “hombre perfecto” solo es una manera de rechazar la realidad, una tradicional negación/idealización infantil que finalmente, solo tiene como consecuencia una enorme frustración. No obstante que muchas mujeres terminan madurando y comprendiendo que el hombre con quién comparten la vida es un ser real y tridimensional, otras tantas continuar intentando llenar sus “expectactivas” a base de exigencias y necesidades huecas.

La mujer da sexo para obtener amor:

Una vez, conversando con una de mis mejores amigas, llegamos al inevitable tema de las relaciones de pareja. Durante años, ella había mantenido un noviazgo decididamente serio con un hombre que era obvio jamás podría llenar sus expectativas. Ese día en particular, conversabamos sobre su vida sexual y me asombró un poco escucharla decir: “lo que pasa es que si uno cede un poquito en la cama, consigue que el hombre cambie”. No sabría decir que me asombró más: escuchar a esta mujer inteligente, profesional e independiente considerarse tan poco valiosa como para utilizar un arma primitiva como el sexo para conseguir gratificación emocional o que cayera en la infantil manipulación masculina de fingir un cambio de conducta aparente para conseguir sexo. Ambas posibilidades eran alarmantes, por supuesto, pero lo que más me entristeció fue que la mujer venezolana tenga un nivel de autoestima tan bajo como para buscar el amor sin esperarlo realmente a cambio.

Cuando le comenté la anecdota a otras de mis amigas, nadie pareció tan sorprendida como yo. De hecho, una de ellas trató de hacerme entrar en razón, explicandome hombre es fácil de “manipular” y que cuando todo falla, el sexo es la respuesta para convencerlo de cualquier cosa. Me pregunté, al escucharla, como podían esperar cualquiera de ellas obtener amor, comunicación, complicidad y todas esas virtudes en las que todas insisten diariamente que debe tener el hombre “ideal” si no consideran a su compañero una criatura pensante y razonable. Una actitud que se repite habitualmente y me temo que muchas veces, ni siquiera de manera conciente.

Desde el principio de la historia humana, la mujer, disminuida, marginada, condenada a un rol social de minusvalia, comprendió que el sexo era un arma que le confería un tremendo poder sobre el varón. A través del tiempo, las pocas mujeres que han tenido relevancia historica, han tenido o que luchar contra el estereotipo de la mujer como objeto sexual o convertirse en objeto sexual ellas mismas y usar ambos extremos de este poder ( la virgen poderosa como Juana de Arco o la puta poderosa como Gabrielle d’strées, favorita de Enrique VII de Francia) para lograr un lugar bajo el sol de la sociedad. Para bien o para mal, el sexo y la debilidad del hombre ante el poder sexual de las mujeres ha sido una constante forma de expresar la guerra de los sexos y el la forma como la mujer ha tratado de acceder al mundo real.

Sin embargo, para la mujer, el amor sigue siendo la conquista más necesaria. Y el por supuesto, el sexo, el arma por excelencia. Muy pocas mujeres perciben el sexo como una necesidad autonoma, un apetito biologico tan importante y necesario para su equilibrio como lo es para el hombre. Una triste realidad, que ha transformado la expresión sexual en una serie de manipulaciones sin sentido que merma la capacidad de la mujer para percibir su propio erotismo.

Es un intercambio tremendamente dañino, el comercio entre sexo y amor. Y digo comercio con toda propiedad, porque la mujer está intentando conseguir lo que considera sus necesidades primordiales por medio del sexo, un intercambio medido y calculado. El sexo en este sentido, no es una gratificación mutua, una experiencia profunda e intima, sino que se transforma en una simple manipulación.

¿Y que ofrece la mujer a cambio de mercadear con su sexualidad? Lo que, según su definición, es amor: una atención desmedida, “complacer” los caprichos masculinos, moldearse al aparente ideal masculino de perfección. ¿Y que obtiene a cambio? tal vez nada. Es triste decirlo, pero la gran mayoría de las mujeres que utilizan el sexo como arma, no reciben lo que esperan, o al menos no por demasiado tiempo. Una vez que la manipulación se hace evidente, es poco lo que la mujer puede hacer para recuperar el respeto o la valoración perdida: Ella misma se definió como objeto sexual y es muy probable que el hombre mantenga tal percepción indefinidamente. Por supuesto, la relación termina por naufragar.

El Hombre da amor para recibir sexo:

¿Cual es la consecuencia directa de la actitud de la mujer al utilizar el sexo como un arma infalible para moldear y manipular la voluntad masculina? que el hombre utilice el “amor” ( de la manera como cree que la mujer lo percibe) para conseguir gratificación carnal. El hombre puede sentirse vinculado o no emocionalmente a una mujer, pero si la desea de manera erótica, fingirá la supuesta conexión “magica” que muchas mujeres creen que es el amor. Las pautas para este engaño las ha definido la mujer. El arquetipo ideal del hombre es tan general, abstracto y se encuentra tan arraigado en la conciencia social que es bastante simple recrearlo. Y la mujer, embebida en la fantasia que ella misma ayuda a conservar, lo acepta, aun a sabiendas que muchas señales pueden indicarle que el comportamiento del hombre es falso. No obstante, cometiendo todos los errores habituales de percepción, negandose a confiar en su inteligencia y capacidad deductiva, la mujer se entrega a una irreal imagen que la mayoría de las veces acaba en tristeza y decepción: la mujer se siente engañada, se siente estafada y utilizada. Y no es esta equivocada porque realmente ha sido engañada, estafada y utilizada.

¿Cual es la mayor irónia en todo esto?

Que ella misma le ha dado las armas al hombre para lastimarla y socavar su confianza. Porque la mujer intenta manipular al hombre, subestimando su inteligencia emocional y al hacerlo, abre las posibilidades de caer en un peligroso juego del que pocas veces puede salir sin sufrir daños: la de utilizar su intimidad, su autoestima y confianza en si misma, para lograr satisfacer sus carencias más profundas. En otras palabra, la mujer busca confianza y seguridad emocional, brindando crasa carnalidad, y a cambio, recibe del hombre una imagen medianamente falsa, fomentada por la mujer, para conseguir crasa carnalidad.

No digo por supuesto, como suelo repetir a menudo que mi análisis incluya a parejas que disfrutan de una sexualidad sana y deliciosa. Incluyo especificamente a todas aquellas parejas disfuncionales que intentan manipularse el uno al otro y cuyas relaciones carecen de bases sinceras y coherentes.

( continuará)

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En una crisis, la mujer se mata. El hombre mata.

Lamentablemente, la mujer y el hombre se definen y construyen sus relaciones interpersonales de maneras totalmente distintas. Para ser exactos, tanto hombres como mujeres comprenden el mundo a través de su educación y vivencias, lo que da como resultado elementos dispares, imposibles de unificar. Sin embargo, tales diferencias no tienen porque ser por necesidad fuente de disputas, sino una forma de apreciar la singularidad de la pareja. Lamentablemente, a la mujer venezolana no se le fomenta el sentido de aceptación de su propia individualidad, sino que se le insiste en que su personalidad debe adecuarse a la del hombre. Muchas mujeres sienten la necesidad de “complacer” al hombre por “amor”, debido a lo cual, callan sus opiniones, reprimen ciertas conductas personales e incluso fingen comportamientos con la intención de “agradar” al hombre. Por supuesto, esta “mujer agradable” bajo la óptica femenina es una mera suposición, que casi nunca coincide con la realidad. Entre tanto, la mujer se convence que valiendose también del “amor”( cuyo concepto, como ya hemos establecido es totalmente distinto para el hombre y la mujer) logrará el prodigio de transformar la personalidad de la pareja a lo más cercano al ideal al cual aspira. Debido a esta situación anómala y dificil, la relación casi siempre se desarrolla entre baches y verdades medias dichas, hasta que finalmente la confrotación en la pareja es inevitable.

Una vez escuché que las principales causas de separación o ruptura en una relación son dos:

La creencia que las personas cambian su comportamiento para bien una vez que la relación se hace más fuerte:

En realidad, nadie cambia ni para bien ni para mal, simplemente no cambia, porque los comportamientos aprendidos y que son la base de nuestra personalidad y actitudes, son tan fuertes y tan definidos que es imposible modificarlos. Ahora bien, no me refiero a los vicios y comportamientos destructivos, cuyos hábitos dañinos pueden ser proclives a recuperación. A lo que me refiero es a las costumbres, rutinas, formas de pensar y conductas propias que definen a cada persona en particular.

Un error típico de muchas mujeres es comenzar una relación con la premisa que las actitudes que nos sean desagradables “cambiaran” una vez que la relación se haga más firme. Incluso, amparadas por las más diversas excusas ( “es por su bien” “solo quiero ayudarlo” “yo solo lo hago porque lo amo”) intentan a fuerza de manipulación y tentativas más o menos absurdas, modificar la conducta de la pareja para que sea más aceptable. ¿Aceptable para quién? me he preguntando infinidad de veces cuando mis amigas me explican sus intenciones. ¿Para ellas mismas? ¿No es algo absurdo intentar crear un hombre nuevo del que ya conoces? ¿Y si realmente este no es el hombre con quién deseas llevar una relación sentimental, por qué continuas con él?

Muchas me responderán que ellas mismas han cambiado para satisfacer al hombre. Y es allí donde se encuentra la otra cara de esta errónea suposición. Muchas mujeres están convencidas que es licito cambiar si eso ayuda a mejorar la relación. No dudan en someterse a dietas, tratamientos de belleza, modificar su estilo de vestir para intentar captar la atención masculina. Más grave aun resulta cuando la mujer se comporta de una manera que no le es natural solo por intentar conservar una relación. Casi con jocosidad, las primeras étapas del noviazgo son llamadas en Venezuela “la étapa del engatuse” termino que define precisamente el momento donde la pareja intentar mostrar su mejor cara, la más amable, la más idónea y digerible.

Y es esta costumbre ( terriblemente dañina) lo que nos lleva al segundo error:

Muchos mujeres y también hombres están convencidos que lo correcto es mostrar la “mejor cara” al principio de la dinámica de pareja:
Por supuesto, el “mostrar la mejor cara” todo el tiempo implica ciertos sacrificios y llegado a cierto punto, la tensión hace que eventualmente se deje de fingir. Es entonces, cuando la relación sufre un golpe del que pocas veces se recupera: la realidad.

Pero exactamente ¿que es la mejor cara?

No me refiero solo a lo fisico, aunque en la mayoría de los casos, las mujeres llegan a obsesionarse por todo tipo de detalles estéticos. Cuestiones como maquillarse a toda hora y en todo momento y procurar que el cabello siempre luzca impecable, son ejemplos que demuestran hasta que punto, para una mujer el hecho de cumplir con expectativas imposibles ese convierte con el tiempo en una presión excesiva. Sin embargo, más doloroso y comprometedor es la idea que la personalidad debe coincidir con varios estereotipos de mujer que según la creencia popular, son los idoneos, y por tanto, los más deseados por los hombres:

La chica amorosa y “decente”:
Esta variable del estereotipo pasivo ya no es muy común, aunque sin embargo, de vez en cuando encontramos a una mujer que calla opiniones y puntos de vista, intentando no enfrentarse al hombre. Esta mujer “perfecta” se encuentra convencida que ser pasiva, comprensiva y amable, es la manera más firme de demostrar su amor. No tiene la menor duda que para que una relación funcione, las opiniones de la pareja deben “armonizar”, ser totalmente coincidentes. Esa linea de comportamiento era común hace un par decadas, pero a medida que la mujer se ha hecho más fuerte e independiente, este actitud desapareció.

La chica “amigo” o masculina:
Es la mujer que dice groserias, toma cerveza, juega dominó, comenta los deportes, rechaza cualquier ternura. La Machota, podría llamarsele en lenguaje coloquial. Una más del grupo de amigos, sin más ni menos. No me refiero a la mujer que naturalmente se comporta de esa manera, sino a la que asume que la mejor pareja para un hombre es aquella que comparte con él las facetas de su personalidad netamente masculina. Es muy común que una mujer intente pasar por “dura”, fuerte, “todo terreno” para demostrar que es idónea para cualquier hombre que deseé una mujer a su lado que sepa “llevarle el paso”.

La Diosa sexual:
Creo que una de las “personalidades” más dañinas que asume la mujer podría ser esta. No me refiero a la mujer sexualmente sana, con un apetito sexual positivo y poderoso sino a la que intenta por todos los medios fingir que disfruta del sexo, que su apetito es voraz e insaciable. Una vez conocí a una muchacha que sufría de dolores y temores cada vez que mantenía relaciones sexuales con su novio, pero jamás se lo mencionó, porque deseaba aparentar que para ella el sexo crudo era tan indispensable como para él. No tengo que explicar, me parece, el grave perjuicio fisico y mental que tal comportamiento supuso para ella.

Más preocupante aun es la Diosa sexual que intenta convencer al hombre que es su objeto de deseo, que su necesidad fisica de él es suficiente para satisfacer todos los demás aspectos de la relación. ¿Nunca se preguntan estas mujeres que sucederá cuando simplemente no estén de animo para fingir?

En el fondo, la Diosa sexual sufre de graves problemas de autoimagen. Su valoración personal radica en que tan deseable o no sea para el sexo opuesto. La Diosa sexual se revaloriza a través de la atención carnal y su expresión erótica tiene poco que ver con una sexualidad sana y espontánea. El comportamiento de la Diosa sexual tiene una estrecha relación con el hecho que se considera a si misma poderosa, en tanto sea capaz de despertar deseo en su pareja. Equivocadamente supone, que el sexo es un camino seguro hacia la intimidad y la compenetración, ignorando el hecho que para el hombre, la carnalidad tiene un sentido totalmente diferente al que podría tenerlo para una mujer.

Super niña y su personalidad secreta, la perfecta ama de casa:
Producto de nuestra sociedad. Esta mujer se niega a aceptar que muchas veces no puede abarcar todas las responsabilidades que su vida y la pareja le exigen. Encontramos a esta victima de su propia necesidad de aceptación en altos cargos ejecutivos, batallando para intentar ser madres perfectas, esposas perfectas, empleadas perfectas, lograndolo en pocas ocasiones y a costa de su salud, mental y fisica. Finalmente, cuando la mujer se desploma agotada comienza a exigir a su pareja ayuda y apoyo, responsabilizandola de su cansacio y esfuerzo. Y la triste realidad es la más simple también: nadie le pidió intentar crear un mundo perfecto para apuntalar su autoestima.

La señorita Necesito atención:
Esta mujer es lo que podríamos llamar de “alto mantenimiento”. Es la que necesita llamadas, piropos, regalos, un constante coqueteo y eterno cortejo. A cambio, la mujer se muestra ponderada, amable, complice, cariñosa. Sin embargo, en el momento que el nivel de atención desciende (lo cual ocurre siempre a todo nivel) la mujer se resiente y comienza a utilizar todo tipo de pequeños trucos para recuperar la “atención” que cree necesita.

La Chica de oro puro:
la mujer de oro puro es. en su opinión, tan valiosa que está convencida que el hombre que la acompaña terminará beneficiado por su dorada celebridad particular. Esta es la mujer cuya actitud recuerda constamente a su pareja, la gran consideración que ha tenido de aceptar mantener una relación. Casi siempre, esta mujer sufre de graves problemas de autoestima y valoración personal, lo que da como resultado, un ego inflado artificialmente para lograr ponderar las carencias. Esta mujer siempre necesita ser escuchada, atendida, aunque siempre se presenta como “autosuficiente” y “fuerte”. La vulnerabilidad, las naturales dudas, temores y miedos no son parte de su comportamiento habitual.

La “cuaima”:
Este comportamiento basicamente tradicional de la cultura venezolana, describe a una mujer posesiva, en esencia machista, controladora y obsesionada con su relación de pareja. La “cuaima” sabe del comportamiento abusivo o inaceptable de su pareja, pero su forma de confrotarlo es a base de discusiones y peleas. Se jacta de sus celos, deseos de dominación y el “control” que supuestamente ejerce sobre su pareja. Para esta mujer, el hombre promedio es “irrespetuoso, fiestero, bebedor y sinverguenza” y su deber es aceptarlo asi, debido a que la vida en común contempla tales “deslices” . A pesar de sus alardes, la “Cuaima” tiene una muy baja autoestima y toda su rabia tiene como origen la tremenda frustración que sufre en su vida normal.

Por supuesto, una mujer que deba soportar la presión de cualquiera de estas actitudes al intentar convivir en pareja, terminará agotada y a la larga, tremendamente frustrada. Una conducta autodestructiva, que minará su fuerza, su personalidad y su amor propio. Finalmente, el temor al rechazo, que es la raíz de todos estos comportamientos erroneos, nacen del convencimiento femenino que el hombre es proclive a ser manipulado por diversos medios, con el fin de conseguir hacerlo cambiar. Pero como esto jamás ocurre ( jamás! lo repito de nuevo) la mujer acumula frustración y angustia. Simplemente, como hemos dicho, termina agotandose de fingir y es cuando comienza a “morir un poco”, a “matarse” ya sea por depresiones, neurosis, temores, soledad, angustia, desesperación. Muchas mujeres sufren en sus relaciones de altibajos y momentos de terror, aunque jamás afrontan realmente, de donde procede el problema.

El hombre mata:

El hombre, por naturaleza, es un ser activo. Ningun hombre comprende la comunicación verbal como un medio idoneo para vincularse y profundizar la relación de pareja. Tal cosa no quiere decir que el hombre no desee conectarse a la mujer de manera emocional, sino que simplemente, las largas conversaciones, análisis, confesiones y otras formas de comunicación netamente femeninas, no son propias de su forma de comunicación, bajo ningun aspecto.
Los hombres entienden la comunicación de la siguiente manera: Un hombre habla cuando necesita la solución practica a un problema, o desea expresar una idea en concreto. Para un hombre, la comunicación es directa y como respuesta a un estimulo definido. De resto, un silencio le parecerá más comodo o intimo. No es posible, intentar que el hombre se comunique como lo hace una mujer. No estan educados para ello. No sienten la necesidad instintiva que experimentamos la gran mayoría de las mujeres de expresar nuestras ideas de manera estructuradas y en voz alta. Desde la óptica masculina, siempre tendrá más sentido una acción fisica que una larga conversación.
Por supuesto, para muchas mujeres el silencio del hombre es incompresible e incluso ofensivo. Lo interpretan como indiferencia, apatia o peor aun, falta de confianza. Tales ideas terminan por dañar la relación, debido a que la mujer no le resulta fácil asumir que el hombre es incapaz de expresar sus ideas en voz alta con la misma facilidad como lo hace ella misma.
Muchas veces, el silencio del hombre mata la relación, porque para ambos sexos tiene un significado distinto. No dejo de reconocer ni por un momento que existen hombres cuyo silencio oculta conductas reprobables, pero para la gran mayoría, simplemente permanecer callado es una manera de mostrar una variedad de emociones, que van desde las más positivas (comodidad, intimidad, ternura, compenetración) hasta las nocivas ( rencor, indiferencia, desamor).
La comunicación en una pareja es básica, eso nadie lo duda. Pero la comunicación debe ser de alguna manera consona con las personalidades de cada miembro de la relación. En la singularidad y su aceptación, sin lugar a dudas, está el secreto de la convivencia.

Manual de la perfecta idiota enamorada. ( Segundo inciso)

Más terminos confusos:

Hijos:

Para la mujer:
La biologia es una influencia inevitable y decisiva para la mujer sobre este respecto. El cuerpo de la mujer se encuentra genéticamente programado para crear vida. Por tanto, tradicionalmente, a la mujer se le ha educado para responder a tales expectativas. A la mujer se le educa para ser madre, para fomentar el llamado “instinto maternal” ( que no es más que un primitivo estimulo para la preservación de la especie), la “sensibilidad” femenina y otras tantas caracteristicas semejantes que se relacionan directamente con la familia y la procreación. La educación para la mujer, hasta hace pocas décadas, no incluia una formación estructural que estimulara sus ambiciones, determinación y voluntad de superación. La mujer solo tenía acceso a la educación que requería para ser la “compañera” del hombre. En otras palabras, la mujer solo habitaba un mundo femenino. El mundo exterior ( y real) era para ella un misterio.

Como consecuencias, los hijos eran el centro de esta existencia deformada e incompleta. La sociedad esperaba que las mujeres fueran madres a tiempo completo y que toda su existencia y peso especifico como ser humano, se relacionara con la procreación, nacimiento, crianza y educación de los hijos que debía engendrar. En consecuencia, aunque no está sometida a las presiones de antaño, la mujer actual continua sufriendo las reminiscencias de la antigua postura patrialcal: Muchas mujeres son madres sin estar preparadas mental y emocionalmente para serlo. En otras ocasiones, las mujeres se sienten incompletas por no experimentar un deseo directo de concebir. La idea subyacente que toda mujer debe desear la maternidad, presiona y muchas veces destruye las relaciones, debido al peso insoportable a la que somete a vinculos personales que carecen de la profundidad y la firmeza para afianzarse antes de llegar a tópicos tan concisos y determinantes.

Para el hombre:
Bajo la óptica masculina, la decisión de tener hijos es optativa. Ningun hombre considera un deber primordial o que de alguna manera, complementará su existencia, procrear y crear una familia. Para los hombres, los hijos pueden ser accidentes biológicos, responsabilidades indeseadas o inconcretas consecuencias que jamás analizan de manera profunda. La filiación y los vinculos paternales en nuestra sociedad son poco profundos y la mayoría de las veces, bastante inconcretos. No digo con esto, que no existan padres admirables o abnegados, padres responsables u hombres responsables sobre el hecho de su capacidad reproductiva, pero no es lo común. Al hombre no se le educa para ser padre, tampoco para considerar que la partenidad es un deber para la sociedad. Por lo tanto, nunca lo percibe de tal manera. Para cualquier hombre, incluso lo más adultos, los hijos son una posibilidad abstracta, conceptual, una manera de concretar una fase de su vida que podría o no llegar a materializarse.

Futuro:
Para la mujer:
En el mundo femenino, el futuro es concreto y evidente. La gran mayoría de las mujeres, salvo contadas excepciones, conceptualizan su futuro a base de dos eventos remarcables: Matrimonio e hijos. Muchas mujeres asumen desde muy pequeñas que se encaminan hacia tales sucesos, y basan gran cantidad de sus decisiones al respecto. Siguiendo un canón casi subconciente, la perspectiva femenina idealiza y materializa sus ambiciones hacia la posibilidad de conseguir las variables que le permitirán cristalizar lo que se presenta para ella como una certeza ineludible: la mujer desea una pareja con quién concretar una relación firme y con la que finalmente pueda fundar una familia. Las aspiraciones personales , en formas de ambiciones que excedan tal idea, son percibidas como difusas o incluso renunciables.

Por supuesto, actualmente muchas mujeres trabajan y cursan estudios superiores. Pero incluso entre las más emancipadas, existe un pequeño indice que supedita la vieja aspiración dual matrimonio/hijos, a cualquier otra. No se perciben a si mismas como entes “completos” de no realizarse la estructura que ellas consideran válida y natural.

Para el hombre:
La perspectiva masculina sobre el futuro es en extremo materialista y tal vez simple. Totalmente concreta y definida con respecto a sus aspiraciones materiales, el lado emocional muchas veces se presenta como una imagen difusa y estándarizada. Todo hombre tiene la sospecha más o menos firme que en alguna oportunidad, contraerá matrimonio y tal vez, tendrá un hijo, pero jamás toma esta idea por totalmente cierta. Lo toma como una decisión que podría tomar, aunque no es seguro que lo haga.

Tradicionalmente, un hombre tiene ambiciones que no tienen ninguna relación con el mundo emocional, que es en donde generalmente se mueven los esquemas femeninos. Un hombre razona sobre triunfos deportivos, ganancias monetarias, estructuras de conveniencia a nivel material. Lo sentimental es poco relevante o solo lo es, cuando mantiene una relación con una mujer que despierta sus expectativas a ese respecto. Antes o incluso después de tal cosa, la visión masculina del futuro tiene un norte totalmente material, ajeno a cualquier expresión emocional o familiar.

Trabajo:
Para la mujer: Como dije antes, hasta hace muy poco, a la mujer no se le educaba para pertenecer al mundo real sino para pertenecer una realidad especificamente femenina. Por tanto, las ambiciones materiales y monetarias en la vida de la mujer eran casi inexistentes. Debido a la evolución social que hemos sufrido en los últimos años, la realidad cambió, pero muchas mujeres siguen teniendo una visión extrañamente ambivalente sobre su profesión y expresión laboral.

Un alto porcentaje de mujeres trabaja por suplir una necesidad economica inmediata o cualquiera de las posibilidades que se relacionan con esta idea: para lograr un mayor ingreso económico, para lograr mayor estabilidad económica para su familia, un mayor estatus social y adquisitivo. A las mujeres no se les alienta a seguir una vocación. De hecho, muchas de las mujeres que trabajan lo hacen porque en realidad necesitan hacerlo. Muy pocas realizan actividades que les apasionan o se sienten afectivamente vinculadas. Una mujer se le considera trabajadora por el número de horas que labora o la cantidad de trabajo que realiza, no por la cristalización de sus metas a través del trabajo.

Para la sociedad e incluso para la mentalidad de gran parte de la mujeres venezolanas, el trabajo es prescindible, porque no cumple sus aspiraciones primarias o más evidentes. Bajo la perspectiva femenina, el trabajo no es la manera más inmediata de encontrar la satisfacción personal e intelectual.

Para el hombre:
Historicamente hablando, el trabajo ( artesanal, material, burocrático e incluso artistico) ha sido una actividad netamente masculina. Solo muy tarde en la cronologia de la humanidad, la mujer ha obtenido el derecho de lograr su independencia económica y social. Como consecuencia de esta realidad, el hombre encuentra en el trabajo un medio idóneo y natural para la consecusión de sus metas y ambiciones. Al hombre se le alienta a que compita con sus iguales para lograr el sustento, se le educa para procurarse medios de existencia independientes desde que es un niño. Para el hombre, el trabajo puede ser una pasión o la pasión convertirse en su modo de vida. A diferencia de la mujer, el hombre encuentra la satisfacción a sus aspiraciones a través del trabajo.

En proximas entradas, comentaré sobre diversas conductas constrastantes entre hombres y mujeres, cuya interpretación demuestra que el mundo femenino y el mundo masculino no son armónicos, sino más bien paralelos, lo cual no implica que deba existir conflictos al respecto.

Para muestra, enunciaré algunos ejemplos:

En una crisis existencial, la mujer se mata. El hombre mata.

La mujer da sexo para recibir amor. El hombre da amor para recibir sexo.

La mujer compite para atraer la atención femenina. El hombre compite con sus iguales para atraer a la mujer.

(continuará)

Manual de la perfecta idiota enamorada.

Terminos confusos:

Además del somero análisis que hice en entradas pasadas sobre la visión de la mujer venezolana con respecto a su relación de pareja, creo que otro motivo de conflicto continuo es la confusión entre los terminos que se utilizan para definir un vinculo sentimental. Para el hombre y la mujer, los conceptos básicos pueden ser muy distintos, y el no discutirlos ( o asumir rapidamente que ambos comparten la misma visión) puede destruir cualquier comunicación.

Haré lo que considero es un breve glosario sobre los términos más utilizados en una relación de pareja y que para ambos sexos, tienen significados distintos:

Amor:

Para la mujer:
La definición femenina del amor se engloba en un concepto semejante a una panacea. Para muchas mujeres el amor resuelve cualquier conflicto, inconveniente, desacuerdos, defecto o vicio. En otras palabras es la perfecta excusa para soportar o aceptar comportamientos que de otra manera serian inaceptables.
“El amor lo resuelve todo” “el amor es ciego” y otros razonamientos semejantes, afianzados en el subconciente social y acrecentados por fantasias sin asidero con la realidad, crean en la mujer una expectativa totalmente difusa sobre lo que esperar de una relación. Para la mujer promedio, el deseo, el amor, el compañerismo, la pasión e incluso la costumbre se confunde en un concepto nebuloso, ideal e irrealizable que el hombre se ve obligado a cumplir, la mayoría de las veces, en conductas estereotipadas que no forman parte de su comportamiento habitual.

Para el hombre:
La definición masculina de amor es casi totalmente fisica. El hombre, la mayoría de las veces, confunde el deseo sexual ( simple y crudo) con amor. O al menos, es su manera de llamar a la sensación vinculante, fisica y casi nunca mental, que lo une a la mujer durante los primeros tiempos de relación. No dudo que más tarde, el hombre y la mujer experimenten como pareja una unión infinitamente más firme y profunda, pero al comienzo de toda experiencia romántica está intrinsecamente relacionada con el sexo ( o el deseo, en todo caso) como un factor preponderante. Para el hombre, el sexo es una experiencia sensorial que abarca varios niveles, pero que no incluye ( ni tiene relación ) con la intimidad, el cariño, la estructuración de una relación emocional. El género masculino interpreta el sexo como la satisfacción de una necesidad biologica, muchas veces relacionada con pequeños conflictos de autoestima y reafirmación personal.

Sexo:

Para la mujer:
Biologicamente hablando, la experiencia sexual para la mujer es muy intima y devastadora. No hay que dar una explicación muy amplia, porque la razón es muy obvia: es su cuerpo el que es penetrado y es ella, la que tiene la posibilidad de concebir. Tales cosas, hacen que para el cerebro femenino, el sexo sea un momento tremendamente emocional, intimo, privado y profundo. Por supuesto, la sociedad y el hecho de haber llevado a niveles ridiculos el hecho de la sexualidad femenina, contribuye a que la mujer asuma y sienta que es una experiencia de importancia capital en su vida, que simboliza un cambio incluso en su manera de comprender el mundo y a si misma. Estereotipos como “la virgen María”, la caída en desgracia de Eva en el Paraíso y otros arquetipos que crean una estricta definición para la sexualidad de la mujer, han deformado la percepción del erotismo. Muy pocas mujeres expresan su sexualidad de manera natural y positiva. Para la mujer, la sexualidad es una experiencia prohibida, ligeramente ilicita y además, llena de pequeños enigmas. La “virginidad”, la “moralidad” y toda una serie de formas de conductan, crean la base idónea para un temor razonable con respecto al sexo.

En resumen, la mayoría de las mujeres venezolanas y me atrevería a decir que una gran parte de las latinoamericanas, perciben el sexo como una experiencia no especialmente agradable y que les reporta un tipo de poder sobre el hombre. Muchas intentan exarcebar su parte sexual de manera de crear la ficción en su pareja de una gran voracidad sexual, pero si enfocarse a si mismas como participantes de la expresión erótica. A pesar de cualquier prejuicio o temor que puedan tener hacia el sexo, la mujer está perfectamente conciente que el sexo puede ser un arma o un instrumento de manipulación y muchas lo utilizan de esa manera.

Para el hombre:
El sexo para el hombre es una experiencia sensorial monumental. No solo la sensación fisica es por completo galvanizante, sino que gran parte de su autoestima y valoración personal, tiene relación con su desempeño sexual. En un sentido muy freudiano, mucho del comportamiento masculino está relacionado con su expresión sexual.
Sin embargo, a pesar de lo anterior el sexo no es para el hombre una forma de demostrar amor, al menos en su manera más básica y elemental. El sexo es una forma fisica de conquista y demostración de poder viril. El sexo para el hombre no es delicado ni mucho menos intimo. El hombre percibe la sexualidad como una gratificación fisica inmediata y completamente satisfactoria: Ningun hombre asume el sexo como parte del lenguaje emocional. El sexo, en el cerebro masculino, es solamente eso: sexo. Es una manera cruda, directa, juguetona incluso, irreverente, de demostrar su poderio fisico y mental.

Compromiso:

Para la mujer:
El compromiso es, según la óptica femenina, el objetivo final de cualquier relación. La mujer asume y comprende una relación de pareja como una antesala a un nivel de compenetración más fuerte y profundo. Ninguna mujer latinoamericana comienza una relación en un tono ligero o porque su atracción fisica hacia el hombre sea primordial. No está en su naturaleza pensar de esa manera. Debido a complejos mecanismos genéticos y biológicos, la mujer tiene la primitiva convicción que toda unión tiene como objetivo y motivación primaria, la de buscar un macho alfa que la sostenga y le procure protección. Por supuesto, tales instintos han perdido vigencia a medida que la mujer se ha hecho más poderosa ( moral y socialmente hablando) e independiente, y actualmente se manifiestan ante este tipo de estereotipos que la mujer continua intentando aplicar en cada una de sus relaciones. Subsiste la tesis que la mujer necesita de un hombre que sea su complemento, apoyo y que cumpla las veces de proveedor, compañero, sostén de familia, amante, protector y complice. La mujer asume que todas la relaciones deben englobar todos los factores posibles y que si alguno de ellos no es lo suficientemente firme, la relación falla.

Para el hombre:
El compromiso para el hombre es eventual y totalmente cauistico. Un hombre jamás pensará en compromiso a menos que sea totalmente necesario. Desde la perspectiva masculina, el compromiso ( ya sea en forma de matrimonio, enlace formal, convivencia, concubinato) implica restringuir lo que considera un derecho inalienable: la libertad. De la misma manera que el cerebro más primitivo de la mujer le impulsa a buscar al mejor proveedor, el cerebro más primitivo del hombre lo impulsa a relacionarse con tantas parejas como sea posible. Y claro está, tal instinto se manifiesta en la actualidad con el rechazo en los primeros tiempos de las relaciones, a establecer relaciones con lazos emocionales y afectivos muy estrechos. No digo con esto, claro, que ningun hombre aspire a una relación estable y medianamente monogama con una mujer, sino que en la visión masculina, se necesitan razones de peso de gran importancia mental y social para dar paso. No está en su forma de expresión cotidiana, los vinculos sentimentales de gran profundidad y significado.

(continuará)

En lectura.

Un fragmento de Un corazón sencillo, de Gustave Flaubert.

“A lo largo de medio siglo, las burguesas de Pont-l’Evéque le envidiaron a madame Aubain su criada Felicidad.

Por cien francos al año, guisaba y hacía el arreglo de la casa, lavaba, planchaba, sabía embridar un caballo, engordar las aves de corral, mazar la manteca, y fue siempre fiel a su ama ‑que sin embargo no siempre era una persona agradable.

Madame Aubain se había casado con un mozo guapo y pobre, que murió a principios de 1809, dejándole dos hijos muy pequeños y algunas deudas. Entonces madame Aubain vendió sus inmuebles, menos la finca de Toucques y la de Greffosses, que rentaban a lo sumo cinco mil francos, y dejó la casa de Saint-Melaine para vivir en otra menos dispendiosa que había pertenecido a sus antepasados y estaba detrás del mercado.

Esta casa, revestida de pizarra, se encontraba entre una travesía y una callecita que iba a parar al río. En el interior había desigualdades de nivel que hacían tropezar. Un pequeño vestíbulo separaba la cocina de la sala donde madame Aubain se pasaba el día entero, sentada junto a la ventana en un sillón de paja. Alineadas contra la pared, pintadas de blanco, ocho sillas de caoba. Un piano viejo soportaba, bajo un barómetro, una pirámide de cajas y carpetas. A uno y otro lado de la chimenea, de mármol amarillo y de estilo Luis XV, dos butacas tapizadas. El reloj, en el centro, representaba un templo de Vesta. Y todo el aposento olía un poco a humedad, pues el suelo estaba más bajo que la huerta”(…)

Un océano de palabras, calmo y sin mátices. Una visión realista de un horizonte conceptual.

Cuando leí Madame Bovary, me pareció frustrante, una crónica mínima y patética. Tenía el estilo lento y magnificamente evocador de Chordelos de Laclos, pero sin su grandielocuencia. Por supuesto, jamás podríamos comparar a la pequeña Emma Bovary y su apático marido, el buen doctor Charles Bovary con la magnifica y despiadada Marquesa de Merteuil y el seductor Vizconde de Valmont. No era la intención de Flaubert claro, crear la belleza literaria por medio de grandes voces y espléndidos pecados rutilantes. La vida real es más aterrorizante, sin duda y Flaubert lo demostró con la absoluta rebeldía argumental de su Madame Bovary. ¿Como no temer la bucólica pasividad de la vida en el campo a la que Emma se oponía debilmente? Imposible no comprender, la ternura de su desidia, de sus fantasias tristes y que terminaron en una tragedia bufa y lenta.

Madame Bovary fue en si misma un epítome y Gustave Flaubert el máximo transgesor. Mostró al helado e ideal siglo XIX los oscuros estereótipos de la vida real, del tiempo misántropo donde la mujer moría simplemente de apatia. Un oscuro momento de cotidianidad.

Un corazón sencillo sigue la tónica sutilmente irreverente. Como contemporáneo de Baudelaire, tuvo su misma fuerza iniciática y voraz, aunque depurada en un sentimiento romántico que no llega a ser meláncolico, pero si es supremamente depurado. Una especie de sueño de la técnica, donde la realidad se fusiona con los arquetipos individuales de una manera coherente y exquisita.

Flaubert, el primer escritor en comprender que la fuerza de la realidad, aplasta a los titanes del ideal.

El manual de la perfecta Idiota enamorada: (inciso)

Olvidé mencionar en el post anterior, que hay un comportamiento especifico de la mujer venezolana ( y de la latinoamericana en general) que durante décadas, ha sido una de las causas de mayor sufrimiento en la pareja. Me refiero, claro está, al tradicional machismo latino, que no es más que una serie de conductas deformadas en el hombre que la mujer alienta y fomenta de manera más o menos conciente.

Asi que, podría continuar la lista anterior diciendo:

12) las Mujeres que crean, crian, protegen y defienden al machismo. Tal vez parezca exagerada mi afirmación, pero estoy convencida que la mujer latinoamericana alienta al machismo, haciendo la vida en común de la pareja un campo fértil para el abuso en los esquemas de poder, el irrespeto y el maltrato fisico y verbal. La mujer venezolana ( en su gran mayoría al menos) obeceder ciertos codigos de conductas, dictados por la costumbre y una extraña concepción de la moral, acomoditicia y que favorece sin lugar a dudas al género masculino. Las madres incluso expresan conceptos alarmantes como: “las hijas son de la casa y los hijos de la calle” o ” esa son cosas de hombres”. Además, la cultura netamente patriarcal de la idisiosincracia venezolana, agudiza la tendencia a brindar todo tipo de ventajas a la conducta reprobatoria masculina: el hombre puede beber, excederse en todo sentido porque en cierta manera, es lo que se espera de él. De una mujer se espera modestia, educación, comedimiento y una humildad que no tiene más base en el hecho que hasta hace unas pocas décadas, el sexo femenino estaba confinado a los deberes hogareños y su labor como ama de casa. Para la sociedad en general, las ambiciones de la mujer la “masculinizan” o de alguna manera, le restan femeneidad.

El manual de la perfecta idiota enamorada.

Todos los días, escuchas una historia diferente con respecto a las relaciones: desamor, abandono, tristeza, peleas, incomprensión, caída de las expectativas. A la final, todas las quejas, a pesar de provenir de mujeres distintas y de situaciones totalmente diferentes entre sí, coinciden en algo: la mujer venezolana construye relaciones sobre bases falsas. No me siento una experta en la materia, pero si disfrute de una crianza distinta a la Gran mayoría de las mujeres de este país, lo que me permite tener una visión objetiva sobre el comportamiento femenino habitual. Puedo criticar ambos lados de la moneda, y en base a tales criticas ( o simples opiniones, en realidad) sacar una conclusión sobre que es lo que sucede habitualmente en las parejas venezolanas.

¿Por qué el titulo de este ensayo? En absoluto es un insulto a la inteligencia de la mujer venezolana. De hecho, considero a mis compatriotas mujeres brillantes, de gran voluntad y determinación, pero no hay duda ( y a las pruebas me remitiré) que en cuanto a las relaciones de pareja, uno de los grandes pecados que comete es el de la idiotez. Es lamentable que mujeres inteligentes, de temple, capaz de superar todo tipo de problemas en la vida cotidiana, se conviertan en niñas temblorosas e inseguras con respecto al amor.

¿Que si nunca he cometido los errores que aqui analizaré? Con una sonrisa triste, no puedo más que decir que nadie aprende por cabeza ajena y ese es mi caso. Todo lo que aquí diré, analizaré y expondré ha sido prueba superada en mi vida.

Asi que, explicado los posibles insultos y mis intenciones, entremos de lleno en el tema.

La perspectiva de la mujer Venezolana sobre el amor:

Para comprender el comportamiento de la mujer de nuestro país con respecto a su pareja y su rol en la vida, es conveniente remitirnos al nucleo mismo del problema: su crianza. No tengo intenciones de realizar un análisis sociológico de pobreza o de situaciones extremas a nivel antropologico, porque no es mi intención. Mi propuesta es sencilla: todo este proyecto se refiere a la mujer que siendo independiente económicamente, con estudios formales por encima de la media, con capacidad de discernimiento y decisión, deja a un lado todo rasgo de coherencia cuando comienza una relación. Me llama la atención sobre todo, la manera como parecen repetir esquemas que les han traído evidentes y rotundos fracasos en el pasado. Y no me queda menos que preguntarme si tales comportamientos, no les pertenecen por completo, aunque sean responsables por llevarlos a cabo. En otras palabras, si son aprendidos a un nivel tan inconciente que son partes de su habitual manera de pensar, automáticos, aunque no tengan idea de donde provengan realmente.

A simple vista, puedo decir que uno de los primeros errores que comete la mujer venezolana al comenzar una relación es intentar calzar al hombre en sus esperanzas y expectativas, basadas en un modelo abstracto pero que es considerado universalmente viable. Una imagen que se refiere basicamente a un modelo irreal que no puede aplicarse a un hombre de carne y hueso.

Las lineas generales de este ideal podrían ser:

1) el hombre debe ser atento, honesto, diáfano, comunicativo, sensible, misterioso, sensual (aunque no explicitamente sexual), educado, refinado ( aunque no afeminado), pulcro, atractivo, masculino ( aunque no machista), viril y fuerte ( aunque no arrogante).

2) el hombre debe entender la relación a su mismo nivel, lo que quiere decir que compartirá sus creencias con respecto a lo afectivo y además, aceptará sus exigencias. Por si esto no fuera suficiente presión, la mayoría de las mujeres venezolanas están convencidas que el hombre debe mostrar interés constante y continuo hacia la relación y hacia ella. Tal interés debe aumentar a medida que la relación se vuelva más profunda, o al menos no mermar y mantenerse de la misma manera que en un principio.

3) el hombre y la mujer deben tener conceptos si no coincidentes, al menos muy parecidos en lo que respecta al estilo de vida, futuro, hijos, trabajo. De no ser asi, la mujer está convencida que él debe cambiar, en beneficio del “amor”. Que ella modifique sus ideales, no está previsto en este concepto.

4) y hablando de “cambios” la mujer venezolana está convencida que tiene el poder suficiente sobre el hombre para hacerlo modificar su conducta y hábitos. Por cada divorcio en este país, hubo una mujer que contrajo matrimonio con la certeza que cualquier comportamiento nocivo, peligroso, insoportable o simplemente no compatible, “cambiaría” a medida que el “amor” aumentara. Al no suceder tal cosa ( nunca sucede de hecho, pero ese es el tema de otro capitulo de este ensayo) la mujer venezolana asume o concluye que el hombre no siente amor por ella, que simplemente no aceptó “transformarse” en el modelo ideal antes descrito y por lo tanto, no la “ama”. Tales situaciones se repiten con tal frecuencia que me he llegado a preguntar si realmente la mujer tiene una relación con un hombre real, o el que existe en su imaginación.

5) La mujer venezolana está convencida que el hombre le pertenece, que el “amor” destruye barreras y limites de cualquier estilo y que por tanto, tiene acceso sin trabas a todos los aspectos de la vida del hombre. Eso incluye sus actividades habituales, objetos de uso personal, circulo de amistades, trabajo, estudios y un largo etcera que puede incluir todo lo imaginable. Tal invasión en el ámbito del hombre se considera “normal” y “aceptable”, por lo que cualquier restricción es asumida por la mujer como un desaire o peor aun, un rasgo de desconfianza hacia ella.

6) La mujer venezolana ( y me parece que este concepto es aplicable a mujeres de todas las nacionalidades) que el hombre comprende ( y por ende, maneja) los mismos conceptos que ella con respecto al “amor”, “sexualidad”, “intimidad”, “compromiso”. La mujer está completamente convencida que ambos tienen el mismo criterio con respecto a temas tan álgidos y jamás toma en consideración el hecho que podrian tener disparidades que a la larga, traerán conflictos. Jamás se aclara o se especifica cual es la opinión de uno y de otro con respecto a tales cosas.

7) Y un añadido al punto anterior, la mujer Venezolana procura jamás tocar temas especialmente “inconvenientes” . Las conversaciones en las relaciones suelen ser un coqueteo continuo, juegos de palabras, piropos y halagos mutuos. En el mejor de los casos, a medida que transcurre el tiempo, la comunicación se hace más consistente y tal vez, la cotidianidad hace un poco más profundos los temas. Pero nunca se tocan temas “sensibles”. Tales tópicos se diluyen en otros menos incomodos o se intentan ignorar hasta que finalmente, la frustración se manifiesta en forma de discusiones y peleas continuas, cada vez más violentas que destruyen la relación.

8) La mujer venezolana se niega a aceptar que la fidelidad no existe, por más doloroso y descarnado que se escuche este enunciado. Ni la mujer ni el hombre entienden la fidelidad y la lealtad de la misma manera, asi que es necesario que se planteen ambos valores y se aclare la visión común al respecto. Pero, tal aclaratoria no es común ni habitual en una relación de pareja.

9) La mujer venezolana no cree conveniente mostrar su molestia cuando una situación la incomoda, frustra o irrita. En su lugar, asume equivocadamente que el hombre “sabe” instintivamente el porqué de su malestar y siente decepción cuando él no responde a sus “señales” o “indirectas” al respecto.

10) La mujer venezolana prefiere quejarse, acusar, gritar para mostrar su posición o su descontento, en lugar de llevar a cabos conversaciones constructivas. Muchas veces culpa o carga con la responsabilidad de la comunicación a su pareja, cuando en realidad, ambos pueden aportar soluciones beneficiosas para los problemas que puedan atravesar.

11) la mujer venezolana asume su relación de pareja como una demostración de poder: poder sexual, de manipulación, de interes, de conflictos o una combinación de todas las anteriores. Debido también a ciertos factores externos, la mujer venezolana no ha tenido independencia moral, social y economica hasta muy tarde en la historia actual, y aun, es bien visto que una mujer no trabaje y viva unicamente del trabajo del hombre. Tal situación ha desencadenado ciertos comportamientos y actitudes que intrinsecamente son aceptados en la mujer.

A Grandes rasgos ( estoy segura que me faltan muchos más puntos) esto son los errores más visibles con respecto a la postura de la mujer venezolana ante una relación. Claro que, con esto no disculpo al hombre en sus errores de conducta, sino que intento dejar establecido que la mujer debe aceptar que la postura femenina y las masculina con respecto a la vida, son totalmente distintas y en ocasiones contrastantes. En un futuro post, comenzaré a indagar de donde proceden estas conductas y que consecuencias trae en la psiquis de la mujer venezolana.

Creo que siempre recurriré a la palabra como la mi mayor ( y más privada, por supuesto) expresión del yo. Al escribir esto, pienso que tal vez es muy evidente, obvio o incluso, un poco redundante anunciar de manera categorica que amo la palabra. Pero es así. Y es un romance muy viejo. Una historia de amor, creo, se ha extendido a todos los ámbitos de mi vida.

Para mí, la belleza de crear un mundo a través de mis pensamientos es inigualable, tal vez solo semejante al milagro de cristalizar un instante y retenerlo en una imagen. En mi mente, la fotografia y la escritura se complementan, se glorifican, se fusionan para crear un híbrido mitologico. En mi Olimpo personal que se extiende rodeando el castillo de la memoria, habita un Dios implacable, de dos rostros y dividido en dos cristales de zafiro: La devota y cruel palabra, de rasgos duros y ojos indiferentes y la hermosa imagen, angustiosamente hermosa y fuerte. Ambos, como Kali la destructura, matan y reviven con un solo gesto. La vida humana pende de un hilo de plata que esta fuerza magistral de la naturaleza, comsume en si misma.

Sea pues este, el principio de mi voz. Me arrojo al abismo de la luz.